sábado, 1 de agosto de 2009

Seducción electrónica


La música electrónica nunca me ha gustado. O eso creía.

Manejo sobre Churubusco, cerca del cruce con Tlalpan. La tarde está linda y soleada, brilla. Por eso aproveché para salir de casa y respirar vida. Generalmente vago sin rumbo fijo hasta que me aburro o quedo atrapado en un embotellamiento. Entonces me enojo y maldigo el haber salido de la tranquilidad de mi hogar para internarme en ésta selva de asfalto a la que es imposible odiar por mucho daño que nos haga.

Afortunadamente la tarde de hoy es diferente y misteriosamente apacible. Pongo el CD en el stereo del auto. La verdad no espero gran cosa del disco de Paul Van Dyk que por mero azar cayó en mis manos el pasado fin de semana. Cierto es que en unos días tengo que devolverlo a su legitima dueña, cierto también, es que la curiosidad de escucharlo me venció.

Track 1. No es lo máximo, pero tampoco me desagrada. Una voz en mi interior me dice que dentro de unos minutos lo quitaré y en su lugar pondré algo de Alejandro Sanz, Robbie Williams o Panda. Otra voz en mi interior me dice que espere un poco. Para cuando comienza el segundo track, la música ya manda en mi. Se apodera de mis pensamientos y sensaciones. Comienzo a creer que en realidad ese disco no es tan malo. A estas alturas creo que lo escucharé completo. Diez minutos después, todos esos sonidos y efectos sonoros se han transformado en adrenalina que corre y recorre mis venas. Conscientemente inconsciente acelero más. Apenas dimensiono la locura y el peligro de transitar por avenida Churubusco a 140 km/h. Mi locura, Van Dyk, la tarde azul y un recuerdo. Todo se conjuga y me hace sentir ¿fuerte? No. ¿Más vivo? Sí, debe ser eso.

El disco de electrónica termino gustándome. Supongo que lo mismo pasa con el amor. Así como nunca planeé escuchar algo así por propio gusto, uno tampoco espera caer enamorado cuando menos lo espera. No me pregunten por qué, pues seguramente no podría explicarlo, pero de repente comprendí por qué estos ritmos le gustan tanto a su legitima dueña. Dentro de cada bit hay alegría, misticismo, belleza y un universo de sensaciones.

Terminé de oír los once tracks. En unos días el disco regresará a su propietaria. Dejo mi auto en una calle sobre la lateral de Churubusco y subo a un puente peatonal que atraviesa la avenida. Veo mi sombra proyectada en el asfalto, admiro la ciudad y un solo pensamiento invade mi mente ‘sé que estas bien, porque la tarde esta linda y soleada’. Así murió mi aburrimiento esta tarde. Ahora sé que la música también sirve para explorar otros mundos y ser feliz.
-escrito en noviembre de 2006

miércoles, 29 de julio de 2009

Píntale la raya al cambio climático


Vagando en internet llegué a esta campaña que busca concientizar y ejercer acciones efectivas en contra del cambio climático que cada día se constituye en una amenaza más sería para la humanidad. No hay que ser un genio para darnos cuenta que los efectos ocasionados por el calentamiento global comienzan a ser preocupantes. Sequias, aumentos y descensos de temperatura radicales, huracanes y lluvias torrenciales son sólo una muestra de que el problema es más grave de lo que se piensa.

Lamentablemente, por más que el problema sea conocido por el grueso de la población, las medidas serias que se han tomado realmente son muy pocas. La información está ahí. La voluntad sigue pensando que nada va a pasar.

Hoy me topé con la campaña 'Píntale la raya al cambio climático', lanzada por Greenpeace y que busca la recolección de firmas para exigirle al gobierno mexicano que asuma un papel protagónico en la ‘Convención Marco de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático’ que se celebrara en diciembre de éste 2009 en la ciudad de Copenhague. En dicha reunión los países participantes se comprometerán a disminuir su producción de Co2 y a tomar medidas eficaces para frenar el cambio climático.

En su sitio web puedes agregar tu nombre al de miles de personas. Todas las firmas que se recolecten hasta fin de año, serán entregadas a Felipe Calderón, Presidente de México, para exigirle que nuestra nación entre de lleno en la lucha por salvar al planeta por medio de políticas y presupuestos destinados a la protección ambiental.

Hace unos minutos firmé con mis datos dicha petición. Para muchos sonará absurdo que con teclear mis datos ayude realmente en algo a detener el calentamiento global. Sin embargo lo más importante, y generalmente difícil, es animarnos a ser parte de la diferencia. Con esa firma insignificante levanto la voz ante mi gobierno y ante el mundo. Pinto mi raya y declaro que me importa mi planeta reclamando a los líderes del mundo que se actué cuanto antes. Desde luego nuestro papel no termina ahí, pues la firma de la petición nos obliga a tomar pequeñas acciones en nuestra vida cotidiana. Dejar de usar tanto el auto, cambiar las bombillas de nuestra casa por focos de bajo consumo de energía, apagar las luces y aparatos eléctricos que no usemos son sólo algunas de las medidas con las que podemos salvar el mundo.

Este blog y su autor se unen a esta campaña activista que a todos nos incumbe.

El escritor mexicano Xavier Velasco habla de ‘Píntale la raya al cambio climático’:


lunes, 27 de julio de 2009

Coros de un recuerdo

Esta tarde no llueve,
pero en cambio es fría.
Sigues aquí, confundida con pensamientos.

Como si fuera poca cosa,
torpemente me extingo en tu alma,
al son de un bolero que con melancólicos
toques de tango me dice:

Y pensaba en ti.
Ayer. Hoy también
Siempre en ti.
Estabas ahí.
Ayer.
Sin mi
¿dónde estoy cuando quiero pintarme a tu lado?
El presente no ha cambiado.

¿Quién está perdido?
Tú que vives perdida en una ciudad que no es la mía.
O yo, que vivo en un mundo de estrellas y flores parlanchinas

Tu verdad es la del mundo.
La mía se murió con tu último beso.

Vivimos en tiempos ajenos.
Yo en el infierno. Tú en la tierra.

