Mostrando las entradas con la etiqueta diario de un desempleado. Mostrar todas las entradas
Mostrando las entradas con la etiqueta diario de un desempleado. Mostrar todas las entradas

miércoles, 16 de noviembre de 2011

Redactor Web (mi nuevo trabajo)

Hace poco más de 10 meses me corrieron de mi último trabajo... por tuitear. Desde entonces pasé muchos, muchísimos días en la incertidumbre del desempleo. Administrando la liquidación que recibí y que por más esfuerzos que hacía se me iba como el agua.

Una entrevista por aquí, otra por allá, varios ‘nosotros te hablamos’ que a la mera hora no se concretaban sabrán Dios por qué. Recibir ofertas de trabajo risibles y francamente ridículas bajan la moral de cualquiera. Así viví casi todo el 2011. Intentando ver la cara buena de la vida aunque el destino se empeñara en ocultármela. Presionado por la gente que me rodea, escuchando comentarios acerca de mi conformismo y mi flojera, como si uno eligiera estar desempleado y desperdiciar hora tras hora sin pena ni gloria. Porque eso sí quiero dejarlo bien claro, cuando alguien no tiene trabajo muchas veces no es porque no quiera, sino porque simplemente no encuentra. Cuando alguien hacía comentarios referentes a mi situación o me calificaba de ‘nini’ me daban ganas de gritarle que se pusiera en mi lugar, ahí dónde cada domingo sabe igual que un martes o un viernes. Ahí donde lo único que se pide es una oportunidad para dejar de dar lastimas y sentirse útil.

A pesar de lo anterior creo que manejé bien la situación. Me prometía no perder la fe en el futuro y me decía que los cambios vienen por algo. Gracias a varias personas que siempre estuvieron apoyándome o tratando de conseguirme algún empleo (se los agradezco con el alma) es que me pude sostener sin volverme loco o traicionar mis ideales. Justo cuando me resignaba a terminar el año en la miseria y literalmente me quedaban 100 pesos en la bolsa las cosas cambiaron. Fue una tormenta difícil en la noche, pero el amanecer en calma pinta mucho mejor. Ahora tengo un nuevo trabajo, soy redactor web.

Y no de cualquier web, sino de uno que tiene un elevado número de visitas y que es una de las favoritas de éste país. Colaboro con el titular de esa página y con otro grupo de redactores para generar un contenido ameno, divertido e interesante. Tengo un horario que si bien me hace levantarme temprano me permite salir a la hora en la que todos están comiendo y prácticamente me permite tener la tarde libre. No está muy lejos de mi casa, el ambiente en la oficina es bastante relajado y amigable. Además (y muy importante) puedo ir vestido como quiera, porque eso de ponerme un incomodo traje a diario sigue sin dárseme.

Y así son ahora mis días.

Y escribo. Me pagan por eso y aunque no sea mucho me reafirma el sueño de que en éste país es posible hacer lo que a uno le gusta y ser remunerado por ello. También es un buen lugar para aterrizar y poner los pies en la tierra. Para darme cuenta que en esto de expresarse con las letras aun soy un principiante. Muchas veces batallo con el inglés, otras me doy cuenta que quizá no soy tan buen escritor como pensaba (ocasionalmente se me va algún dedazo o escribo frases sin coherencias). En fin, aprenderé. Es un pequeño paso hacia el futuro que me quiero forjar.

No les diré del todo en donde estoy, pues quiero mantener un tanto separado mi desempeño en ese trabajo de mi actividad en éste blog (y viceversa), pero les dejaré una pista…


Nos seguimos leyendo por acá y por allá.

viernes, 21 de octubre de 2011

El sueño de un bloggero, por 50 pesos



En la actualidad, uno de los sueños más comunes entre las personas en edad laboral, es el de hacer lo que más nos gusta y que además de todo, nos paguen por ello. Utopía que sólo un reducido número de afortunados logra hacer realidad. Éste anhelo no es ajeno a los blogueros, quienes (para que nos hacemos güeyes) secretamente guardamos la ilusión de que alguien llegue y nos retribuya económicamente el tiempo y esfuerzo que invertimos para mantener con vida un blog.

