lunes, 7 de noviembre de 2016

Viviendo con una piraña


“Cirilo es como un dolor de huevos, pero de los bonitos”

Tengo casi tres meses viviendo con una piraña llamada Cirilo. No es precisamente un pez carnívoro del Amazonas, pero es casi lo mismo. 

Esta aventura comenzó hace unos meses, cuando Tania y yo, después de estar ya casados y viviendo juntos, sentimos que a nuestro recién estrenado hogar le hacía falta la alegría de un perro. Después de hablar varias veces sobre el tema llegamos a la conclusión de que tarde o temprano tendríamos un can en casa, aunque desconocíamos cuándo ocurriría o cómo sería.

“Llegará cuando tenga que llegar”, nos dijimos varias veces. 

Y la espera no tardó mucho. Quiso el destino que los astros se alinearan y tuviéramos la oportunidad de hacernos de un pequeño pug negro bebé al que Tania tuvo el tino de llamar Cirilo (yo prefería ponerle Will Smith, pero donde manda capitán no gobierna marinero). 

Ingenuamente pensamos que un pug sería ideal para un departamento como el nuestro, pues en el imaginario colectivo los perros de esta raza son amigables, tranquilos y medio holgazanes. El primer día que pasó en casa Cirilo parecía cumplir con ese estereotipo, pues era una diminuta bolita negra y peluda que ni siquiera se atrevía a salir de su camita y que dormía todo el día. 


Aquellos primeros días que pensábamos iban a ser caóticos en realidad fueron de lo más tranquilos… hasta que poco a poco Cirilo agarró confianza y mostró su verdadero yo. 

El Cirilo real es hiperactivo, se despierta temprano y duerme tarde, es terco como mula, enojón y muerde todo lo que encuentra a su paso: muebles, ropa, manos, pies, cobijas y hasta acero. Sí, acero. Queremos pensar que esa compulsión se le pasará cuando crezca, o que tiene que ver con su próxima muda de dientes, o a que tiene el Diablo adentró. 

Tania y un servidor hemos intentado todo para calmar el apetito mordedor de Cirilo. Desde regañarlo o fingir que lloramos para que entienda que eso no se hace, hasta dejar de jugar con él cuando tiene esa conducta. Como ya se imaginarán hemos fracasado rotundamente y ya nos hicimos a la idea que no tenemos un pug, sino un pacman maniaco para quien el resto del mundo, y sobre todo nosotros, somos frutas de colores que le dan puntos extras. 

Vivir con Cirilo no es fácil. Es antojadizo, nos sigue a todas partes y continuamente nos bombardea con los gases mortíferos que salen de su rechonchita humanidad. Y sin embargo su llegada nos ha hecho muy felices. Basta verle su carita para perdonarle cualquier desastre y comprobar que somos muy afortunados de tenerlo a nuestro lado como el tercer elemento del clan Revelo-Muñoz. 


Siempre he pensado que los perros son ángeles con cuatro patas que están en este mundo para recordarnos que el amor puro y desinteresado existe. Soy un afortunado pues Margarito, mi primer perro, aún vive y a sus 17 años sigo teniendo con él una conexión tan especial que seguramente me acompañará aún y cuando él ya se haya marchado de este mundo. Ni que decir del historial de cariños perrunos que tiene Tania y que la hacen una experta en eso de dar y recibir amor de los canes. 

Aunque ahora tienes tres meses espero estar a la altura del amor e inocencia que Cirilo guarda y regala a raudales cada día. Gracias a él mi vida hoy es más feliz. Él y Tania me hacen sentir completo.

lunes, 31 de octubre de 2016

Harry Potter y el Legado Maldito


Como cuando recuperas algo que pensabas haber perdido hace mucho tiempo y que creías que ya jamás verías, justo así me sentí cuando comencé a leer las primeras páginas de Harry Potter y el Legado Maldito, octava entrega que la saga de Harry Potter, que sin embargo no es ni novela literaria, mucho menos película, aunque no dudo que en un futuro termine convirtiéndose en una. 

Quienes son fans de la saga seguramente no requieren mayor explicación, pero aquellos que no estén muy familiarizados con el universo Potteriano quizá no hayan entendido el párrafo anterior, y ahora mismo se encuentren confundidos sobre qué diablos es eso de Harry Potter y el Legado Maldito

Ok, les explico: Este título en realidad es una obra de teatro dividida en dos partes que se estrenó en Londres en junio del 2016. Fue escrita por Jack Thorne y está basada en una nueva historia original de la autora J. K. Rowling y el director de teatro John Tiffany. A la par de su estreno también se publicó un libro que no es otra cosa que el guión completo de esta puesta en escena. Lo interesante aquí, es que esta obra forma parte del canon del universo de Harry Potter, es decir, es considerada la octava parte.

A pesar de que el libro tiene el típico formato de un guión de teatro (con indicaciones técnicas sobre la posición que deben guardar los actores en el escenario, cómo se conforma la escenografía o los diálogos de cada personaje), su publicación se convirtió en un éxito instantáneo de ventas. Yo no fui la excepción y el primer día que salió la versión en español fui por mi ejemplar aún sin saber con qué me encontraría.

"A mí no me gustó, pero a ver a ti qué te parece", me comentó uno de mis contactos en Twitter cuando publiqué ya tenía el libro. Aunque no dejé que esta crítica influenciara mi lectura, temía que echaran a perder la historia por el afán de alargar la historia. Como miles de fans alrededor del mundo consideraba que el final de la séptima parte había sido redondo y que no hacia falta forzar un nuevo capítulo. No obstante el daño ya estaba hecho y para bien o para mal 10 años después me volví a encontrar con Harry, Hermione, Ron, y compañía, entre las páginas de un libro. 

La trama está situada 19 años después de la derrota de Voldemort en la batalla de Howgarts (sí, justo en la escena final de Harry Potter y las Reliquias de la Muerte, cuando Harry y Ginny Weasley se despiden de su vástago Albus Severus, quien está por tomar el expreso que lo llevará a su primer día de clases en Howgarts. Harry Potter, quien ahora trabaja en el Departamento de Seguridad Mágica, tiene otros dos hijos, James Sirius y Lily Luna, con los que lleva una relación cordial, a diferencia de la que tiene con Albus, con quien nunca ha podido comunicarse abiertamente. Durante el trayecto, antes de llegar a su destino, Albus conoce a Scorpius, hijo de Draco Malfoy, con quien desde entonces entabla una profunda amistad aún y con la rivalidad que sus padres tuvieron en el pasado. 


Las cosas comienzan a torcerse cuando ocurren varios eventos extraños: Albus es enviado a la casa de Slytherin por el Sombrero Seleccionador, hay rumores de que el hijo de Draco en realidad es hijo de Voldemort y Harry comienza a tener pesadillas terroríficas acompañadas por un intenso dolor de su cicatriz. Para colmo, conforme pasan los años Harry y Albus se vuelven más distantes y tienen varias discusiones en donde se dicen cosas hirientes, todo esto mientras una amenaza va ciñendo poco a poco el destino del mundo mágico sin que nadie se de cuenta. 

Podría parecer que en los párrafos anteriores revelé gran parte de la trama y no dudo que muchos lectores me hayan mentado la madre por 'echarles a perder la historia'. En mi defensa diré que lo narrado corresponde solamente al planteamiento argumental inicial, y que no eché a perder ninguno de los giros de tuerca ni de las muchas cosas que ocurren a lo largo de esta nueva historia. De hecho ni siquiera mencioné a Hermione o Ron, ni a otros personajes entrañables que aparecen en los siete libros originales pues prefiero que ustedes vivan la misma experiencia que yo cuando al ir avanzando entre sus páginas me iba encontrando con ellos. 

