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jueves, 24 de marzo de 2016

Bailo como Barack Obama


Hace unos 4 años, en este blog publiqué un post titulado Bailo como Luis Miguel, en donde puse un video del Sol intentando bailar música guapachosa en un bar, pero haciéndolo fatal. En cuanto vi esas imágenes pensé: Chale, bailo como Luis Miguel

Si quieren leer ese texto den clic aquí

Bueno, pues algo similar me pasó hace unas horas cuando me topé con un video de Barack Obama bailando Tango. En estos días el presidente de Estados Unidos realiza una gira por Argentina, y como parte de sus actividades asistió a una cena-baile-show de estado que se realizó en el Centro Cultural Néstor Kirchner. 

Durante el evento hubo una presentación de Tango a cargo de los bailarines Mora Godoy y José Lugones, quienes al termino de una pieza decidieron sacar a bailar a los Obama. Al ver que la bailarina se acercó a él, seguramente el presidente sintió el mismo pánico que experimentamos aquellos que tenemos dos pies izquierdos y nos vemos obligados a tener que bailar en algún evento social. 

Y es que Michelle Obama no tenía broncas. Al ser mujer lo lógico es que se deje guiar por su pareja de baile, en cambio, cuando eres hombre y no sabes bailar, no sólo quedas en ridículo tú, sino que de paso haces que tu compañera también se vea torpe. 

Aún así esto no intimidó a Obama quien después de decirle a la bailarina argentina que no sabía bailar, y ver que a ésta le valió la advertencia, decidió lanzarse al ruedo y hacerle al cuento. Al final, aunque el mandatario se veía un poco tieso y por momentos parecía que estaba luchando con su pareja de baile, podríamos decir que salió bien librado. 

Vean:


 

Soy muy fan del Obama bailador.

La verdad esa actitud aventada de Obama es toda una lección de vida que todos debemos aprender, sobre todos los que somos un desastre bailando y siempre sufrimos en las fiestas elegantes. Lo importante es agarrar a los toros por los cuernos, entrar en papel y ver qué pasa.

Tú hazle a la mamada, como Obama.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Tengo voz de pobre

La maldita tecnología vino a recordarme algo que ya sabía, pero que prefería ignorar: Tengo voz de pobre.

Sí, de pobre... 

En el post pasado les comenté que estoy empezando a usar mucho Snapchat, red social que entre sus encantos te permite compartir pequeños videos. Y ahí es dónde la marrana torció el rabo, pues cada que subo alguna grabación a esta u otra plataforma similar tengo que escucharme y el resultado me parece horrible.

Supongo que todos dicen lo mismo cuando se escuchan así mismos en una grabación de audio o video, pero en mi caso siempre ha sido algo que me conflictúa, pues según yo, cuando hablo y me escucho a mí mismo tengo una voz varonil y clara, hagan de cuenta como la de César Evora o Enrique Rocha, pero todavía más chida y con un toque juvenil. Lógico, cuando por azares del destino oigo mi verdadera voz me quiero morir.

Ahora que lo pienso, no sé cómo en algún momento tuve un programa de radio, pues de verdad escucharme me resulta intolerable y siento que doy pena ajena. 

Todavía recuerdo la primera vez que me confronté con mi verdadero tono de voz, fue en unas vacaciones de verano, cuando mi hermana y yo nos pusimos a jugar con una vieja grabadora. Me impactó mucho el descubrir que en realidad mi tono era de pobre. ¿Por qué de pobre? No lo puedo explicar, pero eso fue lo que me vino a la mente cuando me escuché.

Y así ese choque con mi voz real se ha repetido constantemente en vida, al grado de que prefiero no ver los vídeos o audios en los que hablo. Prefiero seguirme engañando y pensar que tengo una voz de galán de telenovela y no una voz gacha.

Puede ser que algún día acepte mi voz culera. Algo que no veo muy factible, pues si nunca me acostumbré a escuchar a Chabelo usando su verdadera voz (hasta sentía feo cuando lo hacía), qué les hace pensar que podré superar mi horrible registro vocal.

Curiosamente, lo que no hago tan pinche es cantar, o eso creo yo. Digo, tampoco debe pensarse que tengo mejor voz que Adele o Luis Miguel, de hecho soy bastante desafinado, pero al menos no me da tanta pena. 

Uno de mis planes en cuanto a redes sociales es comenzar a usar más las plataformas que permiten subir videos, como YouTube, Vine y Snapchat, y quizá eso contribuya a que finalmente acepte que hablo como pobre. De verdad, quiero pedirle una disculpa a la humanidad por contaminar el ambiente sonoro con mi voz horrible, neta perdón.

martes, 16 de febrero de 2016

Soy el pollo azul


Tania y yo somos fans de los Muppets. Bueno, más bien ella, yo nomás le hago al cuento. 

Hace tiempo estábamos viendo una película de estos curiosos personajes cuando de pronto apareció en escena un pollo azul gigante. 

La verdad a ese muppet ya lo había visto en otras ocasiones, aunque por su cara de pocos amigos sospechaba que siempre andaba de malas y que su personalidad es detestable. En fin, la verdad no contaba con mayor información sobre él. 


Fue entonces cuando Tania hizo un comentario en el que no había reparado: 

- Ese pollo azul es igualito a ti. 

Y entonces no supe si sentirme halagado, insultado o si de plano aquello era una extraña broma. Según ella tengo las cejas iguales, además de que su pico y mi nariz son muy similares. 

Chale... 

