jueves, 26 de mayo de 2011

Niño ratero




Aquí estoy, una vez más, a punto de romper el silencio y ventilar mi vida privada en éste humilde blog. Si usted, querido lector, aún me guarda un poco de respeto, mejor no lea el siguiente post. En esta ocasión, la historia que quiero contarles es sobre un niño ladrón. ¿O debería decir, dos?

Vámonos al pasado. 1994. Su servidor estudiaba el sexto grado de primaria en la escuela pública Carlos Sandoval Sevilla. Era un niño gordo común y corriente. Ahora también soy gordo. Y común. Y corriente. Íbamos a nuestras primeras fiestas ‘de grandes’, hacíamos nuestros primeros intentos por congeniar con el sexo opuesto y pensábamos que éramos la octava maravilla. El punto es que a mis 11 años, por muy grandes que mis compañeros y yo nos creyéramos, seguíamos siendo unos niños. Supongo que no era el único que aun tenía sus muñecos y de vez en cuando los sacaba sintiendo cierta culpa. Como si a esa edad estuviera prohibido creerse héroe de caricatura, y de paso, darle vida a las aventuras más inverosímiles.

Afortunadamente, la edad de la punzada no me cambió del todo. Mientras algunos de mis amigos ya tenían dentro del mismo salón a sus novias, yo seguía creyéndome Caballero del Zódiaco, o Garfield, o futbolista estrella, o Superman, o lo qué fuera. Quizá por eso me fue imposible rechazar la oferta que Miguel, uno de mis compañeros, me hizo un día cualquiera a la hora del recreo.
- Oye, yo sé que te gustan los muñecos de los Depredadores. Cuestan como 100 pesos, pero un tío me los consigue más baratos. Si quieres le encargo uno, te lo daría a 18 pesos.

Obviamente dije que sí. La verdad, siempre había querido tener una figurita de acción del Depredador (sí, los extraterrestres mechudos feos de las películas). Digan que pequé de ingenuo, pero no le vi lo sospechoso a tal ofertón. Además, si hoy en día cien pesos aun es mucho dinero para mí, imagínense en esa época. Ahorré un par de días y junté los 18 pesos acordados. Una noche, mi amigo Juan Carlos (también iba en el mismo grupo) habló a mi casa para decirme que Miguel acababa de traerle mi Depredador. Quise ir por él inmediatamente, pero Juan Carlos insistió en que mejor me lo daría en el colegio al otro día. Ni dormir pude. Pacientemente esperé a que pasara la noche y a la mañana siguiente, recibí mi juguete. Nuevecito, en su empaque original. Ni quise abrirlo hasta llegar a mi casa. La verdad, estaba bien padre. Era algo así:



Miguel me dijo que podría conseguirme todos los juguetes que yo quisiera, a precios muy similares al de mi primer encargo. Y justamente eso pensaba hacer, ahorrar otros 18 pesos y encargarle otro muñequillo. Obviamente, la entrega del primer Depredador animó a que varios de mis compañeros y compañeras se animaran y pidieran varios encargos. Había que sacarle provecho a ese tío que supuestamente trabajaba en Juguetrón. Por un par de días, todos dejamos de lado la imagen de ‘grandes’ y sin pena hablamos de muñecas, personajes de acción y juguetes similares. Miguel siguió trayendo encargos a precios risibles, ante la felicidad de todos. Juntó tanto dinero, que en muy poco tiempo tuvo el dinero suficiente para comprarse una cámara fotográfica de fotos instantáneas. Gasto medio tonto, pues sólo nos tomábamos fotos sin chiste.

Por desgracia, la vendimia duró poco. Ricardo, nuestro profesor, empezó a sospechar y mandó a traer a los papás de varios de nosotros. Así quedó al descubierto que no existía ningún tío trabajando en Juguetrón, y que en realidad, los juguetes eran robados del Wal Mart de la colonia por Miguel y sus amigos. Hubo varios castigados y regañados por sus papás. Por fortuna yo salí impune del lío y me quedé con mi Depredador. Lo malo es que aunque tenía mucha ilusión, ya no pude obtener otros juguetes.

Un año después, ya en la secundaria, la anécdota de los robos al Wal Mart siguió en mi mente. Entonces deseaba tener un corrector Liquid Paper en forma de bolígrafo, pues estaba de moda. Por eso, se me hizo fácil sacar uno del Wal Mart, en lugar de pedírselo a mis papás. Lo hice como se hacen las estupideces, sin pensarlo. Lo tomé, lo guardé en mi bolsa y me salí corriendo. Esperaba que al hacerlo sonara alguna alarma, que algún policía me hubiera visto en una cámara de seguridad y saliera corriendo detrás de mí. No había ni salido de la zona del centro comercial, cuando el sentimiento de culpa me parecía insoportable. Abrí el paquete, saqué el lápiz corrector y lo estrellé un par de veces en un poste de luz. Al tercer impacto el corrector comenzó a chorrear y salirse de aquel instrumento roto. Fue un acto tonto, pero que en cierta forma me dio paz. Había robado, y lo peor, traicioné la confianza de quienes me pensaban incapaz de hacer algo. En aquellos tiempos la vigilancia en ese supermercado no era tan quisquillosa como ahora, pero aun así pasé unos meses temiendo que cada que ponía un píe en esa tienda me identificasen y así, fuera entregado a la justicia.

Esta fue la narración de un niño ratero que indirectamente volvió a otro en lo mismo. No me enorgullezco de lo que pasó, pero tampoco fue algo malo. Aprendí que al hacer algo malo, el peor castigo es enfrentarse a la conciencia de uno mismo. No volví a robar… bueno, sí, en otra ocasión, en el mismo Wal Mart, pero esa, fue
otra historia que ya conté alguna vez.

domingo, 22 de mayo de 2011

Poza Reyna



Más allá de sus brujos, lagunas o playas cercanas, en rumbos poco conocidos hasta por los lugareños, la región de los Tuxtlas, en el estado de Veracruz, tiene uno de sus secretos mejor guardados: Poza Reyna.

La primera vez que fui debió haber sido por ahí de 1997. Fue en uno de los múltiples viajes, que año con año realizo con mi familia a Catemaco, cuando el velador del sitio en el que siempre nos hospedamos, le platicó a mi papá sobre Poza Reyna. 'Olvídese de cualquier otro sitio que haya conocido por aquí, cuando conozca Poza Reyna verá que nada se le compara, es otra cosa', nos dijo aquel hombre. Después de preguntar la manera de llegar, mi papá no aguantó su curiosidad y terminamos yendo en busca de la dichosa Poza. Aquel velador tenía razón, Poza Reyna era un auténtico paraíso, uno de los lugares más hermosos en los que he estado en toda mi vida.

Pasó el tiempo. Nunca más volvimos. Mi papá y otros integrantes valiosos de la familia partieron de nuestras vidas. Sin embargo, aun a 14 años de distancia, Poza Reyna seguía siendo una obsesión para mí y otros de mis familiares que la habíamos visitado en el pasado. Por eso, en abril de éste año decidimos volver. Sin una idea muy clara de la ruta a tomar, quisimos aventurarnos de nuevo e ir en busca de nuestra Poza Reyna, aquella que ya una vez nos había maravillado y a la que por supuesto, no podíamos olvidar.

Aunque esa vez fuimos en dos camionetas, ahora fue sólo en una. Salimos de Catemaco, bordeando por carretera su inmensa laguna y tomamos el camino hacia Nanciyaga. Pasamos dicha reserva natural y también la fábrica de refrescos Coyame. Más adelante, la carretera de asfalto llega a su fin y comienza el camino de terracería. Hay comienza verdaderamente la aventura. Siguiendo un angosto camino en el que encontrar más autos o personas es cada vez más difícil. Se va en medio de la inmensidad de cerros. Atravesando pequeños riachuelos, pasando a lado de hectáreas con animales de ganado que en silencio nos miran pasar. Nuestra memoria comienza a jugarnos una mala pasada. De pronto ya no recordamos si aquel era el camino que seguimos la vez pasada. Cada que atravesamos algún arco o puerta, la sensación de ser invasores en propiedad privada se apodera de nosotros.


