sábado, 10 de marzo de 2012

Un día especial este 11 de marzo


1. Aquella primavera del 2004

Recuerdo la primavera del 2004 como una época de mi vida caótica pero agradable. Excitante y llena de sin sentidos. Tan vertiginosa y rápida que en tan sólo unos meses viví lo que no había experimentado en años. Perdí un amor y llegó otro mucho más intenso que me trajo más preguntas que respuestas.

Así eran las cosas cuando sucedió la tragedia que se volvió canción de amor.

2. 11 de marzo

Parte de mis memorias sobre la primavera del 2004 corresponden al jueves 11 de marzo de ese año. Durante esa época realizaba mis prácticas profesionales en Televisa Chapultepec, en la redacción del portal de internet en el área de noticieros. Esa mañana llegué a Televisa más temprano de lo habitual (10 de la mañana, tiempo de México) sólo para encontrar la oficina colapsada por tanto trabajo. Fue ahí cuando me enteré por primera vez de lo que estaba ocurriendo en España.

Un atentado terrorista había sucedido unas horas antes en la estación de trenes de Atocha, en Madrid. Sin mayor aspaviento me puse a trabajar en lo que podía. La información corría por mis manos, sólo para escupirla minutos después en forma de notas periodísticas. Datos sobre el número de víctimas, sobre el deslindamiento de ETA sobre los hechos ocurridos y el anunció de Al-Qaeda adjudicándose la autoría de los atentados.

Siempre he tenido una extraña fascinación por los sucesos que detienen al mundo. Me estremecen pero a la vez atrapan. Me conmueven y atraen enormemente. Quizá por eso aquel día permanecí más tiempo del normal en la oficina. Viendo fotos, vídeos, escuchando reacciones de todas partes del mundo sobre lo sucedido. No recuerdo a qué hora me marché ese día de la redacción.

Al otro día cerca de las 5 de la tarde abandoné la oficina para dirigirme a la Universidad. Una manifestación de trabajadores del Seguro Social bloqueaba Avenida Tlalpan. Pasé casi dos horas en el tráfico y no llegué a mi clase de 6. Durante ese tiempo escuché en el radio del auto la cobertura que se le daba a lo ocurrido. Locutores y expertos discutían sobre las implicaciones políticas que los atentados tendrían en España y el tipo de consecuencias que podrían traer bélicamente al mundo. También en ese momento se realizaba una inmensa y conmovedora marcha por las principales avenidas de Madrid. España tenía el corazón destrozado pero estaba de pie. No sé si todos los mexicanos compartíamos el mismo sentimiento, pero al menos yo no podía evitar sentirme triste.

Llegando a la Universidad mis amigos Ángel y Rosalía me preguntaron por qué había llegado tarde.

Les dije que no tenía importancia.

Cuatro años después volví a sentir ese abatimiento, cuando escuché una canción de amor.

3. Jueves

El 16 de septiembre del 2008 fue día feriado en México. Esa tarde decidí comprar un disco. Elegí "A las cinco en el Astoria", el entonces nuevo disco del grupo español La Oreja de Van Gogh. No lo escuché sino hasta días después, una tarde que lo puse mientras manejaba.

Entonces empezó una canción que desde el principio llamó mi atención. Una baladita de ritmo melancólico que hablaba de una chica enamorada de un pasajero al que diariamente se encontraba un el tren pero del que no sabía nada más... o algo así entendía. Conforme avanzó la narrativa de la canción me fui metiendo más en la historia de aquella mujer que ve pasar los días esperando un romántico milagro.

Por un par de minutos me volví uno con esa canción. De verdad anhelaba que aquella enamorada se armara de coraje y se acercara al hombre que la hacía suspirar. Cuando ella toma la iniciativa es correspondida. Y por fracciones de segundo me alegro de su suerte… hasta que escucho el siguiente verso:

"... y ya estamos llegando,
mi vida ha cambiado,
un día especial este 11 de marzo.
Me tomas la mano, llegamos a un túnel
que apaga la luz.

Te encuentro la cara
gracias a mis manos.
Me vuelvo valiente y te beso en los labios,
dices que me quieres y yo te regalo el último soplo de mi corazón…”


Y la melodía termina de pronto.

Entonces en cuestión de segundos relaciono todo en mi mente... los trenes, la fecha, el súbito final en medio de la oscuridad. Y fue como si me golpearan el corazón. Tuve que aguantar las ganas de llorar frente a las otras personas que me acompañaban en el auto.

La historia de un amor que apenas vivió unos segundos sólo puede ser comparable con la pérdida de 192 vidas. Cuando ambas cosas se mezclan en forma de una hermosa canción el resultado es poco menos que devastador para quien la escucha. Una épica historia de amor que murió de forma injusta.

Después del impacto inicial tuve que escucharla un par de veces más. El temblor de mi cuerpo siempre venía hacia el final de la canción. Justo en ese instante en el que la tragedia sobrevino al amor. Y uno siente pena por aquella chica que después de ver pasar los días ‘como las golondrinas del poema de Becker’ se volvió valiente y fue feliz dando su último beso, justo cuando el tren en el que viajaba entró en un túnel.

Lo realmente jodido del asunto no es partirme el alma cada que la escucho. Lo verdaderamente triste es que 192 historias terminaron dramáticamente ese jueves. Lo complejo y difícil de explicar, es que el odio de unos cuantos haya sido suficiente para romper la calma de millones. Nunca lo entendí ni creo poder hacerlo jamás.


Un día especial…

Cada 11 de marzo pienso en la historia de amor de la canción y los atentados que cimbraron Madrid. A ocho años de la barbarie y cuatro de haber escuchado ‘Jueves’ por primera vez, el fantasma de la melancolía sigue presente.

Hoy es uno de esos días… de nuevo escucharé ‘Jueves’ y me pondré triste. Aun así, sigo pensando que es una de las canciones más hermosas que haya oído en toda mi vida.

“Por una vez y durante apenas cinco minutos de música, aquel 11 de marzo de 2004 vuelve a ser sencillamente ‘Jueves’”

Cuautla, Morelos (11 de marzo de 2012)

(Si la disquera bloquea el video, da clic aquí para verlo).


jueves, 8 de marzo de 2012

Recuerdos del ayer

Parte de la razón de ser de este blog es el documentar, en pequeña o gran medida, las historias de mi pasado que han ido conformando mi presente. Generalmente las personas guardan muy dentro de su mente aquellos recuerdos que más les han marcado. Aquellos que pocas veces se cuentan, y que al momento de evocarlos vienen a nosotros acompañados de sensaciones y aromas que hacen de la ‘sensación de recordar’ algo mucho más intenso, tanto que sólo basta pensar en esos instantes para volver a vivirlos con la misma fuerza.

Si en ocasiones en este espacio escribo historias de mi vida, no es por pretensión ni un afán de protagonismo, sino porque necesito hacerlo. Necesito contar las cosas que me han sucedido, en parte para desahogarme, y en parte para evitar malas pasadas de mi mente. Odiaría que algún momento significativo de mi vida fuera desvaneciéndose a causa del tiempo.

Padezco ese afán de recordar y mirar mucho hacia mis ayeres. A veces se hace intencionalmente, otras veces el pasado vuelve cuando menos lo esperamos para aclararnos la vida y decirnos por dónde caminar. De eso se trata la película de la que estoy por hablarles.

Hace poco más de un año vi la película de anime El secreto de la sirenita (Ponyo en el acantilado). Desde entonces quedé fascinado con las cintas realizadas por Estudio Ghibli, considerado como uno de los mejores del mundo. Poco a poco he ido viendo algunas de estas cintas y siempre termino sorprendido.

Hace unos días vi ‘Recuerdos del Ayer’ una de las obras más antiguas de Ghibli y quedé más que sorprendido. No exagero al decir que esta película jugó con mis sentimientos y emociones durante las dos horas que dura. Destruyó y rehízo mi corazón varias veces. Me hizo sentir pena, nostalgia, tristeza y melancolía. Me enamoró. Me recordó cosas de mi propia vida y sobre todo, me hizo tener un dialogo con el niño que yo solía ser en la primaria. 'Recuerdos del ayer” a fin de cuentas podría ser mi historia, o la del que lee este texto.

Si alguna vez han visto una o más películas de Estudio Ghibli, sabrán que estas amalgaman de forma excepcional la fantasía y ciencia ficción, con historias llenas de ingenio y simbolismos. En cierta forma, ‘Recuerdos del ayer’ es muy diferente al resto de las otras cintas. Para empezar está ambientada en un mundo real y de ahí nunca se sale. No está orientada al público infantil pues a estos podría parecerles aburrida. Carece de escenas de acción o poderes mágicos, pero conserva ese simbolismo que hace que después de ver estos animes muchos diálogos y escenas se mantengan dando vueltas en la cabeza del espectador atando cabos.

Dirigida y escrita por Isao Takahata, y producida por Hayao Miyazaki, ‘Recuerdos del ayer’ nos cuenta una historia en dos tiempos. En el presente, Taeko es una mujer cercana a los treinta años. Aun no se casa, es más, ni siquiera tiene algún prospecto para hacerlo, y debe soportar las presiones y exigencias de sus parientes quienes quisieran verla formar una familia. Su trabajo no le apasiona, pero tampoco le desagrada. En cierta forma, quisiera cambiar el rumbo su vida pero no sabe cómo ni hacia dónde. Un día decide tomar vacaciones y sale de Tokio para dirigirse al pueblo de su cuñada para ayudarla una temporada a levantar las cosechas. Ese viaje al campo le cambiará la vida desde que sube al tren, donde por medio de recuerdos comenzará a evocar algunos pasajes de su estancia en el quinto grado de primaria.

La segunda línea narrativa se desarrolla justo en el pasado que estos recuerdos van reviviendo en la protagonista. Así, el pasado de su quinto año de primaria y la niña que Taeko solía ser se le hacen presentes una y otra vez.



