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domingo, 29 de septiembre de 2013

Carta a Carlos Vela



Querido Carlos Vela:

Hoy se cumplen casi 8 años de aquel 2 de octubre del 2005, día en el que la Selección Mexicana Sub-17 ganó el Campeonato Mundial de la especialidad en Perú; tú formabas parte importante de ese equipo y junto con el resto de los jugadores desfilaste por las calles de la Ciudad de México mientras miles de aficionados te vitoreaban a ti y a tus compañeros. Quién ahora escribe estas palabras estuvo ahí, aplaudiéndote y orgulloso de lo que hiciste.    

Desde ese momento te ganaste mis respetos y el de muchos mexicanos, realmente grabaste tu nombre con letras de oro en la historia del futbol mexicano. Sin embargo, el motivo de esta carta, que seguramente nunca leerás, dista mucho de dedicarte palabras amables o de agradecimiento, y es que sabes, uno no puede vivir eternamente de glorias pasadas.

No sé qué rayos pasa por tu cabeza, si te golpeaste con algo la cabeza, si actúas así por la edad o de plano estás imbécil, el chiste es que no me explico que no hayas querido formar parte de la Selección Mexicana, no en una ni dos ocasiones, sino varias veces más. El chiste es que desde hace un par de años cada que eres convocado a vestir la playera verde pones algún pretexto. Primero decías que te querías consolidar en Europa y que preferías permanecer en tus equipos y buscar la regularidad. Y así fue, en honor a la verdad podríamos decir que cumpliste tu objetivo.

Los meses venideros los aficionados y medios deportivos te hemos visto rechazando una y otra vez las convocatorias que se te hacían a la Selección Nacional y las cuales rechazabas con pretextos francamente idiotas. Así te negaste a venir a juegos amistosos, Juegos Olímpicos, torneos internacionales y partidos eliminatorios.

Paralelamente tus actuaciones con la Real Sociedad de la Liga Española cada vez eran mejores, con ese antecedente algunos periodistas y fanáticos pedían constantemente tu regreso a la selección diciendo que eras actualmente eres el mejor jugador mexicano del momento. Y lo es, pero no por eso vamos a estar rogándote.

Finalmente el pasado viernes volviste a negarte a jugar para México, y lo haces justo en el momento en el que el equipo tricolor necesita más la suma de esfuerzos para revertir el mal momento por el que atraviesa la Selección y lograr el boleto para la Copa Mundial de Brasil 2014. Argumentaste que no te sentías 100% anímicamente para venir a sumar.

Y ahí sí mi querido Carlos, no mames. Si un día salgo con esa cantaleta y digo que no voy a trabajar porque no me siento anímicamente bien, seguramente me corren.

¿Entonces cuándo vas a estar al 100%? ¿Ya que se califique al mundial?

Si tú lógica es no apoyar a tu país cuando lo necesitas anteponiendo tu estado de ánimo, entonces no entiendo tu escala de valores en tu carrera. En México se cuentan por miles las personas que darían su vida por defender la playera verde que hoy desprecias con sobrada desfachatez. Vestir esa playera es un orgullo que pocos tienen y que tú tiras a la basura. ¿Quién demonios te crees?

¿Alguna vez Messi, Maradona o Pelé han hecho o hicieron semejante ridiculez de despreciar a sus Selecciones?

Finalmente no se te puede obligar a que estés en donde no quieres, pero seguramente algún día te arrepentirás de esta niñería que estás haciendo. No te diré que eres un mal mexicano pues al fin y al cabo el futbol no es más que un juego y la patria no se va en ello, pero sí habla muy mal de ti que como profesional evadas tu responsabilidad de esta forma.

Ojalá nunca te vuelvan a convocar a la Selección, te lo deseo de todo corazón, finalmente prefiero que jueguen quienes realmente lo desean y se rompan el alma por el equipo, a que lo haga a regañadientes un escuincle cagón, como tú comprenderás. Finalmente es mucho más mexicano un naturalizado que a pesar de no haber nacido en nuestro país está dispuesto a jugársela por este país, mientras tú te escudas de sabrá Dios qué.