Por lo anterior, no pude dejar pasar de lado una vacante que encontré por internet en una de mis búsquedas de empleo. La empresa Zankyou solicitaba un “Blogger, redactor, escritor”. Obviamente, por curiosidad y también con algo de ilusión, le di clic. Lo primero que solicitaban eran el envío vía mail de nuestro currículo, así como la URL de nuestro blog. Al menos con éste primer paso cumplía sin problema alguno, así que seguí leyendo los siguientes requisitos:

Duración: Aplicará un mes de prueba para obtener la vacante.
Jornada: Por resultados
Tipo de trabajo: Honorarios y desde casa. Debe tener disponibilidad de presentarse en oficina al menos 1 vez por semana para asistir a reuniones de equipo.
Carrera: Ciencias de la comunicación, periodismo, organización de eventos, mercadotecnia... afines.
Sexo: Femenino
Edad: 24-35 años (preferencia)

¡A toda madre! me dije. Sólo debía presentarme una vez a la semana en la oficina y el resto del trabajo podría hacerlo en casa. Además, si bien no soy William Shakespeare, estoy seguro de que en ese mes aprueba podría demostrar mis capacidades y competir más que dignamente por la vacante. Estudié Ciencias de la Comunicación y mi edad encaja a la perfección con la requerida. El único problema era que no soy del sexo femenino, pero bueno, estaba convencido que mi talento sería suficiente para resarcir ese pequeño inconveniente. La cosa seguía gustándome, la verdad me encontraba animado. Continúe con la parte que hablaba de las responsabilidades del puesto. De ser contratado, debería elaborar artículos sobre bodas y todo lo relativo a ellas, para ser publicados en una revista online.

Como experiencia pedían tener un buen estilo de redacción, ortografía excelente, tener un blog actualizado (mínimo 20 veces al mes) y que se encontrara bien posicionado en los buscadores. El aspirante debería usar más de tres redes sociales (incluyendo Twitter, Facebook y Google+). Además de conocimientos en Wordpress, Blogspot, Google Docs, Flickr, Picasa, Hootsuite, Google Analytics, Adwords, Webmaster Tools, Adobe y en Gadgets. Gran parte de esta experiencia y conocimiento los tengo, y los que no sin problema alguno podría aprenderlos y manejarlos a la perfección. Al fin y al cabo, lo importante (modestia aparte) que es escribir y generar contenido se me da, y muy bien.

Ingenuamente empecé a imaginarme viviendo de mi creatividad, cumpliendo el sueño de ser un bloggero pagado. Por desgracia, el desencanto me cayó como una losa pesadísima cuando vi el salario ofrecido: 50 pesos por post.




Después del impacto inicial lo primero que alcancé a exclamar fue “mejor miéntenme la madre”. Quienes tenemos un blog más o menos decente, sabemos el trabajo que conlleva escribir una entrada de blog. Se invierte tiempo, creatividad, dinero y esfuerzo. Algunas veces hasta se debe desarrollar una investigación sobre el tema a escribir. Vamos, los post no son panes para hacerlos en serie, uno detrás de otro. Tardó aproximadamente hora y media en escribir un post de éste blog, aunque en algunas ocasiones me he llevado hasta tres días. Díganme sí es justo ponerle un precio tan bajo al posteo en blogs. Para mí es un insulto. ¿Y qué, cuántos post tengo que escribir al día para tener un sueldo más o menos decente? ¿Tan mal valorado está la creatividad en éste país? Por desgracia alguien caerá y tomará el puesto, haciendo que diversas empresas sigan aprovechándose de la necesidad de los demás, y de paso malbaratando el oficio de escritor.

Con 50 pesos a duras penas alcanza para una comida corrida. Con 50 pesos de gasolina no se llega a ningún lado. 50 pesos por pasar horas sentado frente a una hoja en blanco, moviendo palabras para encontrar el mejor ritmo y armonía en el texto. Perdón, pero una cosa es buscar ganar el sustento con esfuerzo y humildad, y otra el regalar el trabajo. Lo siento señores de Zankyou, quédense con sus 50 pesos, mi sueños y conocimientos vale más que eso.

Espero que algún día se las cosas cambien y deje de verse a la escritura como un esfuerzo menor. Seguiré buscando trabajo…

jueves, 1 de septiembre de 2011

La culpa la tienen Phineas y Ferb

Acá estoy de nuevo, en éste bonito espacio familiar para contarles una más de mis divertidas vivencias al buscar trabajo. No hace mucho les conté como en una entrevista laboral me pusieron a elaborar un examen psicométrico, pues bien, hace un par de semanas fui a otra y al parecer no me fue bien que digamos (sino ya me hubieran hablado ¿no?). Los culpables… unos dibujos animados.

