jueves, 24 de marzo de 2016

Bailo como Barack Obama


Hace unos 4 años, en este blog publiqué un post titulado Bailo como Luis Miguel, en donde puse un video del Sol intentando bailar música guapachosa en un bar, pero haciéndolo fatal. En cuanto vi esas imágenes pensé: Chale, bailo como Luis Miguel. 

Si quieren leer ese texto den clic aquí. 

Bueno, pues algo similar me pasó hace unas horas cuando me topé con un video de Barack Obama bailando Tango. En estos días el presidente de Estados Unidos realiza una gira por Argentina, y como parte de sus actividades asistió a una cena-baile-show de estado que se realizó en el Centro Cultural Néstor Kirchner. 

Durante el evento hubo una presentación de Tango a cargo de los bailarines Mora Godoy y José Lugones, quienes al termino de una pieza decidieron sacar a bailar a los Obama. Al ver que la bailarina se acercó a él, seguramente el presidente sintió el mismo pánico que experimentamos aquellos que tenemos dos pies izquierdos y nos vemos obligados a tener que bailar en algún evento social. 

Y es que Michelle Obama no tenía broncas. Al ser mujer lo lógico es que se deje guiar por su pareja de baile, en cambio, cuando eres hombre y no sabes bailar, no sólo quedas en ridículo tú, sino que de paso haces que tu compañera también se vea torpe. 

Aún así esto no intimidó a Obama quien después de decirle a la bailarina argentina que no sabía bailar, y ver que a ésta le valió la advertencia, decidió lanzarse al ruedo y hacerle al cuento. Al final, aunque el mandatario se veía un poco tieso y por momentos parecía que estaba luchando con su pareja de baile, podríamos decir que salió bien librado. 

Vean:


 

Soy muy fan del Obama bailador.

La verdad esa actitud aventada de Obama es toda una lección de vida que todos debemos aprender, sobre todos los que somos un desastre bailando y siempre sufrimos en las fiestas elegantes. Lo importante es agarrar a los toros por los cuernos, entrar en papel y ver qué pasa.

Tú hazle a la mamada, como Obama.

miércoles, 16 de marzo de 2016

Tengo voz de pobre

La maldita tecnología vino a recordarme algo que ya sabía, pero que prefería ignorar: Tengo voz de pobre.

Sí, de pobre... 

En el post pasado les comenté que estoy empezando a usar mucho Snapchat, red social que entre sus encantos te permite compartir pequeños videos. Y ahí es dónde la marrana torció el rabo, pues cada que subo alguna grabación a esta u otra plataforma similar tengo que escucharme y el resultado me parece horrible.

Supongo que todos dicen lo mismo cuando se escuchan así mismos en una grabación de audio o video, pero en mi caso siempre ha sido algo que me conflictúa, pues según yo, cuando hablo y me escucho a mí mismo tengo una voz varonil y clara, hagan de cuenta como la de César Evora o Enrique Rocha, pero todavía más chida y con un toque juvenil. Lógico, cuando por azares del destino oigo mi verdadera voz me quiero morir.

Ahora que lo pienso, no sé cómo en algún momento tuve un programa de radio, pues de verdad escucharme me resulta intolerable y siento que doy pena ajena. 

Todavía recuerdo la primera vez que me confronté con mi verdadero tono de voz, fue en unas vacaciones de verano, cuando mi hermana y yo nos pusimos a jugar con una vieja grabadora. Me impactó mucho el descubrir que en realidad mi tono era de pobre. ¿Por qué de pobre? No lo puedo explicar, pero eso fue lo que me vino a la mente cuando me escuché.

Y así ese choque con mi voz real se ha repetido constantemente en vida, al grado de que prefiero no ver los vídeos o audios en los que hablo. Prefiero seguirme engañando y pensar que tengo una voz de galán de telenovela y no una voz gacha.

Puede ser que algún día acepte mi voz culera. Algo que no veo muy factible, pues si nunca me acostumbré a escuchar a Chabelo usando su verdadera voz (hasta sentía feo cuando lo hacía), qué les hace pensar que podré superar mi horrible registro vocal.

Curiosamente, lo que no hago tan pinche es cantar, o eso creo yo. Digo, tampoco debe pensarse que tengo mejor voz que Adele o Luis Miguel, de hecho soy bastante desafinado, pero al menos no me da tanta pena. 

