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domingo, 12 de agosto de 2012

Para el final olímpico: A pesar del dolor, siempre María



Toda historia termina, y los días de Londres 2012 han llegado a su fin. Sin embargo, sus últimas horas aun nos deparaban una última alegría, una hazaña deportiva más para recordar durante los años venideros.

Sucedió ayer, después de la apoteósica medalla de oro que México obtuvo en el fútbol olímpico. Cuando creíamos que nuestra felicidad no podría ser mayor, vino María del Rosario Espinoza y de una forma por demás valiente y aguerrida se hizo del bronce en el Tae Kwon Do.


Fue ayer. Día sábado. 6:30 de la mañana. A pesar de ser día de descanso, me desperté para ver su primer combate. María ganó con trabajos ante una camboyana que vendió cara la derrota. Durante las horas venideras estuve al pendiente de cada una de las confrontaciones, siendo testigo del esfuerzo de la Taekwondoín mexicana, que en varias ocasiones terminó maltrecha y severamente lastimada. Incluso recibió un fuerte puñetazo en el rostro y siendo robada arteramente en un duelo contra su rival de Serbia.  

Era justo en esos momentos de dolor, en las múltiples caídas que sufría, cuando nuestra "María Bonita" se crecía y sacando fuerzas de flaqueza se lanzaba en busca de la victoria. Quizá sea una tontería pensarlo así, pero esos rostros de sufrimiento tan emotivos me llenaban de orgullo. Saber que una mexicana anteponía su físico en pro de lograr poner en alto el nombre de su país fue emotivo. Al final, cuando disputaba la medalla de bronce contra Cuba, y en un par de ocasiones visitó la superficie del tatami, me involucré tanto en el combate que sentí ese coraje en su interior, esa fuerza que te hace levantarte a pesar de tener todo en contra.


Hace 4 años fue campeona olímpica. Ahora en Londres alcanzó la medalla de bronce. Gracias por aguantar tanto y enseñarnos que nunca hay que dejar de pelear, aunque duela y se esté en el piso. María bonita, gracias por pelear por México, todos deberíamos hacer lo mismo desde nuestras trincheras.

Y así llegó a su fin Londres 2012. Al iniciar esta aventura me propuse escribir un texto por cada medalla que ganara México. No pensé que escribiría tanto y tan seguido. Y sin embargo fue un placer expresar con palabras lo que cada una de esas preseas significaron no sólo para mi, sino para toda una nación.

México cerró con 1 oro, 3 platas y 3 bronces.

sábado, 11 de agosto de 2012

El día que ganamos la medalla que siempre soñamos


‘Que hay imposibles que un día consigues, sin darte cuenta’

La historia de esta mañana comenzó a escribirse hace muchos años, tantos, que quien hoy escribe estas líneas aun no había nacido. La medalla de oro que hoy obtuvo la Selección Mexicana de Futbol ya se añoraba desde hace décadas.

Pertenezco a una generación que sí ha visto ganar a su equipo nacional. A diferencia de los contemporáneos de mi papá, y de quienes los precedieron, he sido testigo de como la Selección Mexicana ha dado partidos memorables, le juega de tú a tú a las grandes potencias futbolísticas,  se ha quitado los fantasmas de la cabeza, logrando así ganar.

Cuando era niño, después de la derrota de México ante Noruega, en el Mundial ’94, al verme triste mi papá me dijo que 'desafortunadamente así son las cosas cuando juega México’. Ese discurso no me lo creí. No lo hice yo, ni quienes en ese momento quisimos empezar a creer que algún día nuestro deporte favorito viviría épocas de gloria. Días históricos.

Y así, poco a poco las cosas fueron cambiando. Ante los ojos de todos, una nueva estirpe de mexicanos nos han demostrado que se puede ganar. Así se llegó a dos finales de Copa América, se ganó la Copa Confederaciones de 1999, se conquistaron dos Campeonatos Mundiales Sub-17 y esta mañana, por primera vez en la historia se ganó una medalla en futbol olímpico. 