Si como una vez mencioné, mi educación sentimental proviene de las caricaturas, qué de raro tiene que un par de personajes infantiles hayan frustrado uno de mis constantes intentos de conseguir empleo. Todo comenzó un martes cualquiera, cuando recibí una llamada de parte de editorial Notmusa, para citarme al día siguiente en sus instalaciones y presentar algunos exámenes para la vacante de redactor en el portal de un diario deportivo. Bueno, del periódico Récord. Llegada la fecha señalada, me presenté muy puntual en las oficinas de aquella editorial, que por cierto están a todo dar y tienen un agradable ambiente juvenil (no sean gachos si alguien lee esto y trabaja ahí, haga gestiones para que me contraten). Una de las encargadas de recursos humanos me pasó a una especie de sala de juntas en donde otro aspirante justo terminaba de contestar una prueba. Me dio un examen y me dijo que en cuanto acabara le avisara para que lo recogiera.

Examiné las hojas. Se dividía en conocimientos deportivos y gramaticales. Respondía tranquilamente. Disfruté de aquel espacio por unos 5 minutos hasta que la calma se rompió cuando en aquella sala irrumpieron dos muchachos acomodando una mampara que simulaba un remolino psicodélico. Después llegaron unos fotógrafos y detrás de ellos estos dos individuos:




Esos dos extraños seres, aunque no sabía quienes eran, me resultaban familiares. En cuanto me vieron se acercaron y comenzaron a molestarme. Uno simuló analizar mi examen y con la cabeza negaba como diciendo ‘todo está mal’. El otro de plano me quitó las hojas y las aventó. Al poco rato les aburrí y me dejaron en paz. Mientras esas dos ‘cosas’ posaban para la cámara, un trabajador de la editorial se acercó a preguntarme si no quería pasarme a un lugar más tranquilo para seguir con mi examen. Amablemente respondí que no, pues no había tanto ruido como para no concentrarme. Gran error. Un par de minutos después, por la puerta de aquella sala de juntas entraban varios muchachos y muchachas fascinados por tener ahí a esos dos personajes deformes que seguía sin identificar. Después de las fotos para el periódico, las botargas se quedaron ahí paradas, mientras uno por uno de los curiosos se tomaba fotos con ellos. Fue tal el éxito que hasta se formó una fila de trabajadores ansiosos por llevarse su imagen del recuerdo. Intentaba concentrarme, pero para mi desgracia la mayoría de los presentes eran mujeres, y muchas de ellas estaban sentadas en las mesas en las que yo intentaba por probar mis capacidades laborales. Entonces, no sólo luchaba contra el ruido y desorden, sino también contra las sentaderas que esas muchachonas ponían frente a mí. Así, entre pompas y flashazos pasaron unos veinte minutos.

La sala se fue vaciando. Antes de irse, esos dos muñecos cabezones nuevamente fueron hacia mí. Esculcaron el libro que traía, me despeinaban y de nuevo lanzaron mi examen por los aires. Justo al retirarse, uno de los fotógrafos alcanzó a decir –“pobre chavo, ni lo dejaron concentrar en su examen”. Y la verdad es que no. A pesar de que sabía casi todas las respuestas de índole deportiva, y en ortografía me defiendo bastante bien, el barullo ocasionado por esos dos visitantes pudo ocasionar que pasara por alto algún detalle. De cualquier forma, ya con aquel cuarto vacío y en total calma intenté darle un repasó más a mi prueba, pero no me quito la idea de que pude haberlo hecho mejor.

No me han hablado. Me da coraje porque en verdad me encantaría trabajar en un medio impreso. Mi coraje aumentó cuando un día, cambiando de canales en la televisión me topé con la imagen de esos dos desgraciados que en parte ocasionaron mi desgracia. Entonces supe sus nombres: Phineas y Ferb. Seguí viendo la caricatura y supe que eran medios hermanos. Sin darme cuenta, mi odio se fue transformando primero en curiosidad, después en simpatía. Supe que todo se había ido al carajo, cuando me descubrí buscando en la programación de cable los próximos horarios en los que podría ver más de esos episodios.



¡Que a toda madre, no me dieron el trabajo y me volví adicto a una serie animada! He visto no sé cuantos capítulos de Phineas y Ferb y no me cansó. Para quienes aun no hayan visto esta caricatura, les diré que es una maravilla. Divertida, inteligente, ágil y fresca. Trata de dos hermanastros que para no aburrirse en sus vacaciones veraniegas, se dedican a concebir como hacer de cada día algo divertido. Así llevan a cabo los planes más disparatados e increíbles, mientras su hermana Candace batalla sin éxito por acusarlos. Paralelo a esto, los capítulos se complementan con Perry el ornitorrinco, la mascota de Phineas y Ferb que en realidad es un agente secreto (del que soy bien, pero bien fans), destinado a frustrar los malévolos planes del Dr. Doofenshmirtz. Ambos contextos terminan complementándose hacia el final de cada aventura, dando como resultado un entretenido enredo. Con gags muy marcados y un humorismo lleno de creatividad, Phineas y Ferb ha logrado en muy poco tiempo reclutar a una gran cantidad de seguidores. Entre ellos yo.