Yo pensaba en ti corazón
¿tú en quién?
No sé si el saber esta respuesta
me agrade, me haga bien o me desangre.


Gabriel Revelo
Diciembre 2006

sábado, 25 de julio de 2009

La risa, el mejor homenaje


Partamos del hecho de que sólo se parodia aquello que es trascendente, importante o atractivo para los demás. Dedicarle horas de trabajo y esfuerzo para lograr igualar hasta el más mínimo detalle. En cierta forma, al imitar una situación o una persona, lo que se hace es rendirle un homenaje. Cuando la mezcla entre buen humor, creatividad y respeto es perfecta, el resultado es simplemente maravilloso.

Precisamente, el domingo pasado, dentro del reality show de comedia ‘Hazme reír y serás millonario’ pude ver una de esas parodias entrañables. De una perfección que veo y no me creo, el número presentado por el comediante Omar Chaparro, la conductora Cecilia Galeano y Marvin, el soñador. Sabía que después de la muerte de Michael, Omar (admirador confeso de toda la vida de Jackson) tarde o temprano presentaría algún sketch en su memoria. La duda es que tan bueno sería, y sobre todo, que tanto respeto se le daría a una de las figuras más emblemáticas cultural y musical de los últimos años.

Poseedor de un carisma y capacidad de improvisación, a Omar Chaparro lo he seguido desde los inicios de su exitosa carrera. A sus programas de televisión, radio y en sus interpretaciones teatrales les ha sabido imprimir su muy personal estilo. El día que Jackson murió, Omar fue entrevistado en una estación de radio donde, con un gran dolor en su tono de voz, no dejó de afirmar que ‘si estoy en el negocio del entretenimiento es por Michael. Comencé a imitarlo desde niño’. Ese cariño quedó plasmado en su parodia de Thriller.


Paradójicamente, hace unas semanas recibí un mail cadena alusivo a la muerte de Michael. La imagen que incluía intentaba ser graciosa pero caía en lo grotesco y en el mal gusto, sobre todo por tratarse de un acontecimiento que a muchos aun nos duele. Regresé el mail expresando mi desacuerdo y recibí un par de reclamos en las que se me decía chillado e intenso. Días después llegó la parodia del video de Thriller en la que Omar Chaparro interpreta a Michael. Comprobé que se puede ser gracioso y a la vez respetuoso. Que se puede hacer algo espectacular sin necesidad de empañar el brillo del artista que aun hoy tiene al mundo consternado.

He visto el video de la actuación de Omar unas diez veces. No dejo de emocionarme y de reír. Memorable, tanto desde el punto de vista de la comedia, como desde el punto de vista de un recuerdo a Michael. De aquel correo cadena, cuya imagen no quise ni postear, a lo que vi el domingo pasado hay un mar de contrastes. El cariño, respeto e ingenio hacen la diferencia. Les dejo el video para que ustedes juzguen, de antemano sé que les gustará.

PD. TELEVISA RETIRÓ EL VIDEO DE YOU TUBE... NO ENTIENDO ESTA POLÍTICA... EN FIN, SIENTO MUCHO QUE YA NO PUEDA VERSE EN ESTE HUMILDE BLOG.

martes, 21 de julio de 2009

Ser tus ojos


De pronto verlos día tras día se volvió lo más cotidiano. Llegaron a un punto en el que se mimetizaron con el entorno y dejé de reparar en ellos. La más linda historia suele perderse entre la rapidez de la vida cotidiana. No obstante, hay contados instantes en los que logro salir de la superficial rutina y enfocar mi atención en aquella pareja tan peculiar que cada tarde trabaja en el cruce de Canal de Tezontle y Canal Río Churubusco.

Desde hace años Padre e hijo esperan pacientemente a que la luz del semáforo cambie a roja. Caminan entre los autos ofreciendo golosinas, cigarros y gomas de mascar a los conductores que indiferentes, rara vez notan que uno de los dos vendedores es ciego. Nunca fallan. Ni la lluvia, el frío o el calor abrazante los detiene. Uno cuida al otro, le sirve de guía y le presta por unas horas su mirada. ‘Padre, seré tus ojos cada tarde’, prometió en silencio aquel niño, que hoy, ya es un joven.

Ante los ojos de los conductores hemos visto como aquella promesa no deja de cumplirse. Desde mi primer encuentro con ellos ha pasado una década. Mi admiración y respeto sigue siendo la misma. Por un lado está el valor de aquel hombre que a pesar de su ceguera tiene el valor suficiente para salir a ganarse la vida y ser el soporte familiar que él mismo se exige ser. Portando sus lentes oscuros y un grueso palo a modo de bastón, enfundado en su viejo suéter, se las ingenia para acomodar las cajas de dulces y de más productos entre sus manos. Su hijo, además de guiarlo entre los carros y camiones, revisa el cambio y le entregó uno de los más grandes regalos a su padre: sus tardes de infancia, sus tardes de adolescente, sus tardes de juventud.

Y con todo aquel muchacho dirá que valió la pena. Quienes hemos gozado del amor de un padre sabemos que ningún sacrificio es suficiente para detener un amor tan grande. Cuando amas así a quien te dio la vida ser sus ojos es un privilegio.

Hoy, como cada tarde, me encontré con ellos.

sábado, 18 de julio de 2009

Coros de un adiós

Si me duele el escribirte,
más me duele recordarte.

Vuélvete un poquito lluvia,
vuélvete un poquito mar.
Vuélveme un poquito
menos susceptible a la verdad.

Dime que refleja mi mirada triste
¿Una visión que es mentira, y que eres tú?
¿O un pedazo de gloria celestial?
¿Serás tan endemoniadamente bella
o sólo una ilusión que me hago para no caer en el abismo de la realidad?

En realidad no me quieres.
Lo supe después.
El día que rompiste mi castillo de cristal
la reina escapó con el dragón.

Esa tarde no llovía,
pero en cambio era fría.
Esa noche descansaste en otros brazos
y me juré odiarte eternamente,
condenar tu recuerdo al fuego.
Curar mi orgullo desvalido y
volverme piedra.