Uno de mis planes en cuanto a redes sociales es comenzar a usar más las plataformas que permiten subir videos, como YouTube, Vine y Snapchat, y quizá eso contribuya a que finalmente acepte que hablo como pobre. De verdad, quiero pedirle una disculpa a la humanidad por contaminar el ambiente sonoro con mi voz horrible, neta perdón.

miércoles, 2 de marzo de 2016

Snapchat (la red social de los chavos) y yo


Antes que otra cosa les pregunto: Y ustedes... ¿tienen Snapchat? 

Si su respuesta es sí, felicidades, están en la mera onda, actualizados con la tecnología y seguramente todavía están chavos. Si respondieron que no y no tienen idea de qué estoy hablando, entonces deben saber que ya dieron el viejazo. 

Snapchat es la red social que está de moda entre la juventud, y aunque actualmente no todos la usan verán que en un año habrá un boom de usuarios que la harán una de sus favoritas. 

Lo admito, el tema de las redes sociales me interesa mucho, de hecho, en cuanto sale una nueva red social lo primero que hago es registrarme. Ya después veo de qué se trata y si realmente me será útil. Siguiendo este método descubrí redes bien padres como Twitter, Instagram y Facebook, y porquerías como Peach o Pinterest. 

Esa curiosidad fue la que a mediados del año pasado me llevó a crear mi cuenta en Snapchat. Sin embargo no le entendí nada y por meses la dejé en el olvido. Hasta que hace unas semanas por fin le encontré el chiste y muy pronto se volvió una de mis favoritas. 

¿Y de qué trata Snapchat? se preguntarán aquellos que en su vida han escuchado hablar de ella. Bueno, justo ahí está el problema: Explicar cómo funciona no es tan sencillo. Lo mismo me pasó con Twitter, cuando emocionado le hablaba a alguien más de esa plataforma y no me comprendían. ¿Será que el aprendizaje en este tipo de redes es más didáctico? 

El chiste de Snapchat es que permite a sus usuarios compartir fotos o videos (de unos segundos de duración), los cuáles solamente estarán disponibles por un máximo de 24 horas. El propio usuario decide si el contenido que genera lo comparte con todos sus contactos o sólo con quienes él decida. 

Al principio esta red era usada por chavillos jacarandosos para mandarse fotos cochinonas o de encuerados, pero el sentido de Snapchat rápidamente cambió para volverse algo más divertido e inocente. 

Ah, y se me olvidaba mencionar que las fotos y videos pueden enriquecerse agregándoles texto, emojis, dibujos, filtros, efectos faciales, etc. 

¿No entendieron? 

La verdad no importa, pues de hecho la interfaz de Snapchat es muy sencilla -aunque muy diferente a la que manejan otras redes-, por lo que agarrarle la onda al principio puede ser un poco complicado pero esto es momentáneo. Dense un par de días y verán que le entienden. Además, otra de las características de esta plataforma es que tiene varios trucos que podemos ir descubriendo con el tiempo. 

Hace un momento comparé Twitter con Snapchat, en el sentido de lo difícil que es explicar su funcionamiento a otra persona ajena a esa red social, pues bien, creo que también pasa lo mismo con ambas en cuanto a crecimiento. Al principio pocos amigos tenían Twitter, y en un año muchos se fueron integrando. Espero que lo mismo pase con Snapchat. 

Y es que de momento no tengo muchos contactos en esta red pues la mayoría de mis amigos-conocidos-familiares aún no se acercan a Snapchat (salvo quienes sí están en onda y tienen el corazón joven), pero espero que poco a poco más gente se vaya integrando. 

De verdad está bien divertido, únanse, no se arrepentirán. Les dejó mi código pa' que me agreguen, a veces subo cosas cotorras... y a veces no.


jueves, 25 de febrero de 2016

Seguimos siendo los mismos


"¿Y qué dice la vida de casado?"...

Si me dieran 50 pesos por cada vez que alguien me ha hecho esa pregunta durante los últimos 4 meses ya me hubiera comprado un nuevo smartphone. Y es que después de que me casé en el pasado mes de octubre, parece que muchos piensan qué me convertí en otra persona.

Les voy a ser bien honesto, esa dichosa pregunta me tiene fastidiado. Y es que la idea de que uno cambia automáticamente después de que se casa me parece ridícula e injustificada, pero está profundamente arraigada en nuestra sociedad. No dudo que en efecto, haya quién se casa y se transforma en un señor aburrido, pero al menos ese no es mi caso ni el de Tania. 