Aquel día que fui a la redacción de Récord aquellas botargas promocionaban la próxima película de Phineas y Ferb. Sospecho que querré verla. Por lo pronto esta serie me sirve para aprender la moraleja: cada día puede convertirse en una nueva y maravillosa aventura, de eso también tienen la culpa Phineas y Ferb.

miércoles, 27 de julio de 2011

Examen psicológico

Pues ya ven que ando desempleado ¿no? (por cierto, editores, denme una columna ahora que no cobro tan caro), pues bien, parte de andar en la búsqueda de trabajo es ir constantemente a entrevistas de trabajo. Aunque la mayoría de ellas son sólo eso, entrevistas, hay otras ocasiones en las que uno se ve sujeto a la aplicación de diversas pruebas y test de diversas índoles. Desde los psicométricos, hasta los de conocimientos, pasando por los de idiomas. Pues bien, hace poco acudí a una de estas citas laborales, en las que se me hizo un curioso examen psicológico: dibujar en una hoja en blanco, a una persona de sexo masculino bajo la lluvia, y detrás una historia que explicara mis trazos. Me dieron otra hoja, y me pidieron que hiciera lo mismo, pero ahora el sujeto tenía que ser de sexo femenino. Como acabé y se tardaban mucho en pasarme a la siguiente fase de la entrevista, les tomé foto a las dos hojas, mismas que les comparto, nomás por el gusto de hacerlo:


FIGURA MASCULINA




Pensamiento Circular

El sujeto del dibujo, el más grande, es Gabriel. Fanático de los blogs, se refugia de la lluvia con un pedazo de lámina que encontró en la calle. Para pasar el rato, Gabriel piensa en el Monito Feliz, un muñeco feo que viste de shorts. Luego pensó que aquel atuendo no era el adecuado para las lluvias. Entonces pensó que el Monito Feliz, debajo de la lluvia pensaría en ser más apuesto y tener un suéter. Lo malo es que el joven apuesto no pensaba en la lluvia, sino en lo libre que se sentiría si fuera una Orca. A esa Orca no le gustaba tanto su libertad, y se preguntaba que se sentiría ser una máquina, de esas que usan los humanos. A la computadora, seguramente le desagradaría saber tanto y ser tan mecanizada. Lo que en realidad quisiera, sería ser un señor gordo sin preocupaciones. El asunto es que al señor gordo le gustaría tener una sombrilla para poder salir a distraerse, a pesar de que la lluvia caía. Y así Gabriel volvió a darse cuenta de que en realidad, la lluvia no era impedimento para disfrutar el día.




FIGURA FEMENINA



Alpha y su gato pardo, a las 6

A las 6, Alpha tenía que llevar a su gato al veterinario.
A las 3 comenzó a llover. No importa, Alpha esperaba que la lluvia pasara.
Las 4 y la lluvia no paraba. Sapo Botija, su gato, pensó que se libraría de la consulta.
4:30. Alpha recibe una llamada de Gabriel. Él le dijo que viendo llover pensó en muchas cosas, pero más en ella. La invitó a tomar un café.
A las 4:50. Alpha, que ya había pensado en cancelarle la cita al veterinario, sonrió al pensar que ahora, tanto su gato como ella, tendrían una cita.
A las 5:30 Alpha salió guapísima. No importaba la lluvia. Se divertiría ella, protegería a su gatito con un paraguas y nada le echaría a perder la tarde.
En algún momento, su pensamiento y el de Gabriel convergieron.



Bueno, después de que vieron y leyeron mis pachequeces, díganme… ¿qué significa? ¿Alguien por ahí sabe interpretar estas pruebas y decirme que es lo que en realidad pensó el reclutador de mi? Aunque, en honor de la verdad, y antes de investigue lo que supuestamente transmití, debo aceptar que en el caso del dibujo de la figura masculina (que supuestamente, sería la femenina pero me quedó muy machorra) empecé a dibujar a un hombre pero no me gustó como quedó, luego empecé con otro y luego con otro. Ya casi, cuando había acabado, volví a recordar lo de la lluvia, por lo que lo agregué como pude. Como pueden ver, no soy muy buen dibujante, y por eso mismo, cada línea o cosa trazada, era para corregir un error o hacerlo ver más o menos coherente.

