sábado 11 de julio de 2009

Vaso de colección

A veces me da por hacerle al coleccionista. Suelo ir por la vida recolectando cuanto artefacto singular o curioso. Guardando, almacenando, sin importar que carezcan de utilidad. Sin nada que esperar, más que la simple satisfacción de ser el feliz poseedor de tan especiales artilugios.

De entre todos estos objetos, uno de mis favoritos lo tomé sin permiso (ya ven que a mí la delincuencia no se me da) de la cantina de casa de mis abuelos. Y es que en cuanto lo vi no pude resistirme a tan deliciosa pieza de humor involuntario. La pieza en cuestión es este vaso de boda:


Vayamos por partes. Después de una profunda investigación con diferentes miembros de la familia, nadie recuerda ni a Eduardo ni a la tal Alejandra. No son ni familiares cercanos, ni lejanos. No son amigos o conocidos o socios de nadie. Si son unos completos desconocidos para todos, entonces… ¿no que fue una ‘inolvidable’ boda? Al menos dieron vasos de recuerdo para que las futuras generaciones nos burlemos de ellos. Pasemos a un detalle aun más aterrador: Alejandra y Eduardo son idénticos. Da miedo. Parece la misma persona. Mismo peinado de ‘libro abierto’, la mirada perdida, la boca alargada como de muppet. Estos dos por lo menos tienen (o tenían, igual y ya hasta se murieron) algún parentesco sanguíneo o de plano eso del ‘alma gemela’ no es tan cursi e irreal como muchos pensábamos.

La desgracia fue que por más vueltas que le di al dichos vaso (de un cristal bastante corrientito) no aparece la fecha del bodorrio, pero a juzgar por el look y la indumentaria de los novios calculo que la foto fue tomada a mediados de los setenta. Más datos impresos en el mismo vaso revelan que la fiesta tuvo lugar en un sitio llamado “Banquetes Miguel” que se encuentra en Tlalnepantla. ¡De seguro estuvo bien suave!

Solicito su ayuda para saber más del origen de éste vaso que desde hace unos meses tengo en mi poder. Quizá son los tíos, papás, amigos, vecinos, amantes o hasta los criados de algún lector de este blog. Cualquier información será útil para saber por qué diablos mis abuelos guardaban un vaso de la boda de unos ilustres desconocidos.

De cualquier manera peor estoy yo por guardar algo así. Pero seamos sinceros, ¿a poco no está increíble?

lunes 6 de julio de 2009

Las batallas en el desierto


- Dedicado a Rosalía Campillo

Me acuerdo, no me acuerdo. La he leído tres veces y cada vez me sorprende más. Lo cierto es que de unas décadas para acá, esta historia siempre ha estado presente en el colectivo nacional. Tan simple pero complicada. Breve pero infinita. Instalada en el pasado pero tan actual como si la trama estuviera ubicada en el presente. Así de magistral es “Las Batallas en el desierto” del maestro José Emilio Pacheco.

Escribo sobre “Las Batallas en el Desierto” no sólo por los 18 años de la publicación de esta maravillosa novela, ni por el cumpleaños número 70 de su autor o el Homenaje Nacional que tuvo lugar hace unas semanas. Aunque a una obra así, escrita con tal maestría, se le debe abordar desde todas las perspectivas posibles, es indudable que su mejor análisis y valor reside en la experiencia de cada uno de quienes hemos tenido la oportunidad de toparnos con esta historia de amor. De ahí cada lector la hará suya y le otorgará su propia estructura, acorde con los cimientos de nuestra educación sentimental y nuestra relación con la nostalgia.

A diferencia de la mayoría, mi primera lectura de “Las Batallas en el desierto” no fue como parte de una tarea en la secundaria, sino en otoño del año 2004, cuando cursaba mi último semestre en la universitaria. Lo encontré en el librero de mi casa. Lo primero que me sorprendió de aquel libro del que ya había oído tantos elogios fue su brevedad. En no más de 70 hojas estaba contenida, me decían, una de las novelas mexicanas cumbres del siglo XX. Traducida a varios idiomas y objeto de múltiples estudios, ensayos, películas e incluso una gran canción de Café Tacvba. Esa tarde lluviosa de octubre comencé su lectura en el interior de mi auto en el estacionamiento de la UVM Campus Tlalpan. No pude parar. La leí de corrido. Azorado por una narrativa que por sí misma fue un embrujo. Nunca me arrepentí de haber faltado a la primera clase de aquella tarde. Lo único que recuerdo es haber entrado a la siguiente clase con una sensación de andar flotando, de estar y no estar en el año 2004 sino en un periodo atemporal en una Ciudad de México que ya no existe.

Hoy volvía a leerla. Hoy volví a enamorarme al recorrer cada una de las páginas con esa emoción que acelera el corazón. Reviví como la primera vez (siempre pasa así con Pacheco) la historia de Carlos, el niño que se enamoró de Mariana, mamá de uno de sus compañeros de la primaria. ‘Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo’. De aquel imposible se desprende un escenario disfuncional perfecto en el que lo mismo cabe la corrupción política, la critica a la iglesia, a la ciencia y a la educación. “Las Batallas en el Desierto” es además el retrato de una sociedad mexicana que se nos perdió. De la vida de una ciudad que no volverá y que el mismo José Emilio describe como ‘el mundo antiguo’, ese en el que el señor del costal robaba niños, los boleros inundaban las ondas sonoras, no había tostadoras de pan en el país, los refrigeradores funcionaban con un bloque de hielo que debía cambiarse y los ríos cruzaban a la Ciudad de México. Es en aquellos años, en los que se aseguraba que el siglo XXI traería la prosperidad anhelada, en donde mi memoria ha querido instalarse.

Podría leerla mil veces y mil veces terminaría impactado por lo redondo de esta novela. Hace unos meses conocí a José Emilio Pacheco y me impactó su sencillez. Por eso ahora estoy seguro de que el mejor homenaje que se le puede rendir es recorrer sus obras y dejarnos emocionar. La maravilla es que éste libro nos conoce. Sabe de los anhelos y de lo duro que es añorar lo que ahora son ruinas. De esto se trata la literatura de José Emilio, de evocar las profundas huellas que la vida nos va dejando.

Había que rendirle un homenaje así a esta novela. Ahora comienzo a leer “La edad de las tinieblas”, nuevo poemario de José Emilio Pacheco.

sábado 4 de julio de 2009

¿Más fuerte?


A mi Dios le pedí perdón por todas las veces que inútilmente llegué a importunarle, llorarle e implorarle en nombre de un amor que hoy no es nada. De ese corazón que te entregue sin condiciones y que, a pesar de un mar de suplicas, dejaste que muriera cruelmente. Noches de insomnio que hoy ya son fantasmas que a veces se transfiguran para perseguirme en mi soledad.

A mi Dios, le pido que me haga crecer en medio de las cenizas que tu bendito desprecio dejó.

miércoles 1 de julio de 2009

Delincuente soy

Qué vergüenza me da, pero debo aceptar que hace tres años robé. ¿O debo decir, tomé prestado? Juzgue usted: La tarde del 18 de junio del 2006 fui a un supermercado (W... M...) con la familia. De pronto ¡¡¡oh sorpresa!!! divisé un hermoso estante promocional de Coca Cola, alusivo, por supuesto, a la Copa Mundial de Futbol Alemania 2006 que en ese entonces estaba jugándose. Fotos de jugadores, postres y objetos promociónales de cartón adornaban el lugar. Yo, que soy fanático de este deporte, coleccionista y adicto a todo lo referente a este refresco, no resistí la tentación. A pesar de las decenas de personas que se encontraban presentes, agarré una botella de Coca Cola de cartón y disimuladamente abandone la tienda.

Nadie me dijo nada. Quizá no lo notaron, quizá no les importó. ¿Se puede robar algo que ni siquiera tenía precio o código de barras? El punto es que diez minutos después la pintoresca botellita ya formaba parte de la decoración de mi cuarto. Como sea. Nunca sentí el menor remordimiento. Es más, ¡hasta me retraté con el cuerpo del delito!




