martes, 3 de julio de 2007

La primera vez que me drogué

Escribo estas palabras frente a mi computadora, y debo confesarlo, estoy drogado. La verdad, siempre sentí curiosidad, y por fin, esta tarde el destino me dio la oportunidad de tener la experiencia.

Fue con gasolina, y la verdad no es la gran cosa. Digo, me siento mareado, como en otro mundo. Me lloran los ojos, la cabeza está a punto de estallarme y todo me da vueltas. A ratos todo me da risa. Después me quedo mirando al horizonte con la mente en blanco en medio de una paz total. Los sonidos a mi alrededor se multiplican y me da la impresión de que tengo los cinco sentidos más alerta que de costumbre. Intento hablar con mi hermana y pierdo el hilo de la conversación. Pensé que sería mejor y no como estar enfermo y con calentura.

La verdad es molesto. No me siento bien, al contrario. En estos momentos hasta escribir se me hace más difícil de lo normal. No logro concentrarme, y hasta hilar un par de palabras con coherencia en este texto me está costando un esfuerzo gigantesco. Me siento lento, espeso, tonto... Si esto es estar drogado, francamente no le veo lo maravilloso ni adictivo.

Antes de que mis amigos, familiares, conocidos y lectores comiencen a preocuparse de más déjenme explicarles el por qué de mi situación: No estoy así por gusto, es más, siempre he opinado que caer en problemas de drogadicción es la peor estupidez que uno puede cometer en contra de sí mismo. Para mí las adicciones son el sinónimo de estar muerto en vida, prisionero de una fuerza demoníaca incontrolable.

Entonces ¿por qué estoy así? Por idiota, la verdad. Sucede que hace un par de horas mi hermana llegó caminando a casa. Lo raro es que en la mañana se había llevado el coche. Al preguntarle por el auto me respondió que se le había detenido en la esquina de mi calle, así que inmediatamente salí a ver si podía ‘echarlo a andar’. Intenté arrancarlo y nada, apenas daba unos brinquitos que me hacían pensar en problemas de la batería. Apenado por mi falta de conocimientos sobre mecánica automotriz, empujé el auto hasta la entrada de mi casa, resignado a que al otro día a primera hora llamaría a un mecánico para que encontrara y arreglara el problema.

Estaba a punto de cerrar el auto cuando me di cuenta que el auto (imbécil de mi) no tenía gasolina. De inmediato hice memoria y recordé que desde el domingo pasado el nivel de combustible ya estaba en reserva y ningún miembro de la familia se molestó en recargar el tanque.

Solucionar el problema, pensé, sería facilísimo. Tomé un botecillo de plástico y caminé hasta la gasolinera más cercana. Media hora después regresé a casa dispuesto a arreglar el problema cuanto antes. Abrí el tanque de gasolina y me di cuenta que sólo podría insertar la gasolina con un trozo de manguera. Busqué y sólo encontré una viejísima y llena de polvo. Con mi navaja suiza de los scouts corté un pedazo y lo lave bien.

Sabía que lo que seguía era meter una orilla del conducto de plástico en el envase con gasolina, inhalar con la boca desde otro extremo y rápidamente depositarlo en la entrada al tanque del vehículo. Se supone que así es, pues en infinidad de programas y caricaturas lo he visto. Parecía tan fácil, pero tan fácil, que hasta un estúpido podría hacerlo sin problema alguno. Bueno, cualquier estúpido menos yo.

Mi primer intento fue el peor. No calculé bien y terminé por dar una profunda bocanada a los gases que por naturaleza desprende la gasolina. No conseguí que el combustible subiera pero si que el vapor tan oloroso y penetrante llegará hasta el último resquicio de mi cerebro. Desde ahí me empecé a sentir mareado.

Enojado lo intenté por segunda vez. Esta vez aspiré más fuerte, tanto que la gasolina subió tan deprisa que buena parte de ella terminó dentro de mi boca. Y déjenme decirles, sabe horrible. No la tragué, pero la sensación y los fuertes olores del líquido hicieron que éste segundo ‘golpe’ fuera más intenso que el primero. Eso sin contar, claro, que toda mi ropa terminó llena de gasolina.

Resignado a mi fracaso, opté por vaciar el contenido del envase plástico en el otro extremo de la manguera. A causa de mi alterado estado de la conciencia tiré más de la mitad en mis manos, mi ropa y el suelo, además de que el vaporcito de gasolina impregnaba el aire a mi alrededor. Tardé varios minutos así, hasta que los cuatro litros se terminaron. Cerré el tanque, encendí el auto y para mi alivio, el motor arrancó a la primera.