Y bueno ¿cuál es el veredicto?

Debo reconocer que esta historia no es la mejor que se ha hecho sobre Harry Potter, de hecho hay partes que se vuelven repetitivas o un tanto predecibles (el abuso de cierto artilugio mágico por momentos se vuelve un recurso barato para forzar conflictos), incluso algunos de los nuevos personajes no terminan por amarrar bien. Pero por favor, no se vayan con la finta, lo anterior de ningún modo quiere decir que Harry Potter y el Legado Maldito no valga la pena, pues aún con sus defectos conserva el encanto de los libros originales.

J.K. Rowling estuvo muy al pendiente de esta octava parte y se nota. El mundo mágico donde ocurre esta historia sigue siendo el mismo que conocimos hace más de dos décadas y que conquistó a varias generaciones. Yo que leí todos los libros y vi todas las películas puedo decir que en ningún momento sentí que este nuevo texto fuera ajeno al resto de las entregas. 

Quizá esta reseña no sea de lo más neutral. Y es que debo confesar que este libro me conquistó emocionalmente. Me desarmó volverme a topar con esos personajes que me acompañaron por años y que ahora están vueltos unos treintones agobiados por las preocupaciones de la vida adulta (aunque también fue tranquilizante comprobar que su esencia sigue intacta). Hay partes verdaderamente emotivas que estoy seguro cautivarán a los lectores de antaño y los hará derramar una que otra lágrima. 

Harry Potter y el Legado Maldito es una digna continuación a la historia del niño que vivió. Volví a ese mundo mágico en donde pasé tantas horas de mi adolescencia y en cierta forma recordé cosas de mí que ya había olvidado. Ahora sé que había extrañado al señor Potter. No es casualidad que este post haya sido escrito un 31 de octubre por la noche.

lunes, 29 de agosto de 2016

Juan Gabriel y yo


Ayer ocurrió uno de esos momentos que se quedan grabados para siempre en la memoria colectiva, y es que por la tarde se dio a conocer que Alberto Aguilera, mejor conocido como Juan Gabriel, falleció en Santa Mónica, California. 

En cuestión de segundos se vino una vorágine informativa de esas que sólo se presentan cuando ocurren eventos verdaderamente trascendentes. La noticia corrió como pólvora no sólo en radio, televisión y medios digitales, sino también en las casas y calles de todo México donde no había nadie que no hablara de este triste suceso. 

Yo no fui la excepción y aunque mi primera reacción al enterarme fue de incredulidad y sorpresa, con el paso de las horas me fue inundado una profunda tristeza, y es que, aunque en estos días suene a lugar común, yo también admiraba a Juan Gabriel y disfrutaba mucho escuchar sus canciones y ver sus actuaciones en vivo. 

Tampoco diré que era un gran fan, pero de bote pronto me llegan a la mente tres momentos significativos de mi vida asociados al Divo de Juárez:

"Quilila"

Tenía dos años, o quizá menos. Uno de los primeros recuerdos que tengo de mi vida es el de mi papá pasando por mi a la guardería para ir juntos por mi mamá a su trabajo. 

Mi papá me sentaba en una sillita especial para bebés que tenía un volantito donde yo simulaba manejar. Uno de los mejores momentos de esas tardes felices era cuando en radio escuchábamos y cantábamos Querida, de Juan Gabriel. 

O bueno, "Quilila", que es como lo pronunciaba en idioma bebé. Eso sí, yo cantaba con todo el sentimiento que mi corta edad me permitía. 

Entonces no tenía ni idea de quién era Juan Gabriel, tampoco entendía de qué hablaba esa canción que reproducía el estéreo del coche, pero cantarla significó uno de los primeros lazos que establecí con mi papá y que tres décadas después me resulta imposible recordar sin sonreír. 

Mi primer cassette

El primer cassette de música que tuve en mi vida fue el de Juan Gabriel en Bellas Artes. Alguien le grabó esa cinta a mis papás pero yo me la apropié porque estaba buscando algo para escuchar en un walkman que acababan de regalarme. 

Y fue un grandioso descubrimiento…

A pesar de que ser niño esas canciones llenas de nostalgia y desamor me cautivaron, los arreglos musicales me parecieron épicos y las letras impactantes y emotivas. Fue uno de mis primeros acercamientos a esos sentimientos intensos que el amor y/o su ausencia puede provocar, a ese dolor que bien encausado es una bomba creativa que puede tocar los corazones de los demás. 

Fácilmente escuchaba ese cassette unas 3 veces al día. Me terminé aprendiendo las canciones al derecho y al revés, tanto que hasta hoy las tengo muy grabadas en mi memoria.

Donde estés, hoy y siempre

A principios del 2003 mi papá se encontraba en terapia intensiva. Eran días de ir y venir al hospital y recibir noticias nada alentadoras sobre su estado de salud. Entonces estaba de moda Te lo pido por favor, tema original de Juan Gabriel pero interpretado por el grupo Jaguares. 

Al ser programada constantemente en las estaciones de radio, esa canción se me fue clavando en el corazón, aunque claro, prefería mil veces la versión de Juan Gabriel. 

Cuando dijeron que mi papá necesitaban un donante de plaquetas no lo pensé dos veces y me propuse como voluntario. Cuando esa misma tarde me topé en radio con Te lo pido por favor me quebré… cada línea de la canción expresaba lo que pasaba por mi mente: 

“Yo te llevo conmigo,
no me dejes ir solo, necesito de ti. 
Tú me sabes bien cuidar, tú me sabes bien guiar.

(…) Cómo te puedo pagar,
todo lo que haces por mí,
todo lo feliz que soy, 
todo este inmenso amor.

Solamente con mi vida,
pues ten mi vida te la doy”

Y eso hice, darle un poquito de mi vida en forma de mis plaquetas. 

Días después mi papá murió, pero ese tema de Juan Gabriel aún sigue estremeciéndome hasta el punto de hacerme llorar varias veces.

* * * * *

Dicen que la obra de un artista trasciende cuando la gente la hace parte de su vida. Juan Gabriel forma parte de mi historia y estoy seguro que como yo, millones de personas alrededor del mundo también tienen un montón de recuerdos asociados a este gran interprete y compositor. 

Gracias, querido Juan Gabriel, por explicarnos mejor lo que somos.

lunes, 25 de julio de 2016

Attachments


Hace más de un año leí Eleanor & Park, novela de la escritora Rainbow Rowell, que a pesar de estar orientada hacia un público juvenil y de narrar una historia de amor adolescente, me pareció profundamente triste, melancólica y llena de claroscuros. 

Después de leerla comencé a investigar más sobre la obra y trayectoria de Rowell. Así supe que si bien Eleanor & Park es su obra más popular, la mejor lograda es Attachments, novela con la que esta autora irrumpió en el mundo literario en el 2011. Tantos buenos comentarios escuché sobre este libro que me animé a leerlo. 

¿Mi veredicto? Attachments es una novela romántica ingeniosa, divertida y le da voz a toda una generación que hoy está entre sus veintes y treinta años. A diferencia de Eleanor & Park o de otras novelas de Rowell, Attachments va dirigida a los llamados 'adultos contemporáneos', a ese grupo de personas que ya trabajan en una oficina, que intentan descubrir hacia dónde orientar su vida y que se encuentran en el proceso de madurar a la fuerza y centrarse en la vida adulta, labor que a veces resulta por demás difícil. 

Attachments está protagonizada por Lincoln, un joven cercano a los 30 años que aún vive con su sobreprotectora madre y que trabaja por las noches en el área de seguridad informática de un periódico local, donde su chamba es interceptar los mails 'indebidos' que los trabajadores mandan desde sus cuentas de correo del trabajo. Así comienza a leer las conversaciones que sostienen Beth Fremont y Jennifer Scribner-Snyder, dos chicas que trabajan en otras áreas del periódico y a las que nunca ha visto. A pesar de que según el protocolo tendría que mandarles una amonestación por el uso indebido del correo interno, Lincoln encuentra esas charlas tan divertidas y profundas que prefiere no mandarles ninguna advertencia para seguirlas leyendo. 