No dudo que estas pruebas sirvan mucho, pero creo que si quieren saber si estoy loco o no, deberían pedirme que hiciera otra cosa, porque dibujando, nomás nunca voy a parecer cuerdo. Por cierto, no me han hablado de ese trabajo…

miércoles, 15 de junio de 2011

Diario de un desempleado




Levantarme más o menos temprano (después de las 7:30, antes de las 9), desayunar, lavar los trastes, tender mi cama, algunos días barrer y sacudir la casa, sacar a pasear a mi perro Margarito y darle de comer, una vez a la semana lavar mi ropa, preparar algo de comer, mandar currículos, ir a entrevistas de trabajo… y esperar, esperar, y esperar más.

Han pasado ya varios meses desde que me quedé sin empleo. Desde entonces mi rutina diaria se ha convertido en un mucho de nada. Aparentemente se cuenta con tiempo, pero la incertidumbre se encarga de ahogarnos en dudas y paralizarnos. No es fácil ver como el resto del mundo camina como si pareciera habernos olvidado. Todos tienen compromisos, horas de entrada, de salida. Uno no. Se le pierde el sabor a los días. Los lunes valen absolutamente lo mismo que un jueves. Cuando el viernes en la tarde la ciudad se sume en ambiente festivo, la sensación de no merecer participar de él es inevitable. Lo mismo sucede con las merecidas vacaciones, que en un desempleado llegan a volverse motivo de vergüenza. Que descansen los que tienen derecho a hacerlo, mientras, yo seguiré cumpliendo mi función: estar fuera de lugar.

‘Ten paciencia’, ‘ya te llegará algo mejor’, o ‘tú sigue mandando curriculums, ya te hablarán’, suelen ser algunas de las frases de cajón que los desempleados oímos todo el tiempo. Paradójicamente, estas van terminándose para dar paso a insinuaciones como ‘busca trabajo pidiéndole a Dios no encontrarlo’, ‘es que no has buscado lo suficiente’ o en el peor de los caos, aparece el horrible calificativo de ‘NiNi’ (personas que ni estudian, ni trabajan). Pues bien, ya que éste es mi blog y puedo poner en él lo que se me venga en gana, aprovecho para aclararle a la sociedad y a quienes han llegado a considerarme así: no soy ningún Nini, estudié por años para obtener un título universitario, y el que quiera buscar un mejor empleo, para forjarme un mejor futuro no me convierte en un holgazán, mucho menos en un mantenido. Así que Nini su abuela.

Piensan que al no estar laborando, a uno le sobra el tiempo para todo, y cualquier favor, pago, entrega, o actividad recae inmediatamente en nuestra persona, pues ‘no está haciendo nada’. Ojalá la gente, esos que critican se dieran cuenta que conseguir un empleo hoy en día requiere de muchas horas de estar mandando curriculums, checar posibles lugares en los cuales pedir una oportunidad, y sobre todo, mantener la serenidad en una pelea con nosotros mismos, pues lo que menos podemos permitirnos es perder la cabeza.

A veces me gana la tristeza. Muy dentro de mí aun conservo ese deseo de comerme al mundo. Quiero recorrer la muralla china, ver con mis propios ojos las pirámides de Egipto, caminar por la Plaza Roja de Moscú, recorrer maravillado La Patagonia y Tierra de Fuego, admirar la aurora boreal en los países nórdicos, disfrutar todo mi México, comer en Barcelona, terminarme rollos y rollos fotográficos en Atenas, sentarme una tarde apacible en medio de la Plaza de San Pedro, tomar el sol en Rio de Janeiro, abandonarme al encanto de la Casa de la Opera en Sydney, sentir el vértigo de estar en una tierra tan lejana y mística como la hindú. En fin, que soy una aspiradora por vocación, deseo absorber todo, estar aquí y allá mientras la vida me lo permita. Viajar, escribir, madurar y llevar adelante mi proyecto de vida no pasará si las cosas siguen como hasta ahora. Me queda escaso, escasísimo dinero para sobrevivir a lo mucho un par de semanas. Necesito que ocurra algo, o si no, mataré al escritor viajero quién sabe si para siempre.

Así las cosas, desde éste pequeño infierno…

Por cierto, estoy a su disposición para elaborar textos de cualquier tipo. Ojo editores, aprovechen antes de que alguna editorial venga y me vuelva exclusivo.