domingo, 5 de octubre de 2014

Así perdí 5 mil pesos por usar un cajero automático


Sábado 4 de octubre
14:05 horas

Estaciono mi auto afuera de una sucursal de Bancomer, en la colonia Viaducto Piedad. Para traer un poco de efectivo a la mano, entro al área de cajeros automáticos y saco 300 pesos de mi tarjeta de débito. Soy el único que se encuentra ahí. Hago la operación en menos de un minuto y abandonó el lugar.  

A los pocos minutos mi teléfono celular vibra un par de veces, como voy manejando decido no revisarlo.

14:15 horas

Dejo el auto a unas calles del banco, y camino junto con mi novia hasta la estación del metro Viaducto. Como vamos al mercado de La Lagunilla habíamos pensado que lo mejor seria ir en transporte público.

14:31 horas

Vamos entre las estaciones Bellas Artes y Garibaldi. De pronto el metro se detiene y se queda sin luz. Así estamos por varios minutos. Temo que empiece a temblar, aunque prefiero hacerme el valiente y mostrar una actitud relajada ante mi novia. Más tarde ella me confesaría que pensó lo mismo pero que tampoco me dijo nada para no preocuparme.

A excepción de un viejito que hablaba de política, el resto de los pasajeros guardamos un nervioso silencio.

14:39 horas.

Se reanuda la marcha del metro y en 20 segundos llegamos a la próxima estación.

15:20 horas

Ahora estamos en un departamento de una unidad habitacional del barrio de La Lagunilla. Un diseñador de modas le hace los últimos arreglos a un vestido que mi novia usará en una boda donde será Dama de Honor. Para matar el tiempo saco mi teléfono y reviso Twitter, Facebook y mis correos. Es entonces cuando veo que tengo 3 correos de Bancomer.

El primero es para notificarme que había sacado 300 pesos del cajero a las 14:05 horas. Esto no me causa mayor sorpresa pues desde hace tiempo el banco me manda un correo electrónico inmediatamente después de que ocurre alguna transacción en mi cuenta. Lo que me inquieta son los otros dos correos que recibí por parte del mismo banco.

El siguiente mail me informa que a las  14:06 horas el NIP de mi tarjeta de débito había sido cambiado. El tercero es aún más desalentador, pues me comunica que a las 14:09 habían sacado 5,200 pesos de mi cuenta. Si lo anterior es cierto, me han quitado todo lo que tenía en dicha cuenta. Por unos segundos me quedo en blanco y salgo del departamento para tomar aire y pensar qué hacer. Quiero llorar.

15:26 horas

Debajo de los mails de Bancomer dice que si no reconozco alguna de las transacciones llame al banco y justo eso hago. De inmediato me contesta un operador al que le relato lo sucedido. Entonces me pide que le de el número completo de mi tarjeta pero cuando la busco en mi cartera no la encuentro.

Para poder cancelar la tarjeta extraviada (lo cual a esas alturas ya me da igual, pues la cuenta ya no tiene más dinero) me piden varios datos personales, mismos que proporciono. Poco después ya tengo un nuevo número de folio para la reposición de mi "plástico". Al preguntar por mi dinero me dicen que tengo que esperar 24 horas para que los movimientos se vean reflejados en el sistema y pedir que se revise lo sucedido para ver si me pueden devolver o no la cantidad sustraída en contra mi voluntad.

Cuelgo la llamada y completamente desalentado entro de nuevo al departamento donde las Damas de Honor y los diseñadores platican animadamente. Me hacen una pregunta sobre otro tema que nada tiene que ver con mi desgracia y me uno alegremente a la platica fingiendo que nada ha pasado.

15:50 horas

Al salir de su prueba de vestido, mi novia me pregunta sobre los mails que recibí. Al contarle lo sucedido me ofrece su apoyo. Decido haberme el valiente y decir que todo está bien, aunque claro, por dentro estoy muy enojado.

Quienes se van enterando de mi desgracia me dicen que probablemente me regresen el dinero, que no me preocupe. Decido no hacerme ilusiones.

El resto de la tarde lo pasamos viendo zapatos para el vestido. Quiero olvidarme de lo sucedido pero no puedo. Si bien perder ese dinero no es cosa de vida o muerte, sí me sacará balance por varias semanas pues ya tenía claro para que lo tenía destinado.

Sábado 4 de octubre
Tarde - Noche

Después de la elección de los zapatos mi novia y yo fuimos a comer algo y después al cine. Ella se portó muy linda y en todo momento me ofreció su apoyo y ayuda.

Mientras veíamos le película llegué a la conclusión de lo que seguramente pasó: Al salir del cajero olvidé sacar la tarjeta del cajero y alguien se dio cuenta. Tanto por la hora del cambio de NIP, como del retiro, quien lo hizo observaba lo que hacia, pues entre mi retiro y el de las otras transacciones únicamente hay un minuto de diferencia.

No sé si esto fue lo que ocurrió pero me siento un idiota. Por un tonto descuido un aprovechado se quedó con mi dinero. Me da coraje porque seguramente vio cuando dejaba la tarjeta y en lugar de avisarme decidió sacar provecho de la situación.

Aún así me queda una duda: Al sacar el dinero en el cajero indiqué que deseaba salir. Al hacer esto, aunque deje la tarjeta es necesario poner nuevamente el NIP. Entonces ¿cómo le hizo quien tomó la tarjeta para hacer las transacciones tan rápido?

De momento sólo tengo teorías y suposiciones tontas. Lo único que puedo hacer es esperar a que pasen las 24 horas y volver a llamar al banco. Ya veremos qué pasa.

Domingo 5 de octubre

Intenté llamar a Bancomer pero su menú de atención en línea es una porquería. Cuando finalmente encontré la ruta correcta para que me atendiera un asesor, una grabadora me pidió que tecleara el número de mi tarjeta. Número que no recuerdo pues NO tengo la tarjeta.

Cansado de la situación decidí mandar al diablo a la humanidad entera. En este momento de mi vida los odio a todos.

* * * * *

Mañana iré al banco a que me den mi pedazo de plástico que de momento no sirve para nada pues no tiene dinero. Ahí mismo les platicaré lo sucedido y ver si de pura casualidad me pueden reponer el dinero. Aunque seguramente dirán que lo ocurrido será mi culpa y pus ya, peleishon time.

Eso sí, no me cabe en la cabeza cómo alguien puede quedarse con dinero ajeno y seguir su vida tranquilamente. Le deseo lo peor de la vida a quien tenga mis 5 mil pesos. Qué le aprovechen al muerto de hambre.

Sí, estoy muy enojado ¿se nota?

Por lo pronto me quedo con una frase que dice el personaje de Mario Moreno en la película Cantinflas:

"El dinero no es lo importante".

¡Eso espero!

Y también adaptaré la frase de una canción del maestro Alejandro Sanz:


"Sonrío y voy tranquilizando, la rabia de saber, que alguien mis 5 mil varos se está gastando".

domingo, 28 de septiembre de 2014

De cuando me escapé de la guardería


Mis primeros recuerdos de vida los tengo desde una edad muy temprana, tan antiguos que soy capaz de rememorar con exactitud ciertos pasajes que datan desde que tenía dos años. 

