Una entrevista por aquí, otra por allá, varios ‘nosotros te hablamos’ que a la mera hora no se concretaban sabrán Dios por qué. Recibir ofertas de trabajo risibles y francamente ridículas bajan la moral de cualquiera. Así viví casi todo el 2011. Intentando ver la cara buena de la vida aunque el destino se empeñara en ocultármela. Presionado por la gente que me rodea, escuchando comentarios acerca de mi conformismo y mi flojera, como si uno eligiera estar desempleado y desperdiciar hora tras hora sin pena ni gloria. Porque eso sí quiero dejarlo bien claro, cuando alguien no tiene trabajo muchas veces no es porque no quiera, sino porque simplemente no encuentra. Cuando alguien hacía comentarios referentes a mi situación o me calificaba de ‘nini’ me daban ganas de gritarle que se pusiera en mi lugar, ahí dónde cada domingo sabe igual que un martes o un viernes. Ahí donde lo único que se pide es una oportunidad para dejar de dar lastimas y sentirse útil.
A pesar de lo anterior creo que manejé bien la situación. Me prometía no perder la fe en el futuro y me decía que los cambios vienen por algo. Gracias a varias personas que siempre estuvieron apoyándome o tratando de conseguirme algún empleo (se los agradezco con el alma) es que me pude sostener sin volverme loco o traicionar mis ideales. Justo cuando me resignaba a terminar el año en la miseria y literalmente me quedaban 100 pesos en la bolsa las cosas cambiaron. Fue una tormenta difícil en la noche, pero el amanecer en calma pinta mucho mejor. Ahora tengo un nuevo trabajo, soy redactor web.
Y no de cualquier web, sino de uno que tiene un elevado número de visitas y que es una de las favoritas de éste país. Colaboro con el titular de esa página y con otro grupo de redactores para generar un contenido ameno, divertido e interesante. Tengo un horario que si bien me hace levantarme temprano me permite salir a la hora en la que todos están comiendo y prácticamente me permite tener la tarde libre. No está muy lejos de mi casa, el ambiente en la oficina es bastante relajado y amigable. Además (y muy importante) puedo ir vestido como quiera, porque eso de ponerme un incomodo traje a diario sigue sin dárseme.
Y así son ahora mis días.
Y escribo. Me pagan por eso y aunque no sea mucho me reafirma el sueño de que en éste país es posible hacer lo que a uno le gusta y ser remunerado por ello. También es un buen lugar para aterrizar y poner los pies en la tierra. Para darme cuenta que en esto de expresarse con las letras aun soy un principiante. Muchas veces batallo con el inglés, otras me doy cuenta que quizá no soy tan buen escritor como pensaba (ocasionalmente se me va algún dedazo o escribo frases sin coherencias). En fin, aprenderé. Es un pequeño paso hacia el futuro que me quiero forjar.
No les diré del todo en donde estoy, pues quiero mantener un tanto separado mi desempeño en ese trabajo de mi actividad en éste blog (y viceversa), pero les dejaré una pista…

Nos seguimos leyendo por acá y por allá.








