lunes, 31 de mayo de 2010

Up and Coming (la noche que escuché a una leyenda)


Sigue sin caerme el veinte. Sé que estuve ahí, pero aun no soy capaz de dimensionar lo que presencié aquella noche. No debe requerirse mayor explicación al siguiente enunciado: Vi y escuché a un Beatle en concierto.

Todo sucedió el 27 de mayo. 15:30 de la tarde, intento dormir un par de horas para llegar más descansado al concierto. Inútilmente doy vueltas en la cama, sólo logro ensoñar unos 50 minutos. Comí, me bañé, el cielo se nubló, saqué al perro a pasear, cayó una lluvia un poco fuerte. Esperé que llegara mi hermana. Finalmente salí de casa a las 19:30. Gracias al MetroBus, llegué rapidísimo a las inmediaciones del Foro Sol e inmediatamente comenzó la peregrinación hacia uno de los accesos. El cielo se nublaba un poco más, por si las dudas compré una capa de plástico. Las legiones de fanáticos caminando alrededor del Autódromo Hermanos Rodríguez iban engrosándose, ¿el ambiente?, ni se diga. Personas de todas las edades con playeras y distintivos de The Beatles; carros con los espejos pintados con leyendas al concierto de esa noche; canciones del cuarteto de Liverpool por aquí y por allá, rompiendo la tranquilidad del atardecer. Faltaba poco para las 9 de la noche, hora en la que Sir Paul McCartney daría el primero de dos conciertos en la Ciudad de México, como parte de su gira ‘Up and Coming’.

Entrar al Foro Sol, verlo lleno, pletórico, cargado de una vibra que nunca había sentido y que por si misma bastaría para explicar lo inexplicable. Da igual si el concierto inició con un retraso de 15 minutos, sobre todo cuando durante ese breve lapso las dos inmensas pantallas que flanqueaban el escenario reproducían una especie de collage con imágenes y videos de los Beatles. Aun no iniciaba nada y aquel ya era un templo lleno de fieles. Las gotas de lluvias que comenzaron a caer, lejos de apagar el ánimo encendió aun más el sentimiento de que estaba por suceder algo inolvidable. Fueron años de esperarlo, de escuchar sus canciones y plantearnos utópicamente la pregunta ¿qué se sentirá oír estas canciones en vivo?

Cuando las luces se apagaron y Paul McCartey apareció en el escenario el tiempo se detuvo. Súbitamente dejó de llover. Ni siquiera viéndolo ni escuchándolo salí de mi letargo. Prácticamente las tres primeras canciones las pasé en shock. Ahí estaba, escuchando canciones que son verdaderos clásicos, ver a una leyenda viviente moverse en el escenario. Todo lo que McCartney hace ‘es muy Beatle’, me susurró mi hermana, cuando Sir Paul hablaba con la audiencia y se ayudaba de unas frases que tenía apuntadas en el piso del escenario; tenía razón, sus movimientos, su forma a veces infantil de jugar y los gestos de su cara. A pesar de ser la primera vez que lo veo en vivo, sentía que lo conocía de años. Y en cierto modo, así es. Gracias a mi papá crecí escuchando a Los Beatles, oyendo historias sobre ellos. En una de sus dos anteriores visitas mi papá intentó ir a ver a Paul pero decidió dejarlo para otra ocasión pues ‘había otras cosas en las que gastar el dinero’. Unos diez años después, estaba en el Foro Sol disfrutando ese concierto en nombre de los dos, cumpliendo uno de sus sueños y entendiendo completamente el por qué de su fascinación por la música de The Beatles. Por eso, mientras Paul cantaba ‘Let It Be’ hace dos días, no pude sino voltear al cielo y darle las gracias por haberme inducido a la Beatlemanía. Pensé que en algún punto del concierto lloraría, no pude, la alegría era tanta que sólo atinaba a sonreír. Casi 68 años y ya quisiera la mitad de su energía.


Quienes hayan asistido al par de conciertos de Paul en México no me dejarán mentir. Es imposible explicar lo que se vivió. Quizá lo más aproximado sería el reconocer que el fin de semana me la he pasado recordando momentos del concierto, instantes en los que de plano la respiración se me detenía y el alma amenazaba con escaparse en cada nota musical. En esta colección de recuerdos está la intensidad de ‘Live And Let Die’ y los espectaculares fuegos artificiales que acompañaron esta interpretación; la luna y el cielo despejado, ya sin las nubes tormentosas de la tarde, mientras escuchaba ‘Black Bird’; la sincronización con la que el público encendía y apagaba sus encendedores al son de la música y la sorpresa de Paul al presenciarlo; los arreglos magistrales de ‘Something’, interpretación dedicada George Harrison; el público entregado cantando el clásico “na, na, nananana, nananana hey Jude”; mi piel chinita en ‘A Day in the Life’; el Foro entero bailando ‘Obladi Oblada’; el silencio respetuoso e imponente que acompañaba cada acorde de ‘Yesterday’; el sentimiento encontrado entre los asistentes de aquel momento, esas horas, presenciábamos lo mejor que la historia de la música podía darnos. Pasamos la vida escuchando leyendas sobre The Beatles, cantando y disfrutando sus canciones, ahora que finalmente éramos testigos de lo que sabemos inmortal, nuestra percepción sobre esa música raya en lo divino.

Sigo tocado, no puedo dejar de escuchar esas canciones que me recuerdan toda una vida. Fue una noche inolvidable que nunca olvidará ninguno de los asistentes. No fue un concierto, fue presenciar la esencia de la música que cambió al mundo para siempre.

3 comentarios:

OmaruS dijo...

Que curioso... tu viviste varias cosas al contrario que yó.

Sabia que no me defraudarias y escribirias algo digno de recordar (para mi jeje).


Gracias, escribiré mi vivencia y te aviso.

Saludos!!

Latamoderna dijo...

Fue una GRAN noche... ya lo había visto pero esta vez fue excepcional!!!!

gabriel revelo dijo...

OmaruS: leí tu blog y me gustó tu post. no vivimos cosas tan diferentes, el sentimiento central es el mismo. me da gusto que también lo hayas vivido.

latita: en efecto, no se cómo fue tu anterior vez, pero esta fue una maravilla. gracias por la visita, un honor. saludos!