viernes, 29 de agosto de 2008

Niño con juguete nuevo

Una tarde me sentía deprimido y decidí comprarme un juguete. Más o menos tenía unos ocho años que no lo hacía y pensé que salir a ver anaqueles con muñequitos y figuritas me levantaría el ánimo.

Ya en el
centro comercial el problema fue que casi nada me gustaba. Juguetes modernísimos, o súper cursis o demasiado violentos. Monos de peluche amorfos, juegos de mesa aburridos y artefactos cuyo funcionamiento jamás pude descifrar. O los juguetes de hoy ya no son lo que eran, o soy un viejo amargado cuyos mejores años ya pasaron.

Gracias a Dios me reencontré con mi parte infantil (que estaba media muerta y agonizando) en el momento justo en el que mi mirada tropezó con la línea de juguetes de la película Wall-e. Si ustedes han leído este blog con regularidad sabrán que la historia de Disney-Pixar
me dejó traumado, por no decir idiotizado; y el robotillo ni se diga. Desde entonces me declaré fan de todo lo que tuviera que ver aquella animación que a los niños divierte y a los viejitos amargados como a mí les rompe el corazón. Inmediatamente lo decidí, tenía que tener uno de esos muñequitos de Wall-e cuanto antes. No me importaba gastarme toda la quincena en ello o que las lindas chicas que recorrían aquella tienda departamental me vieran. Vamos, el único problema a esas alturas de la tarde era decidir cuál de los diversos modelitos sería el que me llevaría a casa.

Opte por el segundo más caro, que aunque no hablaba ni se movía por sí mismo, sí era de un tamaño más o menos grande, movía sus ojos y brazos, y además podía volverse un cubo (que como en la película, cuando Wall-e se espanta escondía sus llantas, brazos y cara para protegerse). En fin, una chulada de personaje de acción bien bonito y bien caro.

Apenas lo pagué regresé corriendo a mi casa y como niño gordo con juguete nuevo abrí la caja y me puse a contemplarlo por horas. Cuando quise jugar pero no se me ocurría nada me di cuenta de lo difícil que es ser un niño. Aun así cargué con el muñequito para todos lados hasta que la noche y el sueño me separaron por unas horas de él. Y digo por unas horas porque al otro día me llevé al Wall-e al trabajo. Aunque suene bobo y de niño de preescolar, la verdad es que quería presumírselo a medio mundo. Lo malo es que a nadie le importó, al contrario, terminé regañado por todos por haberme atrevido a gastar tanto dinero en un simple muñeco.

Qué van a saber ellos, seres insensibles mala onda.

Lo que no entiendo es por qué sí no les gustó ni mi Wall-e ni su precio, mis compañeros de trabajo no dejaban de traerlo de un lado a otro, y de toquetearlo sin descanso. ¿Qué no se daban cuenta de lo delicado y carísimo de mi juguete? Si no les había gustado ¿por qué no podían dejar de juguetear con él. Fue entonces cuando mi niño interno (y envidioso) resucitó y me hizo quitarles ‘MI’ figura de acción de sus garras y ya no permití que nadie más se le acercara.

Desde entonces hasta hoy, el Wall-e yace en la seguridad de mi cuarto, en dónde lo vigilo a todas horas y absolutamente nadie lo puede tocar. Probablemente mi egoísmo renació con ese niño interno que poco a poco me fue quitando la depresión. Puede que sea infantil, inmaduro y mala persona, pero si un muñeco puede seguir despertando en mi aunque sea un poco de ilusión, algo bueno debe conservar mi alma. Además, quién le diría ‘no’ a un personaje así:





Ahora con su permiso, voy a jugar un rato.

7 comentarios:

Alviseni dijo...

that´s cool man, yo también presumo mis juguetes! jaja

Jorge Atarama dijo...

Lo bueno de ser un niño de "edad avanzada" es que puedes comprarte tu mismo los juguetes ¡¡yo también quiero un wall-e !!! Saludos Gabriel desde Lima.

francisco alvarado dijo...

No había oído una historia tan ridícula y absurda, desde que a un niño llamado Francisco se le ocurrió comprar a un ratón carísimo llamado "Ratatouille", y comportarse de igual manera frente a la mirada esceptica e inquisidora de sus compañeros de trabajo.

¡Bien por esa mi Gabo!... ¡No te olvides que ese niño vivirá siempre en tí!. Depende solo de cuánta atención le pongas, o cuan fuerte decidas ignorar sus gritos...

gabriel revelo dijo...

doc alvi: al menos no soy el único je je.

jorge: si puedes comprate el que habla, está bien bonito je je.

francisco: como siempre te agradezco el comentario, y espero que ese "ratatouille" este bien resguardado de las manos de otros niños como yo je je.

Victoria dijo...

Que bueno que INVIERTES en este niño que tienes aun!. En verdad vale la pena regalarse este tipo de cosas, yo tambien AMO a Wall E, la vi en DF la pelicula con un queridisimo amigo mio y salimos con el ojo Remy ya sabes???? casi llorando...

felicitaciones por tu mono... Cool!

Victoria

soleil dijo...

jajaja, ok! me acabas de convencer!!!! alquilare la pelicula...mira que me fascinan los dibujos... pero no me gustaba la idea de que el robotito no vaya a habalr... pero bah! que mas da! a verla se ha dicho!

gabriel revelo dijo...

soleil: te juró que no te arrepentiras... además wall-e no es del todo mudo je je, ya verás.