Nunca ví nada especial en esa capacidad de recordar lo que ocurrió cuando aún era muy pequeño, hasta que fui dándome cuenta que pocas personas son capaces de tener recuerdos tan antiguos. Precisamente hoy les hablaré de una de estas memorias de la prehistoria de mi existencia. 

* * * * *

Por cuestiones de trabajo, mis papás tuvieron que meterme a la guardería cuando tenía más o menos dos años de edad. Me pasaban a dejar temprano, y en la tarde mi papá iba por mí, para después ir los dos juntos a recoger a mi mamá a su trabajo. 

De esa época recuerdo vagamente como eran las instalaciones de dicha guardería, la hora de la comida y mi convivencia con otros bebés. Me basta con cerrar los ojos para traer de vuelta detalles como la textura, los aromas y el ambiente que reinaba en aquel lugar, que por cierto, recuerdo como poco iluminado. 

En cambio la atmósfera se iluminaba, o al menos se volvía más alegre, cuando llegaba la hora de la salida, mi papá pasaba por mí y me sentaba en un silloncito para bebé que colocaba en el asiento de copiloto. En el trayecto íbamos cantando canciones de Juan Gabriel hasta que llegábamos por mi mamá a la escuela donde daba clases y los tres regresábamos a casa. 

* * * * *
Fue en uno de esos días rutinarios cuando decidí darle emoción a mi naciente vida y escapar de la guardería. Bueno, en realidad no fue así, más buen ocurrió un malentendido que pudo haber tenido graves consecuencias. 

Cuando llegaban por los niños y bebés de la guardería se anunciaba su nombre y una de las encargadas iba por él y lo llevaban hasta sus papás. Como ya se acercaba la hora de que pasaran por mí, estaba atento para cuando dijeran mi nombre. Según yo, escuché que alguien dijo “Gabriel” y como nadie venía por mí, pues me dirigí con mis propias piernas regordetas hasta la salida de la guardería. 

Aquí debo hacer una aclaración: La guardería se encontraba en el interior de un edificio que se ubica en la calle de Vainilla (eje 3 sur) casi a su cruce con Churubusco. Para más señales, enfrente se encuentra Ciudad Deportiva y actualmente el Foro Sol. 

Volvemos a esa tarde; Al llegar a la puerta de la guardería nadie se percató de mi presencia… y pues seguí m camino. Bajé un par de pisos por las escaleras y finalmente salí por la puerta del edificio. ¿Cómo fue posible que ni las maestras ni nadie más se diera cuenta de que un niño pequeño andaba solo por un edifico, y peor tantito, que logró llegar hasta la calle? Es algo para lo que aún no tengo respuesta. 

A los dos años caminaba en una banqueta junto a una avenida muy amplia en la que no dejaban de pasar autos, corriendo así el riesgo de ser robado, atropellado, o de plano seguir caminando, extraviarme y volverme un vagabundo por el resto de mi vida. 

* * * * *

Veinte minutos después mi papá llegó a la guardería, pero a diferencia de otras veces las encargadas iban y venían, entregaban a otros niños pero no a mí. 

Finalmente llegaron conmigo, al verme mi papá vio que me encontraba nervioso. Supo que había llorado porque mis ojos estaban rojos. Al pedir una explicación las encargadas estás le contaron que me había salido sin que nadie se diera cuenta, que un señor me vio en la calle y me llevó de regreso a la guardería. 

Según me han contado, al otro día mi mamá fue a la guardería para quejarse de lo ocurrido. Al parecer los reclamos funcionaron, ningún otro bebé volvió a escaparse jamás de esa guardería. 

* * * * * 

Han pasado muchos años desde entonces. Casi diario paso afuera de ese edificio pero ya no hay ninguna guardería. ¿Qué tan cerca estuve de que mi vida cambiara para siempre esa tarde? Jamás lo sabré, ni tampoco lo qué me llevó a seguir caminando hasta dar con la salida de ese edificio. 

Lo cierto es que aquella fue la primera anécdota interesante y digna de narrar que viví, por eso tenía que contarla, aunque fuera varias décadas después.

domingo, 21 de septiembre de 2014

Sobre porqué no odié "Cantinflas, la película"‏



Inició este texto aclarando que no me considero ningún experto en cine, de hecho disto mucho de serlo. Tampoco me siento intelectual de izquierda, de esos que le ponen 'peros' absurdos a todo producto de entretenimiento. 

Esta no será la primera vez que en cuestiones de crítica cinematográfica le lleve la contra a la mayoría, lo mismo hice cuando escribí que "No se aceptan devoluciones", de Eugenio Derbez, me había parecido una película memorable mientras muchos la despedazaron diciendo que era una porquería. 

Ahora, la cinta sobre la que hablaré favorablemente también ha estado en el ojo del huracán pues muchos la han calificado como un producto mediocre. Me refiero a la cinta Cantinflas, que trata sobre un fragmento de la vida del cómico mexicano Mario Moreno: desde su llegada al mundo de las carpas hasta su intervención en la cinta hollywoodense La vuelta al mundo en 80 días

Tantos comentarios negativos había escuchado sobre está película que fui al cine con ciertas reservas y dudas, mismas que fueron disipándose conforme avanzaba la cinta. Al final salí emocionado, contento y re valorando la imagen de este gran cómico mexicano. 

No faltarán los chairos (porque he leído a varios) que salgan con la cantaleta de "Tin Tan era mejor que Cantinflas". ¡Eso qué! En honor a la verdad diré que NUNCA en la vida he visto ninguna película completa de Tin Tan y con lo poco que he visto de él fue suficiente para caerme gordo. Así que, para mí, Cantinflas es mil veces mejor por el simple hecho de que crecí viendo sus películas (todavía hoy puedo hacerlo sin problema alguno), porque a mí sí me causaban gracia sus chistes y porque creo que su estilo es único e irrepetible. De hecho tengo muy grabado en mi mente como el país entero se detuvo en día que falleció y como el pueblo se volcó en las calles para despedirlo. En mi vida he vuelto a ver algo así con algún mexicano. 

Por lo tanto, como seguidor de la figura de Cantinflas (y esto no lo escribo por moda, siempre lo he sostenido) esperaba que una película sobre su vida retratara el mundo de las carpas; el México de los años 30's, 40's y 50's; el glamour y apogeo del cine de oro mexicano; la tenacidad de un hombre para buscar ganarse la vida sin imaginar lo lejos que llegaría; el conocer un poco más cómo era Mario Moreno y la forma en la que interactuaba con el personaje que él mismo creó; en fin, una película que, más que otra cosa, provocara alegría. 

Todo eso lo obtuve de la película Cantinflas, la cual dista de ser perfecta pues tiene ciertos detallitos de los que ya hablaré, pero que cumple con su cometido: Entretener, conmovernos y acercarnos nuevamente a la figura mítica de Cantinflas. De hecho, me gustaría pensar que esta cinta lo acercará a las nuevas generaciones. 

