lunes, 7 de noviembre de 2016

Viviendo con una piraña


“Cirilo es como un dolor de huevos, pero de los bonitos”

Tengo casi tres meses viviendo con una piraña llamada Cirilo. No es precisamente un pez carnívoro del Amazonas, pero es casi lo mismo. 

Esta aventura comenzó hace unos meses, cuando Tania y yo, después de estar ya casados y viviendo juntos, sentimos que a nuestro recién estrenado hogar le hacía falta la alegría de un perro. Después de hablar varias veces sobre el tema llegamos a la conclusión de que tarde o temprano tendríamos un can en casa, aunque desconocíamos cuándo ocurriría o cómo sería.

“Llegará cuando tenga que llegar”, nos dijimos varias veces. 

Y la espera no tardó mucho. Quiso el destino que los astros se alinearan y tuviéramos la oportunidad de hacernos de un pequeño pug negro bebé al que Tania tuvo el tino de llamar Cirilo (yo prefería ponerle Will Smith, pero donde manda capitán no gobierna marinero). 

Ingenuamente pensamos que un pug sería ideal para un departamento como el nuestro, pues en el imaginario colectivo los perros de esta raza son amigables, tranquilos y medio holgazanes. El primer día que pasó en casa Cirilo parecía cumplir con ese estereotipo, pues era una diminuta bolita negra y peluda que ni siquiera se atrevía a salir de su camita y que dormía todo el día. 


Aquellos primeros días que pensábamos iban a ser caóticos en realidad fueron de lo más tranquilos… hasta que poco a poco Cirilo agarró confianza y mostró su verdadero yo. 

El Cirilo real es hiperactivo, se despierta temprano y duerme tarde, es terco como mula, enojón y muerde todo lo que encuentra a su paso: muebles, ropa, manos, pies, cobijas y hasta acero. Sí, acero. Queremos pensar que esa compulsión se le pasará cuando crezca, o que tiene que ver con su próxima muda de dientes, o a que tiene el Diablo adentró. 

Tania y un servidor hemos intentado todo para calmar el apetito mordedor de Cirilo. Desde regañarlo o fingir que lloramos para que entienda que eso no se hace, hasta dejar de jugar con él cuando tiene esa conducta. Como ya se imaginarán hemos fracasado rotundamente y ya nos hicimos a la idea que no tenemos un pug, sino un pacman maniaco para quien el resto del mundo, y sobre todo nosotros, somos frutas de colores que le dan puntos extras. 

Vivir con Cirilo no es fácil. Es antojadizo, nos sigue a todas partes y continuamente nos bombardea con los gases mortíferos que salen de su rechonchita humanidad. Y sin embargo su llegada nos ha hecho muy felices. Basta verle su carita para perdonarle cualquier desastre y comprobar que somos muy afortunados de tenerlo a nuestro lado como el tercer elemento del clan Revelo-Muñoz. 


Siempre he pensado que los perros son ángeles con cuatro patas que están en este mundo para recordarnos que el amor puro y desinteresado existe. Soy un afortunado pues Margarito, mi primer perro, aún vive y a sus 17 años sigo teniendo con él una conexión tan especial que seguramente me acompañará aún y cuando él ya se haya marchado de este mundo. Ni que decir del historial de cariños perrunos que tiene Tania y que la hacen una experta en eso de dar y recibir amor de los canes. 

Aunque ahora tienes tres meses espero estar a la altura del amor e inocencia que Cirilo guarda y regala a raudales cada día. Gracias a él mi vida hoy es más feliz. Él y Tania me hacen sentir completo.

5 comentarios:

Carlos dijo...

Gracias. Saludos.

Partido Social Player dijo...

Sip, un perro es una bendición, siempre y cuando sepamos lo que tener un perro implica.

XND dijo...

¡¡¡Margariiiiiiitoooooooooooo!!! Ése Margaro ha tenido vida de sensei mítico japonés. Te mando un abrazote Gabo. =)

José Lozano Bárcenas dijo...

Felicidades, soy veterinario, cualquier cosa, estoy a la orden

Jorge Atarama dijo...

Bien Gabriel con el perrito nunca mejor dicho pirañita!!!