Durante los siguientes meses, cada vez que veíamos a ese ser emplumado en fotos, televisión o películas, ella seguía insistiendo en que ese muppet y yo éramos idénticos. Si bien al principio algo en su rostro duro me hacía pensar que era malo y poco agraciado, poco a poco le fui tomando cariño. Según Tania, cuando alguien me hablaba de cosas serias, como el pago de la hipoteca o cuando hacíamos planes de la boda, siempre hacía esta cara:


Luego nos enteramos que ese muppet en realidad no es un pollo azul sino un águila calva llamada "Sam el Águila"

Aunque mi personalidad sea más parecida a la de la Rana René (así le digo, esas mamarrachadas de Kermit no van conmigo), para mí el pollo azul dejó de ser un muppet más. 

La apoteosis de mi relación con mi muppet gemelo se dio cuando me enteré que Tania compró en Amazon un muñeco Funko Pop de Sam el Águila. Cuando el muñequito llegó a sus manos hasta yo me emocioné y me tomé esta foto:


La llegada del Funko de Sam el Águila detonó en mi dos cosas:

1. Quiero un muñeco Funko (sí, a pesar de que estos monos nunca me habían llamado la atención ahora quiero uno, ni siquiera sé de qué, pero debo comprarme uno con urgencia). 

2. Me volví fan de Sam el Águila. Si bien su personalidad no es la más llamativa y nunca resalta como los otros muppets, algo tiene que me inspira ternura. Es como yo, que detrás de la imagen de un hombre bien dado y varonil se esconde un ser de buenos sentimientos y de corazón puro. ¿Acaso la gente cuando me conoce piensa que soy demasiado serio y que estoy de malas. 

Ahora Tania se llevó el Funko del Pollo Azul a su oficina, dice que es para acordarse de mí. Por lo pronto cada día voy descubriendo más los paralelismos que hay entre Sam, el Águila y yo. 

Y es que Si John Lennon es la morsa, yo soy el Pollo Azul.

miércoles, 16 de diciembre de 2015

“Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán", y otras incoherencias de cuando uno va en la primaria

Cuando somos niños decimos muchas estupideces -luego crecemos y decimos todavía más-. Y es que, es en esta época de nuestras vidas cuando nuestra mente inocente comienza a retorcerse de forma perturbadora. 

No digo que en la Primaria nos volvamos unos seres endemoniados, sino simplemente nuestra boca va más rápido que nuestro cerebro, y si a esto le sumamos la poca experiencia que tenemos en la vida, pues es fácil explicar por qué nuestra cabeza termina formulando pensamientos incoherentes. 

A continuación enlistaré cinco ejemplos de pensamientos o actitudes carentes de sentido, de los que fui testigo cuando iba en la primaria.

1. “Mejor cómprate unas herramientas” 

Cursaba el quinto grado de primaria y después de ahorrar por semanas me había comprado una figura o-r-i-g-i-n-a-l de uno de los Caballeros del Zódiaco. Obviamente lo quería presumir y lo llevé a la escuela. Fue en el recreo cuando un par de amigos me dijeron que había hecho muy mal por haber gastado mi dinero en un muñeco. El argumento de uno de ellos, que se llamaba Christian y le decían “Chico” (no sé si algo le conocían o le hablaban al tanteo), fue…

- No Pif (así me decían), ya no gastes en muñequitos, mejor cómprate unas herramientas.

¿¡¿¡QUÉ?!? Osea ¡¡¡no manchen!!!. Teníamos 10 años y esos niños decían que ya debía dejar de pensar y querer juguetes para empezar a comprarme herramientas de señor 

¿¡Pues qué vivimos en un país en guerra para dejar de lado mi niñez y hacerme de unas herramientas!? Si mi sueño hubiera sido ser carpintero o mecánico cuando fuera grande, pues voy de acuerdo, pero a los 10 años no tenía ni idea de qué haría con mi vida. Ahora tampoco la tengo, pero esa es otra historia. 

Total, nunca les hice caso. De haberlo hecho, quizá ahora no sería tan inútil y sabría usar un taladro, reparar autos, colgar cuadros en las paredes y esas cosas que hacen los hombres de verdad. 


2. El cuchillo

Cuando iba en segundo de primaria se decía que en la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo. Sí, leyeron bien. En la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo diabólico. 

¿Qué hacía el dichoso cuchillo? ¡Nada! 

¿Qué hacía en el supuesto interior de la cisterna? ¡Nada! 

¿Por qué nos daba miedo si la cisterna siempre estaba cerrada? Sabrá Dios. 

Ni siquiera era que el cuchillo volara, tuviera vida propia, poseyera a la gente o estuviera en la mano de un asesino… nada de eso. Es como tenerle miedo al cuchillo de la cocina y eso está muy chafa. 


3. Yo uso “Condom”, y me protejo 

Cuando era niño en las calles había un anuncio espectacular que decía “Contra el SIDA te protejo: Condón”, y había una especie de globito enojado. Nunca entendí a qué diablos se refería, ni qué era el Sida y mucho menos porqué el dichoso “Condón” era como un súper héroe. 

Entonces, iba en sexto de Primaria cuando en una plática sobre gripas y catarros, un compañero que se llamaba Julio dijo muy serio:

- “Yo nunca me enfermo de nada porque uso ‘Condom’ cuando cojo”. 

Sí, así dijo “Condom”. En ese momento, esa afirmación no tuvo la menor lógica para mí. ¿Qué era eso del ‘Condom’? ¿Acaso una medicina mágica? ¿Y qué es eso de ‘cojer’? ¿Es cómo agarrar algo?

Años después comprendí la frase, aunque no del todo, pues obviamente a los 10 años Julio no usaba condones ni cojía. Es más, seguro que la incoherencia que dijo ni siquiera tuvo sentido para él. 


4. La casa de los sustos

En la primaria teníamos una casa de los sustos: El baño. 