Así, cada mail que intercepta hace que las vaya conociendo mejor y esté al tanto de sus vidas. Poco a poco la simpatía que siente por estas peculiares chicas se va transformando, hasta que comienza a sentirse profundamente atraído por una de ellas. Además del inconveniente de nunca haberla visto o no saber cómo es, Lincoln dista mucho de ser un hombre normal, lo que le genera mucha inseguridad: No tiene muchos amigos, es medio nerd, sólo ha tenido una relación seria (la cual terminó tan mal que lo dejó traumatizado), pasa sus sábados jugando juegos de rol y se tiene poca autoestima. 

La historia está ambientada en 1999, justo cuando internet comenzaba su auge y el mundo temía que las computadoras del mundo colapsaran con la llegada del nuevo milenio. De hecho, otra de las chambas de Lincoln en el periódico es prevenir este caos informático.  

Con una narrativa sencilla pero envolvente, Rowell se vale de varias licencias que favorecen la sensación de lejanía-cercanía que hay entre los protagonistas. Por un lado los diálogos de Beth y Jennifer son presentados bajo un formato estilo correo electrónico que se van intercalando cronológicamente con los pasajes donde interviene Lincoln. ¿Cómo lograr que ambos mundos terminen por juntarse? Eso no sólo se lo pregunta el propio Lincoln, sino que es una duda que acompaña al lector en gran parte del libro. 

Hace un momento dije que esta novela esta dirigida para un público más adulto, esto es precisamente por los temas que se abordan: La complejidad de encontrar a la pareja ideal, la insatisfacción laboral, la presión social por casarse o tener hijos, o la incapacidad de comprometerse con un proyecto de vida, entre otros tópicos, son reflejados tan bien que uno no puede evitar sentirse aludido constantemente. 

Attachments es una novela que disfrutará el lector de cualquier edad, pero son los treintones godínez quienes la encontrarán más entrañable. Si usted querido lector entra en este target, entonces no dejen pasar este libro, recientemente publicado en español. 

lunes, 11 de julio de 2016

Y así Pokémon Go arruinó nuestras vidas


La semana pasada yo solía tener una vida más o menos normal. Lástima que desde hace 4 días me convertí en una especie de zombie que no tiene otra maldita cosa en la cabeza que no sea ir a la calle en busca de pokemones que atrapar.

(Si no entendiste lo anterior, es por qué ya estás grande o simplemente no estás en onda). 

A continuación les contaré cómo mi vida se fue al traste... 

* * * * *

El pasado martes por la noche varios de mis contactos en WhatsApp comenzaron a volverse locos porque ya había salido "Pokémon Go", una aplicación de realidad aumentada que le permite a los usuarios atrapar pokemones en el mundo real. Todo pintaba demasiado bien hasta que nos enteramos que de momento este juego sólo estaría disponible en Australia, Nueva Zelanda, Japón y algunas zonas de Estados Unidos. 

No voy a mentir, cuando me enteré que saldría este juego me interesó jugarlo, pero la idea tampoco me obsesionaba. Aún así no me preocupó mucho que Pokémon Go aún no estuviera disponible en México. 

Al otro día en el trabajo uno de mis compañeros hizo alguna tranza (no me pregunten qué) logró bajar el juego en su teléfono Android. Y luego otro hizo lo mismo. Y luego otro. Y otro. Sin embargo, como yo tengo iPhone solamente me limitaba a pensar: Qué chido que ya lo pudieron bajar, ojalá quienes tenemos iOS pudiéramos hacer lo mismo

Entonces en las redes sociales varios usuarios de iPhone comenzaron a presumir que ya tenían Pokémon Go gracias a que abrieron una cuenta australiana de iTunes. Luego todo comenzó a suceder muy rápido y en cuestión de horas en la oficina casi todos tenían instalada la dichosa aplicación y el único tema de conversación era Pokémon Go: Qué si a fulanito le salió tal Pokémon en el parque, qué si hay un Pikachu cerca, qué si ya casi me acabo las pokébolas, etc. 

Por lo visto era de los únicos que no estaban a la moda. 

"Qué flojera abrir una cuenta de iTunes Australia solamente para jugar con una aplicación que a lo mejor ni me va a gustar, mejor espero a que llegue a México de manera oficial para poder jugarla". 

... le decía a los demás, aunque por dentro las ganas de salir a la calle y atrapar mis propios pokémones me estaba carcomiendo. 

* * * * *
Solamente aguante un día sin sucumbir a la fiebre. Para el jueves decidí mandar todo al carajo y busqué en YouTube un tutorial que me indicara cómo lograr bajar la aplicación. Todo fue más fácil de lo que había pensado y en unos 5 minutos ya tenía instalado Pokemon Go en mi iPhone. Cuando un par de horas después me descubrí buscando cualquier pretexto para salir de casa o de la oficina con la esperanza de encontrarme algún Pokémon en los alrededores supe que mi vida ya no volvería a ser la de antes. 

Tanta era mi emoción que le conté a Tania sobre lo fascinante de Pokémon Go. Pensé que me diría inmaduro, ridículo o que al menos me vería feo por obsesionarme como un escuincle cagón con una aplicación de celular. Pero hizo lo contrario, me pidió que descargara la app en su teléfono y se volvió más adicta que yo. 

* * * * *

El sábado nos pasamos gran parte de la tarde buscando pokemones en las calles del Centro Histórico. Entre más atrapábamos más queríamos. Nuestra búsqueda obsesiva nos llevó hasta los rumbos de la Merced. Aunque ya caía la noche y el rumbo no es muy seguro, nada detenía a Tania, que seguía obsesionada con teléfono en mano yendo a las Estaciones Pokémon más cercanas para recolectar más pokébolas. 

Tan mal se puso que varias veces mentó madres y lanzaba insultos a su teléfono cuando no podía atrapar algún Pokémon.

Al otro día hicimos la búsqueda en auto. Mientras un servidor manejaba Tania iba con los teléfonos en mano recolectando recompensas y pidiéndome que me orillara cada que un pokémon se cruzaba en nuestro camino. No fueron pocas las groserías que recibimos ni las veces que casi nos atropellaban por dejar mal estacionado el coche -a veces sin poner las intermitentes- y bajarnos como desesperados en busca de alguna criatura. 

* * * * *

Tania me confesó que lleva dos días soñando que atrapa pokemones; le confesé que a mí me pasa lo mismo. Cuando estamos en el departamento ella suele salirse a deambular por los pasillos 'para ver qué encuentra'. Yo aprovecho mis horas de trabajo para compartir con mis compañeros de oficina mis experiencias con esta aplicación. Al menos no soy el único enajenado.

En las últimas horas casi no he usado Twitter, ni Snapchat, ni Facebook, y cuando lo hago es sólo para hacer comentarios acerca de Pokémon Go

Ahora no sólo temo por mi salud mental, sino también por acabarme los datos de mi plan de telefonía celular en un santiamén. Sé que debo moderarme pero no puedo, no cuando ya evolucioné dos pokemones, soy maestro pokémon nivel 6 y ya pertenezco al equipo azul. 

Lo dicho, Pokémon Go está arruinando mi vida.

martes, 21 de junio de 2016

En defensa del "ehhhhh....¡puuuuto!"

 

Ahora voy a jugarle al abogado del Diablo y defender lo que para muchos es indefendible. 

