lunes, 27 de enero de 2014

Hasta siempre José Emilio

Fue el mail de un compañero de la oficina, recibido poco antes de las 6 de la tarde, el que me alertó de lo sucedido. Minutos después la noticia se replicaría en todos los medios nacionales:

Acababa de morir José Emilio Pacheco. 

Uno nunca espera recibir una noticia de ese calibre un domingo por la tarde y mucho menos está preparado para recibir de golpe una tristeza semejante. Muchos podrán decir que exagero, que es imposible que sienta tanto pesar por la muerte de alguien a quien sólo vi en un par de ocasiones y a quien nunca traté realmente. Yo les respondería que en cuestiones literarias, es la obra de un escritor la que nos acerca a él de manera intima. 

Contrario a la mayoría de mis contemporáneos, a mi no me dejaron leer Las Batallas en el Desierto en la secundaria, más bien llegué a él por mero gusto y curiosidad, justo cuando estudiaba los últimos semestres de la universidad. Recuerdo haberlo leído de un jalón en el estacionamiento del campus, encerrado en mi auto. Creo que falté a una o dos clases esa tarde pero no me importó, en aquellos momentos pasaba por una profunda confusión amorosa y leer aquellas páginas en las que Carlos, su protagonista, también navegaba en un mar de confusión sentimental, me hacía sentir comprendido. Para cuando terminé de leer la novela sabía que esa historia estaba destinada a impregnárseme en la piel. 

Desde entonces, he leído “Las Batallas” un par de veces más, encontrándola en cada ocasión más fascinante. En ella, José Emilio no sólo se registra en sus letras una entrañable historia de amor, sino también la nostalgia por una ciudad que dejó de existir y de la cuál también me encuentro enamorado. Amar una metrópoli en constante cambio, en la que a cada paso el olvido va erosionando nuestros recuerdos: tal es el sentimiento que compartía con este escritor que ayer decidió volverse eterno. 

No pasó mucho tiempo antes de irme acercando al resto de su obra. Con El Principio del Placer caí nuevamente cautivado con otra historia de iniciación amorosa y que respiraba mexicanidad. De igual forma devoré el resto de sus narraciones, encontrando en cada una elementos con los que no sólo me identificaba, sino que me ayudaban a explicarme a mi mismo, y eso, en la literatura es lo más valioso, pero a la vez difícil de encontrar. 

Me acerqué a su poesía cuando en la librería Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo me topé con una antología de toda su obra poética publicada por el Fondo de Cultura Económica. Y nuevamente fue otro descubrimiento inmenso. Nunca he sido un gran lector de este género literario, pero esos poemas me enseñaron que la poesía no tiene que emplear lo más pomposo del lenguaje ni hablar de cosas serias e importantes. Gracias a José Emilio, supe que la poesía era capaz de transmutar en las cosas más simples de la vida, que puede ser divertida, hablar de nuestra cotidianeidad y no por eso dejar de ser bella. 

Dicen que cuando una obra literaria te cautiva es mejor no ir en busca del autor, pues podrías decepcionarte. Las dos ocasiones que tuve la oportunidad de ver a José Emilio me pasó todo lo contrario. La primera vez fue en el 2009, en una lectura de poesía que hizo en la Feria Internacional del Libro del Palacio de Minería. Al terminar su presentación, me colé al área de prensa y tuve la oportunidad de charlar un par de minutos con él. Quedé asombrado de su sencillez, de su buen sentido del humor, de su amabilidad. 

Hace unos meses nuevamente me encontré con él en la que sería la última de sus presentaciones en público. Ocurrió en el Museo Nacional de Antropología, y aunque llegó en silla de ruedas, su mente brillante y extraordinaria maravilló a los presentes en una charla de hora y media. Con José Emilio lo de menos era el tema a tratar, pues cualquier tópico abordado por él se volvía el más interesante. 

Por eso es inevitable que hoy sus lectores nos sintamos un poco huérfanos. Se fue uno de los representantes más grandes de la literatura nacional, el más honesto, el más humano, aquel al que jamás sentí inalcanzable, al contrario. A José Emilio no le gustaba que lo consideraban como una figura literaria, por más que sus logros y letras le dieran más brillos que a nadie. 

Desde ayer estoy triste y no sé cuanto tiempo me dure este vacío. Hoy quise ir a su sepelio en el Colegio Nacional de la Ciudad de México pero por cuestiones de trabajo no pude. Aunque me dolió no haberle dado un último adiós, me queda el consuelo de que, a diferencia de la ciudad de Las Batallas en el Desierto, el legado de José Emilio si perdurará al tiempo y jamás se convertirá en ruinas, 

Gracias por todo querido José Emilio.


Aquí una foto de su servidor con JEP, en marzo del 2009

lunes, 20 de enero de 2014

La casa de la abuela


Por cuestiones de la vida tuve que mudarme por unos días a casa de mi abuela.

Bueno, la verdad es que el baño de mi casa se tapaba mucho y tuvieron que arreglar la tubería. Por eso me fui a vivir a casa de mi abuela. Y es que desde mi punto de vista, no hay nada peor que no tener un WC funcional en casa. Puedo quedarme sin luz, sin internet, sin gas… pero no sin baño. ¡Pus cómo! ¡Para mi la hora de sentarme en el trono es sagrada! Es más, soy de esas personas que sólo hacen con tranquilidad si están en la tranquilidad de su hogar. 

Total, que en lo que levantaban el mosaico, cambiaban las tuberías y ponían otro excusado (que sea capaz de aguantar las arduas batallas a las que a veces lo enfrento), pues me vi obligado a buscar un hogar en el cual poder bañarme y hacer del uno y del dos. Por eso, aprovechando que mi abuela se iría de vacaciones por semana a tierras acapulqueñas, pues cambié de hogar por unos días. 

En sí, mi casa y la de mi abuela están a unos cinco kilómetros de distancia. Si Viaducto no tiene tráfico el camino entre un punto y otro se recorre en unos 15 minutos. Aún así, el vivir en ese sitio fue una experiencia rara.

Empezando por el tamaño: la casa de mi abuela es grande. No es una mansión, pero tiene patio, jardín, cuatro baños, cuatro cuartos, un despacho, tres salas, dos comedores, una alacena, un oratorio (es que mi abuela es muy creyente, ya ven, así son los viejitos), una mini biblioteca, un cuarto ‘para la criada’, una cantina, una jardinera y mucho más.

