sábado, 28 de febrero de 2009

Quiero ser millonario


En medio de mi depresión a causa de la crisis financiera, fui al cine. Sabía que ir a ver "Quiero ser millonario" (Slumdog Millionaire),la película más galardonada en la última entrega de los Premios Oscar daba cierta garantía, pero la sensación que sentí un par de horas después, al salir de la sala del cine, rebasa todas mis expectativas.

De vez en cuando llegan obras así, capaces de tomarlo a uno por sorpresa y robarle cuanta sensación posee. Reír, emocionarse, llorar, conmoverse, enamorarse. Por todo eso y más nos lleva el tobogán cinematográfico de esta película que por dónde se vea es perfecta. Empecemos por la historia, que por cierto se desarrolla en la India. Jamal Malik, un humilde trabajador de un Call Center participa en un programa de concursos en el que, sin aparente explicación, comienza a ganar una fortuna; situación que levanta las sospechas de las autoridades que no creen posible que un individuo común y corriente tenga la capacidad de responder correctamente a las complicadas preguntas del certamen. El planteamiento, aunque simple, termina desarrollándose en tantas vertientes como posibilidades tiene él aquí y ahora, osea, un infinito.

La vida de Jamal, por si misma, es capaz de llevarnos de la mano por la historia contemporánea de la India y nos muestra una visión más cercana de lo que realmente pasa en el interior de ese país. Además de una crítica a la corrupción, a las mafias callejeras y a la explotación infantil, “Quiero ser Millonario” es ante todo, una historia de un amor raro pero que nunca se da por vencido. Es en este contexto en el que la película alcanza sus tonos más altos y nos habla de tú. Al final la premisa no es conseguir o no el premio millonario, sino sujetar con fuerza a un amor que se vuelve escurridizo y que de tan esporádico ni siquiera existe la seguridad de que se le pueda llamar así.

Latika es el nombre de la que para Jamal es “la mujer más bella del mundo”, adjetivo que uno da por cierto conforme se va sumergiendo en una historia de opción múltiple en la que la casualidad y las cosas escritas por el destino se cruzan una y otra vez de forma engañosa. Al final el dinero es una causa de una carrera loca por vivir.

La obra maestra de Danny Boyle es aderezada por una producción impecable, que lo mismo deslumbra al cinéfilo con tomas de los suburbios de Bombay que con los modernos edificios de la India de nuestros días; y por un casting compuesto por actores hindus debutantes y sin experiencia, pero ideales para darle el rostro y ritmo alucinante a “Quiero ser millonario”.

Va a ser prepotente, me saldré de mi estilo y seré imperativo: les ordenó que vayan y la ven, háganse el favor de emocionarse o angustiarse, rían e indígnense, tengan las mismas ganas incontrolables que a mi me invadieron de visitar la India y ante todo, vivan el beso de los protagonistas en la gran pantalla mientras lo sienten como suyo...
... y únanse a la fiebre.

miércoles, 25 de febrero de 2009

Afortunado en las papas, desafortunado en el amor

Hoy fue un día especial. Después de tenerme medio abandonado la suerte se acordó que existo y me sonrió de forma un tanto curiosa. Hay tienen que estaba el Gabriel Revelo ‘dizque’ trabajando en la oficina. Cerca de las 11 de la mañana el hambre comenzó a manifestarse: había llegado la hora de desayunar.

Como buenos empleados clase medieros (tirándole a jodidones), tenemos la nada saludable costumbre de que la comida chatarra sea la base de nuestra alimentación. Tras un esfuerzo considerable logramos sonsacar a mi amigo Ángel para que fuera al ‘Súper’ (¿por qué les llaman así?) y nos trajera nuestros sagrados alimentos. Mi pedido consistió en una Coca-Cola en lata fría y unos Doritos Pizzerola.

No habían pasado cinco minutos cuando el buen Ángel me marcó, ya desde la tiendita más cercana, diciéndome que no había Doritos Pizzerola. Le pedí entonces unos Chettos Poffs. Tampoco había. Y ahora, ¿qué frituras comería? Escuché atento la variedad de botanas que sí tenían y me decidí por unos Fritos sabor limón y sal. Al llegar los encargos de papitas y refrescos mi apetito era tanto que ni tardo ni perezoso abrí mi bolsita y empecé a comer. De pronto sentí en el interior un paquete de plástico cuya textura contrastaba con la de los fritos. La saqué y la emoción me embargó: había un billete de veinte pesos perfectamente doblado.


Recordé que Sabritas tiene la promoción de regalar dinero en efectivo dentro de sus productos. Uno suele ir por la vida escuchando sobre dinámicas y sorteos en los que se anuncian premios millonarios, pero que se sienten irremediablemente lejanos y hasta ficticios. Media oficina se dio cuenta de mi fortuna pues me fue imposible dejar de sonreír y actuar efusivamente. Ya que más o menos había superado el trauma de haber sido el ganador de veinte pesos seguí comiendo y la sorpresa volvió corregida y aumentada cuando otro paquetito de plástico hizo su aparición dentro de mis Fritos. Otro billete de veinte pesos en la misma bolsita de frituras. ¿Qué había hecho para merecer algo así?


En menos de cinco minutos gané 40 pesos. Un promedio de ingreso mucho más alto del que ganaría trabajando en el mismo tiempo. Si bien no es una millonada, esos dos billetes regalados nadie los despreciaría. Podría comprarme cualquier cosa y dejar el asunto como una mera anécdota, pero prefiero invertir el dinero en algo especial. Puede que sea una hipótesis media tonta y sin fundamento alguno, pero algo me dice que la suerte llama suerte. Esos dos billetes, creo yo, de alguna manera deben de estar cargados de algo especial y obviamente no los voy a gastar en la primera chuchería que viera.

¿En qué debo gastar esos 40 pesos mágicos? He pensado varias opciones:

- Comprar un billete de lotería. Quién quita y me vuelvo un magnate seductor.
- Gastar en más frituras con la intención de triplicar mi fortuna (y mi estomago).
- Cambiarlos por unos frijoles mágicos que en la noche germinen y me lleven hasta el castillo de un gigante.
- Comprarme un yoyo, volverme un maestro experto y recorrer el mundo dando demostraciones.

¿Alguna otra sugerencia?
Por lo pronto los billetes siguen envueltos. La fortuna está de mi lado.

sábado, 21 de febrero de 2009

Encuentros en el Palacio


Lo confieso, estoy molido. Cansadísimo, ojeroso y con dolor de cabeza. Haciendo un esfuerzo enorme por no caer dormido mientras escribo. Apenas van tres días y ya no puedo ni con mi alma… aún así, no me perdería la semana de locura que me espera y que sé, me dejará peor. Es el justo y siempre módico precio a pagar, cuando uno, amante sin remedio de la literatura, cae preso en la vorágine de una Feria Internacional del Libro como la del Palacio de Minería.

Desconozco cuántos años llevo dándome cita en aquel recinto del Centro Histórico de la Ciudad de México, pero ha sido el suficiente para saber que la última semana de cada mes de febrero nada que no sea la FIL de Minería tiene cabida en mi agenda. No sólo es ir y comprar un montón de libros, asistir a conferencias o toparse entre sus pasillos con intelectuales y escritores de renombre. La verdadera esencia de la feria es que la literatura cobra vida y se vuelve capaz de respirarse. Es como una droga. Un impulso que reafirma sueños y desvanece los imposibles. En estos momentos no existe para mi mejor lugar en el mundo.

El ritual diario es el mismo: hallar la manera de llegar lo más temprano que se pueda e irme hasta que el lugar esté casi vacío. Comer, dormir o trabajar, oficialmente, se convierten en funciones innecesarias hasta nuevo aviso.

Por eso no cedo al cansancio y me repito que no puedo perderme ni uno sólo de los días venideros. Porque si en 72 horas he visto ya a Denis Merker, Guillermo Arriaga, José Emilio Pacheco y a Carlos Monsivais, entre otros, los demás días pintan para ser una locura. No queda de otra más que disfrutar el encantamiento antes de que llegue a su fin el 1 de marzo, fecha en la que la aburrida rutina vuelva para reclamar su lugar habitual.

Mientras tanto no me despierten. Abran paso, voy a pasar raudo y veloz para absorber todo lo que me sea humanamente posible. Éste texto debería ser más amplio y estar mejor escrito. Pero no tengo tiempo… al menos no mientras dure la FIL. Si me necesitan estaré en el Palacio de Minería, perdido entre montañas de libros.

