lunes, 15 de noviembre de 2010

Enfrentando fantasmas (regreso a Tepoztlán)


Los lugareños aconsejan no pasar por ahí de noche. Se rumora que el lugar está cargado de una extraña energía, que es una de las zonas con mayor presencia del fenómeno OVNI y escenario de varios fenómenos extraños. Para los románticos es una población dueña de una belleza propia y para los más jóvenes, el lugar ideal para ir de fiesta con los amigos un fin de semana. El caso es que Tepoztlán, en la el estado de Morelos, nunca pasa desapercibido para quienes alguna vez pasan por ahí.

Hasta antes de mi visita del pasado viernes, según mi olvidadiza memoria, anteriormente sólo había estado dos veces en Tepoztlán. La primera vez fui con mis amigos Claudio y Jonathan, teníamos unos 18 años, y únicamente escalamos el cerro del Tepozteco y comimos nieve. La segunda ocasión fue unos años después, y me dejó tan marcado que cambió mi vida para siempre. Esto fue lo que pasó:

25 del Diciembre del 2003. Después del recalentado de Navidad en el hogar de mis abuelos, mi mamá y mi hermana decidieron ir al cine a ver ‘Harry Potter y la Cámara Secreta’. Como yo había visto la película días antes, regresé a casa con mi papá. Subí a mi cuarto a leer. A lo lejos escuché como mi padre le habló por teléfono a su hermano Miguel. La llamada duró una media hora, al final papá colgó llorando. No dije nada, desde mi cuarto hice mil conjeturas que sólo se disiparon cuando una hora después llegó mi mamá y se enteró de todo. En la llamada, mi papá escuchó muy mal a su hermano. Sabíamos que mi tío tenía problemas de salud, por lo que el presentimiento de mi papá de que quizá a su hermano no le quedaba mucho tiempo de vida. Tomamos la decisión de ir a visitarlos. Dos días después fuimos a Yautepec, lugar en el que residía Miguel. Llegamos cerca del mediodía después de unas horas en carretera, fuimos al mercado del pueblo, comimos y escuché un sinfín de anécdotas. Otros tíos y primos llegaron en el transcurso de la tarde. Abandonamos esa entrañable reunión poco antes del anochecer. Debido a la cercanía, decidimos pasar un rato a Tepoztlán. Llegamos en poco tiempo. Subíamos por una empinada calle cuando nuestro auto, un antiguo New York Turbo comenzó a despedir humo blanco por todos lados. El esfuerzo del auto por avanzar hasta una calle completamente recta terminó por empeorar las cosas. Entre gente curiosa y comentarios de ‘se está quemando ese coche’ llegábamos al centro del pueblo. Mi papá bajó nervioso, abrumado, sin saber qué hacer. En condiciones normales él habría solucionado el problema en un dos por tres. Pero ahora sabemos que llevaba meses gravemente enfermo y que su salud se deterioraba rápidamente. Tomamos un taxi y fuimos a conseguir un mecánico, el cual dijo que el turbo del auto había sufrido un gran daño y que para repararlo había que bajar el motor. Aquella noche en Tepoztlán la recordaré porque por primera y única vez vi a mi papá fumar. Como los celulares no tenían señal tuve que entrar a una papelería y hacer llamadas al seguro del auto. Más tarde llegó una grúa y nos trajo de regreso hasta la Ciudad de México. Después de esa noche mi papá no volvió a ser el mismo. Como si el estrés de saberse responsable de nosotros hubiera mermado a un más su estado físico y hubiera acelerado aun más las cosas. Dicen que antes de morir uno va despidiéndose de sus familiares y conocidos. Quién se despidió esa tarde decembrina de sus familiares no fue mi tío Miguel, sino mi papá, que murió mes y medio después.

Desde entonces, Tepoztlán se volvió un lugar al que preferí mantener lejos de mis recuerdos. Cuando por casualidad pasaba por ahí, la simple silueta lejana del cerro del Tepozteco me provocaba escalofríos. La forma de esos cerros asimétricos, que tantas leyendas cargan a cuestas para mí no eran sino un recordatorio de una noche triste. Sabía que tarde o temprano tendría que volver a enfrentarme a los fantasmas que dejé en aquel pueblo, que estos estaban esperándome y que no se marcharían hasta que los confrontase. La fecha del reencuentro llegó siete años después. Mientras planeaba un viaje exprés a Cuautla, de la nada me surgió la idea de antes pasar a Tepoztlán, aun a sabiendas de que los recuerdos podrían abrumarme. Tenía que enfrentarme a Tepoztlán tal como alguna vez lo hice con Acapulco.

