martes, 1 de marzo de 2011

Garbage Pail Kids


“Prohíbe algo, y lo volverás llamativo, irresistible”

Mi infancia, hasta cierto punto, estuvo llena de alegría. Me creía He-Man, Leono y hasta Tortuga Ninja. Andaba en bici, jugaba futbol en los recreos de la escuela y veía algunas caricaturas. Antes de los diez años, lo prohibido y lo oculto, permanecían alejados de vida. Salvo la eterna lucha del bien contra el mal, el mundo de los dibujos animados se me mostraba inofensivo y hasta aleccionador. Los personajes que se portan mal, son castigos (pero rara vez sufren) por héroes dedicados a proteger la paz. Los buenos ríen después de la adversidad y hasta se enamoran. Las batallas al final son una especie de juego entre fuerzas contrarias que más que otra cosa, parecen amigos.

Fue hasta los principios de los 90’s cuando surgió el desencanto, o más bien, la fascinación. Primero fue la llegada de una leyenda urbana protagonizada por Los Pitufos, aquellos suspiritos azules que vivían en hongos, y cuyos juguetes, se decían, cobraban vida de noche y atacaban a sus pequeños dueños. Extrañamente, y a pesar de tener varios de estos muñequitos en casa, la leyenda de los Pitufos asesinos no me impactó tanto como a otros compañeros de la primaria. En cambio, años después el culto hacia unas estampas inconseguibles, prohibidas, capturó mi atención de forma inmediata. Se decía que a finales de la década de los ochenta existieron unas estampitas llamadas ‘Garbash’ (así lo pronunciaban todos), que mostraban a niños protagonizando imágenes crueles y asquerosas. Que todos los padres de familia las veían como un pésimo ejemplo y que incluso, el gobierno impedía que estas tarjetas se vendieran en México. Entre más indagaba con mis compañeros, más me intrigaba, así me enteré de la versión de que un niño, imitando una de las imágenes de las estampas, rasuró a su papá mientras esté dormía, provocando que éste se desangrara. La cúspide del morbo llegó cuando supe que un primo mayor que yo las coleccionaba, hasta que comenzó a tener tantas pesadillas que obligaron a su mamá a deshacerse de ellas. Con estos antecedentes mi curiosidad comenzó su inevitable camino que tendría que llevarme hacia esas legendarias tarjetas.

La búsqueda fue más fácil de lo que imaginé. Fue gracias a un amigo coleccionista de comics y estampillas que conseguí mis primeras tarjetas. ‘Garbage Pail Kids’ era su nombre oficial. Sí, eran violentas y asquerosas. Hacían alusión a los fluidos corporales y al sufrimiento. En conclusión, no me decepcionaron, al contrario, aquellos pedazos de cartón me fascinaron. De nada me importó que mi amigo, antes de darme mi primera dotación, me contara que un conocido de su unidad habitacional estaba muy espantado, debido a que había tapizado las paredes de su cuarto con las dichosas imágenes y que en las noches las tapaba con bolitas de plastilina para no verlas. Cuál sería su sorpresa cuando una mañana descubrió que las estampas se encontraban descubiertas y los trozos de plastilina en el suelo.


Mi ambición coleccionadora no tenía límites y seguía juntando y juntando mis ‘Garbage’. Era tanto mi entusiasmo que no me aguanté las ganas y se las enseñé a mis papás. Sabía que corría el riesgo de que se enojaran y me ordenaran tirarlas a la basura, pero aun así corrí el riesgo y una tarde se las mostré. No se enojaron ni nada. A pesar de que ellos tenían conocimiento de los rumores acerca de las estampas en ningún momento me prohibieron juntarlas. Es más, a mi mamá hasta le gustaba mirarlas. Debo reconocer que mis papás fueron sui-generis en ese aspecto. Podían mandarlos a traer la directora de mi escuela o venir a quejarse alguna vecina porque algún balonazo en su casa y ellos nunca me reprimían. Siempre me dejaron ser y se los agradezco. Caso contrario con otros familiares. En cierta ocasión mis tíos y primos de Irapuato estaban en el DF y los acompañé a un centro comercial. En un local me encontré con sobres de ‘Garbage Pail Kids’ y obviamente me compré unos. Mi tía comenzó a regañarme diciendo que uno de sus hijos (exacto, el mismo que menciono párrafos arriba) tenía pesadillas a causa de ellas y que podían dañarme la mente. Afortunadamente, mi primo le aclaró al instante que sus pesadillas y problemas no tenían nada que ver con las estampas. Aquel semi regaño para nada me amedrentó. Yo seguía feliz recolectando estampas en el mercado negro de los tianguis y locales especializados en tarjetas de colección.