Es curioso, pero desde ese entonces hasta la fecha, cada que veo la dichosa botellita viene a mi mente la escena de una película de hace años y que protagonizaban Pedrito Fernández y Lucerito. En la escena principal, el hoy interpreté de 'Mi forma de sentir', cantaba en medio de callejones obscuros una pintoresca canción de Rock (graciosa de tan mala que es) cuyo coro decía: Delincuente soy.




Pd. Si usted es empleado de Wal Mart, Coca Cola o Policía, le pido por favor, olvide lo que acaba de leer.

domingo 28 de junio de 2009

Se fue muy pronto

“…Como una flor perfecta
que está más allá de tu alcance
se fue muy pronto.

Nacido para divertir, para inspirar, para deleitar
está aquí un día
se va en una noche…”

- Gone too soon, Michael Jackson


Dentro del álbum Dangerous, Michael Jackson tuvo el detalle de componer una hermosa canción a Ryan White (1971-1990), adolescente hemofílico que debido a una transfusión sanguínea se contagió de SIDA y murió a los 18 años, convirtiéndose así en un ícono de la lucha en contra de la discriminación a los enfermos de Sida en Estados Unidos. Ryan y Michael sostuvieron una amistad que marcó al Rey del Pop.

Hoy volví a escuchar esta canción y mi corazón volvió a romperse. Al final del video Michael se despide de Ryan. No encuentro una canción más significativa para decirle adiós a Michael. Te extrañaremos…. siempre.

jueves 25 de junio de 2009

Eternamente Michael Jackson


Escribiré sin pensar ni usar la cabeza. Guiándome por el corazón y tratando de contener el sinfín de sentimientos que me embargan. Duele saber que escribiré sobre el adiós de mi primer y más grande ídolo. Del primero que me hizo disfrutar la música, un video, un show. Michael, este post es para ti.

25 de junio de 2009… 16:40hrs. Me entero que ingresaste al hospital. De inmediato en la televisión se comenzó a especular sobre tu estado. Tuve que salir y fue conduciendo cuando por radio escuché la noticia: Michael Jackson está muerto. Copiosamente cambiaba de una estación a otra del cuadrante topándome con especulaciones y con tu música. Eso fue lo más impactante. Escuchar que acababas de morir y escuchar que en cada programa que sintonizara tus canciones invadían el espacio sonoro. Me quebré. Comencé a llorar con desesperación. Desde entonces los medios informativos se han vuelto una locura. No es para menos, contigo se va un ícono de la cultura pop, uno de los artistas más grandes de los últimos tiempos. Contigo se va una parte de mi.

De niño me creía tú. Intentaba vestirme como tú. Copiar tus pasos de baile por más pésimo bailarín que soy. Me encerraba en mi cuarto con mis cassttes y jugaba a que daba conciertos increíbles. Después tuve el privilegio de verte dar un increible concierto en mi México. Billy Jean, Thriller, Beat it, Who is it?, You aren’t alone, Bad, Ben… es impensable todo lo que estás canciones hoy conllevan.

Cambio de un canal a otro. En todos lados se habla de ti. En los noticieros las imágenes de fans llorando alrededor del mundo me lastiman y de cierta forma me consuelan: no soy el único al que le tocaste el corazón. Millones de personas comparten conmigo el mismo sentimiento melancólico de quién extravía parte de sus memorias. Con cada vídeo, con cada canción que repiten se me enchina la piel. Supongo que esa sensación me seguirá siempre.

No hacía falta que te fueras para convertirte en leyenda pues desde siempre lo fuiste. Gran parte de mi vida me acompañaste. Tus canciones son parte de mi existencia. No faltará quien diga que exagero. Francamente no me interesa. No me importa aceptar que gran parte de esta tarde-noche la he pasado con los ojos humedecidos.

Estoy triste. Ya no habrá más discos, más videos fantásticos ni conciertos increíbles. Nadie podrá ocupar ni en un millón de años tu lugar. Ignoro cuantos días pase escuchando tus canciones, por mi lo haría siempre. En el mundo de la música, en cada uno de tus fanáticos y en mi corazón siempre serás el número 1; el genio; el mejor; el Rey del Pop. Gracias por regalarle al mundo tu talento. Que nadie manche tu legado fantástico. Esas canciones en las que está tu alma y las que nunca nos abandonaran porque ahora estás más vivo que nunca.

No puedo escribir más, por más que quisiera decirte todo. Me duele el corazón… descansa en paz.

lunes 22 de junio de 2009

Ese tipo de cosas que sólo me pasan a mí


Como siempre, hago el ridículo. Tendrá un par de tardes lluviosas en las que decidí dar, junto a mi perro Margarito (al cual pueden apreciar en la foto), nuestro tradicional paseo vespertino por el parque de la esquina de mi casa. Equipado con mi adorado iPod y mi playera del Atlante recorrí el mismo camino de siempre. La lluvia chipi -chipi le daba al parque un ambiente encharcado y romanticón. Margarito se mojó casi al instante. Sus patas blanquitas se enlodaron hasta adquirir un tono grisáceo-percudido. Con todo y eso, Margarito al pasear es feliz, pero enloquece cuando ve a otros perros. A pesar de su tamaño chirris, en cuanto ubica a otro ser de su misma especie corre despavorido hacia él. No importa que tan fuerte sujete la correa, casualmente pierdo el equilibrio.

Ya veníamos de regreso cuando sucedió. Margaro y yo centramos nuestra mirada en el horizonte. Margarito en un perro french poodle blanquísimo; el autor de éste blog en su ama. Como estaban en la entrada del parque, alegremente nos dirigimos hacia ellos. Con cada paso intentaba transformar mi apariencia en algo más decente. Metí la panza, como Dios me dio a entender acomodé mi peinado inexistente, puse cara de intelectual de izquierda y mirada de James Bond. Al estar casi enfrente de ella comprobé que aquella muchachilla no estaba nada mal.

Entonces sus ojos me miraron… y Margarito echó todo a perder cuando a buena hora decidió socializar, sacó fuerzas de su flaqueza perruna y se arrojó hacia el otro pobre e indefenso perro que como pudo, se resguardó detrás de las piernas (y que piernas) de su dueña. Tanto fue el ímpetu de la acción que terminé bailoteando con tal de mantener el equilibrio. Cada paso y manoteo que daba era una seria amenaza de caída. El panorama no era alentador, en cualquier momento azotaría contra la chica del parque o peor, en el charco lodoso. Gracias a que el cielo es grande no caí. Cirqueramente recompuse mi postura con el pequeño inconveniente de que en el proceso pisé, sin querer, a Margarito. Por supuesto que lanzó un chillido dramático y muy exagerado. La frase de la chica no pudo ser más romántica ‘pobrecito perrito… yo no fui ehhh’. No tengo la menor idea de lo qué respondí. Apenado, incomodo y derrotado me fui sin decir más.

Unos metros después caminaba en la calle. Caí en la cuenta de que mi cabello estaba de nuevo revuelto, a mi panza se le olvidó quedarse en donde le ordené y mi cara estaba pálida a causa del susto de la eventual caída. Osea, volví a ser yo. Margarito cojeaba.

Aquella chica guapa seguramente pensó que soy un debilucho, o un ser cruel y desalmado que pisó a su perro y lo hizo llorar. No sé por qué ese tipo de cosas sólo me pasan a mí. Mi vida, la sentimental y la normal se caracteriza porque las cosas rara vez me salen bien. El culto al ridículo, la mala suerte y la reiteración de lo imposible son una constante en mis aventuras por la existencia. Han pasado dos días y la chica no ha vuelto al parque. Qué bueno. La pena todavía no se me acaba.

Para todos los fans de Margarito: Él está bien. En realidad nunca le pasó nada. Sucede que es un exagerado y siempre ha sido así. Ahora mismo está chupándome la mano a modo de saludo para todos ustedes.

viernes 19 de junio de 2009

Verloso. Artista de la mentira


Llegué a él, debo admitirlo, por obedecer a ese morbo natural que la literatura nos provoca cuando un libro nos exige nuestra inmediata atención. En este caso, aunque la curiosidad procede de diversos frentes, lo que más me intrigaba era descubrir a Felipe Soto Viterbo como novelista.