Nos casamos y ambos sabemos que tenemos más responsabilidades, más gastos y más cosas en las cuáles preocuparnos. Ni hablar, así es la vida y ante eso no podemos hacer nada, aunque lo cierto es que no por ello nuestra forma de ser deba cambiar radicalmente. Seguimos siendo lo mismos que éramos hace cuatro, tres, dos años. Podemos evolucionar, sí, pero el "aseñorarnos" es algo que al menos por ahora no está en nuestros planes. 

Seguimos teniendo conversaciones tontas, entrenando para correr un maratón, viendo La Rosa de Guadalupe (nos parece el mejor programa de comedia del mundo), escuchando la misma música, visitando los mismos lugares. No hemos dejado de ir al cine, ni de usar nuestras redes sociales para cuánta tontería nos viene a la cabeza. Tanto nos gusta lo que somos que así queremos permanecer, con el corazón y el ánimo joven, inmune al paso del tiempo. 

Incluso todavía nos parece raro referirnos a nosotros mismos como "esposa" o "esposo". 

Y a nivel personal ni qué decir, me ocurre lo mismo: No por estar casado dejo de ver los partidos del Atlante, de ponerme la playera de la Selección cuando juega o de actualizar este blog; sigo leyendo cuanto libro cae a mis manos, vistiéndome lo menos formal que puedo, escuchando podcasts vaciladores y viendo programas vulgares en la televisión. En fin, soy el mismo Gabriel de siempre, solamente que con un anillo en el dedo, la cartea más comprometida, y ya. 

Mi rutina, aunque no es igual, no dista de lo que era antes. Me levanto antes de que salga el sol y voy a trabajar, regreso a casa a comer, de ahí a entrenar y luego me encuentro con Tania por la noche. Es cierto, extraño a mi perro, a mi hermana, a mi mamá y a casa en la que crecí, pero todos eso sigue en mi vida, a unos cuantos kilómetros de distancia. 

Así que, por favor, la próxima vez que me encuentre con ustedes no me hagan la pregunta "¿Y qué dice la vida de casado?" (porque no dice nada ni me ha transformado). Tampoco me traten como señor. 

Dicen que crecer es obligatorio, pero madurar es opcional. Y yo elijo no madurar, todavía estoy chavo.

viernes, 19 de febrero de 2016

Pixie en los suburbios


De unos meses para acá me aficioné a escuchar podcasts, pues en ellos encuentro una forma de poder escuchar audios cuyo contenido es de mi interés, sin tener que pasar horas buscando alguna opción entretenida en la radio convencional.

Entre los podcasts que he descubierto y que escucho religiosamente, está el del HYP3, cuya temática es la cultura pop, trayendo semanalmente lo más sobresaliente en televisión, cine y música. Bastaron un par de capítulos para que me enganchara con esa propuesta y comenzara a estimar a sus conductores. Uno de ellos es Ruy Xoconostle, quien además de hacer podcasts, ha trabajado en varios medios de comunicación impresos y digitales, y ha escrito 7 libros. Además se ve que es a todo dar.

Cuando comencé a indagar sobre sus libros, me enteré de la existencia de la trilogía de Pixie, compuesta por las novelas Pixie en los suburbios (2001), La vida sin Pixie (2005) y Pixie y los románticos de clóset (2010). Entre más información buscaba de estos libros, más me intrigaban, pues quienes los han leído los califican como excepcionales, divertidos y sumamente emocionales. 

En conclusión, aquellas obras engloban perfecto a toda una generación. El problema es que conseguirlos no es tan sencillo, o al menos no del modo tradicional. En parte por eso, en sólo unos años estas novelas se volvieron de culto. Sin embargo, después de buscarle supe que los libros están disponibles tanto en Amazon, como en forma física (al menos Pixie en los suburbios) en la página del autor. No lo pensé dos veces y compré Pixie en los suburbios. Una semana después ese ejemplar llegó a mi casa, y sin saber muy bien de qué iba la historia comencé su lectura. Lejos estaba de imaginar que esa novela me volaría los sesos.