Setenta lunas llenas después,
un aire tupidito de calor me hizo sonreír.
Volví a reír.
Creí olvidarte.
El gris se volvió aperlado.

Y me pierdo en la arena de un reloj.




Gabriel Revelo
Diciembre 2006

martes, 14 de julio de 2009

Mi amigo Huriat, las Ninja Tortugas Adolescentes Mutantes y yo


En mi, la atracción al vértigo siempre ha estado ahí. Esbozo en mis recuerdos y no logro dar con ese primer instante, aquel momento en el que se me tatuó en el alma el fanatismo por vivir mil vidas aparte de la mía. Pudo ser una película, un programa de televisión o un cuento el que desató todo; lo cierto es que desde entonces, vivo obsesionado por el arte de contar historias.

Atesoro aquellas veces en las que la adrenalina se me ha disparado al máximo gracias a un argumento que me saque de mi estabilidad y me confronte con una montaña rusa de emociones. Ansiedad, amor, miedo, ternura, tristeza, alegría, desesperanza… todo cabe dentro de una historia bien estructurada. Constantemente suelo sorprenderme al borde de las lágrimas, extasiado de adrenalina o temblando de pavor al ver alguna película o programa de televisión. Ni que decir de un buen libro cuya pausa para tomar aire es necesaria para seguir su lectura. El arte de narrar visual, auditiva o textualmente estiba en lograr ese milagroso segundo en el que todo se detiene en pos de acciones y personajes que al menos por ese instante nos pertenecen.

Quienes en algún momento hemos intentado darle vida a una historia sabemos que para hallar esa fórmula el único camino seguro es el de batallar con nuestro propio subconsciente. Encontrar, por más que duela, las aristas de la más pura vulnerabilidad, aquella en la que irremediablemente nos reflejamos.

Hubo una vez, no obstante, en la que narrar no dolió, no estresó. Vamos, era divertido. Contar aquella historia era imprescindible y no podía parar. Emprendí aquella odisea con Huriat Santini, uno de mis mejores amigos a quienes conozco desde mi más tierna infancia. Fue precisamente en nuestra niñez cuando se nos ocurrió hacer una historieta. Como protagonistas elegimos a las Tortugas Ninja, caricatura muy de moda a principios de los noventa y de la cual éramos seguidores.

Iniciamos con dos cuadernos de escuela. La dinámica era fácil. Cada quien se llevaba uno a su casa. A modo de comic dibujábamos (de manera bastante sencilla, los monitos eran muy rústicos) las peripecias de nuestros héroes que jamás veríamos en la televisión. Al otro día la mejor hora era cuando nos veíamos para compartir los avances de nuestras historias. Opinábamos de ellas, nos ayudábamos a desenredar nudos creativos y a dar ingeniosos giros de tuerca (en ese entonces ni idea tenía de esos términos). Supongo que aquellos juegos narrativos no eran buenos, pero en ese entonces sentíamos que contábamos algo maravilloso. Nos releíamos con la convicción de que nuestras Ninja Tortugas Adolescentes Mutantes eran mil veces mejores que las que el resto de los niños conocían.

Por semanas fuimos lo que añoró, sin tanto éxito, ser hoy en día: contadores de historias que satisfacían al más difícil de sus críticos… ellos mismos. Después de salvar al mundo una y otra y otra vez, de organizar torneos interplanetarios, de crear y reinventar personajes, de matarlos, revivirlos, transformarlos. Cuadernos iban y venían sin que las ideas dejaran de fluir. Al final jugamos a crear y moldear el universo que nos regalamos por el mero gusto de hacerlo.

Una tarde descubrimos que ya habíamos estirado nuestras historias al máximo. Con nuestro mundo hicimos todo. A la primera señal de aburrimiento decidimos poner punto final y centrar nuestras energías en otro juego. Jamás he escrito con esas ganas, constancia y pasión. Sin mucho éxito sigo intentándolo.

Estoy seguro que Huriat también recuerda esas historias con una sonrisa. Por desgracia, no tengo la menor idea del paradero de esos cuadernos. Ni de Rafael… Miguel Ángel… Donatello ni Leonardo.


sábado, 11 de julio de 2009

Vaso de colección

A veces me da por hacerle al coleccionista. Suelo ir por la vida recolectando cuanto artefacto singular o curioso. Guardando, almacenando, sin importar que carezcan de utilidad. Sin nada que esperar, más que la simple satisfacción de ser el feliz poseedor de tan especiales artilugios.

De entre todos estos objetos, uno de mis favoritos lo tomé sin permiso (ya ven que a mí la delincuencia no se me da) de la cantina de casa de mis abuelos. Y es que en cuanto lo vi no pude resistirme a tan deliciosa pieza de humor involuntario. La pieza en cuestión es este vaso de boda:


Vayamos por partes. Después de una profunda investigación con diferentes miembros de la familia, nadie recuerda ni a Eduardo ni a la tal Alejandra. No son ni familiares cercanos, ni lejanos. No son amigos o conocidos o socios de nadie. Si son unos completos desconocidos para todos, entonces… ¿no que fue una ‘inolvidable’ boda? Al menos dieron vasos de recuerdo para que las futuras generaciones nos burlemos de ellos. Pasemos a un detalle aun más aterrador: Alejandra y Eduardo son idénticos. Da miedo. Parece la misma persona. Mismo peinado de ‘libro abierto’, la mirada perdida, la boca alargada como de muppet. Estos dos por lo menos tienen (o tenían, igual y ya hasta se murieron) algún parentesco sanguíneo o de plano eso del ‘alma gemela’ no es tan cursi e irreal como muchos pensábamos.

La desgracia fue que por más vueltas que le di al dichos vaso (de un cristal bastante corrientito) no aparece la fecha del bodorrio, pero a juzgar por el look y la indumentaria de los novios calculo que la foto fue tomada a mediados de los setenta. Más datos impresos en el mismo vaso revelan que la fiesta tuvo lugar en un sitio llamado “Banquetes Miguel” que se encuentra en Tlalnepantla. ¡De seguro estuvo bien suave!

