martes, 16 de septiembre de 2008

3 detalles del puente

Son fiestas patrias en México y la costumbre dicta que nadie debe hacer nada, más si el 15 y 16 de septiembre se encuentran precedidos de un fin de semana y ocurre lo deliciosamente inevitable: hacemos puente. En otras palabras, desde el sábado hasta hoy martes al país entero le dio por andar de fiesta o en el mejor de los casos, no hacer nada. Por supuesto yo hice lo segundo, pero como éste blog simple y sencillamente se niega a que deje pasar este día sin escribir nada en él, pues les dejo estas tres mini entradas:

1. El bello durmiente

Lo siguiente me da tanta pena, que pensé seriamente si escribirlo o no. Pero debido a que hacer el ridículo es parte de mi, me veo obligado a confesar que entre ayer y hoy dormí 15 horas, lo cual no tendría nada de extraordinario si no lo hubiera hecho en plena noche del 15 de septiembre, en la cual todos los mexicanos, mexicanas y coladas no duermen, dan el grito de independencia, comen toneladas de antojitos mexicanos y se embriagan con tequila hasta el amanecer. No se crean, mi intención era hacer todas y cada una de esas cosas pero últimamente el sueño ha hecho estragos en mi. O el trabajo ya me está pasando factura o ya estoy viejito.

Me encerré en mi cuarto a leer el periódico cerca de las 6 de la tarde… después ya no supe más hasta que un mensaje de uno de mis amigos me despertó por ahí de las 3 de la mañana, como vi que ya era muy tarde para cualquier cosa, volví a dormirme hasta las 9 de la mañana. Ni cené nada, ni salí, ni me embriagué, ni vi el Grito de Independencia del Presidente Calderón, ni nada. Hasta el otro día (hoy en la mañana) vi en el noticiero el resumen de lo que fue el acto presidencial, el grito chafisima de López Obrador (que alguien le diga que es un viejo ridículo) y el atentado que se perpetro anoche en la ciudad de Morelia y que dejó ocho muertos y unos cien heridos. Lo del atentado es condenable por dónde se vea… haya sido el narco, el crimen organizado o unos descerebrados, el punto es el mismo: rompen la paz y las victimas es el mismo pueblo; y eso no se vale. De poder le diría a mi México, hoy en cumpleaños número 98 que no se preocupara, que muy pronto se va a curar de esta enfermedad que no sé cuando contrajo y que me duele mucho. Aunque la fe se encuentre tan abrumada por la realidad, de todos modos te quiero con toda el alma país de mi vida. Este blog condena el atentado y pide al cielo por que algún día la paz reine de verdad en esta tierra.

Desayuné el pozole que originalmente era para cenar. Todo eso y mucho más me perdí. Ya sé, soy un looooser.

2. Arráncame la vida

Para quitarme el mal sabor de boca fui al cine y vi “Arráncame la vida”, película mexicana basada en la novela del mismo nombre escrita por Ángeles Mastreta. Contrario a lo que me pasa con las películas basadas en libros que ya leí, a esta no terminé odiándola; es más, por momentos hasta buena me pareció.

La manufactura de la cinta es excelente, no por nada está producción es hasta ahora, la más cara del cine mexicano (aproximadamente 10 millones de dólares). Hay escenas muy bien logradas por medio de paisajes bellísimos de época y tomas de varios sitios representativos de las ciudades de Puebla y México que retratan muy bien el país de los años 30´s del siglo pasado. En cuanto al guión, es bastante fiel a la novela, y aunque (como es natural) se agregan y quitan cosas de la historia original, en general la adaptación es más que aceptable. Si acaso diré que el mayor error es que el personaje de Andrés Ascencio es un desgraciado en la novela y en la película no tanto, vamos, hasta sus ocurrencias hacen reír al público en más de una ocasión. Por lo demás la recomiendo para verla en una tarde lluviosilla, de esas que casi no hay en septiembre.

Como dato cultural y que no tengo por qué contar, leí “Arráncame la vida” hace unos diez años y me gustó mucho y lo leí en tiempo récord debido a que era nuestra tarea en clase de literatura y la niña que en ese entonces me gustaba (por no decir me encantaba) lo leía recargada en mi espalda en las tardes en las que hacíamos el servicio social en el departamento de psicología de la prepa en dónde estudiábamos. Idiotamente pensaba que si no podía ganarme su corazón, al menos podría ganarle a leer el libro más rápido que ella. Al final gané la carrera pero no su corazón.


3. A las cinco en el astoria


También me compre un disco: “A las 5 en el astoria”, la nueva producción del grupo español “La Oreja de Van Gogh” y que marca una nueva etapa en la agrupación al estrenar vocalista. El temor de que la entrada de Leire después de la salida de Amaia le cambiara la esencia al grupo queda disipada con “El Último Vals”, primera canción (que también es el sencillo que actualmente promocionan en la radio) del álbum y que actualmente me tiene como idiota escuchándola una y otra y otra vez. Seguramente les ha pasado que una canción se les pega y que la letra les queda que ni mandada a hacer, pues eso mismo me ocurre con este tema que de pies a cabeza me describe… ¿quieren saber en que anda mi corazón hoy en día?, esta canción se los dirá por mi:

Dale clic aquí

Sin dejar de lado que me enamoré a primera vista de la nueva vocalista, los discos de “La Oreja de Van Gogh” siempre me han gustado tanto por su sonoridad tan peculiar como por las letras tan finas y bien logradas que manejan en cada una de sus canciones. Cada uno de sus discos me ha cautivado y este pinta para no ser la excepción. De hecho, hace unas horas manejaba por la ciudad escuchando el disco y la canción “Jueves” me conmovió como hace mucho no me pasaba. La letra es bellísima y habla de los atentados terroristas en Madrid del 11 de marzo del 2004. Una joya que no pueden dejar de oir:





Y aquí termina esta entrada que habla de todo un poco y a la vez de nada. Si algo no me gustó es haber mencionado la palabra “atentado” dos veces. ¿Cuándo le dará al mundo por ser normal?

domingo, 14 de septiembre de 2008

Susurro


Despiertas. Ayer, como casi cada noche, tuviste pesadillas. No hace falta que te esfuerces demasiado en recordar los detalles que sabes de memoria. Siempre el mismo sueño que desde hace meses se repite sin que sepas muy bien la causa.

Aunque algunos detalles suelen variar, siempre te ocurre lo mismo: El miedo te paraliza hasta que logras abrir los ojos y vuelves a la realidad de tu cuarto. Suspiras aliviada y le pides a Dios que las pesadillas se detengan un día de estos. Siempre es el mismo pánico, que guardas para ti misma Fabiola, pues nadie debe saber que a tus diecinueve años a veces mojas la cama por los intensos ataques de miedo que sufres después de cada pesadilla. Por eso casi nadie sabe tu secreto. Pensarían que estás loca o exagerando, tal y como Mamá te dijo hace unas semanas cuando te reprendió por haber ensuciado las sabanas a tu edad. Después te mandó durante un mes entero al psicólogo quien afirma, padeces ataques de ansiedad.

Pobre de ti Fabiola. Que cada noche sueñas con estar acostada en el polvoso piso de un frío y viejo cuarto de piedra. Lleno de ratas a las que oyes correr por aquí y por allá, imaginando su cercanía a causa de la obscuridad casi total del recinto, apenas violada por una pequeña rendija que deja entrar un insípido rayo de luz. Durante la pesadilla, intentas moverte desesperadamente, y no puedes. Tu cuerpo esta rígido, como muerto. Paralizada notas como los espesos cabellos de los voraces roedores invaden hostilmente tus brazos, entrepierna, vientre y cuello. Algunos empiezan a morderte. Y sabes, porque esta historia la vives cada noche, que la peor parte está por llegar. Siempre, aunque estás perfectamente consciente de que no debes hacerlo, diriges la mirada al techo manchado de sangre... y la miras. No sabes muy bien quién o qué es aquel cuerpo de toscos rasgos femeninos y vestido blanco, desgarrado y percudido, que siniestramente flota justo arriba de ti. Su piel, de una tonalidad negrusca-azulada es repugnante, aunque en nada comparada con la expresión de dolor en su rostro en descomposición y franco rictus morten. Más horribles son sus amarillentos y podridos ojos que te miran fijamente. Pobre de ti Fabiola, que a estas alturas del sueño rezas para que todo termine. Y en cambio, sientes cómo caen sobre ti hilos de sangre podrida y maloliente, provenientes de aquel mortífero ser que sorpresivamente empieza a llorar, gritando frases que no comprendes, pero que laceran tus oídos y llenan tu alma de muerte. Con la poca razón que te queda, notas como aquel cadáver viviente se abalanza sobre ti. Y despiertas temblando. Así es casi cada noche. Por eso odias cuando cae la tarde. Porque se acerca tu calvario secreto.

Por eso, ¿Qué va a ser de ti Fabiola, ahora que tus papás salen al extranjero una semana gracias a un viaje de negocios? Durante el día, sabes cuidarte muy bien sola, pero... ¿qué tal de noche?.