XXX Feria Internacional del Palacio de Mineria
18 de febrero al 01 de marzo de 2009
11:00 – 21:00hrs


Mi encuentro con José Emilio Pacheco

Mención aparte merece mi encuentro contigo esta tarde. Por todos es conocido tu desagrado a los micrófonos y las conglomeraciones que según tú, no mereces, y sin embargo, hoy nos regalaste una de esas experiencias inolvidables. Gracias por habernos leído, antes que a nadie, unos poemas de tu nuevo libro y por habernos hecho cómplices en la elección de su título. Por tu amabilidad y sencillez. Aun no sé cómo le hice para, después de tu conferencia, colarme al área de prensa junto con otros 15 afortunados para conversar un poco más contigo. Si no fuera por la foto que me tomé contigo y con tu amada Cristina; y por el libro que me autografiaste seguiría sin creérmelo. Si como novelista y poeta eres único, como persona eres único.

Que ganas de prolongar el momento en el que cada una de tus palabras fue una enseñanza.





miércoles, 18 de febrero de 2009

El disco que me salvó la vida


Todos tenemos nuestros discos favoritos, aquellos cuyas canciones pueden detonar un sinfín de sensaciones. Cualquier atmosfera es posible cuando nuestro oído y corazón se conectan por medio de música. Alegría, tristeza, alucine, descontrol, misticismo, reflexión, pasión, sensualidad y incluso odio. Precisamente sobre ese último sentimiento versa este post.

De todos los álbumes que se han robado el derecho de ser considerados esenciales en mi vida, hay uno que no trata sobre el amor, sino sobre el dolor y sentimientos vengativos que éste puede llegar a tratar. Ese disco lleva por título “Para ti con desprecio” (2005) y fue el tercer disco de estudio de Panda, exitosa banda regiomontana de la escena rockera mexicana. Fue con esta producción, totalmente diferente a sus dos predecesoras, con la que la agrupación alcanzó éxito y notoriedad a nivel nacional en parte gracias a la identificación del público adolescentes con las letras.

Una de las muchas particularidades de “Para ti con desprecio” es la de ser un disco monotemático, circunstancia cada vez menos común en el mundo de la música. Cuenta la leyenda que la idea y conceptos del disco surgieron después de que Pepe, líder y vocalista de la banda, sufriera una significativa decepción amorosa y al decidir plasmar todo su coraje y frustración en una carta que nunca envió, y a la que decidió transformarla en un grupo de canciones que a la larga se convertiría en un material conceptual en el que desde el arte del disco (fotografías rayadas y rotas de una supuesta ex novia), los videos y hasta el par de descansos entre canciones son importantes.

De haber sido otra mi situación a finales de aquel 2005, probablemente mi relación con “Para ti con desprecio” habría sido diferente. Sin embargo, el desamor por una fuerte decepción amorosa que casi me cuesta la cordura, aunado a una fuerte depresión a causa de la soledad y confusión que en ese entonces padecía hicieron que toda mi rabia, tristeza y odio hacia lo que por esos días era mi vida encontrara una válvula de escape en los 15 tracks que literalmente, retrataban mi frustración.

Cualquiera podría decir que esas canciones no harían más que fortalecer toda la carga negativa contenida en mi percudida alma. No fue así. Cada que escuchaba el disco (se me volvió una obsesión) una pequeña catarsis tenía lugar y de a poquito me fue sanando el corazón y, démosle ese nombre, me regresó la razón. El mismo Pepe asegura haber tenido ese proceso al grabar el disco y posteriormente interpretarlo en las diferentes presentaciones que el grupo tuvo en los meses venideros.

“Cuando no es cómo debiera ser” fue la primera que escuché. Fue como un trance pensar ‘esa canción habla exactamente de lo que pienso en estos momentos’. No pasó una semana sin que ya tuviera el disco.





“Disculpa los malos pensamientos”. Muy literaria y fuerte. A veces peca de cruel y sin embargo, dentro de sus letras, aun se puede percibir un dejo de ternura.





Aunque cada canción merece su propio post, siempre será preferible abordar éste disco como una totalidad en el que la crudeza y descaro de sus letras se acompañan con la siempre estridente fuerza de guitarras eléctricas y baterías. Que mejor ejemplo de lo anterior que 3+1, canción que hasta la fecha puede hacerme vibrar y dejarme sin garganta cada que al escucharla la canto pues, faltaba más, forma parte de mi existencia. Por eso no creo exagerar al afirmar que ese disco fue confeccionado a la medida de quienes como yo, algún día por desgracia descubren que el amor no es color de rosa ni mariposas en el estomago. El amor tiene su lado obscuro, ese en el que los buenos deseos simplemente son el rastro y principio de un odio obsesivo en el que el objeto de nuestro afecto de vuelve el pararrayos de nuestra ira.

A tres años de aquellos días puedo decir que la operación limpieza funcionó. Aun así, esa carta que muto inteligentemente en disco llega a mis oídos con más frecuencia de lo normal. Un álbum así no se cuenta, se vive, se siente, se disfruta y a la distancia, para qué negarlo, se sufre. Quisiera insertar cada una de las canciones pero mi blog es celoso y me pide que no viole su esencia.

“Llévame colgado a tu garganta como una medalla. Me estiraré mucho, me encanta verte ahogándote. Tu piel se hace azul y no te ves tan mal”

domingo, 15 de febrero de 2009

El cuento más breve del mundo

Cuando despertó, el dinosaurio seguía allí. Tal es el contenido integro del cuento “El dinosaurio”, considerado el más breve del mundo y escrito por el guatemalteco Augusto Monterroso. Desde hace años memoricé, medio maravillado por la síntesis del autor, cada una de las seis palabras que lo conforman. Pensé que jamás encontraría un relato más breve, hasta que hurgando en un cajón encontré una vieja hoja de papel con mi letra.



Aquel escrito está dedicado a mi padre, seguramente fue un obsequio con motivo de su cumpleaños pues está fechado un 19 de junio de 1988. Aquel pedazo de papel resultaría insignificante si no fuera porque se trata, hasta dónde sé, del primer relato que escribí. Lo he leído varias veces.

“Papá: Un día un (fantasma) pasó. Fin”

El cuento tiene calidad, sobre todo si tomamos en cuenta que fue escrito cuando apenas tenía seis años de edad. Además, en cuanto a extensión, es casi tan pequeño como el cuento de Monterroso, sólo que con una diferencia: si omitimos la palabra ‘fin’ y la dedicatoria ‘Papá’, tenemos como resultado que mi relato es aun más breve. Y eso que estoy contando el dibujito del fantasma como palabra.

Las explicaciones salen sobrando cuando la gramática es tan clara y no deja lugar a dudas: fui yo quien escribió el cuento más corto del mundo, y a los seis años, que no es poca cosa. No por esto busco que me hagan homenajes o que me entreviste Cristina Pacheco. Únicamente quiero que se me reconozca como un niño genio de la escritura, aquel que dio vida a uno de los relatos más cortos y maravillosos de la historia, pilar en la historia del arte moderno y modelo a seguir de las futuras generaciones. Algo sencillo, por no dejar.

Ahora que lo pienso, mi texto, que a partir de hoy bautizo con el título de ‘El fantasma’, también podría ser un Haikú (tradicionales poemas breves de origen japonés) bellísimamente elaborado, aunque sin tantos versos.

No me había dado cuenta, pero creo que soy un genio… y ni quien me eche un pan. Ando de un humilde.

jueves, 12 de febrero de 2009

Hoy soy un Pez Betta


Si pudiera definirme en algún estado de ánimo, en alguna circunstancia o en un animal, hoy diría que soy un Pez Betta. Si esta utopía fuera un sueño que de tan real agobiara mis sentidos, entonces me gustaría ser azul. Elegante y altanero con los otros peces de agua dulce que no se me acercan porque saben que, invariablemente, puedo matarlos. No por prepotencia. No por odio. Sino por mi condición de Pez Betta.

Es por eso que los vendedores y dueños de acuarios siempre nos tienen apartados en peceras redondas. Sabemos hacer mucho daño, a los otros, a nosotros mismos. Nos suponemos especiales. Mortalmente bellos con nuestras colas en forma de velos de muerte. Envidiados por los peces Payaso, Ángel, Guppy, Japoneses y de más. Queremos dar la falsa imagen de que somos felices en nuestra pecera privada. Dueños de un gran espacio, de movimientos ilimitados, dueños de nuestra soledad.

La verdad es que sufrimos. Condenados a sólo ver nuestro reflejo en las paredes circulares de un frío imperio de cristal en el que la monotonía es lacerante. ¿De qué sirven tantos privilegios en el mundo de los peces de agua dulce, cuando eres el más solitario de todos? Si la verdadera libertad no es moverse a tus anchas en una esfera de tu propiedad, ¿entonces qué lo es?, ¿Acaso vivir rodeado de otros peces, con la presión de combatir contra nuestro propio instinto asesino, para no romper la paz que entre peces de diversos tamaños y colores existe? Lo dudo, no hay libertad si se reprime al instinto.