Sí, por algún extraño motivo éramos masoquistas y teníamos un juego extraño: Entrar al WC de niños y ver el contenido de los escusados. Y es que como en toda escuela de gobierno los baños estaban hechos un asco, por eso, ver las plastas que ahí se encontraban era peor que toparse con un fantasma o un monstruo. Al final salíamos con los ojos llorosos y ganas de vomitar. Sigo sin saber por qué hacíamos eso. 


5. Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán 

En primaria era muy fan de Michael Jackson. Bueno, lo sigo siendo. Sabiendo eso, una vez un compañero de nombre Miguel se me acercó para hacerme una oferta: Según él, tenía en su poder un VHS titulado “Michael Jackson Hot-Joto”, que contaba con la participación especial de Bibi Gaytán. En el dichoso video los dos salían bailando encuerados. 

WTF?!?! ¿Neta el tal Miguel pensó que alguien iba a creer semejante mentira?

Y lo mejor, es que el dichoso video podría ser mío por sólo 20 pesitos, cantidad que si bien hoy me parece de lo más accesible, a mis 10 años no era tan fácil tenerlos a la mano. 

Nunca compré el video, pues desde entonces aquello me sonaba a estafa, aunque debo admitir que a veces llego a preguntarme ¿y si ese video era real? Lástima, no aproveché la oferta y me quedé sin ese artículo de colección que seguramente hoy vale miles de dólares. 


* * * * *
Mi conclusión: Los niños de las primarias están imbeciles. O al menos así era en mi generación.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Delincuente soy (de nuevo)


En el verano del 2006 me convertí en un delincuente, cuando en un Wal Mart me robé una botella gigante de cartón, usada como objeto promocional de Coca Cola, y que era alusiva al Mundial de Alemania 2006. Ese hecho bochornoso de mi vida lo conté hace años en este blog, y de hecho pueden leerlo dando clic aquí.

¿Por qué saco a relucir en estos momentos mi obscuro pasado? Pues porque 11 años después volví a convertirme en un delincuente, y aunque ahora sí no merezco perdón de Dios, decidí una vez más contarlo en este espacio, para dejar así constancia del horrible ser que soy.

Todo ocurrió el pasado domingo por la noche, cuando fui con Tania a un Superama para la compra semanal de la despensa. En cuanto ingresamos al estacionamiento de la tienda, Tania vio que en un rincón del estacionamiento estaba abandonada una de esas canastas de plástico para ir echando los productos que uno va eligiendo cuando se encuentra dentro de la tienda.

En broma ella dijo “Deberíamos llevárnosla”. Y pues, entre broma y broma la verdad se asoma. En ese momento no le di importancia al comentario y entramos a la tienda.

Cuando regresamos con las bolsas ‘del mandado’ y las estábamos metiendo a la cajuela del auto, Tania nuevamente vio la canasta abandonada y 'casualmente' nuevamente dijo:

- Deberíamos llevárnosla.

Mi respuesta fue la de cualquier persona honesta:

- Pues va, órale.

Lo que siguió ocurrió muy rápido. En cuestión de segundos ambos intentábamos meter la dichosa canasta en la cajuela. No cabía. Tania diciendo "apúrate, apúrate, alguien nos va a ver… ¡ay no, una señora ya se dio cuenta, ya se dio cuenta!” Y yo, como un ser enfermo de maldad, con los ojos inyectados de sangre le contestaba de forma violenta “no me importa, ahora nos la llevamos”

Para lograr nuestro plan endemoniado abrimos las puertas traseras del auto y pusimos la preciada canasta sobre el asiento trasero. Mientras Tania la cubría con algunas bolsas yo me quitaba la chamarra para tapar toda evidencia que nos delatara. Subimos al auto, arrancamos como alma que lleva el Diablo y sudamos frío cuando llegamos a la salida. Dimos el boleto del estacionamiento y la pluma se levantó, dejándonos libres. Ya en el exterior suspiramos aliviados: Oficialmente éramos unos malditos ladrones, una completa vergüenza para la sociedad.

Cuando íbamos de regreso a casa noté que detrás de nosotros iba una patrulla. Por unos segundos me imaginé inmiscuido en una persecución de película, y luego recluido tras las rejas, pasando años en las sombras pagando por mis malas acciones.

Pero luego la patrulla se detuvo en unos tacos.

Ahora la canasta -que por cierto, está manchada con las huellas de la deshonestidad- se encuentra en mi casa. La verdad no la hemos usado y no sabemos realmente para qué carajos la queremos. Aquí el botín, cada que lo veo siento que una y otra vez me dice “eres un maldito ladrón asqueroso”: 


Aunque luego se me quita.

En fin, espero que un día no llegue la justicia a tocar hasta mi puerta, o peor aún, me detengan el día que se me ocurra volver a poner un pie en ese u otro Superama.

Si termino en la cárcel por favor llévenme nueces de la india:


Y también Nueces de la India:
Ya sé lo que están pensando: Pinche Gabriel, eres un desmadre.

Y sí.

martes, 3 de marzo de 2015

Mi barba de Conde


Y de pronto se pusieron de moda los barbones, causando que las muchachas suspiren por ellos. Antes estos hombres eran considerados mugrosos, hippies sin oficio ni beneficio, o de menos unos fodongos. Ahora son galanes hipsters

El problema es que no todos podemos acceder a una barba de leñador canadiense para estar a la moda. Por eso, una vez más romperé el silencio: Soy uno más de los mexicanos que tengo barba de Conde. Sí, de condenado indo. Pues aunque no me considero lampiño, mi barba dista mucho de crecerme cerrada. 

El drama comenzó cuando iba en la Universidad, que fue hasta que empecé a considerar dejarme la barba (hasta antes, me rasuraba cada dos días usando los rastrillos que mi papá dejaba en la regadera). 

