lunes, 25 de mayo de 2009

Bowling Night


No es una ley escrita aunque uno esperaría que hacía sea. Algunas veces los talentos se heredan, otras no. A veces el gen está ahí, esperando cualquier pretexto para salir y probar suerte. ¿Nueva persona, mismo árbol genealógico, similar talento?

Sin atreverme a enfrentar la respuesta, durante años esa pregunta me rondó la mente. Cuenta la leyenda que mi papá era un gran jugador de boliche. Tan bueno que ganó muchos torneos y premios en su juventud. En mi casa había muchos trofeos, mismos que mi mamá (tan linda ella) se encargó de ir tirando a la basura. Ver esos reconocimientos y crecer escuchando las narraciones de esas epopeyas (como aquella de la vez en la que se ganó un viaje a Acapulco al ganar un ‘Moon Night’) sembró en algún lugar de mi cerebro la idea de que algún día probaría suerte en el deporte de los pinos.

Mi papá se fue (bueno, no se fué, se murió) hace unos años sin que tuviera oportunidad de enseñarme de manera práctica los secretos del boliche. Aunque varias veces me habló de la teoría nunca pude llevarla a cabo de manera tangible. Jamás había hecho el menor intento de jugar boliche, hasta hace dos fines de semana, cuando fui con mis mejores amigos.

Si bien, la idea de salir una noche de viernes e ir a un boliche me resultaba divertida, un cosquilleo nervioso me decía que aquella, más que una salida, sería mi encuentro con el pasado, el probarme si como en casi todo, traigo pegados los genes Revelo hasta lo más profundo de mis huesos. Estaba consciente de que mi primera incursión en este deporte pintaba para no ser nada espectacular. En mi vida había ni siquiera había agarrado una de esas bolas con hoyos, mucho menos me había calzado uno de esos horribles zapatos y menos, entendía gran cosa de las reglas. De todas formas la curiosidad no me dejó echarme para atrás.

Un boliche sobre Avenida Universidad. Como la temática era ‘noche disco’ la oscuridad se entremezclaba con luces neón, de colores y bolas de vidrios ochenteras. La música pop sonaba mientras el autor de este blog se quitaba sus pintorescos tenis Panam amarillos para calzarme unos zapatos de señor que me quedaban medio grandes. Esto último, dadas las circunstancias, era una graciosa y cruel apología del destino. Lo que menos quería era estar en unos zapatos grandes que por genética, se supone que debería llenar de talento. Entonces tuve mi primer contacto con el mundo del boliche. Sin saber qué buscaba elegí una bola y empecé a hacer lo que los demás hacían. Acomodamos los turnos de tiro en el monitor… sería el tercero.

Dos minutos después estaba frente al fantasma de la duda. El desgraciado me susurraba que no podría, que el que mi papá hubiera sido un jugador excepcional no garantizaba en lo absoluto que yo también lo fuera, que si quería salvar el orgullo y dignidad de la familia, mejor me retirara sin hacer el ridículo. No tengo ni idea de cómo pero me animé a sacar el primer tiro que seguramente no fue nada ortodoxa. La bola, contrario a mi presupuesto y a la lógica, no se fue hacía ninguno de los lados, sino que siguió un curso bastante recto, respetable diría yo. El primer impacto tiro 7 pinos. Para alguien que en su vida había intentado semejante locura aquello fue un logro. Del segundo tiro ni hablar, se fue por un carril de los lados.

En la primera partida descubrí que en verdad soy un desastre y que eso de los genes no tiene porque ser una ley universal. Tras la primera partida de nueve líneas quedé en la quinta posición de… cinco contendientes. Me puse de malas. Mi cara de pocos amigos afloró y durante un buen lapso de la noche estuve intratable. Una mezcla de vergüenza, decepción y coraje me hacían sentir como el peor jugador de la historia del boliche.

Jugamos dos partidas más. Y entonces ocurrió, el fantasma se calló. No fui brillante ni pude conectar una sola chuza, pero con cada tiro me fui sintiendo más cómodo. Algo dentro de mi (aun no sé darle nombre), fue haciendo que, de a poco, fuera entendiendo que algunos movimientos y el jugar con la intensidad de la fuerza de los tiros podían hacer que me defendiera bastante bien. Dos segundos lugares. No fui el jugador que el mundo esperaba pero al final fui competitivo e hice un papel bastante digno. Si una sola noche me bastó para avanzar tanto en el desempeño de mi juego, quizá haya algo de esos genes de campeón que recorren mi cuerpo.