Asi, los Betta estamos condenados a la esclavitud, ya sea de la soledad o de los instintos. Vivimos atados a fuerzas más poderosas que nos impiden vivir apaciblemente, y cuyo único escape es aun más osado: saltar más allá de la frontera que encima de mí se extiende, allá donde termina el agua y adivino, existe otro mundo mucho más maravilloso que el de mi pecera. Debe haber, porque de no ser así sería una injusticia, más vida, más compañía, más secretos y maravillas fuera de estos muros de cristal. También cabe la posibilidad de que no exista nada más. ¿Y si el fin del agua es el final de todo?, ¿si esas personas, esas otras peceras que veo no son más que una ilusión bien lograda? Nadie me garantiza que al saltar y rebasar mis propios límites encuentre ese mundo materializado y listo para recorrer.

Por eso quiero saltar. Ya no por valentía ni por curiosidad, sino para matar este aburrimiento de saberme condenado al más absurdo de los infiernos: el del ocio. Y aunque me veas decidido, la verdad es que tiemblo de miedo, tanto que dudo algún día ser capaz de tomar la decisión de salir de este mundo liquido y buscar una identidad no mejor, pero si más digna.

No soy un Pez Betta. Pero tengo el mismo problema. Quiero salir de la atmósfera protectora que me rodea y en la que se supone, soy libre. Cruzar la línea de un umbral en el que estoy atrapado y vivir cosas nuevas. No sé si pueda. Llevaba mucho tiempo pidiendo que el amor volviera a tocar las puertas de mi soledad, que algo nuevo ocurriera en mi vida. Y ahora, justo cuando una luz comienza a iluminar la oscuridad de mis tardes tristes, me nace en la duda sobre si realmente quiero saltar y perderme en la jungla de lo nuevo.

Hasta hace muy poco consideraba mi excesiva libertad como un inconveniente que no servía ni para justificar mi abandono. Ahora que aprendí a vivir con ella, no sé si realmente quiero dejarla de lado. Dejar mis escapes vespertinos y nocturnos para perderme en solitario por ahí, sin rendir cuentas de ningún tipo y metiéndome en cuantos problemas podía. Ahí está la interrogante. ¿La libertad o el amor? Separados por una suave cortina de agua. Límite entre la rutina y la apuesta. Entre la vida y la muerte. El Pez sigue(o) pensando.

lunes, 9 de febrero de 2009

Vudú para los gringos


Varias veces me lo han dicho: me gusta tu blog, menos cuando hablas de futbol.

Lo haré una vez más, pues hay pasiones que no se pueden ocultar. Menos cuando a la vista se anuncia uno de esos partidos que son capaces de detener a un país entero. El miércoles México juega contra Estados Unidos en la gélida ciudad de Columbus iniciando así, su participación en la fase final de la eliminatoria que lo podría llevar al mundial de Sudáfrica el próximo año. El partido, es de por sí especial por enfrentar al odiado rival, ese que desde hace años se nos ha indigestado. Por cultura, por orgullo o por lo que se quiera, nada duele tanto que perder ante ellos. Afortunadamente, este año la Selección Mexicana tiene un arma secreta.

Dicen que en el amor y la guerra todo se vale. El futbol no es la excepción y así lo entendió el diario deportivo Récord, que con motivo del juego entre EE.UU. y México sacó una curiosa promoción: a cambio de una planilla llena con los cupones que durante la semana aparecieron en las portadas del periódico, más cincuenta pesos, se obtiene un muñequito vudú que emula a un jugador norteamericano y tres alfileres para clavárselos en donde uno desee. En los próximos meses irán apareciendo otros muñecos con las playeras de Costa Rica, Honduras, El Salvador y Trinidad & Tobago, próximos rivales de México en la eliminatoria mundialista.

Además, a lo largo de la semana la misma publicación mostró entre sus páginas algunos ejemplos de la manera en la que se podría maltratar al dichoso muñeco. Se puede quemar, cortar, golpear, pisar, aplastar con las llantas del coche, ahogarlo en aceite hirviendo, congelarlo, escupirlo, etc. El chiste es mandarle todas las malas vibras a los gringos, que dicho sea de paso, ya los traigo atravesados en el hígado. Al principio, cuando me enteré de la existencia de esta promoción lo vi todo como un juego y una divertida manera de ser partícipe del partido. Sin embargo, el mismo Récord presentó un recuento de otras selecciones han sacado muñequitos vudús de sus rivales y que coincidencia o no, han triunfado. Los dos últimos ejemplos son la selección alemana que en el 2006 obtuvo el tercer lugar en el Mundial, y el equipo de España, que logró el título en la última edición de la Eurocopa.

Igual y no… ¿pero y si sí? Pienso en la cantidad de personas que obtendrán el dichoso muñequito y que a la hora del partido estarán castigándolo y deseándole lo peor al equipo norteamericano. Algo de esa energía (espero) debe de afectarle de una u otra forma a nuestros oponentes. No sé si sea leal, honesto o deportivo. Seguramente si el rival hubiera sido el que sacará a los muñequitos medio país estaría indignado, pero ahora que la magia negra está de nuestro lado seríamos muy tontos si no la aprovechamos.

Tengo un par de días lacerando de manera cruel uno de los dos muñecos vudú que canjee. Me he convertido en un sádico y dudo que después del miércoles quede algo de ellos. Todo sea por ganar y quitarnos de una vez por todas esa pesada losa de no poderle ganar a los gringos en su casa. Algo me dice que ahora sí es posible. Disculpen que no escriba más, pero el reloj me anuncia la hora ineludible de aplastar con una piedra a mi gringo de tela.

viernes, 6 de febrero de 2009

Libro Libre


Por si misma, la idea no deja de ser estrafalaria; circunstancia que a su vez, la viste de un atractivo especial. El punto es que sin pensármelo mucho mañana haré lo que nunca pensé que haría: dejar, abandonado a su suerte, un libro en plena calle.

Hace meses escuché de la existencia de una dinámica un tanto utópica que consistía en ir dejando libros en la ciudad con la finalidad de fomentar la lectura de quienes los encontraran. Aun así, no hice gran cosa para indagar sobre aquella locura que hubiera quedado en el olvido de no haber sido porque hace una semana me llegó una invitación vía Facebook para unirme al movimiento 'Libro Libre'. Tras ahondar un poco me quedé enamorado de la propuesta: el día 7 de cada mes se debe liberar en cualquier parte de nuestra ciudad o poblado, un libro junto con una nota más o menos así:

Formar futuros lectores, divulgar ciertas obras literarias y poner nuestro granito de arena para que nuestro entorno se llene de cultura. Todo esto se busca detrás de cada nuevo libro liberado. Aunque reconozco que sería mucho más divertido encontrarme los libros, ‘sembrarlos’ también debe tener su encanto. Algo de fechoría detectivesca debe tener elegir un libro y después buscar cuidadosamente el lugar en el que minutos, horas o días después, con mucha suerte alguien encontrara nuestro valioso obsequio.

Mañana liberaré por primera vez un libro. Decidí que sería ‘Todos se van’ de Wendy Guerra, novela que curiosamente estoy leyendo y que mañana compraré para que sus letras encuentren eco en otra imaginación y con suerte, enamoré a su nuevo propietario del bendito vicio de leer. Algunos de los sitios entre los que aun no me decido son una butaca en el cine, el Metrobús, una cafetería, una cabina telefónica o en la banca de un parque. Aunque lo más probable es que elija lo que me encuentre a última hora.

Quizá algún día sea yo quién halle un libro así, hasta ese entonces me volveré un Cupido de la lectura. Si lees esto en sábado, quizá todavía estés a tiempo de salir y encontrar algo por ahí.

martes, 3 de febrero de 2009

Viaje astral


No sé si estoy errando conceptos. Dicen que a veces, cuando dormimos o meditamos profundamente, podemos caer en un nivel de relajación tan grande, que incluso es posible que por unos minutos el alma (¿o será mejor llamarlo espíritu?) se desprenda del cuerpo. Supongo que eso es lo que me pasa ahora mismo, de otra manera no entiendo que hago viéndome dormido en mi cama.

Según yo, hace unos cuantos minutos veía sin mirar un canal de videos musicales en la televisión. Entonces, ¿qué paso? ¿Soy el que flota y me veo acostado, o soy quien dormita y es observado por otro ente, que a la vez soy yo? Mejor dicho ¿quién no soy. Cualquiera en mi circunstancia aprovecharía. En lugar de perder el tiempo ‘viéndose a si mismo’ mejor flotaría al cuarto de la vecina valiéndose de su invisibilidad. Yo lo haría, pero viéndome así, tan vulnerable decido mejor quedarme y hacerme un gran favor.

Nunca he tenido mucha fe en los psicólogos. En base a varias experiencias un tanto negativas me prometí no consultar a ningún especialista de éste tipo a menos que fuera sumamente necesario. Obviamente no niego que estoy loco. Tengo muchos conflictos en mi interior y además soy muy inestable. Por eso, que mejor que analizarme yo mismo, ahora que sin querer me encuentro semi inconsciente. Con suerte y logro quitarme algún trauma de encima.