Una final en el mítico estadio de Wembley ante Brasil. Ahí estaba el corazón ce millones de mexicanos que este día se levantaron temprano para ser testigos de uno de los encuentros más importantes en la historia de nuestra selección.

Así, con el corazón en la mano México dio un juego redondo y venció a Brasil 2-1, alzándose campeón olímpico por primera vez en su historia.

Los nervios y la ansiedad de los días anteriores se disiparon en cuanto comenzó el juego y Oribe Peralta marcó el 1-0 apenas a los 40 segundos de acción. Durante toda la primera mitad, México supo contener el futbol de los brasileños, neutralizando a sus grandes figuras y tomando cada vez más confianza dentro del terreno de juego.


Para la segunda parte Brasil salió en busca del gol. Una marea amarilla se vino en contra del arco de Jesús Corona. Hasta que Oribe Peralta anotó el segundo gol y entonces comenzó la fiesta. Y vinieron unos minutos de ensueño que ni siquiera la anotación de Hulk en los últimos minutos pudo opacar. Llegó así el silbatazo final.

Y México ganó el oro olímpico, acompañado en el podium por Brasil con la plata, y Corea del Sur, con el bronce.

Al momento de la premiación, mientras veía como la bandera mexicana subía a lo más alto del podium, y se entonaba el Himno Nacional me deshice emocionalmente. Quería llorar pero no pude, me temblaban las manos y sentía que mi cuerpo se partía en mil cachitos. Luis Fernando Tena lloraba, miles hacían lo mismo. 

Por cuestiones de trabajo tuve que estar al pendiente del juego y escribir una nota sobre el partido. Parte de este post recoge algunas ideas de ese texto. A pesar de tener que estar escribiendo y subiendo escritos mientras todos celebraban, igualmente disfruté muchísimo lo sucedido.

¡Qué más da, somos campeones olímpicos! Lo demás poco importa…

Hoy vivimos un momento histórico. Una historia que emocionados contaremos una y otra vez a nuestros hijos y nietos. Toda nueva era debe tener un inicio, un momento que sirve como parteaguas para el futuro y que nos enseñe a creer en nosotros mismos. Despertamos. Fuimos consientes de que en una cancha de juego, basta el trabajo y la entrega para derribar cualquier estereotipo.

A partir de esta medalla, nunca más debemos volver a esos días obscuros en los que veíamos las proezas de lejos. Nunca más el hacernos menos ante nadie. Nunca más demeritarnos por ser mexicanos, al contrario, saber que por eso mismo ‘podemos’.

¡Felicidades México, hoy hiciste historia!


domingo, 5 de agosto de 2012

El bronce que convirtió una tarde de domingo en algo excepcional


Si las medallas de plata y bronce conseguidas el pasado miércoles en tiro con arco individual fueron una sorpresa, la que hoy consiguió Laura fue tan inesperada, que pintó este domingo de una intempestiva alegría.

Aun desvelado a causa de la agitada vida social que tengo los fines de semana, prendí la televisión cerca de la 1 de la tarde. Sabía que la clavadista mexicana Laura Sánchez se había calificado desde un día antes a la final de trampolín femenil, pero a la vez era muy consciente de que obtener una presea olímpica en esta prueba seria muy complicado. Aun así decidí ver la competencia desde su inicio.

A pesar de la calidad de las competidoras, Laura se ubicó desde la primera ronda de clavados en la sexta posición. Aun lejos del medallero, pero en posición de competir por algún metal. Ahí estaba Laura, en esa frágil línea entre ser una más de la competencia y el hacer historia. Poco a poco fue dejando de lado mi escepticismo en ella,  cuando con cada clavado iba escalando posiciones y acercándose más al podium.

