domingo, 8 de junio de 2014

Fiebre de estampitas futboleras, un sábado por la noche


¿Cuándo lo divertido… deja de ser divertido? esa pregunta rondaba mi mente una y otra vez en la tarde de ayer, mientras me encontraba recorriendo el estacionamiento del Estadio Azteca, con varios montones de estampitas en la mano. 

Todo comenzó hace unas semanas, cuando tuve la ocurrencia de comprarme el álbum Panini del Mundial Brasil 2014 con el mero objetivo de cotorrear y pasarla suave en los días previos a este magno evento deportivo, que dicho sea de paso, es mi favorito. Cuatro años atrás también compré el álbum de Sudáfrica 2010, aunque entonces la euforia me duró dos días y lo dejé semi vacío, debido a la decepción que me provocó que en los primeros cinco sobres que compré me salieran 5 repetidas. 

Ahora no me salieron tantas repetidas (al principio), por lo que conforme pasaban los días iba comprando sobres y viendo como poco a poco mi álbum iba llenándose. No vayan a creer que me obsesioné y gastaba un dineral para completarlo, al contrario, compraba sobres dos o tres veces a la semana y de forma moderada. Intercambiaba algunas repetidas en la oficina y la cosa iba avanzando lenta pero segura. 

Durante todo este proceso mi novia fue involucrándose en esta bonita actividad recreativa (en su trabajo varios de sus compañeros también lo estaban juntando) y comenzó a conseguirme cada vez más y más estampitas, hasta el grado de que el llenado del álbum fue avanzando de forma más rápida. Al principio pensé que el juntarlo juntos nos uniría más y sería una bonita experiencia.

Tal y como sucede en otros ámbitos de la vida, las mujeres son más organizadas que los hombres, y por esa razón, ella tenía listas impresas en las que llevaba la relación de las estampas que nos faltaban, hacía tratos con diferentes amigos, e incluso negociaba con un niño gordo que vendía estampas en un puesto callejero cercano a su trabajo. 

Entonces se anunció que en el Estadio Azteca se llevaría a cabo el “intercambio de estampas mundialistas más grande del mundo”, el sábado 7 de junio del 2014, de 12 de la tarde a 8 de la noche. Varias veces mi novia y yo comentamos que sería bueno ir, pero nunca nos pusimos de acuerdo. Finalmente llegó el día y no nos acordamos del mentado intercambio hasta bien pasada la tarde. Aún así, decidimos ir por ahí de las 6 de la tarde, a ver qué encontrábamos en la rebatinga. 

Cuando llegamos ni siquiera intentamos ingresar al estadio, pues en el estacionamiento había cientos de personas cambiando las mentadas estampitas y pues ahí nos quedamos. Lo curioso era que quienes lo más transacciones hacían no eran niños, ni adolescentes; sino hombres por encima de los veinte, personas maduras, padres de familia y hasta uno que otro viejito. 

Confieso que lo que me daba ilusión de ir aL intercambio no era tanto el encontrar las estampas que me faltaban, sino acceder a la mismísima cancha del Estadio Azteca, cosa que finalmente no logré por quedarme en el estacionamiento, intentando comprender un poco toda la confusión que había alrededor. 

La que agarró más pronto la onda y la dinámica del lugar fue mi novia (así pasa siempre); empezó a cambiar estampas de un lado a otro y a estresarse cuando veía pasar el tiempo sin que encontráramos estampitas que nos fueran útiles. Comenzaba a caer una lluvia ligera y a obscurecer, lo que hacía más complejo el buscar una y otra vez entre cientos de estampas ajenas, alguna de las que buscábamos.


Muchos de los presentes ya estaban de malas y enojados, al parecer los adultos habían tomado el control de los álbumes de sus hijos, quienes se encontraban a un lado tristes y deprimidos, viendo como eran relegados a la posición de observadores. Lo mismo me pasó más o menos a mi, que por mucho tiempo sólo fui espectador del intercambio de las negociaciones de mi novia. Mi función se redujo a detener el paragüas y usar mi celular para alumbrar las estampitas en medio de la oscuridad que la noche trajo consigo. 

Poco después de las nueve de la noche, el personal de seguridad del estadio comenzó a pedirnos que abandonáramos el estacionamiento, pues ya iban a cerrar. Cinco minutos después nos marchamos con varias estampas que antes no teníamos y vimos como muchos de esos papás obsesivos estacionaban sus vehículos afuera del estacionamiento y seguían cambiando estampas. 

Mi novia, que estas circunstancias se comporta como Mónica de Friends, quería que nos paráramos para seguir intercambiando estampas, cosa que finalmente no sucedió porque aceleré para escapar del lugar lo más pronto posible. La calma no volvió a mi vida, pues de ahí nos dirigimos a casa de nuestro amigo Ángel para seguir cambiando estampitas. 

Me pregunto a qué hora se habrán ido esas personas que se quedaron afuera del estacionamiento del Estadio Azteca, de acuerdo a mis cálculos, los últimos debieron haberse ido cerca de la media noche. 

Si la aplicación de mi teléfono (que es menos certera que las bases de datos de mi novia) no miente, me faltan poco más de treinta estampas para que llene el álbum. A estas alturas de la vida ya no sé si lo logre, pues empezando el Mundial quizá la euforia por estos cromos baje ¿o aumentará? De cualquier forma este álbum ya es más de mi novia que mío. Ella ha conseguido la mayoría de las estampas, ella realiza los intercambios y es ella quien ya se obsesionó con llenarlo. 

El Mundial de Futbol es uno de los eventos cumbre del deporte, y el cual siempre espero con ansias. Juntar el álbum es una forma de formar parte de esta enorme fiesta que llega a todos los rincones del planeta. No me importaba llenarlo, sólo divertirme, ahora la cosa es diferente y lo trascendente es completarlo a toda costa, y no lo digo yo, lo dicen varias novias que se apoderan de los álbumes de sus parejas, los papás que reviven su infancia apropiándose de las estampas de sus hijos, y hasta las personas de la tercera edad a los que este álbum les dio un nuevo motivo para vivir.

Ni hablar, soy de esas víctimas que fui despojado de su álbum Panini. Aunque en honor a la verdad, le agradezco todo lo que ha hecho en estas semanas por ayudarme con esta locura que es juntar el álbum Panini.

2 comentarios:

Luis Javier Hernandez dijo...

Donde me encuentro es mas difícil lograr un intercambio. Me faltan alrededor de 100. del mundial de Sudáfrica me faltan como 50 y del album de la Liga MX como 30. creo que tengo un problema

Partido Social Player dijo...

muy buena narracion, excelente el titulo con la descripcion de tus andanzas, pero por algun lado lei que en estos casos buscas en internet las estampas que te hacen falta y las imprimes.. voilà

saludos...