Solicito su ayuda para saber más del origen de éste vaso que desde hace unos meses tengo en mi poder. Quizá son los tíos, papás, amigos, vecinos, amantes o hasta los criados de algún lector de este blog. Cualquier información será útil para saber por qué diablos mis abuelos guardaban un vaso de la boda de unos ilustres desconocidos.

De cualquier manera peor estoy yo por guardar algo así. Pero seamos sinceros, ¿a poco no está increíble?

lunes, 6 de julio de 2009

Las batallas en el desierto


- Dedicado a Rosalía Campillo

Me acuerdo, no me acuerdo. La he leído tres veces y cada vez me sorprende más. Lo cierto es que de unas décadas para acá, esta historia siempre ha estado presente en el colectivo nacional. Tan simple pero complicada. Breve pero infinita. Instalada en el pasado pero tan actual como si la trama estuviera ubicada en el presente. Así de magistral es “Las Batallas en el desierto” del maestro José Emilio Pacheco.

Escribo sobre “Las Batallas en el Desierto” no sólo por los 18 años de la publicación de esta maravillosa novela, ni por el cumpleaños número 70 de su autor o el Homenaje Nacional que tuvo lugar hace unas semanas. Aunque a una obra así, escrita con tal maestría, se le debe abordar desde todas las perspectivas posibles, es indudable que su mejor análisis y valor reside en la experiencia de cada uno de quienes hemos tenido la oportunidad de toparnos con esta historia de amor. De ahí cada lector la hará suya y le otorgará su propia estructura, acorde con los cimientos de nuestra educación sentimental y nuestra relación con la nostalgia.

A diferencia de la mayoría, mi primera lectura de “Las Batallas en el desierto” no fue como parte de una tarea en la secundaria, sino en otoño del año 2004, cuando cursaba mi último semestre en la universitaria. Lo encontré en el librero de mi casa. Lo primero que me sorprendió de aquel libro del que ya había oído tantos elogios fue su brevedad. En no más de 70 hojas estaba contenida, me decían, una de las novelas mexicanas cumbres del siglo XX. Traducida a varios idiomas y objeto de múltiples estudios, ensayos, películas e incluso una gran canción de Café Tacvba. Esa tarde lluviosa de octubre comencé su lectura en el interior de mi auto en el estacionamiento de la UVM Campus Tlalpan. No pude parar. La leí de corrido. Azorado por una narrativa que por sí misma fue un embrujo. Nunca me arrepentí de haber faltado a la primera clase de aquella tarde. Lo único que recuerdo es haber entrado a la siguiente clase con una sensación de andar flotando, de estar y no estar en el año 2004 sino en un periodo atemporal en una Ciudad de México que ya no existe.

Hoy volvía a leerla. Hoy volví a enamorarme al recorrer cada una de las páginas con esa emoción que acelera el corazón. Reviví como la primera vez (siempre pasa así con Pacheco) la historia de Carlos, el niño que se enamoró de Mariana, mamá de uno de sus compañeros de la primaria. ‘Por alto esté el cielo en el mundo, por hondo que sea el mar profundo’. De aquel imposible se desprende un escenario disfuncional perfecto en el que lo mismo cabe la corrupción política, la critica a la iglesia, a la ciencia y a la educación. “Las Batallas en el Desierto” es además el retrato de una sociedad mexicana que se nos perdió. De la vida de una ciudad que no volverá y que el mismo José Emilio describe como ‘el mundo antiguo’, ese en el que el señor del costal robaba niños, los boleros inundaban las ondas sonoras, no había tostadoras de pan en el país, los refrigeradores funcionaban con un bloque de hielo que debía cambiarse y los ríos cruzaban a la Ciudad de México. Es en aquellos años, en los que se aseguraba que el siglo XXI traería la prosperidad anhelada, en donde mi memoria ha querido instalarse.

Podría leerla mil veces y mil veces terminaría impactado por lo redondo de esta novela. Hace unos meses conocí a José Emilio Pacheco y me impactó su sencillez. Por eso ahora estoy seguro de que el mejor homenaje que se le puede rendir es recorrer sus obras y dejarnos emocionar. La maravilla es que éste libro nos conoce. Sabe de los anhelos y de lo duro que es añorar lo que ahora son ruinas. De esto se trata la literatura de José Emilio, de evocar las profundas huellas que la vida nos va dejando.

Había que rendirle un homenaje así a esta novela. Ahora comienzo a leer “La edad de las tinieblas”, nuevo poemario de José Emilio Pacheco.

sábado, 4 de julio de 2009

¿Más fuerte?


A mi Dios le pedí perdón por todas las veces que inútilmente llegué a importunarle, llorarle e implorarle en nombre de un amor que hoy no es nada. De ese corazón que te entregue sin condiciones y que, a pesar de un mar de suplicas, dejaste que muriera cruelmente. Noches de insomnio que hoy ya son fantasmas que a veces se transfiguran para perseguirme en mi soledad.

A mi Dios, le pido que me haga crecer en medio de las cenizas que tu bendito desprecio dejó.

miércoles, 1 de julio de 2009

Delincuente soy

Qué vergüenza me da, pero debo aceptar que hace tres años robé. ¿O debo decir, tomé prestado? Juzgue usted: La tarde del 18 de junio del 2006 fui a un supermercado (W... M...) con la familia. De pronto ¡¡¡oh sorpresa!!! divisé un hermoso estante promocional de Coca Cola, alusivo, por supuesto, a la Copa Mundial de Futbol Alemania 2006 que en ese entonces estaba jugándose. Fotos de jugadores, posters y objetos promociónales de cartón adornaban el lugar. Yo, que soy fanático de este deporte, coleccionista y adicto a todo lo referente a este refresco, no resistí la tentación. A pesar de las decenas de personas que se encontraban presentes, agarré una botella de Coca Cola de cartón y disimuladamente abandone la tienda.

Nadie me dijo nada. Quizá no lo notaron, quizá no les importó. ¿Se puede robar algo que ni siquiera tenía precio o código de barras? El punto es que diez minutos después la pintoresca botellita ya formaba parte de la decoración de mi cuarto. Como sea. Nunca sentí el menor remordimiento. Es más, ¡hasta me retraté con el cuerpo del delito!




