domingo, 19 de junio de 2011

Rocky Balboa, el boxeador que somos todos



“Después de ver alguna película de Rocky, salía uno de la sala de cine con ganas de comerse al mundo”, dijo en un programa deportivo de ESPN Heriberto Murrieta, periodista deportivo, mientras comentaba la incursión del actor Silvester Stallone, al Salón de la Fama del boxeo, debido a la difusión que dio a éste deporte con la serie de películas en las que interpretó a Rocky Balboa. Qué curioso, yo siento lo mismo después de ver cada una de las seis partes que conforman la saga de uno de los personajes más entrañables, y recordados en la historia de la cinematografía mundial.

No recuerdo si empecé con la 4ta, o la 2da, o la 3ra. Da igual. Sólo sé que aun no cumplía los diez años y ya había visto las primera cuatro partes (que tenía en videos de formato Beta) una infinidad de veces. Lo mismo pasó cuando años después hicieron su aparición la quinta parte, y hace un par de años, la sexta, que por cierto, fue la única que vi en el cine. Fui, por supuesto, uno de esos niños gordos que se enamoró de aquellas historias y se creía Rocky. En secreto usaba la bata de baño de casa, un short, y me imaginaba caminando rumbo al ring, en busca de enfrentarme a terribles oponentes y escenificar así, peleas dramáticas tal y como las veía en mis películas. Crecí, pero nunca dejé de creerme Rocky, por el contrario, cada vez que repiten alguna de las seis partes en televisión me quedó viéndola sin importar que me sepa cada dialogo, cada escena, cada grito o golpe de memoria. Si antes sólo apreciaba el valor y la acción en las escenas de entrenamientos y peleas, con el paso del tiempo voy descubriendo más y más elementos que me mantienen igual o más enganchado que la primera vez.

Y es que Rocky Balboa no es sólo un boxeador que desafió y venció a los mejores de su tiempo. Es un hombre quela mayor parte del tiempo luchó contra la vida. Que vino de muy abajo y casi siempre contracorriente. De corazón noble. Inocente, tonto y torpe al principio. Enamorado del amor, de su Adrian, la mujer que no encarnaba ni a la más bonita ni simpática, pero sí a una mujer común, de esas que nos ayudan a salir adelante. Resulta aleccionador ver la evolución de Rocky y Adrian a lo largo de las películas. Lo mismo pasa con la relación de Rocky con Apolo Creed, su rival en las dos primeras entregas, su entrenador en la tercera y el mayor motivo de Rocky para vengar su muerte vengar su muerte en la cuarta parte.

Ser fanático de Rocky es tener el corazón a flor de piel cada que se recuerdan las enseñanzas de Mickey y su posterior muerte, la épica pelea contra Ivan Drago, la imponente música, los esfuerzos de los entrenamientos, el amor a su hijo, las vueltas del destino y la pérdida de la fortuna, la aceptación de la vejez y el retiro, las agallas de volver y acallar las voces interiores que aun piden seguir en el combate. Momentos sublimes, bien logrados, emocionantes y conmovedores que hacen imposible ver esta película sin ser tocado en lo más profundo del alma.

Dicen que previo a los partidos de la Selección Mexicana, en el Mundial de 1986, Bora Milutinovic les proyectaba el final de las películas de Rocky a los jugadores para motivarlos. Hasta hoy, esa es la mejor actuación nacional en una Copa Mundial. No soy mucho de leer o ver cosas motivacionales, de hecho, para mi Rocky Balboa hace mucho más que motivarme. Me muestra como una vida simple puede convertirse en algo extraordinario. Soportar los embates del destino, caer derrotado, prepararse hasta los límites de lo humano y volver por la victoria. Estar bien con uno mismo, ser fiero e imbatible contra los obstáculos, pero sin perder el amor por respirar.

Pocas cosas me levantan de la lona como ver las secuencias de entrenamiento de Rocky. No sé si Stallone dimensionó el alcance que tendría el personaje que el mismo inventó hace más de tres décadas. Lo cierto es que ya no le pertenece. Rocky pertenece al colectivo popular. A los perdedores que esperamos una oportunidad y sentimos como propias sus victorias, a los deportistas, a esas personas que no tiran la toalla jamás, a los enamorados que dan todo por quien aman. Rocky somos todos.


5 comentarios:

Luis Gabriel González Sayago dijo...

Que buen texto.....hablas de lo que todos hemos sentido al ver este pelicula....es simplemente, un exito total.

gabriel revelo dijo...

Gracias Luis, sí, son grandes películas.

laura veredas reina dijo...

Ahora mismo, estoy viendo Rocky, en una cadena de mi país ( España). Me encanta, sobre todo la famosa escena de la escalera y cuando el llama a Adrianne buscándola al final, importándole poco todo lo demas y ese " TE QUIERO" . La pelicula en sí representa la superación que todos podemos alcanzar con esfuerzo. Ay, mi Rocky... Buen blog :)

gabriel revelo dijo...

laura: esas escenas que mencionas también son de mis favoritas. gracias por tu visita a éste blog y aun más por tu comentario. un saludo desde méxico. bienvenida y vuelve cuando quieras.

Anónimo dijo...

Es un muy buen texo... Y tenes razon todos tenemos un ROCKY BALBOA dentro nuesto desde Argentina te mando un saludo... Y aveces yo tambien me creo Rocky jajaja