¿Te estresan las críticas, los viajes, los abucheos? Pues te tengo una noticia princeso, eres futbolista, no Reina de Belleza. Y sí, formar parte de un representativo nacional trae consigo presiones, pero también muchas satisfacciones y la oportunidad de llevar en tus hombros los sueños de un país entero.

Qué tú mismo te perdones por lo que le estás haciendo a tu carrera, y ojalá en un futuro este país no olvide el desprecio futbolístico en el que ya caíste varias veces.

Sin más por el momento, sigue triunfando en Europa, que en la Selección ya sabrán arreglárselas sin ti, y a ver quién te extraña.

Atte.
Un aficionado que aun en tiempos difíciles, no se quita ni deja de amar a esta preciosa playera:

jueves, 10 de noviembre de 2011

Querido y odiado enemigo (carta al América)



Querido y siempre odiado Club América:

Nunca pensé que te escribiría una carta a ti, el más odiado de los rivales. En realidad creo que ni siquiera tendría por qué estarme metiendo en un problema en el que aparentemente no tengo incumbencia. Me presento. Soy un aficionado más al futbol, seguidor de toda la vida al Atlante, equipo que representa casi todos los ideales opuestos a ti. Nuestra cuna pobre e historia llena de traspiés, nada tiene que ver con tu riqueza y suntuosidad. Es en honor al recuerdo de lo que casi siempre has sido, por la que redacto estas líneas. Para que te mentirte, extraño esas batallas en las que vencerte resultaba un reto. Juegos en los que el orgullo estaba por encima de todo y cuyo resultado me dejaba marcado por días. Ya fuera coraje o alegría, un Atlante-América nunca podría dejarme indiferente.

Por desgracia, enemigo mío, esa sensación ha ido cambiando. De un tiempo acá te noto cambiado, decaído. Como si parte de tu espíritu se hubiera esfumado. Enfrentarte ya no viste como antes. La ilusión de doblegarte ha dejado de tener la intensidad de otras épocas. Y no te lo niego, me duele. Fastidia saber que desde hace tiempo estás enfermo de intereses y conflictos internos. ¿Qué sería del futbol sin rivalidades, sin alguien a quién odiar y desear pasarle por encima en cada oportunidad? Creo coincidir con los aficionados del resto de los equipos, en que echamos de menos a ese América ganador, aquel equipo que se detesta con el corazón, pero al que se le respeta por su historia.

La liga mexicana no podría entenderse sin su antagónico de siempre. Para hablar de futbol en éste país es obligatorio referirse a tus títulos, a tus rivalidades, a tus jugadores emblemáticos y a tus colores. También está esa afición a la que tantas veces les he mentado la madre en un estadio, gritándoles un gol de mis Potros o aguantando sus burlas. Todo el americanismo en conjunto necesita despertar de su letargo. Retomar el camino de lo que solían ser, y entonces sí, volver a despertar la animadversión que sólo ustedes provocan.

No pretendo homenajearte con estas palabras. Al contrario, quiero que reacciones para cuando vuelvas a ser el de siempre, gritarte cada gol en la cara y celebrar burlonamente las victorias sobre ti. Quiero que vuelvas a ser grande por tus resultados y no porque una ridícula campaña mercadológica lo dice. Quiero que tus soberbios seguidores vuelvan a tener motivos para ser arrogantes, y así callarles la boca sin que una de tus malas rachas opaque el resultado.

Pocos equipos te han enfrentado tanto como el Atlante. Ambos son viejos conocidos, no por nada nacieron en el mismo año. Han sido 96 años de enfrentamientos, de un juego que tiene la etiqueta de clásico y que al menos para mí, siempre ha sido importante. Te necesitamos para que seguir alimentando esta historia.

Espero te cures pronto… nos veremos en la cancha. Y tan enemigos como siempre.


Atte.
Un Atlantista

jueves, 3 de junio de 2010

Hasta siempre, "Jefe" Vilar


Seguramente, como cada vez que escribo de futbol, el promedio de visitantes en éste blog bajarán. Sólo por esta vez, casi no me importará. Aunque no quiera, la necesidad de escribir es más fuerte. En parte por agradecimiento, en parte para curarme el dolor, y en parte también, para honrar nuestros recuerdos.