Me analizo fríamente: no estoy guapo, tampoco feo, sí despeinado. Supongo que es porque estoy dormido, y en esas circunstancias no pienso en agradarle a nadie. No ronco muy fuerte y babeo un poco la almohada, supongo que por eso huele raro en las mañanas. Ahora que me veo creo que esa pijama verde que me regalo mi abuelo me hace ver como señor. Y es que no me cambie de ropa en todo el día. Desde en la mañana hasta la noche no hice nada, ni siquiera salí de casa, y aunque despierto no lo admita, me fastidia que mi vida transcurra así. Creo que por eso mi expresión al dormir no es de entera paz, porque me falta ‘algo’. Lo jodido del asunto es que ni siquiera sé qué es. Me veo triste. Es francamente patética la imagen de alguien que a mi edad pasa un día entero sin bañarse, con barba de tres días y sin mayor ilusión que el que pase algo. Lo que sea. Ahora que me veo descubro lo mucho que me falta madurar, de mi inmensa melancolía y del miedo que la misma vida me transmite. Comparo mis sueños con la realidad; salgo perdiendo.

Que tonta es la vida, que ni siquiera en sueños le permite al pobre diablo que duerme y que soy yo, descansar aunque sea en sueños. Más tonto soy por permitir que mi vida sea así. Por eso mejor me voy. Flotaré con el viento y abandonaré esta pequeña habitación. No quiero seguir viéndome, al menos no en ese estado en el que no tiene lugar otra cosa que no sea la lástima que me lastima. Por eso escapo sin tapujos de mi cuerpo y del resto de mi. Ya no soporto el perdedor en el que me he convertido, aquel que se tira al piso para que lo levanten en actitud de autocompasión. Si por cualquier motivo llegó a despertar eso será lo primero que cambiaré. Me querré un poco más.

Yo alma me escapo de yo materia. Ignoro si lo logre o si este desprendimiento permanente me traiga la muerte. A estas alturas lo demás me importa un comino. Solo quiero escapar al sol, perderme en sus rayos que atraviesan las nubes y nutren a la tierra y las plantas. Quiero ser energía de vida y no materia muerta, inerte. Al menos como alma podré recorrer el mundo, tener la fuerza del rayo y la decisión de las olas que con la fuerza de la marea se estrellan contra la arena de una playa. Quiero estar aquí, allá, dónde sea pero en movimiento.

Atravieso el parque de la esquina a toda velocidad. Soy un ánima veloz. Veo a uno de mis vecinos paseando a su perro, lo espantaría si tuviera tiempo. Tiempo. Tiempo. Es lo que no quiero perder. Tiempo. Tiempo. Y vuelo sobre la ciudad. Tiempo y.... en eso despierto confundido. ¿Fue un sueño? ¿Realmente abandonaste tu cuerpo por un momento?

Miras tu aspecto: barba de tres días, ropa de dormir, la tele encendida en un canal de videos cualquiera. El reloj marca las siete de la tarde, de nuevo no hiciste nada. Te juras que para la próxima sí lograras escapar antes de despertar.

sábado, 31 de enero de 2009

Aviso de ocasión

Mi amiga Briggite encontró en el periodico este glorioso anuncio mientras trabajabamos:


Ya junté mis quincenas y pedí prestado para completar mi colección. Tú como yo, llame ya, pide los tuyos y pasa horas y horas de diversión. Adorna tu cuarto, tu taller o tu oficina con las exclusivas imágenes artísticas y de buen gusto que engalana la propuesta de estos calendarios. Seguramente se agotarán en pocos días. No te quedes sin el tuyo. Los dejo con estas imágenes para que se animen:



¡Están bien suaves!

jueves, 29 de enero de 2009

Los cuentos de Beedle el Bardo


Cinco relatos sobre magos. Cada uno de ellos diferentes e independientes, pero unidos a la historia de “Harry Potter”, la ya legendaria saga literaria de la autora inglesa J.K. Rowling. Su nombre “Los cuentos de Beedle el Bardo”. Aunque en un principio no pensaba hacerlo, terminé por leerlo. Fue imposible resistir la tentación. Descubrir que tanto quedaba del universo de Potter en esta pequeña recopilación de cuentos era un morbo que simplemente se me antojaba irresistible.

No me considero un fan empedernido de los 7 libros de Harry Potter, pero sí un fiel lector que siguió la historia de principio a fin. Es justo
"Harry Potter y las reliquias de la muerte", último tomo de la serie, donde se menciona la existencia de un libro de cuentos infantiles para jóvenes magos llamado “Los cuentos de Beedle el Bardo”, que Albus Dumbledore hereda a Hermione Granger. Este libro, además de los cinco cuentos sobre magos, incluye, al final de cada uno de los relatos, apuntes y observaciones del legendario director de Howarts y algunas ilustraciones y notas a pie de página de la propia J.K. Rowling que enriquecen las narraciones.

‘El Mago y el cazo saltarín’, ‘La Fuente de la buena fortuna’, ‘El corazón peludo del brujo’, ‘Babbitty Rabbitty y su cepa carcajeante’ y ‘La Fabula de los tres hermanos’. Los 5 cuentos rayan en lo sencillo y por momentos se antojan predecibles. Seguramente los viejos lectores encuentran más atractivas las páginas en las que un Dumbledore en plenitud hace gala de su sabiduría y ya tradicional sentido del humor. Aunque en nombre de la verdad y con cierta decepción he de aceptar que ninguna de esas líneas contiene las grandes revelaciones que se esperaba. No descarto que de haber retrasado la pronta publicación de “Beedle y los cuentos del Bardo” el resultado habría sido mejor. ¿Esperaba más?, puede ser.

A pesar de todo el libro tiene su encanto. Los tres últimos relatos, sin llegar a ser extraordinario, tienen su toque de creatividad. No puedo negar que me resultó nostálgico y hasta cierto punto reconfortante el haberme reencontrado con Dumbledore, personaje encantador y fundamental en ‘Harry Potter’. Al final uno termina reconociendo el talento de Rowling para narrar de manera sencilla pero cautivante. Por algo su estilo ha conquistado al público infantil y juvenil. No se trata de narrar las cosas de manera compleja, sino de transmitir, de la forma más directa, el orden de un mundo perfectamente trazado.

En conclusión, se puede prescindir de ‘Los cuentos de Beedle el Bardo’ si no sé es fan del universo Potter. De lo contrario, no me hace falta decírtelo, tarde o temprano lo acabarás leyendo. Por cierto, un porcentaje de las ganancias de este libro es donado a The Children´s High Level Group.

lunes, 26 de enero de 2009

Traficantes Universales de la Fe



“En ese ‘santuario del robo’ vi personas que realmente fueron buscando una solución a sus problemas. Personas a las que van a terminar por quitarles el poco dinero que les queda en nombre de Dios.”


Como casi siempre, tengo más preguntas que respuestas. Hoy hablaré de temas religiosos, por lo mismo, tendré cuidado de no rebasar las líneas del libre albedrío y pisar seguro para no herir la susceptibilidad de nadie.

Soy católico. Aunque no asisto a misa regularmente intento ser una buena persona y hablar lo más seguido con Dios, de quien dicho sea de paso, nunca he dudado de su existencia y poder omnipotente. Respeto todas las creencias y religiones, pues sé que cada cabeza es un mundo y a la vez, nadie posee la verdad absoluta. Hasta aquí todo bien. Sin embargo, desde hace más de tres años la existencia de la llamada ‘Iglesia Universal del Reino de Dios’ me ha llamado mucho la atención. Todo comenzó a mediados del año pasado, cuando jugando a media noche con el control remoto de la televisión sintonicé canal 4 y me encontré con un programa llamado ‘Pare de sufrir’, en la que un sujeto con marcado acento portugués, al que todos llamaban ‘Obispo’, hablaba vía telefónica con personas del público que sufrían y pedían sus consejos y oraciones. En un principio me pregunte qué demonios estaba viendo, luego lo encontré gracioso. Noches después volví a encontrarme con el mismo programa, fue entonces cuando las preguntas comenzaron a llegar.

Era indudable que este programa de tres horas de duración, es un espacio publicitario pagado por esta secta religiosa. La escenografía del set y el nivel de producción que maneja es absolutamente profesional. ¿Quién paga todo esto, si supuestamente en este culto no se le pide ni un centavo a sus fieles?. Que me pasen la receta para poder costear un programa así, de lunes a domingo y en televisión abierta. Semanas después, en esta misma emisión, los llamados ‘Obispos’ (había otros sujetos que se hacían llamar así, todos con acento portugués) hablaban sobre la importancia del dinero, decían que Dios no quería que viniéramos a sufrir a esta tierra y que Él deseaba nuestra prosperidad de bienes. Esto me desconcertó. Comúnmente los discursos y charlas de estos sujetos gira en torno de la economía y los negocios, lo mismo sucede en su sitio de Internet. ¿Por qué este interés por lo económico? ¿Por qué también organizan viajes a medio oriente? ¿Por qué cada vez hay más templos, no sólo en la Ciudad de México, sino en todo el país?