Guardé todo. Entré a mi casa y me recosté en la sala. Bastaron un par de minutos para que todo a mi alrededor careciera de sentido. Entré en un viaje de sensaciones tan extrañas y desagradables que inmediatamente me dio miedo. Por eso, luego de recorrer la casa sin explicar qué diablos me está pasando decidí sentarme y escribir.

Ya pasó casi una hora y aunque aun me siento ausente y atontado, el efecto poco a poco va pasando. Mis manos aun apestan a gasolina, pero mi cerebro comienza a permitirme raciocinios más elaborados. Algunos adictos dicen que se drogan para escapar de los problemas cotidianos y relajarse. Pues bien, yo en esta hora y quince minutos no he encontrado paz. Al contrario, estos ‘síntomas’, temblores y ansiedad no me hacen sentir nada bien; y mucho menos, me dan ganas de volver a repetirlo.

No fue mágico. Me la hubiera pasado mejor lavando el baño.

12 comentarios:

Pamela dijo...

de las experiencias se aprende.
un beso y no lo hagas mas que por lo visto no te permitia al escribir por lo tanto TE PROHIBO!

Jorge Atarama dijo...

Para la próxima un embudo a la mano, no vaya a ser que te empiece a gustar y te vuelvas adicto a la gasolina, eso le pasó a Bush que carcomido por su adicción a la gasolina e incluso a un nivel mayor: todo derivado de petróleo, empezó a actuar sin importarle nada e invadió Irak sólo para poder mantener su adicción. ¿Ves el riesgo? Cuidado no lo vuelvas a hacer hazlo por el bien de tus lectores que quieren seguir disfrutando tus escritos.

Gonzalo Del Rosario dijo...

Oe pero pucha nunca he probado gasolina . . . recuerda lo que me dijo un gran amigo . . . "si vas a drogarte que sea de manera natural, o sea nunca te vayas a meter productos procesados químicamente" . . . no creo que alguien en su sano juicio vaya a querer inhalar los gases de la gasolina para darse un viaje . . . vamos, eso no es estar drogado, lo que te pasó es como si por error hubieses golpeado a un toro y éste te embistiera, entonces te deja cojudo mas no drogado.

Karen dijo...

Jajajajaja
No puedo dejar de reir =)
Que experiencia tan traumática, amigo, porque hiciste eso.
Yo nunca e probado drogas, a menos que la sobredosis de los medicamentos lo sean xD una vez estuve tentada en segundo de secundaria, pero a la final los chicos no me avisaron y lo hicieron sin mi =( jajaja
La próxima fíjate bien en esa cosa que muestra el nivel de gasolina. Para evitar otra recaída jeje

Besitos!

gabriel revelo dijo...

pam: tus deseos son ordenes, tú puedes prohibirme lo que quieras.

jorge: ni Dios lo mande!!!! antes me suicido que acabar como Bush, eso si sería una desgracía (no para mi, para el mundo. ya con uno tenemos suficiente).

gonzalo: en méxico a veces los niños y jovenes muy pobres utilizan la gasolina para drogarse. obviamente, los efectos son devastadores.

karen: no lo hice por gusto, fue un error...

gracias a todos por sus comentarios. la verdad todo este asunto solo quedará en una anecdota, pues amo demasiado mi vida como para tirarla a la basura.

giovanna dijo...

las drogas dan amnesia y otras cosas que no recuerdo...
{woody A.}

Enakam dijo...

Si el recipiente que contiene el combustible es pequeño, es decir 4 litros o menos, colocas la manguera en él y el extremo más bajo lo colocas en la toma del tanque de combustible de tu auto, luego soplas dentro del recipiente al lado de la manguera tapando con una mano alrededor para que así la presión dentro del recipiente aumente y verás como el combustible baja por la manguera.

Suerte para la próxima!

Saludos!

Pamela dijo...

jaja okok, gracias por hacerme caso un beso

Anónimo dijo...

Prueba con la Premium tiene mas Octanos jajajajajajajajaj

Esta genial la forma en que escribes .

Saludos y Felicidades por este Don.

Raul Elias el anonimo.

gabriel revelo dijo...

Gracias Raúl... ¿eres el de la prepa del idb?

keiSha dijo...

¿Porque no te metiste a bañar después de tremenda anécdota?

=S

Yo por eso ni carro tengo xD jeje

Saludos

gabriel revelo dijo...

keisha: vieras que no tenía la capacidad de plantearmelo je je... no lo sé...