La casa de mi abuela es como un museo. A causa de los años, cada cuarto está lleno de fotografías de toda la familia, algunas verdaderamente antiguas y en las que aparecen personas a las que nunca conocí. Hay cuadros viejos, objetos antiguos, muebles de hace varias décadas y juguetes terroríficos. Sí, terroríficos. Al menos en el cuarto donde dormí estos días había dos muñecas de hace como 40 años o más, bien gachas y con cara horrible. Una hasta tiene una lágrima en el rostro. 

La casa de mi abuela es extremadamente fría. De las cinco de la tarde en adelante se convierte en un congelador. No importa que afuera sea un día soleado y que haga un calor de los mil demonios, adentro es una extensión de Siberia. Levantarme de madrugada y bañarme en esas condiciones, antes de irme a trabajar, era todo un infierno. 

La casa de mi abuela es como una fortaleza anti-comunicación. Adentro ningún celular tiene señal, mucho menos internet, por lo que esa es una especie de zona de silencio, en la que el único contacto con el mundo exterior es por medio del teléfono convencional. 

La casa de mi abuela impone cuando estás solo en ella, más si es de noche. Podría pensarse que en un lugar así espantan, pero nunca me ha pasado nada sobrenatural. La casa de mi abuela aún tiene muy impregnada la presencia de mi abuelo, a pesar de que murió hace casi un año. Por cierto, precisamente fue él quien la construyó, toda la idea de cómo fue distribuida fue suya. 

La casa de mi abuela es como la de los Buendía, de Cien Años de Soledad, una hogar por el que han pasado varias generaciones y que sigue en pie, pero que poco a poco va mostrando señales de deterioro. La casa de mi abuela es donde cada año paso la Navidad y otras festividades familiares. Es parte de mi vida y también tengo cientos de recuerdos en ella. 

La casa de mi abuela fue mi casa por unos días, pero ha sido mi hogar siempre. 

Es bueno tener un lugar al cual siempre volver.

lunes, 13 de enero de 2014

Mis mejores posts (2010-2011)



Este día mi blog cumple 8 años. El 13 de enero de 2006, por pura ociosidad abrí El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo, un espacio para el cual no tenía mayores expectativas, y que ante todos los pronósticos se convirtió en parte importante de mi vida. 

En este espacio he ido documentado mi vida, desde los hechos más causales hasta los que me han marcado. Supongo que entre tantos escritos, al menos un par será rescatable, de ser así este viaje habrá valido la pena. Saber que mis palabras le llegan a otras personas es el mejor aliciente para segur en esta aventura de la que nunca me arrepentiré. 

Aprovecho para agradecerle a todos los que siguen leyendo mis tonterías durante tanto tiempo, 8 años se dicen fácil pero no hubieran sido posibles sin el apoyo de mucha gente a la que no menciono porque no quiero olvidar ningún nombre. 

No se me ocurre una mejor forma de festejar, que haciendo un recuento de mis mejores posts. Si para el sexto aniversario hice el compilado del período 2006-2007, y para el séptimo fue lo correspondiente a los años 2008 y 2009. 

Y ahora, para conmemorar el octavo año de vida de este blog, mis mejores posts del 2010 y 2011:

2010
10 de enero
Crónica de un milagro (o algo parecido) en Miramontes. Una fría noche de enero, recibimos la llamada telefónica que nadie quiere contestar: mi hermana había sufrido un fuerte accidente en auto. No sé bien cómo salió viva, ¿acaso un milagro?

23 de febrero
Así descubrí que era niño gordo. Lo confieso, yo fui niño gordo, aunque esto no era mucho problema, pues antes pensaba que tenía un cuerpo privilegiado y hasta me consideraba fortachón. 

6 de marzo
Mi pegue con los gays. Así cómo me ven, tengo mi pegue, incluso con las personas de mi mismo sexo. Esta es la historia de cómo se me declaró un compañero de la Universidad. ¡Zas!

17 de marzo
The Fucking Family, capítulo 5. Los abuelos que no podían entrar a su casa, culpan injustamente a Cata, la criada. Esta sección surgió para documentar lo pintoresca que es mi familia, en esta entrega mis abuelos no podían entrar a su casa y fueron ayudados por el tortillero, después culparon injustamente a la criada de lo sucedido. 

24 de abril
Los propósitos que no cumplí (y que yo ni hice). Me encontré con un álbum de fotografías de mi comunión, donde di con unos propósitos que había hecho para ser un buen niño católico, el problema fue que la letra con la que estaban escritos no era mía ¿? 

27 de abril
Entre Zetas te veas (charla con lo maligno). Mis primos se encontraron a un supuesto miembro de los Zetas en un poblado en Veracruz y hablaron con él. Acepto que en su momento me dio mucho miedo escribir este texto, pero qué diablos, aventuras así deben perpetuarse. 

Julio 2010
Con miedo al tiempo. Una novela corta o un cuento largo, que el lector decida. Éste es uno de los mejores relatos que he escrito en mi vida y el cual me hizo temblar varias veces cuando le daba vida. Trata sobre un amor a destiempo y sus consecuencias. Vale la pena leerla con detenimiento, debido a su extensión lo dividí en varias partes. 

19 de agosto
Mi encuentro con Don Bosco (reencuentro en el IDB). La visita de las reliquias de San Juan Bosco al colegio en el que estudié durante mi secundaria y preparatoria pasó casi desapercibida para todo el país. Sin embargo, mi reencuentro con este personaje italiano, determinante en mi formación, me llevó a vivir uno de los momentos más emocionantes de mi vida. 

20 de septiembre
El peor día de mi vida (hasta los ocho años). Un día rompí un material de la clase de educación física en la primaria, más tarde me llevaron a la dirección por haberme orinado encima de las plantas de la misma escuela. Eso, a los ocho años, es toda una tragedia. 

15 de noviembre
Enfrentando fantasmas (regreso a Tepoztlán). Por muchos años me resistí a volver al pueblo de Tepoztlán, en el que años atrás viví un triste momento familiar. Mi encuentro con este lugar y sus fantasmas quedó registrado en esta entrada que escribí con el corazón abierto. 

18 de noviembre
Mi educación sentimental proviene de las caricaturas. Una de las imágenes que más recuerdo de mi infancia corresponde a la serie animada Robotech. No, no fue una escena de acción sino más bien romántica. Así descubrí que si soy un enamorado del amor, es por culpa de las caricaturas. 