No es fácil explicar de qué trata Pixie en los suburbios pues su historia se encuentra ubicada en un universo muy peculiar. En su mayoría la trama transcurre en Ramos Arizpe (Saltillo) y en Monclova (Coahuila), en una realidad donde se paga en dólares, México y Estados Unidos forman parte de una rara unidad, hay grandes corporativos y tecnología de punta que conviven sin problema con elementos muy cotidianos de la cultura mexicana. En esta novela el lenguaje también tiene su propios recursos, pues recurre a varios términos geeks que varios amantes del cine y la cultura fácilmente identificarán.

Por lo anterior no debe pensarse que la lectura de Pixie en los suburbios es complicada para quienes no estén muy familiarizados con ciertas referencias, al contrario, su lectura fluye maravillosamente, tanto por la sencillez del lenguaje como por el vertiginoso ritmo que el autor le imprime a cada página.

Y por otro lado está el humor. Este libro está cargado de momentos hilarantes y diálogos llenos de ingenio, tanto que varias veces me sorprendí riendo durante su lectura. De igual modo hay escenas tiernas, románticas y reflexivas, todas conviviendo de forma natural en un mosaico bien balanceado. Todo esto demuestra que detrás de su concepción hay una creatividad desbordante al servicio del texto. 

El protagonista de la historia es Cuki Pirulazao, un veinteañero que es directivo de una importante empresa. Su vida rutinaria está llena de una soledad que aminora con los gadgets tecnológicos que compra, casi compasivamente, y con escapadas esporádicas a los pueblos cercanos o al cine. Y es precisamente en el cine donde conoce a Pixie, una chica inquietante que trabaja en ese lugar que lo cautiva casi al instante.

"Sentía que era viernes aunque no era viernes. Estás enamorado cuando estás con alguien y sientes que es viernes aunque no sea viernes".

Como el lector de esta novela podrá darse cuenta, la vida de Cuki constantemente está llena de giros inesperados y situaciones ilógicas, tanto que la vida se las ingenia para jugarle una mala pasada y hacer que termine casado con Midyet, hermana de Pixie. Este matrimonio se vuelve enfermizo y hace que Cuki se sienta asfixiado y termine tormando todo tipo de decisiones incorrectas que lo hacen hundirse aún más en la confusión. 

Mientras su vida se vuelve un caos, la figura de Pixie sigue mostrándose ante él, inmaculada y más bella que nunca. ¿Cómo salir de este embrollo bien librado?

Terminé la lectura de Pixie en los suburbios emocionado, alegre, feliz, esperando ansioso la nueva edición de La Vida sin Pixie, que de acuerdo a su autor saldrá este año. Por lo pronto no me queda más que recomendar esta gran novela de amor incompatible.

martes, 16 de febrero de 2016

Soy el pollo azul


Tania y yo somos fans de los Muppets. Bueno, más bien ella, yo nomás le hago al cuento. 

Hace tiempo estábamos viendo una película de estos curiosos personajes cuando de pronto apareció en escena un pollo azul gigante. 

La verdad a ese muppet ya lo había visto en otras ocasiones, aunque por su cara de pocos amigos sospechaba que siempre andaba de malas y que su personalidad es detestable. En fin, la verdad no contaba con mayor información sobre él. 


Fue entonces cuando Tania hizo un comentario en el que no había reparado: 

- Ese pollo azul es igualito a ti. 

Y entonces no supe si sentirme halagado, insultado o si de plano aquello era una extraña broma. Según ella tengo las cejas iguales, además de que su pico y mi nariz son muy similares. 

Chale... 

Durante los siguientes meses, cada vez que veíamos a ese ser emplumado en fotos, televisión o películas, ella seguía insistiendo en que ese muppet y yo éramos idénticos. Si bien al principio algo en su rostro duro me hacía pensar que era malo y poco agraciado, poco a poco le fui tomando cariño. Según Tania, cuando alguien me hablaba de cosas serias, como el pago de la hipoteca o cuando hacíamos planes de la boda, siempre hacía esta cara:


Luego nos enteramos que ese muppet en realidad no es un pollo azul sino un águila calva llamada "Sam el Águila". 

Aunque mi personalidad sea más parecida a la de la Rana René (así le digo, esas mamarrachadas de Kermit no van conmigo), para mí el pollo azul dejó de ser un muppet más. 

La apoteosis de mi relación con mi muppet gemelo se dio cuando me enteré que Tania compró en Amazon un muñeco Funko Pop de Sam el Águila. Cuando el muñequito llegó a sus manos hasta yo me emocioné y me tomé esta foto:


La llegada del Funko de Sam el Águila detonó en mi dos cosas:

1. Quiero un muñeco Funko (sí, a pesar de que estos monos nunca me habían llamado la atención ahora quiero uno, ni siquiera sé de qué, pero debo comprarme uno con urgencia). 