* * * * *
Hace tres días, Fabiola, llevaste a tus papás al aeropuerto. Desde entonces te has hecho cargo de ti misma. No ha sido difícil. Por la mañana vas a la escuela. Saliendo prefieres dirigirte a casa de alguna de tus amigas o escapas a un centro comercial, donde dejas que pase el tiempo. Te da miedo estar completamente sola. Sin embargo, y para tu sorpresa, hace una semana que no has tenido pesadillas. Has tenido, en cambio, sueños ‘normales’ en los que todo es luz, color y felicidad. Tampoco has mojado la cama, y comienzas a pensar, un tanto en broma, un tanto en serio, que talvez tienes alergia a tus padres.

* * * * *
Dos días más, y ni rastro de las pesadillas. Te sientes tan bien que hasta hoy disfrutaste un bello atardecer, que anunciaba la llegada de otra noche, libre de horror.

* * * * *

Cuatro días después, y uno antes de le llegada de tu familia. Has olvidado todas tus preocupaciones y volviste a reír. Feliz piensas que esta tranquilidad será el comienzo de días de paz.

* * * * *

Es jueves en la noche. Decides irte a dormir justo cuando va terminando el último programa de la barra de entretenimiento de Canal 5. Revisas que las cerraduras de las puertas estén correctamente cerradas, le dejas a tu perro ‘Bombón’ comida en su plato y apagas todas las luces de tu casa. Noches atrás tardabas mucho en dormirte, en esta ocasión solo te llevó un par de minutos. Al principio no sueñas nada.

Después te encuentras en una playa con tus papás, tus abuelos y hasta tu prima Arlet está contigo. En el sueño eres feliz haciendo un castillo de arena, que se viene abajo por culpa de una ola.

Entre sueños sientes frío. Sin abrir los ojos sientes que tus sabanas están amontonadas en tus pies. Las jalas con un movimiento automático y sigues dormitando.

Ahora tu salón de clases es el escenario del sueño. Aunque sólo estás tú y Ernesto, tu amor platónico. La plática marcha tan bien, que no te sorprende que súbitamente te pida que seas su novia. Obviamente aceptas, cerrando el pacto con un beso. De este sueño sí que no quieres despertar.

Una vez más sientes que estás destapada. Ni siquiera te inmutas en voltear y buscar las sabanas. Vuelves a jalarlas y con un movimiento automático te tapas de nuevo.

Caminas con ‘Bombón’ por un bello campo verde, lleno de flores de las más variadas especies y colores. Hasta ti llega la humedad del lago con la que el viento se encarga de refrescarte. Sientes el cálido sol, acariciándote la piel.
Un poco de frío. De nuevo las sábanas al pie de tu cama. Un poco cansada piensas entre sueños, y sin abrir los ojos, si dormir destapada o no. Optas por taparte, una vez más.

Estas afuera de tu casa, a obscuras y en silencio te preguntas en dónde estarán todos y por qué están las luces apagadas. ¿Acaso no habrá nadie? Con miedo introduces la llave en la cerradura y lentamente abres, esperando encontrar lo peor. Y entonces un grito de ¡Sorpresa! invade todo. Es una fiesta en tu honor Fabiola. Ahí están todos tus primos, tus papás, tus amigos, y hasta Ernesto.

Ya ni sorpresa hay. De nuevo destapada. De nuevo te tapas. Sin voltear o siquiera abrir los ojos. No recordaras sobre qué fueron los próximos tres sueños que tuviste, pero sí que de nuevo sentiste frío y que de nuevo jalaste las sábanas hacía ti. Insomne te causó gracia éste juego de las sábanas que atribuiste a lo mucho que de seguro te moviste por lo realista y feliz de tus sueños. Así pasan las horas de esta noche, entre un desfile interminable de historias alojadas en tu subconsciente.

¿Serán las tres de la madrugada? El frío roza uno de tus pies. Un poco fastidiada de tu forma de dormir, te das cuenta de nuevo de la ausencia de las sábanas y un pensamiento absurdo recorre fugazmente tu pensamiento... ¿Y si ella está ahí? Estás acostada boca arriba sobre tu cama, temiendo abrir los ojos para encontrar a esa horrible criatura suspendida sobre ti. Sudas frío. Y de repente, con valentía, abres los ojos y diriges la mirada al techo de tu cuarto. No hay nada. Inmediatamente los cierras y caes en un nuevo y profundo sueño.

Ahora eres una súper estrella. No sabes cómo paso, pero estás cantando ante diez mil fanáticos que vitorean tu nombre y la letra de una pegajosa canción pop que interpretas. Ves tu nombre en pancartas repartidas a lo largo de las tribunas de aquel gigantesco auditorio. Y sigues cantando aquella canción rosa: - Llévate mi vida la vida, pero no me dejes la melancolía-. Detrás de ti, un juego de luces acompaña tu belleza.
Frío de nuevo. Un poco harta de que tus sueños terminen en la mejor parte abres los ojos y te inclinas hacia tus pies para botar las sábanas de una vez por todas. Y de repente la vez al pie de tu cama. Más cerca que en tus sueños, despidiendo esa luz verdosa que la cubre y ese hedor maldito que es más real que nunca. El mismo vestido blanco, la misma piel cangrenada y agusanada. El mismo rostro, entre hinchado y huesudo. Sus cabellos escasos y canosos. Y los mismos ojos amarillentos y llenos de pus a punto de estallar. Sientes que pierdes el control de tus esfínteres y un chorrito de orina recorre tus piernas. Ya no sabes qué hacer Fabiola, quieres correr, gritar, pero no puedes, tu cuerpo se volvió pesado de repente y no te obedece más. Sólo puedes llorar y ahogarte en espasmos, justo cuando eso que tienes enfrente comienza a gritar con su voz horrible frases que no entiendes pero sabes, anuncian tu muerte. La vez acercarte a ti Fabiola, mientras oyes a tu perro ladrar.

* * * * *
Es viernes por la tarde. Y tus papás Fabiola, no se explican por qué no has ido por ellos a la terminal aérea, ni por qué no contestas el teléfono de casa o tu celular. Más enojados que preocupados toman un taxi hasta el centro de Tlalpan que de seguro les saldrá carísimo. Llegan y después de tocar sin respuesta una y otra vez, abren la casa que está cerrada con llave. Descubren que todo está ordenado, y en silencio. Gritan tu nombre una y otra vez. Un poco alarmados buscan en la cocina, el estudio, la sala y el baño de la planta baja. Nada, ni rastro de ti. Cuando tu mamá entre a tu cuarto se ahogará en un grito de dolor. Tu papá la escuchará y acudirá enseguida para darse cuenta del por qué su mujer yace desmayada en el piso de tu dormitorio: Todas las paredes de tu cuarto estarán llenas de sangre, en el piso verá algunos restos del cadáver brutalmente despedazado de ‘Bombón’. Y en medio de la cama, sentada con la mirada perdida y los ojos amarillentos estás tú. No responderás a los llamados de tu padre que llorando te preguntará que pasó. Nunca más volverás a ser la misma Fabiola.

* * * * *

Soy un alma en pena. No puedo matar. Pero sí volverte loca y hacerte perder la razón. Y creo, eso debe ser peor que la muerte. Para las almas condenadas eternamente en el infierno, el susurro del miedo ajeno se convierte en nuestro único consuelo.


Gabriel Revelo –Teatro Blanquita de la Ciudad de México, Agosto 2006
Basada en una historia de la vida real.

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Parecer leyenda


Sucedió el pasado viernes 5 de septiembre en la fiesta de una amiga. Como sucede en este tipo de festejos, eran mucho más los asistentes desconocidos que los invitados originales; lo cual, permitía que la socialización y coqueteo estuvieran a la orden del día. Cerveza, cigarros, sabritones (nunca pueden faltar), música para bailar y un montón de mujeres atractivas por todos lados eran la tonalidad de una noche que pintaba para ser interesante, o cuando menos, fuera de lo común,

Ahí estaba con mis amigos, en medio de un montón de personas que ni conocía y que se movían al ritmo de la música… y una señorita atractiva pasa a mi derecha, y otra guapísima baila a mi izquierda… y otro grupo de ellas platican y se secretean frente a mí… y yo tomándome mi tercera cerveza de la noche discuto con mis acompañantes a cuál de esas féminas sería mejor abordar… lo malo, es que yo no suelo hacer esas cosas, y para prueba están las casi cinco horas que estuve en aquella fiesta y en las que no hice más que mirar y esperar que el destino (de quererlo así), fuera el que moviera los hilos de las coincidencias y los encuentros esa noche.

10, 11, 12 de la noche… y nada…
1,2 de la madrugada y seguimos igual…

Salvo el ambiente que a causa del alcohol se ha transformado a mí alrededor, pocas cosas sobresalientes han pasado. Ellas bailan cada vez más desinhibidas. Su forma sugerente de bailar y las sonrisas que le dirigen a todo mundo son una invitación a correr el riesgo de un rechazo… total, si ni las conocemos ¿al otro día quién se iba a acordar?