De pronto, un anuncio oxidado nos informa que hemos llegado. Giramos a la derecha y somos recibidos por un hombre que nos informa que el acceso nos costará 30 pesos por persona. Paradójicamente, años atrás sólo le dimos unos refrescos al vigilante de aquel terreno. Ahora, hasta nos dieron unos volantes impresos. “Es por ser semana santa, en cualquier otra época los hubiéramos dejado entrar gratis. Pero bueno, son ordenes del patrón”, nos comentó aquel encargado, y de paso nos advirtió “son tres pozas, ustedes sólo pueden estar en las primeras dos, porque la que tiene la cascada es de otro dueño”. Dejamos la camioneta en una explanada. A diferencia de la última vez, ahora había más vehículos además del nuestro. Caminamos unos metros por un camino rocoso y lleno de vegetación, y ahí estaba. Imponente, la primera poza rodeada de un paisaje selvático. Su agua azul intenso y la paz que su movimiento regala. Aquel hermoso deposito natural de agua sigue su camino corriente abajo, y a la vez, es abastecido por una poza de menor tamaño, ubicada metros arriba. De ahí se distingue la tercera y más espectacular, a la que por desgracia en está ocasión no pudimos acercarnos, a pesar de que en nuestra primera visita si lo hicimos.

Imágenes de la primera poza:



Imágenes de la segunda poza:





Tercera poza:









Tomar una bebida refrescante en la selva tropical teniendo un escenario tan soberbio de testigo no tiene comparación. Aquel sábado de gloria lo pasamos ahí. Nadando en la profundidad de la primera poza. Aquella agua helada era ideal para el caluroso clima que nos sofocaba. Ver como un lugareño saltaba desde una roca a una altura de dos metros, querer imitarlo, darse cuenta que aquel acto temerario era peligroso si no se caía alejado de algunas rocas del fondo. Tardarse una hora en tomar el valor para arrojarse y repetir la operación otras tres veces. Jugar a ser Rambo, Indiana Jones, Tarzán. Todo cabe en un escenario así. Soy animal de ciudad, para mí, lugares así, sólo en películas.

En algún momento, otra turista comentó que había visto un pez amarillo de gran tamaño en el fondo, e incluso, algo que parecía un cocodrilo. Nunca vimos nada. De cualquier forma, no dudo que entre toda esa naturaleza, o debajo de esa poza azul haya aun animales salvajes. Si en esta ocasión quedé con la boca abierta por la belleza de Poza Reyna, imaginen lo que fue 14 años atrás, cuando aquella tierra, y aquellas pozas eran vírgenes.

Dejamos Poza Reyna antes del atardecer. Felices por volver a tener la oportunidad de estar en uno de esos paraísos terrenales que aún le quedan a éste mundo.



miércoles, 18 de mayo de 2011

Cock


Se dice que todos en la vida tenemos un gran amor. ¿Qué sucede cuando se tienen dos… y al mismo tiempo? De eso, y muchas cosas más trata Cock, obra teatral escrita por el dramaturgo inglés Mike Bartlett, y que se presenta en corta temporada en el Teatro de los Insurgentes, en la Ciudad de México. La semana pasada fui a verla, y saben, me gustó.

Con un planteamiento inteligente, Cock es todo un viaje al complejo mundo de las relaciones humanas, y la manera en la que la pasión, y las costumbres, suelen confrontarse en el momento menos esperado. La historia comienza cuando Juan (Diego Luna), un joven gay sorpresivamente se enamora de una mujer (Ilse Salas). Como si lo anterior, ni fuera suficiente problema, Juan le habla de su nuevo amor a su pareja (José María Yazpik), el cual, ofendido pero curioso por la situación, decide organizar una cena en su propia casa, para así conocer a su rival. Una trama sencilla pero con un enfoque original, en la que igual cabe un humor muy fino, así como una profunda reflexión.

Valiéndose de una ingeniosa escenografía móvil, capaz de trasladarnos a diferentes estados emocionales, la obra pasa ligera, llena valiosas aportaciones a los enfoques que cada uno de nosotros tiene de la sexualidad humana. Más allá de un asunto de preferencias, Cock es un desenfadado estudio sobre el amor y la confusión que éste desata. La empatía entre Luna y Yazpik es convincente, conmovedora, las escenas entre ambos están cargadas de esa intimidad-empatia, de la que para bien o para mal, están impregnadas las parejas. Por otro lado, Luna e Ilse Salas llevan a sus personajes a través de un vaivén en el que la tensión sexual y la seducción es la constante.

Uno como espectador no puede sustraerse a la guerra de emociones que vive Juan; y es que, más allá de ser una decisión acerca de su orientación sexual, el verdadero y aterrador dilema es el darse cuenta de no saber lo que realmente se quiere, lo que se es. Enfrentarse a la presión de elegir un camino, cuando ambos tienen su encanto y por qué no, sus desventajas. Hacer de todo éste drama algo divertido es tan difícil de mandar, y a la vez un acierto. Sin lugar a dudas, de lo mejor que actualmente puede verse en la cartelera teatral de nuestro país.

Cock se presenta los jueves a las 20:30hrs, los viernes a las 19 y 21hrs, sábados 18 y 20:30hrs, y los domingos a las 17 y 19:15hrs. Es una corta temporada de unas cuantas semanas, así que vayan cuanto antes. Vale mucho la pena.

viernes, 13 de mayo de 2011

Nahual en Catemaco



No importa cuántas veces haya ido en mi vida, el poblado de Catemaco siempre consigue sorprenderme. Enclavado en la región de lo Tuxtlas, Catemaco es famoso por ser tierra de brujos y escenario de eventos sobrenaturales, cuyo misticismo se siente en cuanto uno pone un pie en aquel municipio del estado de Veracruz. Una bella y soberbia cascada; una cueva dedicada a ritos de magia negra; una piedra en dónde se dice, se le apareció la Virgen del Carmen a Juan Catemaco; una playa a la que le han ido robando su encanto; brujos callejeros; la zona en la que se fabrica un singular refresco de manantial; encuentros con narcos y más, pero mucho más aventuras he vivido en Catemaco. Para muestra, esta pequeña anécdota…

Martes 19 de abril de 2011. Acostado en la cama del lugar en el que me hospedaba, curioseaba en Twitter y casualmente me encontré con una singular nota (bastante mal escrita, por cierto) titulada "Extraña aparición en el Lago de Catemaco". La noticia era publicada por el portal de El Diario de Eyipantla, periódico local, y daba nota sobre la supuesta aparición del cadáver de un Nahual en las inmediaciones del lago de Catemaco. Fascinado compartí la información con mis primos y por medio del internet, aunque no encontramos fotos o vídeos del Nahual, descubrimos un par de cosas más. El cuerpo de aquella criatura se encontraba en Nanciyaga, reserva ecológica ubicada a unos cuantos kilómetros de Catemaco y donde supuestamente la habían encontrado. Curiosamente, cada que visitamos aquellos parajes, una de nuestras paradas obligadas es Nanciyaga, situación que nos hizo decidir ir lo más pronto posible en busca del Nahual.

No era la primera vez que estando por esos lugares escuchaba sobre apariciones y leyendas de Nahuales, al contrario, allá se habla mucho de ellos. Pero… ¿qué es un Nahual? ... quizá esta definición encontrada en el portal Contacto Semanal aclare las cosas:

“… de acuerdo con la tradición prehispánica, los dioses aztecas, mayas y toltecas poseían la facultad de adoptar formas animales para interactuar con el ser humano. Cada dios solía transformarse en uno o dos animales. Tezcatlipoca, por ejemplo, se aparecía convertido en jaguar o coyote; en tanto, Huitzilopochtli se manifestaba con apariencia de colibrí.

Además, cada persona, desde su nacimiento, poseía el espíritu de un animal que se encargaba de protegerlo y aconsejarlo, principalmente durante el sueño. Estos espíritus también eran llamados nahuales.

Sin embargo, mediante la magia, los brujos y chamanes podían establecer un fuerte vínculo con su nahual, de modo que sus sentidos se agudizaban notoriamente. Pero había otro modo de aprovechar al nahual personal. Quienes se adentraban en el conocimiento de las cosas ocultas, lograban transformarse en su animal guía. De este modo, en México se le conoce como nahual al brujo que tiene la habilidad de transformarse…”

- Los Nahuales en México, ContactoSemanal.com


El 21 de abril, cerca de la 1 de la tarde fuimos a Nanciyaga. A pesar de que se puede llegar en lancha, atravesando la laguna de Catemaco, decidimos hacerlo vía terrestre. Ingresar a esta reserva en auto es una experiencia única, pues la entrada es un camino en medio de la selva. En un momento dado, el auto va en medio de la nada, rodeado de árboles inmensos, plantas y hojas exuberantes y sonidos de diversos animales alrededor. Al llegar al estacionamiento, uno paga la entrada y es guiado por un guía que le mostrará un recorrido en donde el visitante puede toparse con un manantial cuya agua es bebible, y su lodo es usado como mascarilla para el cutis; la posibilidad de tomar un baño temazcal; la apreciación de figuras prehispánicas o de los cocodrilos en cautiverio, entre otras cosas. En algún punto del recorrido, le pregunté al guía sobre el rumor de la aparición del famoso Nahual. El joven nos contó que en efecto, se había encontrado el cuerpo de un ser extraño pero no en Nanciyaga, sino en la isla de enfrente. Fue traído hasta la reserva ecológica y varias personas lo vieron. Por desgracia, llegaron policías y autoridades provenientes de la Ciudad de México, que se lo llevaron junto con todas las fotos o pruebas de su existencia. Al pedir una descripción física, el guía se limito a decir que aquel era como un duende con partes humanas y de animal, y que presentaba una herida en la zona de las costillas.