Desde hace un par de años se viene hablando del famoso grito de "ehhhhh....¡puuuuto!", que profieren los aficionados mexicanos en los partidos de futbol tanto de la Selección Mexicana como de la Liga MX. El debate, sin embargo, se ha vuelto más intenso durante las últimas semanas, pues muchos -incluida la FIFA- lo califican como una manifestación homofobica. 

En los últimos días he leído varias columnas al respecto en distintos medios. En la mayoría se afirma que este grito es completamente discriminatorio, racista e incita al odio, además de traer consigo varias connotaciones psicológicas que hablan muy mal de los mexicanos como sociedad. Total, que el mentado grito es lo peor que le ha pasado a la humanidad

Y saben qué, no es cierto. Desde mi punto de vista estamos exagerando mucho con este tema que hemos hecho crecer hasta niveles francamente ridículos. Ojo, no digo que el problema de la discriminación contra la comunidad gay no existe, sino que el grito de la afición mexicana está lejos de contribuir a incrementar este problema. 

Igual y muchos de ustedes me tacharán de loco, dirán que soy un ignorante o que de plano no entiendo un tema tan complejo. La verdad me da igual, es mi blog y yo escribo en él lo que se me de la gana. Eso sí, antes de marcharse indignados y decididos a dejarme de hablar, primero lean mis argumentos, después son libres de mentarme la madre, total, yo como el teacher López Dóriga: Aguanto vara

Primero debemos entender que en México hay palabras que tienen más de un significado, los cuales pueden ser completamente opuestos. Por ejemplo la palabra 'Madre', además de referirse a las mamás, también puede ser empleada en un contexto negativo como "chinga tu madre", de forma despectiva con "esa madre", o hasta para referirnos a algo que nos parece excelente con "está a toda madre"

Lo mismo ocurre con otras palabras como 'chingada', que puede transformarse en "esto está de la chingada" o "está bien chingón". Por supuesto con "puto" ocurre lo mismo. Podemos usarla para referirnos de forma discriminatoria:

"Eres un pinche puto"

Hasta para mostrar admiración:

"Ese tipo es el puto amo". 

En el caso del futbol, el término 'puto' empezó a utilizarse para denotar cobardía (uno de los tantos significados de puto). ¿Por qué cobardía? Simple, cuando el portero rival en un partido de futbol decide despejar (mandar el balón lo más lejos de su portería con un sólo despeje) en lugar de salir jugando (pasar el balón a uno de sus compañeros sin necesidad de alejarse tanto propia portería) es interpretado como un acto de miedo. 

"¿Por qué decides mandar el balón lo más lejos de tu arco en lugar de que tu equipo salga jugando, ¿acaso tienes miedo?", ese es el razonamiento que el aficionado común y corriente tiene detrás del grito "ehhhhhh puuuuto". Como verán, detrás de esto no hay ningún ataque contra las personas de la comunidad gay. Y les aseguro que muchos de los que hoy se ponen al brinco con esa expresión de las gradas ni siquiera saben lo que les acabo de explicar. 


El dichoso grito llevaba un par de años en las tribunas de los estadios en México sin que nadie se escandalizara. Ninguno de los intelectuales y ofendidos que hoy se rasgan las vestiduras se habían enterado de su existencia y todos vivían felices. La bronca seguramente empezó cuando en algún juego de la Selección Mexicana algún directivo de FIFA escuchó el grito  le preguntó a alguien "oye, ¿qué significa eso que gritan los aficionados mexicanos cuando despeja el portero?". Probablemente le respondieron que la palabra puto hace referencia a los homosexuales (en lugar de decir que tiene un sinfín de connotaciones) y el máximo organismo del futbol tomó aquello como un insulto racista. 

La polémica se agudizó durante el Mundial de Brasil 2014. Por más que los directivos mexicanos se empeñaron en aclararle a la gente de la FIFA que la palabra Puto tiene muchos significados y que el grito de los aficionados no hace referencia a la homosexualidad de nadie y mucho menos es discriminatorio, nomás no se tuvo éxito y a los mexicanos, que de por sí ya tenemos muchos calificativos negativos, ahora nos agregaron el título de racistas-homofóbicos-mal educados-groseros-pelados

Si la FIFA no hubiera dicho nada ni hubiera empezado con las amenazas de veto para el Estadio Azteca en juegos de la Selección el asunto del grito no hubiera trascendido internacionalmente, y muchos de los que hoy están enojados no estarían armando un mitote por nada. 

He ido a infinidad de partidos donde han empleado el grito, y créanme, aquello es más por echar relajo que por ofender a alguien. Pero eso no lo entienden los quejosos. Les aseguro que la mayoría de los opositores nunca se han parado en un estadio y sólo se quedan con la idea de "gritan puto, entonces están insultando a los homosexuales". Y ya, no ahondan más en el contexto que es tan simple cómo pasar un buen rato, decir que están en desacuerdo porque el portero rival no sale jugando sino que prefiere despejar el balón y ya, eso es todo. 


No entiendo por qué tantos periodistas y analistas se rompen la cabeza y hablan sobre tratados psicológicos, invocan a la sociología, dicen que los aficionados son unos acomplejados y demás tonterías que según ellos fomentan el odio contra la comunidad gay. Incluso hay quienes cometen la grandísima estupidez de relacionar el grito de 'puto' con la masacre al bar gay Pulse de Orlando donde la semana pasada fueron asesinados alrededor de 50 personas. 

¿Neta? ¿Dónde diablos está la relación?

Dudo que las advertencias de la FIFA, los anuncios de la FMF pidiendo mesura a la afición o las quejas de varios columnistas indignados ayuden a que esta moda gritona se acabe, al contrario, entre más le prohibas algo a la gente más lo hará.

No soy ningún homófono, al contrario, tengo amigos gays y creo que en ningún momento les he faltado al respeto. Creo en la igualdad en todo sentido y estoy a favor de la no discriminación. Es más, en el estadio nunca he gritado el famoso "ehhhhh puuuuto" (aunque de tanto escuchar al respecto ya hasta ganas me dieron de hacerlo). Para ser muy honesto, no me parece apropiado satanizar un grito que tiene un sentido completamente distinto.

Me parece que se está haciendo una tormenta en un vaso de agua y que la lucha contra la homofobia (que sí existe en nuestro país) se debe dar en otras trincheras. Y en cuanto a la FIFA, creo que tiene líos muchos más graves, como la violencia alrededor de los partidos, como para preocuparse por un simple grito. Además, si tanto se preocupa este organismo por la igualdad ¿por qué darle a Rusia el próximo mundial, cuando es uno de los países con mayor represión a la comunidad homosexual?

Coherencia señores. 

miércoles, 8 de junio de 2016

Somatizando


Así como me ven de maduro, galán, hombre bien dado, y dueño de una presencia y masculinidad que provoca bajas pasiones, la verdad es que yo también suelo ponerme nervioso. Y el que termina pagando las consecuencias cuando esto pasa generalmente es mi estomago. 

Hace unos días viajé a París por motivos de trabajo. La verdad en cuanto me comunicaron que iría varios días a la capital francesa me emocioné mucho porque nunca había tenido la oportunidad de ir por allá. Conforme se acercaba la fecha más entusiasmado estaba, sin embargo, no contaba con que una parte de mí -supongo que en el subconsciente- se encontraba bastante intranquila. 

Aunque mi vuelo salía un miércoles por la noche, desde la tarde del domingo anterior comencé a sentir que mi estomago comenzaba a inflamarse. No le di mucha importancia y atribuí aquel achaque a un ataque de gastritis o colitis común. No obstante, en realidad estaba ante algo peor. 