Es curioso, pero desde ese entonces hasta la fecha, cada que veo la dichosa botellita viene a mi mente la escena de una película de hace años y que protagonizaban Pedrito Fernández y Lucerito. En la escena principal, el hoy interpreté de 'Mi forma de sentir', cantaba en medio de callejones obscuros una pintoresca canción de Rock (graciosa de tan mala que es) cuyo coro decía: Delincuente soy.




Pd. Si usted es empleado de Wal Mart, Coca Cola o Policía, le pido por favor, olvide lo que acaba de leer.

domingo, 28 de junio de 2009

Se fue muy pronto

“…Como una flor perfecta
que está más allá de tu alcance
se fue muy pronto.

Nacido para divertir, para inspirar, para deleitar
está aquí un día
se va en una noche…”

- Gone too soon, Michael Jackson


Dentro del álbum Dangerous, Michael Jackson tuvo el detalle de componer una hermosa canción a Ryan White (1971-1990), adolescente hemofílico que debido a una transfusión sanguínea se contagió de SIDA y murió a los 18 años, convirtiéndose así en un ícono de la lucha en contra de la discriminación a los enfermos de Sida en Estados Unidos. Ryan y Michael sostuvieron una amistad que marcó al Rey del Pop.

Hoy volví a escuchar esta canción y mi corazón volvió a romperse. Al final del video Michael se despide de Ryan. No encuentro una canción más significativa para decirle adiós a Michael. Te extrañaremos…. siempre.

jueves, 25 de junio de 2009

Eternamente Michael Jackson


Escribiré sin pensar ni usar la cabeza. Guiándome por el corazón y tratando de contener el sinfín de sentimientos que me embargan. Duele saber que escribiré sobre el adiós de mi primer y más grande ídolo. Del primero que me hizo disfrutar la música, un video, un show. Michael, este post es para ti.

25 de junio de 2009… 16:40hrs. Me entero que ingresaste al hospital. De inmediato en la televisión se comenzó a especular sobre tu estado. Tuve que salir y fue conduciendo cuando por radio escuché la noticia: Michael Jackson está muerto. Copiosamente cambiaba de una estación a otra, topándome con especulaciones y con tu música. Eso fue lo más impactante. Escuchar que acabas de morir y escuchar que en cada programa que sintonizara tus canciones invadían el espacio sonoro. Me quebré. Lloré con desesperación. Desde entonces los medios informativos se han vuelto una locura. No es para menos, contigo se va un ícono de la cultura pop, uno de los artistas más grandes de los últimos tiempos. Contigo se va una parte de mi.

De niño me creía tú. Intentaba vestirme como tú y copiar tus pasos de baile, por más pésimo bailarín que soy. Me encerraba en mi cuarto con mis cassttes y jugaba a que daba conciertos increíbles. Después tuve el privilegio de verte dar un increible concierto en mi México. Billy Jean, Thriller, Beat it, Who is it?, You aren’t alone, Bad, Ben… es impensable todo lo que estás canciones hoy conllevan.

Cambio de un canal a otro. En todos lados se habla de ti. En los noticieros, las imágenes de fans llorando alrededor del mundo me lastiman y de cierta forma, consuelan: no soy el único al que le tocaste el corazón. Millones de personas comparten conmigo el mismo sentimiento melancólico de quién extravía parte de sus memorias. Con cada vídeo, con cada canción que repiten se me enchina la piel. Supongo que esa sensación me seguirá siempre.

No hacía falta que te fueras para convertirte en leyenda pues desde siempre lo fuiste. Gran parte de mi vida me acompañaste. Tus canciones son parte de mi existencia. No faltará quien diga que exagero. Francamente no me interesa. No me importa aceptar que gran parte de esta tarde-noche la he pasado con los ojos humedecidos.

Estoy triste. Ya no habrá más discos, más videos fantásticos ni conciertos increíbles. Nadie podrá ocupar ni en un millón de años tu lugar. Ignoro cuantos días pase escuchando tus canciones, por mi lo haría siempre. En el mundo de la música, en cada uno de tus fanáticos y en mi corazón, siempre serás el número 1; el genio; el mejor; el Rey del Pop. Gracias por regalarle al mundo tu talento. Que nadie manche tu legado fantástico. Dejas canciones en las que está tu alma y las que nunca nos abandonaran, ahora estás más vivo que nunca.

No puedo escribir más, por más que quisiera decirte todo. Me duele el corazón… descansa en paz.


lunes, 22 de junio de 2009

Ese tipo de cosas que sólo me pasan a mí


Como siempre, hago el ridículo. Tendrá un par de tardes lluviosas en las que decidí dar, junto a mi perro Margarito (al cual pueden apreciar en la foto), nuestro tradicional paseo vespertino por el parque de la esquina de mi casa. Equipado con mi adorado iPod y mi playera del Atlante recorrí el mismo camino de siempre. La lluvia chipi -chipi le daba al parque un ambiente encharcado y romanticón. Margarito se mojó casi al instante. Sus patas blanquitas se enlodaron hasta adquirir un tono grisáceo-percudido. Con todo y eso, Margarito al pasear es feliz, pero enloquece cuando ve a otros perros. A pesar de su tamaño chirris, en cuanto ubica a otro ser de su misma especie corre despavorido hacia él. No importa que tan fuerte sujete la correa, casualmente pierdo el equilibrio.

Ya veníamos de regreso cuando sucedió. Margaro y yo centramos nuestra mirada en el horizonte. Margarito en un perro french poodle blanquísimo; el autor de éste blog en su ama. Como estaban en la entrada del parque, alegremente nos dirigimos hacia ellos. Con cada paso intentaba transformar mi apariencia en algo más decente. Metí la panza, como Dios me dio a entender acomodé mi peinado inexistente, puse cara de intelectual de izquierda y mirada de James Bond. Al estar casi enfrente de ella comprobé que aquella muchachilla no estaba nada mal.