Y ya no les cuento más, pues esta película merece ser vista por primera vez sin más señales de lo que podría pasar. Simplemente me limitaré a decir que los últimos 20 minutos son de una belleza y emotividad que a cualquiera le conmoverían. El resto de la cinta no es menos interesante. A lo largo de los 120 minutos uno tiene la sensación de no estar viendo un anime, sino de estar leyendo una buena obra literaria. Con un balance perfecto entre imágenes, diálogos que le dan una madurez muy especial a la historia.

Por momentos incluso tuve la impresión de ver una historia escrita por Haruki Murakami tipo
Tokyo Blues.

A pesar de que la película fue estrenada en 1991, la plasticidad de las escenas de Tokio y el campo japonés está muy bien lograda. Debido al éxito de la película, varios escenarios como la estación de trenes de Takase, el volcán Zao y varios paisajes de Yamagata (donde Taeko viaja en sus vacaciones) se conservaron intactos desde entonces a la fecha. También los rasgos y movimientos de los personajes (sobre todo en la parte correspondiente al presente) son notables. Según he leído, esta película retrasó un año su lanzamiento debido al énfasis que se puso en los detalles.

Quizá sea porque tengo corazón de pollo, porque soy un romántico y cursi empedernido de lo peor, o porque al igual que la protagonista estoy cercano a los treinta, pero ‘Recuerdos del ayer’ me asestó un golpe emocional del que no me puedo reponer. Probablemente a todos mis contemporáneos les pase igual, por lo que es a este público semi treintañero al que le recomiendo esta película ampliamente.

Búsquenla y véanla, es una joya. Mi novia y yo acabamos de comprarla en un MixUp. No se arrepentirán.





lunes, 5 de marzo de 2012

La mafia franelera

Por dónde se vea, la situación es incoherente: personas que te cobran por utilizar un pedazo de calle, que en teoría, es de todos. Bajo este argumento abusivo operan cientos de "franeleros" en la Ciudad de México, quienes con botellas, cubetas y hasta piedras apartan lugares para que sólo se estacionen ahí quienes paguen la cuota establecida por ellos mismos.

Su pseudo oficio siempre me pareció ilegal, pero realmente nunca había sufrido por su existencia hasta hace unos meses. A causa de mi trabajo algunos días a la semana me veo en la necesidad de estacionar mi auto en la calle de Magdalena, ubicada entre las calles Luz Saviñón y Romero de Terreros, a sólo unos metros de avenida Insurgentes Sur. Resulta que toda esa zona casi a toda hora está atestada de "franeleros".

La primera vez que me aventuré a llevar auto fue un viernes. Llegué unos 15 minutos antes de las 7 de la mañana. Aun había muchos lugares libres y ni un rastro de los franeleros. Aunque ya había varios lugares apartados con cubetas y botellas. Para evitar problemas me estacioné en uno de los lugares "no apartados" y me fui a trabajar. Cerca de las 5 de la tarde regresé por el auto. A diferencia de en la mañana, ahora la calle estaba llena de autos y un franelero cada 20 metros. Abrí mi coche y me subí con toda la calma del mundo. El franelero en turno no me dijo nada, pero podía sentir su mirada 'inconforme' a mi espalda.

A la siguiente semana volví a hacer lo mismo. Obtuve idénticos resultados. De nuevo les gané el espacio a los franeleros y de nuevo me mal miraron cuando me marchaba. Les apliqué la misma fórmula tres veces más. Los días que prefería llegar en Metrobús (la mayoría de las veces) estudiaba el modus operandi de los franeleros. Llegan poquito antes de las 7 de la mañana. De jardines o árboles cercanos sacan las cubetas y botes con las que apartan los lugares. Del mismo lugar agarran una escoba con la que barren el pedazo de calle del que se apropian. Supongo que tienen algún convenio con los vecinos o autoridades del lugar. Cerca del medio día es el cambio de turno, y los franeleros matutinos les ceden el espacio y clientes a los vespertinos. Obviamente los primeros le cuentan a los segundos que autos sí pagaron y cuáles no.

En una ocasión vi cómo pasaba una patrulla pidiendo dinero a los franeleros, prueba de que al menos los patrulleros de la zona están coludidos con esta mafia.

Un día dejé mi auto afuera de un edificio. Al recogerlo horas después, el franelero en turno se me acerco a decirme que por favor no volviera a dejar el auto en ese sitio. El reclamo se me hizo injusto. Valentonado le respondí que no era dueño de la calle y que cuando yo llegué no había ni una cubeta ni nada que señalara que el lugar estaba apartado. Al franelero le molestó mi actitud y enojado me respondió que ese lugar era 'para las visitas de los inquilinos del edificio', por lo que quienes dejaban su auto ahí, le dejaban las llaves de sus vehículos por si había que moverlos.

¡Ahora resulta! ¿Quién en su sano juicio le dejaría las llaves de su coche a un señor del que ni su nombre conoce?

Obviamente no le creí, pero en futuras oportunidades estacioné el auto hasta el otro extremo de la calle. Afuera de lo que parecía era una casa grande adaptada a un negocio. Obviamente no tapaba la entrada. En una ocasión, al dejar ahí el coche, otro franelero se me acercó furioso exigiéndome que mejor quitara mi vehículo de ahí, pues la dueña de la casa-negocio se enojaba de que lo dejara ahí, y que inclusive quería agarrarlo "a chingadazos", pero que gracias a su intervención no lo hizo.

Osea, ¡ya hasta le debía la integridad de mi auto al heroico franelero!

Según este temerario franelero, en aquel negocio le daban dinero para que les aparte el lugar a los trabajadores de esas oficinas. Averiguando descubrí que las instalaciones de ese lugar son parte de Grupo Comercial y de Servicios del Valle S.A de C.V. Si el franelero dijo la verdad, los señores de esta empresa también fomentan la corrupción.

En fin, que para evitar problemas, tampoco lo volví a dejar ahí, sino en otro lugar de la calle. Un día, al estacionarme llegó el franelero en turno para pedirme moviera mi carro para que pudiera barrer mejor. No le hice caso. Volví a dejar el auto en el mismo lugar hasta que un día se enojó y me exigió que ya no usara "sus" lugares, que ya la había agarrado contra él, que mejor me fuera a otro sitio. A la próxima lo puse en otra parte de la calle. Cuando fui por el auto, otro franelero me pidió que no lo dejara en esa casa, pues ahí vive una señora minusválida y necesitaban el espacio para subirla y bajarla del auto a su casa.

Y así un sinfín de pretextos. Cuando no era la vieja invalida, eran los vecinos del edificio o la dueña de la casa negocio. La situación comenzaba a cansarme, eso sin contar la desconfianza de dejar ahí mi coche y encontrarlo horas después con algún rayón, llanta ponchada o cristal roto.

Un día mi novia me hizo entrar en razón. Ya no quería estar preocupado y haciendo corajes cada semana. Una mañana negocié con uno de los franeleros. Me pidió 30 pesos. Al final me lo dejó en 25. ¿Y qué lugar creen que me da siempre? Afuera del edificio en donde se supone, los vecinos sólo permitían que se estacionaran sus visitantes.

Aun hoy me pregunto si hice lo correcto. Varias veces he pensado en ir a denunciar a los franeleros de esa calle, pero sólo de pensar que las patrullas del rumbo reciben dinero de ellos me desanima. Por otro lado, no sé que tanto dependan de ese ingreso esos sujetos y sus familias, ni si tendrían alguna otra oportunidad de empleo.

Y sin embargo da coraje tener que dar dinero por usar un pedazo de calle que en teoría es de todos. He escuchado que algunas veces (raras, por cierto) hay operativos en algunas zonas de la ciudad. Pero los franeleros (ya sea los mismos u otros) siempre regresan. ¿Qué hacer ante una mafia así? ¿Quién coordina la repartición de calles?

Sea como sea, el oficio de franelero para mí no es más que una actividad ilícita que unos maleantes, holgazanes y huevones aprovechan con el consentimiento de las autoridades.

Lo peor es que seguiré lidiando con ellos. A ver si no leen esto y mi auto termina pagando las consecuencias.

viernes, 2 de marzo de 2012

Éste que ves

“El de la pintura es un niño desesperado.
Necesita salvarse y no imagina de qué.
Quiere salir de ahí, no sabe cómo”


No sé bien que nombre darle a lo que sentí aquella primavera del 2007, pero era muy intenso y era, cuando mucho, la décima vez que me pasaba en la vida. Ansiedad, emoción, ganas de contarle a todo el mundo que no crees posible que lo que acababas de leer haya sido escrito por otra persona como tú, y sin embargo diferente.

Intento escribir esta entrada para mi blog y a pesar de los años transcurridos, las emociones aun cosquillean y me transportan hacía los párrafos que durante un mes leí con tanta atención y detenimiento que a cualquier otro lector promedio hubieran desesperado. Disfrutar la lectura. Ir lo más lento posible. Hace cinco años, fue toda una aventura saborear cada una de las 241 páginas que conforman ‘Éste que ves’, la segunda nueva novela de Xavier Velasco.

Y es a partir de aquí donde me despido de toda objetividad. No porque Xavier sea por mucho mi escritor favorito, sino porque sin proponérselo de nuevo volvió a hablarme de mi. Si con Diablo Guardián este autor parecía haberme sacado una radiografía que transformó en novela, con ‘Éste que ves’ simplemente me muestra un retrato de lo que soy. Y es por medio de retratos, como finalmente descubrimos detalles que incluso a nuestros propios ojos permanecen ocultos.