La historia que abarca la película me parece la correcta. Intentar abarcar toda la vida de Cantinflas habría sido muy complejo. También me pareció inteligente abordar los acontecimientos en dos planos narrativos: El de Cantinflas en sus inicios, y el de los preparativos de la película La vuelta al mundo en 80 días. Al final, ambos tiempos confluyen perfectamente en un final esperanzador. 

Muchos dicen que la película no mostró "el lado obscuro de Cantinflas", y aquí mi pregunta es ¿por qué carajos siempre queremos conocer y ver la parte tétrica de todo mexicano que triunfa? Parece que nos incomoda el triunfo ajeno y que por lo tanto, debemos encontrarles siempre un 'pero'. TODOS tenemos algo que queremos ocultar o de lo cual no nos sentimos muy orgullos, pero "como no somos famosos, pues tenemos derecho a no ser 100% perfectos". Los mismos Beatles consumieron droga y tuvieron varios escándalos y a ellos nadie los juzga, al contrario. 

Por eso se me hace absurdo que en esta película quieran ver un Mario Moreno mujeriego, manipulador de las masas, sujeto a intereses de terceros y poco menos que la reencarnación del Diablo. En cambio, un acierto de esta cinta es mostrarlo sí caprichoso, sí obsesionado con el personaje que Cantinflas, sí infiel, más no por eso retratarlo como escoria. En contraparte también vemos su parte luminosa, la cual destaca más y nos conforta al confirmarnos que la figura de este cómico tiene mucho más elementos positivos que negativos. Como ejemplo de lo anterior diré que la parte en la que Mario comienza a enamorarse y a coquetear con Valentina Ivanova es entrañable. 

Sin embargo, la cinta se la lleva el actor catalán Oscar Jeanada, quien en un principio generó dudas y críticas por su nacionalidad española ya que muchos consideraban casi un pecado que no fuera un mexicano el que le diera vida a Cantinflas. De cualquier forma estas absurdas polémicas quedan de lado en cuanto vemos el trabajo impecable de Jeanada, quien logra meterse en la piel de Cantinflas y dotarlo de vida. La forma de hablar, los gestos, los movimientos, todo es una copia fidedigna del actor. Incluso los retractores de esta película han reconocido la gran actuación de Jeanada. 

Otro punto que me conmovió fue la representación del México de principios y mediados del siglo XX, en lo particular esa época me gusta mucho, así que verla reflejada en esta película hizo que el producto final me conquistara aún mas. 

Como dije al principio, esta película tiene ciertos detalles que impiden que sea redonda, uno de ellos es que el casting de personajes secundarios (como varias estrellas del Cine de Oro mexicano) no esté bien logrado. Creo que en el afán por meter en estos papeles a muchas estrellas de cine y televisión actuales se siente que varias interpretaciones están "metidas con calzador". Hubiera preferido a actores menos reconocidos pero que no contrastaran tanto, sobre todo al lado del gran trabajo actoral e interpretativo de Jeanada. 

Pero repito, la película no es mala ni aburre. Revisando encontré que las críticas negativas vienen de parte de los periodistas y personas que por reputación siempre tienden a despedazar productos como éste. Son los mismos que elogian las películas que muestran a un México violento y lleno de pobreza y vicios. Y saben, en nuestro cine también hay lugar para historias bonitas o con un mensaje más positivo. 

En cambio, mucha gente común (que al fin y al cabo es la que paga un boleto) ha salido satisfecha del cine. Felices pues, y eso, al fin y al cabo, es lo que representó siempre Cantinflas.


martes, 12 de agosto de 2014

Torito, la perrita del bosque y Margarito quinceañero


Desde hace una semana no puedo sacarme de la cabeza una triste historia que leí en los periódicos, y que desde el primer momento me rompió el corazón. 

El pasado 31 de julio, en una calle del municipio de Guadalupe, Nuevo León, fue encontrado un perro de raza pug envuelto en llamas. Algunos testigos comentaron que un grupo de personas fueron quienes lo amarraron y le prendieron fuego. El perro fue rescatado por varios vecinos, quienes lo trasladaron a un centro veterinario donde recibió atención médica. 

Por días este pug permaneció en estado grave. Los veterinarios que lo cuidaban lo llamaron Torito e hicieron todo lo posible por su recuperación. En redes sociales fueron muchas las personas que se manifestaron preocupadas por su salud y deseaban su recuperación. 

Desgraciadamente Torito tenía el 85% de quemaduras en su cuerpo y varios de sus órganos internos también estaban afectados. Su cuidado estuvo a cargo de la veterinaria Paola Tueme, que en su cuenta de Facebook escribió:

"Estamos haciendo todo para salvarlo, se hicieron estudios que nos revelaron que estaban quemados también los órganos aparentemente de forma secundaria, eso nos da un oportunidad de vida, pero cada vez es más difícil, cada día se ha ido agravando su estado de salud..."

Tras días de luchar por su vida, Torito murió la semana pasada debido a complicaciones. La doctora Tueme lo dio a conocer con estas palabras:

"Luché y luchamos incansablemente todo mi equipo, pero su hígado no quiso aguantar, fueron muchas sus heridas, físicas, fue mucho su daño emocional.

Pero estoy tranquila, se fue sabiendo que mucha gente lo amaba, que muchos querían ser sus padres adoptivos. Se fue tranquilo, pude borrar de su corazón el maltrato, pude borrar de su alma el dolor causado por un o unos 'humanos' miserables... Se fue sabiendo que lo amamos mucho, hoy movió la colita, se paró, suspiro y nos dijo Adiós... Nos vemos pronto!!!"

Esta noticia fue recogida por varios medios de comunicación, sin embargo, días después todo se olvidó; por eso quise retomarla en este blog, para que la historia de Torito no se olvide y al menos viva en este blog. 


Aunque ver las fotografías de ese pequeño tan vulnerable sigue afectándome y entristeciéndome, aunque también me hablan de un profundo amor: ver el cuidado y con el que fue atendido en sus últimos días me llena de una profunda ternura y me reconforta.

Por desgracia, el caso de Torito es el tercero con esas características que se presenta en Guadalupe en las últimas semanas. 

* * * * *

El mismo día que me enteré del triste desenlace que tuvo la historia de Torito, fui a correr a la Segunda Sección del Bosque de Chapultepec. Después de estacionarme vi a una perrita que desesperadamente corría y ladraba por la zona. Parecía extraviada, por lo que mi novia y yo intentamos atraparla, aunque no tuvimos éxito. Poco después un señor nos dijo que la perrita había sido dejada por una señora que había llegado acompañada por muchos niños y varios perros. Al retirarse olvidó llevarse a la perrita consigo. 

Minutos después eran varias personas quienes buscábamos agarrarla. Al final tuvimos que irnos pero al pasar nuevamente vimos que varias personas estaban con ella. Todavía hoy me preguntó si la señora de la camioneta volvió por ella, o si en la placa que traía colgando del cuello pudieron dar con el teléfono de su hogar. 

Lo triste de esto fue darme cuenta que hay personas que pueden ser capaces de dejar a una pequeña perrita abandonada a su suerte.