Estas palabras son para ti, Federico Vilar. Más de cinco años defendiste la portería del Atlante, equipo de mis amores. Tus actuaciones soberbias y tu estilo valiente y desenfadado, hicieron que de a poco te fueras ganando el corazón de la afición azulgrana. No importaba el rival o lo que se jugara, siempre salías a dar todo por nuestro equipo, aquel que te brindó la oportunidad de llegar a México y al poco tiempo, permitirte jugar en primera división. El colofón del cariño que la afición te profesa, llegó a su punto máximo el día en el que junto con el Atlante fuiste campeón de liga, y cuyo logro, en buena medida fue gracias a ti. Desconozco el número de veces que grité tu nombre en el estadio, o la de veces que respiré tranquilo después de una de tus salvadas imposibles. Poco después te conocí en la presentación de tu libro, y confirmé que tu grandeza va de la mano con tu sencillez.

Gracias Fede, por habernos regalado tantos años de tu talento. Ya eres parte de la historia del Atlante. Te vas por la puerta grande con la certeza de que volverás, pues así son los grandes amores. Hoy te digo adiós con el corazón roto, pero con la alegría que da el haber dado todo. De una u otra forma, tu historia y la del Atlante estarán unidas por siempre. Eres el mejor, que Dios te bendiga en tu próxima aventura, hasta que algún día, nuestros caminos vuelvan a ser uno.



martes, 15 de diciembre de 2009

Atlante, mañana es el día más importante de tu historia


En la vida de cada persona existen días históricos. Momentos sublimes que a sin importar su duración (veces sólo son segundos) marcan nuestra vida. Para bien o para mal cimbran nuestra existencia y le dan a las cosas ese toque eléctrico que transforma lo que toca en milagro.

Querido Atlante, escribo estas líneas para ti, equipo de mis amores. En poco menos de quince horas estarás jugando tu primera semifinal de un Mundial de Clubes, privilegio que sólo muy pocos conjuntos han tenido. El camino hacia el partido de mañana no ha sido fácil ¡si lo sabré yo, seguidor atlantista de hueso colorado! Primero tuviste que coronarte como campeón mexicano en el invierno del 2007. Ese logró te permitió competir éste año en la Copa de Campeones de la Concacaf ante los campeones y sub campeones de Norte, Centroamérica y el Caribe. Volviste a salir campeón, pero ahora de tu confederación de futbol. Fue así como te convertiste en uno de los 8 equipos clasificados al Campeonato Mundial de Clubes 2009 que éste año se celebra en Emiratos Arabes Unidos. Ahí, los equipos campeones de cada continente competirán buscando obtener el título de Campeón del Mundo.

El pasado sábado debutaste contra el Auckland City de Nueva Zelanda, equipo al que derrotaste categóricamente 3-0. Llegaste a semifinales y tu próximo rival en turno es nada más, ni nada menos, que el Barcelona, considerado por muchos como la mejor escuadra a nivel mundial de los últimos años. Sí, mañana te enfrentarás a una máquina de hacer futbol, a un grupo de jugadores de primer nivel que éste año han ganado todos los torneos en los que han participado. Ante semejante potencia mañana jugarás el partido más importante de tu gloriosa historia.

Supongo que a los ojos de todo el mundo apareces como la víctima. Sin embargo, quienes desde siempre hemos amado tus colores y tu tradición, sabemos que si algo te sobra, Atlante mío, es corazón. En está ocasión no sólo lucharás por poner en lo más alto del orbe tu escudo, sino también el de todo México. Ignoro cuál sea el resultado final de mañana. Lo cierto es que esos 90 minutos los disfrutaré como pocas cosas en la vida. Te amo con todas mis fuerzas, te he seguido en las muy malas y en las pocas buenas. Por eso mañana, mientras tus jugadores dan todo en la cancha, seré feliz. No importa lo que pase, ya me has llevado hasta dónde quería estar.