Si se supone que Xavier Velasco narra ‘la historia de la historia’ de su infancia, y las circunstancias que lo llevaron a practicar el juego de la escritura como una escapatoria a lo insoportable de su infancia, entonces, ¿por qué ese empeño en querer hacer mía ésta novela? No lo sé a ciencia cierta, quizá tenga que ver con verme tétricamente identificado con algunos detalles de su narración. Al igual que el niño de la historia, yo viví años insoportables en la infancia, también fui solitario y molestado por mis compañeros de clase. Como él, terminé odiando la escuela por ser para mí poco menos que un reclusorio. También prefería jugar solo, pues la presencia de cualquier otro niño alteraría el curso de las historias a las que desde entonces no dejaba que nadie más interrumpiera. Como el protagonista de ‘Éste que ves’ fui (sigo siendo) malo para los deportes, torpe y tímido. También me enamoré desde muy chico, y desde entonces, el amor ha sido un constante tormento en mi vida que me ha dado más problemas que satisfacciones.

Dice Xavier, que ésta historia no es una biografía, pues tomó elementos de su propio pasado y las mezclo con ‘otras realidades’ para darle individualidad al personaje. Podrá ser, pero sus lectores más fieles adivinamos que el autor le prestó casi toda su personalidad y vivencias al protagonista que como yo, creció en medio de la confusión al no saber de dónde provienen esas ganas de escribir sin descanso.

Fueron muchas las veces que tras pasar una página sentí ese golpe en el estomago. Ese ataque que sólo la literatura te puede dar y que te dice ‘éstos son tus sentimientos y ese pobre individuo metido en problemas de la historia eres tú’. Reconocerse, saber que alguien más tuvo (o tiene) tus mismas angustias es en cierto modo un rescate a tiempo. No sé si alguien no atrapado en el vicio de contar historias o con una infancia insufrible encuentre ésta novela atractiva, pero al menos yo la disfruté como pocas veces.

De nuevo lo hizo. Una vez más Xavier me subió a un carrito de montaña rusa junto con sus letras. Sentí vértigo, mis entrañas se revolvieron y la cabeza me dio vueltas. Pero una vez terminada la sacudida quería volver a subirme a la historia, sentir esa adrenalina y sufrimiento que sólo un buen narrador es capaz provocarnos. Escenarios llenos de incomprensión y soledad. Frases que parecen bordadas especialmente para cada lector. Dudas. Un amor grandísimo que nunca fue por culpa de la vida y sus defectos. Un niño atrapado tras un cuadro y que suplica salir. Un niño que es Xavier Velasco. Un niño que soy yo.

No hablé nada de la trama del libro. El estado de shock en el que aun caigo al recordar las últimas hojas de la novela me lo siguen impidiendo. Sólo diré ´pocas veces he leído algo tan bueno.

“Se escribe, igual que se ama o que se vive,
porque no queda más alternativa, ni se ve escapatoria tolerable”

El haber recordado una historia que leí desde hace años tiene un motivo. El próximo domingo 4 de marzo es la presentación de ‘La Edad de la Punzada’, la nueva novela de Xavier Velasco y continuación de ‘Este que ves’. La cita es en la Feria Internacional del Palacio de Minería de la Ciudad de México en el Salón de Actos a las 20:00 hrs. Si van por allá nos vemos.


miércoles, 29 de febrero de 2012

La última vez que fue hoy


La última vez que fue hoy (29 de febrero, pero del 2008), en este blog escribí un post llamado 'La próxima vez que sea hoy' en el que hablé sobre cómo pensaba que sería mi vida la próxima vez que fuera año bisiesto. En esa época salía con diferentes personas, mientras esperaba que el amor llegara a mi vida más vestido como realidad que como desamor. No me imaginaba casado pero si con alguien con quien pudiera hablar de un futuro. Se me cumplió. He vencido a todos los fantasmas del pasado y eso es una de mis mayores victorias.

También deseaba tener un mejor trabajo en el que escribiera y ganara más. Si bien ahora no tengo el gran sueldo, me pagan por escribir. Quería conocer varias ciudades del mundo y quizá esa siga siendo mi asignatura pendiente. Sin embargo he vivido muchas cosas. Buenas, malas, regulares, pero he tenido muchas cosas que contar. Definitivamente era muy diferente a lo que hoy soy. Hace cuatro años me preguntaba si este blog seguiría vivo. Y para mi sorpresa aquí sigo.

La próxima vez que sea hoy muy probablemente ya habré sentado cabeza. ¿Casado? ¿Con hijos? La verdad ya no lo veo tan lejano. Deseo que para la siguiente vez que sea 29 de febrero todas las personas que quiero y son importantes en mi vida sigan estando presentes. Espero que por aquella época esté sano y a nivel profesional obtenga lo que deseo y que tenga una estabilidad financiera. No quiero ser rico, sólo tener lo necesario para no preocuparme por ese aspecto. Literariamente deseo avanzar, no sé a dónde, pero involucrarme mucho más en las letras. Publicar en un par de veces más de revistas y tener un proyecto concreto con el cual aventurarme con las letras. Algún reto mayúsculo… yo sé cuál es.

Espero viajar más y conocer gente valiosa y que traiga cosas buenas a mi vida.

La próxima vez que el calendario marque que es 29 de febrero espero que las cosas estén mejor en mi país y que el mundo esté un poco menos enfermo de violencia. Probablemente ya me haya despedido de este blog. Aun así volveré y espero que el yo del futuro no decepcione al del presente. Algo me dice que lo mejor no sería planear nada y que la vida me lleve por dónde se le pegue la gana… como siempre.

¿Seré una mejor persona? Ya veremos qué pasa…

sábado, 25 de febrero de 2012

Un viernes contigo

La aventura de mi vida se conforma por pequeños por pequeños pasajes como el de este viernes, nuestro viernes.

Mañana
Son las 4:40 de la madrugada. Soñaba contigo cuando me despierta la alarma del celular. Mi viernes contigo inicia sin ti, cuando hago intentos sobrehumanos por levantarme de mi cama. Le gano la batalla a Morfeo y su necedad de retenerme entre sus brazos cuando descubro que el fin de semana ha llegado, y sobre todo, cuando recuerdo que estoy a poco más de una hora de verte.

Levantarme, rasurarme mal, tender mi cama y bañarme son pasos que me van aproximando de a poquito a ti. El reloj marca las 6 de la mañana cuando enciendo el auto y salgo en tu búsqueda.

Doce minutos después te espero afuera de tu casa. Cuando veo que sales quito mi programa matutino de tonterías en el radio y pongo las noticias, pues es lo que te gusta. Apareces vestida de forma casual pero impecable, pues los viernes te permites no ir de manera formal a tu trabajo.

La media hora de camino se pasa volando entre nuestras pláticas. A diferencia de otras veces hoy decides no dormirte en el trayecto.
Después de estacionar el auto en la calle te acompaño al edificio donde está tu oficina. Compramos un café y me despido de ti. Son las 7:10 de la mañana. Te veré en unas 8 horas. Con una sonrisa a causa de empezar el día escuchando tu voz, me voy caminando a mi trabajo, que está a un par de calles de distancia.

Apenas un par de calles nos separan. A las 9 de la mañana esa distancia parece nada.
Te pienso y te siento sentada a mi lado. El amor debe ser esa capacidad de poder traer junto a ti el alma de la otra persona con sólo pensar en ella.

Tarde
Cuando finalmente terminé mi jornada laboral son las 3 de la tarde. Regreso al edificio en el que trabajas. Mientras espero a que salgas me tomo un frappé de chocolate blanco. Entonces me llamas para decirme que no tardas en bajar. Ese pequeño detalle hace la diferencia y convierte un instante normal en un perfecto ecosistema en el que todo tiene razón de ser.

Hay veces en las que no percibimos al aire. Si no sopla fuerte o se vuelve frío pensamos que no está ahí. A pesar de olvidarlo la mayor parte del tiempo lo necesitamos para subsistir. El aire lleva oxigeno, sin oxígeno no existimos. Quiero ser tu aire. Mi corazón es el oxígeno, que deseo, se te vuelva necesario para vivir. Estar siempre, aunque a veces no me veas.

Entonces apareciste. Y deje de escribir para concentrarme en ti.

Pasamos por tus amigas. En el camino hablabas alegremente con ellas. El sólo hecho de haberte escuchado contenta mientras manejo me hace bien. A las 16:30 te dejo en un barcito de Coyoacán. Me gusta saber que esta tarde la pasarás entre amigas. Te rodeas de personas buenas y eso sólo confirma tu calidad humana. Con el alma en paz regreso a casa, donde aguardaré un rato para volver a encontrarnos en la noche.

Intento dormitar en un sillón. Aun en mi estado semi inconsciente vuelves recurrentemente a mi mente.
Algo hace que no pueda dejar de estar atado a ti. Jamás había estado tan unido mentalmente con alguien. Cada uno de mis sentidos se prolongan hacia los tuyos... sentir que sentimos lo mismo, pensar que pensamos igual. Soñar y despertar para darme cuenta que el sueño es real.

Y suena el teléfono...

Noche
A las 19 horas me llamas para decirme que tu reunión no solamente se pospuso, sino que además la convertiste en una mini fiesta. Hablaste con varios de nuestros amigos y nos veremos en aquel bar donde unas horas antes te dejé. Uno pone, Dios dispone, llegas tú y lo recompones. Amo esta capacidad tan tuya de darle un giro a los planes y convertir un día normal en una celebración. Como puedo me aplaco el almohadazo del cabello y me quito las lagañas.

Una hora después ya estoy contigo. En el lugar ya se encuentran varios de nuestros amigos. Y ahí estás, charlando con todos, riendo. Eres el alma de la fiesta y también eres mi chica. En medio de risas escucho de tus amigos varias anécdotas sobre cómo eras en la universidad. Y mi admiración hacia ti crece. Siempre has tenido esa capacidad de caerle bien a la gente y volverte parte especial de sus vidas. Aunque me hubiera encantado conocerte en esa época, creo que los tiempos del destino son perfectos, y llegaste en el momento ideal. Sin saberlo
te buscaba desde quién sabe cuándo.

Yo que no suelo figurar en estos ambientes nocturnos me la pasó bien contigo. Me basta un poco del brillo que emite tu luz para brillar en cualquier lugar.