Entonces sus ojos me miraron… y Margarito echó todo a perder cuando a buena hora decidió socializar, sacó fuerzas de su flaqueza perruna y se arrojó hacia el otro pobre e indefenso perro que como pudo, se resguardó detrás de las piernas (y que piernas) de su dueña. Tanto fue el ímpetu de la acción que terminé bailoteando con tal de mantener el equilibrio. Cada paso y manoteo que daba era una seria amenaza de caída. El panorama no era alentador, en cualquier momento azotaría contra la chica del parque o peor, en el charco lodoso. Gracias a que el cielo es grande no caí. Cirqueramente recompuse mi postura con el pequeño inconveniente de que en el proceso pisé, sin querer, a Margarito. Por supuesto que lanzó un chillido dramático y muy exagerado. La frase de la chica no pudo ser más romántica ‘pobrecito perrito… yo no fui ehhh’. No tengo la menor idea de lo qué respondí. Apenado, incomodo y derrotado me fui sin decir más.

Unos metros después caminaba en la calle. Caí en la cuenta de que mi cabello estaba de nuevo revuelto, a mi panza se le olvidó quedarse en donde le ordené y mi cara estaba pálida a causa del susto de la eventual caída. Osea, volví a ser yo. Margarito cojeaba.

Aquella chica guapa seguramente pensó que soy un debilucho, o un ser cruel y desalmado que pisó a su perro y lo hizo llorar. No sé por qué ese tipo de cosas sólo me pasan a mí. Mi vida, la sentimental y la normal se caracteriza porque las cosas rara vez me salen bien. El culto al ridículo, la mala suerte y la reiteración de lo imposible son una constante en mis aventuras por la existencia. Han pasado dos días y la chica no ha vuelto al parque. Qué bueno. La pena todavía no se me acaba.

Para todos los fans de Margarito: Él está bien. En realidad nunca le pasó nada. Sucede que es un exagerado y siempre ha sido así. Ahora mismo está chupándome la mano a modo de saludo para todos ustedes.

viernes, 19 de junio de 2009

Verloso. Artista de la mentira


Llegué a él, debo admitirlo, por obedecer a ese morbo natural que la literatura nos provoca cuando un libro nos exige nuestra inmediata atención. En este caso, aunque la curiosidad procede de diversos frentes, lo que más me intrigaba era descubrir a Felipe Soto Viterbo como novelista.

A Felipe lo conocí hace unos tres años en las oficinas de Editorial Expansión en dónde es el editor de la ya prestigiosa revista Chilango. Si bien seguramente ni se ha de acordar, mi primera impresión al verlo y en los diez minutos que duró nuestra platica fue totalmente grata. Amable, jovial pero con tintes de neurosis, medio relajad, medio nervioso, todo un personaje por más que él se conciba como la persona más común del mundo.

Después di con su blog, mismo que forma parte de mis favoritos desde hace más de un año. Hace más o menos un mes, el editor, el bloguero, el escritor, el profesor y el padre de una hija anunció la publicación de “Verloso” su nueva novela. Un par de semanas después lo vi en una librería y lo compré. Apenas avancé las primeras páginas, mi curiosidad se transformó en una grata revelación literaria. Ante mis ojos se desarrollaba una novela de esas inolvidables y que invita a releerla una y otra vez por el mero gusto de hacerlo.

La historia es protagonizada Franco Verloso, personaje emblemático de una historia que gira en torno al arte de la mentira. Bajo esa estructura en apariencia sencilla la trama se va desarrollando de forma maestra. Sabemos que el argumento está lleno de mentiras y aun así elegimos creerlas por el deseo de hacerlo, en pos de ser parte de esa historia en la que andamos sin saber si la zona que pisamos es real.

Las peripecias de Franco Verloso (obviamente este no es su nombre real) inician desde el comienzo de su vida. El juego de las coincidencias y casualidades son una constante que lo lleva a formar parte de ‘Los irrealistas’, singular grupo dedicado al culto de las mentiras. El juego de las mentiras lleva a Verloso hasta un singular trabajo en el que elabora plots y guiones para televisión. El juego se complica cuando lo escrito coincide con los hechos de la vida. Además de la mentira, Verloso gira en torno del amor y el odio que éste puede provocar. En este caso, Fernanda (que tampoco se llama así) encarna todo lo impulsivo, enredoso e idiotizante que puede ser. Tal es el poder de la mentira que a veces, es lo mismo que el amor: todo pero nada.

Sin terminar aun de leerla (me faltaban unas 30 páginas) el pasado martes acudí a la presentación de Verloso. Ahí estaba Felipe Soto que acompañado de Xavier Velasco y Sergio González Rodríguez hicieron las delicias de los presentes en una amena charla sobre aquella maravilla de novela. Entre familiares del autor, lectores de su blog, público en general y algunos amigos blogueros (Lata, Ross Medve y Wen Perla entre otros) pasamos una noche amena. Lamentablemente tuve que abandonar aquella tertulia demasiado rápido. Horas después terminé de leer Verloso. No pude parar hasta llegar a uno de los finales más alucinantes que haya leído jamás. De manera magistral todo se orquesta para formar frente a nosotros un cuadro perfecto en el que mentiras y verdades aparecen más fusionadas que nunca.

Sigo dándole vuelta a Verloso. A ese loco escape narrativo que aun me tiene pensando. Hoy estoy dudoso de la realidad de lo que me rodea y comprendo ese encanto de la mentira. Gracias a Felipe por mentirnos con verdades dudosas y hacernos cómplices de este juego que se convirtió en una novela maravillosa.

lunes, 15 de junio de 2009

El Pelón en sus Tiempos de Cólera


Leer o ser leído. Uno de los encantos de la blogosfera es el de conocer gente. En principio desconocidos a los que después de un par de textos comenzamos a entender y hasta a tomarles cariño. Blogueros cuya forma de pensar y de externar su visión de la vida nos atrapa. Así conocí, aunque ya lo conocía, a Héctor Suárez Gomís, famoso y talentoso actor mexicano.