Que Dios te bendiga y suerte…

ACTUALIZACIÓN MIÉRCOLES 16 DE DICIEMBRE


Atlante perdió 3-1 ante Barcelona hace unas horas. Inició ganando a los 4 minutos y por media hora tuvo al cuadro español abajo en el marcador. Después se impuso la lógica y los catalanes, con todas sus figuras y su envidiable juego de conjunto le dieron la voltereta a los Potros. Fue un partido valiente que Atlante encaró de forma valiente. Se perdió el pase a la final, pero ahí queda el orgullo de los miles de atlantistas que disfrutamos el partido. Hoy más que nunca estoy orgulloso de ver a mi equipo tan alto. Ahora, vamos por el tercer lugar.

martes, 15 de abril de 2008

Allá, dónde siempre puedas reír

Miguel Galván:

Confieso que pensé mucho sobre escribir o no estás líneas para ti. No quiero faltarle el respeto a tu memoria, ni a la gente a la que realmente éste día les duele en lo más profundo del alma, pero la necesidad que siento de hablar de ti y de éste sentimiento extraño que me invade es tan fuerte que me es imposible contenerlo.

Aunque sabía que llevabas días en el hospital. La noticia de tu muerte, al igual que a muchos, me cayó por sorpresa. Quizá sea una apreciación tonta, pero lo último que uno se imagina es que la gente como tú sufra o sea tocada por la muerte. Las personas que se dedican a tu noble labor nos tienen mal acostumbrados a ver en ustedes el remedio al tedio, la solución a los problemas, el alivio para el alma. Escribir de la muerte de alguien dedicado a hacer reír nunca será fácil.

Sin pena me cuento entre los miles a los que alguna vez le arrancaste una carcajada. Con cualquiera de tus personajes siempre engalanabas los programas de televisión en los que participabas y que tanto me gustaban. Cerré mis ojos, con toda claridad pude recordar alguna de tus intervenciones en televisión y como era de esperarse una risa escapo de mis labios Antes no me lo había planteado, pero hoy reconozco cierta admiración de mi parte hacia ti: tan sólo con tu enorme talento como llave, supiste abrirte la puerta ya no de la fama o el éxito, sino del cariño del público. Sin ser guapo ni agraciado (perdona mi impertinente honestidad en momentos como éste) los que te conocieron dicen que tenías un gran corazón, lleno de positivismo y que sabía ser un gran amigo.

Mi único contacto contigo fue hace cuatro años. Grababas “La Hora Pico” en uno de los foros de Televisa San Ángel y me pareció admirable la pasión que le dedicabas a tu arte. Suponer que ese recuerdo, y el milagro de arrancarme un par de risas deberían ser suficientes para justificar esta carta improbable. Y sin embargo, querido Miguel, tu muerte me ha pegado por más razones que la simple admiración. Para empezar, la enfermedad que te arrancó la vida fue la misma que hace cinco años me quitó a mi Papá. Por lo tanto, adivino lo desgastantes que debieron haber sido tus últimos meses de vida y que paradójicamente, incrementan el valor de tus esfuerzos por portarte estoico y anteponer, como siempre, tus ganas de hacer que fuera tu público, y no tú, quien olvidara por medio de risas sus problemas cotidianos.

No sé que tan mal gusto haya en que por televisión hicieran enlaces desde la funeraria en la que se velaba tu cuerpo, pero debes de estar muy orgulloso de que toda la familia de la comedia y el humorismo en México se encontrarán reunidos sin más objetivos que el de rendirte un tributo y recordar tu calidad humana. Verlos llorar o con el rostro inundado de tristeza me rompió el corazón. Te confieso que además de simpatía, siempre he sentido inclinación por la comedia y el arte de hacer reír. En parte por eso estudie Comunicación, y también en parte por eso, cuando la vida se me complica, suelo imaginarme que estoy en medio de un programa de comedia y entonces las cosas se ven de mejor forma. A la vida no hay que tomársela tan en serio pues si no esta pierde su verdadero sentido.

Lo extraño es que la gran mayoría de los comediantes, fuera del escenario, son personas un tanto introvertidas y tímidas que no explotan hasta estar caracterizadas o frente a un público. ¿Y sabes?, yo soy así. A ratos puedo parecer alegre o verle lo gracioso a todo. Puedo escribir y aparentar ser algo que no soy.... pero entonces, cuando estoy sólo yo, sin disfraz o personas ante las cuales mostrar mi verdadera careta, suelo ser bastante solitario. Decían que detrás de tu soledad había una gran ternura.

En ti vi un espejo y me reflejé.