* * * * *

En unos días mi perrito Margarito cumplirá 15 años. No exagero al decir que es de las mejores cosas que me han pasado en la vida. Aunque ya no tiene la agilidad de antes, sigue sorprendiéndome cuando llegó a casa y es el primero en recibirme. 

Con el tiempo he aprendido que los perros son las criaturas más nobles que hay en este planeta, por eso mismo me da rabia enterarme que hay quien retribuye su cariño con odio. Los animales irracionales somos nosotros, eso me queda cada vez más claro. 

Quisiera aprender a querer el mundo como lo hacen los perros. Por lo pronto vivo con uno de ellos, y diario me enseña lo que es el amor verdadero.

domingo, 27 de julio de 2014

No es fácil llamarse Gabriel

A lo largo de mi vida he tenido una relación de amor-odio con mi nombre. Durante mis primeros 5 años me daba igual llamarme Gabriel. En los años venideros, lo confieso, el nombre comenzó a no parecerme muy agradable y ni siquiera sé por qué. 

Me pusieron Gabriel porque mi abuelo materno se llama así. Además comparto el nombre con un tío y dos primos (por cierto, uno de ellos también se apellida Revelo, osea que es mi tocayo por partida doble).

En fin, habrá sido hace unos 10 años cuando no sólo me reconcilié con mi nombre sino que hasta me gustó. No me parece excéntrico ni anglosajón, lo cual me agrada; no está tan choteado pero tampoco es una rareza; es de origen hebreo y su significado es Fuerza de Dios.

¡Qué tal! 

Por eso y más era muy feliz con mi nombre, hasta que hace un par de semanas Coca Cola lanzó una campaña en donde sus latas venían con distintos nombres grabados. En total son 488 nombres repartidos entre Coca Cola, Coca Cola Light y Coca Cola Zero. Fue cuestión de días para que medio mundo comenzara a subir fotos a las redes sociales con sus latas tocayas, y obvio, yo quería encontrar la mía para estar a la moda. 


Pasaron los días y no encontraba mi lata, hasta que revisé la lista con los nombres y descubrí la cruda realidad: A los señores de Coca Cola les pareció que Gabriel es un nombre tan raro y poco popular que decidieron no tomarse la molestia de hacerlas. Lo peor es que sí hicieron latas con los nombres de Gabriela y Gabi

La verdad sí me ardí, sobre todo porque toda mi vida he sido un consumidor enfermizo de Coca Cola, y lo menos que esperaba como retribución por todo el dinero que he invertido en sus productos, era una triste lata con mi nombre “rarísimo”. 

El colmo fue cuando me puse a checar y noté que hicieron latas de nombres naquillos y raros como: 

- Edwin
- Dora
- Brian
- Brandon
- Josu
- Meche
- Edel
- Pier
- San
- Joselyn
- Kevin
- Mitzy
- Ronaldo

¿Cualquiera de los nombres anteriores es más popular y habitual que Gabriel? ¿Les cae?

¡No manches Coca Cola, andas muy malito del sentido común!

Nunca me han gustado los nombres anglos o que no encajan en la cultura mexicana, pero bueno, cada quién le pone a sus hijos como quiere. Desgraciadamente Coca Cola y esta campaña me hacen pensar que soy yo quien vive en el error. 

Chale, ni el nombre tengo popular, mejor me hubieran puesto Brian.

domingo, 20 de julio de 2014

Es mejor no saber nada


Luis Fernando tiene siete años, y no comprende que esta pasando…yo tampoco. Sabe que esta tarde algo importante debe estar pasando, de otra forma, no hubieran cortado tan abruptamente su caricatura favorita. ¿Por qué de repente sus papás y demás adultos rodean y miran con tanto interés el televisor? No sabe por qué ese corte informativo es tan importante ni qué significan palabras como Israel, Hezbolá, Beirut, el Líbano o Franja de Gaza. 

Luis Fernando ve imágenes que no lo sorprenden del todo: tanques de guerra disparando, edificios destruidos y gente llorando; siente que esta viendo una película de acción, aunque más aburrida. Supongo que éste y muchos motivos más lo llevan a levantarse y dirigirse a su cuarto a jugar con su perro ‘Bingo’.

Qué afortunado eres querido Luis Fernando, tu inocencia te salva de los nubarrones que opacan la realidad de los adultos, y qué bueno que sea así, qué bueno que tus deseos de jugar sean más grandes a ver cómo seres humanos se destrozan en nombre de fronteras e ideologías que ni ellos ni nadie civilizado entiende. 

Qué bueno y que envidia me das: a tu escasa edad no conoces la perversidad de las armas ni lo mal parados que como sociedad y especie ‘supuestamente pensante’ nos deja cualquier guerra. Luis Fernando sigue jugando, y ni idea tiene que justo en este momento, la madre tierra tiembla de impotencia ante la proximidad de una nueva guerra.

Luis Fernando regresa, quiere jugar conmigo a la pelota, por supuesto acepto; quizá unos minutos con él, compartiendo risas bajo el cielo azul, me ayude a comprender qué demonios le pasa a este mundo. 


* * * * *
Lo anterior fue escrito en julio del 2006. Ocho años después, duele saber que este texto sigue igual o incluso más vigente que en su momento. Ahora el mundo mira con terror conflictos como el que sostienen Israelíes con palestinos, o los ucranianos con los rusos. 

Luis Fernando ya tiene 15 años y yo sigo pensando que es mejor no saber nada de esos temas, pero en esta ocasión la realidad no escapa de mi mente.

martes, 15 de julio de 2014

De cuando usaba el perfume para mujer de Paris Hilton


Hoy decidí romper el silencio y contarles una historia que por años he guardado para mis adentros: Yo usaba perfume para mujer marca Paris Hilton.

Sí, ese que tenía feromonas y que supuestamente servía para atraer hombres. 

¿Qué diablos hacía yo usándolo? Eso mismo se pregunta toda persona que se entera de que por un buen tiempo su servidor hiciera algo tan raro. Pero aquí estoy, dispuesto a ser sincero de una vez por todas y contarles uno de los más grandes secretos de mi vida. Aquí mi confesión… 

Corría el año 2006 cuando mi hermana se fue de viaje con sus amigas y al regreso trajo un perfume Paris Hilton original con todo y su cajita. Resulta que se lo había encontrado (eso decía) y al ver que aquella fragancia no era pirata, decidió conservarla. 

Cuando la trajo a casa la curiosidad me invadió, tanto había escuchado del mentado perfume y sus feromonas, que en cuanto pude destapé la dichosa botellita y la olí. Aunque el aroma era muy agradable tampoco me volvió un animal embrutecido. 

Lo anterior hubiera quedado sólo como una anécdota de no ser porque unas semanas después tuve que salir un viernes por la noche con mi grupo de amigos. Iríamos a conocer el bar que un tipejo había abierto, dicho mequetrefe me caía gordo, no sólo porque tenía sangre pesada y era un mirrey venido a menos, sino además porque era pretendido por la chica que entonces me gustaba. 

Obviamente acepté ir al bar no porque tuviera ganas de conocer el local (bastante gacho por cierto), sino porque debía cerciorarme de que aquella noche no ocurriera nada que fuera contra mis intereses. 