El rostro expresivo, la mirada penetrante y su enorme carisma lo hacía un personaje difícil de olvidar. Desde mucho tiempo atrás tuve noción de su existencia. En algunas novelas, programas unitarios y especiales era común verlo, conformando así una carrera sustentada en el trabajo y la perseverancia. Años después protagonizó "Diseñador Ambos Sexos", sitcom en el que daba vida a Juan Felipe, un diseñador de modas que se hacía pasar por gay para conservar su empleo en una prestigiosa empresa de lencería. La serie, que en mi opinión ha sido la mejor serie de comedia que se ha hecho en México, se convirtió en mi favorita. Cada semana seguía religiosamente aquella historia que hasta la fecha sigo añorando. Ahí empezó mi admiración por Héctor.

El programa salió del aire (aún me pregunto por qué diablos) en su segunda temporada. La carrera del señor Gomís siguió diversos caminos. Condujo el show ‘El Pelón de noche’ en TV Azteca, algunas novelas más en México y otras en Colombia, desapareciendo un poco de la escena nacional.

Fue por esa época cuando su servidor abrió su blog y empezó a leer y ser leído por otros bloggers. Sin saber cómo llegué a 'El pelón en sus tiempos de cólera', un blog hilarante, lleno de creatividad, inteligencia y poseedor de un lenguaje propio. Cuando me di cuenta que su autor respondía al nombre de Héctor Suárez Gomís todo cobró sentido. Me perdí en su lectura por horas. De un jalón (sin albur) lo leí todo. Reí a carcajada abierta, me conmoví, reflexioné y experimenté cuanta sensación humana permite la lectura. Aquel blog se convirtió en uno de mis favoritos. Fue así como realmente conocí a Héctor. Ya no como el actor o el fabuloso comediante que es, sino como el ser humano capaz de plasmar todo su talento en letras. Mostrando su gran humildad y calidad humana, ocasionalmente comenzó a dejarme comentarios en mi blog.

En cierta ocasión posteo que estaba preparando un stand up comedy basado en gran parte en el contenido de su blog. Hacer un show así era uno de sus más grandes sueños y por fin, tras años de trabajo estaba a punto de lograrlo. Los lectores de su blog sabíamos que no podíamos esperar más que algo brillante.

Así, a finales del año pasado y retomando el nombre de su blog, comenzaron las presentaciones de “El Pelón en sus tiempos de cólera” en el Café 22 de la Condesa. Espectáculo escrito por él, en el que acompañado sólo de una silla y su micrófono, narra de manera fluida y amena sus peripecias dentro de una familia disfuncial. Burlándose de si mismo logra una especia de catarsis que de paso termina por contagiar a su público.

Después de varios meses de querer asistir, por fin pude disfrutar de “El Pelón en sus tiempos de Cólera” el pasado sábado. Sabía que pasaría una noche agradable y llena de risas, pero lo que vi superó y por mucho, mis expectativas. El manejo escénico de Héctor es una clase histriónica de lujo para todos aquellos que amamos la comedia y que como él, opinamos que esta vida es mejor si se toma con mucho sentido del humor. Cada una de las anécdotas y temas tocados a lo largo de su monologo no sólo invita a la reflexión, sino que además nos lleva a pensar en nuestra propia infancia y familia, descubriendo la ironía de que de una u otra manera todos nos identificamos y compartimos traumas y recuerdos. Como diría Héctor “todos los padres fueron a la misma escuela”.

La noche del sábado fue deliciosa. No sólo porque el Café 22 es un lugar de lo más confortable, sino por comprobar que el actor, el comediante, el bloguero y la persona confluyen a la perfección en una velada sin desperdicio alguno. No es casualidad que la dirección sea de Héctor Suárez padre.

“El Pelón en sus tiempos del Cólera” se presenta todos los sábados a las 20:00 y 22:30hrs en Café 22, ubicado en Fernando Montes de Oca 22. Reserva porque siempre se llena al 52121533. Si aun no se convencen, los dejo con algunos fragmentos del show:




viernes, 12 de junio de 2009

La muerte del amor

Aun te amo,
cada noche lucho por seguir haciéndolo.
¿Sabes? Me la pones difícil.

Vuélvete aire si lo consideras necesario.
Piérdete en lo negro de una noche de tempestad,
Deja de aparecerte en mis pesadillas.

Ahoga éste y todos mis pensamientos en el mar...
Por mi está bien, hace mucho que dejé de tener sentimientos.
Ahora soy despiadado, quiero hacerte daño.

Quema mi recuerdo,
maldíceme eternamente.
Lo que quieras,
menos escuchar esa voz que lacera mi mente.

Arranca mi alma.
Alimenta con ella a los cerdos de tu orgullo.
¿Realmente quiero hablarte así?

Escapa o quédate, me da igual.
Al final uno acabará con el otro.

Hace tantos años de este idiota sentimiento.
De ir y venir contigo. De pelear, pedir perdón y llorar.
Estoy cansado de pasar tardes enteras perdido en la melancolía.

Pero no dejes nada vivo de nuestro agónico amor,
que ya no es nada...
- si acaso odio y reproche –

Nuestro amor está muriendo.
¿Lo puedes sentir?
Ni tú ni yo, atenderemos sus desesperadas suplicas.

Nos odiamos.
No me toleras.
No te soporto.

Un insulto,
un golpe.

(después silencio)

Murió el amor.

No quiero escribir más,
sería tenerte respeto.


Gabriel Revelo – Septiembre 2006

miércoles, 10 de junio de 2009

Una idea pacheca

Creí que era sólo mi idea. Hasta que un día mi hermana me la comentó idéntica. La tesis es la siguiente:

De ser director cinematográfico algún día haría una película maravillosa. Con una historia maravillosa y llena de efectos especiales. Holywood nunca vio nada parecido. Que visualmente innove y deje a todos con la boca abierta. Habrá grandes actuaciones, los mejores actores del mundo se pelearán por formar parte de una producción que sin duda arrasaría con todos los premios. La música será una delicia. Los espectadores alrededor del mundo quedaran conmovidos con las escenas de amor y acción. Cerca del final, cuando en la trama todo parezca perdido y la épica invite a un final glorioso y dramático, aparecerá el héroe que solucionará todo. El que acabará con los malos. Imaginen el clímax de la película, de pronto solucionado por… ¡¡¡El Chapulín Colorado!!! No un actor fortacho que lo interprete o un traje moderno. No, para que la escena tenga impacto será El Chapulín original, con todo y su chipote chillón. Por eso en los últimos 10 minutos el solucionará lo que ningún ejercito ni gobierno pudo. Los efectos especiales y la calidad de la fotografía, obviamente, se volverán chafas.