Nos fuimos de Nanciyaga dándole carpetazo al caso del Nahual, al cual nunca pudimos ver con nuestros propios ojos. Sin embargo, hace unos días mi primo Luis Gabriel me comentó que había encontrado en YouTube un vídeo sobre el dichoso Nahual, el cual he subido al blog para que le den una revisada:

Muchos dicen que era un chango y que la coloración de su piel se debe a que le arrancaron la piel. Puede ser, aunque las orejas forma de la cara no coincide del todo con la de un primate. Además, si en efecto hubiera sido un mono, no tendría sentido el que se lo hubieran llevado con tanta premura y discreción. Buscando un poco más, supe que semanas atrás del descubrimiento del Nahual, hubo varios reportes de lugareños que aseguraban haber visto a una extraña criatura en las orillas de la laguna de Catemaco, incluso hubo reportes de gallinas salvajemente asesinadas en zonas cercanas. No sé si aquello que se halló era o no un Nahual, lo cierto es que una vez más Catemaco me regala pretextos para seguir hablando de él, y de los muchos misterios de esa región.


martes, 10 de mayo de 2011

Coatepec


Algo tienen los llamados Pueblos Mágicos de éste país que me encandila. Una extraña atracción se apodera de mi cada que visito alguno de estos destinos elegidos por la Secretaria de Turismo, en los que tradición, arquitectura y cultura hacen que la denominación “Pueblo Mágico”, sea una garantía para los viajeros. Taxco, Real del Monte, Tepoztlán, Dolores Hidalgo, Pátzcuaro o Cuitzeo son algunos de estos poblados que he tenido la oportunidad de conocer.

En está ocasión llegó el turno de Coatepec. Lugar ubicado en el estado de Veracruz, y hacia el cual me dirigí una mañana sin mucha idea de cómo llegar, o qué esperar. Viajes así no se planean mucho, pero por consiguiente se disfrutan como pocos. Un trayecto de aproximadamente 4 horas separa a la Ciudad de México de Coatepec. La ruta no es tan compleja. Se va rumbo a Puebla, y de ahí se toma la carretera hacia Perote y Xalapa. Un camino con amigables paisajes nos acompaña antes de nuestro destino final, que tiene una parada obligada: la capital veracruzana.

La primera, y única ocasión que éste bloguero estuvo en Xalapa, fue en 1999. Doce años después me encontré con una ciudad muy diferente. Mucho más grande, limpia y con lugares realmente apacibles. Unas horas en su zócalo son suficientes para recargar baterías y entusiasmar al corazón. Infaltable es acudir a la catedral xalapense y visitar a Rafael Guízar y Valencia, obispo canonizado en el 2006. Seguir adelante y llegar a Coatepec, o quedarse más tiempo en Xalapa es el dilema de quienes decidimos seguir esta ruta. Tras tomar la decisión de seguir el plan original, se deja Xalapa con la certeza de querer regresar lo antes posible, y escribir más y más sobre ella.




Coatepec está a unos 7 kilómetros de Xalapa. Éste poblado está enmarcado por un bosque tropical que hace el breve trayecto entretenido y agradable. Al llegar, el encanto va descubriéndose poco a poco, las calles, iglesias y casas van adquiriendo ese toquecito que sólo los Pueblos Mágicos tienen. Lo más recomendable es dejar el auto en algún estacionamiento en la zona centro y caminar, dejar que sea el propio lugar el que nos vaya contando su propia historia. De golpe, lo primero que percibió mi mirada fue la Parroquía de San Jerónimo, un agasajo visual que nos invita a recorrer su patio y el interior del templo.




Después las sorpresas van sucediéndose una a otra, comenzando por ese delicioso aroma a café, impregnado en todos los rincones de Coatepec, una de las principales entidades cafetaleras del país. Quizá, su rincón más emblemático sea el Parque Hidalgo y su kiosco central, donde el encanto de un parque provinciano, sus arboledas y ubicación lo convierte en el punto medular de la vida coatepense. Es aquí donde el viajero puede abordar “El Piojito” (bus turístico que debe su nombre al primer tren que llegó a Coatepec) y descubrir la historia de los lugares más representativos del lugar. Así uno se entera que Coatepec quiere decir “Cerro de las Culebras”, debido a la proliferación de estos reptiles en los cerros aledaños, o la historia de como a principios del siglo XIX se trajeron semillas de cafeto arábigo, las cuales fueron plantadas en estos fértiles suelos, comenzando así la producción que a la larga le darían al café de Coatepec el título del mejor y con más calidad de México.







El resto depende de uno y su espíritu aventurero. Coatepec ofrece tantas posibilidades en sí mismo que resultaría un tanto ocioso describirlo. El chiste es meterse en sus museos, recorrer las inmensas casonas estilo andaluz que abundan en cada calle, que en su interior guardan portentosos jardines, y que en no pocas ocasiones han sido empleadas como locaciones de películas. Pasito a pasito sentirse invadido de tranquilidad en sus bellas calles y toparse con sus coloridas iglesias de distintos estilos arquitectónicos. Por si le faltara más belleza, Coatepec es adornado por sus invernaderos y viveros, en donde resalta la abundancia de orquídeas y plantas exóticas.

Cuando horas después se abandona Coatepec, la despedida no es menos mágica con el Pico de Orizaba como silencioso gigante al fondo del paisaje. El olor a café se extraña desde los primeros instantes en los que se parte hacia nuevas rutas, hacia nuevas aventuras.

lunes, 2 de mayo de 2011

Carta Astral


Me leyeron mi carta astral, y el resumen final fue: soy un gordo compulsivo, que tiene amigos borrachos y jotos. Bueno, no, la verdad es que me dijeron muchas, pero muchas cosas más el fin de semana. Como sé que algunos lectores de éste blog son un tanto curiosos (chismosos), les cuento lo que a grandes rasgos me depara el futuro.

Después de proporcionar algunos datos referentes a mi fecha y hora de nacimiento, fue el tío de un buen amigo, el que amablemente me hizo el favor de elaborar mi carta astral. En un par de hojas con círculos, líneas trazadas, símbolos y números, se supone, estaba contenido mi pasado y parte de mi futuro. En una amena charla de más de una hora supe lo siguiente: Soy muy criticón y hasta cierto punto burlón. Suelo ser enojón y decirle sus verdades a la gente. En las mujeres me fijo mucho en los ojos y en su busto. Mis parejas o prospectas suelen dejarme de repente, algo sucedía en el pasado que no me dejaba ir adelante en mis relaciones. Soy muy aprensivo en cuestiones románticas, pues estas me afectan demasiado. Tendré puras hijas, y serán altas, de hecho, una de ellas será muy parecida a mi mamá. Hablando de ella, me comentaron que salvo la presión baja, es muy saludable y vivirá mucho tiempo. Poseo facultades especiales para ver familiares muertos (cieeeeerto) y también para sentir las vibras positivas y negativas de personas y lugares. Uno de mis mayores deseos es irme a vivir al extranjero, objetivo complicado según el tío astrologo.

Soy propenso a los accidentes automovilísticos. Sobre todo cuando voy o vengo de camino a mis trabajos. Es más, a principios de octubre me veré envuelto en uno más o menos fuerte. Iré en el auto con mi pareja y terminaré con algunos huesos rotos. Hablando de huesos, tendré problemas en mis articulaciones bajas (de la cintura hacía abajo), en gran medida ocasionadas por mi sobrepeso. Tiendo a subir y bajar de peso con facilidad, pero en algún momento no me resultará tan sencillo, así que debo empezar a comer menos. Se supone que como compulsivamente gracias al excesivo nerviosismo del que padezco. El mes de abril de éste año fue el más pesado del año para éste bloguero. Enero, Febrero y Marzo los pasé casi todo el tiempo en casa, pero la buena noticia es que el resto del año me pinta muy bien. En mayo por fin conseguiré trabajo. Será por medio de personas de mi pasado y recibiré la llamada de una mujer. La empresa a la que entraré es grande, aunque relativamente joven. De dueños extranjeros y en la cual trabaja gente de mi edad. Ahí me encontraré con viejos conocidos y estaré contento. Con el paso del tiempo ganaré bien y entonces será el momento de irme haciendo de mis propiedades. Abandonaré el nido materno hacia finales de éste año o principios del otro. De algún modo me comprometeré con mi pareja a finales de año. Este año aun no tendré descendencia. Viajaré sólo al extranjero en éste 2011, probablemente a un país anglosajón joven (Canadá o Estados Unidos). En noviembre haré con mi novia un viaje de placer y en diciembre otro de trabajo.

