Dicen que no hay plazo que no se cumpla, y que no hay
postergar lo inevitable. El problema es cuando estamos a nada de llegar a ese
plazo y el destino, desde horas antes de ocurrir, se nos vuelve una carga
pesada y que nos abruma.
Justo en ese punto estoy ahora. Contando cada minuto que falta
para enfrentar uno de esos momentos que siempre buscamos evitar en la vida.
Sucede que el próximo sábado 13 de octubre, a las 9 de la mañana, me operan para
sacarme una muela del juicio. O quizá hasta dos.
Esta carrera por escapar de lo inevitable comenzó hace
unos 12 años, cuando en una visita de rutina al dentista me sacaron una
radiografía y ahí descubrieron que era necesario sacarme las muelas del juicio.
Por ese entonces no tenía molestia alguna, por lo que la sugerencia de operarme
francamente me parecía ridícula. Supongo que mi papá se dio cuenta de mi
angustia y me sugirió no someterme a esa cirugía. 'Total, igual y nunca te van
a doler', dijo. Así di por cerrado (de momento) aquel capítulo de mi vida.
Pasaron muchos años. Terminé de estudiar la prepa, mi
papá murió, curse la universidad, me enamoré y me rompieron el corazón varias
veces, me gradué, fui nini, tuve un programa de radio, tuve otro trabajo, el Atlante fue campeón, me hice novio de Tania ... y entonces un día fui al cine,
y mordí una palomita de maiz que me fracturó un pedazo de muela y tuve que visitar a otro
dentista. Esto sucedió a mediados del 2012, y a raíz de aquellas visitas, este doctor
también me mandó a sacar radiografías. De nuevo surgió el veredicto fatídico:
las dos muelas inferiores del juicio algún día intentarán salir, y por su
posición empujarán a los demás dientes provocándome un fuerte dolor.
Aquí las perras desgraciadas:
El dentista sugirió sacármelas cuando antes. Y como dice
la canción, le dije que sí, pero no le dije cuándo. Pasé año y medio sin
volverme a parar en el consultorio, hasta que hace unos dos meses, un viernes para ser exactos, desperté con dolor en mis
muelas inferiores del lado izquierdo. Era tanto mi dolor que saqué cita para el
siguiente día. Después de revisarme, el doctor me dijo que no tenía caries, me
tomó una mini radiografía y vio que la culpable de mi dolor era la muela del
juicio. Volvió a mencionar la importancia de sacarme esa pieza antes de que me
provocara dolores insoportables. Resignado quedé de avisarle la fecha en la que
me operarían. Pero pues... pasé un mes sin dolor alguno, por lo que una vez más
fingí demencia.
Hace quince días volví a sentir dolor en la misma zona,
está vez más fuerte y con duración de varios días, incluso tuve que tomar
calmantes para el dolor y desde entonces tengo una inflamada esa área.
Comprendí, muy a mi pesar, que si no me operaba ese sería el cuento de nunca
acabar, por lo que 12 años después, por fin le puse cita a mi fatídica cita con
el destino. Y ese plazo está a nada de cumplirse.
Mentiría si no dijera que estoy inquieto y nervioso. Que
me aterra la idea de la operación y más aún, de la lenta y dolorosa
recuperación. Para colmo, soy medio hipocondriaco y ya me puse a buscar en
internet varios testimonios de personas que también han sido sometidas a este
tipo de cirugías. A unos les ha ido muy bien, a otros de la patada. Y con la
suerte que tengo, no quiero ni decirles en cual grupo creo que estaré.
Ahora mismo estoy controlando la inflamación con chochos
homeopáticos. Ah, porque eso no se los conté: mi dentista también es homeópata.
Lo cual me genera cierta incertidumbre. Sin embargo, él operó de lo mismo a mi
hermana años atrás, y a pesar de que sufrió algunos días, después se repuso y
ahora está feliz, y viva.
Temo que antes de la operación el doctor sugiera quitarme
de una vez la otra muela. Temo que el anestesista no me adormezca lo suficiente,
y aquello sea un sufrimiento sin precedente. Y lo que sigue después ni les cuento:
probables dolores incontrolables, hambre y la imposibilidad hasta de hablar por
uno o dos días.
En pocas palabras, y como seguramente ya se dieron
cuenta, me estoy cagando de miedo.
Faltan sólo unas cuantas horas para que me enfrente a uno
de mis mayores miedos. Sólo espero que al final todo salga bien, y que sea lo
que quiera Dios que sea.
La próxima vez que vuelva a escribir en este blog, espero
que lo peor ya haya pasado. Eso sí, recuerden que pueden seguir mi sufrimiento
a través de mi cuenta de Twitter. (@gabrielrevelo).
No hay comentarios.:
Publicar un comentario