
Si me cuesta alejarme de ti, no es necedad. Es soledad. Por eso mis días son todos tristes, por tu ausencia, porque inevitablemente necesito saber de ti para calmar mis deseos de enloquecer e ir hasta dónde estés. Es soledad. Soledad de ti. Soledad por ti y por lo que fui. Soledad de amor. Soledad espiritual. Soledad de sentimientos, de caricias. ¿Cuántos tipos de soledad existen? No lo sé, pero con seguridad padezco todas.
Por eso me he vuelto tu sombra. Para fingir que de una u otra forma, sigues a mi lado. Perdona la soledad, que me hace escribir tantas tonterías carentes de sentido. Disculpa, si en unos minutos, horas o días, la soledad me da la valentía de ir a buscarte; o marcarte, y esta vez, no colgar en cuanto descuelguen al auricular.
Perdona a la soledad, y su manía de acompañar a los más débiles.
2 comentarios:
No cuelgues, habla con ella. quizás ella este igual...
nuri: quizá, quizá... gracias por siempre leerme.
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