4 de diciembre
Simplemente, Xavier Velasco. En el 2010 fui a mi primera Feria Internacional del Libro en Guadalajara, y tuve la oportunidad de charlar con el escritor Xavier Velasco. Esa plática fue muy significativa y se me quedó muy grabada en el corazón. 

2011
11 de enero
Me corrieron por twittear. Aunque parezca broma, así fue. Fui despedido de mi antiguo trabajo por las cosas que escribía en la red social del pajarito. Aunque ahora me da risa, en ese momento fue algo preocupante e injusto (según yo). 

15 de febrero
La primera vez que hice llorar a una mujer. Esta historia ocurrió en el otoño de 1997, en un viaje escolar a tierras michoacanas que terminó de manera triste gracias a lo distraído que soy. Ya ven, cosas del amor. 

18 de marzo
Mis historias de familia, sobre el terremoto de 1985. Todos tenemos una historia que contar relativa al sismo que sacudió la Ciudad de México a mediados de los ochenta. En este post cuento cómo mi familia vivió ese trágico día. 

22 de marzo
Los de la banda Zoé ¿chairo-reptilianos-iluminati? Uno de los escritos más polémicos de mi blog, por el que incluso he recibido amenazas de muerte por parte de extraterrestres (si no me creen, chequen los comentarios en ese post). Ahí habló sobre los reptilianos y expongo por qué pienso que tienen que ver con el grupo de rock Zoé. 

26 de mayo
Niño ratero. Cuando iba en la primaria unos compañeros robaban juguetes de un Wal Mart y nos los vendían a precios muy económicos. Quise imitarlos y la cosa no me salió nada bien. 

1 de agosto
El Guardián de Pie de la Cuesta. En uno de mis viajes a Acapulco conocí al “Chanoc”, un salvavidas de esta playa acapulqueña quien me contó su peculiar historia. Un personaje digno de película mexicana de los setenta. Incluyo videos de sus raros rituales. 

11 de septiembre
Mi recuerdo del 11 de septiembre. El mundo se paró después de los atentados terroristas en contra de las Torres Gemelas de Nueva York del 11 de septiembre de 2001. En este post cuento qué estaba haciendo y lo que pensé ese día, mientras el mundo miraba con asombro este evento histórico. 

22 de noviembre
Sailor Moon y yo, Parte 1 y parte 2. Mucho tiempo fui fan de la caricatura Sailor Moon. Sí, ya sé que es un programa para niñas, pero entonces era un niño gordo romántico y sufría con esa historia. Años después volví a ver esta serie, y me gustó aún más. En este texto defiendo este gusto culposo. 

Y hasta aquí el recuento de este año. Bienvenido año 8, estoy ansioso por escribirte. 

Amigos, nos seguimos leyendo.

domingo, 5 de enero de 2014

Rosca de Reyes contra el desamor



El 6 de enero del 2001 decidí hacerme un auto regalo por el Día de Reyes: darme la oportunidad de luchar por el que hasta entonces pensaba que era el amor de mi vida.

Desde este momento me referiré a ella como E. Fuimos a la misma preparatoria. Nunca fue mi novia, por más que en los tres años que estudiamos en la misma escuela ella ocupara casi todos mis pensamientos.

1. Resumen de mi historia con E.

En cuarto año fuimos en el mismo salón, pertenecíamos al mismo grupo de amigos y podría decirse que éramos unidos. Cuando ingresamos al quinto año nos tocó en distintos grupos, ella comenzó a juntarse con otras personas más populares y pues... también se volvió popular. Como yo era todo lo contrario y apenas me llevaba bien con unas 10 personas, nuestra amistad fue enfriándose hasta volverse inexistente. Durante sexto año me la pasé buscando la forma de volver a su vida, y así cumplir mi sueño imposible de andar con ella.

A pesar de mi timidez, semanas antes de nuestra salida de prepa logré confesarle lo que sentía por ella con una carta que nunca obtuvo respuesta. Durante nuestro viaje de graduación cruzamos miradas de una forma muy extraña, lo que me dio cierta esperanza de que aquella carta no le había desagradado del todo. Aún así, no me animé a enfrentarme a E. y decirle de frente todo lo que por años tuve guardado.

Por eso, aunque al salir de la prepa sentía angustia porque no volvería a verla, también había cierto alivio al saber que su diaria presencia ya no me atormentaría.

2. Los meses oscuros

Mis primeros meses en la Universidad transcurrieron de forma extraña. Seguía sin ser popular y no tenía muchos amigos, sólo compañeros con los que intercambiaba un par de comentarios cordiales pero nada más.

Pensaba que mi vida universitaria estaría condenada a la mediocridad y aburrimiento, hasta que una mañana caminaba por los pasillos del campus y vi que E. caminaba junto a otra chica. Ella no me vio y qué bueno, porque seguro mi cara debió haber tenido la expresión de estúpida felicidad que tienen aquellos que llevan tiempo extraviados en el desierto y de repente se topan con un oasis.

Dediqué los días siguientes a investigar más sobre ella. Así me enteré que E. estudiaba Sistemas o algo relacionado con computadoras y esas cosas. Pasé meses buscando la forma de acercarme una vez más a ella y no dejar que el tiempo siguiera erosionado nuestra extraña relación.

Tras semanas de concienzuda planeación decidí jugarme el todo por el todo el próximo Día de Reyes.

3. Sábado 6 de enero de 2001

Recuerdo que los Días de Reyes solía despertarme de madrugada para ver los juguetes que me habían traído Melchor, Gaspar y Baltazar. Todavía ni salía el sol y ya estaba vuelto loco abriendo cajas y jugando.

Volví a sentir una ilusión similar el 6 de enero del 2001. Ese día también me levanté antes del amanecer y a las 6 de la mañana ya estaba en el andén del metro. Llegué a la estación "Escuadrón 201" cuando apenas comenzaba a esclarecer el cielo. Corrí varias calles y finalmente me encontré con la fachada de la casa de E. Al parecer nadie se había despertado pues las luces del interior estaban apagadas. Entonces saqué el sobre que guardaba en el interior de mi mochila, lo deposité con mucho cuidado en su buzón y me marché sonriendo pero con un vacío en el estómago que me duraría varios días.

Una hora después volví a mi casa. Ya había niños en las calles estrenando sus bicicletas y patines. Yo estrenaba la ilusión de que mi amor imposible recibiera una nueva oportunidad de ser posible. Esa noche partimos Rosca de Reyes en familia y me salió el muñequito, aquello debía ser una señal de que mi vida cambiaría.