Poco después de que el viernes se convierte en sábado nos despedimos de los demás y emprendemos el regreso a casa. El cansancio te vence y caes rendida. Manejo, pero de reojo te veo dormida. No imagino mayor forma de terminar la jornada. Me das una profunda paz.

A la 1 de la mañana te dejo en tu casa. Medio dormida te despides. Treinta minutos después estoy en mi cama, dispuesto a continuar mi sueño contigo, ese que despierto o dormido nunca acaba. Así es un viernes contigo, un pequeño fragmento de
la historia que compartimos.



*** Este texto fue escrito en tiempo real mientras iban ocurriendo las particulas de nuestra vida juntos.

lunes, 20 de febrero de 2012

La broma más estúpida (y peligrosa) que hice en mi vida


Ni siquiera sé si lo que estoy a punto de narrarles puede ser catalogado como un delito. De lo que sí estoy consciente es que fue una idiotez. Algo peligroso que en su momento no dimensioné del todo. Aun ahora, me debato entre escribir o no sobre un capítulo de mi vida del cual no me siento nada orgulloso.

Pero allá voy. Esta historia ocurrió por allá de 1999. En ese entonces cursaba el sexto año de prepa en el Instituto Don Bosco de la Ciudad de México. Solía juntarme con mis amigos Armando, Daniel y Mario. Aunque solíamos dar la imagen de perdedores y antisociales... la verdad es que lo éramos. Pero también estábamos convertidos en unos malandros: no entrabamos a clases, falsificábamos permisos, salíamos y cada que se nos daba la gana entrabamos de la escuela sin permiso.

Solíamos hacer tonterías sin pensar en las consecuencias. Pero quizá la peor fue cuando una mañana Daniel nos llamó para enseñarnos un tubito de plástico que traía en su mochila. Dentro del tubo había un líquido rosado.

- Es yumbina. Nos dijo emocionado.

Como tanto Armando, Mario y un servidor seguíamos con cara de no-saber-de-qué-nos-hablaba, Daniel nos explicó: la yumbina es una substancia que se le inyecta a las vacas y a los toros para que se pongan calientes. Pero también sirve para que las mujeres se exciten. La conseguí en Tepito. ¿A quién se la damos?

Cierto es que de mi grupo de amigos el más despierto siempre fue Daniel. Era el único de los 4 que había probado drogas, fumaba, tomaba y salía con varias chicas a la vez (Mario, Armando y yo ni novia teníamos). En pocas palabras, había madurado más, aunque no en el mejor sentido. Por eso, cuando nos enseñó el frasco con Yumbina no supimos bien que pensar. Sin embargo, Daniel se encargó de sembrarnos el morbo y la curiosidad por usar aquella substancia. Si a los 17 años llega uno de tus amigos con una substancia y te dice que ‘pone caliente’ a cualquier mujer no sólo le crees ciegamente, sino que deseas ver cómo funciona ese elixir mágico. Por más que sepas que aquello no es ético y que probablemente sea ilegal, la etiqueta de ‘prohibido’ termina seduciéndote.

El plan de Daniel no era usar la supuesta yumbina para acostarse con alguna de nuestras compañeras, no, lo que en realidad quería era ver si funcionaba para después usarla vaya a saber Dios cómo. Después de que Armando y yo aceptamos participar en su ‘prueba’ procedimos a buscar en quién probarla. Obviamente no podía ser en la chica que en ese entonces a mí me gustaba. Tampoco podíamos irnos en contra de las más guapas y populares del salón. Fue así como ubicamos a la víctima ideal: una chica cuyo nombre no recuerdo, un poco llenita pero no fea. Se llevaba bien con nosotros y en clase se sentaba cerca de nuestros lugares, lo cual nos facilitaría estar al pendiente de sus reacciones.

Después Daniel nos explicó el plan: le compraríamos un jugo en la tiendita de la escuela (uno de esos cuadritos boing). Una vez que teníamos el jugo, Daniel sacó una jeringa nueva de su mochila. ¿Quién diablos lleva jeringas a la escuela? Bueno, si sé, pero prefiero pecar de ingenuo. Con una experiencia que me dio desconfianza vació el líquido rojo en la jeringa y lo inyectó con cuidado en el jugo. Antes de regresar a clase, Daniel nos dijo que para que la yumbina funcionara más rápido deberíamos de acariciar a nuestra compañera y hablarle tiernamente. Algo inocente, sin pasarnos de la raya, sólo para ver qué pasaba.

Al terminar una clase nos acercamos a ella. Le ofrecimos la bebida y la aceptó. Después de que le dio un par de sorbos Daniel empezó a masajearle los hombros. Armando y yo, mucho más inexpertos en aquellos enseres tímidamente le acariciábamos el pelo y el cuello. Entonces no sabemos si de verdad aquel líquido rosa hizo efecto o somos muy buenos dando masajes, pero a los pocos minutos nuestra compañera estaba completamente recargada en su pupitre, muy dócil y su blanca piel adquirió un color rojo similar al de un tomate y tenía una temperatura más elevada de lo normal.

Entró el maestro y ocupamos nuestros lugares. En un par de minutos la ‘conejilla de indias’ de Daniel volvió a su color natural. Saliendo de clases Daniel dijo que la Yumbina sí había funcionado, aunque se mostró un poco decepcionado con los resultados obtenidos. Si mi amigo tenía más yumbina o tenía otros planes específicos lo desconozco. Lo cierto es que con el paso de los años he comprendido que aquello que hicimos esa mañana estuvo mal.

Si bien yo no conseguí esa substancia, ni fue mi idea, ni inyecté nada, aun hoy me resulta imposible no sentirme como un tonto por participar y permitir aquella tontería.

Alrededor de la yumbina hay muchos mitos. Se dice que se obtiene de una planta africana y que en efecto, es usada para incentivar el apareamiento entre el ganado; también que una sobredosis en personas puede llevar a un paro cardiaco o incluso a la muerte. Otras versiones dicen que la yumbina como tal no existe, y que lo que venden clandestinamente bajo ese nombre en realidad es un tipo de droga.

Escribo esto para que no vayan a permitir que algo así pase a su alrededor. Sigo arrepentido. Fue la broma más estúpida (y peligrosa) de mi vida. Espero que cosas así dejen de ocurrir.

martes, 14 de febrero de 2012

A better life


Caí en la tentación y la vi. Siempre dije que jamás en la vida iría al cine a ver una película en la que actuara algún Bichir. Debo aceptar que terminé haciéndolo.

La culpa fue de la maldita curiosidad, la cual empezó justo la mañana en la que anunciaron las nominaciones a la próxima entrega de los premios Óscar. En mi trabajo me tocó hacer la nota al respecto, por lo que desde temprano seguí muy de cerca el anunció los candidatos a llevarse las ansiadas estatuillas a lo mejor del séptimo arte. La sorpresa vino cuando escuché los nombres que integraban la categoría de Mejor Actor y el primer mencionado fue Demián Bichir por su participación en A better life.

Después del sobresalto inicial chequé un par de veces el nombre... aun incrédulo busqué información en la red sobre aquella película y entonces confirmé que no había duda: el actor mexicano estaba nominado al Óscar junto a figuras de la talla de Brad Pitt y George Clooney.

Acepto que hasta antes de esa mañana nunca había oído hablar de A better Life, mucho menos sabía que Demián Bichir había actuado en ella. Al paso de los días mi intención de verla 'para ver por qué habían nominado a Bichir' seguía firme. Los comentarios que leía en la prensa eran favorables, por eso cuando la semana pasada supe que la cinta seguía en cartelera decidí ir a verla.

Y señores, me sorprendí gratamente.

En apariencia A better life podría pasar como una de las muchas cintas sobre migrantes mexicanos en EE.UU. Incluso al verla algunas partes son un tanto predecibles, pero también tiene eso que requiere toda buena película: te mueve las entrañas.

La trama es sobre Carlos Galindo, un indocumentado mexicano que trabaja de sol a sol para poder sacar adelante a su hijo adolescente. Duerme en un sillón, pues su casa sólo tiene un cuarto y prefiere que su vástago sea quien lo use. A pesar de que su hijo se muestra distante y más atraído por el mundo de las pandillas, Carlos hace hasta lo imposible por compenetrarse con él y darle la mejor educación. En medio de esta desolación al protagonista le surge una oportunidad para salir adelante y que le cambiará la vida por completo. Ahí es donde la actuación de Bichir comienza a ser convincente. Sin mayores pretensiones logra que nos creamos su papel, que sintamos alegría o pena por lo que a lo largo de la película le va sucediendo.

Separado de la madre de su hijo, Carlos Galindo es un hombre ejemplar que a pesar del difícil panorama que le plantea la vida decide siempre seguir adelante. Un valiente como lo son los cientos de indocumentados que al igual que él, se parten la madre a diario en un país donde la moral y ética hacia ellos rara vez existe.

Un padre que da la vida por su hijo, tal y como deberían hacerlo todos.



Hay escenas conmovedoras, pero quizá ninguna como ver al protagonista trepando en lo más alto de una palmera para trabajar, y sentir esa misma emoción del personaje por sentirse dueño del mundo. Esa libertad y esa esperanza soñadora tan mexicana es la que reconforta y alivia, la que da nostalgia, la que nos hace sentir orgullosos. Esa nobleza y sinceridad a prueba de todo. Este conjunto de emociones hace de la actuación de Bichir sea un coctel de emociones que nos atrapa a lo largo de toda la película.

Una vez que terminó la película varios de los presentes en la sala aplaudieron. En parte lo hacen por la película, aunque esa ovación va para el actor que nos calló la boca a varios. Señor Bichir, que actuación tan tremenda, me pongo de pie ante su interpretación.

No sé lo que pase la noche de la entrega de los premios Óscar, pero mi corazón ya se aceleró y frenó varias veces con la actuación de un mexicano cuyo trabajo ha sido justamente reconocido en las altas esferas de la cinematografía mundial.

