martes, 5 de mayo de 2015

Huérfano de peluquería


Estoy pasando por un momento difícil en mi vida pues me encuentro confundido y sin rumbo. Supongo que todo hombre ha pasado por momentos así, y es que ahora mismo me encuentro huérfano de peluquería. 

No es la primera vez que me pasa eso de no tener dónde cortarme el cabello, aunque probablemente la situación nunca me había conflictuado tanto. Pero vamos por partes, soy un hombre rutinario y no me gusta eso de andar experimentando cosas nuevas. Por ello, cuando encuentro una peluquería de mi gusto, puedo pasar años yendo religiosamente a ella. 

1. Mi primera peluquería 

Mis recuerdos más lejanos en ese aspecto se remontan a mi niñez, en una peluquería ubicada por el rumbo de la colonia Viaducto Piedad, en la Ciudad de México, a donde iba ocasionalmente con mi papá cada que visitábamos a mis abuelos maternos. Aquella era una “peluquería de hombres”, de esas que tienen revistas de 10 o más años de antigüedad, cuadros con varios estilos de corte de cabello de los años cincuenta, y claro, el peluquero era un viejito delgado con bigotito al estilo Viruta (el de Capulina).

2. Estética Unisex Chanel

Ignoro por qué dejamos de ir ahí, pero un buen día mi papá y yo cambiamos de peluquería y comenzamos a ir a un lugar llamado “Estética Unisex Chanel”. Aunque para ser honestos, aquel negocio distaba mucho de ser una estética unisex, de hecho, era una peluquería muy similar a la que asistía antes. La única diferencia era que este negocio estaba a unas cuantas calles de distancia de mi casa. 

En este lugar siempre ponían la estación de radio del Fonógrafo, también tenían revistas bien viejas y al cortarme el cabello me ponían una especie de crema espumosa en la nuca, la cual luego me quitaban con una navaja. 

En esta estética atendían dos viejitos. Uno que siempre vestía de manera elegante, y otro, también anciano pero un poco más gordo. La verdad los dos eran a todo dar y se llevaban muy bien, pero rompieron su amistad cuando a la estética entró a trabajar un señor al que le decían La Yiyi, lo cual provocó el enojo del viejito delgado. 

Cuenta la leyenda que un día el viejito delgado y elegante le dijo al viejito más gordo y no tan elegante: 

- “Te dije que el día que metieras a trabajar a un homosexual aquí, yo renunciaría”. 

Y así fue. Por años el viejito delgado y elegante siguió cortando el cabello a domicilio y yo seguí asistiendo a la estética unisex Chanel. Por cierto, La Yiyi sólo trabajó ahí un par de semanas. 

3. Buscando la modernidad

Después de años de ir a la estética unisex Chanel dejé de frecuentarla porque el señor viejito gordo ya estaba muy grande y no siempre abría, además, a esto se sumó mi afán de querer cambiar mi peinado por uno más moderno. 

Y aquí debo hacer un paréntesis. En mi vida solamente he tenido tres cortes de cabello distintos: Raya de lado al estilo Benito Juárez (cuando era niño), Raya en medio (en la adolescencia) y el de ahora, que ni forma tiene, y que adopté cuando busqué un nuevo sitio en el cual cortarme el cabello y llegué a la estética Enchantement Profesionales en Belleza.

Aunque el nombre se escuche rimbombante, tampoco piensen que era la gran cosa, de hecho estaba medio rascuache. Aunque claro, ésta sí era una estética unisex en toda la extensión de la palabra. Ya saben, de esos lugares en donde te lavan el cabello antes de que te corten el cabello y a las señoras les ponen papeles aluminio en el cabeza para parecer astronautas. Por cierto, una de sus grandes ventajas era que se encontraba justo en la esquina de la calle donde vivo. 

Esa fue mi peluquería por unos siete años, hasta que hace unas semanas dejaron de abrir. Los rumores dicen que los asaltaron. 

4. Mi orfandad 

Después de que cerraron esa estética quedé desorientado. Intenté ir a otra estética también cercana a mi casa pero la verdad me dejaron bien gacho y me cobraron el doble (150 pesos) de lo que pagaba en Enchantement (75 pesos). 

Y así va mi vida. Tiene más de un mes que no me cortó el pelo y siento que ya parezco albañil. La bronca es que no sé a dónde ir, no tanto porque tema por el resultado del corte (pues nunca me gusta cómo quedo pues siempre parece que me mordió un burro) sino porque me da una pereza enorme eso de andar perdiendo el tiempo probando nuevos sitios. 

Por lo pronto no sé si dejarme el pelo más largo (aunque insisto, siento que me veo como cavernícola) y cambiar de corte. Ya les contaré qué pasa en los siguientes días. 

Sí, ya sé, tengo una vida muy complicada.

2 comentarios:

Partido Social Player dijo...

JAJAJA... buena historia... yo la verdad tengo ya como 3 años que me corto solo el cabello, ya que me parece un alto precio que un corte de cabello cueste un salario minimo cuando barato lo encuentro, eso sin contar que no siempre me lo dejaban bien.

Comparto contigo el hecho de haber visitado la misma estetica durante años, y deje de hacerlo cuando me parecio caro el corte de cabello...

Despues de varios años de cortarme yo mismo el cabello creo que ya tengo técnico, tanto que lo presumo en mi casa y hasta he dicho que abriré una escuela de autocorte de cabello...

Nestor Manuel dijo...

ja ja ja ja no se que paso pero me gusto mucho tu blog, legue aqui por lo de los cargos extra en cinepolis del 2013 creo y leyendo esto del cabello me doy cuenta que no soy el unico, en mi caso tengo un cabello rebelde y aunque vaya al mismo sitio nunca me cortan el cabello igual