A Felipe lo conocí hace unos tres años en las oficinas de Editorial Expansión en dónde es el editor de la ya prestigiosa revista Chilango. Si bien seguramente ni se ha de acordar, mi primera impresión al verlo y en los diez minutos que duró nuestra platica fue totalmente grata. Amable, jovial pero con tintes de neurosis, medio relajad, medio nervioso, todo un personaje por más que él se conciba como la persona más común del mundo.

Después di con su blog, mismo que forma parte de mis favoritos desde hace más de un año. Hace más o menos un mes, el editor, el bloguero, el escritor, el profesor y el padre de una hija anunció la publicación de “Verloso” su nueva novela. Un par de semanas después lo vi en una librería y lo compré. Apenas avancé las primeras páginas, mi curiosidad se transformó en una grata revelación literaria. Ante mis ojos se desarrollaba una novela de esas inolvidables y que invita a releerla una y otra vez por el mero gusto de hacerlo.

La historia es protagonizada Franco Verloso, personaje emblemático de una historia que gira en torno al arte de la mentira. Bajo esa estructura en apariencia sencilla la trama se va desarrollando de forma maestra. Sabemos que el argumento está lleno de mentiras y aun así elegimos creerlas por el deseo de hacerlo, en pos de ser parte de esa historia en la que andamos sin saber si la zona que pisamos es real.

Las peripecias de Franco Verloso (obviamente este no es su nombre real) inician desde el comienzo de su vida. El juego de las coincidencias y casualidades son una constante que lo lleva a formar parte de ‘Los irrealistas’, singular grupo dedicado al culto de las mentiras. El juego de las mentiras lleva a Verloso hasta un singular trabajo en el que elabora plots y guiones para televisión. El juego se complica cuando lo escrito coincide con los hechos de la vida. Además de la mentira, Verloso gira en torno del amor y el odio que éste puede provocar. En este caso, Fernanda (que tampoco se llama así) encarna todo lo impulsivo, enredoso e idiotizante que puede ser. Tal es el poder de la mentira que a veces, es lo mismo que el amor: todo pero nada.

Sin terminar aun de leerla (me faltaban unas 30 páginas) el pasado martes acudí a la presentación de Verloso. Ahí estaba Felipe Soto que acompañado de Xavier Velasco y Sergio González Rodríguez hicieron las delicias de los presentes en una amena charla sobre aquella maravilla de novela. Entre familiares del autor, lectores de su blog, público en general y algunos amigos blogueros (Lata, Ross Medve y Wen Perla entre otros) pasamos una noche amena. Lamentablemente tuve que abandonar aquella tertulia demasiado rápido. Horas después terminé de leer Verloso. No pude parar hasta llegar a uno de los finales más alucinantes que haya leído jamás. De manera magistral todo se orquesta para formar frente a nosotros un cuadro perfecto en el que mentiras y verdades aparecen más fusionadas que nunca.

Sigo dándole vuelta a Verloso. A ese loco escape narrativo que aun me tiene pensando. Hoy estoy dudoso de la realidad de lo que me rodea y comprendo ese encanto de la mentira. Gracias a Felipe por mentirnos con verdades dudosas y hacernos cómplices de este juego que se convirtió en una novela maravillosa.

lunes 15 de junio de 2009

El Pelón en sus Tiempos de Cólera


Leer o ser leído. Uno de los encantos de la blogosfera es el de conocer gente. En principio desconocidos a los que después de un par de textos comenzamos a entender y hasta a tomarles cariño. Blogueros cuya forma de pensar y de externar su visión de la vida nos atrapa. Así conocí, aunque ya lo conocía, a Héctor Suárez Gomís, famoso y talentoso actor mexicano.

El rostro expresivo, la mirada penetrante y su enorme carisma lo hacía un personaje difícil de olvidar. Desde mucho tiempo atrás tuve noción de su existencia. En algunas novelas, programas unitarios y especiales era común verlo, conformando así una carrera sustentada en el trabajo y la perseverancia. Años después protagonizó "Diseñador Ambos Sexos", sitcom en el que daba vida a Juan Felipe, un diseñador de modas que se hacía pasar por gay para conservar su empleo en una prestigiosa empresa de lencería. La serie, que en mi opinión ha sido la mejor serie de comedia que se ha hecho en México, se convirtió en mi favorita. Cada semana seguía religiosamente aquella historia que hasta la fecha sigo añorando. Ahí empezó mi admiración por Héctor.

El programa salió del aire (aún me pregunto por qué diablos) en su segunda temporada. La carrera del señor Gomís siguió diversos caminos. Condujo el show ‘El Pelón de noche’ en TV Azteca, algunas novelas más en México y otras en Colombia, desapareciendo un poco de la escena nacional.

Fue por esa época cuando su servidor abrió su blog y empezó a leer y ser leído por otros bloggers. Sin saber cómo llegué a 'El pelón en sus tiempos de cólera', un blog hilarante, lleno de creatividad, inteligencia y poseedor de un lenguaje propio. Cuando me di cuenta que su autor respondía al nombre de Héctor Suárez Gomís todo cobró sentido. Me perdí en su lectura por horas. De un jalón (sin albur) lo leí todo. Reí a carcajada abierta, me conmoví, reflexioné y experimenté cuanta sensación humana permite la lectura. Aquel blog se convirtió en uno de mis favoritos. Fue así como realmente conocí a Héctor. Ya no como el actor o el fabuloso comediante que es, sino como el ser humano capaz de plasmar todo su talento en letras. Mostrando su gran humildad y calidad humana, ocasionalmente comenzó a dejarme comentarios en mi blog.

En cierta ocasión posteo que estaba preparando un stand up comedy basado en gran parte en el contenido de su blog. Hacer un show así era uno de sus más grandes sueños y por fin, tras años de trabajo estaba a punto de lograrlo. Los lectores de su blog sabíamos que no podíamos esperar más que algo brillante.

Así, a finales del año pasado y retomando el nombre de su blog, comenzaron las presentaciones de “El Pelón en sus tiempos de cólera” en el Café 22 de la Condesa. Espectáculo escrito por él, en el que acompañado sólo de una silla y su micrófono, narra de manera fluida y amena sus peripecias dentro de una familia disfuncial. Burlándose de si mismo logra una especia de catarsis que de paso termina por contagiar a su público.

Después de varios meses de querer asistir, por fin pude disfrutar de “El Pelón en sus tiempos de Cólera” el pasado sábado. Sabía que pasaría una noche agradable y llena de risas, pero lo que vi superó y por mucho, mis expectativas. El manejo escénico de Héctor es una clase histriónica de lujo para todos aquellos que amamos la comedia y que como él, opinamos que esta vida es mejor si se toma con mucho sentido del humor. Cada una de las anécdotas y temas tocados a lo largo de su monologo no sólo invita a la reflexión, sino que además nos lleva a pensar en nuestra propia infancia y familia, descubriendo la ironía de que de una u otra manera todos nos identificamos y compartimos traumas y recuerdos. Como diría Héctor “todos los padres fueron a la misma escuela”.

La noche del sábado fue deliciosa. No sólo porque el Café 22 es un lugar de lo más confortable, sino por comprobar que el actor, el comediante, el bloguero y la persona confluyen a la perfección en una velada sin desperdicio alguno. No es casualidad que la dirección sea de Héctor Suárez padre.

“El Pelón en sus tiempos del Cólera” se presenta todos los sábados a las 20:00 y 22:30hrs en Café 22, ubicado en Fernando Montes de Oca 22. Reserva porque siempre se llena al 52121533. Si aun no se convencen, los dejo con algunos fragmentos del show:




viernes 12 de junio de 2009

La muerte del amor

Aun te amo,
cada noche lucho por seguir haciéndolo.
¿Sabes? Me la pones difícil.

Vuélvete aire si lo consideras necesario.
Piérdete en lo negro de una noche de tempestad,
Deja de aparecerte en mis pesadillas.

Ahoga éste y todos mis pensamientos en el mar...
Por mi está bien, hace mucho que dejé de tener sentimientos.
Ahora soy despiadado, quiero hacerte daño.