Aquí debo romper el silencio y confesarles que desde hace un par de años padezco algo llamado "síndrome del colón irritable", que no es una enfermedad como tal sino un conjunto de trastornos que se presentan en el proceso digestivo (y que van desde dolor abdominal hasta la diarrea), los cuales suelen detonarse por las emociones o el estrés. En otras palabras, somatizas tu estado de ánimo en tu estomago.

Y justo eso fue lo que hice. Según yo estaba muy entusiasmado por irme a París y no sentía el menor temor por el viaje, cuando la realidad es que sí me encontraba algo estresado ¿de qué? Nunca lo supe, quizá era el nervio que siempre da hacer un vuelo transatlántico, la incertidumbre por conocer un nuevo país, tener que conocer a nueva gente, etc. 

Todo esto, insisto, yo no lo sabía pero mi estomago se encargó de informármelo por medio de una hinchazón intestinal el lunes y una diarrea el martes. Ya se imaginarán lo preocupante que es andar malo de la panza cuando se está por realizar un vuelo de 11 horas. Lógico, este padecimiento contribuyó a ponerme aún más tenso y tocar fondo. En cuanto comenzaba a pensar en algún aspecto relacionado con el viaje una sensación de inquietud recorría todo mi cuerpo y venían los malditos retortijones. 

¡Ni siquiera me pasó algo así el día de mi boda!

De poco me sirvió tomar medicinas contra la gastritis, lactobacilos y antidiarreicos, los síntomas de malestar estomacal no sólo seguían ahí sino que empeoraba. Justo cuando pensaba que pasaría mis días en París con un pañal y que aquel sería el peor viaje de mi vida todo se arregló de forma milagrosa justo unas horas de que saliera rumbo al aeropuerto. Se supone que en ese momento debería estar más nervioso, pero pasó todo lo contrario. Me volvió la emoción por el viaje que estaba por realizar y el dolor de estomago y la diarrea se fue del mismo modo del que llegó. 

Siempre tuve la sospecha de que solía somatizar mis estados de ánimo, pero esta experiencia pre-viajera me lo confirmó. Chale, lo peor es que no sé cómo puedo luchar contra algo así, pues supongo que todo este asunto funciona a nivel del subconsciente. Al final me la pasé muy bien en París y no tuve problema alguno, incluso me extraña que mi estomago se haya portado a la altura de las circunstancias después de que pasé horas sin comer durante los tours y cuando probaba algo eran platillos a los que francamente no estoy nada acostumbrados.

Ahora que lo pienso la tensión que involuntariamente sentía era completamente injustificada, pero qué le va uno a hacer, Dios me dio el poder mutante de transformar mis problemas en retortijones y diarrea.

viernes, 22 de abril de 2016

Los mexicanos no nos reímos de todo, al contrario, somos amargados


"El mexicano se ríe de todo, incluso de la muerte", señala un dicho popular que usamos a la menor provocación para señalar con orgullo que en nuestro país somos vaciladores, dicharacheros, dueños de un gran sentido del humor y que siempre andamos con una sonrisa en la boca. 

Y saben qué, no es cierto. 

Solía ser de aquellos que presumía que en México hacemos chistes de todo y de todos, que nos gusta reírnos de nuestras tragedias y que hacemos de la vida una fiesta. Sin embargo, durante los últimos años he notado que hemos perdido (si es que alguna vez la tuvimos) esa capacidad de ponerle humor a las cosas. 

En esta ocasión me referiré particularmente a las redes sociales, que si bien no representan a la sociedad como tal, si son un termómetro que nos permite ver cómo andamos en algunos ámbitos. Y en lo que respecta al humor salimos reprobados. 

Twitter y Facebook son dos ejemplos de lo que quiero explicar: ¿Cuántos tuits o posts que leen a diario no son quejas? Y no me refiero a quejas contra alguna compañía que hace mal su chamba o algún político al que cachan en una movida, sino reproches contra lo que ha dicho o hecho otra persona y que las masas consideran como "políticamente incorrecto"

Recuerdo que cuando abrí mi cuenta de Twitter podía hacer cualquier comentario sin temor a que una bola de resentidos me critiquen por mi forma de pensar o por insensible. Ahora me la pienso dos veces antes de poner algún comentario que vaya en contra de lo "aceptado" por los demás. 

Para no ir muy lejos, me han odiado en las redes sociales por decir que...

- Los ciclistas a veces son peores que los automovilistas. 

- Peña Nieto no es el culpable de todos los males de la sociedad.

- Elena Poniatowska me parece una escritora sobrevalorada y que me cae gorda.

- Los normalistas desaparecidos de Ayotzinapan no eran unas blancas palomitas.

- En mi opinión Televisa no es el opio del pueblo.

- Nunca escuché a David Bowie. 

- Las películas de Tarantino ni están tan chidas.

- El feminismo en exceso es hartante.

Y así podemos agregar un grandísimo etcétera. Aunque procuro decir todas estas cosas con sentido del humor, pues total, el mexicano se ríe hasta de su muerte, siempre salen uno o dos ofendidos no tanto por mi forma de pensar, sino por cometer el atrevimiento de externar mi opinión. 

Y es que en privado somos capaces de opinar un montón de barbaridades, pero en sociedad queremos quedar como los seres más rectos y éticos. 

* * * * * 

La verdad es que andamos bien sensibles y todo lo vemos mal. Las redes sociales, y otros espacios en Internet están pasando de ser un lugar de libertad para convertirse en el espacio de las buenas conciencias, donde la ética de las masas y las apariencias son las que manda. Parece mentira que justo cuando más memes se comparten, es cuando más serios y aprensivos nos portamos. 

El sentido del humor es básico en una sociedad que aspira a desarrollarse. Basta revisar el humor que se maneja en Inglaterra o Estados Unidos donde, sin querer sonar muy malinchista, se ríen de si mismos y no tienen miedo de usar el humor negro como arma contra las propias injusticias sociales y del poder. No en vano dicen que la mejor forma de combatir al enemigo, a un poder mayor o al propio miedo es ridiculizándolo 

¿Por qué creen que en las dictaduras y formas de gobierno totalitarios una de las primeras cosas que se intentan controlar o restringir es al uso del humor? o ¿Por qué el humorismo de Héctor Suárez era tan celebrado? Pues porque mediante al humor se realizaba una crítica a la sociedad y sus problemas y no sólo nos hace reír sino también reflexionar.

* * * * *

En México, no obstante, vamos en retroceso y nos ofendemos por todo. Alguien hace un chiste de algún muerto famoso y los demás se ofenden y te tachan de insensible; realizas un comentario ingenioso contra el candidato de izquierda favorito del pueblo y automáticamente eres un vendido e instrumento del poder; haces algún chiste políticamente incorrecto y eres tachado de machista, homofóbico y/o racista. 

Y señores, estoy de acuerdo en que hasta el humor tiene límites, pero por favor no exageremos pues últimamente parece que ningún chile nos embona. 

Conclusión: Nos estamos volviendo unos amargados, por favor aprendamos a reírnos de nosotros mismos. Ya no hagan corajes, les va a hacer daño.

jueves, 24 de marzo de 2016

Bailo como Barack Obama


Hace unos 4 años, en este blog publiqué un post titulado Bailo como Luis Miguel, en donde puse un video del Sol intentando bailar música guapachosa en un bar, pero haciéndolo fatal. En cuanto vi esas imágenes pensé: Chale, bailo como Luis Miguel

Si quieren leer ese texto den clic aquí

Bueno, pues algo similar me pasó hace unas horas cuando me topé con un video de Barack Obama bailando Tango. En estos días el presidente de Estados Unidos realiza una gira por Argentina, y como parte de sus actividades asistió a una cena-baile-show de estado que se realizó en el Centro Cultural Néstor Kirchner. 