La primera vez que consideré probar suerte con este look dejé pasar cuatro días sin pasarme navaja. Ya me sentía muy grande, pero cuando observé mi rostro frente al espejo topé con la decepcionante realidad: No me veía como galán de película, de hecho, mi incipiente barba ni siquiera se notaba a lo lejos, o bien, parecía cochambre. Y de cerca era todo un desastre, pues solamente contaba con algunos pelos tiesos repartidos de forma poco uniforme en mi rostro. 

Desde entonces he tenido una relación amor-odio con mi barba. Normalmente me rasuro un día sí, otro no. Sin embargo, a veces me gana la emoción y me da por dejarme crecer el vello facial algunos días. Esto lo hago porque pienso que de la nada mi barba ahora sí crecerá de forma adecuada, o porque quiero sentirme más maduro o aparentar una actitud más desfachatada. 

Pero pus no. Llevó más de una década esperando que ocurra el milagro y no pasa nada. Cierto es que la barba ya no me sale tan pichurrienta, he incluso si dejo de afeitarme por varios días se nota, pero aún no es para echar campanas al vuelo. 

A veces hasta me valí del Photoshop para verme barbón. Esta foto la subí hace un par de años a mis redes sociales “pa despistar”, y si ponen atención, verán un ojo humano en la boca de la rana: 


Y ya que hablaba de rasurarme, justamente ese es otro asunto donde la vida me demuestra su odio pues soy de esos pobres diablos que acaba siempre con la piel irritada y el rostro lacerado como de Santo Cristo. Además, pocas veces quedo satisfecho con el resultado final pues por más que me pase las hojas filosas siempre me quedan varios pelos. No importa cuántas marca pruebe, el resultado pocas veces varía. Conclusión, no sé ni rasurarme. 

Hasta ahora, el mayor tiempo que he pasado sin rasurarme han sido 9 días, y fue con motivo del Movember, esa campaña a la que muchos hombres le entran cada noviembre como una forma de concientizar a la gente sobre el cáncer de próstata. El chiste es cumplir todo el mes barbón, pero nunca aguanto tanto. Los pelos de la cara me pican y al poco tiempo siento que me veo como pordiosero (aunque claro, sin que la barba me cierre completamente). 

No niego que me da envidia cuando convivo con mis amigos barbones, o veo actores y cantantes que usan la barba para resaltar su hombría y verse más interesantes. Aunque claro, también se da el caso contrario, pues tengo familiares y amigos a los que de plano les fue peor que a mí en la repartición de barbas. 

No vaya a creer el lector que este asunto de mi barba fallida es un trauma de vida. Incluso podría decir que la mayor parte del tiempo estoy satisfecho con ella. De hecho, si escribí esto no fue para quejarme (bueno, poquito) sino para mostrar mi desacuerdo de que los estándares de belleza actuales le den tanto valor a los barbones

Y es que los no barbones, o mejor dicho, los barbones a medias, también somos bien chidos. Eso me quedó claro hace unos días, cuando Javier Chicharito Hernández (que es muy católico y buen chavo) jugó con el Real Madrid y lució una barba igual o más gacha que la mía. 

Y la barba hizo que se pusiera loco y hasta mentara madres. Vean:



Conclusión: Las barbas son cosa del diablo. Por eso mejor no se la dejen, a menos que se quieran sentir un poco malos. Pero nomás un ratito, recuerden que todo abuso es malo.

martes, 24 de febrero de 2015

El misterioso y perturbador caso de la popó embarrada en las casas de los vecinos

En la calle en la que vivo ocurren cosas raras: Un chavo se suicidó en una vivienda de la esquina; amarran servilletas de forma misteriosa en las puertas de las casas; amenazan de muerte a los perros; hay una casa en la que viven unos santeros que continuamente tiran gallinas y otros animales muertos en el parque de la esquina; y un sinfín de rarezas más. 

Sin embarco, hace unas semanas ocurrió una hecho que jamás se había presentado, al menos por estos rumbos: Sin motivo alguno, algunas casas y autos de los vecinos amanecían llenas de excremento. 

¡Qué asco!
* * * * * 

Al principio fue un caso aislado. Una vecina se topó con una de las paredes del exterior de su casa embarrada de popó. Claramente se veía que el chiste fue obra de otra persona pues entre la suciedad había huellas de dedos. 

El hecho comenzó a repetirse de forma habitual por las noches, tanto en esa como en otras viviendas de la calle. Después fueron los autos. No era raro que un vecino saliera y se encontrara con su parabrisas embarrado de caca. Lo peor es que los vecinos afectados comentaban que aquellos desechos fecales eran humanos. 

¿Cómo le hacían para saberlo con sólo mirar la popó a simple vista, y olerla? 

Lo ignoro, a lo mejor tomaron un curso de identificación de heces o es una sabiduría que la vida les fue dando con los años. 

* * * * * 

De inmediato comenzaron a surgir teorías sobre lo sucedido. Unos culpaban a los santeros, otros decían que era cosa de brujería, que eran los extraterrestres, el chupacabras, que había unos vándalos, o bien, que se trataba de un perro callejero. 

La única de estas hipótesis que se descartó fue la del perro callejero. Obvio, nadie creyó que hubiera un perro capaz de embarrar las paredes a una altura considerable y dejar entre las manchas las huellas de unas manos. 

Por suerte esto ocurría únicamente en las casas ubicadas en la parte central de la calle en la que vivo, y no en las que se encuentran en las orillas, como la mía. Aunque supongo que el no sufrir ninguno de estos ataques nos volvía sospechosos. 

* * * * *

Desesperado por el asqueroso batidillo que debía limpiar por las mañanas, un vecino revisó las cámaras de seguridad que tiene instaladas afuera de su casa. Lo que descubrió fue perturbador. Quién había provocado todo fue… La momia. 

No, no es choro. 


