martes, 5 de abril de 2011

Conociendo la Otra Ciudad (mis años en la radio)



9 de septiembre de 2006.

18:30 hrs. Tuvimos nuestra última junta. Ángel hacía bromas. Claudia y Rosalía revisaban las canciones que pondrían. Isaac hablaba con el operador. Yo repartía y explicaba las escaletas que un día antes había redactado. 18:55 hrs. Entramos en cabina. 19:00hrs. El programa de radio “Conociendo la Otra Ciudad” salía por primera vez al aire.


Así como me ven. Yo fui guionista, y hasta locutor, de un programa de radio. Estudie Ciencias de la Comunicación. Si bien la escritura es lo que más me apasiona, algo hay en el mundo mediático que siempre me ha llamado la atención. Además de los medios escritor o electrónicos, la televisión y el radio no me son para nada indiferentes. Cualquier comunicólogo que niegue haber soñado alguna vez con formar parte de un proyecto en cualquiera de esos dos medios miente. En cierta forma, la universidad nos permite jugar y experimentar con la adrenalina que la TV y el radio conlleva. Precisamente fue en mi época de universitario cuando tuve mi primera experiencia en radio, en el 2002.

La Universidad del Valle de México, campus Tlalpan, entonces tenía una estación de radio interna llamada ‘Radio Fusión’. Junto con mis amigos Isaac Rocha y Ángel Vázquez, conducimos durante un par de semestres un programa llamado ‘Pasión y Locura por el futbol’. Era los lunes a las 4 de la tarde y la verdad era un relajo. Hablábamos de futbol, sí, pero a lo que realmente nos dedicábamos durante esa hora era a ventanearnos unos a los otros. Dedicábamos canciones a las chicas que nos gustaban, y obvio, así menos nos pelaban. Nos ganaba la risa. Seguido decíamos groserías y tonterías indecibles al aire. Unas compañeras entraron al proyecto, se apoderaron de nuestra idea, nos regañaron y terminamos por correrlas. Seré honesto, no era un buen programa ni estaba bien hecho, pero nos divertíamos como enanos. El semestre siguiente nos presentó un horario de clases complicado y decidimos ya no continuar con el proyecto.

Salvo algunas clases en las que grabábamos capsulas o escribía guiones. No volví a tener mucho contacto con el mundo radiofónico. Terminé la carrera y un año después, de la nada surgió la oportunidad de tener un programa real, en el cuadrante de la Ciudad de México. La conexión con ese maravilloso mundo fue así: El tío de mi amigo Isaac tenía un programa en el 560 del AM, Radio Chapultepec (hoy llamada La Mejor), en donde lo dejaban colaborar de vez en cuando leyendo notas deportivas. Isaac indagó y averiguó los requisitos para tener un programa en la estación. Un sábado por la tarde, recibí la llamada de Isaac, en la que emocionado me contó de la posibilidad de tener una emisión. Acepté. Días después, tuvimos nuestra junta para ir armando el proyecto.

Tener la oportunidad de trabajar con nuestros mejores amigos es un privilegio que pocos tenemos. El que un sueño, como el tener un programa de radio se me presentara junto a mis cuatro mejores amigos era simplemente excepcional. En éste caso, emprender esa aventura con Ángel Vázquez, Isaac Rocha, Rosalía Campillo y Claudia Ramírez fue un honor. Con el tiempo encima empezamos una serie de reuniones en las que los descontentos y desacuerdos no se hicieron esperar. Para empezar, definir el corte del programa fue un tanto complejo. Ni que decir del nombre. El concepto original era hablar del DF. Sus lugares ocultos, aquellas leyendas pocas conocidas o secretos muy bien guardados. Tras horas de conceso llegamos al nombre que queríamos: La Otra Ciudad. Lo malo es que cuando Isaac fue a Derechos de Autor, le dijeron que aquel nombre ya estaba registrado, por lo que eligió uno un tanto extraño y no tan armonioso: Conociendo La Otra Ciudad.


Somos los mejores amigos, pero eso no evitó que Claudia, Rosalía, Ángel, Isaac y yo tuviéramos ideas muy diferentes del tipo de programa que queríamos. Isaac quería meter deportes, Rosalía y Claudia insistían en dar espectáculos y consejos de belleza, Ángel prefería estar en la parte operativa y no frente al micrófono, y yo insistía en la parte cultural. Distintos modos de concebir un programa de una hora en la que además de todo lo anterior, también debíamos tener tiempo para meter canciones y llamadas del público.

Aun así el programa anduvo varios meses. Disfruté mucho esos días en los que por lo menos teníamos una junta entre semana (casi siempre en casa de Ángel) y en la que muchas veces acabamos de pleito. Poco a poco cada una de las emisiones fue mejorando. El vernos cada sábado, llegar hasta la estación, transmitir y salir sabiendo que estábamos siendo parte de algo que para bien o para mal, era nuestro. A veces recibíamos comentarios que nos motivaban a seguir. Por algún motivo que desconozco, el programa gustaba. Dentro de nuestro desorden, había un sabor de ‘estar entre amigos’ que hacía un tanto amigable escucharnos.