Por alguna extraña razón, antes todo me salía mal, sobre todo en cuestiones del corazón. Esto se comprobó esa misma tarde, cuando horas antes de verme con mis amigos y con la susodicha, fui víctima del “Huele Caca”. 

Ni pongan cara de extrañeza, el Huele Caca es un fenómeno que a todos nos ha pasado, nos pasa o nos pasará., y que consiste en que de pronto y sin saber muy bien por qué, uno huele a caca. 

Aquella tarde fui al baño, hice del 2 (de verdad no me resulta fácil escribir esto, así que valoren lo que leen), me limpié según yo muy bien y seguí normalmente mi vida. Cual sería mi sorpresa al notar que me olía la coliflor. Aún así no le di mucha importancia, pues según yo, al momento de darme un regaderazo el olor se iría. 

Y no fue así. Después de bañarme y arreglarme el olor seguía ahí, si bien no de forma tan intensa, aún era perceptible. ¿Así tenía planeado luchar contra mi rival de amores? Él tenía un bar y yo olía a popo. No hace falta ser un genio para saber que llevaba las de perder. 


No podía darme por vencido, así que busqué entre mis fragancias masculinas y descubrí que me había terminado todas y que tontamente guardaba los frascos vacíos, mismos que ahora me veían de forma burlona. Fue entonces cuando a mi mente vino el perfume de Paris Hilton. 

Como mi hermana no estaba en casa, tomar el dichoso perfume sería sencillo. ¿Oler a chica sensual o a popo? Esa era la duda que por unos minutos analicé en mi mente hasta que opté por oler a Paris Hilton. Ni hablar, todo fuera por triunfar en el amor. 

Me rocié un poco (bueno, no, la verdad es que bastante) de esta fragancia en la parte trasera de mi pantalón, y hasta debajo del calzón. Cuando sentí que el tufo de popo se había esfumado me sentí con más de confianza y salí a encontrarme con mis amigos y el destino. Ya en el auto noté que todo apestaba a feromonas. 

Al llegar al bar nos recibió el tipejo infumable aquel. Él también apestaba a perfume, sólo que en su caso era una colonia barata de hombre, además traía el pelo relamido y vestía como señor chiquito. Mientras estuve en aquel negocio varias veces temí que por aquello de las feromonas algún caballero se enamorara de mi, o que en el peor de los casos quisiera hacerme suyo sobre una de las mesas del bar. 

Hasta me abstuve de ir al baño para evitar que el exceso de feromonas femeninas que traía sobre mi provocara un accidente. 

Gracias a Dios eso no pasó, aunque para mi pesar, el olor a Paris Hilton tampoco hizo que saliera de la Friendzone en la que me encontraba. Esa noche mi fracaso fue total y mi rival de amores triunfó. 

- Ni hablar, al menos nadie notó que olías a caca, me dije cuando regresaba solo a casa, abandonado como un perro. 

El Huele Caca es un problema que se sufre en el momento menos pensado, por lo que en ocasiones futuras también opté por el perfume Paris Hilton para rociarme la pompa y salir de la bronca. Jamás supe si mis amigos se dieron cuenta de que usaba una fragancia para mujer. 

Con el tiempo mi hermana descubrió que usaba su perfume (no debe ser fácil descubrir que tu hermano mayor acostumbra a rociarse feromonas). Al pedirme una explicación le dije que tarde o temprano revelaría el por qué de mi extraña actitud. En parte, este texto es una deuda que tenía con el pasado. 

Si alguien sufre del Huele Caca (que repito, a todos nos ha pasado), le recomiendo que use el perfume Paris Hilton, que funciona de las mil maravillas para librarnos del problema. Si un día estaban conmigo y les llegó un aroma a perra feromonas, ya saben a qué se debe. 

No es la primera vez que un olor no me deja en paz, en alguna ocasión apesté por horas a ajo por culpa de una pizza, pero eso ya se los conté alguna vez en este blog.

domingo, 6 de julio de 2014

Soñé que #NoEraPenal


Tanto Mundial ya me tiene afectado, tanto que cuando duermo hasta tengo sueños referentes a Brasil 2014. 

En el pasado post de este humilde blog les dejé mis impresiones sobre el juego que México perdió ante Holanda en los octavos de final con un penalti que a los ojos de muchos no fue falta, sino un clavado del holandés Robben, que en el apellido lleva la penitencia. 

A raíz de este error descarado, en redes sociales comenzó a proliferar una gran cantidad de memes alusivos que con el hashtag #NoEraPenal nos ayudó a tomar lo sucedido con cierto sentido del humor y a librarnos del trauma (o al menos aceptarlo). Yo tampoco pude escapar de la moda y durante los últimos días me la he pasado posteando cuanta imagen alusiva he encontrado al “No era penal”. 

Luego supe que ya había tocado fondo cuando tuve un sueño relacionado al #NoEraPenal , mismo que ahora les narro: 

Llegaba a un salón de clases, muy parecido a los que hay en la preparatoria en la que estudié. Me senté casi hasta adelante y noté que había varios jóvenes de distintas nacionalidades, aunque claro, la mayoría eran mexicanos. A los pocos minutos entró el profesor, que no era otra persona que Joseph Blatter, el mismísimo presidente de la FIFA. 

Puso sus cosas sobre su escritorio de maestro, y pasó lista. Por supuesto cuando mencionó mi nombre contesté muy ñoñamente: presente. 

Después procedió a presentarse diciendo: Hola, buenos días soy Joseph Blatter, presidente de la FIFA y…

Entonces, algo pasó en mi interior y de forma natural exclamé: Ehhhhhh…. ¡PUTO! 

No fui el único, además de mi otras cuatro o cinco personas habían gritado lo mismo. El problema es que aquella osadía hizo que el señor Blatter frunciera el ceño, se pusiera rojo de coraje y nos mirara a todos con odio. Muy en su papel de profesor advirtió:

"Les doy un minuto para que me digan quién de ustedes fue el que grito esa palabra. El que lo haya hecho acaba de cometer un acto de racismo y será castigado con 4 meses sin poder entrar a ningún estadio de futbol del mundo. Será fichado por FIFA. 

Espero que quién haya sido, tenga el valor cívico de levantarse y salirse del salón". 

Chin, al oír estas palabras me puse nervioso. No sabía si comportarme como un hombre, ponerme de pie y aceptar mi culpa, o ser un cobarde, guardar silencio y ver qué pasaba. Y es que la cosa no estaba fácil, si confesaba mi imprudencia seguramente aparecería en los noticieros, sería la vergüenza de la familia y para colmo, no podría ir a ningún estadio de futbol durante casi medio año. Parecía toda una tragedia, aunque a los pocos segundos me cayó el veinte que México no volvería a jugar hasta el otro año y que como el Atlante descendió, estaría difícil que mi equipo jugara algún partido en la Ciudad de México. Además, no creo que los de la FIFA estén revisando si en los juegos de la Liga de Ascenso intenta colarse el que llamó Puto a su presidente. 

