sábado, 25 de febrero de 2012

Un viernes contigo

La aventura de mi vida se conforma por pequeños por pequeños pasajes como el de este viernes, nuestro viernes.

Mañana
Son las 4:40 de la madrugada. Soñaba contigo cuando me despierta la alarma del celular. Mi viernes contigo inicia sin ti, cuando hago intentos sobrehumanos por levantarme de mi cama. Le gano la batalla a Morfeo y su necedad de retenerme entre sus brazos cuando descubro que el fin de semana ha llegado, y sobre todo, cuando recuerdo que estoy a poco más de una hora de verte.

Levantarme, rasurarme mal, tender mi cama y bañarme son pasos que me van aproximando de a poquito a ti. El reloj marca las 6 de la mañana cuando enciendo el auto y salgo en tu búsqueda.

Doce minutos después te espero afuera de tu casa. Cuando veo que sales quito mi programa matutino de tonterías en el radio y pongo las noticias, pues es lo que te gusta. Apareces vestida de forma casual pero impecable, pues los viernes te permites no ir de manera formal a tu trabajo.

La media hora de camino se pasa volando entre nuestras pláticas. A diferencia de otras veces hoy decides no dormirte en el trayecto.
Después de estacionar el auto en la calle te acompaño al edificio donde está tu oficina. Compramos un café y me despido de ti. Son las 7:10 de la mañana. Te veré en unas 8 horas. Con una sonrisa a causa de empezar el día escuchando tu voz, me voy caminando a mi trabajo, que está a un par de calles de distancia.

Apenas un par de calles nos separan. A las 9 de la mañana esa distancia parece nada.
Te pienso y te siento sentada a mi lado. El amor debe ser esa capacidad de poder traer junto a ti el alma de la otra persona con sólo pensar en ella.

Tarde
Cuando finalmente terminé mi jornada laboral son las 3 de la tarde. Regreso al edificio en el que trabajas. Mientras espero a que salgas me tomo un frappé de chocolate blanco. Entonces me llamas para decirme que no tardas en bajar. Ese pequeño detalle hace la diferencia y convierte un instante normal en un perfecto ecosistema en el que todo tiene razón de ser.

Hay veces en las que no percibimos al aire. Si no sopla fuerte o se vuelve frío pensamos que no está ahí. A pesar de olvidarlo la mayor parte del tiempo lo necesitamos para subsistir. El aire lleva oxigeno, sin oxígeno no existimos. Quiero ser tu aire. Mi corazón es el oxígeno, que deseo, se te vuelva necesario para vivir. Estar siempre, aunque a veces no me veas.

Entonces apareciste. Y deje de escribir para concentrarme en ti.

Pasamos por tus amigas. En el camino hablabas alegremente con ellas. El sólo hecho de haberte escuchado contenta mientras manejo me hace bien. A las 16:30 te dejo en un barcito de Coyoacán. Me gusta saber que esta tarde la pasarás entre amigas. Te rodeas de personas buenas y eso sólo confirma tu calidad humana. Con el alma en paz regreso a casa, donde aguardaré un rato para volver a encontrarnos en la noche.

Intento dormitar en un sillón. Aun en mi estado semi inconsciente vuelves recurrentemente a mi mente.
Algo hace que no pueda dejar de estar atado a ti. Jamás había estado tan unido mentalmente con alguien. Cada uno de mis sentidos se prolongan hacia los tuyos... sentir que sentimos lo mismo, pensar que pensamos igual. Soñar y despertar para darme cuenta que el sueño es real.

Y suena el teléfono...

Noche
A las 19 horas me llamas para decirme que tu reunión no solamente se pospuso, sino que además la convertiste en una mini fiesta. Hablaste con varios de nuestros amigos y nos veremos en aquel bar donde unas horas antes te dejé. Uno pone, Dios dispone, llegas tú y lo recompones. Amo esta capacidad tan tuya de darle un giro a los planes y convertir un día normal en una celebración. Como puedo me aplaco el almohadazo del cabello y me quito las lagañas.

Una hora después ya estoy contigo. En el lugar ya se encuentran varios de nuestros amigos. Y ahí estás, charlando con todos, riendo. Eres el alma de la fiesta y también eres mi chica. En medio de risas escucho de tus amigos varias anécdotas sobre cómo eras en la universidad. Y mi admiración hacia ti crece. Siempre has tenido esa capacidad de caerle bien a la gente y volverte parte especial de sus vidas. Aunque me hubiera encantado conocerte en esa época, creo que los tiempos del destino son perfectos, y llegaste en el momento ideal. Sin saberlo
te buscaba desde quién sabe cuándo.

Yo que no suelo figurar en estos ambientes nocturnos me la pasó bien contigo. Me basta un poco del brillo que emite tu luz para brillar en cualquier lugar.

Poco después de que el viernes se convierte en sábado nos despedimos de los demás y emprendemos el regreso a casa. El cansancio te vence y caes rendida. Manejo, pero de reojo te veo dormida. No imagino mayor forma de terminar la jornada. Me das una profunda paz.

A la 1 de la mañana te dejo en tu casa. Medio dormida te despides. Treinta minutos después estoy en mi cama, dispuesto a continuar mi sueño contigo, ese que despierto o dormido nunca acaba. Así es un viernes contigo, un pequeño fragmento de
la historia que compartimos.



*** Este texto fue escrito en tiempo real mientras iban ocurriendo las particulas de nuestra vida juntos.

1 comentario:

Alan Piña dijo...

Todo un caballero usted, buen blog, y muy buen articulo, me gusto mucho sigue asi.