Durante el evento hubo una presentación de Tango a cargo de los bailarines Mora Godoy y José Lugones, quienes al termino de una pieza decidieron sacar a bailar a los Obama. Al ver que la bailarina se acercó a él, seguramente el presidente sintió el mismo pánico que experimentamos aquellos que tenemos dos pies izquierdos y nos vemos obligados a tener que bailar en algún evento social. 

Y es que Michelle Obama no tenía broncas. Al ser mujer lo lógico es que se deje guiar por su pareja de baile, en cambio, cuando eres hombre y no sabes bailar, no sólo quedas en ridículo tú, sino que de paso haces que tu compañera también se vea torpe. 

Aún así esto no intimidó a Obama quien después de decirle a la bailarina argentina que no sabía bailar, y ver que a ésta le valió la advertencia, decidió lanzarse al ruedo y hacerle al cuento. Al final, aunque el mandatario se veía un poco tieso y por momentos parecía que estaba luchando con su pareja de baile, podríamos decir que salió bien librado. 

Vean:


 

Soy muy fan del Obama bailador.

La verdad esa actitud aventada de Obama es toda una lección de vida que todos debemos aprender, sobre todos los que somos un desastre bailando y siempre sufrimos en las fiestas elegantes. Lo importante es agarrar a los toros por los cuernos, entrar en papel y ver qué pasa.

Tú hazle a la mamada, como Obama.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Tengo voz de pobre

La maldita tecnología vino a recordarme algo que ya sabía, pero que prefería ignorar: Tengo voz de pobre.

Sí, de pobre... 

En el post pasado les comenté que estoy empezando a usar mucho Snapchat, red social que entre sus encantos te permite compartir pequeños videos. Y ahí es dónde la marrana torció el rabo, pues cada que subo alguna grabación a esta u otra plataforma similar tengo que escucharme y el resultado me parece horrible.

Supongo que todos dicen lo mismo cuando se escuchan así mismos en una grabación de audio o video, pero en mi caso siempre ha sido algo que me conflictúa, pues según yo, cuando hablo y me escucho a mí mismo tengo una voz varonil y clara, hagan de cuenta como la de César Evora o Enrique Rocha, pero todavía más chida y con un toque juvenil. Lógico, cuando por azares del destino oigo mi verdadera voz me quiero morir.

Ahora que lo pienso, no sé cómo en algún momento tuve un programa de radio, pues de verdad escucharme me resulta intolerable y siento que doy pena ajena. 

Todavía recuerdo la primera vez que me confronté con mi verdadero tono de voz, fue en unas vacaciones de verano, cuando mi hermana y yo nos pusimos a jugar con una vieja grabadora. Me impactó mucho el descubrir que en realidad mi tono era de pobre. ¿Por qué de pobre? No lo puedo explicar, pero eso fue lo que me vino a la mente cuando me escuché.

Y así ese choque con mi voz real se ha repetido constantemente en vida, al grado de que prefiero no ver los vídeos o audios en los que hablo. Prefiero seguirme engañando y pensar que tengo una voz de galán de telenovela y no una voz gacha.

Puede ser que algún día acepte mi voz culera. Algo que no veo muy factible, pues si nunca me acostumbré a escuchar a Chabelo usando su verdadera voz (hasta sentía feo cuando lo hacía), qué les hace pensar que podré superar mi horrible registro vocal.

Curiosamente, lo que no hago tan pinche es cantar, o eso creo yo. Digo, tampoco debe pensarse que tengo mejor voz que Adele o Luis Miguel, de hecho soy bastante desafinado, pero al menos no me da tanta pena. 

Uno de mis planes en cuanto a redes sociales es comenzar a usar más las plataformas que permiten subir videos, como YouTube, Vine y Snapchat, y quizá eso contribuya a que finalmente acepte que hablo como pobre. De verdad, quiero pedirle una disculpa a la humanidad por contaminar el ambiente sonoro con mi voz horrible, neta perdón.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Snapchat (la red social de los chavos) y yo


Antes que otra cosa les pregunto: Y ustedes... ¿tienen Snapchat? 

Si su respuesta es sí, felicidades, están en la mera onda, actualizados con la tecnología y seguramente todavía están chavos. Si respondieron que no y no tienen idea de qué estoy hablando, entonces deben saber que ya dieron el viejazo. 

Snapchat es la red social que está de moda entre la juventud, y aunque actualmente no todos la usan verán que en un año habrá un boom de usuarios que la harán una de sus favoritas. 

Lo admito, el tema de las redes sociales me interesa mucho, de hecho, en cuanto sale una nueva red social lo primero que hago es registrarme. Ya después veo de qué se trata y si realmente me será útil. Siguiendo este método descubrí redes bien padres como Twitter, Instagram y Facebook, y porquerías como Peach o Pinterest. 

Esa curiosidad fue la que a mediados del año pasado me llevó a crear mi cuenta en Snapchat. Sin embargo no le entendí nada y por meses la dejé en el olvido. Hasta que hace unas semanas por fin le encontré el chiste y muy pronto se volvió una de mis favoritas. 

¿Y de qué trata Snapchat? se preguntarán aquellos que en su vida han escuchado hablar de ella. Bueno, justo ahí está el problema: Explicar cómo funciona no es tan sencillo. Lo mismo me pasó con Twitter, cuando emocionado le hablaba a alguien más de esa plataforma y no me comprendían. ¿Será que el aprendizaje en este tipo de redes es más didáctico? 

El chiste de Snapchat es que permite a sus usuarios compartir fotos o videos (de unos segundos de duración), los cuáles solamente estarán disponibles por un máximo de 24 horas. El propio usuario decide si el contenido que genera lo comparte con todos sus contactos o sólo con quienes él decida. 

Al principio esta red era usada por chavillos jacarandosos para mandarse fotos cochinonas o de encuerados, pero el sentido de Snapchat rápidamente cambió para volverse algo más divertido e inocente. 

Ah, y se me olvidaba mencionar que las fotos y videos pueden enriquecerse agregándoles texto, emojis, dibujos, filtros, efectos faciales, etc. 

¿No entendieron? 

La verdad no importa, pues de hecho la interfaz de Snapchat es muy sencilla -aunque muy diferente a la que manejan otras redes-, por lo que agarrarle la onda al principio puede ser un poco complicado pero esto es momentáneo. Dense un par de días y verán que le entienden. Además, otra de las características de esta plataforma es que tiene varios trucos que podemos ir descubriendo con el tiempo. 

Hace un momento comparé Twitter con Snapchat, en el sentido de lo difícil que es explicar su funcionamiento a otra persona ajena a esa red social, pues bien, creo que también pasa lo mismo con ambas en cuanto a crecimiento. Al principio pocos amigos tenían Twitter, y en un año muchos se fueron integrando. Espero que lo mismo pase con Snapchat. 

Y es que de momento no tengo muchos contactos en esta red pues la mayoría de mis amigos-conocidos-familiares aún no se acercan a Snapchat (salvo quienes sí están en onda y tienen el corazón joven), pero espero que poco a poco más gente se vaya integrando. 

De verdad está bien divertido, únanse, no se arrepentirán. Les dejó mi código pa' que me agreguen, a veces subo cosas cotorras... y a veces no.


jueves, 25 de febrero de 2016

Seguimos siendo los mismos


"¿Y qué dice la vida de casado?"...

Si me dieran 50 pesos por cada vez que alguien me ha hecho esa pregunta durante los últimos 4 meses ya me hubiera comprado un nuevo smartphone. Y es que después de que me casé en el pasado mes de octubre, parece que muchos piensan qué me convertí en otra persona.

Les voy a ser bien honesto, esa dichosa pregunta me tiene fastidiado. Y es que la idea de que uno cambia automáticamente después de que se casa me parece ridícula e injustificada, pero está profundamente arraigada en nuestra sociedad. No dudo que en efecto, haya quién se casa y se transforma en un señor aburrido, pero al menos ese no es mi caso ni el de Tania. 