4. La carta

La carta que deposité en el buzón de E. era un fiasco por dónde se le viera. Estaba dentro de un sobre manila en el que torpemente y con mi letra horrible había escrito el nombre completo de E. y su dirección. Más abajo, a modo de remitente, los datos de la Universidad en la que ambos estudiábamos. Mi idea, muy estúpida por cierto, era que tanto E. y sobre todo su familia pensaran que aquella correspondencia venía de la Universidad y sea quién sea quién encontrara el sobre se lo entregara a su destinataria sin andar fisgoneando.

En la carta interior brevemente le explicaba a E. lo importante que había sido su llegada a mi vida y lo triste que fue que nuestra amistad se perdiera con el tiempo. Mi escrito terminaba pidiéndole que nos reuniéramos pues sólo quería charlar con ella. Propuse fecha, hora y lugar: miércoles 10 de enero de 2001, 19 horas, en el parque donde está un altar a la Virgen de Guadalupe y que se encontraba a dos calles de su casa. Como estábamos de vacaciones supuse que aquel horario estaría bien.

Sólo unos días me separaban de nuevamente tenerla frente a mí, de hablar con ella y ver qué sorpresa me traía el destino. Cada hora que pasaba y me acercaba a la fecha marcada aumentaba mi nerviosismo y ansiedad, pero también me hacía sentir vivo y profundamente feliz.


5. El día D

El día de mi cita con E. me pasé toda la mañana decidiendo qué ropa me pondría para la que entonces era la noche más importante de mi vida. Finalmente opté por una camisa café con la que según yo no me veía tan gordo.

Aún faltaban varias horas para mi encuentro, y los nervios ya estaban acabando conmigo. Varias veces me puse a imaginar las supuestas charlas que tendría con E. Tras mucho atormentarme psicológicamente, concluí que por muchas proyecciones que hiciera jamás podría estar preparado para enfrentarme con ella. Dejé que el tiempo corriera y a las 6 de la tarde salí de mi casa.

El camino me pareció tremendamente corto, en menos de 40 minutos ya me encontraba frente al altar de la Virgen de Guadalupe. "Mejor llegar antes y no tarde", pensé. Supongo que recé un poco para mitigar el miedo. Dieron las siete en punto. Comenzó el pánico y la taquicardia. Ella aparecería en cualquier momento. Y yo sin saber cómo pararme o qué cara poner para verme interesante.

Y dieron las 19:05. Decidí no desesperarme, después de todo las mujeres siempre hacen esperar a los hombres ¿no?

19:10. En mi mente comenzó a girar una de las frases que escribí en la dichosa carta:

"Sí decides no ir y ponerle punto final a nuestra amistad, lo entenderé. No te sientas presionada".

¿Y sí eso es lo que estaba sucediendo? ¿Si finalmente E. decidió que no me quiere ni como amigo? ¿Y si no le llegó mi carta?

19:15... El fantasma de ser plantado ya era una amenazante realidad. Si bien siempre consideré que algo así podría pasar, la ilusión se había encargado de bloquear ese pensamiento.

19:20 ¿Cuánto tiempo sería prudente seguir haciendo el ridículo y aceptar que fui un iluso al pensar que bastaría una carta mal hecha para cambiar mi destino amoroso?

Poco antes de las ocho de la noche acepté que aquello era inútil y que sería mejor dejar de esperar. Emprendí el camino de regreso. Recuerdo que hablaba solo y que entre mis diálogos intentaba hacerme a la idea de que todo había acabado. Aunque también debo aceptarlo, una parte de mi se sentía aliviada de no haberme enfrentado a E.

* * * * *

Por años me pregunté por qué E. no fue a nuestra cita. Con el paso del tiempo fui aceptando que la idea de arreglar en un día esta historia de amor trunca era mucho pedir.

En cuanto a mi, dejé de ser invisible durante el resto de mi estancia en la Universidad. Me hice de muchos amigos que hasta la fecha conservo y mi vida amoroso tuvo nuevos capítulos en los que ahora sí me atreví a romper el silencio.

Así terminó esta historia que soñó con tener segunda parte en un Día de Reyes.

sábado, 14 de diciembre de 2013

De cuando me quedé ciego


Nadie sabe lo que tiene hasta que lo ve perdido... eso lo entendí hasta que perdí la vista… o algo así. 

Todo comenzó la semana pasada, pasadas las ocho de la mañana me encontraba escribiendo unas cosas en la redacción donde trabajo y de la nada comenzó a llorarme el ojo derecho. Al principio fue una cosa de nada, sólo una lagrimita a la que no le di importancia. 

Pasaron varios minutos y las lagrimas continuaban. Decidí tomar aquello con sentido del humor, pero un par de horas después ya me sentía fastidiado. Y es que lejos de disminuir las lágrimas aumentaban en intensidad y lo peor era que comenzaban a interferir con mi chamba. Tener que estar frente a una computadora con un ojo lloroso impedía que pudiera ver bien. 

Cerca del medio día el problema con mi ojo derecho ya se había salido de control. Varias veces fui al baño para tallarme los ojos con un papel, pero lejos de encontrar alivio me lastimaba más. Al verme en el espejo mi aspecto era deplorable, con la cara marcada por tantas lágrimas y el ojo rojo e irritado. Lo peor era que mis compañeros de la oficina se dieron cuenta de lo que me pasaba y a la menor provocación me decían: ¡Pero no llores Gabo!

Debo aceptar que aquel día mi productividad bajo considerablemente (si de por sí). En medio de estos sufrimientos fui sorteando el día y a la hora de la salida sabía que aquello que me estaba pasando no era para nada normal. El camino de la oficina a mi auto fue aún peor gracias a que el sol de aquel día tan claro me deslumbraba y hacia que mi ojo llorará todavía más. Llegó un momento en el que tuve que irme agarrando una pared como viejito achacoso.

Entonces mi personalidad hipocondríaca comenzó a tejer mil y un historias sobre mi futuro y el terrible mal que me acosaba. Me imaginaba ciego, usando un parche pirata y pasando complicaciones para limpiarme cada que fuera al baño. 

El trayecto en auto fue otro suplicio. Tuve que ir manejando con muchísima precaución pues a esas alturas de la tarde ya sólo veía con un ojo a pesar de que traía puestos mis lentes obscuros. Era tanta la incomodidad que en un par de ocasiones estuve a punto de parar el auto y estacionarme. 

No sé cómo le hice pero logré llegar a la colonia en la que vivo. Fui a dos consultorios y los doctores no estaban porque era hora de la comida. Llegué a un tercer consultorio en donde la doctora era ginecóloga, pero dadas las circunstancias en las que me encontraba ya no estaba para ponerme mis moños e ir en busca de otro especialista. 