Más o menos a las 3 de la mañana decidí retirarme. El cansancio de una semana llena de trabajo hizo que la pesadumbre del sueño se apoderara de mí. Si a eso le agregamos que 3 horas después tendría que volver al trabajo, se vuelve más que comprensible que deseara dormir aunque fuera una hora antes de reintegrarme a la maldita vida laboral. El problema era que ella no pensaba lo mismo. Nunca supe de dónde salió. Estaba ya afuera de la fiesta, a punto de abrir la puerta de mi auto, cuando de la nada apareció una chica lindísima con una pregunta extrañísima para mí.

- Amigo, ¿me puedo recargar en tu auto?
- Es que ya me voy.
Respondí.
- No, no te vayas, quédate un rato más.
- Es que tengo mucho sueño… y a las 6 de la mañana tengo guardia en mi trabajo.

Es difícil discutir con una mujer así. Delgada, cabello negro rizado, cuerpo de tentación y extrovertida. De verdad tenía un sueño infernal y en ese momento tenía ganas de dormir, pero ver a un ángel de ese calibre enfrente de uno hace dudar a cualquiera. Eso sin contar que los dos amigos que me acompañaron hasta la puerta comenzaron a sonsacarme e inmediatamente (no los culpo) se pusieron del lado de la femme fatale.

- Bueno, quédate una hora y ya. Arremetió la jovencita seductora.
- De verdad no puedo, es que quiero dormir aunque sea un poquito y…
- ¿Media hora?
- Cinco minutos.
Respondí medio desesperado y rogándole a Dios el poder estar lo más rápido posible sumido en el más profundo de los sueños.
- Media hora.
- 5 minutos…
- Ni tú ni yo, veinte minutos.
Murmuraron sus delgados labios al momento en el que esbozaban una sonrisa maliciosa.

Al final acepté. Ella se recargó en mi auto y aunque yo tenía todo el deseo de platicar con ella no pude. La vista se me nublaba, las extremidades me dolían a causa del agotamiento y las ideas simplemente brillaban por su ausencia. Lo que hice fue abrir una de las puertas del auto y sentarme dentro de él, total, lo que ella quería era recargarse en el auto. Los supuestos veinte minutos sólo fueron tres. La cabeza me dolía y el estar ahí esperando me puso de tan mal humor que terminé por salir del auto y ordenarle a la chica que por favor se quitara pues ya me iba. Esta vez su sonrisa letal no me convenció. Entre enojada y triste (más la primera que la segunda) ella se retiró. Aun hoy me reprocho lo que hice, y mis amigos ni se diga. Sé que el cansancio que tenía no es pretexto. Me la paso quejándome de que el amor rara vez se cruza por mi vida, y cuando lo hace termino por mandarlo de regreso. Ay, Gabrielito nunca aprenderás. ¿No se supone que ellas los prefieren patanes?

Tiempo después comprendí que esto de las relaciones humanas no deja de ser un juego en el que se puede ganar o perder, pero sin perder la sonrisa y las ganas de ser feliz y seguirse divirtiendo. Los últimos días los he pasado buscando la manera de lograr ese equilibrio que traiga al amor de vuelta. No se trata únicamente de estar haciendo tonterías sino de también, resultarle interesante al sexo opuesto. Entre el machismo y payasada, o atrevimiento y ternura, o seductor y divertido, debe haber ese punto medio y perfecto. Y saben, lo encontré.

Llevaba meses buscando esta escena en You Tube y por fin la encontré. En ella, el Patrullero 777, interpretado brillantemente por el cómico mexicano Cantinflas se infiltra en un antro de mala muerte con el fin de obtener información sobre un tal Johnny, temible delincuente padrotón. Independientemente de que los diálogos y la escena en sí son una joyita, la actitud, presencia y estilo del 777 (divertida y seductora) es, como él dice, la onda verdadera.



‘Parezco leyenda’ dijo el 777 y ni como negarlo. Salir a retar la noche, meterse en líos y no sufrir ni un rasguño. Robar corazones y ser relajado. He visto éste video hasta el hartazgo para empaparme de las actitudes de aquel personaje inolvidable. Me dejaré el bigote, ensayaré esos pasos de baile, me compraré unos lentes obscuros de patrullero y me compraré una de esas camisas setenteras. Saldré a un barcillo y arrasaré con ellas. Eso sí, prometo dormir antes.

Quién quita y me encuentro a la chica del auto otra vez.

domingo, 7 de septiembre de 2008

"Como tú no hay dos..."

El de la foto es mi sobrino Luis Fernando. A sus 9 años dice tener novia, yo le creo. Constantemente revisa su celular (el tercero que le compran pues siempre termina perdiéndolos) para checar si su amada le ha mandado algún mensaje. Aunque lo más probable sea que ni él ni ella tengan crédito en sus teléfonos móviles… cosas de la edad.

La otra vez nos acompaño a una papelería. Mientras comprábamos algunas cosas “El Güero”, como cariñosamente le decimos, comenzó a revisar las tarjetas de felicitación de uno de los mostradores del local.

- Me encantaría darle una de estas a mi novia. Nos dijo de un modo insinuante.
- ¿Quieres llevarle una?, escoge la que quieras, te la compramos.

Feliz como una lombriz, Luis Fer empezó a revisar minuciosamente cada tarjeta. Asuntos como elegir una tarjeta para nuestra novia a los 9 años es de los importante y requiere que nos tomemos nuestro tiempo. Y así lo hizo por cerca de 15 minutos, mismos en los que las frases y los muñequitos de las tarjetas iban y venían sin que el enamorado se decidiera.

Cuando comenzamos a pensar que ahí nos llegaría la noche “El Güero” estalló en mil carcajadas y sonriendo con su dentadura chimuela nos dijo: “Quiero esta”. Nos mostró su elección y todos coincidimos en que no podía ser mejor. Aunque su diseño era bastante sencillo, lo importante estaba en el mensaje de un muñequito como animal que adelante decía: “Como tú no hay dos …” al abrirla, la frase se completaba con “…hay un montón”.

A mi también me dio mucha risa y envidia ¿por qué no había de esas tarjetas en mis tiempos estudiantiles?, seguramente con una de esas sí me hubieran hecho caso. Se la compramos, faltaba más. Muy contento dijo que se la daría en cuanto pudiera. Hoy en día desconozco si lo hizo, pero no me cabe la menor duda de que me dio una lección de vida con esa elección. Darse el lujo de burlarse del amor y hasta de su novia sin mostrar la menor preocupación sólo puede hacerlo la inocencia de un niño. Quisiera ver cuántas chicas de mi edad reciben esa tarjeta sin que nos la regresen mínimo con una cachetada.

A Luis Fernando y sus 9 años poco le importa el qué dirán. Es más, seguramente para él la diversión de entregar la tarjeta es más llamativo que el amor mismo. Y esa, supongo, es la clave para disfrutar del afecto y de la vida en general: no tomarse las cosas tan en serio. Yo debería hacer lo mismo, pues si han leído regularmente éste blog, se habrán dado cuenta de que soy un dramático de lo peor, que suelo complicar hasta niveles infinitos cualquier asunto que tenga que ver con el amor y que pocas veces está satisfecho con su vida sentimental.

El mensaje de la tarjeta también debería de aprendérmelo muy bien y repetírmelo cada vez que a la necedad le da por apoderarse de mi cerebro. No perder la cabeza por una sola persona, y de ser así, tener la desfachatez para burlarme de la situación, pudiendo entrar y salir libremente de ella sin rasguños y sí con muchas risas.

Gracias a este pasaje aprendí que lo importante es volver a lo básico y dejar esa tendencia infumable que tengo de complicar todo con mis preocupaciones absurdas. Desconozco en que momentos a mi corazón le dio por tomarse tan en serio y se convirtió en un viejito mal humorado. Ojalá haya alguna manera de rejuvenecerlo pues quiero burlarme del amor (ya es hora, pues el desgraciado me ha hecho sufrir lo indecible). Por lo pronto lo primero que tengo que hacer es “convertirme en leyenda”

Sabrán a que me refiero en mi próxima entrada, no se la pierdan.

miércoles, 3 de septiembre de 2008

Perdona la soledad

Sólo me sé un número telefónico de memoria, el tuyo. No por eso, aun hoy, el marcarlo deja de imponerme respeto. Nervioso, lo intento de nuevo, sólo para colgar, en cuanto escucho el tono de marcado. Decepcionado de mi falsa valentía decido rendirme tempranamente y pensar en algo más. ¿Y si voy a buscarte y de una vez por todas despejo dudas? ¿Y si mejor me callo, y maduro? Perdona si visto de inútil agonía este romance muerto hace ya un buen tiempo. No soy yo, es la soledad, mi soledad.

Si me cuesta alejarme de ti, no es necedad. Es soledad. Por eso mis días son todos tristes, por tu ausencia, porque inevitablemente necesito saber de ti para calmar mis deseos de enloquecer e ir hasta dónde estés. Es soledad. Soledad de ti. Soledad por ti y por lo que fui. Soledad de amor. Soledad espiritual. Soledad de sentimientos, de caricias. ¿Cuántos tipos de soledad existen? No lo sé, pero con seguridad padezco todas.