A falta de dos rondas, Laura ya iba en quinto lugar. Ella y otro grupo de clavadistas competían por el bronce. Los primeros dos lugares ya estaban más que definidos para las chinas. Fue en esos momentos decisivos en donde la mexicana se volvió la más constante, demostrando la importancia de tener confianza en uno mismo. Y es que hasta antes de hoy, nadie veía en Laura la posibilidad real de que obtuviera una medalla. Ella no sólo competía contra otras deportistas de elite en los clavados de trampolín, también lo hacia contra esa desconfianza histórica que ha pesado sobre ella en los últimos años.

Después de la cuarta y penúltima ronda ya estaba en la tercera posición, sin embargo la distancia con sus más cercanas competidoras era de apenas unas décimas. Fue ahí cuando la mexicana se creció y tiró un excelente clavado. Sin perder la concentración ni dejarse ensombrecer por los fantasmas del pasado.

Desde ese cambió de color el domingo. Laura ya no fue alcanzada por sus adversarias y se adueñó de la medalla de bronce para México. Una presea que no estaba en el presupuesto y que se recibe como el mejor de los presentes. Y es que de esto se tratan unos Juegos Olímpicos, de sorprender a propios y a extraños, de dar el extra en el momento adecuado y de convertir un domingo a medio día en una fiesta que contagia a un país entero.

Minutos después de la ceremonia de premiación, los noticieros reprodujeron una y otra vez las escenas de Laura Sánchez atendiendo a los medios informativos. Se veía radiante y feliz. Se sabe inmortal y parte de ese selecto grupo de atletas mexicanos que han logrado la proeza de subir al podium olímpico. Su sonrisa contagia.

Es domingo por la tarde, generalmente este momento de la semana me pone triste y melancólico. Hoy es diferente, no puedo evitar sonreír.

Gracias Laura, después de tres juegos olímpicos tu esfuerzo se vio justamente recompensado. 

jueves, 2 de agosto de 2012

Dos flechas, un sólo corazón


Si hace unos años me hubieran dicho que en agosto del 2012 estaría comiéndome las uñas y al borde de una taquicardia emocional a causa de una competencia de tiro con arco, simplemente no lo creería.

Y sin embargo pasó.

A unas horas de presenciar sendos duelos de esta disciplina en Juegos Olímpicos, sigo profundamente emocionado. Y es que hoy, Mariana Avitia y Aída Román ganaron medallas de bronce y plata en el tiro con arco femenil para México. Sin que nadie lo esperara, sólo ellas, que nunca dejaron de confiar en su talento y preparación.

El día en apariencia pintaba para ser como cualquier otro. Llegar a la oficina a las 7 de la mañana. Tener la tele prendida sabiendo que competirán las mexicanas y tontamente pensar que lo más probable es que no pasara nada sobresaliente. Disfrutar como nunca el que tanto Aída Román como Mariana Avitia me callaran la boca, y sacaran respectivamente a una competidora italiana y a otra surcoreana que eran de las favoritas, clasificándose ambas a la semifinal.

Y ahí empezamos a soñar. El que las dos mexicanas se enfrentaran en semifinales garantizaba la obtención de al menos una medalla. Llegaron entonces los minutos vertiginosos, esos en los que dejé el trabajo de lado, no porque fuera un desobligado sino porque los nervios no me dejaban pensar en nada más.

Así llegó la semifinal entre mexicanas. Una sensación rara el ver a dos compatriotas enfrentándose en una instancia tan importante: nada más ni nada menos que una semifinal olímpica. De este duelo de ensueño resultó vencedora Aída, mandando así a Mariana a un duelo contra Estados Unidos por la medalla de bronce.


Esa confrontación fue resuelta con madurez por la regiomontana, quien a base de inteligencia se hizo merecedora de la medalla de bronce. Tercera medalla para México en Londres 2012, y aun faltaba lo mejor. Sin mucho tiempo para celebrar comenzó la final, la cual no pudo ser más dramática.