La doctora era como de España o uno de esos países en donde la gente habla raro. Le conté lo que me pasaba y al examinar mi ojo descubrió que tenía una basurita negra incrustada en la zona de mi párpado superior. En qué momento se metió a mi ojo, lo desconozco. 

Con una pinzas (no quiero saber dónde estuvieron antes, recuerden que la doctora es ginecóloga) me abrió el ojo y me quitó aquel artefacto. Al hacerlo el ojo me ardió mucho pero la lloradera se detuvo considerablemente. Segundos después, ya más tranquilo, sentó que había hecho el ridículo y todo un drama por una mendiga piedrita. 

La doctora que hablaba raro me mandó unas gotas y unas pastillas que debía tomar por una semana. Aunque debo aceptar que las gotas sólo me las eché por dos días y las pastillas ni las abrí. 

Durante ese primer día el ojo me siguió doliendo y llorando un poco, pero ya podía manejar y trabajar sin ningún problema. Eso sí, mi estado era deplorable y parecía que me habían golpeado porque tenía el ojo rojo y entrecerrado. 

Con el paso de los días la cosa mejoró, aunque mi ojo aún seguía lastimado y veía todo desenfocado y doble, situación que fue disminuyendo paulatinamente hasta que todo volvió a la normalidad. 

Después de esta experiencia volví a nacer, soy un hombre nuevo y me volví una mejor persona… pero creo que se me olvidó pronto, pues ayer fui al cine y cuando en la dulcería me preguntaron si quería donar 15 pesos para los invidentes dije que no. Luego me cayó el veinte de mi mala actitud y me sentí culpable, aunque luego se me olvidó también. 

Ya ni la friego, por eso Dios me manda castigos en forma de basuritas al ojo.

lunes, 9 de diciembre de 2013

Análisis y pronóstico del grupo mundialista de México



Como la mayoría de los mexicanos, yo también soy un futbolista y analista deportivo frustrado. Quienes me conocen saben que una de mis grandes pasiones es el deporte de las patadas, y que por lo consiguiente, pocas cosas disfruto y espero más en la vida que una Copa del Mundo. 

No soy futbolista ni comentarista deportivo, en parte por eso tengo un blog, para hablar de lo que se me pegue la gana y de los temas de moda; y justamente uno de esos temas es el sorteo mundialista que se llevó a cabo el pasado viernes. 

Así que, jugándole al analista deportivo, analizaré a mi manera el grupo en el que México fue sorteado para disputar la Copa Mundial Brasil 2014. Como es de todos sabido, la Selección Mexicana quedó ubicada en el pelotón A, en donde estará acompañada de Camerún, Croacia… y Brasil.



Debo confesar que mi primer pensamiento al enterarme de los rivales de México durante la primera ronda del Mundial fue: ya valió madres. Esta misma opinión fue compartida por mis compañeros de trabajo, con quienes vi el sorteo en la oficina. 

Al paso de los días he ido pensando mejor las cosas, y con mi poco confiable nivel de análisis, les diré cómo pienso que le irá a México. Para hacer la cosa más fácil, iré de rival en rival, de acuerdo al orden en que se enfrentarán a nuestra Selección. 

(Por si me lee alguien que no tiene mucha idea de futbol, les explico: los 32 países participantes en el Mundial se dividen en 8 grupos de 4 equipos cada uno. Los 4 integrantes de cada grupo se enfrentan entre sí y los dos mejores pasan a la siguiente ronda). 

Bien… empezamos: 

Camerún (13 de junio de 2014) 

Desde que tengo conciencia futbolera, los equipos africanos siempre me han inspirado temor. Su futbol basado en la fortaleza y en el empuje físico, históricamente suele complicársele a los mexicanos. Según las estadísticas, sólo nos hemos enfrentado una vez en la historia contra los cameruneses, y aunque fue en un partido amistoso, les ganamos. 

Como todo primer juego de un Mundial, el desarrollo del partido estará lleno de tensión, y no es para menos, del resultado de este juego depende en gran medida el futuro de ambos equipos en el certamen mundialista. La clave será la zona defensiva de México para evitar cualquier gol tempranero. Aunque será un escollo difícil, mi pronóstico es que México empata… o en una de esas gana, pero debe hacerse un planteamiento muy inteligente.


Brasil (17 de junio de 2014)

Y de nuevo Brasil… desde hace años mexicanos y brasileños se han enfrentado en duelos amistosos, Copas Confederaciones, Mundiales Juveniles, Copas America y Juegos Olímpicos, e increíblemente el saldo a favor es para los mexicanos. Por alguna extraña razón, el futbol mexicano suele indigestársele a los brasileños.

No importan los grandes jugadores con los que tradicionalmente cuenta la escuadra amazónica, o su espectacular estilo de juego: los mexicanos siempre han encontrado la forma de competirle al tú por tú a los brasileños y salir varias veces con la victoria. 

El problema en esta ocasión es que el encuentro será en Brasil, ante un estadio repleto de aficionados que impulsaran a su equipo durante los 90 minutos que durarán las acciones. No dudo que México dará pelea y un juego digno, incluso que ponga en predicamento a los brasileños en varias ocasiones, pero honestamente, veo difícil que México gane el juego. Mi pronóstico es una derrota… o en el más optimista de los casos, un empate azteca.


Croacia (23 de junio de 2014)

En el Mundial de Corea-Japón 2002, México se enfrentó a Croacia, a quienes venció por marcador de 1-0 gracias a un gol anotado de penal por Cuauhtémoc Blanco. Ahora el destino vuelve a ponernos a los balcánicos en el camino, y aunque en varios medios los han calificado como una escuadra a modo, no descartó que puedan darnos un buen susto. 

Si bien Croacia viene de un periodo bastante irregular, como buena escuadra europea posee un nivel de juego muy competitivo y con figuras de primer nivel. 

A pesar de todo, México ha sabido plantarle cara a los rivales del viejo continente en las competencias mundialistas, y si somos honestos, Croacia está lejos de ser una de las grandes potencias de esa zona del mundo. Por lo tanto, aunque costará trabajo, mi pronóstico es que México le ganará a Croacia.


* * * * *

Si mis predicciones se cumplen, México hará entre 4 y 6 puntos, suficientes para avanzar como segundos de grupo y calificar a los octavos de final, en donde el rival probablemente sería Holanda o España, lo cual significaría un reto aún más complejo en la búsqueda del llamado quinto partido, pero bueno, antes de pensar en eso se debe superar la ronda de grupos, y confió en que así será. 