* * * * *

Sí, una momia. Pero no de esas egipcias que usan vendas. Tampoco de Guanajuato. Cuando digo “momia” me refiero a una vecina solterona de unos 65 años que vive en una casa de mi calle. Ese apodo se lo pusimos unos amigos y yo, debido a su aspecto demacrado y terrorífico. 

Una vez nos regañó porque volamos un balón a su casa, y aunque no lo devolvió, su cara horrible casi nos causaba un infarto. Así se ve más o menos, pero en vieja: 


Antes salía de su casa para ir a trabajar y regresaba por las tardes (sí, con su cara de momia). Después se jubiló y casi nunca sale al exterior. Bueno, sólo para embarrar popó en las otras casas, como se demostró en el video. 

* * * * * 

En los videos examinados se veía a la momia salir de su domicilio con su propia caquita en sus manos, para después embarrarla en los autos y en las fachadas de las casas cercanas. Al otro día varios vecinos la encararon, y al decirle que habían descubierto su asqueroso secreto, la pusieron a limpiar la popó que había embarrado.

* * * * *

Desde entonces no se han presentado nuevos actos vandálicos perpetrados con popó humana de momia. Aunque la amenaza de que una vez más se le bote la canica a esta señora sigue latente. 

Unos dicen que fueron cosas de la edad, otros que la momia enloqueció o que realizó un extraño ritual maligno. Nunca sabremos la verdad.

domingo, 27 de julio de 2014

No es fácil llamarse Gabriel

A lo largo de mi vida he tenido una relación de amor-odio con mi nombre. Durante mis primeros 5 años me daba igual llamarme Gabriel. En los años venideros, lo confieso, el nombre comenzó a no parecerme muy agradable y ni siquiera sé por qué. 

Me pusieron Gabriel porque mi abuelo materno se llama así. Además comparto el nombre con un tío y dos primos (por cierto, uno de ellos también se apellida Revelo, osea que es mi tocayo por partida doble).

En fin, habrá sido hace unos 10 años cuando no sólo me reconcilié con mi nombre sino que hasta me gustó. No me parece excéntrico ni anglosajón, lo cual me agrada; no está tan choteado pero tampoco es una rareza; es de origen hebreo y su significado es Fuerza de Dios.

¡Qué tal! 

Por eso y más era muy feliz con mi nombre, hasta que hace un par de semanas Coca Cola lanzó una campaña en donde sus latas venían con distintos nombres grabados. En total son 488 nombres repartidos entre Coca Cola, Coca Cola Light y Coca Cola Zero. Fue cuestión de días para que medio mundo comenzara a subir fotos a las redes sociales con sus latas tocayas, y obvio, yo quería encontrar la mía para estar a la moda. 


Pasaron los días y no encontraba mi lata, hasta que revisé la lista con los nombres y descubrí la cruda realidad: A los señores de Coca Cola les pareció que Gabriel es un nombre tan raro y poco popular que decidieron no tomarse la molestia de hacerlas. Lo peor es que sí hicieron latas con los nombres de Gabriela y Gabi

La verdad sí me ardí, sobre todo porque toda mi vida he sido un consumidor enfermizo de Coca Cola, y lo menos que esperaba como retribución por todo el dinero que he invertido en sus productos, era una triste lata con mi nombre “rarísimo”. 

El colmo fue cuando me puse a checar y noté que hicieron latas de nombres naquillos y raros como: 

- Edwin
- Dora
- Brian
- Brandon
- Josu
- Meche
- Edel
- Pier
- San
- Joselyn
- Kevin
- Mitzy
- Ronaldo

¿Cualquiera de los nombres anteriores es más popular y habitual que Gabriel? ¿Les cae?

¡No manches Coca Cola, andas muy malito del sentido común!

Nunca me han gustado los nombres anglos o que no encajan en la cultura mexicana, pero bueno, cada quién le pone a sus hijos como quiere. Desgraciadamente Coca Cola y esta campaña me hacen pensar que soy yo quien vive en el error. 

Chale, ni el nombre tengo popular, mejor me hubieran puesto Brian.

martes, 8 de octubre de 2013

El día que debí morir


Lunes 15 de enero de 2007
Panteón Francés de la Piedad
09:48 hrs.

Estoy afuera de un panteón, en plena avenida Cuauhtémoc, entre Viaducto y Centro Médico. El vigilante de la puerta principal no me deja entrar. De forma prepotente alega que estoy en un panteón privado, y que al no tener a ningún familiar o conocido enterrado en aquel cementerio tengo mi acceso negado. Como yo también sé ponerme en plan pesado e intransigente insistí en hablar con la encargada de la administración del camposanto; un minuto después salgo de aquella oficina con el permiso de ver todo lo que quiera, burlonamente veo de reojo al vigilante y me interno en aquel entorno de ensueño.

Aun no sé qué hago entre tumbas, pues originalmente venía de otro lugar. De pronto me dieron ganas de entrar y así lo hice. El Panteón Francés de La Piedad es un homenaje a la nostalgia y el recuerdo, cada una de sus criptas, mausoleos, lapidas y estatuas de piedra nos transportan irremediablemente al México de principios del siglo pasado; el suelo está formado de tierra seca y las capillas familiares guardan un sinfín de historias: Algunas rotas, otras devoradas por hierbas. Camino entre calles de muertos como en un laberinto en el que tanta singularidad me marea. Estatuas de ángeles tristes, alegres, santos, vírgenes, cruces… y todo vacío, salvo los árboles, los caracoles panteoneros y algunas flores que de tan marchitas están a punto de morir, diría que soy el único vivo en muchos metros a la redonda. Un lugar como éste impone por su silencio que habla y por las miles de miradas de aquellos que ya no están pero están.

Muertos con apellidos de abolengo. Muertos desconocidos. Muertos que llevan más tiempo muertos que vivos. Y siento miedo por ser diferente aquí, y salgo del panteón intoxicado de muerte. 