Por eso me he vuelto tu sombra. Para fingir que de una u otra forma, sigues a mi lado. Perdona la soledad, que me hace escribir tantas tonterías carentes de sentido. Disculpa, si en unos minutos, horas o días, la soledad me da la valentía de ir a buscarte; o marcarte, y esta vez, no colgar en cuanto descuelguen al auricular.

Perdona a la soledad, y su manía de acompañar a los más débiles.

domingo, 31 de agosto de 2008

La noche que iluminamos México

Seguramente ya éramos miles cuando minutos antes de las 6 de la tarde llegué a la Columna del Ángel de la Independencia. Ahí, a la hora acordada y dónde todo comenzaría, recibí la primera descarga emocional de muchas que ya hicieron de aquel sábado 30 de agosto uno de esos días que nunca olvidaré.

Organizada y difundida por diversas organizaciones sociales, ‘Iluminemos México’ fue el nombre que se le dio a la marcha en contra de la violencia en nuestro país debido a la creciente ola de crímenes y asesinatos a manos del crimen organizado y el narco. Secuestros, asaltos y robos han ido arrebatándole la tranquilidad a los mexicanos que cansados de la impunidad y corrupción, decidieron mostrarle a las autoridades su descontento. Por eso había que estar ahí, porque momentos así son determinantes en la historia de un país, porque como sociedad tenemos la responsabilidad de cuidarnos unos a otros y de hacer hasta lo imposible porque México vuelva a respirar la paz.

La idea era ir vestidos de blanco y llevar una vela para iluminar con miles de luces el recorrido. A la marcha, que originalmente se llevaría únicamente en la Ciudad de México, se fueron uniendo otras ciudades de cada uno de los 31 estados de la República Mexicana. Y no sólo eso, en Londres, Madrid, Los Ángeles y otras metrópolis del mundo también habría manifestaciones solidarias con el pueblo mexicano.


Repuesto del impacto inicial al llegar y ver la Glorieta del Ángel de la Independencia llena de mexicanos vestidos de blanco, me uní a la marcha que recién acababa de iniciar. No importaba el aire frío ni las nubes que anunciaban la inminente llegada de un tormentón. Entonces me uní a un río de gente sin principio ni fin. Ahí, entre extraños de las más diversas clases sociales (si es que esa frase sigue teniendo cabida en estos tiempos) fui entendiendo lo que es la fuerza de un país, y que no se basa en las instituciones sino en la gente. No sabía cuántos éramos, pero poco importaba cuando hombro contra hombro se transmitía una calidez a prueba de todo. Paso tras paso la energía aumentaba y la atmosfera se tornaba en una esperanza amorosa que inundaba el corazón. No puedo describir el sentimiento que se apodera de uno cuando ve a la gente de su país levantar la voz y decir ‘México quiere paz’ al unísono de millones que como yo, dejaron todo para unirse a esta caminata en más de cincuenta ciudades y poblaciones de la república.

El marco imponente por única vez no era la belleza de la modernidad de Avenida Reforma o la abrumadora historia de los edificios del Centro Histórico. Lo imponente era la gente que se seguía uniendo, que gritaban frases optimistas y que a pesar de todo sonreían. La llovizna que a ratos caía o el fuerte viento que soplaba sólo animaba a la multitud a seguir. Íbamos varios que gracias a Dios, nunca hemos sufrido ningún asalto, pero también había miles que en carne propia han sido víctimas de ese cáncer social que es la delincuencia. ¿A cuántos de ellos el hampa les arrancó lo que con tanto esfuerzo era parte de su patrimonio? ¿A cuántos un ser querido? ¿Cuántos más viven en la incertidumbre de no saber la suerte de un secuestrado?... No lo sé y probablemente mi subconsciente bloquea la respuesta para no darme cuenta de la realidad. Lo cierto es que a todos nos han arrebatado la tranquilidad de transitar por nuestro país sin el miedo que da el no saber si cada día regresaremos con bien a casa.

No es justo, por dónde se vea esta situación es inmerecida para un país tan grande que no cabe más que en el corazón de millones de personas buenas. Inmerecido para un pueblo acostumbrado a enfrentar cualquier adversidad y salir adelante. No es justo, ni nunca lo será, que la historia de un nuestro México sea manchada por un reducido grupo de descerebrados que no merecen la más mínima consideración. Menos justo es la red de corrupción y burocracia que aunado con la incapacidad de las autoridades tienen a la delincuencia en un estado de comodidad inadmisible. Gobernantes van y vienen, al igual que los pretextos.

Sin embargo la esperanza ahí estaba cuando llegué al final del recorrido. Observar el Zócalo capitalino, corazón de México lleno de gente gritando deseos de paz y justicia es impresionante y alivia el alma.

La gente seguía y seguía llegando de todos lados. Con la mejor disposición, sin banderas de partidos políticos, ideologías o distinción de religiones. Animados por la belleza de la Catedral o de Palacio Nacional y llenos del orgullo contagiado por la gigantesca bandera mexicana ondeando en la Plaza de la Constitución. Como estaba pactado, en punto de las 20:30 de la noche las luces de todos los edificios fueron apagadas para darle paso a las miles de veladoras y lámparas fueron iluminando cada rincón no sólo del Centro Histórico y sus alrededores, sino de todo mi México. Después las primeras estrofas del Himno Nacional hablaron por todo un país que ya quiere vivir en paz. Fue inevitable no conmoverse y no desear con todas las fuerzas que los causantes de tanto dolor recapaciten y sean hombres de bien.


Dos horas después veo en diversos medios las imágenes aun más impresionantes. Se habla de más de 200,000 personas manifestándose tan sólo en la Ciudad de México. Hoy sigo impresionado y con el corazón a flor de piel. Al igual que todos, tengo familiares y amigos a los que amo con todo mi ser y por los que cada noche ruego para que la violencia nunca los alcance. Ese miedo ya no lo quiero, ya no lo soporto, ya no lo quiero. Somos mucho más la gente honesta trabajadora. Los que nos entregamos día a día para tener tardes tranquilas con la convicción de no deberle nada a nadie. Mi México ya no quiere estar así, y no lo vamos a dejar cuando más nos necesita.

Porque amo a mi país, este blog se une al clamor de mi nación: exigimos justicia.

viernes, 29 de agosto de 2008

Niño con juguete nuevo

Una tarde me sentía deprimido y decidí comprarme un juguete. Más o menos tenía unos ocho años que no lo hacía y pensé que salir a ver anaqueles con muñequitos y figuritas me levantaría el ánimo.

Ya en el
centro comercial el problema fue que casi nada me gustaba. Juguetes modernísimos, o súper cursis o demasiado violentos. Monos de peluche amorfos, juegos de mesa aburridos y artefactos cuyo funcionamiento jamás pude descifrar. O los juguetes de hoy ya no son lo que eran, o soy un viejo amargado cuyos mejores años ya pasaron.

Gracias a Dios me reencontré con mi parte infantil (que estaba media muerta y agonizando) en el momento justo en el que mi mirada tropezó con la línea de juguetes de la película Wall-e. Si ustedes han leído este blog con regularidad sabrán que la historia de Disney-Pixar
me dejó traumado, por no decir idiotizado; y el robotillo ni se diga. Desde entonces me declaré fan de todo lo que tuviera que ver aquella animación que a los niños divierte y a los viejitos amargados como a mí les rompe el corazón. Inmediatamente lo decidí, tenía que tener uno de esos muñequitos de Wall-e cuanto antes. No me importaba gastarme toda la quincena en ello o que las lindas chicas que recorrían aquella tienda departamental me vieran. Vamos, el único problema a esas alturas de la tarde era decidir cuál de los diversos modelitos sería el que me llevaría a casa.

Opte por el segundo más caro, que aunque no hablaba ni se movía por sí mismo, sí era de un tamaño más o menos grande, movía sus ojos y brazos, y además podía volverse un cubo (que como en la película, cuando Wall-e se espanta escondía sus llantas, brazos y cara para protegerse). En fin, una chulada de personaje de acción bien bonito y bien caro.

Apenas lo pagué regresé corriendo a mi casa y como niño gordo con juguete nuevo abrí la caja y me puse a contemplarlo por horas. Cuando quise jugar pero no se me ocurría nada me di cuenta de lo difícil que es ser un niño. Aun así cargué con el muñequito para todos lados hasta que la noche y el sueño me separaron por unas horas de él. Y digo por unas horas porque al otro día me llevé al Wall-e al trabajo. Aunque suene bobo y de niño de preescolar, la verdad es que quería presumírselo a medio mundo. Lo malo es que a nadie le importó, al contrario, terminé regañado por todos por haberme atrevido a gastar tanto dinero en un simple muñeco.

Qué van a saber ellos, seres insensibles mala onda.

Lo que no entiendo es por qué sí no les gustó ni mi Wall-e ni su precio, mis compañeros de trabajo no dejaban de traerlo de un lado a otro, y de toquetearlo sin descanso. ¿Qué no se daban cuenta de lo delicado y carísimo de mi juguete? Si no les había gustado ¿por qué no podían dejar de juguetear con él. Fue entonces cuando mi niño interno (y envidioso) resucitó y me hizo quitarles ‘MI’ figura de acción de sus garras y ya no permití que nadie más se le acercara.