Poco después sucedió algo que verdaderamente me intrigó: mi abuela le regaló a mi hermana un cobertor que guardaba desde hace años en su casa y que tenía imágenes de niñas idénticas a los ‘Garbage’ pero sin sangre, ni mocos, ni sufrimiento. Aquella colcha mostraba a estas niñas felices y con sus vestiditos alegres. Además, el nombre que ostentaba a estos personajes era muy parecido: Cabbage Patch Kids. Esa navidad, las mismas muñequitas regordetas comenzaron a invadir las jugueterías. Fisiológicamente los Cabbage y los Garbage eran idénticos. Regordetes, con cara en forma de hamburguesitas y hoyuelos en los brazos y cachetes. Cuando los Reyes Magos le trajeron una de estas muñequitas de trapo a mi hermana yo estaba más emocionado que ella. No importaba que su muñeca oliera a bebé, trajera una firma en la pompa y viniera equipada con ropa cursi y bonita. Para mi tener un juguete tan parecido a un ‘Garbage’ en casa, era lo máximo. Lo malo es que no comprendía por qué ambos conceptos eran tan parecidos, y a la vez diferentes entre sí. Los Garbage venían de la basura, los Cabbage nacían de repollos; unos hacían puras marranadas y bajezas, los otros eran amor y venían con un certificado de adopción. Con rabia me di cuenta que viví una época equivocada. La idea de que ambos productos fueran obra del mismo creador me inquietaba. Me encontraba atrapado en pleno auge de las Cabbage, y en cambio de los Garbage casi nadie se acordaba.




El colmo de mi compulsión se dio cuando empecé a jugar con crear la trama de unas películas de terror sobre los Garbage. Inventé la trama y las acciones que ocurrirían en cada una de las cinco partes. En mi historia-chaqueta-mental, estos malignos seres surgían gracias a un pacto maldito que los traía a la vida. Así, a lo largo de cada una de las secuelas estas criaturas endemoniadas sembrarían el terror por donde se aparecían. Muchos de los personajes de las tarjetitas iban y venían en cada una de mis películas. A veces jugaba a realizar escenas en casa, para eso tomaba a escondidas las muñecas de mi hermana y jugaba a que me atacaban y yo las agarraba a golpes para defender mi vida.

Poco a poco se me fue acabando la Garbagemanía. La llegada de los Caballeros del Zodiaco, mi creciente afición por el futbol y los problemas propios de la adolescencia fueron haciendo que la euforia pasara. Al llegar a la universidad quise comprarme un celular y parte del dinero lo obtuve de venderle mis estampas a mi hermana, quien a pesar de ser fan de las ‘Cabagge’ también se volvió fan de las Garbage.

Recientemente, en la navidad pasada, a mi novia y a mí se nos ocurrió comprarnos unos muñequitos Cabagge. Por alguna extraña razón estos muñequitos tienen sus temporadas y desde hace dos años no los comercializan en México. Se dice que es por estrategia de comercialización, pero nosotros concluimos en que debido al frío se estropeó la cosecha de repollos de esta temporada. A causa de esto, volví a recordar a los Garbage. Con las facilidades que brinda la tecnología pude investigar y despejarme varias dudas. Por principio de cuentas, las estampas Garbage Pail Kids salieron a la venta en 1985. Producidas por la empresa Topps, fueron concebidas como una parodia de las muñecas ‘Cabbage Pail Kids’. Las estampas fueron un éxito inmediato en diferentes partes del mundo. En países hispanoamericanos se les conocieron como ‘La Pandilla Basura’. Incluso en países como Perú había hasta álbum coleccionable. Se decía que eran satánicas y que tenían LCD y sustancias alucinógenas. En México jamás se editaron pues fueron prohibidas por el Gobierno Federal y la Aduana Mexicana, por lo que las unidades existentes pueden considerarse como ilegales. Y si no me creen, den clic aquí.