A better life aun está en cartelera, búsquenla y verán que no exagero en mis comentarios.

miércoles, 8 de febrero de 2012

Pudor


Hace no mucho leí las últimas páginas de la novela ‘Pudor’ de Santiago Roncagliolo, también autor de 'Abril Rojo', que le valió el Premio Alfaguara de Novela 2006. Pudor, sin embargo, es mucho más que una simple historia contada con prestancia.

Los personajes son un hombre a punto de morir, un gato que quiere sexo, un niño que ve muertos, un viudo anciano enamorado, una mujer que recibe anónimos pornográficos y una adolescente llena de confusión. Todos miembros de la misma familia. Todos diferentes. Todos iguales. Todos con profundos deseos inconfesables y que como todo el mundo, están solos.

183 hojas de una original narrativa parecen muy pocos para una contar de modo convincente una historia que además juegue con paradojas y sátiras hacía la sociedad latinoamericana. Podría ser muy poco, menos para Roncagliolo, cuya imaginación nos regala una historia llena de amor, odio, frustración, derrotismo y desamor (entre otros tantos sentimientos estorbosos).

Para el autor, ‘Pudor’ es a veces triste, y otras veces es como una comedia. Porque así es la vida. ¿Quién no tiene deseos inconfesables? ¿Quién es capaz de no sentirse solo aun rodeado de gente? ¿Quién después de leer ‘Pudor’ no se siente identificado con alguno de los personajes enfermos de soledad?. Yo no. Me declaro un pudoroso confeso lleno de secretos y soledad.

Una novela muy recomendable para casi todos. De seguro, después de leerla descubrirás que tus perversiones no son del todo extrañas.

domingo, 29 de enero de 2012

Una trágica muerte que algo tiene que ver con este blog

En abril del 2010 en este blog escribí sobre el encuentro que tuvieron varios de mis primos con dos presuntos integrantes de un cártel de narcotraficantes. Antes de continuar por favor lean ese texto haciendo clic aquí.

Después de escribir ese post recibí varios comentarios al respecto. En uno de ellos me dieron el nombre del amigo del Señor. En su momento no le di importancia a ese dato y seguí mi vida normal. Fue hasta hace medio año cuando por curiosidad puse en Google el nombre de aquel sujeto y me encontré con varias notas periodísticas que me dieron escalofrío.

El viernes 10 de junio de 2011 murió una joven de 17 años y dos más resultaron heridas después de un accidente en una carretera. Dos sujetos que también iban en aquella camioneta escaparon cobardemente. Uno de ellos era un ex candidato municipal de un poblado próximo… el otro fue el sujeto con el que un año atrás se encontraron mis primos y que aparece en la foto de aquel post que escribí.

Esta foto de una de las notas y el nombre, no deja lugar a dudas:



En el lugar del accidente fueron encontrados varios cartones de cerveza tanto dentro como fuera del vehículo, por lo que se sospecha que el conductor y sus acompañantes iban en estado de ebriedad. Según pude averiguar, tanto al ex candidato a la presidencia municipal como el sujeto con el que convivieron mis primos era común verlos en antros, fiestas y hasta en las calles de aquel poblado rodeados de jóvenes a las que intentaban ligar. Un comportamiento no muy diferente al que vieron mis primos.

Vean esta nota en la que se habla del accidente.
Clic aquí

Y ahora ésta, en la que se habla del influyentísimo de estos personajes.
Clic aquí

Da miedo pensar que uno o las personas a las que ama pueden estar tan cerca de personas así…

Nota. Si no fui muy específico y no escribí los nombres de los implicados, o el lugar en donde sucedieron las cosas fue por precaución. No me gusta autocensurarme pero en este caso creo que fue necesario. De cualquier forma la historia queda clara leyendo los enlaces.

miércoles, 25 de enero de 2012

Nota aclaratoria del Gabriel Revelo


¿Y ustedes qué dijeron? El Gabriel Revelo ya se olvidó de su recuento de posts que prometió publicaría durante las últimas dos semanas. Y lo que es peor, ya ni se ha parado por este blog. Pues no… no sé me olvidó. Sucede que mi abuelo tuvo unos problemillas de salud que me hicieron retrasar todo. Pero ya todo está arreglado y este blog vuelve a la normalidad.

En los meses venideros iré posteando los dos recuentos que quedaron pendientes. Palabra de Scout y de niño gordo. Mientras tanto seguiré publicando otras historias vaciladoras, llenas de acción y aventura cada dos o tres días. Así que no se despeguen de este su blog de confianza para que no se pierdan nada.

Bueno, entonces en eso quedamos…

Mientras tanto cuídense, y que los bendiga Dios, no hagas nada malo que no hiciera yo.

jueves, 12 de enero de 2012

Mis mejores posts (2006-2007)



Jamás pensé que algún día escribiría esto. Lo cierto es que hace 6 años (13 de enero de 2006) abrí un blog al que se me ocurrió nombrar ‘El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo’. Nunca imaginé que se volvería una de las cosas más importantes que haría en mi vida. Y aquí estoy, encantado y aun muy enamorado de este juguetito que el destino puso en mis manos. ¿De verdad ha pasado tanto? Parece que fue hace unos días cuando recibí mi primer comentario y me enteré que alguien más me leía del otro lado de la pantalla. Sólo dando una vuelta al pasado, releyéndome y corrigiendo varios dedazos es como me doy cuenta todo lo que he dejado plasmado en este blog.

No sé me ocurre una mejor forma de celebrar que haciendo un recuento de los que yo considero han sido mis mejores textos. A partir de hoy, y durante los próximos meses, haré tres compilados (2006-2007, 2008-2009, 2010-2011) de las entradas que más me han marcado a lo largo de esto seis años. Algunas alegres y divertidas, otras dolorosas, otras fantasiosas y ficticias… pero todas muy significativas.

De vez en cuando hay que hacer un alto y mirar el camino recorrido. Les dejo estos, mis tesoros más valiosos, para que les den una oportunidad de estar vigentes de nuevo. Espero disfruten leerlos tanto como yo lo hice al escribirlos.

Gracias por estar al pendiente de este blog y de su autor durante este sexenio.

2006
13 de enero
Bienvenida a mi blog... y justificación de un abandono. Aquí empezó formalmente todo. Una entrada que escribí confundido, pero con el presentimiento de que sería el inicio de algo importante.

25 de noviembre
La historia que no quise escribir. Un trabajo temporal se convirtió en el pretexto perfecto para enamorarme. Una fiesta con importantes invitados en un museo, yo borracho y una chica a la cual conquistar. Típica historia de un perdedor.

9 de diciembre
El maldito Hi5. Dicen que el que busca encuentra, y con eso me topé cuando me dio por entrar al Hi5 (en ese tiempo estaba de moda) de una ex novia y toparme con mi triste realidad.


2007
23 de febrero
Supongo que es amor. Escribí este post a unos días de que atropellaran y operaran a mi perro Margarito. En su convalecencia aprendí lo importante que es para mí e intenté expresarlo con palabras.

26 de abril
Amarte. De las cosas más poéticas que he escrito. Le di vida a este texto desde la desesperación de la derrota y el desamor. Hasta la fecha lo leo y pienso que yo no fui el autor.

22 de mayo
Recuerdos de una noche de viernes. Narración de la única cita a ciegas que he tenido en mi vida y cuyo desenlace sigo sin comprender. De las veces que más me ha costado lidiar con mi soledad y cobardía.

14 de junio
El mejor novelista del mundo. Una tarde imaginé que mi vida era una novela literaria y tuve el atrevimiento de hablar con el escritor de mi existencia y pedirle un final digno a mi historia de amor. Ahora comprendo que fue una osadía de mi parte.

20 de junio
Dos pajaritos muertos y quince personas. Una mañana me topé dos pajaritos muertos y me puse a imaginar el destino que tendrían sus cadáveres. Quince personas pasarían frente a ellos, cada uno tendría una reacción distinta sus cuerpos sin vida. Al final, de una idea simple sugirió un planteamiento que hasta hoy me resulta interesante.

3 de julio
La primera vez que me drogué. Sólo una vez en la vida me he drogado y fue esta. No fue a propósito, sino a causa de una divertida experiencia que no quiero repetir jamás.

14 de julio
La casa de Catherine. No es fácil estar en una casa que por años estuvo embrujada, y que misteriosamente se vaya la luz. Menos si es un 14 de febrero y uno va con ilusión de encontrar el amor. Por donde se vea, una historia de espanto.

28 de julio
El final de la historia. Continuación de “El Mejor Novelista del Mundo”. Donde el final de una historia de amor es tan triste que hasta el escritor sintió pena en el corazón al poner el punto final.

31 de julio
Kryptonita. Descripción detallada de un juego infantil que inventé… con popó. Asquerosa pero divertida anécdota de mi infancia. Mi mamá aun lo recuerda y frunce la nariz.

9 de agosto
El magnicidio que no fue. Al parecer, previo al cambio de poderes entre Vicente Fox y Felipe Calderón alguien quiso introducir un arma a un evento en donde estarían ambos. Este es uno de los posts más importantes que he escrito. Tristemente, a pesar de la trascendencia del tema no tuvo el eco que esperaba. Eso sí, sucedió la misma noche en la que ocurrieron los acontecimientos de ‘La historia que no quise escribir’, mencionados varios párrafos arriba.

30 de agosto
La coma (,) el amor y otros accidentes. El primer cuento que intenté en serio. Hasta la fecha lo leo y me gusta mucho. Los pensamientos de una chica en supuesto estado de coma a la que sólo le importa el amor.

18 de septiembre
Nubes en la cabeza. Un error me hizo soñar despierto a lo tonto. De nuevo el Hi5 me hacia ilusionarme a lo tonto con una historia romántica que ya estaba más que muerta. Ahora me da risa, pero en ese entonces de verdad me afectó.

29 de septiembre
Qué derecho tengo yo. Otro cuento del que me siento orgulloso. Un reencuentro, una misión policiaca secreta y una deuda de infancia que saldar.