Lunes 15 de enero de 2007
‘Megasuspenciones Lu-Gra’
11:53 hrs.

Desde hace semanas mi auto gris hace un ruido extraño cuando lo conduzco, además hoy tiró anticongelante. Por eso estoy en el taller mecánico de la señora Graciela, mi mecánica de confianza. Sucede que se rompió la bomba del agua. Se la cambiaron inmediatamente. Al preguntar sobre el origen del ruido, descubrieron que tenía mal los baleros de las llantas traseras y que urgía cambiarlos.

La señora Graciela y sus mecánicos no se explican cómo no se salieron las llantas en movimiento, pues los valeros estaban ya tan gastados que les parece imposible que haya aguantado tres meses en ese lamentable estado. De no haber ido hoy al taller, era cuestión de unos metros a bordo del vehículo para que las llantas salieran disparadas, el auto perdiera control y seguramente ocurriera un accidente fatal. Lo dejo en reparación. Tardarán unas tres horas en arreglarlo y cambiarle lo necesario. Regreso caminando a casa.

Lunes 15 de enero de 2007
Librería Rosario Castellanos
19:37 hrs.

Un antiguo panteón. Un taller mecánico. Poco o casi nada tienen en común. En eso pienso ahora, mientras me tomo un café en una librería en la colonia Condesa. Sí, vine en metro, el auto me lo entregan hasta mañana.

Además de mi… ¿cuánta gente se salvó hoy de morir?

Supongamos: esta tarde tenía planeado ir a cualquier librería a ver las últimas novedades editoriales; originalmente mi intención era dirigirme a la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo; si la bomba de agua de mi auto no se hubiera averiado, no habría ido esta mañana al taller, y mucho menos me hubiera enterado de lo dañado de los valeros de las llantas; después de comer me habría subido al auto y de seguro habría tomado avenida Churubusco; sin duda iría a más de 95km/h; a esa velocidad y con esos valeros mi vehículo indudablemente hubiera perdido una o las dos llantas traseras; una de esas llantas abría salido volando a cualquiera de los otros carriles de la avenida; probablemente habría impactado en otro vehículo con fatales consecuencias, o bien, alguno hubiera frenado para evitar el impacto con el neumático, pero sin lograr evitar formar una carambola con los vehículos que vinieran detrás de éste.

Ahora ¿qué me habría pasado a mí en el interior del auto desbocado y fuera de control?; ¿me habría estampado con otro conductor, hubiera impactado con algún muro o poste de las laterales?; ¿y si en el momento del siniestro hubiera transitado por uno de los puentes de esta avenida? ¿caería al vacío? ¿y los vehículos y gente de abajo?. Son un sin fin de posibilidades, todas igual de macabras, acompañadas en el peor de los casos por el común denominador de la muerte.

Si una bomba de agua no hubiera cambiado mi destino hoy, probablemente no estaría escuchando música clásica, ni dándole un trago más al café. En cambio, pensar en un hospital, una sala de velación o en mi carro destruido al lado de una avenida me da escalofrió. A mi alrededor hay libros, algunas personas leen, otras platican en voz baja o recorren las estanterías, todos vivos, no como en el Panteón Francés.

Desconozco los caminos y formas de actuar del destino. A estas horas de la noche me sigue causando conflictos pensar que desde hace semanas traía a la muerte siguiéndome los pasos. Quizá ahora mismo estoy ocupando un espacio que ya no debería. ¿Fue coincidencia haber ido esta mañana a un cementerio y qué justo hoy se haya descompuesto el auto de una insignificancia? Aquellos a los que mi ‘accidente’ iba a involucrar, quizá mortalmente, ¿sabrán que se salvaron y que siguen vivos por una coincidencia?

Nunca sabrán que, al igual que yo, hoy debían morir.

Escrito hace 7 años, sigo sin morirme. 

sábado, 14 de septiembre de 2013

Post Satánico #666

Cuando abrí este blog hace 7 años, una de las cosas que me daban más ilusión era llegar al post número 666 y poder gritarlo a los cuatro vientos. Ese día finalmente llegó y aquí la prueba:



Para celebrar voy a sacrificar una cabra, me voy a bañar con pus de pollo y después me comeré a cinco bebés recién nacidos. Después obligaré a mi abuela a que rece el rosario al revés, violaré a unas gallinas, iré encuerado a una clase de catecismo y diré frente a un espejo “María sangrante” tres veces. Si todo sale bien flotaré mientras mi cabeza gira y pongo los ojos en blanco. ¡Probablemente hasta vomitaré una sustancia de color verde!

Ya soy maligno y por lo tanto quiero que haya una guerra nuclear que vuelva radioactivo el mundo y ocasione que todos suframos y seamos infelices. En lo que eso ocurre escucharé música endemoniada:




Tomaré mi propia pipi aunque sepa bien gacho y me  echaré gases en las reuniones familiares. No haré mi tarea ni estudiaré (bueno, eso no porque ya no voy a la escuela) pero sí me uniré a los anarquistas revolucionarios y diré groserías enfrente de mis tías y voy a quemar libros de Carlos Cuauhtémoc Sánchez.  
  
Y ya. Luego este blog llegara al post 667 y volveré a ser bueno y respetado por todos.   

viernes, 6 de septiembre de 2013

El árbol de la vida (o cómo creemos que cualquier mafufada es arte)


En el año 2011 se estrenó la película "El árbol de la vida", dirigida por Terrence Malick y protagonizada por Brad Pitt, Sean Penn y Jessica Chastain. En ese entonces no pude verla en el cine, a pesar de que me hubiera gustado hacerlo por la cantidad de comentarios que en todos lados la elogiaban y catalogaban como una obra de arte.

