domingo, 18 de diciembre de 2011

Por el puro gusto de volverte a ver


Mi cena de graduación de la Universidad fue un 17 de diciembre del 2004. Justamente siete años después me volví a encontrar con varios compañeros y amigos con los que durante mi carrera compartí clases, fiestas y locuras. Dicen que el tiempo pasa y no perdona. Por fortuna a nosotros nos permite vernos como si todo éste tiempo sin vernos hubiera sido un suspiro. En esencia seguimos siendo los mismos.

Desvelado y jodido. En estas condiciones intento escribir éste post. Ya no estoy para éste tipo de fiestas ni para llegar a casa hasta las 7 de la mañana. Sin embargo valió la pena. Siempre será un gusto reencontrarse con la gente que se aprecia y descubrir que hay lazos tan fuertes que ni la distancia ni los años pueden quebrar.

- Gabriel, estás igualito, no has cambiado. Me dijo una amiga cuando me acerqué a saludarla. No sé que tanto lo haya dicho por compromiso o si en verdad me he conservado. Quizá esté más gordo, un poco arrugado y ya no tenga la jovialidad de antes, pero intento que el interior de mi corazón permanezca lo más incorruptible posible. Incluso sigo sin saber cómo o qué hacer cuando me ponen a bailar en las fiestas.

No sé cómo me vieron los demás, pero yo percibí a todos como si 7 años en realidad hubieran sido un segundo. Las mismas risas y personalidades de antaño. La misma camarería, las mismas miradas cómplices, el mismo sentimiento de estar en familia al platicar o abrazar a esos que por mucho tiempo fueron tus aliados en la batalla. Ya no corrió como antes el alcohol. Tampoco fue una jornada maratónica de baile o de ver quién se ligaba a quién. Más bien fue una celebración por el puro gusto de compartir de nueva cuenta el mismo espacio. Porque al juntarnos redescubrimos quienes fuimos y recobramos fuerzas para seguir adelante.

Quizá nuestros temas de conversación hayan cambiado un poco. Ahora el futuro parece mucho más importante que la inmediatez del presente, ese que tan seductor nos parecía hace años. La noche se nos fue mezclando recuerdos de lo vivido con ponernos al día con nuestras vidas. Y hoy, casi veinticuatro horas después del reencuentro sólo puedo decir que 'vaió la pena’. Fue un placer hacer éste breve viaje a mis días universitarios y sonreír al saber que esos recuerdos están más vivos y presentes que nunca. Por los que fueron a la reunión, por los que no pudieron ir pero no por eso se van de la mente, por todos los que conformamos el mismo destino y que en parte son los culpables de lo que hace y piensa éste que hoy escribe. Gracias generación UVM Ciencias de la Comunicación, generación 2000-2004.

Vuelvo a brindar por ustedes.



2 comentarios:

Rodrigo Contreras dijo...

Muy buena crónica, coincido. Un abrazo!!

gabriel revelo dijo...

Un abrazo Rodrigo, un gustazo haberte vuelto a ver esa noche. Saludos!