2 de octubre
Yo (en calzones) vs los Rockstars. Una divertida anécdota en la que para variar hice el ridículo, quedando en calzones a media calle. Todo por ser un buen amigo.

15 de noviembre
La Soledad de Manzanares. Un reportaje que incluso ha sido reproducido en otros sitios web. Me metí en lo más profundo del barrio de la Merced para investigar sobre prostitución y lo que encontré sobrepasó los límites de mi imaginación. En la búsqueda también me topé con la capilla más pequeña del mundo.

29 de noviembre
Mientras te espero. Esta pequeña narración me vino a la mente mientras esperaba a mi amiga Renata afuera del Sanborns de Coyoacán. Además de mi, varias personas más aguardaban la llegada de sus acompañantes. A partir de esta idea se me ocurrió elaborar todo un drama.

10 de diciembre
Atlante campeón. Uno de los días más felices, escrito con la emoción que me dio ver coronarse al equipo de mis amores. Aun lo leo y lloro.

Desde antes que abriera mi blog siempre dije que el día que hiciera el recuento de cualquier cosa en mi vida incluiría esta canción. Llegó el momento:



Y ya… la próxima semana ‘Mis mejores post 2008-2009’.

domingo, 8 de enero de 2012

¿Reptilianos en Polanco?


Historia así deben ocurrir en todo momento alrededor del mundo, sin que la mayoría de sus protagonistas se atrevan a contarlo por miedo de ser tachados como locos o mentirosos. Lo que estoy a punto de narrar yo mismo tampoco lo creería si no fuera porque le sucedió a mi propia hermana, y además, su mejor amiga atestiguó los hechos.

Hace casi un año escribí un post sobre mi sospecha de que los integrantes de Zoé, grupo mexicano de rock, son reptilianos. Nunca pensé que retomaría el tema, y menos para narrar algo sucedido a un ser cercano.

Para quienes no están familiarizados con el término, bien valdría la pena explicar antes que es un reptiliano, tarea en sí muy difícil debido a las muchas versiones y teorías que hay. Pues bien, se supone que los reptilianos son seres humanoides con rasgos de reptil (como unas lagartijotas). Se dice que son de origen extraterrestre y que están en nuestro planeta desde hace cientos de años. Viven debajo de la tierra (en donde tienen ciudades), si bien hay muchas razas, la mayoría son agresivas y violentas con los humanos. Estas criaturas están infiltradas en la mayoría de los gobiernos del mundo y medios de comunicación para mantener dominados a los humanos bajo un nuevo orden mundial, en el que nos necesitan como alimento y fuerza de trabajo. Absorben nuestros sentimientos de tristeza o desesperanza, por lo que les conviene mantenernos deprimidos. Son tecnológicamente más avanzados que nosotros, aunque carecen de desarrollo espiritual, por los que nuestra conciencia es su peor enemigo. Existe la creencia de que los reptilianos pueden leer la mente, salir a calle y confundirse entre las personas por medio del uso de hologramas que les dan una apariencia humana... salvo en los ojos.

Sé que lo anterior suena muy fantasioso, pero es la única explicación que encuentro para entender lo que mi hermana me contó.

Era el 29 de diciembre de 2011, en el barrio de Polanco de la Ciudad de México. Cerca de las dos de la tarde Lucia salió junto con su amiga Lucina y otra compañera de su trabajo a comer. Fueron a un restaurante especializado en ensaladas. Lucina fue la última en pedir en la barra de comida mientras las otras dos se sentaron en una mesa. En eso Lucia notó que en uno de los lugares de enfrente estaba comiendo un extraño sujeto. De tez blanca, alto, delgado y canoso, este individuo llamó su atención debido a que el iris de sus ojos era de un color azul turquesa intenso y metálico, y era muy parecido al de los reptiles.

- Mira a ese señor de allá, es un reptiliano. Le comentó Lucia espantada a su acompañante.

En cuanto terminó de pronunciar estas palabras, el sujeto de los ojos raros volteó y las miró fijamente. La distancia entre ambas mesas era considerable, además de que había mucho ruido, por lo que resulta imposible que hubiera escuchado que hablaban de él. Mientras eran observadas, Lucia le susurró a su compañera que aquellos ojos le daban miedo. Entonces, como si el extraño las hubiera oído, sonrió malévolamente y comenzó a reír sin quitarles la vista de encima. Fue tanto el temor que ambas sintieron que decidieron salir de aquel restaurante.

Cuando Lucina recibió su comida y no vio a sus amigas salió y las encontró en la entrada. Le contaron y ya no quisieron regresar. Al irse del lugar se dieron cuenta por la ventana que seguían siendo observadas de forma macabra por aquel sujeto. Se fueron al parque más cercano, comieron sus ensaladas y platicaron un rato.

Cuando iban de regreso a su oficina, hacia ellas venían dos individuos de pinta un tanto extraña. Uno de ellos, como de unos 30 años, caminaba de forma anormal. Movía sus piernas, brazos y tronco de forma rígida, como si fuera un robot. Sus ojos eran de un color azul grisáceo claro y no tenía iris. El otro, de unos 60 años, se desplazaba de forma común pero sus ojos eran iguales a los de su acompañante, sólo que de una tonalidad un poco más obscura.

Las tres se dieron cuenta y aunque nerviosas no dejaron de avanzar. Justo a unos metros de toparse con ellos Lucia dijo: Miren, hasta caminan raro, es como si estuvieran programados. Casi en automático, los ojos de ambos seres giraron de forma rara y adoptaron la apariencia de unos ojos normales. El individuo del andar robotizado comenzó a moverse con naturalidad. Voltearon la mirada hacia Lucia y sus amigas, las vieron un segundo y siguieron su camino.

Aquella noche Lucia me contó lo sucedido. Aunque la lógica me dice que debe haber alguna explicación a lo que vivió algo me sugiere que ese extraño fenómeno tiene algo de relación con seres no humanos. Si la hipótesis de que eran reptilianos es real ¿qué buscan en Polanco?

A menudo encuentro en la red narraciones de personas que en la calle ven a gente con ojos con rasgos de reptil y tonalidades raras. A partir de ahora miraré los ojos de las personas con las que me encuentre. Aunque no sé qué haría si me topo con uno de ellos.

jueves, 5 de enero de 2012

Por eso la ausencia...


In Memoriam Lisandro Cortés.

Y de pronto dejé de escribir en este blog. Y así llegó el fin de año y se me encimó el 2012. Y soy un maldito maleducado, porque contrario a otros años ahora no hice ningún recuento de lo que me pasó a lo largo del 2011. Ni felicité a mis lectores. Ni les conté qué hice o dejé de hacer en las fiestas navideñas. Me encontraba, si es que la justificación sirve de algo, sin hallar ese momentito oportuno para sentarme a escribir. No es que no tuviera idea de qué contarles, sino más bien no encontraba la ocasión para depositar en este espacio los pedacitos de pensamiento incoherente que a veces habitan mi cabeza dura.

Fue precisamente una de las últimas noches del año pasado cuando inutilmente intentaba escribir un post. Abandoné la misión no por falta de ganas, sino porque de repente una cadena de mensajes de Facebook llamó toda mi atención. Por medio de un mensaje me enteré de la muerte de uno de mis compañeros de generación de la Universidad. Un infarto fulminante acabó con la vida del buen Lisandro. No fue mi amigo íntimo, es más, fueron pocas las veces que llegué a platicar con él, pero era un buen tipo. No se metía con nadie, siempre era amable y era un buen estudiante. Siempre es triste enterarse de la muerte de alguien con quien compartiste algún momento de la vida. Más si esa persona era joven (no tenía más de treinta años) y su partida fue de forma inesperada.

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He pasado los últimos meses quejándome de mi salud. Un problemita que espero no sea mayor me ha tenido en jaque 10 de los últimos 12 meses. No obstante, enterarme de la muerte de alguien me hace replantearme que mis malestares son cosas de niños. Que mi vida no está en peligro, que puedo hacer mi vida de forma normal y que no estoy postrado en una cama me hacen encarar de mejor forma al año recién llegado.

¿Por qué tenemos que ver la desgracia en otros para darnos cuenta de lo mucho que tenemos?

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Hace no mucho, releyendo varias de mis textos de hace años en este blog, sentí como si algo se me hubiera perdido. Como si el ‘yo’ que escribía en entonces y el de los últimos meses fueran dos personas completamente diferentes. Estilos y temáticas completamente dispares. Para serles franco, mis post antiguos me parecían más honestos y llenos de sentimiento. Más sufridos e intensos. Ahora no sé, como que he perdido la chispa.

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Entonces el autor del blog se entera del fallecimiento de un contemporáneo y avergonzado se dice que lo verdaderamente importante es poder seguir teniendo vida para escribir, y que el estilo importa un carajo cuando lo valioso es seguir poder respirando y dejar constancia de ello por medio de palabras.

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He dejado de ver mariposas en todos lados como hasta hace poco lo hacía, espero optimista que mi salud mejore y ya me resigne a no hacer el mismo tipo de blog que hace varios ayeres. Soy un inconsciente hablando de ausencias menores cuando Lisandro ya no está con nosotros.

- Cállate ya, y mejor vive... y después escribe. Me lo imagino aconsejándome. Aunque en la vida nunca me dijo nada tan personal.

Y eso haré. Ignoro porque de pronto vino la imagen de él regañándome. Y así elijo comenzar el año. Blogueando aquí, intentando hacer que esto de sentarme y alimentar El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo valga la pena. Dejaré de filosofar tanto para sentarme a escribir y que la vida me de salud, es lo único que necesito.