Desde entonces hasta hoy, el Wall-e yace en la seguridad de mi cuarto, en dónde lo vigilo a todas horas y absolutamente nadie lo puede tocar. Probablemente mi egoísmo renació con ese niño interno que poco a poco me fue quitando la depresión. Puede que sea infantil, inmaduro y mala persona, pero si un muñeco puede seguir despertando en mi aunque sea un poco de ilusión, algo bueno debe conservar mi alma. Además, quién le diría ‘no’ a un personaje así:





Ahora con su permiso, voy a jugar un rato.

miércoles, 27 de agosto de 2008

Demasiado tarde lluvia de Agosto

Más allá de Agosto,
siempre encuentro esa lluvia pertinente.
Que no respeta, que no avisa,
que moja los sueños y revive los recuerdos...

‘Lluvia’, fenómeno festivo del agua
¿Qué fin persigues?

Tú que naces en los templos del cielo,
llegas abriendo las heridas de mi alma
pobre de ilusión, necesitada de esperanza...

¿Por qué me atormentas?,
Sí intento sonreír es inútil.
Lejos de esta tristeza, solo quedas tú...
y siempre es por ti.

Solo tú, lluvia de Agosto,
que muere en el suelo lenta y agónicamente.
Mis anhelos también sucumben,
uno a uno, como agua de lluvia.

Poco a poco la ira llega a su fin.
La lluvia de Agosto ha terminado,
y más allá de esa calma me doy cuenta, lo sé.

Demasiado tarde lluvia de Agosto,
volviste,
para recordarme que me estorba el corazón.



- Escrito en una tarde lluviosa de Agosto del 2004.

domingo, 24 de agosto de 2008

Lazy days

Una apuesta es una apuesta, y pocos pueden resistirse a ella. Basta pensar en la adrenalina de jugarse el orgullo de obtener o perder lo que sea (que para el caso es lo de menos), para lanzarnos libremente y sin consideraciones al juego del destino. Podemos fracasar un millón de veces y acertar un ciento y las cosquillas ante una nueva apuesta en pos del azar seguirán ahí. Una apuesta es así: tan llamativa y provocativa que jamás aceptará un no por respuesta, sin que nuestra propia conciencia nos llame ‘cobardes’.

Tanto en frecuencia como en cantidad, suelo apostar poco. Les tengo cierta tirria desde la ocasión en la que un rival de amores, en una de sus intensas borracheras, me sugirió jugarnos los favores y el corazón de nuestra Dulcinea, al resultado de un partido de futbol entre Atlante y América. No acepté por considerar el trato ofensivo y denigrante; aunque de haberlo hecho hubiera ganado, pues en esa ocasión el Atlante derrotó 1-0 a su rival. No puedo negar que tengo fortuna para saber apostarle al ganador; lo malo es que eso de ‘afortunado en el juego, desafortunado en el amor’, en mi caso se cumple a la perfección.

Como sea estoy escribiendo estas líneas como si fuera el contrato de una apuesta que días atrás acepté, y de la que sin embargo desconozco la mayoría de los términos bajo la cual quedará pactada. Sé cuál es el reto, en efecto, pero no sé quién determinará al ganador, que es lo que gano, y peor aún, que es lo que pierdo. Ante tal desigualdad de circunstancias cualquiera pensaría que es un suicidio intentar retar a la fortuna sin tener nada firme, más aun cuando es el rival quién controlará a su antojo mi destino.

¿Por qué apostar en estas circunstancias? Precisamente por el rival, o mejor dicho, la rival.

De cualquier manera ya gané. El simple hecho de tener una pequeña oportunidad de perder algo, o que mejor, ganarle algo a ella es fascinante. Y es que, ante un abanico de opciones así, apostar se antoja inevitable aun cuando la derrota es casi un hecho inminente. Solo unos ojos de cielo, una belleza fuera de este mundo o una inteligencia seductora sería capaz de inventar un negocio tan redituable. Aceptémoslo, creo que tengo ganas de perder… y ya comencé a hacerlo. No me explicó de otra forma el por qué entonces estoy a nada de comenzar a ventilar en mi propio blog aspectos de mi vida que no me van a dejar ni tantito bien parado ante los lectores de este espacio.

Sin embargo ella manda aquí. Por ella con todo el orgullo del mundo me acepto un holgazán sin oficio ni beneficio, capaz de pasar horas instalados en la más improductiva fiaca del mundo. Tan flojo que ayer en lugar de yo mismo lavar los autos como la tradición familiar manda, preferí llevarlos al autolavado. Nada relevante de no ser porque en el proceso de llevar y traer los autos (el servicio de lavado está a cuando mucho cinco minutos de mi casa) me tardé casi tres horas y media. Osea que si hacemos cuentas, hubiera sido más rápido y barato haberlo hecho por mi cuenta. Por más que hago cuentas no encuentro en que perdí tanto tiempo si lo único que hice era recostarme en el sillón a que las ganas de ir y venir al lavado me llegaran y pasar mi ipod de una a otra canción (actividad que pronto me cansó y dejé sin pena alguna).

Ya que un amor de niña me hizo confesarme, voy a hundirme un poco más en la desvergüenza por voluntad propia. Aprovechando el tema de los sábados voy a volver a romper el silencio: sentarme a ver la tele equivale a quedarme ahí por horas: puedo ver películas de Pedrito Fernández, documentales de animales microscópicos, una opera en el canal 22, el más infumable de los partidos de fut o el especial de Los Temerarios. Horas y horas de programas absurdos pero tan hipnóticos que no me permiten levantarme por más que el dolor de espalda y rodillas me digan que ya es hora de ponerme en movimiento.

Y así podría seguir enumerando mis flojera, que ejemplos me sobran, pero usaré el baratísimo recurso de decir que me dan flojera escribirlos. Da igual al fin y al cabo, más me interesa lo que haga la contraparte de este juego, que de seguro a los demás les resulta incomprensible.

Ahora estoy, que novedad, en sus manos, en espera del veredicto que dulcemente me endeude o me haga poseedor de aun no sé qué cosa. Ahora el azar tiene nombre de mujer.

jueves, 21 de agosto de 2008

Día verde

No sé si en 24 horas se pueda adorar más a un país que de por sí ya amo con todo el corazón. Lo cierto es que entre ayer y hoy el nombre de México recorre cada rincón de mis venas con un orgullo e ímpetu más poderoso que cualquier fuerza centrifuga del universo. Victorias son amores, y más si la representación de tu país está en juego.

Miércoles 20 de Agosto
04:30hrs

Extraña hora para prender la televisión. Más extraño que de la nada allá decidido prenderla sólo para darme cuenta que el Taekwondoin mexicano Guillermo Pérez disputaba el pase a la final de la especialidad en la justa olímpica de Beijing. En un duelo aguerrido, Pérez obtuvo la victoria. La lucha por el oro sería a las 20:15 hora de China… 07:15 en México.

07:15 hrs
Estoy en la oficina. Hago cómo que trabajo pero estoy al pendiente en todos los portales de cualquier noticia que provenga desde la sede olímpica. Un amigo escucha la transmisión desde su teléfono celular.
- Va ganando el mexicano. Dice de pronto.

07:23 hrs
- Ya empató el dominicano. Al parecer disputarán ‘punto de oro’. Entonces empezaron unos segundos agónicos, en cualquier momento la decisión podría ser favorable para cualquiera de los contendientes.

07:25 hrs.
- Terminó el combate, el ganador será definido por decisión de los jueces.
Uno, dos, tres… cien segundos. No tengo idea del tiempo que transcurrió en la espera de la noticia que definiría si México se vestía de plata u oro.

- Oro para México.
¿Es necesario decir que la noticia se regó como pólvora por toda la oficina, qué salte y grité de la emoción o que no me pude quitar la sonrisa de oreja a oreja en toda la mañana?

08:06 hrs.
Veo en You Tube el video del triunfo del mexicano. Cayó la segunda medalla olímpica para México. Al parecer será un gran día.

14:03 hrs.
Llegó a casa. En los resúmenes deportivos sólo hablan de Guillermo Pérez y su Oro para México. Entonces vi la repetición de la transmisión de TV Azteca y la forma en la que Arturo Rosique lloró al narrar. A mí también me fue imposible contener las lágrimas. Después, lleno de un cosquilleo indescriptible en el cuerpo vi la premiación y la manera en la que el lábaro patrio nacional ascendía a lo más alto mientras se escuchaba el Himno Nacional Mexicano. Guillermo Pérez cantando. Fue un triunfo que sólo debe ser suyo, pues fue él y nadie más quién disputó con toda la gallardía del mundo aquellos puntos históricos en el Tatami.

16:50 hrs.
Después de dormir un poco, bañarme y comer cualquier cosa, me enfundo la playera de la Selección Nacional de Futbol. Hoy comienza la eliminatoria mundialista contra Honduras. Salgo rumbo al Estadio Azteca.