México vs. Corea del sur. Un inicio incierto en el que la asiática comenzó luciendo dominante, hasta que el corazón de Aída hizo que se repusiera y empataran en puntos después de cinco sets. Todo se definiría en una sola flecha. El momento no podía ser más emotivo. El primer tiro de la surcoreana fue a dar al 8. Olía a medalla de oro, aunque por desgracia la flecha de Avitia fue a dar también al 8. El tiro de Corea estuvo más cerca del centro. Se perdía el primer lugar pero se ganaban dos medallas inesperadas, que por lo mismo supieron a gloria.

Si resulta emocionante ver a un mexicano en el podium olímpico, ver a dos es un autentico regalo, un tesoro invaluable que me tenía al borde de las lagrimas. Ver dos banderas mexicanas elevándose en la premiación fue la cereza del pastel.


Nunca creí en cupido. Pero esta mañana fui flechado por un par de flechas que me hicieron enamorarme del coraje y entrega de un par de mexicanas, que nos hacen creer que no hay rivales ni miedos invencibles.

Gracias Mariana por el bronce, gracias Aída por la plata.

Me prometí escribir un post cada que se ganara una medalla en Londres 2012, espero aun me falten muchos textos más. 

martes, 31 de julio de 2012

El martes que dos mexicanas vistieron de plata



Y volvió a pasar. 24 horas después de sufrir la descarga de energía que trae consigo el ver a tu país ganar una medalla olímpica, la emoción vuelve a repetirse. Igual o más fuerte que el día de ayer. Nuevamente plata, una vez más clavados sincronizados 10 metros. Ahora los héroes de las películas son mujeres y responden a los nombres de Paola Espinosa y  Alejandra Orozco.

El inicio de este martes se anunciaba especial. Aun con el corazón latiendo aceleradamente por lo vivido ayer, me levanté a las cinco de la mañana con el presentimiento de que hoy nuevamente podría caer otra medalla para México. Apenas llegué al trabajo (7 de la mañana) recibí un mail y me enteré que me tocaba cubrir y hacer la nota sobre la competencia de Paola y Alejandra. Así dio inicio a esa ‘cosquillita’ mezclada con adrenalina que da el saber que se trabaja contra reloj.

Lo malo es que mi compañero que trae las llaves de la oficina no llegaba. Así dieron las 7:30, después las 8 de la mañana… y la competencia arrancaba a las 9. Así que decidí jugármela y regresar a casa para comenzar a trabajar la nota y sacarla a tiempo (bueno, y también porque me andaba del 2 y siempre he preferido hacer en mi casa). Llegué justo a tiempo para comenzar a trabajar, ir al baño y ver la competencia.

En punto de las 9 de la mañana (3 de la tarde hora de Londres) comenzó la competencia. Y la verdad se me fue como agua. Entre tuitear los pormenores de cada clavado de las mexicanas, ir redactando la nota e intentar ponerle atención a lo que iba sucediendo apenas y me daba abasto. Sentado en la sala de mi casa, con la MacBook en las piernas y los nervios a todo lo que da.

Después de las primeras dos rondas la pareja mexicana ocupaba la penúltima posición (séptimo lugar). A falta de tres clavados ocurrió lo mismo que con Germán Sánchez e Iván García un día antes: arriesgaron. Las clavadistas mexicanas ejecutaron con maestría tres lances con alto grado de dificultad, esto las llevó a ocupar el segundo lugar durante la parte final de la competencia. China obtuvo el oro, Canadá el bronce.

A pesar de un ligero trastabilleo en su cuarto clavado, se aferraron al segundo escalón fiera e inteligentemente. Cuando finalmente la medalla de plata era una realidad nada más importó. Ni la nota que debía publicar casi inmediatamente, ni los tuits, ni el que aun me faltaban horas para terminar mi horario de trabajo. Nuevamente el tiempo se congeló, comprobando mi teoría de que una medalla olímpica de tu país cambia completamente la atmosfera de ese día.