Cuando entendí que no tenía nada que perder y estaba a punto de levantarme, un chavo se me adelantó, se puso de pie y en silencio salió del salón. Supe que era compatriota pues traía su playera de la Selección Mexicana, tras el otros dos alumnos hicieron lo mismo. 

Viendo esto, también me levante y mientras me dirigía a la puerta el profesor Blatter empezó a quejarse nuevamente de la terrible ofensa que habíamos cometido y la neta me calenté. Antes de abandonar el salón, me volví hacia donde estaba el viejo desgraciado y con mucha dignidad le grité varias groserías y finalicé con un: ¡¡¡Y NO ERA PENAL, PINCHE VIEJITO HIJO DE SU PUTA MADRE!!! 

Y en eso desperté. Noté que estaba bien enojado y con ganas de seguir mentando madres. 

Dicen que en los sueños el que habla es nuestro subconsciente. De ser así, esto quiere decir que la derrota de la Selección sí me afectó y gacho. Recuerdo que al momento en el que marcaron el polémico penal no hice tantos corajes, tampoco los hice en los días siguientes, pero ese sueño me hizo saber que en efecto, yo tampoco acepto ese penal. Al menos encontré cierto consuelo al mentarle la madre a la FIFA. 

Y ya, ese fue mi sueño mafufo, del que sacó la siguiente conclusión: No era penal, hasta los sueños me lo dicen.

domingo, 29 de junio de 2014

Caer con la cara en alto (Holanda 2 - México 1)


Días como el de hoy permanecerán siempre en nuestra memoria, por más que cada cuatro años se nos repita cíclicamente. 

Hoy México jugó ante Holanda en un duelo correspondiente a los octavos de final de Brasil 2014. De forma caprichosa, a pesar de ir ganando desde el inicio del segundo tiempo, la Selección Mexicana se quedó a un paso de hacer historia al recibir 2 goles en los momentos finales del partido, haciendo que se rompiera el corazón de millones de mexicanos. 

¿El árbitro nos robó y nos marcó un penal inexistente en el último minuto?

¿Miguel Herrera se equivocó e hizo un planteamiento erróneo al defender la ventaja durante tantos minutos. 

Da igual, lo valioso de esta jornada no fue tanto el resultado del partido, por más que al fin y al cabo, sea lo que decide el destino de cada uno de los equipos que participan en esta justa deportiva. Contrario al sentimiento que se apoderó de mi en otras eliminaciones nacionales, en esta ocasión no es la tristeza la que predomina en mi entorno, al contrario. Dolió perder así, pero también nos dejó muchas cosas buenas. 

No niego que grité el gol de Giovani Dos Santos, que idolatré a Memo Ochoa cada que atajaba el balón o qué sentí que el mundo se me venía encima con cada uno de los goles holandeses. En mi ánimo pesa más el ambiente que se vivió desde días previos en México. 

Ver cómo todo el país se une por una sola causa, aunque esta fuera el futbol, siempre será refrescante. En las redes sociales, en las calles y en el aire se palpaba el entusiasmo, el orgullo y la confianza de todos por un grupo de jugadores que nos representaban como nación en un torneo de esta envergadura. 

Sí, nuestro país está mal en muchos aspectos, hay miles de problemas mucho más importantes que un torneo de futbol y por supuesto, son muchas las cosas a las que debemos prestarles más atención; y precisamente por eso, momentos de unión como los que vivimos en días pasados son tan especiales, porque no sólo nos unifican y dan identidad, sino porque nos hacen soñar y nos impulsan a creérnosla.

Hace unas horas nuestra Selección luchaba de forma dignísima y puso en jaque a uno de los mejores equipos del mundo. No importaba el nombre de los jugadores que estaban enfrente, pues al fin y al cabo, nosotros somos mexicanos y también tenemos lo nuestro. Esa es precisamente la enseñanza que me ha dejado ser aficionado al futbol y en especial del equipo mexicano: ver cómo los miedos y complejos van desvaneciéndose con el paso de los años.

Pertenezco a esa generación que ha dejado de ver a los rivales con miedo. Antes los mexicanos solíamos achicarnos ante los extranjeros, y esto no sólo en el ámbito futbolístico, sino en el laboral, social, etc. Ahora, aunque el respeto prevalece, ya no nos sentimos menos, ni ante un europeo, gringo o asiático. Al menos para mi es un orgullo decir que soy mexicano y ponerme cualquier cosa que me identifique como miembro de este gran país. 


Por eso, aunque hoy nos eliminaron no me he quitado la playera verde de la Selección, al contrario, la manera en la que hoy lucharon por ella los jugadores mexicanos me hacen portarla con más orgullo. Estuve triste por unos minutos, pero ahora no, lo ocurrido esta tarde puede hundirnos o dejarnos muchas enseñanzas, y yo elijo lo segundo. 

Hace unos meses esta misma Selección contaba con muchos detractores y casi nadie creía en ella. Yo fui de los pocos que a pesar de los malos tiempos jamás dejé de ponerme la playera verde. Después vinieron los tiempos felices, volvieron los triunfos y la afición nuevamente se entregó al equipo. Con esta nueva eliminación una vez más surgieron comentarios negativos contra los jugadores. Ante ese tipo de críticas, en Facebook mi primo Emmanuel escribió este comentario más que acertado:

Ya están los que se encargan de juzgar a la selección y al deporte mexicano: Que sí a la hora de la hora, que si por eso están donde están, que deportistas mediocres, etc. 

El día que lleguen a estar en la elite de el deporte que practican o en la carrera que ejercen, hablan. Porque hablar de abajo para arriba es fácil, pero estar peleando con los mejores del mundo, no cualquiera. Primero lleguen, y luego cuando no se achiquen hablan y entonces se los reconoceré. Pero mientras, calladitos se ven más bonitos.

No puedo estar más de acuerdo. 

Me quedo muy agradecido y orgulloso por la entrega de este equipo en la cancha, porque una vez más nos hicieron soñar, olvidarnos por un rato de nuestras preocupaciones, y de paso, nos recordaron que todos somos parte de un país maravilloso. 

Se puede ganar, se puede perder, pero si se hace entregando el alma el resultado es lo de menos. Algún día lograremos más conquistas mi México, y como siempre estaré a tu lado. 

No estoy triste, pero sí muy orgulloso.

martes, 17 de junio de 2014

Ahora disfrutó más el Mundial


Y comenzó el Mundial. Solamente cada 4 años vivimos estos días raros pero llenos de pasión, y qué bueno que así sea, porque sólo de esta forma tenemos el tiempo suficiente para añorar estos momentos que son un autentico oasis en nuestra existencia. 

Vivimos pues días en los que todo, o casi todo, gira alrededor de un balón. No importa la condición social o el rincón del planeta en el que se viva, por ahora, casi todos estamos hipnotizados por el Campeonato Mundial de Futbol de la FIFA Brasil 2014. 

Quienes me conocen saben que cada 4 años espero este evento con mucha ilusión, sólo que en esta ocasión todo ha sido diferente. Antes no podía dormir los días previos a los partidos de México, iba a la Iglesia a pedirle a Dios que nos echara la mano en los juegos y todo el tiempo era un manojo de nervios. En fin, me tomaba el Mundial muy en serio. 