Habrá que esperar y ver qué pasa, por lo pronto, nos esperan meses de escuchar decenas de análisis más. Lo cierto es que por ahora, hacer más vaticinios es difícil debido a que el propio equipo México es un misterio debido a todos los cambios que ha sufrido en la dirección técnica. 

¿Le atinaré? Al tiempo…

miércoles, 4 de diciembre de 2013

Nos malmiraron por ladrones


Hace mucho, en este blog les conté como hace 7 años me robé una Coca-Cola publicitaria de cartón, que estaba en una tienda WalMart. Ese crimen permaneció impune por años, pero ahora el karma o el destino casi me hace pagar por aquel delito.

Lo que en esta ocasión pasó fue un poco extraño. Resulta que un día entre semana fui con mi novia a una Comercial Mexicana, ya saben, para hacer el mandado y esas cosas que hacen los adultos contemporáneos. Como era una noche entre semana, no había mucha gente en la tienda, así que nos sentíamos a nuestras anchas. 

Mi novia se quería comprar unos mallones, o unas medias, o quién sabe qué cosa. Total que estuvimos como veinte minutos en esa área de la tienda, agarrando paquetes y botándolos casi de inmediato; de ahí fuimos a la zona de productos de belleza. Mi novia quería ver unos cosméticos pero como estaban dentro de una vitrina tuvimos que esperar a que algún encargado de la sección nos atendiera. El problema es que nunca llegó nadie, y eso que le pedimos ayuda a una supervisora, que dijo que enseguida nos ayudaría pero nos dejó esperando. 

Entonces descubrí que en la vitrina había una pequeña ranura por la que metí mis dedos y descubrí que fácilmente alcanzaba los cosméticos. Así saqué los que queríamos. 

Antes de irnos, mi novia quiso regresar a la zona de los mallones, o las medias, o sabrá Dios que era eso que andaba buscando. Nuevamente hicimos un revoltijo, mi novia se probó varias cosas y así estuvimos como veinte minutos. 

Supongo que lo de andar agarrando paquetes de mallones y sacar cosméticos de una vitrina les pareció de lo más sospechoso a los elementos de seguridad de la tienda, pues de pronto en el sonido de la tienda escuchamos “seguridad, favor de enfocar las cámaras al área de ropa”. Curiosamente éramos los únicos que estábamos en esa zona, por lo que no había de otra, ese aviso era para nosotros. 

Decidimos seguir nuestro camino como si nada. Cuando estábamos pagando en caja notamos como la gente a nuestro alrededor nos veían raro y no nos quitaban los ojos de encima. Por unos minutos me sentí observado y juzgado… ¡¡¡como un maldito delincuente!!!

Obviamente no robamos nada ni habíamos hecho nada malo, pero nuestro comportamiento en la tienda le pareció raro al personal de la tienda, por lo que seguramente pensaron que andábamos queriendo hurtar algo. 

La verdad hubiera sido una gran aventura que nos detuvieran y eso haría menos pichurrento este post, pero no, sólo nos malmiraron como si fuéramos… ¡¡¡unos malditos delincuentes!!! 

Hubo un momento en el que hasta me imaginaba protagonizando una nueva versión de "Presunto Culpable". Pero ni hablar, hasta para eso nos despreciaron. 

Y ya, les cuento esto para que tengan cuidado cuando vayan a la Comercial Mexicana o a otro de estos supermercados chafones, no los vayan a confundir ¡¡¡con unos malditos delincuentes!!! por hacer cosas fuera de lo común. La gente suele temerle a lo que no sigue la norma establecida.

martes, 26 de noviembre de 2013

Los Predilectos


Cuando leemos un libro la anécdota no se limita al contenido de la obra, sino también a la forma en la que llegamos hasta esas páginas. En el caso de esta novela, llegué como parte del trabajo. Me dejaron leer una novela para reseñarla y entrevistar a su autor.

De esta forma me adentré en Los Predilectos de Jaime Mesa, cosa que agradezco. 

En el 2008, Jaime Mesa irrumpió en la escena literaria con Rabia, novela considerada como una de las mejores de ese año. Ahora, este escritor publicó Los Predilectos, con la que se confirma como una de las voces más prometedoras de la literatura mexicana contemporánea. 

Definir Los Predilectos es complejo, tanto por su forma narrativa como por la historia que desarrolla. Lo cierto es que después de leerla uno termina acelerado, con ansias de vivir pero también de cuestionar el curso de nuestra propia existencia. 

La trama gira entorno a Scarlett Kunzen, una mujer joven, guapa, talentosa y con el futuro asegurado, que sin embargo se encuentra todo el tiempo atormentada por los fantasmas de varias obsesiones. El miedo al fracaso, a las enfermedades, a vivir una existencia común y corriente, su fijación por la perfección o incluso la muerte, son sólo algunas de las sombras que la acechan en diferentes etapas de su vida.

Así conocemos varias versiones de esta mujer: la seductora, la adicta, la mujer saludable, la madre, la esposa, la joven derrochadora y rebelde, la confidente de una estrella de la televisión venida a menos y hasta le que escribe su propia biografía con toques de mentira. 

Si bien el inicio de esta novela parece sencillo, la anécdota que se narra en las primeras paginas va nutriéndose con sucesos y personajes que poco a poco van engrosando la historia hasta adquirir el toque de una novela más compleja, en la que los personajes están desarrollados de manera profunda y contundente, haciéndolos encajar una y otra vez tanto entre ellos mismos, como con las circunstancias que los rodean.

Constantemente son los pensamientos y los razonamientos de los propios personajes, y no las circunstancias de la vida, los que autodestruyen y vuelven infelices a los protagonistas. 

Lo anterior no debe hacernos pensar que esta es una novela densa, al contrario, si bien contiene varios cuestionamientos existenciales en los que el lector inevitablemente se verá inmerso, el estilo narrativo de Mesa hace que la novela sea bastante digerible y que uno navegue de manera rápida y sencilla por sus páginas.

En varios puntos de la novela, Scarlett se siente atraída hacia una vida de excesos que la llevan al límite, participando en fiestas donde los seropositivos (gift givers) sostienen encuentros sexuales con quienes desean contagiarse del virus del VIH (bug chasers). Más tarde, su deseo de comprobar si está sana para alcanzar la inmortalidad y ser madre de unos hijos perfectos la llevan a internarse en una clínica de rehabilitación en donde conoce a Soseki, Konstantine y Dimitri, miembros de una famosa banda de música que no saben cómo manejar su éxito; al igual que Scarlett se sienten dotados de una inteligencia y potencial superior, pero que no encuentran la forma de trascender.