Quema mi recuerdo,
maldíceme eternamente.
Lo que quieras,
menos escuchar esa voz que lacera mi mente.

Arranca mi alma.
Alimenta con ella a los cerdos de tu orgullo.
¿Realmente quiero hablarte así?

Escapa o quédate, me da igual.
Al final uno acabará con el otro.

Hace tantos años de este idiota sentimiento.
De ir y venir contigo. De pelear, pedir perdón y llorar.
Estoy cansado de pasar tardes enteras perdido en la melancolía.

Pero no dejes nada vivo de nuestro agónico amor,
que ya no es nada...
- si acaso odio y reproche –

Nuestro amor está muriendo.
¿Lo puedes sentir?
Ni tú ni yo, atenderemos sus desesperadas suplicas.

Nos odiamos.
No me toleras.
No te soporto.

Un insulto,
un golpe.

(después silencio)

Murió el amor.

No quiero escribir más,
sería tenerte respeto.


Gabriel Revelo – Septiembre 2006

miércoles 10 de junio de 2009

Una idea pacheca

Creí que era sólo mi idea. Hasta que un día mi hermana me la comentó idéntica. La tesis es la siguiente:

De ser director cinematográfico algún día haría una película maravillosa. Con una historia maravillosa y llena de efectos especiales. Holywood nunca vio nada parecido. Que visualmente innove y deje a todos con la boca abierta. Habrá grandes actuaciones, los mejores actores del mundo se pelearán por formar parte de una producción que sin duda arrasaría con todos los premios. La música será una delicia. Los espectadores alrededor del mundo quedaran conmovidos con las escenas de amor y acción. Cerca del final, cuando en la trama todo parezca perdido y la épica invite a un final glorioso y dramático, aparecerá el héroe que solucionará todo. El que acabará con los malos. Imaginen el clímax de la película, de pronto solucionado por… ¡¡¡El Chapulín Colorado!!! No un actor fortacho que lo interprete o un traje moderno. No, para que la escena tenga impacto será El Chapulín original, con todo y su chipote chillón. Por eso en los últimos 10 minutos el solucionará lo que ningún ejercito ni gobierno pudo. Los efectos especiales y la calidad de la fotografía, obviamente, se volverán chafas.

Pueden pensar que esta idea es una estupidez, pero a poco no innovaría. Estaría increíble porque nadie lo sospecharía. Sería como cuando nadie sospechaba que Bruce Willis era el muerto en ‘Sexto Sentido’, o que Darth Vader era el papá de Luke en ‘Star Wars’. Algún día la verán y nos hará multimillonario. Si antes de eso nos roban la idea los demandaré a ustedes, lectores del blog, por robar la idea. Bueno, están advertidos.

domingo 7 de junio de 2009

La casa blanca de la esquina


Esa casa blanca de la esquina me da miedo. Aunque siempre estuvo ahí, hasta hace tres semanas no fui consciente de su macabra existencia, cuando paradójicamente dejaste de vivir y saliste del anonimato.

Por más esfuerzos que hago no me acuerdo de ti. No he querido ir a ver las fotografías que han exhibido durante los rosarios que por las tardes se rezan en tu casa. Prefiero que tu rostro permanezca desconocido. Me dicen que eras más joven que yo. Aquella tarde de sábado encontraron tu cuerpo colgado, sin vida.

Fue al filo de media noche y ni cuenta me di. Se cuenta que varios vecinos salieron de sus casas al oír los gritos provenientes de la tuya. Algunos querían ayudar. Tus papás en medio de la confusión sólo permitieron la entrada a un paramédico que te bajó. Aquella noche comenzó tu penar involuntario. Tu nombre comenzó a rondar el colectivo popular del rumbo. Te volviste un rumor perturbante.
Una leyenda que con el tiempo se transformará en una historia más complicada de lo que en realidad fue.

A mí me la contaron dos días después. Sabrá Dios que número de versión fue la que escuché. Que si tus papás se están divorciando; que si tu papá era uno de los muchos amantes de Estela, la vecina quedada y fea de la calle; que si habías reprobado dos materias; que si eras huraño y no tenías amigo. La verdad ahora da igual. Cada quién tiene sus propias conclusiones y por desgracia ya no estarás para desmentir las muchas injurias que entorno a tu memoria se han alzado.

Lo cierto es que caminar por mi calle ya no es lo mismo. El aire está pesado. Frío. Enrarecido. Todos los días, con la llegada del ocaso salgó a caminar acompañado por mi perro. Seguramente fueron varias las veces que me topé contigo sin reparar en ello. Ahora, al pasar afuera de tu casa el encuentro se repite. No estás pero permaneces en ese espacio en el que dejaste de respirar. Dentro de esa vivienda de color blanco te quitaste la vida. Al surcar su exterior lo hago con paso apresurado. Intento no voltear. No vaya a ser que en una de esas alguien se asome y me quede con la incertidumbre de lo qué paso.

Aquella casa blanca de la esquina me da miedo. Se volvió triste y parece gritar silencios. Donde viviste 20 años no queda más que el tema recurrente en las mesas de café de las vecinas, algún cuento de terror y unas letras que intento escribir pensando en quién decidió rendirse a la vida.

jueves 4 de junio de 2009

Mister Lonely


La combinación no podía ser más excéntrica: Una película de Harmony Korine, talentoso guionista y director; la actuación de Diego Luna como protagonista y una historia que gira en torno a un imitador de Michael Jackson, uno de mis más grandes ídolos. Por eso, aunque tardó en llegar a México, corrí a verla en cuanto me enteré de su estreno. Un día después puedo afirmar que se trata de una de las películas más conmovedoras y maravillosas que he visto en mi vida.

Hay películas de fácil digestión, hechas de una trama sencilla y sin complicaciones. Mister Lonely es todo lo contrario, su argumento está lleno de discursos y simbolismos que se anteponen entre sí y que a casi 24 horas de haber salido de la sala del cine, siguen jugando con mi razón. Ir descubriendo el significado de las imágenes y frases, aun en las aparentemente más sencillas se vuelve un feliz ejercicio del que el espectador no podrá escapar. Aunque a simple vista suene como una obra compleja, Mister Lonely nunca se torna aburrida o tediosa.

No sé qué tan correcto sea el catalogarla como una obra de arte. Su manufactura es impecable, cargada de tomas llenas de una belleza que en un par de ocasiones me estremecieron. Las actuaciones convincentes y entrañable (Diego Luna está de 10).Y la historia es una maravilla. Un imitador de Michael Jackson conoce en París a una imitadora de Marylin Monroe que lo invita a una comuna de imitadores en Escocia. El doble de Michael decide abandonar la ciudad luz para emprender el viaje en el que quizá encuentre su propia identidad. Aquella que por años se le ha negado gracias al velo de soledad e incomprensión que desde siempre lo ha acompañado. Siempre he sido pésimo para esto de contar la trama de las películas, quizá el tráiler lo explique mejor:



En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos sentido solos, sin encontrar nuestro lugar en un mundo que cada vez nos parece más extraño. Ahora imaginemos sentirnos así siempre. Buscando encontrar en el arte de la imitación nuestra felicidad. Queriendo que el milagro además de suceder nos dure más de un parpadeo. La experiencia de cada persona al confrontarnos con la historia es diferente, por eso mis conclusiones después de horas de raciocinio probablemente diferirán de los de otro espectador. En mi caso la lección más valiosa es que la vida tarde o temprano nos alcanza, por más que queramos evadirla ésta siempre nos alcanza. La felicidad sólo se nos disfraza ‘de instantes’ que por desgracia casi nunca notamos.

La película me encantó. Por desgracia, al no ser una película comercial su estreno y proyección, al menos en la Ciudad de México, no ha sido nada masiva. Sólo se exhibe en cuatro salas y ante los estrenos hollywoodenses no creo que dure demasiado en cartelera. Una película diferente, hasta cierto punto extraña pero que créanme, vale demasiado la pena.

domingo 31 de mayo de 2009

Un buen hombre... que no soy yo



‘En mi caso, la esclavitud es un
amor imposible. Pero me siento libre cuando podemos platicar como
amigos’

Patricia y Salvador llevan dos años de novios, tres meses comprometidos y están a seis días de casarse. Ambos cenan en un lujoso restaurante panorámico del hotel ‘Las Brisas’ de Acapulco. La vista de la hermosa bahía, a pesar de la tormenta, es espectacular. Todo transcurre con normalidad hasta que el teléfono celular de Patricia suena. Ella contesta.