Nos casamos y ambos sabemos que tenemos más responsabilidades, más gastos y más cosas en las cuáles preocuparnos. Ni hablar, así es la vida y ante eso no podemos hacer nada, aunque lo cierto es que no por ello nuestra forma de ser deba cambiar radicalmente. Seguimos siendo lo mismos que éramos hace cuatro, tres, dos años. Podemos evolucionar, sí, pero el "aseñorarnos" es algo que al menos por ahora no está en nuestros planes. 

Seguimos teniendo conversaciones tontas, entrenando para correr un maratón, viendo La Rosa de Guadalupe (nos parece el mejor programa de comedia del mundo), escuchando la misma música, visitando los mismos lugares. No hemos dejado de ir al cine, ni de usar nuestras redes sociales para cuánta tontería nos viene a la cabeza. Tanto nos gusta lo que somos que así queremos permanecer, con el corazón y el ánimo joven, inmune al paso del tiempo. 

Incluso todavía nos parece raro referirnos a nosotros mismos como "esposa" o "esposo"

Y a nivel personal ni qué decir, me ocurre lo mismo: No por estar casado dejo de ver los partidos del Atlante, de ponerme la playera de la Selección cuando juega o de actualizar este blog; sigo leyendo cuanto libro cae a mis manos, vistiéndome lo menos formal que puedo, escuchando podcasts vaciladores y viendo programas vulgares en la televisión. En fin, soy el mismo Gabriel de siempre, solamente que con un anillo en el dedo, la cartea más comprometida, y ya. 

Mi rutina, aunque no es igual, no dista de lo que era antes. Me levanto antes de que salga el sol y voy a trabajar, regreso a casa a comer, de ahí a entrenar y luego me encuentro con Tania por la noche. Es cierto, extraño a mi perro, a mi hermana, a mi mamá y a casa en la que crecí, pero todos eso sigue en mi vida, a unos cuantos kilómetros de distancia. 

Así que, por favor, la próxima vez que me encuentre con ustedes no me hagan la pregunta "¿Y qué dice la vida de casado?" (porque no dice nada ni me ha transformado). Tampoco me traten como señor. 

Dicen que crecer es obligatorio, pero madurar es opcional. Y yo elijo no madurar, todavía estoy chavo.

viernes, 19 de febrero de 2016

Pixie en los suburbios


De unos meses para acá me aficioné a escuchar podcasts, pues en ellos encuentro una forma de poder escuchar audios cuyo contenido es de mi interés, sin tener que pasar horas buscando alguna opción entretenida en la radio convencional.

Entre los podcasts que he descubierto y que escucho religiosamente, está el del HYP3, cuya temática es la cultura pop, trayendo semanalmente lo más sobresaliente en televisión, cine y música. Bastaron un par de capítulos para que me enganchara con esa propuesta y comenzara a estimar a sus conductores. Uno de ellos es Ruy Xoconostle, quien además de hacer podcasts, ha trabajado en varios medios de comunicación impresos y digitales, y ha escrito 7 libros. Además se ve que es a todo dar.

Cuando comencé a indagar sobre sus libros, me enteré de la existencia de la trilogía de Pixie, compuesta por las novelas Pixie en los suburbios (2001), La vida sin Pixie (2005) y Pixie y los románticos de clóset (2010). Entre más información buscaba de estos libros, más me intrigaban, pues quienes los han leído los califican como excepcionales, divertidos y sumamente emocionales. 

En conclusión, aquellas obras engloban perfecto a toda una generación. El problema es que conseguirlos no es tan sencillo, o al menos no del modo tradicional. En parte por eso, en sólo unos años estas novelas se volvieron de culto. Sin embargo, después de buscarle supe que los libros están disponibles tanto en Amazon, como en forma física (al menos Pixie en los suburbios) en la página del autor. No lo pensé dos veces y compré Pixie en los suburbios. Una semana después ese ejemplar llegó a mi casa, y sin saber muy bien de qué iba la historia comencé su lectura. Lejos estaba de imaginar que esa novela me volaría los sesos.

No es fácil explicar de qué trata Pixie en los suburbios pues su historia se encuentra ubicada en un universo muy peculiar. En su mayoría la trama transcurre en Ramos Arizpe (Saltillo) y en Monclova (Coahuila), en una realidad donde se paga en dólares, México y Estados Unidos forman parte de una rara unidad, hay grandes corporativos y tecnología de punta que conviven sin problema con elementos muy cotidianos de la cultura mexicana. En esta novela el lenguaje también tiene su propios recursos, pues recurre a varios términos geeks que varios amantes del cine y la cultura fácilmente identificarán.

Por lo anterior no debe pensarse que la lectura de Pixie en los suburbios es complicada para quienes no estén muy familiarizados con ciertas referencias, al contrario, su lectura fluye maravillosamente, tanto por la sencillez del lenguaje como por el vertiginoso ritmo que el autor le imprime a cada página.

Y por otro lado está el humor. Este libro está cargado de momentos hilarantes y diálogos llenos de ingenio, tanto que varias veces me sorprendí riendo durante su lectura. De igual modo hay escenas tiernas, románticas y reflexivas, todas conviviendo de forma natural en un mosaico bien balanceado. Todo esto demuestra que detrás de su concepción hay una creatividad desbordante al servicio del texto. 

El protagonista de la historia es Cuki Pirulazao, un veinteañero que es directivo de una importante empresa. Su vida rutinaria está llena de una soledad que aminora con los gadgets tecnológicos que compra, casi compasivamente, y con escapadas esporádicas a los pueblos cercanos o al cine. Y es precisamente en el cine donde conoce a Pixie, una chica inquietante que trabaja en ese lugar que lo cautiva casi al instante.

"Sentía que era viernes aunque no era viernes. Estás enamorado cuando estás con alguien y sientes que es viernes aunque no sea viernes".

Como el lector de esta novela podrá darse cuenta, la vida de Cuki constantemente está llena de giros inesperados y situaciones ilógicas, tanto que la vida se las ingenia para jugarle una mala pasada y hacer que termine casado con Midyet, hermana de Pixie. Este matrimonio se vuelve enfermizo y hace que Cuki se sienta asfixiado y termine tormando todo tipo de decisiones incorrectas que lo hacen hundirse aún más en la confusión. 

Mientras su vida se vuelve un caos, la figura de Pixie sigue mostrándose ante él, inmaculada y más bella que nunca. ¿Cómo salir de este embrollo bien librado?

Terminé la lectura de Pixie en los suburbios emocionado, alegre, feliz, esperando ansioso la nueva edición de La Vida sin Pixie, que de acuerdo a su autor saldrá este año. Por lo pronto no me queda más que recomendar esta gran novela de amor incompatible.

martes, 16 de febrero de 2016

Soy el pollo azul


Tania y yo somos fans de los Muppets. Bueno, más bien ella, yo nomás le hago al cuento. 

Hace tiempo estábamos viendo una película de estos curiosos personajes cuando de pronto apareció en escena un pollo azul gigante. 

La verdad a ese muppet ya lo había visto en otras ocasiones, aunque por su cara de pocos amigos sospechaba que siempre andaba de malas y que su personalidad es detestable. En fin, la verdad no contaba con mayor información sobre él. 


Fue entonces cuando Tania hizo un comentario en el que no había reparado: 

- Ese pollo azul es igualito a ti. 

Y entonces no supe si sentirme halagado, insultado o si de plano aquello era una extraña broma. Según ella tengo las cejas iguales, además de que su pico y mi nariz son muy similares. 

Chale... 