Fuera de la clínica, el encuentro con estos personajes tendrá repercusiones en la vida de Scarlett durante varios años. Pasar de una adicción a otra, tratar de escapar de una obsesión tan sólo para descubrir otras más. Burlarse de la vida y complicarse siempre la vida aunque esta en apariencia sea perfecta. De eso trata esta historia.

Finalmente nadie podrá permanecer indiferente a esta obra, pues en algún punto coincidiremos con la forma de pensar de los protagonistas, y eso resulta inquietante.

Léanlo, les conviene.

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Así fue el desvelo, y nos vamos al Mundial

En el post pasado les conté cómo me estaba preparando para enfrentar la desvelada que tendría durante la noche del 19 y la madrugada del 20 de noviembre, a causa del juego de Nueva Zelanda vs. México, por el pase a la Copa Mundial de Brasil 2014.

Pues bien, la desvelada estuvo así...

Después de salir a trabajar el martes 19, llegué a mi casa, comí y después atendí unos asuntos personales en la calle. Volví a casa a eso de las 8 de la noche, y en medio de una auténtica tormenta subí a la azotea para ver cuanta agua había en los tinacos y saqué a pasear a mi perro Margarito, ya ven, uno que es temerario. Después de esto quedé empapado, así que me quité la ropa mojada, me puse mi pijama sensual, hice tantita popó y me dormí antes de las nueve de la noche.

Admito que me costó conciliar el sueño: una ilusión parecida a la que se siente cuando de niños se intenta dormir en la noche de un 5 de enero no me dejaba relajar. Y es que esta vez no esperaba encontrarme juguetes nuevos al despertar, sino un boleto para el Mundial.

Sí dormí, aunque no plenamente, pues constantemente me despertaba o mi sueño no era tan reconfortante. Justo cuando ya me encontraba dormido comenzó a sonar la alarma de mi celular. Ya eran las 23:45 y el juego desde Wellington estaba por comenzar.

Encendí el televisor, me puse a ver el partido, y claro, a tuitear para que la cosa estuviera más sabrosa. Muy pronto México se mostró superior y al medio tiempo ya ganaba 3-0. A esas alturas podría haberme ido a dormir pues el boleto al Mundial ya estaba prácticamente amarrado, pero ¿qué clase de hombre sería si dejo las cosas a medias? Mejor aproveché el descanso para cenarme unas Zucaritas.

El segundo tiempo estuvo más tranquilo. México se relajó en la cancha y aunque los de Nueva Zelanda intentaron ponerse abusados, al final el marcador terminó 4-2 a favor de México (9-3 global). Así, oficialmente México se convirtió en el clasificado número 31 a Brasil 2014.

Todavía estuve viendo un rato los programas deportivos y chacoteando en Twitter, hasta que por ahí de las 2:20 de la mañana me retiré a dormir. En esta ocasión no me costó nada conciliar el sueño y quedé dormido casi de inmediato.

Tuve un par de sueños raros y de pronto el despertador me volvió a la realidad alrededor de las 5:30 de la mañana. Me levanté con muchísimo sueño, tendí mi cama, me bañé y me fui a la chamba, aunque antes de subir a la oficina pasé por un café al Starbucks. Pasaditas las 7 de la mañana ya estaba trabajando.

Contrario a lo que yo creí durante toda la jornada laboral no sentí sueño ni cansancio. Salí a las 2:30 de la tarde, manejé hasta mi casa y comí. Ahora, mientras escribo estas palabras comienzo a sentir los estragos del desvelo. Ya saben, una pesadez general que alenta mis movimientos y pensamientos, un bostezo por aquí y un ojo lloroso por allá.

Subiré este post al blog, iré a correr un poco al parque, haré un poquito de popó y con su permiso, me dormiré un par de horas. Será un tiempo reparador, por favor no me molesten, que pocos sueños se disfrutan tanto como los que se tienen después de ver a la selección nacional de tu país calificar a un Mundial de Futbol.

lunes, 18 de noviembre de 2013

Previo al desvelo



Este post parece de futbol, pero no lo es, o sí, o quién sabe.

Como es por todos sabidos, la Selección Mexicana de Futbol de repente se volvió chafa y casi se queda fuera del Mundial de Brasil 2014. Aún así, como Dios es generoso y bueno con nosotros, el equipo mexicano alcanzó a calificar al repechaje y se juega el último boleto a la justa mundialista enfrentando a Nueva Zelanda. El primer partido se ganó 5-1 en el Estadio Azteca y el próximo miércoles se jugará el la vuelta en Wellington, Nueva Zelanda… y ahí está el problema.

Sucede que por diferencia de horarios, este partido se llevará a cabo a la media noche del martes para el miércoles ¿si me expliqué?. Mientras para los neozelandeses el juego será a las 7 de la noche y podrán disfrutarlo tranquilamente, los mexicanos que gustamos del futbol tendremos que desvelarnos y sufrir las consecuencias que esto conlleva, sobre todo para los que entramos a trabajar a las siete de la mañana y nos levantamos pasaditas las cinco de la mañana. 

Claro, sé muy bien que el problema podría solucionarse si durmiera a mis horas, y al levantarme tranquilamente reviso las redes sociales para enterarme del resultado. Lo malo es que me conozco y sé que aunque me lo proponga, la tentación de ver el juego o de saber cómo va el resultado terminará ganándome. Sí, también ya sé que el 5-1 prácticamente ya tiene clasificada a la Selección al Mundial y que el juego del miércoles es un mero trámite, pero qué quieren, soy “bien fans” de la Selección.

Como soy joven y se me hace fácil voy a ver el juego, ahora mi única duda es qué táctica seguiré para  que el desvelo me afecte lo menos posible.

En mis años mozos, cuando era estudiante, tenía varios métodos para cuando debía enfrentarme a un desvelo inminente a causa de la tarea o los estudios, este consistía en comprarme una Coca Cola de 600 mililitros bien fría y vaciar en su interior cuatro pastillas Halls de mora azul. Esta bomba de glucosa era suficiente para tenerme despierto por horas. Al paso de los años veo que esto puede resultar un tanto nocivo para la salud, por lo que no recomiendo que hagan lo mismo a menos de que se trate de alguna emergencia (como ver un juego de futbol).