El colmo llegó meses después, cuando en una dependencia de gobierno accidentalmente escuché una conversación en la que dos sujetos defendían a capa y espada este culto, y compartían sus experiencias en las reuniones a las que asistían. Esa misma conversación me hizo saber que la ‘Iglesia Universal del Reino de Dios’ también cuenta con espacios radiofónicos y escritos. Ocasionalmente veía el programa sólo para encontrar más incoherencias, como invitados a los que supuestamente la fe de los obispos había ayudado y que misteriosamente, también hablaban con acento portugués.

Investigando encontré que este culto nació en Brasil. Fue fundado por el estafador ex presidiario Edir Macedo Becerra el 27 de julio de 1977. Poco a poco fue extendiéndose por todo el país amazónico y el sur y centro de América. Ahora la plaga esta en México, encontrando un caldo de cultivo ideal: Pobreza, miseria y un pueblo fervientemente creyente. Leyendo me enteré que en estos templos te venden de todo a precios exorbitantes (por ejemplo, biblias a 2000 pesos), que entrevistarse con algunos de los obispos es casi imposible y que en general, se sostienen de estafas.

Hace un par de años me encontré por accidente con uno de estos templos. La curiosidad me ganó. Entré y me encontré en medio de un ‘rito para pedir por la unión de la familia’. Un joven adulto, de acento portugués, dirigía la ceremonia. Los asistentes, en su mayoría gente de escasos recursos, cantaban, rezaban y aplaudían fervientemente. Una señora de la tercera edad que estaba a mi lado lloraba conmovida. La ceremonia terminó minutos después, tiempo suficiente para indagar que el dichoso templo (ubicado a lado del metro Xola) estaba perfectamente arreglado, con sillas y bocinas nuevas. En conclusión, se notaba que se había invertido una buena cantidad de dinero en ese lugar. En un volante que recibí en el templo, encontré parte de la explicación: El próximo domingo sería la oración de la ‘Cruz del poder’, ritual que nos libraría de las energías negativas y nos haría encontrar la paz y estabilidad que nos solucionaría nuestros problemas. Había que llevar la cruz el domingo. La cruz, según averigüé, la venden y por cierto, no es nada barata. Una vez terminada la ceremonia, debes devolverla.

¡Claro! ¡Si piden dinero por cualquier chuchera ‘milagrosa’ ya no es tan difícil salir en televisión!

Esa mañana salí indignado del dichoso templo. Me molestó mucho que jueguen con la fe de la gente. En ese ‘santuario del robo’ vi personas que realmente fueron buscando una solución a sus problemas. Personas a las que van a terminar por quitarles el poco dinero que les queda en nombre de Dios. Tiempo después acudí al ‘Santuario Mayor’, ubicado en el ex cine Jalisco. La historia fue la misma. El lugar perfectamente arreglado y adecuado como centro ceremonioso. Al notar que no participaba en los cultos comencé a causar sospechas. En un momento, mientras los fieles lloraban y gritaban sus plegarias a Dios me escabullí en una de las puertas a los costados del escenario que me llevó a una bodega llena de ‘productos milagrosos’ que seguramente serían los próximos elementos milagrosos de culto con los que estos barbajanes próximamente harían negocio. Al salir varias miradas me seguían. Unas señoras hablaban entre ellas y me señalaban de forma sospechosa. Terminando la ceremonia me interrogaron. Mentí diciéndoles que deseaba unirme a ese culto. Intentaron lavarme el cerebro por más de veinte minutos hasta que fingí estar conmovido y deseoso de integrarme a la Iglesia Universal. Di mis datos y prometí ir el sábado próximo para convertirme oficialmente a su culto religioso. No volví. Me hablaron varias veces, nunca les contesté.


¿Qué pensará el verdadero Dios de estas personas? No lo sé, al menos a mi me da asco. Como dije, respeto todas las religiones y cultos, más no los negocios fraudulentos e hipócritas que abusan de las desgracias ajenas. Actualmente hay investigaciones gubernamentales en su contra en ocho países. Algunos pastores han sido expulsados de diversos países por desobedecer la leyes de migración.

Hasta aquí dejo este tema, dejándolos con uno de los preceptos de su doctrina, con la cual yo NO estoy de acuerdo en lo absoluto:


La pobreza es del diablo:

Promueven el "Evangelio de la prosperidad", diciendo: "Yo no sigo a un Dios pobre. Si su Dios es pobre, es porque sus pensamientos son pobres (...) La pobreza es del diablo; no de Dios" (Universal News #7, p.2).

jueves, 22 de enero de 2009

A un ratito de que el destino me alcance


Llegó la hora de la verdad y ni cómo negarlo, tengo miedo. Poco pueden controlarse las ansias de los momentos previos a las citas con el destino. Un escalofrío me recorre la espalda sólo de pensar en el calvario que dentro de unas horas estaré viviendo y del cual veo muy difícil escapar. Mañana me sacan una muela.

La cita con el dentista está programa a las 5 de la tarde. A menos de 24 horas lo único que ocupa mi pensamiento es la extracción de esa pieza dental que para ser sinceros no me provoca el menor problema. Por más que el doctor me diga esa muela está demás y que podría irse encimando con sus vecinas, sigo considerando que el sufrimiento que me espera es completamente innecesario. Si la pobrecilla lleva años conmigo, ¿quién soy yo para arrancarla de mi existencia?

Podría posponer la intervención para mejor ocasión (como dentro de 5 años, por ejemplo), pero sería la tercera vez, y la verdad, los pretextos se me terminaron. Además, no pretendo andar cargando con esta angustia que desde noviembre traigo a cuestas y a la que tarde o temprano tengo que enfrentar.

No encuentro una explicación lógica al origen de mi terror por mi próxima visita al dentista. Cuando tenía 12 años tuve un tratamiento de ortodoncia que trajo como consecuencia la sustracción de al menos cuatro dientes. Por contradictorio que parezca en esa época no hice el menor drama. Al contrario, recuerdo cómo me divertía sentir cómo el diente iba crujiendo mientras el dentista iba aflojándolo con unas pinzas. Ahora en cambio todo me provoca terror: los piquetes de la jeringa que contiene la anestesia, los dolores que al momento de los jaloneos, los malestares post-extracción y no poder comer alimentos grasosos quién sabe hasta cuándo.

Un show aparte es el doctor. A diferencia de mi primer dentista y su silencio tranquilizante, el actual abusa de platicar con sus pacientes, haciendo de aquel momento que uno desearía fugaz, algo eterno. Como buen ‘fans’ de la NFL se la pasa hablando de futbol americano (deporte al que nunca le he hallado el chiste), así que mañana seguramente la charla girara en torno al ya cercano Super Bowl. Las revistas de la sala de espera de su consultorio son del siglo pasado. Acostumbra escuchar música clásica para inspirarse mientras tortura a sus pacientes, pero eso sí, al termino de la consulta a uno le regala su mini-pasta de dientes y su cepillo como recuerdo de nuestra grata estancia en su negocio.

Si no salgo huyendo del país, mañana en la noche ya todo habrá pasado. Quizá me encuentre adolorido, con los cachetes más inflados de lo normal, medio adormecido por la anestesia y con ganas de llorar. Prometo dar muestras de vida en cuanto el dolor me lo permita.

¡auch!

lunes, 19 de enero de 2009

Cursis Arrepentidos y Abandonados Anonimos A.C.


Estoy a punto de tomarme un Yogurt liquido de durazno. El problema es que su fecha de caducidad vence hoy. Seguramente nada me pasará por ingerirlo ¿o quién sabe?, habrá que tomar (literalmente) el riesgo.

Admitámoslo, el amor es como un yogurt. Si lo tomas a tiempo es muy rico. Pero en cambio, una vez que su fecha de consumo ha pasado nos sabe amargo, huele mal y hasta nos provoca asco (eso sin contar la infección estomacal que muy probablemente contraeríamos). Estar enamorado, por lo tanto, es acceder a una existencia paralela, en la que lo más cotidiano cambia para ponernos todo de cabeza. De pronto uno se nota haciendo o diciendo cosas que en su estado de ‘sobriedad sentimental’ jamás osaría.

Obviamente me ha pasado, sólo que a diferencia de cualquier simple mortal, siempre acabo haciendo el ridículo o equivocándome en algún insignificante detalle que después, oh sorpresa, era todo. Por eso nunca te fíes de alguien enamorado, pues no está completamente en sus cabales.