Me sigue conmoviendo el que te hayas ido. Descansa en paz ahí dónde estés. Gracias por las risas, ahora es tu turno.

domingo, 20 de enero de 2008

Mi héroe es una chava

“Hay personas que ven las cosas como son y dicen ¿por qué?... y habemos personas que soñamos con cosas que nunca han sido y decimos ¿porque no?”

Querida Ana Gabriela Guevara:

Comparar sentimientos, además de ser de mal gusto, resulta imposible; por eso no soy capaz de catalogar lo que algunas tardes me hiciste sentir. Decir ‘esta vez fue más intensa que la otra’ nunca se estipula en momentos de felicidad y menos cuando se trata de ti.

Podrán ser infinidad de momentos, pero en especial, aquel mediodía de un verano del 2004 paralizaste por 49 segundos mi corazón y el de todos los mexicanos. Esa tarde corrías la final olímpica de los 400 metros en Atenas. Miles de personas en el estadio, y millones siguiéndote por televisión. Para esa ocasión decidí faltar a un par de clases, nada ni nadie impediría que disfrutara aquella épica batalla contra T. Williams y otras cinco corredoras que como tú, ansiaban llegar a los niveles del atletismo mundial. Seguramente, el resto de los habitantes de éste país se las ingeniaron para estar cerca de algún televisor a la 1 de la tarde.

Llegó la hora y los principales canales y medios informativos se enlazaron en vivo hasta el Estadio Olímpico de la capital griega que adornado con el pebetero encendido le daban al entorno el escenario perfecto con el que sólo pueden vestirse los momentos históricos. Me recuerdo temblando cuando tu imagen calentando aparecía y se alternaba con algunas tomas a las tribunas en las que siempre sobresalía alguna bandera mexicana. Te despojaste de tu chamarra de entrenamiento y al igual que tus rivales te acomodaste en tu carril de salida. Seguramente en esos momentos sentías la energía y orgullo que todo un país irradiaba por ti, si era emocionante verte, no puedo ni siquiera hacerme una idea de lo que era estar en tus zapatos en esos momentos (aunque para serte honesto, creo que todo México cabía ahí).

Entonces el sonido local empezó a presentar a cada una de las corredoras y al llegar a ti el grito de México-México-México fue ensordecedor apenas apareciste en las pantallas gigantes del estadio. Parecía que jugaba la Selección, parecía el estadio Azteca antes de un partido ante Brasil, parecía que en ese momento Atenas era una sucursal de México. Fue una sensación tan estremecedora que no me dejó otra opción que ponerme a temblar mientras toda la piel se me enchinaba y un choque eléctrico recorría mi cuerpo. En cambio tú, querida Ana, lejos de inmutarte o ponerte nerviosa, demostrarte el gran auto control y seguridad que posees: Lo único que hiciste fue sonreír y pedirle al público con un gesto amable que guardara silencio.... y todos lo entendimos, estabas tan concentrada en ser la mejor que no querías que nada te desviara del objetivo.

No lo recuerdo bien, pero creo que rezaba segundos antes de la señal de salida. En el momento que se dio la señal de ‘fuera’ no respiré. Te seguía en la pantalla sin permitirme parpadear, tragar saliva o moverme. A los pocos metros de carrera tú y Williams habían dejado atrás al resto de competidoras y se enfrascaban en un duelo de poder a poder por alcanzar la meta. Paso tras paso, mientras Williams se desinflaba y perdía gas, a ti te sentía más próxima al objetivo, tu rostro siempre tan seguro ahora denotaba que te esforzabas al máximo por mi, por tu familia, por todo un país que nunca dudo en converirte en su hija prodiga y que esa tarde, cuando en un final explosivo llegaste en segundo lugar (de haber habido 20 metros más, sin duda habrías ganado).

Ver como recorrías la pista con la bandera de México y la de Grecia a tus espaldas, como dabas infinidad de entrevistas a medios nacionales y extranjeros, escucharte tomar una llamada del Presidente y verte intacta y hasta cierto punto insatisfecha por el segundo lugar me dio una gran lección de vida, pues mientras todo México festejaba tú ya tenías la mente puesta en el siguiente año, en la próxima competencia, en la próxima carrera.