A casi todos mis amigos les gusta el alcohol. Casi todos son comunicólogos y hablan hasta por los codos. Vine al mundo para ayudar mucho a uno de ellos. Debo cuidarme de hacer negocios con ellos o prestarles dinero, pues es muy fácil que me estafen o me quiten mis cosas. También, algunos de mis amigos son gays. Estoy muy unido a mi hermana y rara vez tendré conflictos con ella, aunque en septiembre ambos tendremos un pleito con uno de mis abuelos. Ningún familiar morirá en lo que queda del año, pero uno de mis abuelos, sin que sea algo grave, recaerá de ciertos problemas que ha tenido en el estomago y las vías urinarias. Tengo facultades para administrar el dinero y para comunicarme, aunque lo hago mucho mejor de forma escrita, sobre todo cuando hablo de amor. Siento que casi nadie me comprende y soy extremista, a veces muy tierno, a veces muy seco.

Y ya. Hay más cosas, pero esas prefiero guardarlas para mí. ¿A poco creían que les iba a contar todo? Resultó un ejercicio interesante. No soy un creyente fervoroso de estas cosas, pero algo de cierto debe haber en las ciencias astrológicas y de adivinación. De todo lo anterior le atinó a varias. El tío astrologo me contó cosas que casi nadie sabe, por lo cual le doy crédito. Vienen cosas muy buenas y así quiero creerlo, los astros están conmigo, sólo es cuestión de echarlas a andar. A fin de año veremos qué tal.

jueves, 28 de abril de 2011

Wojtyla y yo




Tú eres mi hermano del alma, realmente el
amigo

(…) aunque eres un hombre, aún tienes el alma de un
niño,
(…) Recuerdo que juntos pasamos muy duros momentos,

Y tú
no cambiaste por fuertes que fueran los vientos.

(…) Tú eres
realmente el más cierto en horas inciertas.”


Varias veces intenté escribir éste texto. Quería que fuera sublime y lleno de datos valiosos; idea que en sí misma, resultaba un atrevimiento. ¿Cómo pretender hablar de uno de los líderes espirituales más importantes en toda la historia sin quedar a deber? Borrar todo, empezar una y otra vez para al final comprender que para hablar del papa Juan Pablo II, en días de su beatificación, lo mejor sería hacerlo desde el corazón.

El mundo entero lo conoció como Juan Pablo II. Lo vi sólo un par de veces, pero seguí su rastro toda la vida. Supongo que comencé a ser consciente de lo que éste hombre representaba, durante su segunda visita a México en Mayo de 1990. Recuerdo una cobertura mediática sin precedentes que a mis ocho años me ayudó a conocer un poco del magnetismo que el papa ejercía sobre los creyentes mexicanos. Me impactó tanto que durante esos días jugaba a oficiar misas en un balcón que me fabricaba con los cojines del sillón. Leía pasajes de la biblia infantil que me habían regalado por motivo de mi primera comunión. Yo era el papa, mi hermana una monja y mi primo Luis era un obispo. Salió a la venta un comic con la vida de Juan Pablo II que me sirvió para conocer más a fondo su vida, y maravillarme. Conocer su difícil juventud, las peripecias que tuvo que sortear en los años de guerra, la humildad de un hombre con una fuerte inclinación a las artes, su calidad humana, la forma en la que sobrevivió al atentado que sufrió en 1981 y como posteriormente perdonó a su agresor. No sé si sea normal que un niño tenga como héroe a una figura religiosa. Quizá no era el único, quizá buena parte De la humanidad fue sucumbiendo ante la bondad de quién supe, antes de ser el Sumo Pontífice, respondía al nombre de Karol Wojtyla.

Mi impacto no encontraba saciedad. Como pude averigüé lo que fue aquella primera visita de Juan Pablo II a México, mismo que fue el primer viaje de su pontificado. Había escuchado que las imágenes de aquella primera visita habían conmocionado no sólo al mundo, sino hasta al mismo corazón del papa, quien a raíz de ese viaje decidió el estilo con el que desarrollaría su papado. Desde ese momento surgió un hermoso romance entre Karol Wojtyla y México. Una relación que se acrecentaría con un total de cinco viajes en los que el pueblo de México se entregó como ninguno otro lo haría. Se dice que dos países fueron los grandes amores de Juan Pablo II, su natal Polonia y México. No sé que tanto tenga en común nuestro cálido país con la fría Cracovia. Quizá se deba a que ambos pueblos siempre han sorteado retos, depresiones, problemas internos y son dueños de una fe inquebrantable por parte de sus pobladores.

Fui testigo de esa empatía, de ese cariño reciproco varias veces. En sus discursos en los que con entusiasmo se refería a los mexicanos. Frases como "Antes decía: ‘eres polaco’, hoy debo decir: ‘Tú eres mexicano’" (Estadio Azteca, 1993); "México siempre fiel" (Basílica de Guadalupe, 1979); “¡México sabe cantar… México sabe bailar… pero sobre todo México sabe gritar!” o “¡México…yo estaré con ustedes, todos los día, hasta el final del mundo!”. El 24 de enero de 1999 tuve la oportunidad de asistir a una misa multitudinaria que dio en el Autódromo Hermanos Rodríguez. Desde una noche antes llegué acompañado de mis amigos Mario Peralta y Rodrigo Salcedo. Dormimos en medio de la tierra, pasamos un fuerte frío invernal y al final valió mucho la pena. Cuando Juan Pablo II irrumpió en el lugar la emoción simplemente fue indescriptible. Al momento de pasar a mi lado en el Papamóvil, a sólo un par de metros de distancia, sentí la energía más intensa de toda mi vida. Lo que aquel hombre irradiaba era simplemente sobrenatural, incomparable. Fueron sólo unos segundos los que estuve tan cerca del papa, pero suficientes para inundarme de una fe que sigo sin poder explicar. Algo que envolvió mi corazón, calmó mis miedos y reconfortó mi esperanza. Me arriesgaré a decir que ese instante es lo más próximo que he estado de Dios.

Más allá de las controversias sobre sus casi 26 años al frente de la iglesia católica, queda la obra de un hombre que se sobrepuso a la adversidad, las enfermedades, los impedimentos políticos y sociales. Un papa diferente, viajero, que reía, joven, dispuesto a llegar a los fieles y quitar esa imagen que dictaba que los papas eran inalcanzables. Leí alguno de sus libros, cada que me topaba con alguna nota periodística que lo mencionara la leía, seguía atento sus enseñanzas, sus visitas a mi México eran motivo de fiesta, de subir a la azotea y hacerle señales con la luz del sol mientras el sobrevolaba la ciudad en avión. Salir a las calles y correr detrás del papamóvil , echar porras, escuchar atento sus palabras. Aquel hombre que venció cualquier convencionalismo y hasta en sus últimos días dio muestras de una entereza ejemplar ante el dolor.

El día de la muerte de Juan Pablo II iba rumbo a una tienda cuando dieron el anuncio por radio. Resultó paradójico que después de estar pegado a la televisión por horas, siguiendo la transmisión desde el Vaticano, el único momento en el que salí haya sido justo el que el Santo Padre eligió para partir a la casa de su padre. Aquella tarde lloré mucho. Desde entonces lloro al escuchar canciones como ‘El Rostro del Amor’, ‘Pescador’, o ‘Amigo’.







Mis sentimientos no pueden escapar a cualquiera de sus imágenes, de sus letras, de las crónicas de sus viajes y forma de vida. Sus amigos más cercanos le apodaban cariñosamente Lolek. A unas horas de su beatificación quisiera llamarle así. Un amigo, un guía, un salvador. Podrán atribuírsele cientos de milagros en adelante, pero el ya hizo el principal con millones de nosotros: revitalizarnos la fe, hacernos creer de nuevo en la bondad de los hombres. Me gustaría hablar más de ti Lolek, pero la emoción me gana. He llorado y sonreído al teclear estas palabras. Sonreí y me sentí dichoso de ser mexicano y haber gozado del cariño que siempre nos tuviste. Acabo de escuchar de nuevo las últimas palabras que pronunciaste en nuestro país. Me quedé sin aliento, pero contento de entender el mensaje:

"¡Me voy, pero no me voy, me voy pero no me ausento, pues aunque me voy, de corazón me quedo...!

lunes, 25 de abril de 2011

DF bajo el agua


Debería estar acostumbrado: vivo en la ciudad en la que a los imposibles les da por volverse realidad. Epidemias, sismos, aviones que caen del cielo, olimpiadas, marchas, mundiales de futbol. Todo esto acompañado de un grandísimo etcétera hace que en esta ciudad todo, absolutamente todo, sea perfectamente verosímil. Al igual que los otros millones de habitantes de esta orbe pensaba que ya lo había visto todo. Entonces fui sorprendido una vez más.

