miércoles, 28 de septiembre de 2011

El extraño placer de arrojarle pájaros a los puerquitos verdes



Solía ser feliz con mi BackBerry. Con ella me sentía el rey del universo. Poder tuitear, mandar correos electrónicos, revisar mi Facebook y hacer consultas online con sólo mover un par de botones con mis dedos me hacían sentir invencible. Según yo, podía hacerlo todo. Entonces me enteré de la existencia de un juego demoniaco y de moda. Adictivo como el tabaco y divertido como programa de Chespirito. Lo malo es que está maravilla estaba disponible para la mayoría de las plataformas de smartphones… menos para BlackBerry. Así me volví anticuado, infeliz y pasado de moda.

El dichoso jueguillo lleva por nombre Angry Birds. Su trama es sencilla pero ingeniosa. Sucede que a un grupo de simpáticos puerquitos verdes se les ocurre robar los huevos de un nido. Esto desataría la furia de unos pájaros maniáticos y con instintos suicidas, que con la ayuda de una resortera gigante, deciden lanzarse e impactarse contra las construcciones de los pobres marranitos para matarlos y recuperar los huevos hurtados. Sé que es una idiotez, pero me moría de ganas por experimentar ese bizarro placer de arrojar pájaros, y destruir cuanta estructura fuera posible. Por meses busqué la manera de poder jugar Angry Birds. Al no tener éxito, comencé a olvidar la idea de ser parte de la moda.

Afortunadamente, cuando eres de buenos sentimientos y corazón puro ocurren milagros, y así me pasó cuando sin mayor propósito googleé Angry Birds. El primer link que me apareció decía ‘Angry Birds Chrome’. Yo, que desde hace un par de meses dejé de usar el horrible Internet Explorer para emplear Google Chrome, no cabía en felicidad de sólo imaginar la posibilidad de por fin poder jugar en mi PC, el juego para móvil más exitoso de todos los tiempos. Dejé de hacer lo que estaba haciendo. Le di click… y fue la locura. Durante horas no me despegué de mi laptop. Mi mundo fue esto:



Efectivamente, Angry Birds (al menos la versión para Google Chrome) es lo más adictivo que puede haber en el universo. Uno comienza por curiosidad, con el deseo de pasar uno o dos niveles ‘nomás por no dejar’, y terminé obsesionado en cuestión de minutos. La música es envolvente, los personajes medio neuróticos son comiquísimos, los sonidos de los pájaros al estrellarse o las cosas al derrumbarse son realistas y divertidos. Vaya, incluso el ritmo y precisión que se maneja cuando las guaridas de los cerdos comienzan a derrumbarse están tan bien planeados, que uno no puede sino entregarse al delirio colectivo. Podrán decirse muchas cosas, pero uno no puede entender lo que es el fenómeno Angry Birds hasta que no avienta el primer pájaro, y descubre así que las posibilidades con cara tiro son infinitas. El tener éxito en el triunfo de la enfurecida parvada depende a veces de la estrategia, otras de la suerte, o de lo mucho que llevemos practicando.

El colérico pajarillo rojo, el efectivo y más fuerte amarillo, los pequeños azulillos que en conjunto son capaces de la peor de las destrucciones, los gordos blancos que arrojan huevos y los negros explosivos. Todos entrañables. No sólo quiero aventarlos. También quiero poseer cuanta chuchera venden con su imagen. Y claro, también están los villanos de la trama, los pobres puerquitos verdes a los que tarde o temprano se les termina teniendo estima. Así es el universo Angry Birds, aquel del que por cierto, es casi imposible escapar. Quizá la única manera de hacerlo y volver a recuperar con ello la vida, sea terminar con todos y cada uno de los 70 niveles, y salvar así los huevos robados. Fue lo que hice, después de dos días logré acabar el juego. No lo podía creer. De pronto los chillidos de los pájaros y sus gritos de guerra, la música adrenalinica, las caras de puerquitos golpeados y el sonido de las cosas al caer y romperse cesaron. Y así, dio paso la depresión post Angry Birds.

Días después sigo buscando la manera de continuar éste idilio. Miro aun con más envidia a quien posee algún Smartphone en el que sí se puede disfrutar de Angry Birds. Vuelvo a jugar la versión para Google Chrome en mi lap, pero sin el reto de sortear nuevos niveles ya no es lo mismo. Vuelvo a estar pasado de moda, y lo peor, es el ansia (mezclada con una vana esperanza) de encontrar una nueva alternativa para vivir nuevas aventuras junto a mis amigos alados. Por lo pronto estoy en plena recuperación, así que si me ven cerca y sus teléfonos tienen instalada cualquier aplicación referente a Angry Birds, aléjenlos de mi. No me hago responsable.

Si leen estoy y aun no conocen Angry Birds y les parezco exagerado en mis apreciaciones, les dejo las ligas para que lo jueguen bajo su propio riesgo. Les recuerdo que es necesario que tengan instalado el navegador Google Chrome.
Para descargar Google Chrome den clic aquí.
Para jugarlo online, den clic aquí.
Para descargarlo en su PC y jugar sin necesidad de estar conectados, den clic aquí.



Duda existencial

¿Por qué, si los Angry Birds están tan desesperados por rescatar los huevos de la parvada, los pájaros blancos usan sus propios huevos como proyectiles? Mueren más huevos en la batalla, que los que intentan salvar… interesante apología de una guerra real.

3 comentarios:

OmaruS dijo...

PUes a mi no me gustó, se que no es mal juego, pero me llega a desesperar y me frustra en lugar de divertirme, lo llego a jugar de vez en cuando ya que lo compré pero no me animaría a bajar las otras ediciones (si hay mas muahaha)

Rodrigo Contreras dijo...

Genial juego. Qué chico que sigues escribiendo. Por el puro gusto. Por las puras ganas de hacer otra cosa más que escribir. Un abrazo!

gabriel revelo dijo...

OmaruS: Arghhhhh, y pensar que tú que lo tienes no lo valoras jajaja. Ni hablar, hay gustos para todos. Igual y otra edición termina por engancharte más.

rodrigo: pues sí, acá andamos. gracias por darte una vuelta por tu espacio. te mando un gran saludo y nos seguimos leyendo.