Esos momentos de mi vida en los que siento de más jamás los cambiaría. ¿Y sabes?, no fue la única vez. Contigo se me hizo costumbre decir ‘vamos a gANAr’, observar imágenes tuyas con medallas, trofeos, en un podium, con la bandera y festejando se hizo tan común que cualquiera pensaría que ser la mejor del mundo es cosa fácil. No fue sólo la medalla de Atenas la que desde hace mucho hizo que te lleve en mi corazón, también son culpables las medallas que ganaste en Juegos Centroamericanos, Panamericanos, tu triunfo en la Golden Leauge, Copas del Mundo, el récord mundial que rompiste y sobre todo, el día que ganaste el campeonato mundial de Atletismo. Dejando en claro que desde hace mucho, eres la deportista mexicana más grande de todos los tiempos.

‘Mi héroe es una chava’, así decía la campaña publicidad que Nike lanzó con tu imagen y que en mi caso describe lo que eres para mi. Ganaste todo en una disciplina en la que nadie se lo hubiera imaginado. Pusiste el correr de moda, llenaste un estadio en la Ciudad de México con más de 50 mil personas para ver una carrera de Atletismo. Hiciste respetar tu nombre y el de México en todo el mundo siempre de forma honesta y humilde. Nos demostraste que no hay rival invencible si se está convencido de que el trabajo y esfuerzo acaban con cualquier imposible. Siempre fuiste la excepción a la regla, ese punto que en un mar de inseguridades y complejos no se cansó de alzar la voz y convencernos de que ser mexicanos es sinónimo de ser capaces de todo.

Sigues siendo diferente. Hace cuatro días anunciaste tu retiro definitivo del Atletismo a unos meses de los próximos Juegos Olímpicos después de que no obtuviste respuesta ante los reclamos que le hiciste a las autoridades deportivas de éste país sobre el pésimo manejo de recursos y preparación. Era una lucha que no te correspondía y que sin embargo emprendiste con valentía no en tu nombre, sino en el de todos los deportistas que debido a la ineptitud de la política ven mermados sus sueños de prepararse adecuadamente. Dijiste que la estructura del deporte mexicano ‘es una porquería’ y tienes razón.

Es una lastima que situaciones así hagan que te retires tan prematuramente, pero a la vez es un orgullo saber que mi héroe tiene convicciones y que lucha porque el deporte mexicano salga adelante. Es una lastima que el Presidente Felipe Calderón no tenga tiempo para recibirte, pero te aseguró que si hubieras ido a Beijing hubiera sido el primero en llamarte cuando ganarás la primer carrera. Es una lastima que Carlos Hermosillo y demás dirigentes del deporte nacional digan que tu renuncia en realidad fue porque tu carrera va a la baja... Y yo preguntó: ¿colarse en todas las finales mundiales y olímpicas de Atletismo de los últimos cinco años es ir a la baja?. Es una lastima que algunos periodistas y medios de comunicación, que en tus victorias se peleaban por entrevistarte y firmar contratos contigo, ahora te lancen duras criticas. Es una lastima, y decir esto me duele mucho, que las autoridades el país al que tanto le diste te trate así y dejé que te vayas sin hacer el mínimo esfuerzo por retenerte a ti que sin lugar a dudas eres la mejor y nadie, pero nadie, tiene el derecho de recriminarte nada.

Pero la verdad está afuera Ana. Podrán lanzar mentiras y calumnias sobre ti, pero de nada servirá cuando desde hace muchos años le robaste el corazón al pueblo mexicano. Somos nosotros y no los imbeciles dirigentes quienes vibramos, lloramos y nos sentimos parte de ti. Nosotros jamás olvidaremos que tu legado a muchos nos da la fortaleza para seguir adelante pensando que todo se puede y porque con tus triunfos engrandeciste a México.

Sé que tu carrera en las pistas terminó y que no soy nadie para pedirte que regreses. Eres una triunfadora, harás lo mejor y sé que jamás traicionaras esos ideales que tanto me hacen respetarte. Sé que nunca pararás.