Sábado 16 de abril de 2011. Tenía varios días que no llovía en el DF, y si bien el cielo nublado presagiaba lluvia, nadie imaginaba que cayera semejante tromba. Esa tarde apenas tenía media hora de haber llegado a casa, cuando recibí una llamada de la única persona capaz de sacarme de casa en una noche que se anunciaba tormentosa, y en la que además, pasarían el juego del Atlante por televisión. El hermano de mi novia celebraba su cumpleaños y quería ver si pasaba por ella y de paso me quedaba un rato en la fiesta. Acepté, pues así somos los hombres que amamos. Mientras me preparaba, se soltó una intensa lluvia con granizo. Tomé una sombrilla. Me guardé bien el celular y salí corriendo hacia mi Chevy (pues era el carro que estaba afuera). Un par de metros fueron los que corrí, suficientes para dejarme empapado. Aun así, la lluvia no dejaba de ser como tantas otras. Encendí el auto y comencé mi trayecto. Entonces comenzó a granizar.

Pasé Eje 3. Entré a Viaducto. Apenas unos cuantos metros después me vi siendo parte de un denso tráfico que avanzaba de a poquito. Eran las 7 de la noche, mientras la tormenta seguía cayendo yo me distraía escuchando por radio el juego de mi Atlante contra el Necaxa. Bajé el primer desnivel y el carril de la derecha ya estaba inundado. Veinte minutos después descendí por el segundo desnivel, esta vez, los carriles inundados eran los de la derecha, el centro y parcialmente el de la izquierda. Los autos se aventuraban a pasar de uno en uno. Cuando llegó mi turno aquello ya era una laguna. Intenté cruzar con una velocidad media. Mi carro era frenado por la misma fuerza del agua y como se balanceaba debido al oleaje debajo de éste. A pesar del estrés que significa manejar en estas condiciones, me di tiempo para tomar un par de fotos, y de vez en cuando ir posteando mis peripecias en Twitter.



Llevaba unos 40 minutos en el tráfico. Me encontraba a unos metros del siguiente desnivel, cuando escuché mucha agua correr y un olor un tanto fétido. Entonces giré y vi cómo el canal que corre en medio de los dos sentidos de avenida Viaducto comenzaba a desbordar, formando una gigantesca fuente cuyos litros y litros de agua hacia que la cantidad de agua aumentara a una velocidad vertiginosa y los tripulantes de varios autos ubicados en los desniveles decidieran salir de sus vehículos ante la inminente posibilidad de quedar atrapados en ellos. Uno de mis pesadillas y temores más recurrentes es quedar o caer sumergido en un carro. Cuando veía noticias de inundaciones así me preguntaba qué haría si en alguna ocasión yo estuviera en una situación así. Aquella noche aprendí que de poco sirve tener planes para cierto tipo de eventualidades.



Tomar del auto las pertenencias más importantes, y abandonarlo para ponerme a salvo, parecía la opción más sensata. Por delante y por detrás me encontraba flanqueado de autos, a mi costado izquierdo el agua no dejaba de salir a cantaros. Fue entonces cuando percibí que un par de autos intentaban salir a la lateral pasando por las áreas verdes que delimita la avenida de esa zona. Parecía una buena opción hasta que un vochito, y luego una camioneta quedaron atascados por que el exceso de agua convirtió ese jardín en lodazal en cuestión de minutos. Aun así había que intentarlo y pronto. Quedarme ahí significaría resignarme a perder mi auto. Nervioso intenté llegar lo más pronto posible al carril de la derecha. Apagué el radio. La mayoría de los autos que aun no estaban varados por el agua intentaban salir a las laterales, y en su intento, muchos quedaban detenidos por los restos de un jardín que ya tampoco se veía. Todo era una laguna con autos y los espacios para salir airoso eran cada vez menos. A la distancia, los policías de una patrulla veían todo con impotencia. Después de una eternidad alcancé el carril derecho y me la jugué. Más valía quedar atascado que ahogado. Aceleré lenta pero firmemente y sentí cuando subí a la banqueta, luego el fango debajo de las llantas, avancé entre un par de árboles, aceleré un poco más al final y bajé de la banqueta. Ya estaba en la lateral, la cual por cierto, también se comenzó a inundar.

Manejé unas cuantas calles hacia adentro. Alejándome del ruido, del caos y del agua. Estacioné el auto, respiré profundo y le marqué a mi novia para explicarle lo sucedido y avisarle que llegaría tarde. Revisé Twitter y vi que gran parte de mis contactos defeños batallaba en algún punto de la ciudad con las inundaciones y el granizo. De Viaducto se decía que una tubería se había roto y que en esa vialidad había autos debajo del agua. Me armé de valor y seguí mi camino por otra ruta. Volví a prender el radio y escuché el resto del partido. A lo largo del trayecto la constante fue la misma. Charcos, embotellamiento y mucho granizo, tanto que parecía nieve. A ratos los paisajes de calles completamente blancas, autos llenos de hojas y casas sin luz era un espectáculo raro, extraño, adjetivos que por cierto, cada vez usamos más seguido.



Tres horas después llegué a la fiesta en av. Revolución. Conté lo que me había sucedido y me mostraron un par de fotos que en internet ya circulaban de la inundación. Cerca de la medianoche volví a casa. Reabrieron Viaducto hasta el otro día y se negó que se haya roto alguna tubería. Ahora que escribo esto me parece que hubiera pasado hace mucho, o lo hubiera soñado. Confirmo lo que sabía desde hace mucho, vivo en la ciudad donde nunca dejas de sorprenderte, pues todo, absolutamente todo, es posible.

domingo, 17 de abril de 2011

Feliz cumpleaños Atlante, feliz cumpleaños Gabriel

Los rumores decían que aquella placa se ubicaba en la esquina que forman las calles de Sinaloa y Valladolid, en plena colonia Roma, en la Ciudad de México. Desde su develación y existencia en el 2006 siempre quisé ir, deseo que fui postergando a causa del estúpido ritmo de vida, que a veces tiene la manía de hacernos dejar de lado lo verdaderamente importante.

Hace unos días decidí darme un tiempo, e ir en busca de esa placa que, sin temor a equivocarme, llevaba esperándome cinco años. Después de batallar con el tráfico, dejé el auto estacionado ilegalmente en la entrada de un edificio (tras media hora de dar vueltas por el rumbo, nunca encontré ni un maldito espacio desocupado). Después caminé y luego corrí la distancia que me separaba de un estrado de mediana altura que ya había visto a lo lejos. Llegué en segundos y sentí un calambre de emoción recorrer mi cuerpo. Ante mi estaba la placa de fundación del equipo Atlante.


El Club Atlante es uno de los más longevos y tradicionales del futbol mexicano. La idea de su creación se dio precisamente en el cruce de las calles Sinaloa y Valladolid. Desde entonces, el llamado equipo del pueblo ha ido forjándose como una leyenda. Triunfos, derrotas, batallas épicas, una afición de hueso colorado que agüanta todo y que siempre está ahí, apoyando los colores azulgrana contra viento y marea. Los años amateur, Horacio Casarín, el antiguo parque Asturias, el título de la temporada 1946-1947, el apodo de 'Los Prietitos', Fernandón, los juegos contra Necaxa que se convirtieron en el primer clásico del futbol nacional, el General Núñez, Cabinho, la época del seguro social, Rafa Puente, el amor a la camiseta, los llenos en el Azteca, la final perdida contra Tigres a principios de los ochenta, Ricardo La Volpe, el exilio a Querétaro, los dolorosos descensos a la segunda división, Félix Fernández, los heroicos ascensos, el campeonato de 1993, la vuelta olímpica en el Tec, el estadio azulgrana, José Antonio García, Miguel Herrera, el estadio Neza 86, los años de Chamagol, playeras Garcís, la porra Tito Tepito, Federico Vilar, la triste mudanza a Cancún, el campeonato en el invierno de 2007, el título de campeones de la Concacaf, el Mundial de Clubes, las idas al estadio dejando todo de lado, llorar de impotencia en las derrotas, gritar las victorias, portar la camisa con orgullo a pesar de cualquier resultado negativo. Todo eso y mucho, pero mucho más es el Atlante.