Hoy poco espacio queda para no hablar de otra cosa que no sea de ellas. De la clavadista que hoy cumplió 26 años y que hoy se convirtió en la mejor deportista de esta disciplina en la historia de México, o de esa joven que cambió su fiesta de quince años por una medalla.

Han sido dos días para nunca olvidar. Jornadas extrañas, pero que uno quisiera se repitieran más seguido.  

lunes, 30 de julio de 2012

La medalla de plata que hizo que un lunes por la mañana valiera la pena



Hoy volvió esa sensación que sólo cada cuatro años se puede vivir. Hoy, México ganó una medalla en los Juegos Olímpicos. Para ser más exactos, una plata en clavados sincronizados en plataforma de 10 metros, producto del esfuerzo de Iván García y Germán Sánchez.

La historia se escribió pasadas las 9 de la mañana en México (3 de la tarde en Londres). Aunque me encontraba trabajando, tenía bien presente la competencia, por lo que puntualmente seguía la competencia vía internet. Desgraciadamente las cosas no salieron muy bien en los primeros dos intentos de la pareja mexicana, quienes al termino de la segunda ronda ocupaban la última posición. Por mi mente pasó la idea de cerrar la transmisión y seguir trabajando sin distracciones, pero por masoquismo (o quizá intuición) seguí escuchando la transmisión mientras hacia otras cosas. Sólo cuando anunciaban que era turno de los mexicanos, volvía a la imagen para ver el clavado.

Entonces, a partir del tercer intento los mexicanos ejecutaron clavados con altos niveles de dificultad. Una acción arriesgada que por fortuna les trajo buenos dividendos, pues sus lances fueron casi perfectos. Así empezó una remontada que tuvo a gran parte del país con el alma en un hilo. Al terminar la cuarta ronda (de seis) Iván y Germán ya iban en la segunda posición, peleando férreamente con los chinos y norteamericanos. Entonces vinieron momentos emocionantes en los que afortunadamente la presión no hizo mella en los mexicanos, quienes al final se consolidaron en la segunda posición.

A esto siguió una inmensa alegría. Me recuerdo sonriente y feliz. Los tuits tanto de agencias informativas como de personas comunes comenzaron a fluir a una velocidad vertiginosa. Este lunes por la mañana distó mucho de ser el típico lunes por la mañana. Todo era luminoso y motivante. El país, dentro de su maraña de problemas, tenía una razón para sentirse feliz y orgulloso.

Después vino la ceremonia de premiación, y quienes aun pensábamos que lo ocurrido era un sueño nos convencimos de que lo sucedido era una dulce realidad.

Las horas posteriores a una medalla olímpica son raras. Todos hablan del triunfo. Uno no se cansa de ver una y otra vez las imágenes de esa competencia que nos puso en los primeros planos del mundo.

Este blog vive días raros. Quizá he abusado del tema de los Juegos Olímpicos, pero sé que en unos años, cuando quiera recordar lo que viví en estos días estas líneas me ayudarán a darme una idea de la satisfacción que sentí al ver elevarse mi bandera en una ceremonia de premiación.

Hoy se ganó una medalla de plata. Hoy no quiero hablar de nada más, sólo disfrutar el momento de gloria que el deporte nos regala. Ya mañana mi vida volverá a la rutina, y el blog también.

Gracias Iván, gracias Germán. 

miércoles, 25 de julio de 2012

Mis recuerdos olímpicos (parte 2 de 2)

En el pasado post les hablé de algunos detalles que se quedaron grabados en mi mente acerca de los Juegos Olímpicos de Los Ángeles '84, Seúl '88, Barcelona '92 y Atlanta '96. Ahora les narraré de lo que mi memoria atesora de las tres últimas olimpiadas que he presenciado.  

