lunes, 14 de marzo de 2011

Aquel oso panda asustado

Me enteré del sismo, y posterior tsunami, de Japón a las 3:30 de la madrugada del pasado viernes. Tengo la manía de checar el time line de mi cuenta de twitter cada que despierto a mitad de la noche. De inmediato prendí la tele. CNN mostraba los primeros videos de lo que desde esos momentos, ya se consideraba una tragedia sin precedentes. De ahí se vino la lluvia informativa. El tema se apoderó entonces de noticieros, redes sociales, periódicos y charlas de café. El estado de alarma por tsunami emitido a varios países del Pacífico hizo que todos siguiéramos muy de cerca el estado de nuestras costas y las posibles consecuencias que pudieran presentarse.

Han pasado los días. Las alertas de tsunami se han ido levantando, y el mundo sigue en vilo por las constantes replicas y emergencias nucleares que no dejan de azotar al país asiático. La devastación y número de pérdidas humanas es desolador. Uno quisiera dejar de verlas, dejar de sentirse amenazado cualquier día. Uno quisiera escribir de otras cosas, pero no quiero, ni puedo, ni debo.

Mucho pensé en escribir éste texto. Al fin y al cabo, no gano nada. Seguramente hay cientos de medios informativos en los que se dé más y mejor información de la que yo puedo brindar en éste blog. No pretendo, por lo tanto, descubrir el hilo negro ni colgarme de la coyuntura informativa. Es más, hasta el sábado estaba decidido a no hablar de la tragedia en Japón y sólo dedicarle espacio en Twitter. Sin embargo, navegando en internet me crucé con esta imagen:


Ha conmocionado al mundo. Fue tomada en un zoológico, justo en el momento en el que el sismo de 8.8 grados sacudía suelo japonés. En ella se aprecia a un oso panda abrazado a las piernas de uno de los guardias del lugar. Me resultó imposible dejar de conmoverme. Una inexplicable tristeza recorrió mi cuerpo, se instaló en mi garganta y se volvió nudo. En ese instante lo decidí. Quería hablar de lo sucedido en Japón, y lejos de ilustrarlo con escombros y destrucción, lo haría con la fotografía de ese Panda.

¿Qué me dice un Oso Panda asustado? Me habla de la vulnerabilidad y el miedo que todos podemos sentir; de lo efímero y pequeños que somos, ante las fuerzas de un planeta al que no hemos sabido respetar. Animales y humanos al fin y al cabo compartimos la misma casa, somos más parecidos de lo que creemos. Sentimos miedo y encontramos consuelo en nuestra compañía. Temor y esperanza fusionados en un abrazo en el que todos nos encontramos. Un policía y un panda muestran que de cualquier manera, todos los habitantes de la tierra formamos parte de la unidad. Estamos para apoyarnos y sentirnos fuertes en compañía. Que me perdonen todos, en esa foto se encuentra encerrada la esencia de la humanidad y todo lo bueno que somos.

Lo único bueno de que ocurran desgracias como la de Japón, es el resurgimiento de cierto sentimiento de unidad mundial. Pasa cuando algún acontecimiento nos rebasa como raza humana. Sólo entonces nos acordamos de que somos hermanos. Terremotos, guerras, huracanes, sequias. ¿Por qué es hasta que tenemos el agua hasta el cuello cuando nos acordamos de que somos millones compartiendo tiempo y espacio? Paradójicamente tuvo que ser un ‘animal’ el que nos enseña a ser civilizados. Con esto de Japón he escuchado cualquier cantidad de versiones tontas y sin fundamento acerca de ‘se lo merecen por asesinar ballenas y delfines’. Nada más errado. Los animales no saben de rencor ni venganza. ‘Si estás cosas pasan es porque el planeta se defiende y a gritos nos pide frenas ciertas actitudes, ciertas acciones’, puede ser, pero tampoco estoy de acuerdo. En dado caso los responsables son ciertos sectores de la humanidad. Algunas decisiones mal tomadas por las esferas del poder de algunos gobiernos no son nada en comparación de los millones de pobladores de un país que en su inmensa mayoría está conformado de personas buenas. Lo mismo pasa con el resto del planeta. Somos más quienes amamos la tierra, a sus animales o el vivir en paz. Sólo tenemos que cambiar algunos hábitos y entender de una vez por todas que no importan nacionalidades. Ser mexicano, japonés, hindú, norteamericano, peruano, australiano, camerunés, polaco, francés, hondureño, brasileño, o de cualquier otra región del país no nos hace ser ni menos ni más a los demás, sino iguales. Bendita palabra.

El sufrimiento de un japonés vale lo mismo que el de un anciano en las zonas marginadas de mi México. En el llanto no hay valores cambiarios ni balanza que mida pesos específicos. Quiero hablar de Japón, enaltecerlo y desear que salga adelante. El que lo hagan curará la inquietud de saber que cualquier día podemos ser nosotros quienes nos encontremos en el ojo de la tempestad. Éste post, humilde y mal escrito va para ese pueblo sabio y noble. Hoy por ustedes, mañana por nosotros, siempre por todos. No importa cuántas veces tenga que escribir sobre tragedias. Quiero hacerlo porque no quiero perder la capacidad de asombro. Porque el ver los altibajos de la vida nos hace estar alerta de lo que venga. Una de las funciones de éste blog es documentar el presente.

Aquel oso panda asustado nos dio una gran lección. A confiar en lo que somos y tenemos. Vas a salir de esta Japón, van mis oraciones por ti.

4 comentarios:

Wilmer Avila dijo...

Una oracion que todos elevamos.

XND dijo...

http://purpleslinky.com/offbeat/my-secret-life-as-a-panda/

keiSha dijo...

Hay cosas que superan mi entendimiento (tanto mental como emocional) es por ello que no he querido indagar mas a fondo sobre lo que ha pasado en japón mas que pedazos de información que se encuentra uno en todo tipo de redes sociales.

Este tipo de situaciones realmente me afectan, sin embargo, aprecio nos regales tu sentir por medio de este blog. Entiendo que la situación por la que pasan no es fácil y tampoco podemos estar comparandola con otras tragedias ya que cada una afecta de manera distinta y no podemos hacernos tampoco ojos ciegos y oidos sordos a lo que pasa.

Si la ayuda es necesaria, es nuestro deber moral como seres humanos brindarla.
Yo también tengo en mis oraciones a los japoneses, así como a los haitianos que por lo visto muchos ya se han olvidado de ellos y de muchos otros más.

(conclusión, porque ya me extendi como muchisimo) sólo digo que es un horror lo que viven seguramente en Japón en estos momentos, y que precisamente por esa situación, no nos olvidemos de todos los demás que también sufren. Si no podemos ir a Japón a ayudar a esas personas, entonces, tendámosle la mano al vecino de enfrente o al de a lado o al de atrás...

Como siempre. Un gusto leerte.
Saludos!

gabriel revelo dijo...

Wilmer: Gracias, es lo mejor que podemos hacer.

Jonhy: Sin saber el origen de la imágen, el mensaje sigue siendo el mismo. Un saludo.

Keisha: Gracias por tu valioso comentario. A mejorar en lo individual, para sanar un poco éste cansado mundo.