Por ridículo que parezca, en esa placa no sólo está contenida una pequeña parte de la historia de mi equipo favorito, sino también la mía propia. El Atlante nació un 18 de abril de 1916. Yo lo hice el mismo día, pero de 1982. Pocas personas, o quizá ninguna, puede presumir haber nacido el mismo día que el equipo de sus amores. Cuando hace unos 7 años me di cuenta de esta feliz coincidencia, no pude sino confirmar lo que de alguna forma ya sabía: el Atlante y yo estamos ligados desde siempre. Atlante cumple 95 años, yo mucho menos. Los Potros de Hierro han forjado con letras doradas su historia en el balompié nacional. Yo intento hacer algo en mi hoy confusa vida. Presiento que volveré a esa placa cuando me sienta confuso y quiera recuperar parta de mi identidad, esa que sólo las pasiones de verdad te permiten recuperar.


Finalmente casi nada, o poco tengo seguro en mi presente. Sin embargo, esas certezas me hacen sentir más fuerte con respecto al porvenir. Al fin y al cabo, lo más sencillo es lo que nos hace sonreír. Quería escribir un poquito sobre el Atlante y un mucho sobre mí, pero como siempre que escribo en mi blog la idea original me salió al revés. Todo esto para decir: Feliz cumpleaños glorioso Atlante, feliz cumpleaños a mí. Y que la vida nos depare aun muchas aventuras juntos.

martes, 12 de abril de 2011

¡Publiqué en la revista Picnic!

Salir de casa después de tomar un refrescante baño por la mañana. Cruzar uno de los muchos parques de mi colonia. Llegar al centro comercial y atravesarlo hasta una de sus tiendas departamentales. Dirigirse a la sección de libros y revistas. Ver por fin esa revista en cuya portada está tu nombre y sonreír. Aguantarse las ganas de gritarle al mundo que dentro de esa afamada publicación, hay un texto tuyo. Hoy no es un día cualquiera. Hoy salió a la venta el número de Picnic en el que colaboraste.

No importa cuántas veces se viva la experiencia. Ver impreso nuestro nombre en algún medio escrito siempre genera una especie de cosquilleo emocional mezclado con orgullo. Hace unos meses empecé en éste blog con una especie de reto personal llamado 'Quiero ser escritor' cuyo objetivo era publicar regularmente en periódicos y revistas. Pues bien, en lo personal el colaborar en el más reciente número de Picnic es el permitirme subir un gran escalón hacía lo que pretendo. Aparecer en las páginas de una revista así para mí es muy importante, todo un logro personal.

Quiero agradecer públicamente a Ingrid Constant, coeditora y a todo el equipo editorial que hace posible la existencia de Picnic por la oportunidad brindada. Espero haber estado a la altura de una de las mejores publicaciones sobre imagen y creatividad del país. El diseño y contenido hacen que cada entrega se vuelva coleccionable y de culto.

El número 39 de la revista Picnic está dedicada a los Cromáticos. A cada uno de los colaboradores se nos pidió desarrollar alguna idea o concepto en torno a un color. En mi caso, el texto que presento lleva por nombre 'Gema y su incongruente verde', una historia de amor obsesivo-compulsivo engendrada (valga la redundancia) desde, por y para el color verde. Me encantó como quedó el diseño final no sólo de mi escrito, sino el de toda la publicación.

No dejen de comprarla y checar mi texto. Para mí sería un honor que lo hicieran. Picnic ya está a la venta en tiendas Sanborns, Liverpool, El Palacio de Hierro, aeroboutiques y en otros locales cerrados del país. Si nunca se han acercado a esta revista, aprovechen esta oportunidad, les aseguro que no se arrepentirán.

Esta es la portada:


jueves, 7 de abril de 2011

No más sangre, pero tampoco dejar de luchar


El pasado miércoles 06 de abril, el escritor y poeta Javier Sicilia convocó a una marcha para exigir un alto a la violencia en el país. Esto como respuesta al asesinato de su hijo Juan Francisco y seis personas más en el estado de Morelos, el pasado 28 de marzo. Aunque el epicentro de estas protestas fueron Cuernavaca y el Distrito Federal, decenas de plazas en el país, e incluso ciudades en el extranjero como Nueva York, París, Buenos Aires o Barcelona se unieron a las protestas generalizadas por la inseguridad en México.

No es la primera vez que ocurren manifestaciones sociales de éste tipo en México. Quizá la última de tal cobertura mediática, fue la que se suscitó en agosto del 2008 con motivo del asesinato de Fernando Martí, hijo del empresario Alejandro Martí. En aquella ocasión asistí a la marcha convencido de que las exigencias eran justas. Junto con miles de personas pedí justicia y mayor seguridad para los mexicanos. Tres años después la sensación es diferente. No asistí a las marchas convocadas hace dos días. Tengo sentimientos encontrados con respecto a la percepción de inseguridad que sigue privando en el país. Respeto, pero no comulgo con las ideas de un importante sector de la opinión pública. Uno de los ejes centrales del movimiento encabezado por Sicilia es el buscar un pacto con el crimen organizado y terminar así la guerra contra el narcotráfico.

En mi opinión, cambiar de estrategia en materia de seguridad sería un grave error. Intento entender el dolor de los familiares de las víctimas y el terror que seguramente sufren los habitantes de algunas ciudades y poblados azotados por los carteles y grupos delictivos, pero también por ellos es que hay que mantener la lucha. Si algo nos llevó a la situación actual, fue la pasividad con la que gobiernos y autoridades actuaron en el pasado. El dejar que el narcotráfico operara con toda libertad, que se apropiara de rutas de distribución y que se infiltrara en distintos organismos del poder provocó que se entretejieran las redes de corrupción que hoy cuesta tanto trabajo deshacer. Retroceder significaría hacernos idiotas. Se reduciría la violencia, sí, pero esos grupos seguirían ahí, operando con total libertad en la ilegalidad, y encontrando rutas para llevar la droga a la población.

Y no es que me espante el tema de las drogas. Mucho se habla de que otra solución sería el legalizarlas. Si bien considero que la elección de consumirlas depende de cada quién, y que esto depende mucho de cuestiones de valores y principios, también es cierto que la posibilidad de que niños, jóvenes y personas con escaso nivel educativo se enreden con estupefacientes será mayor. Hoy en día sé que aunque tenga la oportunidad jamás me drogaría, pero que pasaría con aquellos que por edad o condición no tienen la suficiente información como para discernir sobre lo que más les conviene.

¿De verdad creen que se puede pactar con personas capaces de matar, decapitar, descuartizar y cometer atrocidades semejantes? Lo dudo. Cuando un alma humana es corrompida por el hambre del poder y la intimidación no distingue entre niños, mujeres e inocentes. Actúan con odio, no reconocen las reglas y poco les importa el daño que se provoque a la sociedad. Perdón si alguien opina diferente, pero a estos malditos desgraciados hay que aniquilarlos. Por eso celebro que las fuerzas armadas y diversos cuerpos policiacos combatan enérgicamente al narco. La respuesta violenta es lógica. Siempre he puesto de ejemplo a las hormigas. Si uno las deja arman sus nidos, se expanden territorialmente y van apoderándose de todo. Cuando se le echa agua al hormiguero estás salen enojadas y en grandes cantidades, hacen un alboroto, pero tarde o temprano se van cuando el hormiguero es destruido. Eso está pasando ahora mismo. A los delincuentes no les gusta que su zona de confort se venga abajo. Será una lucha de años. De sucesión de criminales. Si cae uno, ya está otro listo para ocupar ese puesto. Pero tarde o temprano el cáncer se irá terminando. Dejar de lado la batalla contra el narco y ocupar nuestra propia zona de confort hablaría muy mal de nosotros como país. Prefiero sentirme orgulloso por vivir en un país que afronta los problemas, a vivir en uno que sólo ‘se hace güey’.

‘No más sangre’ es una de las frases más populares en contra de la lucha que el gobierno emprende contra el narco. La sangre disminuirá en la medida en la que todos hagamos lo que nos corresponde. Nada ganamos viendo al gobierno como el enemigo. Llevo días escuchando reclamos absurdos en contra del presidente y demás autoridades, cuando ellos no son los que mutilan ni trafican drogas. Que haya furia, sí, pero contra aquellos delincuentes y capos que atentan de una u otra forma contra los mexicanos. Entendamos que gobierno, militares, policías, medios de comunicación y sociedad somos más fuertes si estamos del mismo lado. Antes que dividir y reclamar, tenemos que estar en el mismo frente. Sin partidismo político, sin decir ‘estaríamos mejor con fulanito de tal’.