¿Qué pasa cuando estos sentimientos, que algún día nos hicieron ver todo de color de rosa, se esfuman? Supongo que normalmente se van diluyendo con el tiempo, pero ¿y si hay pruebas de nuestra demencia amorosa? Una de estas tardes, mientras revoloteaba mi cuarto me encontré con el sobre de marquilla (tamaño carta, color amarillo) que hace casi tres años me hizo llegar una ex novia. Sucede que la ‘Srita. Nostalgia’*** se quedó con uno de mis libros favoritos. Tras meses de pedírselo se hartó y me lo regresó en el sobre, junto con fotos y un montón de cartas que años atrás le había escrito.

Anduve con ella dos veces. Muy poco si consideramos que estuve enamorado de ella tres años. Tiempo suficiente para escribirle poemas, diez mil cartas, recaditos, dibujitos y cuanta idea me venía a la cabeza y que creía, eran poco menos que obras de arte; muestras de un amor tan puro y tormentoso que me obligó a escribirle a mi musa las cosas más lindas del universo. Por eso no quise tirarlas, ya que según yo, aquellas palabras debían ser retomadas algún día. Y bueno, para qué negarlo, la simple idea de asomarme de nuevo a esos sentimientos me daba miedo: uno nunca sabe como reaccionara ante los fantasmas del pasado. Ante la amenaza de desmoronarme de recuerdos, preferí dejarlos olvidados debajo de mi colchón.

Ahora que finalmente me animé (más por aburrimiento que por curiosidad) a explorar el contenido del sobre no sentí tristeza, tampoco nostalgia o ganas de regresar el tiempo. ¡Lo que sentí fue pena por la cantidad de cursilerías y miel que cada renglón que las decenas de cartas contenían! No pude leer más de cinco sin sentir ganas de quemar aquellas evidencias culposas que a los cuatro vientos gritan que mis frases de enamorado son más densas que cualquier dialogo telenovelero. Gracias a Dios nadie más estaba presente en aquel momento en el que apuesto, se me subieron los colores al rostro. ¿Tan grave en mi fue la epidemia del romance, que prácticamente me desconocí en aquellas hojas de colores?

Comienzo a dudar que el estado ideal del hombre, o al menos uno de los que más idealiza, sea el estar enamorado, pues por si fuera poco el desgaste que puede significar en su momento cortejar a alguien, corriendo el siempre latente riesgo de terminar bateado, abandonado o engañado, además, tiene uno que estar aguantando los ridículos que tiempo después, las epístolas de aquellos días dorados nos hacen pasar.

¿En qué momento la miel se nos vuelve amarga y la vergüenza transforma las cenizas de aquel estado que antes nos empeñábamos en gritar a los cuatro vientos?

La próxima vez que me enamore trataré de no escribir tanto, no vaya a ser que después tenga que cargar con la pena de otro sobre amarillo de cursilerías indecibles. Disculpen ustedes, me tomé un yogurt que venció hace mucho tiempo, creo que voy a vomitar.


*** para más referencia de este endémico personaje, favor de leer las entradas 'El maldito Hi5' y 'Feliz Aniversario Señorita Nostalgia'.

viernes, 16 de enero de 2009

¡Que alguien me explique!

Impactadisimo. Como si me hubieran quitado una parte de mi vida. Así me siento desde que sin buscarlo, mi hermana dio con aquella caricatura en Cartoon Network y vino a romper mi tranquilidad. Antes que nada, y para adentrarme en el tema les pregunto: ¿cómo se puede pasar de esto…


… a esto?



Tras el shock inicial supe que aquella caricatura de corte manga lleva por nombre ‘Las Chicas Superpoderosas Z’. Que alguien me explique qué fue lo que le pasó a Bombón, Burbuja y Bellota. Entiendo que hayan crecido, pero ¿por qué de repente les salieron dedos? Además no sólo ellas ‘evolucionaron’, también lo hizo el profesor y el resto de los personajes y villanos de la serie original.

Entiendo que estamos en la era del consumismo, pues renovar esta exitosa serie seguramente traería consigo jugosos ingresos por conceptos de mercadotecnia y transmisiones. Sin embargo, lo que realmente me ocupa es la justificación que a nivel argumental (¿existe esa palabra?)le hayan podido dar los creadores y guionistas. Hasta dónde sabía, pues jamás he sido un conocedor del tema, Las Chicas Superpoderosas fueron creadas por su padre-profesor en el laboratorio mediante una mezcla de diversas sustancias que ahora escapan a mi mente. Se supone que desde su aparición fueron niñas. Ojo, no bebés ni adultas ni adolescentes, sino niñas. Entonces, ¿en qué punto se rompió la regla de la propia caricatura?

No sé por qué me estoy preguntando estas cosas, pero lo cierto es que la duda no me deja en paz. Me la he pasado interrogando a mis amigas y compañeras sobre la razón que hizo que esas inocentes chicas de pronto se convirtieran en la competencia de Sailor Moon. Por eso, si alguien lee esto y me puede ayudar aclarándome mis dudas se lo agradeceré mucho, pues ya ni dormir puedo del pendiente.
Una cosa me preocupa… ¿es normal que comience a ver guapa a Burbuja? Ahora sí me quedó bien masculina este post.

martes, 13 de enero de 2009

Mi blog y sus tres años


Sin más rodeos y con todo el orgullo lo diré: hoy éste blog cumple 3 años de existencia. Y yo, como padre orgulloso que soy, me siento obligado a celebrar de algún modo al pequeño demonio que de la nada se apoderó de una parte de mi existencia.

Aunque varias veces la he contado, bien vale la pena recapitular brevemente la historia de “El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo”, espacio que originalmente estuvo hospedado (de enero del 2006 a finales de abril del 2007) en MSN Spaces y al que le di vida gracias al ocio por el que mi vida atravesaba en ese momento. Hasta ese entonces, la palabra ‘blog’ me daba cierta flojera. Veía con escepticismo eso de tener un diario en línea. No me explicaba como mi vida, mi cotidianeidad y mis ideas podían interesarles a otras personas. ¿Para qué escribir, me decía idiotamente, si nadie me va a leer? Lo contradictorio era que siempre he sido un enamorado de la literatura y la escritura. Ese amor me hizo ver en el blog a un aliado para ejercitarme en la elaboración de algunos textos que ya no se quedarían en la clandestinidad, sino que al contrario, serían lanzados al ciberespacio con el fin de confrontarse con un variadísimo grupo de lectores.

Al principio los textos eran breves y hasta cierto punto informales. Publicaba casi a diario y me pasaba todo el día en internet esperando la llegada de alguna reacción o comentario que casi nunca llegaba. Con el tiempo fui entendiendo que un blog se rige por reglas muy distintas a la de otro género escrito. De a poco intenté que las entradas mejoraran tanto en contenido y como en calidad. Cuando menos me di cuenta el blog ya era parte de mi rutina. Podía pasar horas enteras pensando qué escribiría la próxima vez que me enfrentara a la hoja en blanco. Aun ahora me pasa lo mismo, sólo que ya no me pasó las horas en línea como al principio de esta aventura; llegué a la conclusión de que para escribir, primero hay que vivir

Harto de las fallas de MSN Spaces en 2007 di el salto a Blogspot, desde dónde ahora intento mantener más o menos con vida éste jueguito que cada día me seduce más. Han sido tres años en los que he vaciado parte de mis vivencias, mis temores y algunos cuentos o versos que de mi escueta inspiración han nacido. Entre las letras se esconde mi verdadero yo, ese que esconde una profunda alegría en un verso triste o aquel que en el pensamiento más oscuro guarda un optimismo desbordante. El romántico, el descarado, el divertido, el tímido, el aventurero, el infantil… no sé cuantas facetas de mi personalidad se han logrado asomar aquí, lo cierto es que intentar ocultarlas hubiera resultado casi imposible.

Y así se me va la vida desde hace tres años. Escribiendo dos o tres veces por semana con una urgencia casi religiosa que me imposibilita dejar a mi blog a la deriva. Puedo dejar de comer, de ir a una fiesta, de ver un programa de televisión o hasta dejar de dormir, pero dejar de escribir aquí ya lo considero inconcebible.

Antes de pasar a los agradecimientos de cajón, les diré de dónde viene el nombre del blog. A inicios del 2007 no tenía trabajo ni una idea clara de qué hacer con mi vida (bueno, aquí no hay mucho cambio). Tontamente me alejé de mis amigos y en general me encontraba en una depresión sin sentido. Justo en una de esas tardes eternas escuché la canción Misunderstood de Robbie Williams. No hizo falta más, esa melodía describía a la perfección cómo me sentía: incomprendido. Días después usé el termino para ponerle el nombre a una bitácora en línea que abrí con cierto excepticismo… y el resto es historia.

Sería imposible mencionar todas las anécdotas, líos y satisfacciones que éste blog ha traído consigo. Por eso mejor será dejar que cada uno de los textos contenidos aquí hablen por si mismos. Lo que si haré es dar las gracias a todas esas personas que han hecho que “El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo” tenga sentido.