18:15hrs.
Ya con mis amigos Rosalía, Ángel y Claudia, dejamos el auto en el estacionamiento del Azteca. El ambiente afuera del estadio ya es mundialista. Miles de personas en los alrededores con sus banderas, sus playeras verdes y sus ilusiones.

18:45hrs.
Ya dentro de uno de los Estadios con más historias del mundo las pantallas proyectan una vez más el triunfo de Guillermo Pérez. La ovación no se hace esperar.

19:55hrs.
La bandera de la y el himno de FIFA aparecen y detrás los jugadores de México y Honduras avanzan hacia el centro de un Estadio Azteca lleno. Flashazos, ovaciones, alaridos. Comienza la ceremonia de los himnos nacionales… al entonar el de mi país, por tercera vez en el día la piel se me pone de gallina. Canto con todas mis fuerzas.


20:00 – 20:45hrs.
El primer tiempo dura lo que un suspiro. Todo es nuevo en la Selección: el técnico sueco Sven-Göran Eriksson debuta como estratega nacional, por primera vez la mitad de los seleccionados juegan en europa, varios debuts… Ante un escenario imponente con más de 110, 000 almas (de los cuales sólo 6,000 son hondureños) el cuadro azteca comienza a atacar. Un poste, un balón que pasa a nada del arco rival, México está encima pero el primer gol es hondureño. Y el estadio guarda silencio pero se repone de inmediata. Confusión y el fantasma de la derrota comienza a rondar las tribunas.

20:45 – 21:00hrs.
Medio tiempo, estoy que me lleva el demonio. Aun así nos tomamos una foto.

21:00 – 21:45hrs.
Durante el segundo tiempo el Azteca es un hervidero. El público sigue apoyando, pidiendo la incursión de Cuauhtémoc Blanco al terreno de juego. Los minutos que pasan y el balón que sigue sin querer marcar a favor de México. A 15 minutos del final un disparo de Pavel Pardo hace que el grito de gol contenido en miles de gargantas estalle al unísono. El grito de ‘Si se puede’ impulsa a los verdes que tan sólo cinco minutos después consiguen su segundo tanto. Otra vez Pavel. El festejo en las tribunas, cervezas y refresco volando por todos lados nos empapan pero no importa. El grito de ‘México, México’ y la ola que recorre las gradas hace del Azteca, un mounstro de más de cien mil cabezas. Dejo de ver lo que pasa en el terreno de juego y me concentro en lo imponente que resulta una afición conectada con su equipo. Volteo y miro a Ángel, el también está conmovido, incluso llora. El árbitro silba el final. Ganó México 2-1, la gente canta el "Cielito lindo" y empieza su camino hacia el Mundial de Sudáfrica con el pie derecho.

21:50hrs.
Mientras esperamos a que el estadio se vacíe un poco me entero por medio de mensajes que Paola Espinosa y Tatina Ortiz, competidoras en clavados de 10m están disputando su pase a la final. Pao quedó en segundo lugar. Ambas pasarían a la final.


Jueves 21 de agosto
00:01hrs

Como unos tacos en un puesto cercano a mi casa. Unos señores dicen que la final de los clavados de 10m será a las 8 de la noche de Beijing… 7 de la mañana tiempo de México.

07:00hrs.
Llevó tres horas despierto gracias a un Red Bull, es el segundo que tomo desde el comienzo de las olimpiadas. Hago cómo que trabajo pero no trabajo. Aprendí la lección de un día antes y ahora sí me traje los audífonos para escuchar la competencia por medio del radio de mi teléfono celular. Por más de una hora escucho las cinco rondas de clavados. Paola y Tatiana compiten y rondan los primeros lugares.

08:06hrs.
Por poco México no entra al pódium. Cuarto lugar para Paola y quinto para Tatiana. Un orgullo sin consideramos que pusieron en jaque a la crema y nata de los clavados a nivel internacional . Llegarán a Londres con todas las condiciones para conseguir más medallas, además de la presea de bronce en sincronizados que obtuvieron la semana pasada.

24 horas de alaridos, de triunfos, de compartir la bendición de ser mexicanos y sabernos capaces de cualquier cosa. Al final ser mexicano es saberse parte de una raza luchona y profundamente orgullosa de sus raíces. Logros que hacemos de todos porque en nuestro México todos somos uno. Siempre quiero verte arriba. Como siempre, es un orgullo ser hijo de mi México lindo y querido.

*** Actualización, sábado 23 de agosto de 2008. 07:20hrs. ***

No pegué el ojo en toda la noche. Hay veces en las que las horas de la madrugada se vuelven insoportables. Justo cuando pensé que la obscuridad se ensañaría conmigo un rayito de esperanza llamado María del Rosarío Espinoza hizo más llevadero la llegada del amanecer. De manera contundente ganó la medalla de oro para México en Taekwondo femenil. Apenas 21 años y llena de valentía y caracter, sin prisas y paso a paso esta valiente sinaloense le regaló una alegría más al pueblo de México. Una vez más el Himno, una vez más la bandera elevandose en lo más alto. Una vez más, lloré de alegría.

Al final la cosecha en Beijing fue de dos oros y un bronce. Gracias a todos nuestros deportistas por las semanas que nos regalaron y que hicieron vibrar a todo un país.

lunes, 18 de agosto de 2008

Actitud, estilo y presencia


- Pero que mal te ves. Hoy si que no tienes ni actitud, ni estilo, ni presencia.

Así me dijo mi hermana una tarde en la que me encontraba medio desvelado, medio deprimido y medio mal vestido. La verdad ella no mentía, mi apariencia francamente era deplorable, aunque según yo, no tanto como para carecer de actitud, estilo o presencia.

Indignadísimo ahondé con mi hermana sobre el tema y averigüé que según los cánones de la juventud contemporánea chic buena onda de hoy, puedes carecer de una, o hasta de dos… pero no de las tres. Hacerlo es lo más parecido a ser un zombi sin futuro ni ambiciones. ¿Qué son la actitud, el estilo y la presencia?, he aquí una breve aproximación a sus definiciones:

Actitud: Dícese del comportamiento y actitud que se tiene ante la vida y las circunstancias que esta nos presenta.

Estilo: Modo de vestir, arreglarse y coordinarse en un conjunto. Jugando con contrastes, rarezas y elementos que nos den un toque único y peculiar.

Presencia: No hay de otra, ser bien parecido y agradable ante los demás.

Obviamente cualquier ser humano sobre esta tierra quisiera tener aunque sea una pizca de ellas. No resistí la tentación de preguntarle a mi hermana si en un día normal yo poseo actitud, presencia y estilo. Su respuesta no pudo ser más desoladora: “presencia no tienes, actitud menos… estilo, pues a veces”. Lo curioso es que bajo sus criterios, ella posee las tres. Ahora mismo, intento escribir estas líneas y ella me lo vuelve a repetir una y otra vez. Me pide que vaya a cualquier fiesta o reunión con gente creativa y alternativa, para darme cuenta que nadie podría sobrevivir en este mundo joven contemporáneo chic buena onda de hoy sin las características arriba mencionadas.

Intrigado le soltaba nombres de familiares, amigos y famosos para ver quién de ellos las poseía y en qué cantidad. Para mi sorpresa, casi todos los conocidos están faltos de todo. Ni presencia, ni actitud, ni estilo. ¿Significa que estamos feos, no sabemos vestirnos y además no tenemos carácter? ¿Será por eso que en las fiestas siempre me quedo del lado de los aburridos y no en el centro de atención en el que todos se divierten?

Si se supone que a ratos tengo estilo, lo único que me falta es encontrar la manera de poseer un poco de presencia y un mucho de actitud; esto último, según mi hermana, es de lo que más carezco. ¿Dónde compro un poquito de estos bienes? no tengo la menor idea, pero de que pueden llegar a volverse indispensables, no me cabe la menor duda. Al menos para portarse mal y salir airosos. Son varias las semanas que llevo fijándome en los niveles de actitud, presencia y estilo de cuanta persona se me cruza en el camino y el resultado no es nada alentador. Habrá que ir aprendiendo un poco de los grandes modelos que la vida nos ha dado: Paris Hilton, Chico Che, Maradona o Britney.

Escribiría más, pero tengo que ir a comprarme ropa de diseñador, hacerme un facial, un corte de cabello nuevo, al gimnasio, y a algún café de la Condesa para copiar el comportamiento de alguno de los intelectuales de izquierda que allí suelen reunirse. Si las cosas salen bien, está será mi apariencia en unos días:
¿Qué tal ehhh? Muéranse de la envidia.

viernes, 15 de agosto de 2008

Las cosas más bonitas

Como diría la Britney Spears: Oops, i did it again. Nuevamente, pese a los principios y normas personales que rigen este blog, vuelvo a contradecirme y a caer encadenado. Lo hago, porque al igual que la última vez, una gran colega bloguera me lanzó la invitación que obviamente no pude, ni quise rechazar.

Sin que yo pueda entender por qué, Nuri, la culpable de que yo esté escribiendo este post-cadena-premio, lo llama Meme. Después de varias horas de indagación científica la mejor definición que encontré para definir al tal Meme es la siguiente: Publicar seis cosas que disfrutemos mucho hacer o que nos causen un gran gusto; ah, y cinco canciones que también me gusten. Todo esto con el fin de conocernos un poquito más y salvar al mundo de su destrucción inminente a manos de los regguetoneros.