- Bueno... ¿Paty? Soy Leonardo… de seguro lo notaste inmediatamente. Por favor, no digas nada, lo menos que quiero es ocasionarte un problema. Disculpa mi atrevimiento, sé que estas ocupada con tu prometido, prometo no volverá a pasar. Esta llamada es para despedirme para siempre de ti. No, no pongas esa cara de extrañeza que tantas veces hacías cuando de mi boca salía cualquier niñería ¿verdad que te conozco? Como te decía, no volverás a verme. Ahora mismo, mientras tú disfrutas esa Langosta bañada en salsa de queso que tanto te gusta, imprudentemente voy manejando a toda velocidad en las curvas y peñascos del camino que va de Acapulco al Aeropuerto. Mi avión sale en hora y media, haré escala en una ciudad de los Estados Unidos y de ahí abordaré otro avión que me llevé hacía un país escandinavo. No volveré................................

(SE ESCUCHA UN TRUENO)

- ... disculpa si te espanto ese trueno, cayó sobre el mar y todo Puerto Márquez se ilumino de azul eléctrico, ni que decir del sonido hueco e impactante que de seguro escuchaste. Por cierto, ahora mismo paso por Las Brisas, de manera que si ese lugar es panorámico igual y divisas mi Jetta Blanco surcando las curvas de esta carretera con irregular precisión; como comprenderás, no es nada fácil conducir con una sola mano en medio de una intensa lluvia y sostener con mi otra mano el teléfono celular desde dónde me confieso con mi eterna enamorada.....

(UNAS LLANTAS DERRAPAN)

- ............. aquí estoy, no te preocupes, creo que tomé esa curva demasiado rápido. Casi salgo del camino. Esa es la idea. Matarme y caer en los abismos de esta bella carretera panorámica o llegar al aeropuerto. Una de dos. No hay más. Como sea, no te veré más. ¿Escuchaste? Otro trueno, más imponente. Así como imponente he impactante es lo que tengo que decirte. Mira, amiga de toda mi vida, me conoces más que nadie en este mundo. Crecimos juntos en este Acapulco lindo que ambos recorrimos tantas veces. Nunca te lo dije pero sabías que te amo. En parte porque soy pésimo para ocultar sentimientos y en parte, porque jamás viste que pusiera mi interés en otra mujer que no fuera tú. Con el tiempo me di cuenta que nunca me verías como el hombre de tu vida. Al contrario, llegamos a ser algo así como hermanos, y de seguro, lo que menos querrías son relaciones incestuosas… y … otra vez mi pésimo sentido del humor aparece en el momento menos oportuno....

(LA LLUVIA Y LOS RAYOS QUE CAEN EN EL MAR AUMENTAN)

-... ¡diablos! sería un milagro llegar sin que éste auto se averíe con una lluvia así… Lo siento, de nuevo interrumpí esta plática, perdóname, prometo que no sucederá de nuevo. Te decía, entraste en mi corazón una tarde de verano. Caí enamorado y hasta ahora, jamás te he podido sacar de mi mente. Han sido diez años de pensar en ti. Crecí, creciste. Por motivos de trabajo tuve que vivir tres años en Toluca. ¿Te acuerdas cómo lloramos el día de mi partida, la manera en la que nos prometimos que nada cambiaría nuestra amistad? Y lo intenté Paty, de verdad… hice todo lo posible para que nada cambiara: llamadas telefónicas, correos electrónicos, postales, pasar las fiestas y días festivos contigo. Pero no se pudo, nuestra amistad sucumbió ante la temible distancia. ..........................

(SILENCIO)

Se cortó la llamada. Patricia no puede evitar turbarse, sentirse inquieta. Salvador la mira inquieto. ¿Pato, quién era? Ella no puede responder, aunque quisiera decirle a Salvador que partan inmediatamente del lugar, que Leonardo, su mejor amigo, quizá ha chocado ó caído a un desfiladero ¿ó acaso quiere evitar su partida? Todo esto y más piensa Patricia en su silencio involuntario. Salvador nota que el rostro de su prometida palidece a cada instante. Ella se siente desmayar. El resto de las personas del restaurante permanecen indiferentes.

Vuelve a sonar el celular. Ella vuelve a la vida cuando escucha la voz de Leonardo del otro lado de la línea.

- Perdóname Pats... un tramo de la carretera estaba encharcado y el maldito carro ya no arranca. Estoy varado en la playa de Revolcadero ¿te acuerdas cuando en nuestra adolescencia veníamos a ver a los gringos que intentaban surfear en esta aguas tan violentas? Ahora estoy aquí, en esta playa que siempre nos dio miedo por sus olas traicioneras. ¿Qué te parece si bajo? ¿Crees que con esta tormenta se corte la señal del celular? Qué más da. Voy a bajar tapándome con un rompevientos … caminaré hasta el mar.


(SE ESCUCHA COMO LA PUERTA DE UN AUTO SE ABRE, LA CALIDAD DE LA SEÑAL EN LA LLAMADA BAJA CONSIDERABLEMENTE)

- Por favor, no digas nada, no te inquietes, todo va a estar bien. Sabes, es complicado caminar en la arena mojada. Debes pensar que de repente me volví loco... y sabes, no es así… No debería ser así… Hace un mes regresé de Toluca. Y me presentaste con él, con el ilustrísimo Salvador Fuentes Olvera ¿ves, hasta memorice el nombre? En ese entonces pensé que sería un novio ‘pasajero’, de esos que vienen y se van sin realmente grabarse en tu corazón. Pensé que con él sería así, alguien que momentáneamente ocuparía el lugar para el que yo estaba destinado desde el día en que nací. Mira como es la vida, cuando me enteré de tu próximo matrimonio una parte de mi se sintió sinceramente feliz. Pero, para qué mentirte, también me derrumbé. Con el paso de los días tuve la oportunidad de convivir con él. Es un buen hombre: trabajador, honesto, amable, buena persona y sobre todo, se ve que te adora. ¿Cómo negarle a una persona así el derecho de proteger por el resto de su vida a lo que yo más quiero? Paty… no… reconozco ese suspiro. Estás a punto de llorar. Te pido que no lo hagas. Algún día entenderás que todo esto lo hago por tu bien, porque no quiero que éste amor que siento por ti llegué a lastimar nuestra amistad. Te amo. Te amo. Te amo. Desde hace años. Aun cuando te veo este pensamiento me carcome el alma. Te amo, siempre lo hice, siempre lo haré... ¿ves lo patético del asunto? En mi caso, la esclavitud es un amor imposible. Pero me siento libre cuando podemos platicar como amigos. Por eso, por medio de ésta llamada me despido, aunque de un modo más dramático del que tenía planeado. Gracias al tiempo no llegaré a tiempo para tomar mi vuelo. No importa vida mía. Desapareceré en medio de toda esta tempestad....

(OTRO TRUENO)

(SE ESCUCHAN LAS OLAS DEL MAR)

- ... entraré al mar que ahora tengo frente a mis ojos. La marea y la tormenta lo han picado y el oleaje es muy fuerte. ¿Te gusta para mi final?, ¿por qué lloras Paty? Después de todo estas a punto de vivir lo mejor de tu vida… ¡El agua esta helada!... Con lo friolento que soy.... Éste teléfono está por descomponerse… casi me tira una ola. Por eso, déjame decirte por último: Te deseo lo mejor, de seguro serás muy feliz, no tengas la menor duda. Llevó días tratando a Salvador y es un buen hombre, mucho mejor que yo. Sonríe, sonríe siempre, lo haces como nadie, con esa boquita y esa mirada perfecta. Dónde esté siempre pensaré en ti. Dónde esté siempre te cuidare. Me marcho tranquilo y desaparezco de tu vida....