Sidney 2000
En 1998 mi tío Miguel vivió por unos meses en Sidney, Australia. A su regreso a México nos trajo varios obsequios, algunos alusivos a los Juegos Olímpicos que se celebrarían en aquella ciudad un par de años después. A mi hermana le regaló una playera negra que tenía a las tres mascotas de la competencia, las cuales se asomaban sobre el planeta tierra y señalaban el punto exacto en donde se ubica Sidney. Ella la usó un par de veces, hasta que un día me la probé y me quedó tan bien que me la quedé.

A donde iba con esta playera me sentía importante, después de todo, uno año antes del evento, ¿quién podía presumir de tener una prenda original de juegos olímpicos traída del otro lado del mundo?

Previo a la competencia nuevamente junté los vasos de cristal que sacó Coca Cola.

Llegó el verano del año 2000 y la celebración de los juegos de Sidney coincidieron con mi ingreso a la Universidad. Apenas llevaba unas semanas de haber iniciado clases cuando dio inició la justa deportiva. Tres días después de la inauguración, la madrugada de un lunes me levanté antes de las 5 de la mañana para alistarme e irme en camión hasta la Universidad. Prendí un rato la televisión. Se transmitía la final femenil de halterofilia y una mexicana estaba entre las finalistas. Presentí que podría caer alguna medalla para México, por lo que fui a despertar a mi papá. Juntos vimos el triunfo de Soraya Jiménez. Hasta ese momento nunca había visto a México ganar una medalla de oro. Observar cómo se eleva la bandera de tu país mientras suena el Himno Nacional en el evento deportivo más importante del planeta simplemente es maravilloso. Más tarde en clase todos hablaban de lo sucedido. La sonrisa me duro varios días y aun hoy, a 12 años de distancia el recordar ese momento me pone de buen humor.

Esa sensación de triunfo volvería a repetirse varios días después. En total México obtendría seis medallas en esos juegos. El Oro de Soraya Jiménez; las Platas de Noé Hernández en los 20 km caminata y Fernando Platas en clavados; además de los bronces de Joel Sánchez  en los 50 km caminata, Cristian Bejarano en Boxeo y Víctor Estrada en Taekwondo.

Mención aparte merece cuando una noche (debido a la diferencia de horarios) en casa vi cómo Bernardo Segura cruzaba en primer lugar la meta en una competencia de caminata. Aquella hazaña significaría el segundo oro para la delegación mexicana en esos juegos. Todo era alegría, no sólo en mi hogar sino en todo México. Casi media hora después de terminada la competencia, Bernardo Segura hablaba en vivo con Ernesto Zedillo, entonces presidente de México, cuando un juez se acercó y descalificó al marchista mexicano, arrebatándole la gloria deportiva y el oro olímpico. Me enojó tanto lo sucedido que incluso en unas hojas de papel escribí con plumones de colores varios anuncios que decían "nos robaron en Sidney 2000". Al otro día los coloqué en varias zonas de mi universidad. Incluso yo mismo me pegué una en la ropa y la traje por horas. Nadie me peló ni le regresaron su medalla a México.

De Sidney 2000 tampoco olvido que la encargada de encender el pebetero fue la deportista australiana de origen aborigen Katy Freeman. Por cierto, el pebetero salió del agua.


Atenas 2004
Verano del 2004. Venía de uno de los periodos sentimentales más caóticos de mi vida (y lo que me faltaba), sin embargo el periodo olímpico me significó una especie de tregua para olvidarme de los líos románticos y disfrutar las competencias deportivas. Aquellos fueron los juegos en los que toda la atención del país se centro en Ana Guevara, entonces campeona mundial de los 400 metros y promesa latente de medalla para la delegación mexicana. Cada que Ana corría la gente se reunía como si se tratase de un juego de Copa del Mundo de la Selección.

Al tratarse de mi periodo vacacional antes de entrar al que sería mi último semestre en la universidad, tuve mucho tiempo libre para disfrutar la transmisión de la mayoría de las competencias. Para empezar, recuerdo que la ceremonia de inauguración tuvo la peculiaridad de desarrollarse en una superficie llena de agua.