El boliche como deporte puede llegar a ser apasionante. Ahí dentro de ese ambiente algo que invita a una extraña camarería y a una sana competencia. De entregarme a esa pasión, no dudo que podría volverse una de mis pasiones y por qué no, podría encontrar que soy bueno para algo más que para tener un blog y escribir cosillas. Desde aquella noche la invitación a volver me sigue y a ratos se torna seductora. Mientras veo si me dejo o no atrapar por ella, puedo ir tachando un pendiente menos de mi lista: ya jugué boliche, y no soy tan malo.

El autor del blog y una foto de aquella noche.

5 comentarios:

Luna Cereza dijo...

Yo creo que usted si lleva el don en la sangre, sabe?
Jugar boliche es algo bien dificil, prefiero el billar, es tan apasionante y adictivo!
Mi papá era buenísimo en el dominó, siempre ganaba mucho dinero. El decía que era un juego de inteligencia. También jugaba ajedréz y lo hacía muy bien.
Qué gusto que el recuerdo de tu papi te haya orillado a jugar, yo voto porque lo sigas intentando.
Ahora, lo importante: encontré tu blog en los favoritos de Victor, leí tu entrada y me gustó. Te agregué a mi lista de blogs que suelo visitar, espero que no le moleste, porque está entretenido.
Creo que por hoy es todo, luego regreso, vale?
Bye

Jessie dijo...

Buenas Gabrielito, mirá que leí tu post 2 veces y no entendí nada.

Se puede jugar en un boliche? más yo creo que fuiste a un lugar para bailar por lo de las bolas de cristal discotequeras, creo que fuiste a una discoteca.

Y qué es Moon night? a poco bailaron música disco a la luz de la Luna? eso suena genial, si a mí también me encanta la música disco.

Y de lo del juego, me parece que fuiste a jugar bolos en una bolera, cierto?

Y lo último, se puede hacer deporte con pinos? en el Norte de Céfiro hay un bosquesillo lleno de pinos, pero ninguno sirve para hacer deporte.

Y cómo es eso de que los pinos estaban adentro de la discoteca? que eran pinos artificiales?

Te digo, eso entendí, pero no creo que sea el caso, verdad? parece mentira que hablamos el mismo idioma, que no?

Y por lo de los genes, esque unas se heredan, y otras se aprenden. Lamento lo de tu padre, pero dicen por ahí que los pibes se parecen más a la mamá (por dentro y por fuera), y las pibas nos parecemos más a nuestros papás (por dentro y por fuera), porque creés que siempre menciono a mi papá y digo que seguro algún día seré como él? y mi figura materna viene siendo mi abuela.

Bueno, ya me voy a leer el comment anterior.

Te saludo y me despido

Atentamente:
Jessie (si a veces creo que soy una burra, porque no entiendo).

Jessie dijo...

Buenas Gabrielito, ya volví, y mejor te mando lo que sigo pensando por mail, en privado.

Te saludo y me despido otravez.

Atentamene:

Jessie

Latamoderna dijo...

1), ¿dónde compraste tenis panam?
2) quiero la playera de puerco de tu amiga.
3) yo realmente soy un desastre para el boliche. Doy PENA. Pero estaría chido intentarlo.
4) ese lugar siempre tiene luces de neón y música pop, jajaja. Bueno, yo vivía enfrente y entré sólo un par de veces.

:)

gabriel revelo dijo...

luna: gracias por visitar éste blog y más por tomarte el tiempo en comentarme. pues sí, el don esta ahí y aunque no me obsesionaré con perfeccionarme si practicaré más seguido. para nada me molesó que me agregaras, al contrario, regresa cuando quieras.

jessie: en mi caso la figura paterna es muy fuerte. aquí en México el boliche es jugar a los bolos (a los que también se les dice pinos). supongo que de ahí viene la confusión jeje. gracias, como siempre. ya leí tu mail.

lata: 1. los compré en una zapatería de un centro comercial (medio feo la verdad) llamado plaza oriente, de por mi casa. 2. está padre verdad, le preguntó y te digo dónde la compró ¿va?. 3. intentalo de nuevo, por lo menos la diversión nadie te la quita. 4. de hecho, mi trabajo está muy cerca de ahí. como siempre, un honor que vistes este blog.