(LAS OLAS SE ESCUCHAN MÁS CERCANAS, REBOTAN CONTRA EL CUERPO DE LEONARDO)

-... porque sé, te hará dichosa.... por eso....

(COMIENZA A FALLAR LA SEÑAL)

- .... creo que no tendrás inconveniente en que te diga adiós para siempre. Hasta siempre mi cielo.... supongo que la próxima ola es el adiós... te quiero....

(UN IMPACTO. AGUA. FIN DE LA COMUNICACIÓN)

* * * *

Aquella noche Patricia lloró amargamente. Salvador estuvo a su lado. Los servicios de emergencia encontraron el automóvil Jetta Blanco abandonado en la carretera Acapulco-Aeropuerto. Servicios de rescate buscaron rastros de Leonardo durante tres días. Su paradero, hasta el momento es un misterio.

Como estaba programado, seis días después Salvador y Patricia se casaron. La ceremonia fue sencilla pero emotiva.

Siguen felizmente casados. Aunque ella sigue negándose a la idea de que Leonardo murió. Tal vez tenga razón. A veces Patricia tiene la impresión de que la siguen, de que no está sola. Como el día de la boda, cuando ella no lo vio, pero supo que un extraño observó la ceremonia desde la entrada de la Iglesia en el centro de Acapulco.

Gabriel Revelo - Septiembre 2006

jueves 28 de mayo de 2009

Osito Gominola, te detesto


¿Un jinete del apocalipsis, la encarnación de Hitler, un plan del maestro del Vaticano? Lo cierto es que desde la tarde en la que me enteré de su existencia vivo intranquilo. Mi vida sería mejor si no hubiera visto aquel video en el que él, engendro verde y gelatinoso del demonio, aparece bailando y enseñando el trasero. Le llaman el Osito Gominola, y es horrible.

Lo conocí por el anuncio de su melodía descargable para celular. El calvario surgió cuando comenzaron a pasarlo cada cinco minutos en Canal 9, impidiendo así, que disfrutara mis programas y películas corrientes. Ahora ese Oso está en todos lados. Su asquerosa canción me persigue, amenaza con apoderarse de mi entendimiento. La poetica letra dice así: “yo soy tu gominola, osito gomi gomi gomi. Dulce gominola, gomi gomi gominola, fiesta fiesta pop”. Por favor, si alguien me ve cantándola deme un balazo.

Me preguntó si alguien en su sano juicio ha descargado ese video a su teléfono móvil. ¿Qué tipo de personas han atentado así contra su salud mental? ¿Qué los llevó a tomar una decisión así? Según averigüé, el dichoso-oso-asqueroso fue creado para el público infantil. Luego no se quejen de que la juventud cada vez consuma más drogas.

Jamás podré comerme unos Panditas sin el temor a que de pronto salga de la bolsita.

Estúpido panzón fofo. ¿Por qué demonios es tan feliz? ¿Pues a qué se dedica para andar siempre en calzones y tener la oreja mordida? Deseo atravesar su cuerpo de gel con un cuchillo. Golpearlo hasta que se calle. Quemarle su trasero para que ahora sí, lo mueva con provecho. Verlo retorcerse de dolor mientras lo grabo para que ahora sí, quienes lo detestamos descarguemos el video de su muerte y podamos verlo a todas horas.

Las malas noticias siempre se saben. Por eso, dudo que alguien a estas alturas no conozca a Gominola. Si usted no lo conoce, felicidades, es una de esas afortunadas personas cuya alma todavía no se ha ensombrecido. Ahí les dejo el video. Véanlo bajo su propio riesgo. No me hago responsable por los problemas psicológicos e instintos asesinos que este pueda detonar en ustedes.



No me gusta ser así, pero ese maldito oso me saca de quicio.

lunes 25 de mayo de 2009

Bowling Night


No es una ley escrita aunque uno esperaría que hacía sea. Algunas veces los talentos se heredan, otras no. A veces el gen está ahí, esperando cualquier pretexto para salir y probar suerte. ¿Nueva persona, mismo árbol genealógico, similar talento?

Sin atreverme a enfrentar la respuesta, durante años esa pregunta me rondó la mente. Cuenta la leyenda que mi papá era un gran jugador de boliche. Tan bueno que ganó muchos torneos y premios en su juventud. En mi casa había muchos trofeos, mismos que mi mamá (tan linda ella) se encargó de ir tirando a la basura. Ver esos reconocimientos y crecer escuchando las narraciones de esas epopeyas (como aquella de la vez en la que se ganó un viaje a Acapulco al ganar un ‘Moon Night’) sembró en algún lugar de mi cerebro la idea de que algún día probaría suerte en el deporte de los pinos.

Mi papá se fue (bueno, no se fué, se murió) hace unos años sin que tuviera oportunidad de enseñarme de manera práctica los secretos del boliche. Aunque varias veces me habló de la teoría nunca pude llevarla a cabo de manera tangible. Jamás había hecho el menor intento de jugar boliche, hasta hace dos fines de semana, cuando fui con mis mejores amigos.

Si bien, la idea de salir una noche de viernes e ir a un boliche me resultaba divertida, un cosquilleo nervioso me decía que aquella, más que una salida, sería mi encuentro con el pasado, el probarme si como en casi todo, traigo pegados los genes Revelo hasta lo más profundo de mis huesos. Estaba consciente de que mi primera incursión en este deporte pintaba para no ser nada espectacular. En mi vida había ni siquiera había agarrado una de esas bolas con hoyos, mucho menos me había calzado uno de esos horribles zapatos y menos, entendía gran cosa de las reglas. De todas formas la curiosidad no me dejó echarme para atrás.

Un boliche sobre Avenida Universidad. Como la temática era ‘noche disco’ la oscuridad se entremezclaba con luces neón, de colores y bolas de vidrios ochenteras. La música pop sonaba mientras el autor de este blog se quitaba sus pintorescos tenis Panam amarillos para calzarme unos zapatos de señor que me quedaban medio grandes. Esto último, dadas las circunstancias, era una graciosa y cruel apología del destino. Lo que menos quería era estar en unos zapatos grandes que por genética, se supone que debería llenar de talento. Entonces tuve mi primer contacto con el mundo del boliche. Sin saber qué buscaba elegí una bola y empecé a hacer lo que los demás hacían. Acomodamos los turnos de tiro en el monitor… sería el tercero.

Dos minutos después estaba frente al fantasma de la duda. El desgraciado me susurraba que no podría, que el que mi papá hubiera sido un jugador excepcional no garantizaba en lo absoluto que yo también lo fuera, que si quería salvar el orgullo y dignidad de la familia, mejor me retirara sin hacer el ridículo. No tengo ni idea de cómo pero me animé a sacar el primer tiro que seguramente no fue nada ortodoxa. La bola, contrario a mi presupuesto y a la lógica, no se fue hacía ninguno de los lados, sino que siguió un curso bastante recto, respetable diría yo. El primer impacto tiro 7 pinos. Para alguien que en su vida había intentado semejante locura aquello fue un logro. Del segundo tiro ni hablar, se fue por un carril de los lados.

En la primera partida descubrí que en verdad soy un desastre y que eso de los genes no tiene porque ser una ley universal. Tras la primera partida de nueve líneas quedé en la quinta posición de… cinco contendientes. Me puse de malas. Mi cara de pocos amigos afloró y durante un buen lapso de la noche estuve intratable. Una mezcla de vergüenza, decepción y coraje me hacían sentir como el peor jugador de la historia del boliche.

Jugamos dos partidas más. Y entonces ocurrió, el fantasma se calló. No fui brillante ni pude conectar una sola chuza, pero con cada tiro me fui sintiendo más cómodo. Algo dentro de mi (aun no sé darle nombre), fue haciendo que, de a poco, fuera entendiendo que algunos movimientos y el jugar con la intensidad de la fuerza de los tiros podían hacer que me defendiera bastante bien. Dos segundos lugares. No fui el jugador que el mundo esperaba pero al final fui competitivo e hice un papel bastante digno. Si una sola noche me bastó para avanzar tanto en el desempeño de mi juego, quizá haya algo de esos genes de campeón que recorren mi cuerpo.