Durante los siguientes meses, cada vez que veíamos a ese ser emplumado en fotos, televisión o películas, ella seguía insistiendo en que ese muppet y yo éramos idénticos. Si bien al principio algo en su rostro duro me hacía pensar que era malo y poco agraciado, poco a poco le fui tomando cariño. Según Tania, cuando alguien me hablaba de cosas serias, como el pago de la hipoteca o cuando hacíamos planes de la boda, siempre hacía esta cara:


Luego nos enteramos que ese muppet en realidad no es un pollo azul sino un águila calva llamada "Sam el Águila"

Aunque mi personalidad sea más parecida a la de la Rana René (así le digo, esas mamarrachadas de Kermit no van conmigo), para mí el pollo azul dejó de ser un muppet más. 

La apoteosis de mi relación con mi muppet gemelo se dio cuando me enteré que Tania compró en Amazon un muñeco Funko Pop de Sam el Águila. Cuando el muñequito llegó a sus manos hasta yo me emocioné y me tomé esta foto:


La llegada del Funko de Sam el Águila detonó en mi dos cosas:

1. Quiero un muñeco Funko (sí, a pesar de que estos monos nunca me habían llamado la atención ahora quiero uno, ni siquiera sé de qué, pero debo comprarme uno con urgencia). 

2. Me volví fan de Sam el Águila. Si bien su personalidad no es la más llamativa y nunca resalta como los otros muppets, algo tiene que me inspira ternura. Es como yo, que detrás de la imagen de un hombre bien dado y varonil se esconde un ser de buenos sentimientos y de corazón puro. ¿Acaso la gente cuando me conoce piensa que soy demasiado serio y que estoy de malas. 

Ahora Tania se llevó el Funko del Pollo Azul a su oficina, dice que es para acordarse de mí. Por lo pronto cada día voy descubriendo más los paralelismos que hay entre Sam, el Águila y yo. 

Y es que Si John Lennon es la morsa, yo soy el Pollo Azul.

jueves, 4 de febrero de 2016

De cómo nos iba a golpear un fan gordo del Cruz Azul


Lo que están por leer una conmovedora historia de superación humana, una epopeya que sobrepasa los límites de lo increíble y que sin duda le dará una lección de vida.

(Bueno, no, la verdad solamente es la historia de cómo nos iba a madrear nos íbamos a pelear con un aficionado gordo del Cruz Azul, en las gradas del Estadio Azul).

El pasado martes fui al Estadio Azul con mi amigo Vázquez, su esposa y uno de sus amigos cuyo nombre no recuerdo (pero él sí se sabía el mío, qué oso). Bueno, estábamos ahí para ver el juego entre el Cruz Azul y el Atlante. Quienes me conocen saben que soy aficionado de toda la vida del Atlante, así que obviamente tenía que estar presente, sobre todo porque desde que mis Potros descendieron ya casi no puedo verlos en vivo.


El juego estuvo de mucha emoción y el Atlante logró, a base de mucho empuje, empatar el partido a un gol. Aunque nadie ganó, los aficionados traían una fiesta en las gradas y cuando llegó el silbatazo final todos estaban felices echándole porras a sus respectivos equipos. Entonces, en medio de la euforia vi a un chavo fresa y a su lobuki pasarle sus vasos repletos de cerveza a un fanático del Cruz Azul muy pasado de tamales, el cual los arrojó hacia donde estaba la porra del Atlante, mojando a varias personas que ni se lo esperaban.

Sí, como si fuera un animal, ese marrano monumental nomás porque sí le aventó esa bebida a otros aficionados. No fui el único que se dio cuenta de la mala onda del obesoide, pues un seguidor del Atlante que se encontraba cerca de él, agarró otro vaso de cerveza e hizo lo propio con el gordinflón. Aunque aquello fue una especie de justicia divina, el botijón no entendió eso de que "el que se lleva se aguanta" y empezó a echarle la bronca al atlantista.

En cuestión de segundos, el albondigón se abrió paso entre los demás aficionados para llegar hasta el seguidor del Atlante y golpearlo. De forma valiente éste no se amedrentó, al contrario, también comenzó a gritarle maldiciones. Todo estaba puesto para que esos dos terminaran liándose a golpes. 

(Aquí cabe señalar que todo este espectáculo de pena ajena yo lo presenciaba cómoda y tranquilamente desde mi lugar, ubicado filas arriba. Podría decirse que incluso hasta me divertía lo que sucedía).

La gente varias veces separó a los dos peleoneros, y aunque el panzón infame amagaba con retirarse, en más de una ocasión regresaba para seguir buscando bronca. Muchos de los presentes comenzaron a pedirle al balón con patas que ya se fuera, y entonces, de entre todos esos gritos alguien gritó "ya vete Peppa", en alusión a Peppa Pig, la cerdita que protagoniza unos dibujos animados para niños. El apodo me causó gracia, y nomás por cotorrear, mientras el mantecoso seguía echando pleito, comencé a gritar:

- ¡Peppa, Peppa, Peppa!

Algunos atlantistas que estaban a mi alrededor se me unieron y comenzaron a gritar lo mismo...

- ¡Peppa, Peppa, Peppa!

Todo era risa y diversión hasta que giré la cabeza y vi que a unos metros de donde estaba un sujeto con cara de maleante me miraba con odio. Resulta que ese tipo era amigo del marrano y al parecer no le causó gracia el griterío que inició por mi culpa. 

- Chin, ya valió madre. 

... pensé cuando vi que el cara de maleante se acercó a mí y comenzó a reclamarme. 

Mi amigo Vázquez se puso loco y también le respondió con majaderías. Entonces el maleante tomó el vaso de cerveza que tenía en la mano y se lo arrojó con fuerza. Para fortuna de Vázquez el proyectil no impactó en él, sino en la cara de su amigo cuyo nombre no recuerdo, quien ni deberla ni temerla terminó llevándose el trancazo. 

Esto hizo que Vázquez, su amigo de cuyo nombre no me acuerdo y el sujeto con cara de maleante se pusieran más locos, para colmo en ese momento el marrano aficionado del Cruz Azul iba subiendo hacia dónde estábamos y amenazaba con también unirse al pleito. Viendo la gravedad de la situación la esposa de Vázquez se alejó y yo hice lo que cualquier hombre valiente y buen amigo haría... hacerme güey. 

Fueron unos segundos tensos en los que vi pasar mi vida: Me imaginé pasando la noche en los separos, golpeado, con mi playera del Atlante rota, un diente menos y los ojos morados. Por supuesto en cuanto mi esposa se enterara de lo ocurrido seguramente me prohibiría regresar a un partido de futbol. 

No sé cómo pero al final ya no pasó nada. El pedazo de cebo y su amigo maleante se fueron retirando (por supuesto, mentando madres y lanzando amenazas hacía Vázquez, su amigo desconocido y un servidor. Cuando íbamos saliendo me puse mi sudadera roja por si el puercote y su cuate regresaban o nos topábamos con ellos más adelante. 

Una vez afuera del estadio me fui como alma que lleva el diablo, subí a mi auto e inmediatamente me marché a mi casa. Sí, lo sé, me vi bien maricón, pero preferí eso a terminar como Santo Cristo, pues esos dos sujetos tenían la pinta de ser personas violentas, de esas que gozan rompiendo narices. 

Aquí un video de esa noche, es de cuando el Cruz Azul le metió gol al Atlante. En algún momento se ve al amigo cara de maleante (bueno, creo que es él, no estoy muy seguro) haciéndole bullying a un aficionado atlantisa:


Escribí este texto para dejar testimonio de lo fácil que es hacer que en un estadio las cosas se salgan de control y de la nada se detone la violencia. 

También quiero aprovechar este espacio para decirle al cerdonio y a su cuate cara de maleante que se salvaron de recibir una paliza.