jueves, 24 de junio de 2010

Sentimientos de revancha


Justamente un día como hoy, pero de hace cuatro años, la Selección Mexicana fue eliminada por Argentina, del Mundial de Alemania 2006, al caer por marcador de 2-1 en fase de octavos de final. Curiosamente, en un par de días México se enfrentará de nueva cuenta a los argentinos, de nuevo en un Mundial, de nuevo en octavos de final. Cuando la suerte deja de acompañarnos en el futbol, es inevitable añorar a la venganza como bálsamo curativo de la derrota. Aunque en esta ocasión, no imaginamos que la oportunidad llegaría tan pronto.

La vez pasada, aun con el dolor en el alma provocado después de presenciar aquel partido cardiaco que se definió gracias a un golazo de Maxi Rodríguez en tiempo extra, escribí estás palabras:

“No podía haber sido de otra manera. Así son los juegos de un mundial de futbol, por eso cada cuatro años el mundo se paraliza. Por eso, también duele en el alma quedar fuera y resignarse. Nos queda esperar hasta el 2010 para volver a vibrar de esta manera.

Al final, no fueron noventa, sino ciento veinte los minutos de pura tensión, de nervios y oraciones contenidas. De gritar un gol. De mentarle la madre al árbitro. De maldecir nuestra suerte. De querer estar en la cancha para defender esa camisa verde que hoy, luce más linda e imponente que nunca. Más de dos horas de no poder estar quieto, de gritar, de decir una y otra vez ‘vamos México, los tenemos’. Segundos eternos. Difíciles. Inolvidables.

Ayer por la tarde, después de presenciar una épica batalla, el marcador final de golpe me devolvió a la realidad: Argentina 2 – México 1. De nuevo nos quedamos en octavos de final, aunque esta vez luchando como los grandes. Con carácter, con personalidad, dueños de un fútbol por momentos perfecto. ¿Qué si duele perder? ¡Claro que sí, carajo! sobre todo porque fuimos mejores que uno de los mejores equipos del mundo. Y al final, la maldita suerte. Esa que parece tenernos bien tomada la medida. ¿Qué decir de la gente? El país entero respiraba, vivía y gritaba al ritmo de un balón. Millones de mexicanos en un sólo corazón. Después del silbatazo final lloré. Por orgullo, de impotencia, de amor a mi país. No dudo, México, que algún día por fin daremos ese paso. Tu noble gente lo merece. Esa que deja todo con tal de apoyarte.

Gracias Ricardo La Volpe. Gracias México, por haber dado la vida en la cancha. Por hacerme soñar. Por hacerme sentir cada día más orgulloso de haber nacido en esta bendita tierra. Gracias, porque con actuaciones como la de ayer, me demuestras que no hay imposibles; y que vale la pena esperar cuatro años, con tal de vivir la emoción de verte en un mundial. Gracias, por hacerme quererte un poco más cada día.

Algún día llegaremos a lo más alto. Y también estaré contigo, como siempre.”

No había leído estás líneas desde aquella tarde de 24 de junio. Me sorprendí. Como si volviera al 2006, la sensación de orgullo sigue ahí. Nuevamente me emociono y un cosquilleo nervioso de a poco se apodera de mí. Cierto es que la misión parece más complicada que la otra vez. Sólo haciendo un partido perfecto México podrá aspirar a vencer a la Albiceleste, que como nunca, luce temible. Sin embargo, la oportunidad está ahí. Real. Posible. Suficiente para dar como un hecho que el próximo domingo el alma de millones de mexicanos estará en vilo. Ignoró que sentimiento tendré por ahí de las 4 de la tarde, pero si logro sentirme igual de satisfecho que la vez pasada, entonces la espera habrá valido la pena.

Hasta ese entonces, sólo tengo sentimientos de revancha… llegó la hora México. Qué sea una batalla memorable. Claro que se puede.

2 comentarios:

Wilmer Avila dijo...

Depende de muchos factores, incluido el azar, pero fundamentalmente creo que pasa por la actitud con la que salgan a la cancha.

En ese partido del domingo, porsupuesto que voy a celebrar los goles mexicanos!

Un abrazo Gabriel,

Wilmer Avila
OREJAZUL

Luis Gabriel González Sayago dijo...

La teniamos, era nuestra y otra vez... la dejamos ir