Lo complejo no era estar juntos, sino mantener el programa en pie. Mensualmente debíamos pagar cierto dinero a la estación de radio para asegurar nuestro espacio al aire. Decidimos obtener ese dinero de patrocinios y menciones al aire. Elaboramos nuestras tarifas, e inexpertamente nos lanzamos a cuanto negocio encontrábamos a tocar puertas y ofrecer nuestros paquetes de promoción. Si bien durante las juntas y la transmisión del programa todo era una fiesta, el reto de la semana sufríamos buscando como obtener los recursos que mantuvieran a ‘Conociendo La Otra Ciudad’ al aire. Me vienen a la mente esas mañanas en las que Ángel, Isaac y yo recorríamos calles y comercios buscando subsistir en el complicado mundo de los medios de comunicación. Nos fuimos endeudando. Cada que teníamos una entrevista con algún prospecto de cliente las cosas se tornaban complicadas. Carecíamos de experiencia en ventas, no sabíamos ofrecer servicios ni ser convincentes y nos arrebatábamos las palabras unos a los otros. Debió de haber sido un tanto cómico observarnos ahí, pretendiendo parecer algo más de lo que en verdad éramos. Aun así, y aunque no lo crean, llegamos a conseguir un patrocinio. Una empresa de suplementos alimenticios apostó por nosotros, y durante un tiempo fue nuestro sponsor.

Nuestros años en la radio se fueron terminando cuando vimos que por mucho que nos gustara tener un programa, sin más patrocinios no llegaríamos a ningún lado. Perdimos el patrocinio, inició el 2007 y las dudas comenzaron a surgir. Uno a uno los miembros que conformaban el equipo se fueron bajando del barco hasta que el último programa sólo fue conducido por Ángel y yo. Curiosamente esa emisión fue la que más nos gustó. A la semana siguiente no nos dejaron transmitir a causa del dinero que debíamos. Ángel y yo renegociamos la deuda con el jefe de la estación y tras soltar unas mentiritas (que Claudia y Rosalía siguen sin perdonarnos, pero que nos ahorraron un par de miles de pesos) y pintarnos como mártires, logramos reducirla significativamente.

Han pasado cuatro años desde entonces. A Isaac lo hemos vuelto a ver muy pocas veces. Sabemos que se casó y hasta tiene hijos. La verdad lo extraño. A los pocos meses de que terminó ‘Conociendo la Otra Ciudad’ Claudia abrió Chilangaradio, una muy buena estación de radio por internet que hoy ya no existe, pero desde la cual Rosalía tuvo 2 programas unitarios al aire (alguna vez fui invitado a un par de ellos). Ángel y yo entramos a otro trabajo que no tenía nada que ver con la radio y ahí estuvimos juntos casi tres años. Hace poco salimos de ahí. En la actualidad tratamos de frecuentarnos lo más posible, aunque a veces se nos torna un poco difícil. A veces la vida se empeña en que tomemos caminos diferentes.

A pesar del tiempo, hacer esos programas nos enseño que el mundo de los medios de comunicación no es tan sencillo. Que el verdadero trabajo no es la hora que dura la emisión, sino todo lo que se hace antes de él. También nos enseñó que no todo es color de rosa y que aun entre mejores amigos, pueden surgir pleitos por cuestiones profesionales. Supimos que a pesar de todo, fuimos capaces de mantener un programa radiofónico, y eso nadie no lo quitará nunca. Si por ahí existe algún incauto que nos haya escuchado, mil gracias. A mis cuatro compañeros en aquella aventura, bendiciones por regalarme varias de las semanas de la vida.

-- Breve vídeo de una de nuestras emisiones (noten la actitud seria de Isaac jaja, sentado a mi derecha) --


5 comentarios:

Laura dijo...

Me encantó! Me trajiste muy buenos recuerdos de la época de la universidad... Creo que todos entramos a estudiar con muchos sueños e ideas y la vida después te lleva por caminos muy extraños.

gabriel revelo dijo...

Gracias Lau, un gusto que comentes por acá. De hecho, uno de los programas que presentamos en la universidad lo hicimos contigo ¿recuerdas? Tú eras la locutora, se llamaba 'La Hora de la Patata' o algo así.

Mili Arias dijo...

Hola estaba buscando información de escuelas de periodismo en el DF y llegué a tu blog, tal vez tu pudieras orientarme un poco y decirme que opinas de la Septién o de la Part?? Si en realidad son buenas o como las consideras? En todos los sentidos...

Luis Gabriel González Sayago dijo...

Siempre es bueno recordar cosas que nos gustan.....nos ayudan a nuestro presente....felicidades en esa epoca....que fue de ensueño....

gabriel revelo dijo...

Mili: Gracias por tu visita. Desconozco lo de la Part, pero con respecto a la Carlos Septién tengo buenas referencias. Un par de amigos han estudiado ahí y han salido bien preparados. Suerte!

Luis: Muchas gracias!!!! ¡espero vengan más épocas así!