sábado, 6 de octubre de 2007

Mi enojo con Dios

Los sábados suelo lavar mi auto. Casi como una regla escrita, cada que lo hago llueve. No importa si el día está soleado y sin nubes; me basta con enjuagar el vehículo para convocar tormentas y dejar como mentirosos a los meteorólogos. En broma siempre decía que Dios lo hacía a propósito. Empiezo a creer que es cierto.

Han sido dos semanas medio difíciles. De por si, cargar con mis soledades y desamores cotidianos ya es un fastidio, como para aguantar que el universo entero se pusiera de acuerdo para llenarme de problemitas por aquí y por allá, llenando de incomodidad el ambiente que me rodea: Me dio diarrea, se venció el seguro de uno de los auto (y no lo puedo usar, por seguridad, hasta que me llegué la póliza nueva), el otro visitó en menos de quince días tres veces el taller mecánico por ‘diversas descomposturas, mi perro Margarito se pasó una tarde entera vomitando, aumentó mi horario y la cantidad de trabajo y mi sueldo siguió casi igual, mi computadora cada día está más lenta y para colmo, no he tenido tiempo de leer. Y yo, cuando no leo, me pongo de un humor insoportable.

No sólo es eso, es el sentimiento de que todo me sale mal, y eso, para un obsesivo como yo, es un infierno. Me basta que no funcione bien algo para que la estúpida preocupación me dure todo el día y se quedé pegada a mi como una sanguijuela dispuesta a absorberme la calma.

Así que una tarde de rabia me atrevía a decirlo: Dios debe odiarme..., o, gracias por nada, o, estoy muy enojado contigo. Las palabras anteriores, han estado escapándose aleatoriamente de mi boca, aun sin saber si realmente siento cada una de esas palabras que por si mismas pesan muchísimo.

No sé si después de escribir esto me sienta culpable, o si al hacerlo, cometo alguna especie de sacrilegio o pecado. No es mi intención achacarle a Dios la culpa de todos mi problemas, y mucho menos hablar mal de él.

De antemano sé que no tengo razón, ni argumentos validos para tomar la postura cobarde y fácil de depositar mis errores en la inmaculada tercera persona del creador. Aunque a mi favor, debo decir que no comprendo porque ese Ser Superior a veces se ensaña con alguno de nosotros al agobiarnos con eventualidades. Sé que es un error compararme con los demás, pero a las personas de mi alrededor parece irles mucho mejor.

Estoy muy idiota. Cuando mi mamá se enteró de mi pleito con Dios me dio una regada, y me la merezco. Tengo casa, salud, amigos, seres queridos y en general, no tengo carencias... pero ¿acaso no los dolores e insatisfacciones del alma son más desgastantes?. Solo soy un inmaduro que no tiene donde esconder la cara por la pena que le causan sus estúpidos problemas.

Que alguien me diga que hay guerras, enfermedades y hambre, que me abran los ojos y me quiten esta superficialidad que sólo estorba. Que le dejé a Dios en paz y me ponga, mejor, a poner en orden el caos de mis ideas. Seguramente si me detuviera un momento a ver salir el Sol, entendería que todo es una orquesta perfecta.

Esta madrugada de sábado me siento mejor. Supongo que Dios no tiene nada que ver con mi incapacidad de ser feliz, y que a pesar de todo, este enojo se disolverá en vergüenza.

No sé cómo me atreví a publicar esto... perdóname Señor, es el vacío de amor el que me hace escribir tonterías como ésta.

6 comentarios:

Gonzalo Del Rosario dijo...

Ya lo decía César Vallejo: "Yo nací un día que Dios estuvo enfermo".

Todos nos hemos sentido así alguna vez.

Pero qué se puede esperar . . . somos solamente unos pobres y tristes seres humanos, intentando sobrevivir a este mundo de mierda.

Suerte.

la dueña dijo...

A TODOS NOS LLeGA LA PRIMERA VEZ QUE ODIAMOS A Dios .

topo dijo...

Aquello del mundo de mierda no se queda nada corto. Sería hipócrita dar recomendaciones cuando suelo sufrir de dolores similares a los tuyos. Lo mejor que te puedo decir es q transformes eso en literatura, si es que eso te regala alguna alegría. Y piensa que estamos aquí nada más de paso; llegará el fatídico día donde no podremos ni siquiera sufrir...

Fernando Nerú dijo...

Es un sentimiento que nos aqueja alguna vez en la vida, pero al madurar uno va desechando todos esos sentimientos negativos, que muchas veces afloran ante cualquier eventualidad perturbadora...
Somos imperfectos, paganos e impuros y de lanios profanos, solo nos queda querido Gabriel refrenar esos sentimientos oscuros y reconocer el gran amor de Dios y reconocer que el amor y la vida es ÉL.

Recibe un gran abrazo a la distancia y recuerda las cosas mejoraran querido amigo...

Ruben Angel dijo...

Sí, Dios no te quiere.

Dios no quiere a nadie, no teien sentimientos, no nació, no le duele nada. Pero tampoco se divierte con tu dolor, o por lo menos eso me ha dicho

SOL dijo...

Dios, ese mae me ha visto en mis peores berrinches monumentales, lo bueno es que él sabe por qué hago y digo las idioteces que digo y hago...
agarrate con Él, por experiencia te digo que es mejor asi, al final cuando uno tienen bronca con alguien es mejor decirselo
besos