Comencemos pues… ¿qué disfruto? Pues en realidad un montón de cosas, aunque de quedarme con lo que en verdad se deleita mi existencia son los siguientes:

Estar con mis amigos, los de verdad. No importa dónde, el escenario a estas alturas viene a ser lo de menos. Porque a su lado todo lo soy y todo lo puedo, porque estando juntos somos más fuertes que cualquier obstáculo. Vamos, quien tenga amistades así sabrá que es una autentica bendición.

Escribir. Ya sea en este su blog de confianza, en una hoja de papel, en una servilleta o en dónde sea. Aunque al hacerlo se sufra y a veces sea el infierno mismo, pocas cosas desahogan el alma como convertir los sentimientos en palabras hasta ser capaz de dialogar con uno mismo y descubrirse.

Leer. Hermano del punto anterior. Realmente sentarse a leer en un lugar cómodo y silencioso, con un vaso de Coca Cola con hielo a un lado… y que la mente vuele hacia donde la propia literatura nos quiera llevar. Así podría pasar horas enteras. Siempre he sentido que por falta de tiempo voy a morir sin leer todo lo que quiero.

Ver futbol. También jugarlo, pero estar en un estadio o ver por televisión un partido del Atlante o de la Selección Mexicana, como diría el comercial, no tiene precio. Es más, el próximo miércoles iré al Azteca para apoyar a México en su juego contra Honduras. Si van, por allá nos vemos.

Viajar. Conocer nuevos lugares, costumbres, gente. Perderse en ciudades nuevas, recorrer caminos inhóspitos y volverse un aventurero nato que va en busca de lo inesperado para después convertirlo en aprendizaje de vida. Al igual que me pasa con leer, jamás me alcanzará el tiempo para viajar tanto como quisiera.

Enamorarme. Sí, se sufre, pero se gana un infinito de cosas más. No se importa si se es correspondido o no, si es una historia de amor perfecta o un completo desastre. Uno gana por el simple hecho de caer preso de un sentimiento tan grande que es el motor del universo. A partir de aquí la pasión puede desbordar en la mismísima arte de la inspiración. El problema es cuando el sueño acaba…

Ahora, para las canciones la situación es diferente. Me resulta imposible elegir solo cinco entre decenas de obras que pueden volverme loco. Lo que haré será poner las primeras que se me vengan a la mente y que podría decir, en este momento son de mis favoritas, aunque insisto, faltan y muchas.

Las cosas más bonitas – Magnolia y los no me olvides. Proyecto alterno del vocalista de Panda, esta canción da nombre a este post. Enumerar las cosas más bonitas siempre será más fácil que ver lo negativo del mundo.

A la primera persona – Alejandro Sanz. Pocas canciones con tanta fuerza tanto sonora como líricamente. Una poesía llena de intensidad y sinceridad. ¿Estará de más decir que esa canción describe al pie de la letra el momento en el que anímicamente me encuentro?

No Regrets – Robbie Williams. Porque a veces la soledad y el paso del tiempo puede hacernos duros y darnos la fortaleza para seguir adelante. Llegará un momento en el que mirar atrás sea menos doloroso y las otras personas dejan de volverse tan necesarias. Esta canción me ha salvado varias veces.

Aunque digas – La Nueva Banda Timbiriche. Ya sé. Es demasiado fresa y hasta cierto punto prefabricada, pero desde hace unas semanas no se me puede salir de la cabeza. Me queda y mucho. Ya ven, se me da la necedad.

No vuelvo más – Ximena Sariñana. Comparto el mismo temor de la letra: ser sólo algo pasajero en las otras personas y no volverme importante o trascendente para los demás. Dejar huella en ellos y en sus corazones y no una tenue huella que el viento se lleve.

Y ya, acaba ahí. Escribir este tipo de entradas siempre se me complica.

martes, 12 de agosto de 2008

Mi desvelo por un bronce

Fue el puro presentimiento de que algo grande pasaría, el que hoy me hizo madrugar mucho más temprano que de costumbre. Apenas la 01:30 de la madrugada y mi corazón ya latía un poco más fuerte de lo normal. Sabía que no se fallarían a si mismas y mucho menos a México. Sabía que tanto Tatiana Ortiz como Paola Espinosa conseguirían una medalla olímpica… el resto ya es historia, y de las grandes.

¿O será mejor decir enorme? Cómo llamarle a la epopeya de pararse en el llamado “Cubo de Agua”, capital china de los clavados y plantarle cara a las parejas de clavados sincronizados más poderosas del mundo. Ahí estaban Alemania, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Corea, China, Estados Unidos y dos mexicanas talentosas a las que poco les importó haber terminado la primera y segunda ronda de los clavados en el último sitio. No sé si fue la esperanza o la solidaridad con mis compatriotas que a pesar de todo no perdían la calma o las ganas de dejarme seducir por el encanto de Paola Espinosa lo que impidió apagar el televisor y regresar a los brazos de Morfeo. Lo cierto es que lejos de caer en la desesperación ambas mostraron una seguridad que nos tranquilizó a más de uno y que tres rondas de clavado después las depositó en la tercera posición, a un tris de robarle la presea plateada a las australianas.

Después ni hablar, ya no me importaría pasar una hora más sin dormir pues nada ni nadie me haría perderme ver como Paola y Tatiana recibían sus medallas de bronce en el pódium o ver elevarse la bandera nacional en lo más alto del deporte mundial.

Unas horas después sigue siendo martes. Gracias a un Red Bull y a la alegría que da un triunfo que el país siente en las entrañas pude continuar el día de forma más o menos decente. En todos lados se habla de la medalla obtenida. El desvelo no fue nada comparado con la emoción que viví en la madrugada y que me deja un sabor esperanzador pues Paola y todo su carisma y hermosura competirá en una semana en la prueba femenil de clavados en 10 metros, y seguramente, de nuevo valdrá la pena trasnochar.

Lo demás es nada hoy, cayó el primer bronce para México.

domingo, 10 de agosto de 2008

La novela de mi vida

Más temprano que tarde todos los que nos hemos dejado seducir por la literatura solemos hacernos la misma pregunta:

¿Cuál es el mejor libro que hemos leído en nuestra vida?

La respuesta en apariencia no debería ser sencilla. Todos tenemos nuestro selecto grupo de libros consentidos, aquel que sólo puede ser integrado por esas obras que nos han robado el aliento y el entendimiento, las que nos han hecho descubrirnos y hasta dudar de todo lo que nos rodea. Rayuela,
Cien años de Soledad , Pedro Paramo, Las Batallas en el Desierto, La Insoportable levedad del ser o La Guerra del Fin del Mundo son algunas de las novelas que poseen un lugar privilegiado en mi biblioteca personal y que aun así aparecerán relegadas a un segundo lugar, siempre detrás de Diablo Guardián, la novela de mi vida.


Escrita por Xavier Velasco y ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2003, está destinada a convertirse en un clásico de la literatura mexicana contemporánea. Su manejo del lenguaje, la destreza narrativa de ubicar la acción de forma ordenadamente atemporal y sobre todo una heroína inolvidable hacen que leer ‘Diablo Guardián’ sea una experiencia literaria completa. Al sumergirte en ella seguramente te reirás, conmoverás o hasta divertirás, pero seguramente, en algún punto la historia te torcerá las entrañas y entonces no podrás dejarla por más daño que te cause el encontrarte en ciertos párrafos de la historia.

Al menos eso pasó conmigo. Por más que pienso no doy con la respuesta ¿en que preciso instante me atrapó la historia de una joven de quince años huyendo a la frontera con el dinero que le robó a sus padres? Si en algún momento de la existencia es bueno creer en las casualidades, entonces esa novela me escogió para cambiarme la vida. Disculpen si no ahondo mucho en la trama de ‘Diablo Guardián’, de la cual seguramente ya se ha escrito mucho en otros sitios. Comentar la historia y
los motivos que lo llevaron a su escritura sólo debería hacerlo el mismo Xavier y aún así la fascinación seguiría siendo un nudo indescifrable. He tenido la oportunidad de hablar varias veces con él y lejos de comprender la mecánica detrás del movimiento de la historia, sólo puedo mirar cautivado como el universo de Violetta, la protagonista, cada vez me atrapa un poco más.

‘Diablo Guardián’ me robó el corazón por ser un espejo cuyo reflejo magnifica mis miedos y deseos. Porque además de ser la historia de una mujer encantadora, interesada y descarada dispuesta a todo por hacer lo que se le pegue la gana, es sobre todo una historia de amor a la medida de cualquier pobre diablo como Pig, perdedor enamorada de Violetta resignado a siempre jugar el papel de héroe desde las sombras. Si el autor del libro varias veces ha confesado haberle dado más de su personalidad a Violetta que a Pig, en mi caso es lo contrario. Por más que busco elementos que me salven de decir la chocarrera frase “ese personaje soy yo” nomás no encuentro la diferencia entre el personaje y el lector: miedo al amor acompañado de unas terribles ganas de caer en sus garras, obsesionado por una mujer encantadora pero letal y peligrosa, con ganas de ser un gran escritor cuando ni el mismo se lo cree, triste, apático y sin arrojo… ¿queda alguna duda de porque esta novela me duele?