Bienvenido 2012, a ver qué historias me haces contar…

Nos leemos…

jueves, 22 de diciembre de 2011

31 Minutos presenta: Mburu


Hasta hace no más de un año, apenas y sabía de la existencia del programa 31 Minutos. Si bien estaba enterado que era una serie chilena acerca de un noticiario presentado por simpáticas marionetas, nunca me sentí del todo atraído hacia ella. De vez en cuando escuchaba a niños y personas de mi edad hablando sobre lo maravilloso de esta emisión, imitando algún personaje o cantando alegres canciones. Ocasionalmente llegué a toparme con su transmisión en canal 11, pero nunca permanecí viéndolo más de cinco minutos. Después conocí a Tania, se hizo mi novia y me llevó a ver “31 Minutos, La Película”. Desde entonces me volví fan.

Hace más o menos un año, cada que puedo veo el programa. Aun no soy del todo experto y no reconozco ni a la mitad de los personajes, pero ya me identifico con el concepto y ritmo de la emisión. Una producción inteligente, dirigida a un público infantil, pero que resulta igual o más interesante para los adultos. Por eso, cuando nos enteramos que el elenco de 31 Minutos venía a México a presentarse con la obra de teatro ‘Resucitando una estrella’ no lo pensamos dos veces y adquirimos los boletos cuanto antes.

La puesta en escena superó nuestras expectativas. Siguiendo la esencia de la serie televisiva, la magia de ver a los personajes de 31 Minutos en directo fue sensacional e imperdible para cualquier fanático del programa. Antes de salir, en la tienda del teatro vendían un libro titulado ‘Mburu’, una especie de cómic-novela gráfica que forma parte de los libros que han sido publicados acerca del show televisivo. Obvio lo compramos de inmediato. Obvio, lo leí en menos de una hora. Obvio me encantó.

‘Mburu’ es un libro divertido y bien hecho. Además de estar ilustrado con un estilo que lo hace atractivo y original, la historia es una maravilla. Irreverente, aleccionadora, manejando de manera exacta el humorismo. Una joya para verse una y otra vez que tiene como protagonista a Juan Carlos Bodoque (mi personaje favorito, ídolo de toda la vida), quien en la búsqueda de un reportaje que lo haga recuperar su estropeada credibilidad como periodista de televisión, se topa con Mburu), el último conejo verde de la historia. Bodoque, sediento de fama, reconocimiento y dinero para pagar sus deudas contraídas por su adicción al juego, decide llevar a Mburu a la civilización, lo cual acaba por cambiar el destino de todo el elenco de todo el equipo de 31 Minutos.

Y ya, no quiero contarles más. La trama da varios giros inesperados en su historia y cada una de sus más de 50 hojas consigue sorprender al lector. Si eres fan de 31 Minutos no dejen de buscarlo. Es como ver un capítulo de larga duración, pero con las ventajas narrativas que ofrece una novela gráfica.

¡Yo nunca vi televisión…!


domingo, 18 de diciembre de 2011

Por el puro gusto de volverte a ver


Mi cena de graduación de la Universidad fue un 17 de diciembre del 2004. Justamente siete años después me volví a encontrar con varios compañeros y amigos con los que durante mi carrera compartí clases, fiestas y locuras. Dicen que el tiempo pasa y no perdona. Por fortuna a nosotros nos permite vernos como si todo éste tiempo sin vernos hubiera sido un suspiro. En esencia seguimos siendo los mismos.

Desvelado y jodido. En estas condiciones intento escribir éste post. Ya no estoy para éste tipo de fiestas ni para llegar a casa hasta las 7 de la mañana. Sin embargo valió la pena. Siempre será un gusto reencontrarse con la gente que se aprecia y descubrir que hay lazos tan fuertes que ni la distancia ni los años pueden quebrar.

- Gabriel, estás igualito, no has cambiado. Me dijo una amiga cuando me acerqué a saludarla. No sé que tanto lo haya dicho por compromiso o si en verdad me he conservado. Quizá esté más gordo, un poco arrugado y ya no tenga la jovialidad de antes, pero intento que el interior de mi corazón permanezca lo más incorruptible posible. Incluso sigo sin saber cómo o qué hacer cuando me ponen a bailar en las fiestas.

No sé cómo me vieron los demás, pero yo percibí a todos como si 7 años en realidad hubieran sido un segundo. Las mismas risas y personalidades de antaño. La misma camarería, las mismas miradas cómplices, el mismo sentimiento de estar en familia al platicar o abrazar a esos que por mucho tiempo fueron tus aliados en la batalla. Ya no corrió como antes el alcohol. Tampoco fue una jornada maratónica de baile o de ver quién se ligaba a quién. Más bien fue una celebración por el puro gusto de compartir de nueva cuenta el mismo espacio. Porque al juntarnos redescubrimos quienes fuimos y recobramos fuerzas para seguir adelante.

Quizá nuestros temas de conversación hayan cambiado un poco. Ahora el futuro parece mucho más importante que la inmediatez del presente, ese que tan seductor nos parecía hace años. La noche se nos fue mezclando recuerdos de lo vivido con ponernos al día con nuestras vidas. Y hoy, casi veinticuatro horas después del reencuentro sólo puedo decir que 'vaió la pena’. Fue un placer hacer éste breve viaje a mis días universitarios y sonreír al saber que esos recuerdos están más vivos y presentes que nunca. Por los que fueron a la reunión, por los que no pudieron ir pero no por eso se van de la mente, por todos los que conformamos el mismo destino y que en parte son los culpables de lo que hace y piensa éste que hoy escribe. Gracias generación UVM Ciencias de la Comunicación, generación 2000-2004.

Vuelvo a brindar por ustedes.



domingo, 11 de diciembre de 2011

Crónicas de Tamagotchi 4: La Derrota

Ayer murió mi Tamagotchi, y no me siento ni un poquito culpable. Cuando me di cuenta en la pantalla había un platillo volador balanceándose, señal de que las mascotas virtuales decidieron marcharse debido a mis malos tratos. Y es que durante día y medio no le presté ni tantita atención. Qué si el trabajo, qué si la reunión con los amigos, qué si el cansancio, qué si había que llevar a Margarito a su cita con el veterinario... y aquí es donde entra el verdadero protagonista de éste texto.

Margarito (o Margaro, como ustedes prefieran) es el nombre de mi perro. Algunos dicen que es de raza maltés, pero en realidad es producto de una extraña mezcla, por lo que clasificarlo sería un tanto difícil. Tiene 12 años y vive en mi casa desde que tenía un mes de nacido. Fue comprado por mi madrina en el mercado de La Lagunilla como regalo de cumpleaños para mi hermana. Desde entonces no hay día en el que éste perro no me alegre la vida.

En febrero del 2007 Margarito fue atropellado. Su cadera quedó rota en tres partes. Tuvo que ser operado para que le pusieran una placa en sus huesos y pudiera volver a caminar. Durante esos días de angustia supe lo que era el amor hacia un animal. Después de semanas muy duras Margaro se recuperó y volvió a ser el mismo. Sociable, ocurrente, inquieto a pesar de su edad, saltarín, siempre intentando correr, con un hambre voraz, y unas ganas de vivir y querer que no le caben en el cuerpo. Así es mi perro, que por si fuera poco, también derrotó a mi Tamagotchi.

Así es, si en parte no le puse mucha atención a las garrapatas virtuales de mi celular fue porque en estos momentos Margarito necesita mucho más de mí. Debido a su edad y a la placa en su cadera ha tenido varios problemas de salud. Quizá tengan que operarlo de nuevo o tener un largo tratamiento para que vuelva a estar 100 por ciento bien. Por eso ayer preferí llevar al Margaro a su cita con el veterinario en lugar de atender las peticiones repetitivas de un Tamagotchi. Es más, ni me lo llevé a pesar de que el artefacto electrónico cabe en mi bolsillo. Hasta en las mascotas hay clases y para mí, Margarito ocupa el puesto más alto.

Tener un Tamagotchi podrá ser divertido y hasta una experiencia interesante, pero jamás comparada con tener un perro. El Tamagotchi siempre llevará las de perder ante un ser que es capaz de entenderme y darme el amor más puro que pueda conocer. Basta comparar la frialdad y opacidad de una pantalla, con los ojos castaños de canica de mi perro para saber que el Tamagotchi pierde el duelo por paliza.

Reiniciaré mi aparatito japonés. Vendrán otros tres seres virtuales y los cuidaré en la medida de mis posibilidades. Sin embargo, la prioridad la tiene mi amigo peludo y abrazable, el cual ya me espera para dar uno de sus paseos en el parque. Y a seguir peleando con él para que muy pronto se cure.

Aun nos quedan muchas aventuras por delante.

Fin de las Crónicas de Tamagotchi.

jueves, 8 de diciembre de 2011

Crónicas de Tamagotchi 3: El retorno

Pasaron catorce años desde que tuve por última vez en mis manos un Tamagotchi. Mis días con aquel artefacto ya sólo eran un recuerdo que muy pocas veces se hacía presente. Dos años después de la destrucción de mi primer Tamagotchi, llegó a mi vida mi perro Margarito, con lo que cualquier vacío por tener alguna mascota quedó cubierta. Paulatinamente los Tamagotchis y demás aparatos de su tipo fueron desapareciendo hasta que se volvió prácticamente imposible encontrar alguno a la venta. La moda así como llegó se había ido.

Lo malo de las enfermedades y enamoramientos es que a veces quedan secuelas, y eso me pasó (guardando las distancias) con los Tamagotchis. Hace unas semanas, mientras buscaba aplicaciones para mi smartphone se me ocurrió buscar si existía alguna que fuera similar al Tamagotchi, o por qué no, una adaptación oficial. No encontré nada. Aquella idea repentina no se fue de mi mente, no podía explicarme cómo algo que había tenido tanto éxito no hubiera evolucionado hasta nuestros días.

Hace casi quince días, en una reunión casual para jugar videojuegos (materia en la cual me declaro pésimo) comenzamos a platicar sobre juguetes de nuestra niñez. Mencioné al Tamagotchi. Mi novia completó el comentario diciendo que ella también había tenido uno, pero a diferencia del mío que era azul, el suyo fue verde. Curiosamente también se lo destruyeron. Otra amiga también fue dueña otro. De pronto nos preguntábamos dónde podríamos conseguirlos de nuevo. Dos días después, de manera inesperada mientras compraba una revista en un Sanborns, mi novia me mostró lo que pensé jamás volvería a encontrarme: Un tamagotchi.