En otras ocasiones también apliqué aquello de tomar Red Bulls, sobre todo en mi trabajo anterior al que entraba a las cinco de la mañana. Lo malo en cuanto a los Red Bull y yo, es que me despiertan por un momento, pero al paso de unas cuatro horas el efecto se me va y me da aún más sueño. El café negro también me despierta, aunque luego me cuesta mucho volver a conciliar el sueño.

Sin embargo, creo que el problema real no será mantenerme despierto durante el partido, pues estará muy vacilador y me mantendrá entretenido, el problema será cómo afrontar las 8 horas de trabajo que me esperan al otro día. Ante esto, he pensado que la mejor estrategia sería esta:

Llegar del trabajo a mi casa el martes y dormirme desde las 21:00hrs (o antes) hasta la media noche. Acabando el juego, por ahí de las 2 de la mañana, intentaré dormir tres horas más, aunque esto lo veo un tanto difícil pues después de la emoción de una calificación mundialista lo que uno quiere es celebrar, además, por la alegría sé que me costará bastante volver a conciliar el sueño.

Me levantaré a las 5 de la mañana, ya del miércoles, y antes de ir a trabajar pasaré por un café para despertarme, tampoco descarto tomarme un Red Bull, y claro, saliendo del trabajo regresar a casa y dormir un poco más.

Los dos parrafos anteriores suenan muy bien, lo malo es que cada que planeo algo siempre pasa todo lo contrario, de tal manera que dudo poder dormir en la tarde-noche del martes y que pueda conciliar el sueño cuando el juego finalice, de tal manera que el miércoles llegaré a trabajar sólo con dos horas de sueño a cuestas.

Y ahí sí, que Dios me agarre confesado.

De todas formas, seguiré dándole vueltas al asunto para encontrar la mejor manera de darme en la madre lo menos posible. Ni hablar, esto es lo que tiene que padecer un aficionado al futbol por su Selección, y nadie lo valora.

Ya les contaré cómo me fue con el desvelo. 

jueves, 14 de noviembre de 2013

Desesperando a la Ley (teoría y praxis)


Nada trascendente, poco divertida y muy común: así es esta historia cuyo único interés puede revestirse en el hecho de que es real y además puede dejar un útil consejo. ¿O será mejor decir ‘in-útil’? … depende, creo yo, de la perspectiva.

Sucedió hace unos años. Era cerca del medio día por los rumbos del Aeropuerto y Zaragoza (cerca de la calle de Economía). Mi amigo Ángel y yo circulábamos a bordo de mi auto buscando una dirección a la que nos dirigíamos por motivos de trabajo (quesque). Todo iba muy bien hasta que al narrador de estas líneas se le ocurrió girar en una calle que según las flechas en el concreto, era claramente de doble sentido. Por eso me sorprendí cuando al otro lado de la calle un par de policías (que tenían estacionada su patrulla en la esquina) me pidieron que me detuviera pues iba en ‘sentido contrario’.

La situación, lejos de preocuparme, me pareció divertida (no así mi amigo Ángel, que sutilmente me sugirió ofrecerle algo. No -respondí- es la quinta vez que me detienen y nunca he dado una mordida en mi vida.

El policía, bonachón como buen elemento de justicia del Distrito Federal me pidió, de acuerdo al guión de siempre, mi licencia de conducir y la tarjeta de circulación de mi vehículo. Amablemente se los di, no sin antes insistirle que no había ningún señalamiento que indicara el contrasentido de la circulación. Obviamente el ‘policeman’ comenzó a enumerarme distintos artículos de transito y leyes federales que amparaban a la ley, y obviamente me señalaban como culpable.

Una vez mi papá me dijo ‘Cuando te detenga un policía de transito, dile que te de la infracción, no le ofrezcas dinero ni nada. La mayoría de las veces, si llegan a levantar una multa tienen que hacer varios tramites para darla de alta, y mejor terminan por no hacer nada’. Y eso hice, insistir con que me levantaran la infracción en lugar de ofrecerles la clásica ‘mordida’. Yo notaba que los policías iban y venían con calma, como buscando desesperarnos para pedirle que nos ‘arregláramos de otra manera’. Como la verdad ni Ángel ni yo teníamos la menor prisa, dicha táctica no funcionó.

Me entregó los documentos advirtiéndome lo caro que me saldría la infracción y la pérdida de tiempo que significaría acudir a pagarla en cualquier delegación. ‘De todas formas no tengo nada que hacer’, pensé. El Poli siguió yendo y viniendo. Supongo que diez minutos después la cara de franca despreocupación y desfachatez que tanto Ángel como yo traíamos lo convenció de que perdía su valioso tiempo (y dinero) con nosotros. Me enseñó la libreta de infracciones diciendo: mire, para que no diga que no voy a apuntar nada, aquí esta ya el bloc de las multas, misma que me dispongo a levantar ahora mismo’. De nuevo, me valió un pepino.

‘Ya váyase, con cuidado’, contestó unos minutos después, no sin cierto aire de resignación. No me lo tuvo que decir dos veces. Abandonamos el lugar sin multa y con el contenido integro de nuestras carteras.

Ahora que lo pienso, aquella patrulla en la esquina no tenía otra función que el buscar víctimas inocentes como nosotros (más inocentes que víctimas) para obtener algunos cuantos (o muchos) pesos extras, cortesía de la corrupción. ¿No sería mejor que patrullarán la zona, en lugar de quedarse estancados en un solo punto? Obviamente sí. La calle de la infracción estuvo un buen tiempo en reparación y los señalamientos del flujo siguieron confusos. Supongo que no faltaron algunos incautos que siguieron dándoles dinero.

¿Recomendación final? Primero, no alarmarse cuando sean detenidos por algún elemento de transito, siempre sonrían y encuéntrenle lo gracioso al asunto, háganle la platica a los oficiales, etc; generalmente los busca-mordidas se valen de los nervios de los infractores para obtener el dinero. Siempre pidan que les levanten la infracción, aunque les den el papelito para que paguen en las dependencias públicas, la mayoría de las veces ni siquiera las dan de alta en el sistema. Ahora, quiero aclarar que ni todos los policías son corruptos, ni tampoco es bueno estar violando la ley. Recuerden, estos consejos aplican para casos de emergencia.

Tampoco me tomen muy en serio: No me hago responsable si por seguir mis consejos terminan recluidos en el Reclusorio Sur de la Ciudad de México.