miércoles, 8 de junio de 2011

Tequila Sunrise




“…It's another tequila sunrise, this old world
Still looks the same,
Another frame, mm..”
- Tequila Sunrise, The
Eagles


En la singular e inolvidable lista de mis primeras veces, pocas tan memorables, deliciosas y divertidas, como aquella en la que conocí el sabor del tequila. Experiencia tardía pero inolvidable debido al contexto y a lo qué obtuve de ella: el probar un trago que a la postre, se convertiría en uno de mis favoritos.

Sucedió en Acapulco, en pleno viaje de graduación al terminar mis estudios universitarios. En la primera noche los graduados comenzamos la fiesta en uno de los bares del hotel. De pronto el cuento de hadas tomó forma. La chica que me gustaba estaba sola en una de las barras. Llevaba semanas soñando con un momento así, y de la nada, la suerte me sonrío. No lo pensé dos veces. Me acerqué fingiendo un total autocontrol de mi tembloroso cuerpo y me senté a su lado. Intercambiábamos dos palabras cuando el imprudente barman se acercó a mí y me preguntó qué deseaba tomar. Hasta ese instante, era un ignorante en cuanto a licores se refiere. Tomaba cualquier cosa, muchas veces sin saber distinguir aromas o apreciar sabores. Un ignorante que casi echa a perder su velada, al verse como un niño tímido e inexperto, que veía decenas de nombres en la carta de bebidas y no encontraba ninguna que le sonara amigable, y apropiada con el lugar y la situación.

Antes de que mi heroína de cuento advirtiera mi desconcierto, el ahora oportunísimo y discreto barman señaló con la mirada la sección de tequilas. Comprendí la indirecta y di un reojo a mis posibilidades: Margarita, Charro Negro, Lupita o Submarino, por mencionar algunos, pero si un nombre me llamó la atención, fue el de tequila Sunrise. Lo pedí sin titubear. ‘Excelente decisión señor’ fue la respuesta de mi cómplice. En cuestión de minutos, tenía ante mí un vaso cocktelero cuyo líquido amarillo-naranja invitaba a probarlo con urgencia. Una bebida refrescante de agradable presentación, Acapulco y ella. Di un sorbo y mi paladar quedó enamorado. Enfiesté mi corazón y dejé de preocuparme por aparentar algo que no era.

El resto de esa noche es historia. Una de aquellas que al principio raspa, pero al final termina siendo un dulce elixir para el alma, y hasta cura las heridas. Si bien las cosas no salieron del todo bien y nuestro amor llego a su fin, aprendí que el valor de la vida es esperar la llegada de la mañana y la noche con alegría. Aquella fue la primera (más no la última) aventura en la que fui acompañado y rescatado por un vaso de tequila Sunrise.

Un tequila Sunrise no sólo es la exitosa y suculenta mezcla de jugo de naranja, tequila, granadina y hielos; o una
canción de The Eagles; ni el título de una película
protagonizada por Mel Gibson y Michelle Pfeiffer, que en México conocimos como ‘Conexión Tequila’. Para mí es parte fundamental de un importante pasaje en mi educación sentimental y de vida, cuando meses después supe que a esta variedad de tequila también se le conoce como ‘Acapulco’. El flechazo entre trago y degustador se concretó al instante con aquella feliz coincidencia. Han pasado años desde entonces, pero volver a probar uno es como viajar al pasado, a esos años en los que todo era nuevo, refrescante y de vivos matices… como un buen Sunrise.

3 comentarios:

Anónimo dijo...

Ya se me antojo!!!
Un abrazo y salud.
Angelica

Luis Gabriel González Sayago dijo...

Hasta parece historia para comercial.

gabriel revelo dijo...

Angelica: Es rico, las veces que las he probado me han gustado mucho. Eso sí, en la playa sabe mejor.

Luis: La historia es real, pero no estás muy perdido en eso de que parece comercial. Algo hubo de eso.