Quise comprarlo de inmediato, pero el modelo no era muy bonito, así que decidí esperar a ver más modelos en otras tiendas. Al otro día visité dos centros comerciales, una juguetería, tres tiendas, un supermercado y dos Sanborns más. No encontraba Tamagotchis por ningún lado. A punto estaba de ir a donde lo había visto el del día anterior, cuando por fin encontré lo que buscaba. Un Tamagotchi azul marino decorado con motivos cinematográficos. Lo tomé y pagué de inmediato los 370 pesos que costaba (casi lo mismo que 14 años atrás, con la diferencia de que en esta ocasión pagar esa cantidad no me afectó en lo absoluto).


Llegué a mi casa, y como una manía tonta que tengo, antes de abrir mi nueva adquisición me puse a hurgar en internet sobre mi compra. Así descubrí que en realidad los Tamagotchis no desaparecieron, sino que siguieron haciéndose en Japón. Qué había varias versiones y que la que yo me había comprado correspondía a la ‘Tamagotchi Connection V5 – Family’, el cual es de los más nuevos y tiene la particularidad de que crias no sólo una mascota virtual, sino varias, después puedes hacerlos amigos, novios o incluso generar nuevas generaciones de Tamagotchis. Según los comentarios que leí en varios portales, cada nueva edición de estos aparatitos era mejor y más adictiva que la anterior.

No necesité leer más. Abrí mi Tamagotchi de inmediato e inicié el juego. En la pantalla aparecieron tres huevecillos moviéndose. Mientras esperaba que se rompieran leí fugazmente el instructivo. Para cuando las tres pequeñas criaturas salieron del cascarón ya tenía una ligera idea de cómo usar las opciones que da el dispositivo. Alimenté a los bichos electrónicos, jugué con ellos un rato y a las 8 de la noche se durmieron. No reaccionaron hasta el otro día, justo a la hora en la que entré a trabajar, donde confieso, no les hice el menor caso. Fue hasta que salí cuando vi que las pobres se encontraban dándome la espalda, con hambre, tristes y llenas de excremento. Me sentí culpable. Desde entonces trató de darme un par de escapadas fugaces de mi horario laboral para ver ‘qué se le ofrece’ a mis pulgas digitales. Escribo estas palabras a 10 días de tener de vuelta un Tamagotchi en mi vida. Las tres garrapatas electrónicas no se me han muerto a pesar de que les dedico mucho menos tiempo que a sus antecesoras hace 14 años. Cada una de esas criaturas, que van de un lado a otro de la pantalla tenían personalidades propias: uno era un faraón, otro un mago y la niña era una rosa. Ayer sin avisarme se transformaron en una horrible familia paparazzi (no tengo ni idea de por qué). Se supone que en unos días llegarán tres nuevas mascotas virtuales a las que también criaré y después podré hacer que interactúen con las tres primeras, y de ahí hasta el infinito.

Cada vez que juego con ellas ganó dinero que puedo usar para comprarles cosas. Debo procurar que tomen clases e incluso puedo conectar mi Tamagotchi con otro (aun no me he topado con alguien más que tenga otro). Incluso puedo conectarme a internet y descargar objetos para mis mascotas virtuales (cosa que no hago porque no le entiendo nada a la página). Lo malo es que no tengo tiempo y a veces se me hace un poco idiota estar cuidando a un llavero electrónico.

Hasta ahora mi reencuentro con los Tamahotchi ha sido raro. Por un lado me emociona, por el otro me siento tonto. Saldé la deuda con el Gabriel que hace 14 años le fue arrebatado el suyo, pero el Gabriel de ahora me reclama que gastar en un juguete fue una tontería. A veces me divierte, a veces me aburre. Podría decir que en realidad el Tamagotchi me ha desilusionado pues no evolucionó casi nada y actualmente luce obsoleto, pero entonces me preguntó ¿si no te gustó, qué diablos haces dedicándole unos post de tu blog?

Por ahora tengo y cuido un Tamagotchi. Mañana no sé…

Estoy en el punto medio entre la adicción y el abandono, ya veremos quién gana.

En la próxima entrada...
Crónicas de Tamagotchi 4: La derrota

martes, 6 de diciembre de 2011

Crónicas de Tamagotchi 2: La Pérdida

Tenía 15 años en ese otoño de 1997. Recuerdo bien esos días con mi Tamagotchi. Me la pasaba contemplándolo a todas horas. Llevándolo de aquí para allá, alimentándolo cuando era necesario y presumiéndoselo a todos. Aun así nunca conseguí que uno llegara a la edad adulta. Por "X" o por "Y" se me morían. En otras ocasiones, cuando la mascota virtual en cuestión crecía en forma de bicho feo y dejaba de ser agradable ala vista, reseteaba el Tamagotchi.

Sin embargo ese mes con Tamagotchi me la pasé bien. El aparatito superó mis expectativas hasta el punto de volverme un enajenado. No fui el único. A menudo me encontraba en la calle con otros dueños de Tamagotchis que tampoco se apartaban de ellos ni un minuto. Incluso salieron a la venta una gran cantidad de copias piratas. De pronto casi todo mi entorno se vio rodeado de aparatitos parlanchines. Y digo "casi todo" porque en mi prepa (tenía unas semanas de haber entrado) parecía que el único emocionado con el tema era yo.

Como ya he mencionado varias veces fui a una preparatoria religiosa. Al venir de la sección secundaria en la que sólo había varones, la mayoría de mis compañeros buscaban cualquier pretexto para lucirse y hacerse los interesantes con nuestras compañeras de nuevo ingreso. Todo lo que tuviera que ver con juguetes, incluidas las mascotas virtuales, era cosa de niños inmaduros, y por lo tanto, su propietario blanco de burlas y señalamientos. Aun así me arriesgué. Diario lo llevaba al escuela, y con el atraía la atención de mis compañeras de clase, que se acercaban a conocer el novedoso aparatejo. A los hombres el Tamagotchi les valía un pepino, o eso creía. Un martes saqué mi Tamagotchi en plena clase para darle de comer. No era la primera vez, así que no esperaba que causara mayor sorpresa. Por desgracia, los típicos pesados que nunca faltan me lo arrebataron y amenazaron con no dármelo. No dije nada más para no ocasionar problemas y que el maestro en turno me castigara. En el descanso le pedí a esos pelafustanes que me lo devolvieran. Y nada. Uno a otro se echaban la bolita sin que me dijeran donde estaba mi juguete. Así hasta la salida.

Al otro día les pregunté y se hicieron los desentendidos. Empecé a creer que aquella broma iba muy en serio. En un intervalo me acerqué a un compañero que se llevaba bien con los malandrines y le pregunté si sabía quién tenía mi Tamagotchi. Por respuesta obtuve un "lo destruyeron" que sonó a disculpa. No pregunté ni quise indagar más. Me fui al baño a tragarme mi coraje. No podía entender en qué diablos les afectaba a esos niños estúpidos el que yo tuviera un Tamagotchi, mucho menos qué los llevó a romperlo. ¿Por qué carajos no respetar a los demás? Tanto ahorrar para nada... ¡Qué ganas de encontrarme a esos idiotas y ver si ahora se atreven a hacerme lo mismo!

No permití que ellos me vieran enojado. Fingí que no me importó. Al poco tiempo me enamoré de una de las chicas que chulearon mi Tamagotchi y un mes después la hice llorar. La pérdida de ese aparatito en cierta forma marcó el final de mi niñez. Nunca volví a interesarme ni a saber nada de mascotas virtuales en los próximos 14 años.

En la próxima entrada...
Crónicas de Tamagotchi 3: El retorno

domingo, 4 de diciembre de 2011

Crónicas de Tamagotchi 1: La llegada

No estoy del todo seguro, pero habrá sido por ahí de 1997 cuando escuché por primera vez el término "Tamagotchi". Fue en una estación de radio en la que hablaban con emoción de estos aparatitos que funcionaban como mascotas virtuales a las que se tenía que alimentar, cuidar y limpiar para que siguieran vivas, de no hacerlo correctamente podía deprimirse, enfermarse y hasta morir. Vaya, incluso hacían popó.

Después de escuchar ese programa quería uno de esos aparatos. Pasaban los días y tanto en radio como en televisión empezaban a mencionar cada vez más a los mentados Tamagotchi. Decían que eran la sensación a nivel mundial, que en Japón la gente incluso llegaba a tener problemas en su escuela o trabajo por lo mucho que llegaban a distraerse cuidándolos. Hasta existía el rumor de que hubo quien llegó a suicidarse por la muerte de una de sus mascotas virtuales. A mis 15 años todo eso sonaba fascinante.

No paso mucho tiempo para que los viera en una tienda. Costaban 350 pesos. Una fortuna para alguien cuyo único ingreso eran los 15 pesos que recibía diario para gastar en la escuela. No sé ni cómo diablos le hice, pero entre ahorros y lavadas de auto junté esa suma en tiempo récord. En tres semanas cuando mucho (sábado en la tarde, me acuerdo bien) fui con mis papás a la sección de juguetes de un supermercado y elegí mi Tamagotchi. Una especie de llaverito en forma de huevo con una pantalla en el centro y tres botoncitos para seleccionar, elegir y cancelar funciones. Emocionado quité el cartoncito encendió por primera vez el dispositivo. Fascinado vi como en la pantalla apareció un huevo que en poco tiempo empezó a moverse hasta que de su interior surgió una criatura virtual semejante a un cuadrito con ojos y boca que se movía alegremente de un lado a otro.

La fiebre Tamagotchi me había atrapado.

Así inicio la primera de cuatro crónicas en las que los Tamagotchi me han acompañado a largo de mi vida.

En la próxima entrada...
Crónicas de Tamagotchi 2: La Pérdida