Tal como estaba planeado, el pasado viernes abandoné la Ciudad de México en compañía de Tania. Cerca de las 17:30 hrs. tomé la desviación a Tepoztlán, ahora nombrado Pueblo Mágico. El camino curveado avisa que aquel lugar es diferente, que se ingresa a un territorio en el que lo normal se altera de una forma inexplicable, pero perceptible. Al llegar, las casas, calles y el mismo aire provinciano pusieron melancólico mi corazón. Estacioné el auto en la misma zona en la que nuestro New York quedó varado años atrás. La papelería en la que llamé al seguro del auto y en dónde mi papá compró los cigarros seguía ahí. Esa tarde sentí la necesidad de contarle a Tania lo que había pasado en mi anterior visita. Fue como un desahogo que me ayudo a sentirme un poco mejor y caminar por el pueblo. La noche caía mientras veíamos puestos de artesanías, el templo principal y recorríamos algunas calles. La sombre que sobre el pueblo proyecta el Tepozteco seguía ahí, misteriosa pero cada vez menos atemorizante. Poco a poco los fantasmas fueron diluyéndose hasta comenzar a disfrutar la belleza del pueblo.



No estuvimos ni dos horas, pero salí revitalizado. Al partir pasé por la misma calle en la que nuestro auto había comenzado a sacar humo. Esta vez no pasó nada y seguimos nuestro camino a Cuautla. Una noche después, ya de regreso y sin Tania, volví a pasar cerca de Tepoztlán. En el set list del iPod sonaba 'Revolution #9'. Sentí un escalofrió y sonreí. Ya no estaban los fantasmas, sólo un recuerdo que ya no duele tanto.

9 comentarios:

Adriana dijo...

Buena narrativa Gabo!!... y los fantasmas de la vida siempre están presentes... lo reconfortante es saberlos de frente y no titubear en hacerlos parte de nosotros mismos... de nuestra vida y anécdotas. Nuestra fortaleza nace porque esos "fantasmas" existen. Un saludo!!

Don Lucho dijo...

PFFFTTTTT Tanto para eso! La historia inicia mal, mejora un poco al retomar el pasado, pero el final es deplorable. Consejos: 1) psicoterapia; 2) taller de escritura.

Anónimo dijo...

Chaparro, me hicte llora, recordar muchas cosas ... espero algún día tener el valor de ir para poder revivir los momentos tan maravillos que pase en las faldas de este hermoso cerro.

Jorge Atarama dijo...

Casi siempre la mente fabrica futuros terribles que la realidad -cuando se enfrenta- se encarga de borrar. Por ello el enfrentarte a tus fantasmas te hizo disfrutar de lo único que existe el eterno presente de esa enigmática ciudad. me gusto la narración. Abrazo desde Lima Perú.

gabriel revelo dijo...

adri: tienes mucha razón, en parte estos fantasmas nos hacen mejores personas, ese es el premio por vencerlos. gracias por tomarte el tiempo y leerme.

don lucho: gracias por tu punto de vista. entiendo lo del taller de narrativa, aunque no pretendía contar una historia como tal, sino hablar de lo que siento.

claus: tepoztlán, al igual que los recuerdos, siempre estarán ahí. mis palabras nunca merecerán tus lágrimas.

jorge: caray, gracias, saber que después de los años sigues leyendo éste blog es un gran aliciente. ¡saludos hasta perú!

Coriat dijo...

El artista plástico Rolf Bertschin ofrece hospedaje limpio y económico en Tepoztlán, encuéntrenlo en el Hostal Los Pinos, pueden hacer sus reservaciones al teléfono 01 (739) 39 54 568.

Rolf Bertschin es un suizo radicado en México desde hace más de 40 años de los cuales 25 ha vivido en Tepoztlan. Es litógrafo de profesión y fue introductor de la técnica de roto-grabado a nuestro país.

Además es un gran conocedor de México y seguramente es una de las personas que mejor conoce el Tepozteco y sus alrededores, a lo largo de su fructífera vida ha documentado su conocimiento y amor por Tepoztlan en una extensa colección fotográfica.

Si algún día visitan Tepoztlan y quieren conocer su trabajo, compren las postales que ofrecen los distintos comercios pues son hechas por él.

Hostal Los Pinos
Reina Xochitl esq. 5 de Mayo
Col: Centro
Tepoztlan, Morelos 62520
Tel: 01 (739) 39 54 568

gabriel revelo dijo...

Iba a borrar el comentario de Coriat, pero mejor lo dejo por si alguien quiero ir. eso sí, me deslindo de toda responsabilidad pues yo no lo conozco.

milka dijo...

mui linda narracion! me gustó mucho jeje!... y es muy cierto eso de los fantasmas de la vida!. muchas veces (si no es q se puede siempre) tenemos q enfrentarnos a ellos, así superaremos todos los miedos!
un saludo!

gabriel revelo dijo...

Gracias Milka, te doy la bienvenida a éste blog, al cual puedes volver cuando desees.