Ahora lo hago un poco más a la ligera. No quiere decir que antes no gozara los mundiales, ¡al contrario!, es sólo que ahora intento disfrutar de todo: Desde los momentos de tensión hasta los triunfos; de los partidos infumables entre equipos en apariencia humildes, a los juegazos entre las potencias futbolísticas. 

Antes bastaba que ganara México para que mi día se transformara y me sintiera un ser lleno de felicidad, de igual modo cuando la Selección Nacional era eliminada, me sumía en una profunda tristeza y depresión que me duraba días. Varias veces, cuando el equipo tricolor quedaba fuera de alguna justa mundialistas me sorprendí a preguntándome: 

¿Y ahora que ya no hay Mundial para México, qué chiste tiene la vida? 

Ya sé, pensar así es una tontería, pero estaba joven y aún no sabía bien qué onda con la vida. 

No sé en qué momento me cayó el veinte de que lo importante para un aficionado de futbol no debería ser el resultado final de un partido, sino la forma en la que se vive. Me explico: Hoy jugó México contra Brasil, el partido fue complicadísimo y todo el tiempo fui un manojo de tensión, sin embargo, durante todo el juego fui consciente de que podíamos perder, y esto, lejos de darme miedo o ponerme más tenso, me hacía pensar ‘ok, podemos perder, podemos ganar, pero estos nervios y emociones qué siento con cada jugada nadie me las va a quitar'

Y si eso sienten millones de aficionados alrededor del planeta cuando ven los juegos del Mundial, y por unas horas pueden dejar de pensar en sus problemas, en cómo joder al prójimo o en cosas negativas, entonces bendito sean estos eventos que de una u otra forma nos unen como humanidad. 

Hoy me sentí orgulloso de ver al equipo mexicano jugarle al tú por tú a Brasil y disfruté todo lo que conllevó este enfrentamiento; por primera vez en mi vida le estoy dando más importancia a disfrutar un partido de futbol sin importar el resultado, y sin que se me vaya la vida si mi equipo llega a perder. 

Hace un par de meses descendió el Atlante, mi equipo de toda la vida, y si bien sentí feo, la depresión jamás me derrotó, por el contrario, creo que tomé las cosas con calma y viendo hacia el futuro, con más ilusión y entusiasmo que con pesar. 

Lo mismo me sucederá con México en este Mundial, si llega lejos en la competencia seré el más feliz, si nos toca perder ni modo, ya habrá otros Mundiales. En lo que una de las dos cosas sucede, a disfrutar de los partidos y de toda la fiesta que acompaña una Copa del Mundo. 

Y que viva el futbol, que como por ahí dicen, es lo más importante de lo menos importante.

domingo, 8 de junio de 2014

Fiebre de estampitas futboleras, un sábado por la noche


¿Cuándo lo divertido… deja de ser divertido? esa pregunta rondaba mi mente una y otra vez en la tarde de ayer, mientras me encontraba recorriendo el estacionamiento del Estadio Azteca, con varios montones de estampitas en la mano. 

Todo comenzó hace unas semanas, cuando tuve la ocurrencia de comprarme el álbum Panini del Mundial Brasil 2014 con el mero objetivo de cotorrear y pasarla suave en los días previos a este magno evento deportivo, que dicho sea de paso, es mi favorito. Cuatro años atrás también compré el álbum de Sudáfrica 2010, aunque entonces la euforia me duró dos días y lo dejé semi vacío, debido a la decepción que me provocó que en los primeros cinco sobres que compré me salieran 5 repetidas. 

Ahora no me salieron tantas repetidas (al principio), por lo que conforme pasaban los días iba comprando sobres y viendo como poco a poco mi álbum iba llenándose. No vayan a creer que me obsesioné y gastaba un dineral para completarlo, al contrario, compraba sobres dos o tres veces a la semana y de forma moderada. Intercambiaba algunas repetidas en la oficina y la cosa iba avanzando lenta pero segura. 

Durante todo este proceso mi novia fue involucrándose en esta bonita actividad recreativa (en su trabajo varios de sus compañeros también lo estaban juntando) y comenzó a conseguirme cada vez más y más estampitas, hasta el grado de que el llenado del álbum fue avanzando de forma más rápida. Al principio pensé que el juntarlo juntos nos uniría más y sería una bonita experiencia.

Tal y como sucede en otros ámbitos de la vida, las mujeres son más organizadas que los hombres, y por esa razón, ella tenía listas impresas en las que llevaba la relación de las estampas que nos faltaban, hacía tratos con diferentes amigos, e incluso negociaba con un niño gordo que vendía estampas en un puesto callejero cercano a su trabajo. 

Entonces se anunció que en el Estadio Azteca se llevaría a cabo el “intercambio de estampas mundialistas más grande del mundo”, el sábado 7 de junio del 2014, de 12 de la tarde a 8 de la noche. Varias veces mi novia y yo comentamos que sería bueno ir, pero nunca nos pusimos de acuerdo. Finalmente llegó el día y no nos acordamos del mentado intercambio hasta bien pasada la tarde. Aún así, decidimos ir por ahí de las 6 de la tarde, a ver qué encontrábamos en la rebatinga. 

Cuando llegamos ni siquiera intentamos ingresar al estadio, pues en el estacionamiento había cientos de personas cambiando las mentadas estampitas y pues ahí nos quedamos. Lo curioso era que quienes lo más transacciones hacían no eran niños, ni adolescentes; sino hombres por encima de los veinte, personas maduras, padres de familia y hasta uno que otro viejito. 

Confieso que lo que me daba ilusión de ir aL intercambio no era tanto el encontrar las estampas que me faltaban, sino acceder a la mismísima cancha del Estadio Azteca, cosa que finalmente no logré por quedarme en el estacionamiento, intentando comprender un poco toda la confusión que había alrededor. 

La que agarró más pronto la onda y la dinámica del lugar fue mi novia (así pasa siempre); empezó a cambiar estampas de un lado a otro y a estresarse cuando veía pasar el tiempo sin que encontráramos estampitas que nos fueran útiles. Comenzaba a caer una lluvia ligera y a obscurecer, lo que hacía más complejo el buscar una y otra vez entre cientos de estampas ajenas, alguna de las que buscábamos.


Muchos de los presentes ya estaban de malas y enojados, al parecer los adultos habían tomado el control de los álbumes de sus hijos, quienes se encontraban a un lado tristes y deprimidos, viendo como eran relegados a la posición de observadores. Lo mismo me pasó más o menos a mi, que por mucho tiempo sólo fui espectador del intercambio de las negociaciones de mi novia. Mi función se redujo a detener el paragüas y usar mi celular para alumbrar las estampitas en medio de la oscuridad que la noche trajo consigo. 

Poco después de las nueve de la noche, el personal de seguridad del estadio comenzó a pedirnos que abandonáramos el estacionamiento, pues ya iban a cerrar. Cinco minutos después nos marchamos con varias estampas que antes no teníamos y vimos como muchos de esos papás obsesivos estacionaban sus vehículos afuera del estacionamiento y seguían cambiando estampas. 