Fueron cerca de 15 series las que vieron luz pública. También hubo una película horrible (las mías estaban mejores) y una serie animada. El imperio de desmoronó cuando Coleco, empresa creadora de las muñecas Cabbage, demandó a Topps por plagio de imagen. Al final se llegó al acuerdo de cambiar la apariencia de los Garbagge (cambiando las manos regordetas, la frente, las orejas, etc) a fin de que no fueran relacionados entre sí.

Y esa es la historia. Concluyo con que tengo mercancía prohibida en casa, con que quiero comprarme un Cabbage y además, quiero tatuarme una firma de Xavier Roberts (creador de los Cabagge) en la pompa para que vean que soy original y no pirata. Les dejo más imágenes Garbage y la pregunta ¿realmente eran malas o solamente una muestra de humor de mal gusto?


5 comentarios:

keiSha dijo...

Wow!

keiSha dijo...

Mal gusto ... depende de quien sea el gusto
Malas... depende la sociedad.

Probablemente entonces (como hasta la fecha) en muchos sectores de la sociedad (y no solo mexicana) no tenemos la madurez mental para saber cuando las cosas son serias y cuando humorísticas.

Somos mojigatos
Somos doble moral
Somos ignorantes
y muchas otras cosas.

Igual y sea mejor que algunas cosas permanezcan en el anonimato mientras desarrollamos el cerebro... o quien sabe.

Como siempre
Todo un placer leerte

Saludos!

El Xhabyra dijo...

Claro que las recuerdo, fueron un clasico en su momento, y como dices la prohibicion elevo el nivel de ansiedad por "tenerlas"

la que mas recuerdo es la del adam bomb jejeje

y si, hasta salieron en el noticiero de la noche con la advertencia para los padres de que no permitieran que los hijos las compraran


un verdadero escandalo de aquella epoca, como el del yoyo toxico jejeje che yoyo toxico se vendio por miles y miles a partir de su prohibicion por daños a la salud.


xhaludos Gabriel!

gabriel revelo dijo...

dorikeisha: exacto!!! todo depende de los ojos de quién mire esas estampas y de la escala de valores que tenga. en lo personal las gpk eran mera diversión, pero supe de mucha gente que realmente tenía precaución con ellas.

xhabyra: claro!!! la de adam bomb yo la tenía y también era de mis favoritas. justamente esta semana, con el lío de Presunto Culpable, tenemos el ejemplo ideal de lo que sucede cuando se prohibe algo. saludos!

CRIPTASILVA dijo...

pues mira no fueron en los 90 cuando salieron de hecho salieron des delos 70 en mexico supimos en los 80 a fimales de los 70 principios todos los coleccionistas dicen es mentira no son mala influencia lamentable mente ver a un bebe que se mutila o se suicida no es un modelo de educasion y no vamos lejor cuantos de esos liños la malloria por lo menos son seguidores de peliculas y canciones tipo marilin manson y havy metal donde hablan de demonios y suicidios aca en portales varios de los coleccionistas eran altamnete agresivos cuando se peleaban no sentian remordimiento de lastimar a los demoas como cuando salio dragon ball diciendo que te causaba severon trastornos y facil de complrobar como si causaba eso solo checa en you tube como los fanaticos de estas series defienden con su vida a una caricatura solo basta con buscar en youtube y ver los comentarios altamente agresivos de estos seguidores por defender ese cartoon y es donde te preguntas no que no influye en tu vida? ne te hace agresivo? es mentira que esas cosas no te causan el menor daño basta ver los asesinatos y bejaciones que causan los niños de hoy que matan destrosan y mutilan animalitos como pajaros gatos y perros y a compaleron con el llamado boulin si eso no es influir en tu vida entonces que es no me crean pongan en youtube dragon ball satanico y veras los altamnete agresivos seguidores de dragon ball lo defienden mas que asu propia vida no es mojigato no es espantados pero que tal nos quejamos... a donde vamos como va la vida estos padres de hoy pero todo de pende como eduques a tu hijo bye