El tráiler prometía una película… interesante:



Finalmente la pude ver el pasado fin de semana y mi conclusión es que esa película en realidad es... una reverenda mafufada.

Durante los primeros minutos todo iba muy bien. Música e imágenes nos mostraban la historia de un matrimonio que se enfrentaba la pérdida de uno de sus hijos. Después vimos cómo uno de los hermanos del difuntito evocaba los recuerdos de esa época pero desde el presente.

Minutos después todo se descompuso y en mi opinión, por querer hacer ver esta cinta como muy intensa, intelectual y profunda terminaron dándole en la madre: Escenas largas y sin sentido, una evocación rara y que no venía a cuento sobre la creación del mundo ¡hasta un dinosaurio pisándole la cabeza a otro dinosaurio!, unos animales raros, erupciones de volcanes, y luego la historia de la familia comienza de nuevo.

Y otraaaaa vez escenas larguísimas. Muy bonitas y visualmente hermosas, pero que no hacían referencia a nada. Música épica y que ponía alerta al espectador, quien sentía que vendría un momento trascendente en la trama, cosa que finalmente nunca pasaba.

Conforme avanzaba la película aquello era más y más enredoso, tanto que hasta me quedé dormido un par de veces. Cuando ya estaba fastidiado de tanta chairés, comprendí que la idea central podría explicarse de una forma mucho más sencilla. Y es que la historia no era nada del otro mundo: una mamá y un papá que discrepaban en su forma de ser y de educar a sus hijos. Y ya. Tan fácil que hubiera sido contar esa anécdota. ¡Ahhhh pero no!, vamos a meter mariposas haciendo cosas raras, ranas volando en un cohete, música como de película importante, elevadores de cristal y dinosaurios para que la gente culta se emocione y crea que todo aquello es poético y que tiene varios significados goeeeei.

Al final de la película (casi dos horas y media después) todos terminan en un desierto que es una especie de cielo o una mamada así, y todos los muertos conviven contentos y se abrazan y son felices. Eso sí, la música mamila NUNCA deja de sonar. Finalmente sale la llamita de fuego que también aparece al principio y gracias a Dios se acaba la película.

Estoy seguro que no soy el único que pensó que "El Árbol de la Vida" es una marihuanada, sin embargo, creo que por aquello de que todo mundo quiere verse "culto" pues nadie acepta que la película es una porquería. Y así todo se vuelve una bola de nieve o una alegoría del cuento del Traje Nuevo del Emperador. Bastó con que alguien dijera que esa cochinada era casi una obra de arte, para que los demás le hicieran segunda pues "no vayan a pensar que soy un tonto e inculto porque no le entendí a la película".

Esto no sólo pasa con las películas, también ocurre con la música, la literatura y otras artes, en las que abundan porquerías a las que por guardar una imagen o apariencia, pocos le dan los calificativos que realmente se merecerían.

¿Qué pasaría si todos dijeran lo que en verdad piensan? ¿A cuántos nos ha tocado ver pinturas de arte contemporáneo o escuchar una canción que, o está bien gacha, o de plano ni sentido le encontramos, pero que por compromiso debemos elogiar? Conozco gente que es así, algo les aburre o no lo entienden, pero lo elogian para dar el gatazo de que no forman parte del montón de incultos que andan criticando sin saber (como yo comprenderé).

Solía ir por la vida dándole adjetivos virtuosos a esas cosas que todos elogiaban. Dejé de hacerlo hace tiempo, y aunque luego me gano calificativos nada positivos, me siento mejor conmigo mismo.

Por eso, ahí les va una lista de personas o cosas a las que todo mundo idolatra, pero que para mí no son nada del otro mundo: Elena Poniatowska, Lila Downs, Café Tacvba, la trilogía de películas de Batman dirigidas por Christian Bale, Carmen Aristegui, Björk, la NFL, el Canelo Álvarez, los tuits de Alejandro Jodorowsky, y ahí le dejo porque si no nunca acabaría.

jueves, 11 de julio de 2013

Decreto que eso de decretar es una idiotez


“Decreto que eso de decretar es una idiotez”, escribí un día en mi cuenta de Twitter, medio harto de ver que varios amigos y conocidos se volvieron afectos a eso de creer que con decir algo con convencimiento, eso se cumplirá.

Es como una epidemia. No sé quién fue el que empezó a profesar esa mafufada de que “si decretas algo con mucha convicción, el poder de la palabra hará produzcas o consigas lo que deseas”. “El universo conspirará para que alcances tus deseos”, dirían los fans de Paulo Coelho (escritor que por cierto, me cae muy gordo). El caso es que de un tiempo acá, esa filosofía ha sido adoptada por muchos conocidos, quienes juran y perjuran que funciona.

No lo niego. En algunas ocasiones llegué a considerar que eso de decretar quizá sí funcionaba. Un par de veces me sorprendí “decretando” en las mañanas. Lo hacía con toda la ilusión y toda mi fe puesta en que aquel teatrito realmente serviría. Pero nada. Estar como merolico por las mañanas equivalía a una pérdida de tiempo pues mi vida seguía igual. Concluí así que, una de dos: o decreto muy feo o de plano le caigo gordo al Dios de los decretadores.

Empecé a guardarle resentimiento a la decretadera. Al mismo tiempo, le puse más atención a mis amigos y conocidos decretadores. Su vida también seguía igual, y todo eso que decretaban casi nunca pasaba. Lo cual no implicaba que dejaran de hacer la ridiculez de diario decir, pensar y hasta escribir en sus redes sociales tonterías como:

“Decreto que esta semana me irá muy bien”

“Decreto que esta tarde será una de las más felices de mi vida”

“Decreto que ese trabajo será para mi”

Oigan… ¡no manchen! Si eso del decreto funcionara todos estarían sanos, enamorados, con un buen trabajo y sin problema alguno. Y pues no. O a ver, les pongo otro ejemplo: Hitler. Él ponía toda su fe en demostrar que la raza aria era superior. Lo creía con todo su corazón y en cada discurso reafirmaba sus creencias con todo el poder que su privilegiada oratoria le daba.