El boliche como deporte puede llegar a ser apasionante. Ahí dentro de ese ambiente algo que invita a una extraña camarería y a una sana competencia. De entregarme a esa pasión, no dudo que podría volverse una de mis pasiones y por qué no, podría encontrar que soy bueno para algo más que para tener un blog y escribir cosillas. Desde aquella noche la invitación a volver me sigue y a ratos se torna seductora. Mientras veo si me dejo o no atrapar por ella, puedo ir tachando un pendiente menos de mi lista: ya jugué boliche, y no soy tan malo.

El autor del blog y una foto de aquella noche.

viernes 22 de mayo de 2009

La imagen infame


Hay imágenes que quisiéramos olvidar, que simplemente no deberían de existir. Imágenes que se sienten como un vacio que nace en el estomago y que transmuta en un escalofrío que recorre todo el cuerpo. Así son las escenas infames, se vuelven aun más, cuando son transmitidas por televisión en vivo y en directo a todo el país.

Ocurrió de la nada. Sigue extrañándome que a más de 24 horas de ocurrida, la dichosa imagen no haya generado impacto en la opinión pública. O estoy exagerando o, de plano y en el peor de los casos, como sociedad hemos dejado de sorprendernos ante actos que merecen nuestra total indignación. No importa que la acción en cuestión duré apenas unos segundos, ni que la haya visto unas 10 veces, uno nunca termina por asimilar que un individuo se atreva a golpear a una mujer.

Sucedió después de las 8 de la noche durante la transmisión del juego entre los Indios y el Pachuca. Las incidencias ocurrían con la normalidad de cualquier partido de futbol hasta que una toma se centró en las tribunas, en lo que aparentemente era un bronca común y corriente entre aficionados. Entonces sucedió lo indecible. Un individuo se abalanzó a golpes en contra de una mujer. Ella de inmediato es protegida por los aficionados de alrededor, sin que por eso disminuyera la sorpresa e indignación de los comentaristas en el estadio y de un servidor en casa.

Toda la mañana pensé si insertar o no el video de la agresión. Nunca me quedó del todo claro lo ético que sería el mostrar una imagen así. Si bien el difundir la escena puede servir como protesta y medio para condenar acciones así, también podría rayar en el amarillismo. Decidí mejor poner el enlace. Ya cada quién decidirá si verlo y emitirá su respetable juicio.

Aquí el video

De entrada es representativo que esto sucediera en Ciudad Juárez, urbe fronteriza tristemente célebre por los asesinatos de cientos de mujeres que ahí han tenido lugar. Alguna patología extraña debe rondar en una sociedad para que se cometan crímenes así. Por eso, cuando un imbécil atenta contra la integridad física de una mujer a plena luz del día, en un lugar público y lleno de cámaras, es indicativo de que algo no está bien. Pobre educación, resentimiento y odio. Todo se conforma en un todo que no se quiere ver pero que ahí está. El problema no sólo es la agresión que vimos ayer. El problema es esa violencia que no vemos pero que sabemos ocurre no sólo en Juárez, sino en todas partes del mundo sin respetar ni clase económica, ni raza, ni nada.

Crecí con la enseñanza de que ‘a una mujer no se le toca ni con el pétalo de una rosa’. Con los años, además, he comprendido que no hay en el mundo nada más maravilloso que ellas. Basta con hacer un rápido repaso de las mujeres a las que les debemos la vida, con las que hemos crecido, a las que hemos amado, con las que hemos llorado, con las que hemos compartido la amistad para repudiar el que cualquier estúpido se envalentone con cualquiera de ellas.

La imagen infame sigue ahí, pidiendo ser ejemplo y denuncia. Me sigue enojando. Me hace exigir justicia desde este blog y prometerme firmemente que jamás permitiré que una vejación así. Faltar a mi palabra me volvería un taradito sin honor como el del video. No gracias.

martes 19 de mayo de 2009

Tokyo Blues


Aunque no suceda con todos, estoy seguro que hay libros predestinados para llegar a nuestra vida. Justo en ese momento cuando nuestras dudas son tantas que nos asfixian, llega esa historia que nos habla de nosotros mismos, nos aclara al panorama y se introduce en nuestras entrañas hasta dar con nuestro corazón para sacudirlo, zarandearlo y cambiarlo de posición. Una novela que te marea, te duela y te haga sufrir, pero a la vez la sientas a tu medida. Que te incomode y sin embargo, no la puedas soltar. Así me pasó con Tokyo Blues (Norwegian Wood).

Tenía un muy buen tiempo queriendo leer alguna obra de Haruki Murakami. Tras leer un par de síntesis sobre sus principales novelas me decidí por Tokyo Blues. El argumento de esta, si bien no parecía nada del otro mundo, me atrajo a sobremanera: En un frío aeropuerto, Toru Watanabe escucha casualmente una canción de los Beatles que le remueve los sentimientos, la tristeza y la nostalgia, llevándolo a recordar su juventud a finales de los años 60, cuando Tokyo se cimbraba en medio de revueltas estudiantiles. La remembranza se vuelve abrumadora cuando en la memoria de Watanabe reaparece la imagen de Naoko, novia de Kizuki, su único amigo de la adolescencia. Tras el suicidio de éste, Naoko y Watanabe se encuentran un año después, entablando una extraña relación que se complica conforme la salud y estabilidad emocional de Naoko va quebrándose hasta llevarla a terminar internada en un centro de reposo. Paralelo a estas acciones Watanabe conoce a Midori, una chica extrovertida y decidida que le muestra otro lado de la vida citadina y con la que entabla una relación de amistad-enamoramiento que no hará más que confundir al protagonista en la búsqueda de su propia identidad.

Quizá era la mención de los Beatles, la referencia a los turbulentos años sesentas de una cultura tan lejana como la japonesa, la historia de amor o un poco de todo, lo que me llevó como loco a buscar Tokyo Blues en varias librerías hasta encontrarla. Después me perdí en su lectura, dejé botados los otros libros que ya había iniciado y no dejé pasar una noche sin leer por lo menos un par de páginas antes de irme a dormir. Ayer por fin lo terminé con esa extraña sensación de tristeza y pesadez que acompaña a los personajes a lo largo de la historia. Tanto me compenetré con la historia que todavía hoy traigo varios de sus pasajes en la cabeza.

Definitivamente mi primera experiencia leyendo a Murakami fue más que provechosa. Descubrir a un autor así, cuyas letras te dan escalofríos en la espalda y hace que tu ritmo cardiaco aumente, no es algo de todos los días. Una cosa es leer una novela y disfrutarla, y otra, es encontrar una novela con carretadas de similitudes con mi vida actual. Junto con Watanabe, comparto el grandísimo problema de la inseguridad, de no saber nunca si el paso que se da es el correcto. Watanabe duda hasta del amor. En su búsqueda de no querer lastimar a los demás termina por ser seco y distante en cuanto a cuestiones sentimentales, y no es porque no quiera querer, simplemente no sabe si es el lugar, el momento y la persona adecuada. Por eso encuentra un desahogo temporal en las relaciones casuales y en los encuentros sexuales de ocasión que después, una vez pasada la tormenta de la pasión, sólo dejan un vacío con sabor a nicotina y resaca. Por si fuera poco, Watanabe debe soportar los continuos cuestionamientos sobre la muerte, elemento que asalta y cuestiona a la razón del protagonista a lo largo de esta entrega de Murakami.

Si bien Watanabe, como personaje central, es un hallazgo y hasta terminé por verme en él, no terminó por comprarlo. Algo ahí en el comportamiento y en las reacciones del personaje que no me encaja. No terminó por creerme tanta madurez en un joven de 20 años. Perspectiva muy personal y que no afecta casi en nada el brillante desarrollo de la historia, que quizá tenga que ver con la diferencia de culturas que existe entre la cultura mexicana y la japonesa.