Y a pesar de todo no podré dejarla nunca. Así como Pig se aferra a su Violetta como única tabla de salvación, yo muchas veces me he aferrado a esta novela como última oportunidad de entender la vida. Por eso la he leído completa tres veces y en innumerables ocasiones he releído varios de sus pasajes. Por eso la tengo a lado de mi cama y quizá por eso también es que la he regalado en par de ocasiones. Se me hace indispensable saber que hasta una mujer como Violetta tiene sus puntos débiles y los perdedores como Pig tenemos nuestra oportunidad de tener nuestra noche romántica encima de un carrito de Montaña Rusa.

Al final podrá ser la historia de una adolescente que huyo a Nueva York con ganas de volverse millonaria y terminó seduciendo hombres en los hoteles para estafarlos, o la historia de un corrupto como Nefestofales, o de un huérfano que le teme a los hombres lobo. Podría creerse que esta novela trata sobre una familia con ganas de figurar en sociedad y que roba a la Cruz Roja. ¿Qué más da si en sus páginas cabe Mario Bros, Superman, kilos enteros de cocaína, 'The Passenger' de Iggy Pop, o Las Vegas y Cuernavaca? Todo dentro de sus páginas me atrae como un imán pues en cada párrafo encuentro referencias sobre mí.

Así es la novela de mi vida, la que en ocasiones me ha impulsado para en ocasiones apostar todo o nada y lanzar los dados sin más deseo que el sentir la adrenalina de hacerlo. En parte, este juego siempre interminable de deshacerme de a poquito en letras se lo debo a ‘Diablo Guardián’. Si la escritura y el amor siempre me han parecido lo más importante del mundo, con esta novela no me queda otra que perderme en una historia que espero no me quede grande.

Por cierto, no se me olvida y tampoco tú lo hagas…
Dalilah eres tú. Ahora sabes porque me interesa tanto que me veas en esta historia.

"Uno prefiere hablar con las estampas porque ellas no se ríen, ni se apiadan. Porque aún así saben, tienen que saberlo, que vamos por la noche como las ambulancias, aullando para silenciar las carcajadas del Creador, porque si había un Dios que lo miraba tenía que reírse, porque cualquiera se habría carcajeado de mirar sus estúpidos rituales, que sin embargo eran lo único que tenía para defenderse de la nada: esa mustia perversa que primero se había transfigurado en Hombre Lobo y después en aquella urgencia convulsiva que le exigía a gritos llamarle por su nombre: amor."

(Fragmento de ‘Diablo Guardián´)

Xavier Velasco también ha públicado "El Materialismo Histérico", "Luna llena en las Rocas" y "Éste que ves". Todas ampliamente recomendables.

jueves, 7 de agosto de 2008

Abanderada, estoy enamorado de usted

Beijing por acá, Beijing por allá; en todos lados. En las revistas, en los periódicos, en las noticias, en la publicidad. Éste blog no puede ser la excepción, mucho menos si hablar de los Juegos Olímpicos es tan sólo un pretexto para hablar de ella.

Faltan algo así como 12 horas para que del otro lado del mundo de inicio la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, y aproximadamente unas 14 para que comience el desfile de cada una de las delegaciones de los países participantes. Si bien, cada cuatro años escuchar el nombre de mi país y ver irrumpir a mi bandera en el Estadio Olímpico es electrizante, en esta ocasión lo será aun más debido a que creo estar enamorado de la abanderada de la Delegación Olímpica Mexicana.

Se llama Paola Espinosa, acaba de cumplir 22 años y es una de las mejores clavadistas del mundo. Originaria de Baja California Sur, es una de las pocas esperanzas de medalla para estos juegos y la atleta mexicana más seguida en el último mes. Cargar a cuestas con la ilusión de todo un país no debe ser nada fácil, y sin embargo, ella ni se inmuta. Al contrario, parece disfrutarlo. ¿Será una de las cosas que la hacen tan atractiva?, lo cierto es que desde la pasada olimpiada vengo siguiéndole la pista como un fiel admirador a su belleza, logros y actitud, manía que ha venido incrementándose conforme la justa deportiva venía aproximándose y Paola atrajo cada vez más los reflectores. Pelearle de tú a tú a las chinas, canadiense, estadounidenses y alemanas no será nada fácil. Ignoro si ganará alguna medalla, aunque no me cabe ni la menor duda: peleará con todo por conseguirlo.

La admiro y me gusta. Hasta he comenzado a buscar la manera de poder conocerla cuando en unas semanas, regrese como toda una triunfadora. Mi amiga Claudia dice que un conocido suyo la conoce (mencione el verbo ‘conocer’ tres veces en los últimos renglones). Aunque dicen anda con el también clavadista Rommel Pacheco, otra amiga averiguó que de momento Paola no tiene novio ¿será?... Y de ser algún día presentado con ella qué le diría: hola Paola, medallista olímpica idolatrada por todo México, ¿aceptarías salir conmigo?

Ojalá Claudia cumpla su promesa y me la presente, ojalá el destino quiera que le caiga bien y Dios y todos los Santos intercedan para que esta idea no termine en el limbo de mis planes frustrados por más de que reúna todas las características para hacerlo. De todas formas dejaré la ética de lado y utilizaré este blog para sacar un provecho personal y pedir que si alguien la conoce y quiere presentármela, pasarme su teléfono o su mail, está en su libre derecho de hacerlo y me haría un grandísimo favor. Prometo comportarme.

En unas horas recorrerá la pista olímpica con la bandera de mi país y en cinco días intentará llenar de satisfacción a todo un país. Ya estamos orgullosos de ti y de todos los deportistas que pondrán su vida en poner el nombre de México en las nubes.

Suerte.

martes, 5 de agosto de 2008

Tan poco importante

El desastre que dejaste, aunque ni me creas, y peor tantito, ni lo sepas; es mucho más mortífero y atrofiante de lo que crees. Ese vacío en el que caben universos hace ridículamente pequeño y hasta infame al resto del mundo, es el que me tiene hoy estático, en medio de la parálisis total que da el amor a destiempo.

Fuera de aquel sufrimiento que agobia nada existe. Mucho menos preocupa. Mi trabajo en los últimos tres días ha sido un desastre, varias veces me han llamado la atención pidiendo más atención de mi parte o me han pedido más compromiso. Simplemente callo. Es mil un veces mejor que decirles la verdad: absolutamente nada, aparte de ella importa. ¿Cómo quieren que me levante y sea productivo cuando la continua tormenta de mi alma ya oxidó mi corazón?

Entérate mundo, me tienes sin cuidado.No soporto estar aquí, mucho menos allá. No creo, por más que lleve años haciéndolo sin descansa, aguantar un segundo más de este delirio que me hace verte hasta en la oscuridad de mi habitación. El cielo puede llover, eclipsar o lo que le dé la gana. El destino puede tenderme cuanta trampa se le ocurra y yo seguiré sin inmutarme. Así e poco importante son los colores y las formas de todo aquello que no sea parte del amor.

Estoy cansado de vivir en un mundo dónde lo tan poco importante es lo importante.



Yo no soy así, es el desastre que dejaste.

sábado, 2 de agosto de 2008

Gabriel encuerado

Hace unos dos meses que publiqué esta foto sexy en mi perfil:

Desde entonces he recibido muchas críticas de familiares, amigos y lectores del blog. Muchos dicen que estoy encuerado, otros que soy un vulgar y solo a un par de chicas les pareció que me veo bien. De cualquier modo, la imagen no paso desapercibida ni en mi Hi5 ni en este blog. He aquí algunos comentarios de la dichosa foto en este blog:

Lata Moderna:
¿Qué onda con tu foto encuerado???? EEEh, ¿andas buscando amante???? mmmm... y yo pensé que eso sólo sucedía en Hi5 ;)

Nuri:
P.d. La foto si debes pensar en un cambio. ¿¿¿Como encuerado????

Victoria
No me lo tomes a mal pero también sugiero que cambies tu foto... me brinca contra tu estilo de escribir que estés con esta foto me parece un poco irreverente... ¿no?

Ante tanta polémica, voy a romper el silencio. La foto fue tomada por ‘mi mismo’ un domingo de hace como año y medio. Venía de jugar futbol en un parque, y así sin planearlo ni nada, la idea me vino después de darme un baño. Aunque la explicación quizá esté de más, diré que no estaba completamente encuerado. Total, debido a que el Gabriel semi-encuerado no tuvo el éxito esperado por mí, a partir de este momento cambiaré la foto de mi perfil por una más decente y en la que luzco como el joven inocente que soy.

Ofrezco mis disculpas a aquellas que se enamoraron de mi gracias a la foto, o se sintieron irremediablemente atraídas hacía un servidor.

¿Qué le va uno a hacer?

pd. ¿ya vieron mi brazo musculoso?