¿Y cómo terminó? Derrotado, muerto, repudiado por generaciones, y mencionado en el post de un blog chafón como éste.

¿Por qué Dios, el destino, la madre naturaleza y el universo tendría que cumplir nuestros caprichos?. ¡Pues qué nos andamos creyendo! Según yo lo mejor es enfrentar la vida cómo viene y buscar cómo salir adelante. Al menos me suena más lógico eso que andar de pedinche.

En conclusión, decretar no le funciona a los buenos. No le funciona a los malos. No le funciona a nadie. Ni al que inventó esa tontería. Pero si ustedes se sienten felices con todo este numerito sin fundamente, les tengo una pregunta. ¿Y si decreto que eso de decretar es una idiotez? Sí decretar es real, entonces mis palabras harán real eso de que “decretar es una idiotez” ¿no?, con lo que de paso la razón recaería sobre mí. Pues entonces decreto aquí y ahora que eso de decretar es una tontería, que no sirve ni servirá nunca, que cuando alguien lo hace el Niño Dios llora y la virgencita también. Y además, por su culpa se están extinguiendo los ositos panda.

Listo. Está decretado. 

viernes, 31 de mayo de 2013

¿Soy un rusher?

Esta semana mi calma se vio interrumpida por un extraño comentario que recibí en mi cuenta de YouTube. Para ser más explicito, en el video en el que le explico cómo elaborar gomas de migajón caseras para el fin del mundo. Ahí, una tal Francisca Anderson me puso esto:


El comentario me causó extrañeza pero aun así seguí con mis actividades normales. Horas después lo recordé y me vino a la cabeza la pregunta ¿qué diablos es rusher? De entrada pensé que podría ser una nueva tribu o grupo social al que quizá pertenezca sin saberlo. Así como hay hipsters y godinez, quizá haya otra clasificación en el que el autor de este blog podría ser encasillado.

Esta suposición me puso alegre, por fin dejaría de sentirme bicho raro y formaría parte de una comunidad especifica, cuyos gustos y afinidades seguramente encajarían con las mías. Así, muy emocionado me dije “quizá soy un rusher y yo ni enterado”.

Por la noche, hice una pequeña búsqueda en Google para saber qué era eso de Rusher. La respuesta me desconcertó mucho e hizo aun más incomprensible todo aquello. Le doy copy paste a esto que encontré, con todo y faltas de ortografía:

"SER UNA RUHSER"  es mas que un estilo es un sentimento cuando te conviertes en rusher empiezas a cambiar eres mas alegre los sigues en face empiezas a tener muchos amigos de de face xD eso me ocurrio a mi que piensan lo mismo =). con las canciones de BTR te hacen sentir que no eres invisible,que eres su chica de portada.

te pones muy trite cuando dicen que tienen novias y terminas dicendo ‘si el es feliz yo tambien lo sere’ o dices ‘no importa cuando sea grande yo sere su espoza *-*’ o simplemente te pones celosa o feliz por ellos. simpre cuando dan big time rush break up (un capitulo de la serie xD) terminas llorando.

 no los dejas solo por un corte de pelo o por que tienen novias. o simpre cantas ohohohohohoohoooooooh cuando tienes uin problema  o empieza la serie. Ser una rusher es lo mas linddo”

Ay no mamen… qué pinches enfermas.

Al parecer las “rushers” son las fans de un grupo musical de esos prefabricados, integrado por escuincles que se hacen llamar “Big Time Rush”, que a su vez provienen de una serie televisiva del mismo nombre que transmiten en Nickelodeon. Aquí hay otro video muy vacilador en el que una de estas niñas dice qué la convierte en una Rusher. También tiene muchas faltas de ortografía:



Los siguientes días he padecido crisis de identidad. ¿Por qué carajos me consideran un Rusher? Al grupo ni lo conocía y la serie jamás la había visto. Intenté hacerlo con un capitulo y me aburrió. Lo mismo con sus canciones, me parecieron sin chiste, tontas y no aguanté ni cinco minutos escuchándolas. Entonces, ¿en qué momento me vi envuelto en esta tontería propia de chavitas inmaduras?

Tras meditarlo mucho di con una explicación que me pareció la más factible: quizá me parezco a uno o más de los integrantes del grupo.

¿Cómo de cuál me ven cara?



 Ni modo. No me quedaba de otra más que aceptar la situación: era visto como ídolo y símbolo sexual por las adolescentes. Aunque no me guste, el que me comparen con ellos dejaba en claro que tengo madera para convertirme en ídolo juvenil de miles de jovencitas. A partir de ahora tendría que replantear mi vida. Dejar este blog, conseguir algún productor que me lance como cantante y me consiga algún papel en alguna novela o serie televisiva.

Empecé a imaginarme a cientos de chicas persiguiéndome. Sería más famoso que esos Big Time Rusher y hasta que el Justin Bieber. Cuando nuevamente revisé el comentario que me habían dejado en YouTube  descubrí la verdad. En realidad eso de “eres rusher” ido dirigido a mí, sino a otra usuaria que antes había comentado mi video y cuya imagen de perfil tenía al grupillo ese. Así me quedó todo claro. Ambas niñas son fans del grupo y estaban platicando entre ellas. Aquí se ve claramente mi error:


Qué oso.

Una parte de mi se siente avergonzada por lo sucedido. Para variar hice el ridículo y lo sigo haciendo contándolo aquí.

Aun así nuevamente vuelvo a respirar tranquilo. No soy un rusher…  por fortuna. Ya hasta andaba dudando de mi hombría.