En aquellos juegos participó la Selección Mexicana de Fútbol, pero fue eliminada en la primera ronda. Sin embargo, este sin sabor se endulzó gracias a las 4 medallas obtenidas por México en esa justa, con las platas de Ana Gabriela Guevara en los 400 metros femeniles, Belém Guerrero en Ciclismo de Pista y Óscar Salazar en Taekwondo; además del bronce de Iridia Salazar en Taekwondo femenil.

A pesar de que Ana Guevara fue derrotada en la final por Tonique Williams. No obstante, esos segundos de cada una de sus carreras detuvieron el corazón de todo el país. Después de esos juegos Ana se convirtió en una leyenda y en una de las mujeres a las que más he admirado en mi vida.



Beijing 2008
Han pasado ya cuatro años desde la última vez que el mundo vivió unos Juegos Olímpicos de Verano. Hace cuatro años trabajaba en una agencia de monitoreo y el día de la inauguración llamé al trabajo para decir que había muerto una tía y debía viajar de emergencia a Veracruz. Ya con el permiso de ausentarme en la oficina y sin el menor remordimiento por mi mentira, me dediqué a ver tranquilamente la inauguración de Beijing 2008.

Aquellos juegos los viví a medias. Por un lado tenía que ir diariamente a trabajar, por lo que muchos eventos los seguí por medio de la radio, sin embargo hacia hasta lo imposible por ver las finales en las que algún mexicano se veía inmiscuido.  

Al final México obtuvo 3 medallas: una de bronce en clavados sincronizados obtenida por Tatiana Ortiz y Paola Espinosa; además de dos oros en Tae Kwon Do obtenidas por Guillermo Pérez y María del Rosario Espinoza.


De esos días me recuerdo enamorado platónicamente de Paola Espinosa, quien por ciento fue la abanderada de la delegación. Después también me enamoré (a lo idiota porque mido la mitad que ella) de la rusa Yelena Insibayeva.


Esas semanas no fueron las más felices de mi vida, pero estuvieron pintadas de verde. De hecho unas horas antes de que María del Rosario Espinoza ganara la presea dorada asistí a una fatídica fiesta en la que nadie se percató pero terminé con el corazón roto. Llegué a mi casa anímicamente molido, pero justo a tiempo para ver el triunfo de María y arreglarme un poco el corazón.

El día de la clausura vi impresionado la entrega de estafeta a Londres. Me parece mentira que ya han pasado cuatro años desde entonces y ahora, sólo faltan unas cuantas horas para el inicio de unos nuevos Juegos Olímpicos.

***

Seguramente serán unos juegos inolvidables. Desde ahora sé que en el momento en el que aparezca la delegación mexicana en el desfile de naciones me sentiré orgulloso de mi país y estaré ansioso de que inicien esas batallas que de tan memorables formarán parte de mi vida.

domingo, 22 de julio de 2012

Mis recuerdos olímpicos (parte 1 de 2)



Londres 2012 está a la vuelta de la esquina, y a menos que uno viva en una cueva o sea un ermitaño, resulta imposible no verse en medio de la vorágine informativa y mercadológica que presupone esta justa deportiva. Al menos yo, confieso que este tipo de eventos siempre me han cautivado.

Mundiales de fútbol, coberturas noticiosas de acontecimientos relevantes, Juegos Olímpicos y todos aquellos instantes que hacen que el mundo se detenga por unos momentos y contenga el aliento. Tal y como sucede con un temblor, atentado terrorista o triunfo deportivo, uno recuerda más lo que sintió en sus entrañas y lo que hacía cuando estos hechos se desarrollaban, que el propio acontecimiento en sí. Unas olimpíadas no son la excepción, y más allá de tener en mi mente archivados datos y estadísticas sobre los resultados de las competencias olímpicas, prefiero guardar cómo era mi vida y lo qué hacía cuando el mundo entero veía expectante lo que sucedía durante esas dos semanas que cada cuatro años cautivan al planeta entero.