Mi novia, que estas circunstancias se comporta como Mónica de Friends, quería que nos paráramos para seguir intercambiando estampas, cosa que finalmente no sucedió porque aceleré para escapar del lugar lo más pronto posible. La calma no volvió a mi vida, pues de ahí nos dirigimos a casa de nuestro amigo Ángel para seguir cambiando estampitas. 

Me pregunto a qué hora se habrán ido esas personas que se quedaron afuera del estacionamiento del Estadio Azteca, de acuerdo a mis cálculos, los últimos debieron haberse ido cerca de la media noche. 

Si la aplicación de mi teléfono (que es menos certera que las bases de datos de mi novia) no miente, me faltan poco más de treinta estampas para que llene el álbum. A estas alturas de la vida ya no sé si lo logre, pues empezando el Mundial quizá la euforia por estos cromos baje ¿o aumentará? De cualquier forma este álbum ya es más de mi novia que mío. Ella ha conseguido la mayoría de las estampas, ella realiza los intercambios y es ella quien ya se obsesionó con llenarlo. 

El Mundial de Futbol es uno de los eventos cumbre del deporte, y el cual siempre espero con ansias. Juntar el álbum es una forma de formar parte de esta enorme fiesta que llega a todos los rincones del planeta. No me importaba llenarlo, sólo divertirme, ahora la cosa es diferente y lo trascendente es completarlo a toda costa, y no lo digo yo, lo dicen varias novias que se apoderan de los álbumes de sus parejas, los papás que reviven su infancia apropiándose de las estampas de sus hijos, y hasta las personas de la tercera edad a los que este álbum les dio un nuevo motivo para vivir.

Ni hablar, soy de esas víctimas que fui despojado de su álbum Panini. Aunque en honor a la verdad, le agradezco todo lo que ha hecho en estas semanas por ayudarme con esta locura que es juntar el álbum Panini.

miércoles, 21 de mayo de 2014

Y también corro

Como no tengo llenadera y aunque ni tiempo de actualizar este blog tengo, les tengo que dar un aviso a todos aquellas pobres almas en desgracia que por algún motivo son masoquistas y me lee en este espacio. 

Y ese anuncio es que… ¡abrí otro blog! 

¿Y qué diferencia tendrá a éste? 

Pues que el nuevo blog girará entorno al tema del Running. Y es que desde que hace unos meses comencé a correr sentí la necesidad de hablar sobre el tema, pero tampoco quería saturar este espacio con textos sobre una pasión que a lo mejor al resto del mundo le da igual. 

Al no ser ningún experto no esperen que hable del tema como si fuera un profesional o use términos mamucos, al contrario, todo lo que escriba será desde la perspectiva de alguien que da sus primeros pasos en el running, a veces sin mucha idea. 

Así, El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo seguirá tratando sobre cómo hago el ridículo y alguna que otra tontería de mi vida cotidiana, mientras el tema de mis vivencias en la corredera lo podrán encontrar en: 

Diario de un corredor frustrado, cuya dirección es desventurasdecorredor.wordpress.com

Así que por allá, y por supuesto, también por acá, nos seguimos leyendo.


martes, 6 de mayo de 2014

Seda


“Esta no es una novela. Ni siquiera es un cuento (…) Se podría decir que es una historia de amor. Pero si solamente fuera eso, no habría valido la pena contarla”. 

Con esas palabras Alessandro Baricco presentó en Italia su novela Seda, que al paso de los años se convertiría en su obra más representativa y exitosa, todo un Long Seller que desde entonces no ha dejado de venderse. 

Si bien sabía quién era Alessandro Baricco, nunca me había propuesto leer alguno de sus libros hasta que hace unos meses acudí a su presentación en la pasada edición de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara. Después de escuchar hablar a ese italiano carismático y ver la forma en la que cautivaba a sus lectores, me propuse darle una oportunidad a una de sus obras. 

Por eso, no dude en comprar un ejemplar de Seda cuando me los topé en una librería. Lo primero que me sorprendió cuando tuve el libro en mis manos fue su brevedad: 125 páginas ¿Cómo era posible que una novela tan breve haya conquistado a tantos lectores alrededor del mundo? Si bien otras novelas breves como Aura, de Carlos Fuentes, Las Batallas en el Desierto de José Emilio Pacheco, o Pedro Páramo de Juan Rulfo son de mis favoritas, siempre desconfío cuando estoy por comenzar algún libro de extensión breve. 

Desde sus primeros renglones me di cuenta que Baricco tiene razón al decir que esta historia está escrita con lo justo, sin ningún exceso. Minimalismo literario que no obstante, nos dice demasiado. Bastan unos minutos para entender la forma en la que el autor construye una narrativa muy peculiar y a la que nos acostumbramos de forma natural e imperceptible. 

Seda se ubica en la segunda mitad del siglo XIX y narra un pasaje de la vida de Hervé Joncour, un hombre apacible, casado con una mujer de bella voz llamada Hélène. Él trabaja medio año como comprador y vendedor de gusanos de seda, mientras que el resto del año descansa. 

Casi olvido mencionarlo: Los Joncour viven en Lavilledieu, un pequeño pueblo francés dedicado a la producción de tela. 

Las cosas se complican cuando unas plagas afectan la reproducción de estos gusanos y hace que comiencen a escasear. Para solventar este problema, Hervé Joncour viajaba cada año hasta el norte de África por huevos de gusanos que llevaba de vuelta a Lavilledieu. Por desgracia, fue cuestión de tiempo para que la plaga alcanzara también al continente negro. 

Es entonces cuando Baldabiou, uno de los hombres más sabios de Lavilledieu, le propone a Hervé ir hasta el Japón por huevos de gusano. En ese entonces, Japón era un terreno inhóspito y poco conocido que mantenía sus fronteras cerradas al resto del mundo. 

De esta forma, comienzan a narrarse los distintos viajes que Hervé realiza hasta Japón y en los que se lleva medio año (6 meses de ida y 6 de regreso). A pesar de que siempre regresar cada primer domingo de abril y ser recibido de forma amorosa por su esposa, cada viaje a Japón va cambiándolo de un modo que ni el mismo comprende, llenándolo de una confusa nostalgia. 

Me encantaría contar los motivos que van cambiando al protagonista, y ni que decir del inesperado y conmovedor final de la historia, pero no me perdonaría arruinarle la experiencia a quien no ha leído el libro. 

Aún así, debo decir que Seda es una belleza de libro. Cada frase, cada idea, cada símbolo, forman parte de una hermosa sinfonía que no cesa hasta la última página. Jamás en mi vida había leído algo tan seductor y a la vez poético, musical y armónico. 

Es difícil catalogar a Seda, pues por más que esté cargada de romanticismo no es una historia de amor; tampoco es un libro sobre viajes, aunque el protagonista atraviese el mundo varias veces; mucho menos es una novela sobre ternura y erotismo, por más que sus protagonistas transpiren estos sentimientos. 

Seda es todo eso y a la vez es algo muy distinto: Una historia que debía ser contada pues narra la vida de un hombre de esos que prefieren asistir a su propia vida y que considera improcedente cualquier aspiración por vivirla

Así de compleja y bella es esta novela.