A nombre de México, te doy las Gracias.

miércoles, 9 de mayo de 2007

Gracias Adal



Querido Adal Ramones:



Recuerdo la primera vez que te vi. Fue un sábado en la tarde, yo tenía 13 años y sin querer sintonicé canal 9 y ahí estabas. Usabas gorra y vestías como cualquier muchacho de mi edad. Hablabas y hablabas de aeropuertos frente a la cámara, poco después supe que aquel monologo era la sección de apertura de un programa que llevaba apenas un mes al aire.

‘Otro Rollo’ era el nombre de aquella emisión que desde ese entonces se volvería mi favorita. Una semana después memoricé tu nombre sin imaginar que te volverías un referente en la historia de la historia de la televisión mexicana. Entonces Otro Rollo era transmitido los lunes por Unicable, y repetido los sábados en televisión abierta. Gracias a ti, le pedí hasta el cansancio a mi papá que instalara cable en la casa para poderte ver en vivo y no en una repetición.

Con el tiempo me volví fan de hueso colorado no sólo de ti, sino de Yordi, Mauricio Castillo y todo el concepto del programa. Y es que nunca antes había visto algo así en televisión: un espacio en el que hubiera humor, creatividad, inteligencia, grandes entrevistas y sobre todo, pasión por el entretenimiento. Sin saber cómo paso, me fui convirtiendo en un Adal a escala: usaba gorras, escribía mis propios sketches y monólogos, y hasta me imaginaba que era yo, y no tú, el conductor del programa.

No faltaba quién te criticara y dijera que aquel éxito en realidad era inmerecido, y yo te defendía diciendo que tu programa estaba bien hecho y tenía calidad, que tu programa pasaría a la historia como uno de los mejores. El tiempo me daría la razón y llegarías a canal 5, manteniendo siempre un gran rating, entrevistando a todos los grandes personajes de la vida pública nacional e internacional, e innovando siempre con divertidas dinámicas y retos. Desde entonces, concebir un martes sin ver Otro Rollo antes de irme a dormir era inconcebible.

Y así pasaron 12 años, hasta ayer, 8 de mayo, día en el que se transmitió el último Otro Rollo.

Contrario a la mayoría de los programas que salen del aire, el tuyo no se va por bajo rating, falta de patrocinadores o problemas internos, no, al contrario, se va porque tú mi querido Adal, eres un creativo por naturaleza, un hombre de retos. Se termina Otro Rollo pero te seguiremos viendo en tu nuevo proyecto y sueño ‘¿Y ahora qué hago?’, comedia de situación que seguramente será otro éxito en tu carrera.

Hoy ya no quiero ser tú, pero no puedo dejar de admirarte.

Casi apostaría que no leerás esta carta, pero de cualquier manera necesitaba escribirla, es lo menos que se puede hacer por alguien que por años me alegró la vida. Ahora mismo, mientras escribo no sé ni por dónde empezar pues son tantas las cosas por decirte que de seguro me quedaré corto. ¿Sabes que tú eres uno de los grandes culpables de que estudiara Ciencias de la Comunicación?, además, me enseñaste que uno puede amar la comedia y el humorismo a tal grado de volverlos un estilo de vida. Gracias, porque viéndote a ti me doy cuenta de que crecer no significa renunciar a tus sueños, ni dejar de jugar y ver lo divertido de la vida.

Ayer, mientras despedías tu programa acompañado de los otros conductores sentía que una parte de mi se iba con ustedes. Llorabas y no eras el único, varias veces yo sentí que las lágrimas se me escapaban y que un nudo se formaba en mi garganta. Y es que no sólo eres un icono de mi generación. Creciste conmigo. No importaba que se me cayera el mundo en pedazos, yo sabía que cada martes bastaba encender mi televisión para que me sacaras una sonrisa. Y eso mi querido Adal, no tiene precio. Tú eres la prueba de que las cosas pasan, y yo quiero creerlo.

El problema de escribir cartas a alguien que tanto admiras es que siempre sientes que ‘te falta algo’. Son 12 años de recuerdo y no te digo adiós, sino hasta luego, pues en unos días estrenas programa y estoy seguro, Otro Rollo volverá. Con el corazón inundado de sinceridad te doy las gracias a ti y a todo tu equipo por haber hecho de mis martes Otro Rollo. Gracias por haber querido divertirme aun a costa de tu salud y problemas personales. Seguramente volveré a escribir sobre ti, hasta entonces, que Dios te bendiga mucho.