Pueden pensar que esta idea es una estupidez, pero a poco no innovaría. Estaría increíble porque nadie lo sospecharía. Sería como cuando nadie sospechaba que Bruce Willis era el muerto en ‘Sexto Sentido’, o que Darth Vader era el papá de Luke en ‘Star Wars’. Algún día la verán y nos hará multimillonario. Si antes de eso nos roban la idea los demandaré a ustedes, lectores del blog, por robar la idea. Bueno, están advertidos.

domingo, 7 de junio de 2009

La casa blanca de la esquina


Esa casa blanca de la esquina me da miedo. Aunque siempre estuvo ahí, hasta hace tres semanas no fui consciente de su macabra existencia, cuando paradójicamente dejaste de vivir y saliste del anonimato.

Por más esfuerzos que hago no me acuerdo de ti. No he querido ir a ver las fotografías que han exhibido durante los rosarios que por las tardes se rezan en tu casa. Prefiero que tu rostro permanezca desconocido. Me dicen que eras más joven que yo. Aquella tarde de sábado encontraron tu cuerpo colgado, sin vida.

Fue al filo de media noche y ni cuenta me di. Se cuenta que varios vecinos salieron de sus casas al oír los gritos provenientes de la tuya. Algunos querían ayudar. Tus papás en medio de la confusión sólo permitieron la entrada a un paramédico que te bajó. Aquella noche comenzó tu penar involuntario. Tu nombre comenzó a rondar el colectivo popular del rumbo. Te volviste un rumor perturbante.
Una leyenda que con el tiempo se transformará en una historia más complicada de lo que en realidad fue.

A mí me la contaron dos días después. Sabrá Dios que número de versión fue la que escuché. Que si tus papás se están divorciando; que si tu papá era uno de los muchos amantes de Estela, la vecina quedada y fea de la calle; que si habías reprobado dos materias; que si eras huraño y no tenías amigo. La verdad ahora da igual. Cada quién tiene sus propias conclusiones y por desgracia ya no estarás para desmentir las muchas injurias que entorno a tu memoria se han alzado.

Lo cierto es que caminar por mi calle ya no es lo mismo. El aire está pesado. Frío. Enrarecido. Todos los días, con la llegada del ocaso salgó a caminar acompañado por mi perro. Seguramente fueron varias las veces que me topé contigo sin reparar en ello. Ahora, al pasar afuera de tu casa el encuentro se repite. No estás pero permaneces en ese espacio en el que dejaste de respirar. Dentro de esa vivienda de color blanco te quitaste la vida. Al surcar su exterior lo hago con paso apresurado. Intento no voltear. No vaya a ser que en una de esas alguien se asome y me quede con la incertidumbre de lo qué paso.

Aquella casa blanca de la esquina me da miedo. Se volvió triste y parece gritar silencios. Donde viviste 20 años no queda más que el tema recurrente en las mesas de café de las vecinas, algún cuento de terror y unas letras que intento escribir pensando en quién decidió rendirse a la vida.

jueves, 4 de junio de 2009

Mister Lonely


La combinación no podía ser más excéntrica: Una película de Harmony Korine, talentoso guionista y director; la actuación de Diego Luna como protagonista y una historia que gira en torno a un imitador de Michael Jackson, uno de mis más grandes ídolos. Por eso, aunque tardó en llegar a México, corrí a verla en cuanto me enteré de su estreno. Un día después puedo afirmar que se trata de una de las películas más conmovedoras y maravillosas que he visto en mi vida.

Hay películas de fácil digestión, hechas de una trama sencilla y sin complicaciones. Mister Lonely es todo lo contrario, su argumento está lleno de discursos y simbolismos que se anteponen entre sí y que a casi 24 horas de haber salido de la sala del cine, siguen jugando con mi razón. Ir descubriendo el significado de las imágenes y frases, aun en las aparentemente más sencillas se vuelve un feliz ejercicio del que el espectador no podrá escapar. Aunque a simple vista suene como una obra compleja, Mister Lonely nunca se torna aburrida o tediosa.

No sé qué tan correcto sea el catalogarla como una obra de arte. Su manufactura es impecable, cargada de tomas llenas de una belleza que en un par de ocasiones me estremecieron. Las actuaciones convincentes y entrañable (Diego Luna está de 10).Y la historia es una maravilla. Un imitador de Michael Jackson conoce en París a una imitadora de Marylin Monroe que lo invita a una comuna de imitadores en Escocia. El doble de Michael decide abandonar la ciudad luz para emprender el viaje en el que quizá encuentre su propia identidad. Aquella que por años se le ha negado gracias al velo de soledad e incomprensión que desde siempre lo ha acompañado. Siempre he sido pésimo para esto de contar la trama de las películas, quizá el tráiler lo explique mejor:



En algún momento de nuestras vidas todos nos hemos sentido solos, sin encontrar nuestro lugar en un mundo que cada vez nos parece más extraño. Ahora imaginemos sentirnos así siempre. Buscando encontrar en el arte de la imitación nuestra felicidad. Queriendo que el milagro además de suceder nos dure más de un parpadeo. La experiencia de cada persona al confrontarnos con la historia es diferente, por eso mis conclusiones después de horas de raciocinio probablemente diferirán de los de otro espectador. En mi caso la lección más valiosa es que la vida tarde o temprano nos alcanza, por más que queramos evadirla ésta siempre nos alcanza. La felicidad sólo se nos disfraza ‘de instantes’ que por desgracia casi nunca notamos.

La película me encantó. Por desgracia, al no ser una película comercial su estreno y proyección, al menos en la Ciudad de México, no ha sido nada masiva. Sólo se exhibe en cuatro salas y ante los estrenos hollywoodenses no creo que dure demasiado en cartelera. Una película diferente, hasta cierto punto extraña pero que créanme, vale demasiado la pena.