Estos son mis recuerdos olímpicos....

Los Ángeles '84
Tenía dos años de edad, por lo que ni siquiera me enteré bien de estos juegos. Sin embargo, en los años venideros comúnmente vi en la vitrina de casa de mis abuelos variad figuritas de un Águila Americana vestida patrióticamente  "al estilo gringo". Tiempo después supe que esa fue la mascota de aquellos juegos olímpicos.



Seúl '88
Fueron los primeros juegos olímpicos  de los que tuve conciencia. La única imagen que tengo de ellos es un tanto difusa y breve, apenas un instante en la ceremonia de inauguración ¿O fue en la de Clausura? Lo que observé por televisión fueron unas embarcaciones surcando un río de la ciudad de Seúl. En una de ellas, la mascota del evento (un amigable Tigre) iba parada gallardamente al frente. Fueron apenas unos segundos, pero por alguna extraña razón nunca se me ha borrado de la mente. Era una postal imponente. Tuve a ese mismo Tigre en pequeños muñequitos de plástico practicando diferentes disciplinas deportivas. Me parece que las dio una compañía refresquera, pero no recuerdo muy bien.



Barcelona '92
Ya con diez años estos juegos fueron los primeros que verdaderamente captaron mi atención. Empezando por una ceremonia de inauguración inolvidable, con toques artísticos y apocalípticos. Y claro, con un encendido muy original del pebetero olímpico por medio de una flecha con la llama olímpica, lanzada por un arquero a una distancia bastante considerable.

También recuerdo a Cobi, la mascota más genial. Un perro que incluso tuvo una serie animada que fue transmitida durante el verano de ese año. Helados Holanda sacó sus figuritas oficiales, las tuve todas  Es la más mascota que más me ha gustado.


De las competencias no tengo muchas memorias. Me viene a la mente la medalla de plata que ganó México en caminata, y que me obsesionó a tal grado que en plena efervescencia olímpica me puse a dar vueltas en el patio de mi abuela emulando el caminar de los andarines mexicanos. Me pasó por la mente dedicarme a ese deporte y ganar medallas. Luego lo olvidé.

La canción de aquellos juegos fue "Amigos para siempre". Cada que la escucho me conmueve, su letra es muy hermosa e inevitablemente me remonta a inicios de la década de los noventa. El día de la Clausura toda la familia se reunió en casa de mi prima Yuli. Mi papá, tíos y tías empezaron a comentar la posibilidad de ir cuatro años después a Atlanta.



Atlanta '96
A pesar de los planes hechos cuatro años antes, nadie de la familia fue a los juegos olímpicos celebrados en Atlanta. Deportivamente fue un evento malo para la delegación mexicana, que sólo obtuvo una medalla de bronce (Bernardo Segura en caminata).

De aquellos me recuerdo usando una playera verde alusiva a las olimpiadas, con la mascota jugando basquetbol. Y ahora que menciono a la mascota, aunque a mucha gente no le gustaba y le veían forma de renacuajo, a mí sí que me gustó. 
Tuve los vasos de cristal que dio Coca Cola y en mi clase de serigrafía (en la secundaria) hice mis pininos imprimiendo el logotipo del centenario olímpico en decenas de hojas blancas. Tampoco se me olvida la mañana que desperté con la noticia de una explosión en un parque de la sede olímpica.

Entre lo que me entusiasmo más fue la participación de la Selección Mexicana de Fútbol en Atlanta, que llegó hasta los cuartos de final del torneo olímpico y fue eliminada un domingo por el equipo nigeriano (juego que vi en casa de mis abuelos).

Fue en Atlanta cuando por primera vez me enamoré de una atleta olímpica: Dominique Moceanu, gimnasta norteamericana que luego se volvió una señora fea. 


Después vinieron más juegos olímpicos y más recuerdos, pero de ellos les contaré en unos días...