domingo, 8 de enero de 2012

¿Reptilianos en Polanco?


Historia así deben ocurrir en todo momento alrededor del mundo, sin que la mayoría de sus protagonistas se atrevan a contarlo por miedo de ser tachados como locos o mentirosos. Lo que estoy a punto de narrar yo mismo tampoco lo creería si no fuera porque le sucedió a mi propia hermana, y además, su mejor amiga atestiguó los hechos.

Hace casi un año escribí un post sobre mi sospecha de que los integrantes de Zoé, grupo mexicano de rock, son reptilianos. Nunca pensé que retomaría el tema, y menos para narrar algo sucedido a un ser cercano.

Para quienes no están familiarizados con el término, bien valdría la pena explicar antes que es un reptiliano, tarea en sí muy difícil debido a las muchas versiones y teorías que hay. Pues bien, se supone que los reptilianos son seres humanoides con rasgos de reptil (como unas lagartijotas). Se dice que son de origen extraterrestre y que están en nuestro planeta desde hace cientos de años. Viven debajo de la tierra (en donde tienen ciudades), si bien hay muchas razas, la mayoría son agresivas y violentas con los humanos. Estas criaturas están infiltradas en la mayoría de los gobiernos del mundo y medios de comunicación para mantener dominados a los humanos bajo un nuevo orden mundial, en el que nos necesitan como alimento y fuerza de trabajo. Absorben nuestros sentimientos de tristeza o desesperanza, por lo que les conviene mantenernos deprimidos. Son tecnológicamente más avanzados que nosotros, aunque carecen de desarrollo espiritual, por los que nuestra conciencia es su peor enemigo. Existe la creencia de que los reptilianos pueden leer la mente, salir a calle y confundirse entre las personas por medio del uso de hologramas que les dan una apariencia humana... salvo en los ojos.

Sé que lo anterior suena muy fantasioso, pero es la única explicación que encuentro para entender lo que mi hermana me contó.

Era el 29 de diciembre de 2011, en el barrio de Polanco de la Ciudad de México. Cerca de las dos de la tarde Lucia salió junto con su amiga Lucina y otra compañera de su trabajo a comer. Fueron a un restaurante especializado en ensaladas. Lucina fue la última en pedir en la barra de comida mientras las otras dos se sentaron en una mesa. En eso Lucia notó que en uno de los lugares de enfrente estaba comiendo un extraño sujeto. De tez blanca, alto, delgado y canoso, este individuo llamó su atención debido a que el iris de sus ojos era de un color azul turquesa intenso y metálico, y era muy parecido al de los reptiles.

- Mira a ese señor de allá, es un reptiliano. Le comentó Lucia espantada a su acompañante.

En cuanto terminó de pronunciar estas palabras, el sujeto de los ojos raros volteó y las miró fijamente. La distancia entre ambas mesas era considerable, además de que había mucho ruido, por lo que resulta imposible que hubiera escuchado que hablaban de él. Mientras eran observadas, Lucia le susurró a su compañera que aquellos ojos le daban miedo. Entonces, como si el extraño las hubiera oído, sonrió malévolamente y comenzó a reír sin quitarles la vista de encima. Fue tanto el temor que ambas sintieron que decidieron salir de aquel restaurante.

Cuando Lucina recibió su comida y no vio a sus amigas salió y las encontró en la entrada. Le contaron y ya no quisieron regresar. Al irse del lugar se dieron cuenta por la ventana que seguían siendo observadas de forma macabra por aquel sujeto. Se fueron al parque más cercano, comieron sus ensaladas y platicaron un rato.

Cuando iban de regreso a su oficina, hacia ellas venían dos individuos de pinta un tanto extraña. Uno de ellos, como de unos 30 años, caminaba de forma anormal. Movía sus piernas, brazos y tronco de forma rígida, como si fuera un robot. Sus ojos eran de un color azul grisáceo claro y no tenía iris. El otro, de unos 60 años, se desplazaba de forma común pero sus ojos eran iguales a los de su acompañante, sólo que de una tonalidad un poco más obscura.

Las tres se dieron cuenta y aunque nerviosas no dejaron de avanzar. Justo a unos metros de toparse con ellos Lucia dijo: Miren, hasta caminan raro, es como si estuvieran programados. Casi en automático, los ojos de ambos seres giraron de forma rara y adoptaron la apariencia de unos ojos normales. El individuo del andar robotizado comenzó a moverse con naturalidad. Voltearon la mirada hacia Lucia y sus amigas, las vieron un segundo y siguieron su camino.

Aquella noche Lucia me contó lo sucedido. Aunque la lógica me dice que debe haber alguna explicación a lo que vivió algo me sugiere que ese extraño fenómeno tiene algo de relación con seres no humanos. Si la hipótesis de que eran reptilianos es real ¿qué buscan en Polanco?

A menudo encuentro en la red narraciones de personas que en la calle ven a gente con ojos con rasgos de reptil y tonalidades raras. A partir de ahora miraré los ojos de las personas con las que me encuentre. Aunque no sé qué haría si me topo con uno de ellos.

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Hay que miedo!!!

Matias Pereyra dijo...

NOOo no les tengan miedo Amen y sean felices es su peor temor ,los seres espirituales somos su peor amenaza, seamos todos seres de luces y amemos a todos y ellos no tendran forma de atacarnos porque somos muchos mas poderosos que ellos en estado espiritual puro, NO TEMAN les recomiendo lean a nuestro lider espiritual en argentina Claudio Maria Dominguez , y lean a los grandes sabios de todos los tiempos, Sai baba, madre maria teresa,buda,jesus, dalai lama. son nuestra mejor herramienta contra el nuevo orden