Gracias a ti, que has parado por casualidad, por recomendación o por un mero juego del destino en este blog y te has detenido a leerlo una, dos, tres, cincuenta veces. De corazón, gracias por llegar y más aun, por quedarte.

Gracias a los habitúes, a los que me hacen el inmenso favor de estar al pendiente de lo que a este loco se le ocurre escribir. Que inviertan su tiempo en ponerme un poquito de atención es un milagro que no merezco.

Gracias a la comunidad blogger en México y en diversas partes del continente. A los que he tenido la enorme fortuna de conocer y a los que conozco gracias al poder de las palabras. Me muero de ganas por escribir sus nombres pero temo caer en la descortesía de olvidar a alguno. Ya son parte de mi vida… y como alguna vez le dije a uno de ustedes: nos estamos leyendo.

Gracias a mi familia por aguantar la neurosis que el blog suele traer consigo. Tanto en mi casa como los Revelo y los González. Sé que varios de ustedes entran aquí bastante seguido. Espero no balconearlos muy seguido. Estoy orgulloso de ustedes.

Como siempre fue y será, va por ti Pa’.

Gracias a mis amigos, los que estaban desde antes del blog y que siempre me sorprenden dándome referencias de lo que escribo. Escuincles del Central Park, de la UVM, del IDB y a mis ya amigos del trabajo… ni como pagarles.

Gracias Lía, Ángel, Claus e Isaac. Los amo una vida y un poquito más.

Y finalmente, gracias a todas las musas y personajes reales que han sido fuente de inspiración para que estas historias pudieran existir. Recomendación: No se vayan, se va a poner bueno.

sábado, 10 de enero de 2009

Cita clandestina o El señor que se aparece en el río con el brazo levantado


Justamente ocurrió hace un año, por cierto, también era el segundo sábado del año. Si existe un día para contar la historia de aquella cita ¿romántica? debe ser hoy. Siento que de no hacerlo así jamás me atreveré. Aun así dudo. Espero no arrepentirme de narrar lo que esa noche clandestina ocurrió y que la coprotagonista siempre me ha pedido mantener en secreto. Qué más da, voy a correr ese riesgo tal como hice en esa ocasión, cuando saliste conmigo.

¿Aceptaste o acepté salir contigo? Pues si bien es cierto quién llevaba semanas pidiéndote una oportunidad para conocernos era yo, tú fuiste la que se encargó de sacarme de mi emancipación aquella tarde fría de enero con un mensaje de texto en el que, palabras más palabras menos, me preguntabas si podíamos tomar un café. Tuve que leer y releer tu nombre en la pantalla de mi celular para convencerme de que era real. Con las manos temblorosas respondí. Dos o tres mensajes después ya habíamos quedado: pasaría por ti en dos horas.

A partir de ahí comencé una lucha a contratiempo. Bañarme, rasurarme, escribir una carta-ocurrencia para intentar sacarte una sonrisa, elegir un atuendo que me hiciera ver interesante pero divertido, sacudirme los nervios que recién me habías provocado y salir como alma que lleva el Diablo hasta tu casa. Todo lo hice en tiempo récord. Antes de salir (ataviado con un saco elegante y una playera y tenis informales) robé una flor de mi casa que en algún momento de la velada te daría.

Aunque nunca entendí por qué, manejé con premura hasta tu casa. En el camino otro mensaje tuyo me aviso que venías retrasada. Lo complejo era que la persona gracias a la cual nos conocemos estaba fuera de la Ciudad. A ella no le agradaría saber que saldríamos ni mucho menos que lo hiciéramos en secreto. Tú y yo nos habíamos visto muchas veces, pero jamás sin ella de por medio. Jamás a solas.

La verdad siempre me gustaste. Lo confirmé en cuanto de la nada apareciste e interrumpiste mis cavilaciones llenas de incertidumbre. Me saludaste y te besé la mejilla. El siguiente reto fue romper el hielo mientras atravesaba Avenida La Viga. Para eso me valí de la hoja en la que escribí varias actividades y lugares que podríamos visitar esa noche. Ahí te saqué las primeras risas. Tras un poco de cabildeo nos dirigimos a la Plaza de San Jacinto en el barrio de San Ángel. Caminamos en un par de calles y nos sorprendió la falta de gente en un lugar que suele estar abarrotado de jóvenes un sábado por la noche. Quizá el frío, quizá el inicio del año, quizá, quizá. De cualquier manera dimos una vuelta por el rumbo. Hablamos de un montón de cosas: desde algunos cuentos que he escrito hasta tus ganas de encontrar trabajo. ¿Recuerdas que con tu celular le tomaste unas fotos a los árboles elegantemente iluminados por luces de colores de aquel parque solitario?

Después decidimos ir a un lugar más animado. Lo malo es que soy pésimo para orientarme y terminamos perdidos en una colonia aledaña a Revolución que más bien parecía un laberinto del que quién sabe cómo logramos salir hasta llegar a Coyoacán. Al estacionar el auto propusiste que nos quedáramos dentro hasta que el ‘viene-viene’ de la calle se distrajera y escapáramos corriendo sin darle ni un centavo. Así lo hicimos y fue divertidísimo. Vimos algunos puestecitos de artesanías y nos sentamos a platicar en un café. Pedimos un té y continuamos platicando por horas. De ti, de mi, de lo que pensamos y de cuanta cosa sucedía a nuestro alrededor. De pronto irrumpió un cantante que interpretó varios éxitos románticos y que como dijiste, se parecía a Hugh Hagman. Las mesitas estaban iluminadas con velas y yo contigo, como en un escenario aparte en el que hasta el Changoleón, que andaba por el rumbo, tuvo cabida. En la televisión América y Cruz Azul disputaban un partido del Torneo Interliga que se definiría en penales y en la mesa de enfrente una pareja peleaba; después se reconciliarían.

Déjame decírtelo sin prisas y a la distancia: Hablar contigo es realizar un viaje lleno de sorpresas, toda una aventura llena de continuos descubrimientos. Vale la pena adentrarse en tu personalidad, descubrir que tu belleza exterior no desentona en lo absoluto con la de blancura de tu alma. Fueron como tres horas de sólo ver tus ojos, pero si me preguntas para mí fue sólo un instante que terminó cuándo casi cerraban el café y el frío comenzaba a intensificarse.

Ya rumbo a tu casa pasamos por el río que cruza por en medio de Paseos de Taxqueña. Me contaste que varias veces que pasaste por aquel lugar habías visto en medio de la oscuridad a un señor con la mirada fija al suelo y levantando un brazo. Sospechaste que no te creí y probablemente por eso me pediste que detuviera el auto y subiéramos unas escaleras que nos llevarían directo al río. Entre temeroso y expectante (aunque queriendo parecer valiente) te acompañe. Subimos las escaleras y llegamos a la parte alta del ‘Canal Nacional’. Divisamos las sombras de los arboles inmensos del lugar, la niebla el sonido de varios animales. Abajó el agua permanecía tranquila y oscura. Sugeriste adentrarnos un poco más pues según tú, el señor que se aparece en el río levantando el brazo debería estar más adelante. Caminamos un poco pero a medio camino decidí que lo mejor era regresar. Ahora me arrepiento pero en ese momento pensé que era lo mejor por motivos de seguridad. No es que le tuviera miedo al dichoso aparecido (bueno sí, poquito) pero no me hubiera perdonado nunca que nos hubiera pasado algo. Era casi la una de la madrugada y estar en un río solitario no es precisamente lo más seguro.

¿Qué hacíamos realmente ahí, en ese lugar tétrico pero atractivo como un imán, a la luz de una luna de enero? ¿Y si me hubiera arriesgado más contigo y hubiéramos seguido por ese camino? ¿Y si te hubiera tomado la mano? Ya de nada vale hacer suposiciones. Le tuve miedo al señor que se aparece en río con el brazo levantado o quizá ese es mi pretexto para no aceptar que esa noche no quise tomar más riesgos contigo. Tonto imbécil idiota de mí.

Te dejé en tu casa y te entregué la flor que horas antes había robado. Me despedí de ti y no me alejé hasta que entraste a tu casa. De regreso la tónica fue la misma, seguía sin creerme que acaba de pasar cuatro horas contigo. No volvimos a salir, aunque sí nos hemos vuelto a ver en muchas ocasiones. De aquella cita clandestina casi nadie se ha enterado, mucho menos la persona que ambos tenemos en común y que tanto quieres. Eso mismo, y tu vida actual, hace un poco improbable que se vuelva a repetir la experiencia de tener una cita tan original como la de aquel 12 de enero del año pasado.