Gran parte de la responsabilidad depende de las personas comunes y corrientes. Sonará absurdo pero lo primero es perder el miedo. Cada vez menos personas se tragan las llamadas de extorción, incluso habemos quienes nos burlamos cuando recibimos una llamada de estas. Lo mismo hay que hacer en todos los ámbitos de nuestra vida. No dejar de salir a las calles. Caminar nuestras calles y parques, ir a las plazas públicas de nuestras ciudades en las noches, que haya gente en todos lados. Lo que busca el crimen organizado es tener a la población en sus casas y a las calles vacías. Así se les facilita todo. Salgamos, vayamos a eventos culturales, deportivos, reunámonos en familia. Que las autoridades federales investiguen y arrasen con esos desgraciados. Nosotros a reír, a trabajar, a pasear y a sonreír. Como dicen varios anuncios y campañas. Somos muchos, pero de verdad mucho más las personas buenas. México es más que un grupo de tontitos sin cerebro queriendo hacernos daño.

No fui a la marcha del miércoles pero en el fondo quiero lo mismo, un mejor México. Lleno de paz y tranquilidad. Tarde o temprano venceremos. Recuerden todo lo bueno que han vivido en esta tierra, toda la gente buena que nos rodea y la calma que les brinda estar en su hogar. En eso creo y por eso hay que luchar.

Mi México lindo y querido, si tú no tienes miedo yo tampoco. Vamos a estar bien.

martes, 5 de abril de 2011

Conociendo la Otra Ciudad (mis años en la radio)



9 de septiembre de 2006.

18:30 hrs. Tuvimos nuestra última junta. Ángel hacía bromas. Claudia y Rosalía revisaban las canciones que pondrían. Isaac hablaba con el operador. Yo repartía y explicaba las escaletas que un día antes había redactado. 18:55 hrs. Entramos en cabina. 19:00hrs. El programa de radio “Conociendo la Otra Ciudad” salía por primera vez al aire.


Así como me ven. Yo fui guionista, y hasta locutor, de un programa de radio. Estudie Ciencias de la Comunicación. Si bien la escritura es lo que más me apasiona, algo hay en el mundo mediático que siempre me ha llamado la atención. Además de los medios escritor o electrónicos, la televisión y el radio no me son para nada indiferentes. Cualquier comunicólogo que niegue haber soñado alguna vez con formar parte de un proyecto en cualquiera de esos dos medios miente. En cierta forma, la universidad nos permite jugar y experimentar con la adrenalina que la TV y el radio conlleva. Precisamente fue en mi época de universitario cuando tuve mi primera experiencia en radio, en el 2002.

La Universidad del Valle de México, campus Tlalpan, entonces tenía una estación de radio interna llamada ‘Radio Fusión’. Junto con mis amigos Isaac Rocha y Ángel Vázquez, conducimos durante un par de semestres un programa llamado ‘Pasión y Locura por el futbol’. Era los lunes a las 4 de la tarde y la verdad era un relajo. Hablábamos de futbol, sí, pero a lo que realmente nos dedicábamos durante esa hora era a ventanearnos unos a los otros. Dedicábamos canciones a las chicas que nos gustaban, y obvio, así menos nos pelaban. Nos ganaba la risa. Seguido decíamos groserías y tonterías indecibles al aire. Unas compañeras entraron al proyecto, se apoderaron de nuestra idea, nos regañaron y terminamos por correrlas. Seré honesto, no era un buen programa ni estaba bien hecho, pero nos divertíamos como enanos. El semestre siguiente nos presentó un horario de clases complicado y decidimos ya no continuar con el proyecto.

Salvo algunas clases en las que grabábamos capsulas o escribía guiones. No volví a tener mucho contacto con el mundo radiofónico. Terminé la carrera y un año después, de la nada surgió la oportunidad de tener un programa real, en el cuadrante de la Ciudad de México. La conexión con ese maravilloso mundo fue así: El tío de mi amigo Isaac tenía un programa en el 560 del AM, Radio Chapultepec (hoy llamada La Mejor), en donde lo dejaban colaborar de vez en cuando leyendo notas deportivas. Isaac indagó y averiguó los requisitos para tener un programa en la estación. Un sábado por la tarde, recibí la llamada de Isaac, en la que emocionado me contó de la posibilidad de tener una emisión. Acepté. Días después, tuvimos nuestra junta para ir armando el proyecto.

Tener la oportunidad de trabajar con nuestros mejores amigos es un privilegio que pocos tenemos. El que un sueño, como el tener un programa de radio se me presentara junto a mis cuatro mejores amigos era simplemente excepcional. En éste caso, emprender esa aventura con Ángel Vázquez, Isaac Rocha, Rosalía Campillo y Claudia Ramírez fue un honor. Con el tiempo encima empezamos una serie de reuniones en las que los descontentos y desacuerdos no se hicieron esperar. Para empezar, definir el corte del programa fue un tanto complejo. Ni que decir del nombre. El concepto original era hablar del DF. Sus lugares ocultos, aquellas leyendas pocas conocidas o secretos muy bien guardados. Tras horas de conceso llegamos al nombre que queríamos: La Otra Ciudad. Lo malo es que cuando Isaac fue a Derechos de Autor, le dijeron que aquel nombre ya estaba registrado, por lo que eligió uno un tanto extraño y no tan armonioso: Conociendo La Otra Ciudad.


Somos los mejores amigos, pero eso no evitó que Claudia, Rosalía, Ángel, Isaac y yo tuviéramos ideas muy diferentes del tipo de programa que queríamos. Isaac quería meter deportes, Rosalía y Claudia insistían en dar espectáculos y consejos de belleza, Ángel prefería estar en la parte operativa y no frente al micrófono, y yo insistía en la parte cultural. Distintos modos de concebir un programa de una hora en la que además de todo lo anterior, también debíamos tener tiempo para meter canciones y llamadas del público.

Aun así el programa anduvo varios meses. Disfruté mucho esos días en los que por lo menos teníamos una junta entre semana (casi siempre en casa de Ángel) y en la que muchas veces acabamos de pleito. Poco a poco cada una de las emisiones fue mejorando. El vernos cada sábado, llegar hasta la estación, transmitir y salir sabiendo que estábamos siendo parte de algo que para bien o para mal, era nuestro. A veces recibíamos comentarios que nos motivaban a seguir. Por algún motivo que desconozco, el programa gustaba. Dentro de nuestro desorden, había un sabor de ‘estar entre amigos’ que hacía un tanto amigable escucharnos.

Lo complejo no era estar juntos, sino mantener el programa en pie. Mensualmente debíamos pagar cierto dinero a la estación de radio para asegurar nuestro espacio al aire. Decidimos obtener ese dinero de patrocinios y menciones al aire. Elaboramos nuestras tarifas, e inexpertamente nos lanzamos a cuanto negocio encontrábamos a tocar puertas y ofrecer nuestros paquetes de promoción. Si bien durante las juntas y la transmisión del programa todo era una fiesta, el reto de la semana sufríamos buscando como obtener los recursos que mantuvieran a ‘Conociendo La Otra Ciudad’ al aire. Me vienen a la mente esas mañanas en las que Ángel, Isaac y yo recorríamos calles y comercios buscando subsistir en el complicado mundo de los medios de comunicación. Nos fuimos endeudando. Cada que teníamos una entrevista con algún prospecto de cliente las cosas se tornaban complicadas. Carecíamos de experiencia en ventas, no sabíamos ofrecer servicios ni ser convincentes y nos arrebatábamos las palabras unos a los otros. Debió de haber sido un tanto cómico observarnos ahí, pretendiendo parecer algo más de lo que en verdad éramos. Aun así, y aunque no lo crean, llegamos a conseguir un patrocinio. Una empresa de suplementos alimenticios apostó por nosotros, y durante un tiempo fue nuestro sponsor.

Nuestros años en la radio se fueron terminando cuando vimos que por mucho que nos gustara tener un programa, sin más patrocinios no llegaríamos a ningún lado. Perdimos el patrocinio, inició el 2007 y las dudas comenzaron a surgir. Uno a uno los miembros que conformaban el equipo se fueron bajando del barco hasta que el último programa sólo fue conducido por Ángel y yo. Curiosamente esa emisión fue la que más nos gustó. A la semana siguiente no nos dejaron transmitir a causa del dinero que debíamos. Ángel y yo renegociamos la deuda con el jefe de la estación y tras soltar unas mentiritas (que Claudia y Rosalía siguen sin perdonarnos, pero que nos ahorraron un par de miles de pesos) y pintarnos como mártires, logramos reducirla significativamente.