El encanto de Tokyo Blues no se queda sólo en los conflictos del protagonista. Tokyo Blues es una deliciosa y precisa narración del ambiente de la capital japonesa de hace 50 años, del pulso de vida de una ciudad que desde este lado del charco siempre nos ha parecido enigmática pero que no alcanzamos a comprender en su intimidad, en sus calles, en sus bares, en sus suburbios. Adentrarse en esa cultura y comprenderla es parte del talento innegable que posee Hurakami, pues la historia podría ocurrir en cualquier otra ciudad del mundo. Están además las menciones músicales que dotan a la novela de un ritmo muy especial, desde varias menciones y guiños a las canciones del cuarteto de Liverpool hasta el propio Bob Dylan. No es de extrañar que Norwegian Wood de los Beatles sea la que le da el subtitulo a Tokio Blues.

Los personajes secundarios que son deliciosos, y esa narrativa que raya en lo poético de Murakami. El ritmo cadencioso de narrar los encuentros sexuales. Los paisajes que se nos dibujan con palabras y que dotan a cada estación del año de una personalidad propia. Las frases divertidas. La eterna diferencia de pensamiento de los hombres y las mujeres. Un todo que hacen una novela redonda, de esas que al llegar al punto final te impiden levantarte.

Seguramente volverá a leer algo de Murakami. Por lo pronto me quedo con un gran sabor de boca. Tokyo Blues me dejó melancólico y reflexivo. Me dio respuestas y me hizo otras preguntas. No me trajo la calma, al contrario, revolvió mi interior, tal y como ocurre con los libros que valen la pena.

viernes 15 de mayo de 2009

Pasos para convertirse en un malandro de preparatoria


¿Desconfiarías de los sujetos de la imagen de arriba?

Te los presento, de izquierda a derecha están Gabriel Revelo (también autor de este blog y experto en hacer el ridículo), Daniel Vázquez (diseñador gráfico),
Mario Peralta (diseñador gráfico y exitoso DJ) y Armando Díaz (locutor de radio). La fotografía fue tomada en mayo del año 2000 en el Instituto Don Bosco de la Ciudad de México en dónde cursában el 6to grado de preparatoria. Puede que parecieran ñoños y hasta medio loosers, vamos, ni a novia llegaban. Aunque eso sí, su último año en aquel colegio salesiano fueron un caos.

Entraré en mi personaje. Nunca hubo una estadística o cifra que lo confirmara, pero con toda seguridad me atrevería a decir que aquellos tres y yo fuimos los estudiantes de la generación que a más clases faltamos durante el curso 1999-2000. Ya sea que durante alguna clase nos escondiéramos en el auditorio del instituto, o en los baños, o en otro salón o en la sotea; o bien, que de plano nos saliéramos de la escuela y vagáramos por los alrededores de un río cercano.

Generalmente cuando uno escapa de algo es porque no lo soporta. En nuestro caso las normas aquella escuela religiosa siempre nos parecieron un tanto ridículas. Íbamos en prepa y aun nos controlaban como si aquello fuera la primaria. Misas continuas, sesiones de introducción al sistema preventivo de la institución, y convivencias infantiles y sin chiste, siempre hacían que aquel ambiente por momentos fuera repulsivo. Una escuela ideal para jóvenes populares y amantes de la juventud tipo comedia gringa, pero con su toque religioso. En conclusión, para mi y mis tres mejores amigos de la prepa que éramos un caos y hasta cierto punto irreverentes, ese era un mundo que nunca sentiríamos nuestro.

No hacíamos gran cosa al evadir las clases. Nos aburríamos igual o más que en clase. La gracia estaba en la adrenalina de saber que José Carlos (especie de prefecto bigotón y con panza de embarazo) rondaba las instalaciones de la institución, buscando alumnos ingratos y mala onda que echaban a perder la honorabilidad de aquel glorioso colegio, y de Don Bosco y, de María Auxiliadora, al no aprovechar la educación de primerísimo nivel que sus padres con tanto esfuerzo pagaban. Casi siempre lográbamos escapar de aquel botijón, otras veces estuvo a punto de dar con nosotros y creo que sólo un par de veces nos atrapo sin que hubiera consecuencias más graves que un regaño que siempre incluía la frase “jóvenes, me preocupa mucho está situación que se está dando y que nunca, repito, nunca se había dado”. Lo bueno fue que Daniel se vengó en una de las misas y le aventó un tapón de plumón cuando estaba distraído. Todo el auditorio río y el culpable nunca fue identificado.

Hacíamos enojar a los maestros. Nos robábamos las tortas de la cafetería. Le hacíamos pequeños hoyos a las bolsitas de salsa Valentina y las tirábamos en el salón para que algún inocente las pisara y se manchara en el acto. Individualmente también éramos un caos: Yo perdí la lista de calificaciones de un maestro, Daniel hacía acordeones para los exámenes y siempre lo descubrían, Armando una vez rompió varios matraces en el laboratorio y Mario escuchaba a todas horas
The Chemical Brothers. Nuestras bromas llegaron a tal idiotez que llevó todo el día pensando si comentarlas o no, pues algunas si fueron medio estúpidas y peligrosas. Lo bueno es que nunca pasó nada. A esa edad uno no piensa. Ni a los 27.

Siempre pensé que fui medio nerd en la prepa. A la distancia me doy cuenta que éramos unos malandros hechos y derechos, de esos que navegan con máscara de ‘no rompo un plato’ y que por lo mismo, son los verdaderos amos del mal comportamiento. Algún día retomaré esas aventuras y las narraré aquí. Por lo pronto les presento una de nuestras obras maestras, nuestro ‘pase mágico’ que nos servía para salir cuantas veces quisiéramos del colegio:



Esa hojita la obtuvo Mario al pedirle permiso al director (el padre Héctor Ugalde) de salir. Hábilmente Mario impidió que se lo quitaran. Daniel se encargo de agregar los nombres de todos. Desde entonces lo usábamos unas dos veces por semana. El rollo era siempre inventar algo para retener la hojita. La jugada nos salió tan bien que aun conservó la hojita, misma que conservo desde entonces. Ayer la encontré removiendo unos cuadernos viejos y por eso nació este post.

miércoles 13 de mayo de 2009

Atlante campeón y... ¡nos vamos al Mundial!


…y una vez más te descubriste casi a media noche gritando, preso de una alegría sincera nacida en lo más profundo de tu corazón. Después de 90 minutos pegado a la televisión, los nervios y taquicardia dejaron su lugar a ese grito ahogado que sabe a gloria y cuyo sentimiento es inigualable. Tu equipo es Campeón de la Liga de Campeones de la Concacaf.

Entiendes que todo valió la pena cuando ves a tu amado Atlante levantando el trofeo. Cuando estás más acostumbrado a ir a velorios que a bautizos poco importa si el partido fue deslucido o si el 0-0 quedó a deber espectáculo. Eres campeón a toda ley, vuelves a entender que nada se compara a ganar, que no hay nada como ser el número 1, el único, el mejor. Seguramente pasaran años y tu mente no podrá dejar de transportarte a la noche de anoche, a esos instantes en los que un silbatazo final del árbitro te hizo sentir en la gloria misma. Entonces los jugadores atlantistas, ahora y por siempre tus héroes, gritaban y saltaban eufóricos por la conquista de un triunfo más para el equipo mientras tú, hermanado en cuerpo y alma con ellos, hacías lo mismo.

Amaneces más enamorado de los colores de tu equipo. La mañana después de que el sueño se hizo realidad no dista mucho de ser diferente. Las primeras planas de todos los periódicos y secciones deportivas del país hacen alusión al campeonato atlantista y tú, aficionado de hueso colorado, dejas a un lado la crisis y compras los más que puedes. Y sonríes, pues lo mejor no es el, aun fresco y glorioso, pasado inmediato, sino lo que viene: gracias a la victoria de ayer, el equipo de tus amores jugará en diciembre ante los mejores equipos del mundo en el mundial de clubes en los Emiratos Árabes Unidos. Probablemente los rivales serán equipos como el Barcelona, Manchester United o Boca Juniors, aunque por ahora poco importa pues estás convencido que se puede con cualquiera. Pues así es tu equipo, acostumbrado a siempre plantarle cara a las dificultades y a poner en jaque a los grandes.

Preparas tu turbante, ubicas la ciudad de Abu-Dhabi en un mapa y te juras que el fin de año pinta para soñar aun más.