Hoy, como ese día, tampoco tuve nada que hacer en todo el día. La diferencia es que en esta ocasión ningún mensaje vino a salvarme la vida. A veces visitas éste blog. Si llegas a leer esto, quiero agradecerte esa noche. En cuanto al señor que dices que se aparece en el borde del río… no lo he visto, pero cada que paso por ahí siempre volteo. Y siento un escalofrío, y también sonrío.

jueves, 8 de enero de 2009

Marihuana


Me reuní con una viaja amiga de la preparatoria para tomar un café. Este es un fragmento de la conversación:

Vieja Amiga: Cuando tengo una conversación agradable siempre se me antoja un cigarro. Lástima que no pueda fumar en éste local cerrado. ¿Tú fumas?
El autor del blog: No. No le veo el chiste. Las tres veces que lo he intentado en mi vida no me gustó. La primera vez fue como a los 14 años, no estaban mis papás y se me ocurrió tomar un cigarro. Me dio asco. La segunda vez fue en una borrachera, en esa ocasión no fue tan desagradable pero me aburrí antes de poder terminarme el cigarrillo.
Vieja Amiga: ¿Pero les diste el golpe?
El autor del blog: Yo pensaba que sí, hasta que hace muy poco y por mera broma, volví a tomar un cigarrillo en una boda, lo aspiré y el humo me llegó hasta el cerebro. Empecé a tomar como loco. Menos me gustó la experiencia.
Vieja Amiga: Bueno, ¿y marihuana?
El autor del blog: Tampoco. Soy muy ñoño para esas cosas.
Vieja Amiga: ¿Y no se te antoja?
El Autor del Blog: Ni tantito.
Vieja Amiga: Deberías probarla, te ayudaría como escritor. La marihuana te abre la sensibilidad y te vuelve más creativo.
El Autor del Blog: ¿Tú crees?
Vieja Amiga: Sí, te juro que es buenísimo. Además todos los escritores lo hacen.
El Autor del Blog: Ah pues… éste no. Respeto a la gente que lo hace pero esas cosas no van conmigo.


¿Será? ¿Contará aquella vez que sin querer me drogué con la gasolina de mi auto? Supongo que no, y acá entre nos, creo que nunca lo haré.

lunes, 5 de enero de 2009

Rudo y Cursi


Ya lo sé… en muchos blogs, portales de internet, prensa escrita, radio y televisión ya se habló de esta película hasta el cansancio. Pero después de verla tengo que escribir sobre ella y gritarle a los cuatro vientos que ‘soy fans’ de Rudo y Cursi.

No es que la dupla Gael García – Diego Luna me parezca talentosa e ingeniosa, ni que el futbol sea mi deporte favorito o que la casa productora Cha-Cha-Cha Films convoque a nombres tan pesados de la cinematografía nacional como González Iñarritu, Alfonso Cuarón y Guillermo del Toro. Tampoco es que Carlos Cuarón, también director del film, haya elaborado un guión lleno de ingenio y creatividad.

La historia en apariencia es simple, aunque llena de implicaciones sociales y culturales como buena película de los Cuarón. Plagada de juegos de palabras y mexicanismos, narra las peripecias (chéquense la palabra de viejito) de Tatto y Beto, dos hermanos de la costa guerrerense a los que el destino cruza en el camino de “El Batuta”, descubridor argentino de talentos que al verlos jugar no duda en llevarlos a probar suerte como futbolistas profesionales. Así, después de varios infortunios, ambos llegan a la Primera División y conocen el éxito y todo lo que éste conlleva. De esta forma vamos descubriendo como en el deporte más famoso del mundo se da la mafia entre promotores y directivos de los equipos, como el poder es capaz de comprar cualquier cosa y hasta de la manera en la que los vicios pueden quebrantar hasta la más prometedora carrera. Todo esto, que es muy serio, presentado de la manera más simple y divertida que uno se pueda imaginar.


Sin ser pretenciosa, Rudo y Cursi logra varios cometidos en el espectador que se aventura a verla. Uno ríe, se emociona y se conmueve con las caprichosas vueltas que el destino le depara a los protagonistas, personajes por cierto, inolvidables con los que cualquiera se identifica en algún punto de la trama (yo sería Cursi, que ni qué).

No tiene ni una semana que vi Rudo y Cursi y ya quiero verla otra vez. Quedé encantado. Reí cómo hace mucho no lo hacía. Mencionaría algunas escenas que hoy siguen haciendo que se me dibuje una sonrisa en los labios, pero siempre será mejor ver aquellas imágenes en pantalla grande y con el encanto de la primera vez. Únicamente me limitaré a decirles que se hagan un favor y vayan al cine. No importa que Diego y a Gael les caigan gordos, que el futbol les importe un rábano o que las películas mexicanas les produzcan agruras. Rudo y Cursi los dejará satisfechos y con creces.

Y para que me crean, aquí les dejo una muestra de uno de los momentos cumbres de la película, que además de todo, está destinada a convertirse en ‘la canción’.

Llevó dos días oyéndola ininterrumpidamente. En mi trabajo ya me odian y todos se alejan de mi, pero no me importa, que van a saber ellos si todavía no ven ‘Rudo y Cursi’.

viernes, 2 de enero de 2009

Estamos haciendo un libro...


Lo común sería hablar de retos y no de obsesiones al inicio de un nuevo año.

Hay obsesiones que llegan a nuestra vida con el propósito de cambiarnos la existencia. Que se apoderan de nuestro entendimiento y vacían nuestra mente de cualquier otro pensamiento. Una epidemia o una adicción incurable, o las dos cosas y hasta más. Cuando se cae preso de una obsesión de nada servirá querer escapar con mil y un pretextos o argumentos vacios para postergar lo inevitable: el momento de enfrentarse al reto más grande de nuestras vidas y salir airosos.

En mi caso la obsesión que alimenta mi intranquilidad es un libro. Aun no se escribe pero a la distancia lo adivino enorme, inalcanzable y peligroso. Para colmo, a su futuro autor lo veo todavía muy verde y sin una idea clara de lo que es escribir una novela. Y sin embargo el reto está ahí, esperando a que el pequeño e inexperto intento de escritor se arme de valor y tome al toro por los cuernos.

No recuerdo cuándo fue la primera vez (quizá un par de años) que mi abuelo me confesó que deseaba escribir su biografía y sugirió la posibilidad de que yo estuviera a cargo de la escritura. Por mucho tiempo aquella idea no fue más que un proyecto que aunque deseábamos, ninguno de los dos tomó demasiado en serio hasta que en octubre pasado decidimos aterrizar el proyecto. Sigo sin tener idea qué fue lo que hizo que de repente ambos sintiéramos que era el momento adecuado de comenzar. Lo cierto es que desde el mes de noviembre dedicamos las tardes de los martes al libro sobre la vida de mi abuelo. Cada semana escucho atento las inagotables enseñanzas de una existencia que es, auténticamente, de novela.
Han sido dos meses de tomar apuntes, de armar mentalmente el mapa de una historia que tiene mucho de dónde cortar y que muchos calificarían de ficción. El primer problema ya surgió: hace una semana dejé un par de cuadernillos con notas escritas por mi abuelo y por mi en una de las oficinas del periódico Récord. No sé si podré recuperar esa información, que para mi vale oro, en los próximos días. Aun así es demasiado tarde para rajarse. Me la jugaré con lo que tengo y entraré, de golpe y finalmente, a la aventura de escribir un libro en serio y no intentos a los que apostaba escasamente.

Inicia el año. Periodo que me tracé para comenzar a escribir y ordenar lo que me han ido dejando las entrevistas de los martes. Surge entonces el segundo problema: vencer mi inconstancia y forjarme una disciplina. Vencer a la rutina y conseguir lograr sentarme un par de horas al día a trabajar en la biografía que en mi mente ya estoy convirtiendo en novela. Soy el muro que tengo que derribar. Si mi abuelo a sus 89 años puede, no veo porque yo no. De salir airoso, habré dado un paso importantísimo hacia mi objetivo de algún día poder llamarme escritor. Por eso el 2009 es un año muy especial.

Siempre he querido escribir una novela pero nunca llegaba a mi mente una historia que me cautivara lo suficiente como para dejar media vida en el proceso de darle vida. Esa historia, real, ya llegó mi. Estamos haciendo un libro, el de la vida de Gabriel González, un niño humilde que soñaba con recorrer el mundo y ser alguien de categoría… y saben qué, lo logró.


Estamos haciendo un libro,
testimonio de lo que no decimos.
Reunimos nuestro tiempo, nuestros dolores,
nuestros ojos, las manos que tuvimos,
los corazones que ensayamos;
nos traemos al libro,
y quedamos, no obstante,
más grandes y más miserables que el libro.
El lamento no es el dolor.
El canto no es el pájaro.
El libro no soy yo, ni es mi hijo,
ni es la sombra de mi hijo.
El libro es sólo el tiempo,
un tiempo mío entre todos mis tiempos,
un grano en la mazorca,
un pedazo de hidra.


- Jaime Sabines, prologo del poemario Tarumba (1956)