Han pasado cuatro años desde entonces. A Isaac lo hemos vuelto a ver muy pocas veces. Sabemos que se casó y hasta tiene hijos. La verdad lo extraño. A los pocos meses de que terminó ‘Conociendo la Otra Ciudad’ Claudia abrió Chilangaradio, una muy buena estación de radio por internet que hoy ya no existe, pero desde la cual Rosalía tuvo 2 programas unitarios al aire (alguna vez fui invitado a un par de ellos). Ángel y yo entramos a otro trabajo que no tenía nada que ver con la radio y ahí estuvimos juntos casi tres años. Hace poco salimos de ahí. En la actualidad tratamos de frecuentarnos lo más posible, aunque a veces se nos torna un poco difícil. A veces la vida se empeña en que tomemos caminos diferentes.

A pesar del tiempo, hacer esos programas nos enseño que el mundo de los medios de comunicación no es tan sencillo. Que el verdadero trabajo no es la hora que dura la emisión, sino todo lo que se hace antes de él. También nos enseñó que no todo es color de rosa y que aun entre mejores amigos, pueden surgir pleitos por cuestiones profesionales. Supimos que a pesar de todo, fuimos capaces de mantener un programa radiofónico, y eso nadie no lo quitará nunca. Si por ahí existe algún incauto que nos haya escuchado, mil gracias. A mis cuatro compañeros en aquella aventura, bendiciones por regalarme varias de las semanas de la vida.

-- Breve vídeo de una de nuestras emisiones (noten la actitud seria de Isaac jaja, sentado a mi derecha) --


jueves, 31 de marzo de 2011

El Vampiro y el Sexo


Probablemente, uno de mis primeros héroes de infancia fue Santo, el enmascarado de plata. Un ícono de la lucha libre mexicana, y de la cultura mexicana, hizo que por varios años de mi niñez disfrutara cada una de sus películas con vehemencia loca. Tenía mi mascara plateada y la llevaba a todos lados. Me imaginaba siendo él, investigando cosas, luchando contra la delincuencia y fuerzas sobrenaturales que amenazaran con romper la paz ya no de mi ciudad, sino del mundo entero. Por más que se comente que estos largometrajes incluso estaban repletas de detalles chuscos y de bajo presupuesto (como olvidar a los murciélagos detenidos con un alambre, o a las modernísimas computadoras que en realidad eran cajas con foquitos) yo me las tomaba demasiado en serio. Realmente me daban miedo los monstruos malos, me angustiaba cuando El Santo estaba a punto de ser derrotado y respiraba tranquilo cuando finalmente las fuerzas del bien triunfaban sobre las del mal.

El paso del tiempo hizo que dejara de ver estas películas, pero no que dejaran de gustarme. Ya no las veía angustiado, sino maravillado del género cinematográfico tan peculiar que estas representaban. Aun hoy, si llegó a toparme con alguna película del Santo ('Santo y Blue Demon vs. las Momias de Guanajuato' es mi favorita) es altamente probable que deje lo que esté haciendo para poder verla a gusto. Sin embargo, paralelo a estas joyas clásicas del cine mexicano, existía una leyenda urbana que con el tiempo fue creciendo: la existencia de una película para adultos en la que participó el Santo, y cuyo nombre era ‘El Vampiro y el Sexo'.

La existencia de aquella obra siempre me inquieto. Cuando buscaba información al respecto nunca encontré datos precisos que autentificaran su autenticidad. Muchos hablaban de ella, pero a ciencia cierta nadie la había visto. El tema con el tiempo se me fue olvidando, hasta que hace una semana volvió a salir a la luz pública, cuando se anunció la exhibición de ‘El Vampiro y el Sexo’ en el marco de la 26va edición del Festival Internacional de Cine de Guadalajara. Inmediatamente se desató el morbo por ver esta llamada ‘cinta inédita’. Hasta entonces, El Hijo del Santo, heredero del personaje de su padre, pocas o quizá nunca, se había expresado sobre el tema. Eligió hacerlo hace unos días, en su columna ‘Hablemos sin Mascaras’, publicada en el periódico Récord.

Esta es la historia. A finales de los 60’s El Santo firmó dos contratos para participar en siete películas coproducidas con Guillermo Calderón Stell. En el contrato legal se estipula que el 50% de lo recaudado tanto en taquilla, como en sus posteriores exhibiciones en diversos medios audiovisuales, sería para el Santo (o en éste caso para sus herederos) y el otro 50, para Guillermo Calderón. Entre estas cintas se encontraba 'Santo en El Tesoro de Drácula', filmada en 1968. Fue precisamente durante el rodaje de esta cinta, cuando Guillermo Calderón le propuso a El Santo hacer una versión para adultos de esta cinta, en donde podría mostrar desnudas a varias actrices que participaron en la cinta, y así, poder exhibirla al público europeo. El Santo se negó rotundamente a que su imagen se asociara a escenas de sexo pues su personaje y cine, está orientado a toda la familia. Guillermo Calderón, antes de habérselo consultado al Santo, decidió filmar algunas escenas con Aldo Monti (Drácula) en las que Gina Moret, Jessica Rivano y Sonia Aguilar, entre otras actrices que interpretaban a las vampiras, aparecían mostrando la parte superior de sus cuerpos desnudas. Al enterarse de la negativa del Santo, Calderón respetó la decisión del luchador y encapsuló estás escenas bajó el título de ‘El Vampiro y el Sexo’.

‘Santo en el Tesoro de Drácula’ se estrenó y tuvo un gran éxito. Aquella versión (que sólo son unas escenas en las que El Santo no participa, y no una película como se pretendió) nunca se exhibió, pero permaneció en el colectivo popular como un mito del que nunca se supo la verdad. Los cinco rollos en los que se encuentran éste material, recientemente fueron hallados por Viviana García Besné (sobrina nieta de Guillermo Calderón) y decidió exhibirla como si ‘Santo en el Tesoro de Drácula’ y este material fuera una sola película.

El Hijo del Santo, como dueño del personaje, defendió la voluntad de su padre de no vincularlo con escenas de sexo o violencia. Logró que esta cinta no fuera exhibida, a menos, que las escenas grabadas por Guillermo Calderón se exhiban sin vincular ni editar de ninguna forma la imagen del Santo. Muchas opiniones surgieron entonces. Desde los que califican la decisión como un acto de censura, pues la película como tal es un material de culto, hasta quienes defienden la posición del Hijo del Santo. En mi caso, y me considero una voz calificada, pues soy fan de las películas del Enmascarado de Plata, califico como correcta la defensa que el Hijo del Santo hizo. La memoria de un personaje tan importante en la cultura mexicana, debe preservarse ante cualquier intento que tenga como objetivo desvirtualizarla.

El misterio de ‘El Vampiro del Sexo’ ha sido resuelto por el Hijo del Santo. No existe una película como tal. Sólo un par de escenas grabadas sin su consentimiento, y en las que él ni siquiera interviene.


*** Actualización Viernes 1 de abril de 2011 ***

El día de hoy, el periódico Reforma publicó varias imágenes de escenas de “El Vampiro y el Sexo” en la que presuntamente, se comprueba que El Santo sí participó en escenas con actrices desnudas.



Al enterarse de la existencia de estas fotografías, el Hijo del Santo declaró “No dudo que mi papá haya tenido escenas o fotografías con las mujeres encueradas, pero de eso a que les den un uso negativo es otra cosa, porque no corresponde a la imagen del Santo(…) Por respeto a mi papá, Calderón guarda esos rollos, aunque mandó hacer algo de publicidad pensando en que tal vez, más adelante, convencería a mi papá, pero nunca lo logró (…) Yo ya cumplí con mi deber de hijo, moralmente y como continuador del personaje, al pedirles que respeten su petición, pero si no lo hacen, entonces ya pensaría en actuar legalmente (…) Eso sí, ojalá y también sean originales las fotografías, porque también hay que tener cautela con ello”.

La opinión de éste bloggero no cambia. Sigo viendo al Santo como un héroe e ícono popular con una fama intachable. La existencia de ‘El Vampiro y el Sexo’, de existir, no contiene escenas de sexo explicito, sino sólo escenas de desnudo femenino. Quizá algún día se exhiba como alguna vez, se dice sin que esté probado, sucedió en Europa. He sabido de muchos fans que desean verla como objeto de culto. Como una historia un tanto diferente, de héroes de siempre. La verdad sigue oculta, agrandando el mito del Enmascarado de Plata.