martes, 22 de noviembre de 2011

Sailor Moon y yo (parte 1 de 2)


Hace más o menos un año, en éste blog les conté como mi educación sentimental proviene de las caricaturas. Desde que era niño, veía los dibujos animados fijándome más en las historias de amor y desamor de la trama, que en las batallas o peleas que en teoría, deberían ser las que me emocionaran. Sin embargo, en ese post omití (no sé si por error, pena o simplemente quería guardarme el secreto muy para mí) el nombre de una de las series que más laceraron mi corazón ya no de niño, sino de adolescente ‘enamorado del amor’. Señores, confieso que fui fanático de Sailor Moon.

La primera vez que vi esta caricatura iba en segundo de secundaria. A diferencia de mis compañeros que escuchaban música de rock, jugaban deportes bruscos y hacían chistes vulgares de las mujeres, yo vivía en un mundo muy ajeno al de ellos. Mi cotidianeidad no era anhelar ser el mejor en algún deporte (aunque ya desde esa época me gustaba mucho el futbol), ser el que mejor peleará a golpes o tener el record de manosear muchachas, no, lo que yo añoraba con toda el alma era enamorarme. Verme reflejado en los ojos de alguien más y escuchar de sus labios que para esa persona yo era importante. Escuchaba a Fey, pero sólo sus canciones tristes o cargadas de miel. Jugaba a ser un héroe pero centraba mis historias en obtener el corazón de le heroína y no en derrotar a los malos, los cuales la mayoría de las veces actuaban sólo como escenografía para hacer lucir más el romanticismo.

No estaba enamorado de nadie en especial, es más, ni siquiera convivía con mujeres debido a que mi escuela era sólo para varones. Por cierto, detestaba estar en el colegio, pues ahí sólo encontraba lo contrario a lo que buscaba: labergones que casi no hablaban de ‘ellas’ y cuando lo hacían, era para referirse a ellas como objetos de los cuales sólo se podría obtener satisfacciones sexuales. Por eso prefería no participar mucho en sus conversaciones, y probablemente a eso se debió que en esa época no tuviera muchos amigos. Para colmo, si bien antes (e incluso después) fui un estudiante de buenas calificaciones, algo pasó que comencé a bajar notablemente mis calificaciones. La verdad, es que estaba demasiado ocupado en pensar en el amor, que lo demás me parecía poco importante. En esas tardes en las que añoraba estar en mi cuarto, único lugar en el que podía darle rienda suelta a mi mente, descubrí por accidente el primer capítulo de una caricatura poco conocida en México. El que sintonizara justo ese canal, en el momento en el que esta iniciaba fue una casualidad afortunada.

Así vi por primera vez un episodio de Sailor Moon. De inmediato me identifiqué con Serena, una estudiante de secundaria algo distraída, cuyas calificaciones no eran nada buenas y que deseaba conocer al chico de sus sueños. Una chica en apariencia común y corriente, un tanto inmadura y torpe. Ese primer capítulo termina cuando Serena descubre que en realidad es una Sailor Scout y que su deber es luchar por el amor y la justicia. Gracias a los poderes que Luna (una gata que habla) le revela, Serena aprende a transformarse en una heroína que librará temibles batallas contra horribles criaturas que quieren apoderarse del alma de las personas. Quitando los poderes y el traje de marinera… Serena era mi versión en niña.

Desde entonces mis tardes se cubrían de nostalgia. No sé porque cada capítulo de Sailor Moon me ponía triste. Poco a poco la serie fue agregando personajes. Otras cuatro jóvenes en apariencia normales descubrieron que también tenían poderes y se unieron a Serena para proteger al mundo. Así conocía a las sailors Mercurio, Marte, Júpiter y Venus. Disfrutaba las partes en las que la historia se centraba en la acción, pero era en los momentos románticos en donde realmente quedaba atrapado por la trama. Sailor Moon misteriosamente era salvada por un extraño y elegante sujeto llamado Tuxedo Mask. Poco a poco entre ambos personajes comenzó a surgir un entrañable romance que varias veces me hizo llorar. Serena nunca sospechó que la identidad de aquel paladín justiciero era la de Darien, un chico que la molestaba cada que se encontraban. Sé que pueden leer esto y pensar que era una ridiculez conmoverse por una historia así, pero en verdad me pasaba.

Llegué a sentir tanto apego por esta caricatura que me imaginaba mi propia versión de la historia en la que Sailor Moon era hombre. Hasta comencé a comprar las figuritas de las sailor scouts que sacó la marca de juguetes Bandai. En una ocasión se me ocurrió llevármelas a la escuela en la mochila. En un descuido mis compañeros las descubrieron. Por cerca de un mes recibí todo tipo de burlas. Me dijeron homosexual, afeminado, que esas cosas ‘eran de viejas’, etc. Y yo con ganas de responderles a gritos que aquella serie no era para niñas, sino para personas con alta sensibilidad al amor. Lo cual, ahora que lo leo, también me hubiera ocasionado un sinfín de burlas. Aun así no me importó. Seguí viendo religiosamente cada episodio. Disfrutando cuando la trama se centraba en el amor y la amistad.

Así pasé dos años.

Vi gran parte de la serie a la que llegaron muchos personajes nuevos.

Entré a la prepa que ahora ya era mixta.

Conviví con más mujeres. Si bien el amor seguía proyectándoseme como algo que no comprendía por lo menos mis enamoramientos ya tenían nombres y rostros. Fui perdiendo el interés de a poco en Sailor Moon. Sentía que cada capítulo era lo mismo: destruir al malo que quiere apoderarse del diamante, corazón o alma de una persona pura, siempre usando el mismo truco… y ya.

Un día ya no vi Sailor Moon, y aunque ocasionalmente me acordaba de la serie no volví a mostrar demasiado interés en ella…

hasta hace poco… cuando me reencontré con Serena y compañía…

6 comentarios:

Silvia... dijo...

pues yo diria: ya estamos grandes para estas chingaderas, pero; que pinche bonito es estar enamorado... aunque sea enamorado del amor...
ahhh.... hubieramos sido buenos amigos si nuestros tiempos y lugares hubieran coincidido bye....

Silvia... dijo...

p.d. adoraba a Darien...

Anónimo dijo...

A mi tambien me gustaba s.m pero casi o la veia... tambien coleccione estampas q aun no puedo tirar a mis mas de 30 años, quisas algun dia las regale!
Estamos en contacto : )
Ange C.M

gabriel revelo dijo...

silvia: gracias por tu visita por éste blog, ¡vuelve cuando gustes!, y sí, es bonito. pd. a mi no me gustaba darien.

ange carreón: como siempre un gusto leer tus comentarios. algo tienen estas series que uno no puede olvidarlas. un abrazo.

rina_ sunshine dijo...

No sé como me deja esta parte: Sailor moon es un anime para "personas con alta sensibilidad al amor" :S Diría que hasta me saltaron los colores hahaha

Vi la serie en mi adolescencia y hace un par de semanas me puse a verla otra vez.

Lo curioso es que la primera ocasión en que la vi era una cínica y puedo reafirmar que yo no era una serena en busca del amor.

¿Será que ahora tengo algo de esa torpe chica que he decidido verla nuevamente tras largos años de apenas recordar que existía?

Eso me inquieta demasiado ¬¬

gabriel revelo dijo...

rina: gracias por tomarte tu tiempo en leerme y más aun, por el detalle de escribir... respecto al post, definitivo, Sailor Moon se disfruta más con el paso de los años. saludos!!!