2. Me volví fan de Sam el Águila. Si bien su personalidad no es la más llamativa y nunca resalta como los otros muppets, algo tiene que me inspira ternura. Es como yo, que detrás de la imagen de un hombre bien dado y varonil se esconde un ser de buenos sentimientos y de corazón puro. ¿Acaso la gente cuando me conoce piensa que soy demasiado serio y que estoy de malas. 

Ahora Tania se llevó el Funko del Pollo Azul a su oficina, dice que es para acordarse de mí. Por lo pronto cada día voy descubriendo más los paralelismos que hay entre Sam, el Águila y yo. 

Y es que Si John Lennon es la morsa, yo soy el Pollo Azul.

jueves, 4 de febrero de 2016

De cómo nos iba a golpear un fan gordo del Cruz Azul


Lo que están por leer una conmovedora historia de superación humana, una epopeya que sobrepasa los límites de lo increíble y que sin duda le dará una lección de vida.

(Bueno, no, la verdad solamente es la historia de cómo nos iba a madrear nos íbamos a pelear con un aficionado gordo del Cruz Azul, en las gradas del Estadio Azul).

El pasado martes fui al Estadio Azul con mi amigo Vázquez, su esposa y uno de sus amigos cuyo nombre no recuerdo (pero él sí se sabía el mío, qué oso). Bueno, estábamos ahí para ver el juego entre el Cruz Azul y el Atlante. Quienes me conocen saben que soy aficionado de toda la vida del Atlante, así que obviamente tenía que estar presente, sobre todo porque desde que mis Potros descendieron ya casi no puedo verlos en vivo.


El juego estuvo de mucha emoción y el Atlante logró, a base de mucho empuje, empatar el partido a un gol. Aunque nadie ganó, los aficionados traían una fiesta en las gradas y cuando llegó el silbatazo final todos estaban felices echándole porras a sus respectivos equipos. Entonces, en medio de la euforia vi a un chavo fresa y a su lobuki pasarle sus vasos repletos de cerveza a un fanático del Cruz Azul muy pasado de tamales, el cual los arrojó hacia donde estaba la porra del Atlante, mojando a varias personas que ni se lo esperaban.

Sí, como si fuera un animal, ese marrano monumental nomás porque sí le aventó esa bebida a otros aficionados. No fui el único que se dio cuenta de la mala onda del obesoide, pues un seguidor del Atlante que se encontraba cerca de él, agarró otro vaso de cerveza e hizo lo propio con el gordinflón. Aunque aquello fue una especie de justicia divina, el botijón no entendió eso de que "el que se lleva se aguanta" y empezó a echarle la bronca al atlantista.

En cuestión de segundos, el albondigón se abrió paso entre los demás aficionados para llegar hasta el seguidor del Atlante y golpearlo. De forma valiente éste no se amedrentó, al contrario, también comenzó a gritarle maldiciones. Todo estaba puesto para que esos dos terminaran liándose a golpes. 

(Aquí cabe señalar que todo este espectáculo de pena ajena yo lo presenciaba cómoda y tranquilamente desde mi lugar, ubicado filas arriba. Podría decirse que incluso hasta me divertía lo que sucedía).

La gente varias veces separó a los dos peleoneros, y aunque el panzón infame amagaba con retirarse, en más de una ocasión regresaba para seguir buscando bronca. Muchos de los presentes comenzaron a pedirle al balón con patas que ya se fuera, y entonces, de entre todos esos gritos alguien gritó "ya vete Peppa", en alusión a Peppa Pig, la cerdita que protagoniza unos dibujos animados para niños. El apodo me causó gracia, y nomás por cotorrear, mientras el mantecoso seguía echando pleito, comencé a gritar:

- ¡Peppa, Peppa, Peppa!

Algunos atlantistas que estaban a mi alrededor se me unieron y comenzaron a gritar lo mismo...

- ¡Peppa, Peppa, Peppa!

Todo era risa y diversión hasta que giré la cabeza y vi que a unos metros de donde estaba un sujeto con cara de maleante me miraba con odio. Resulta que ese tipo era amigo del marrano y al parecer no le causó gracia el griterío que inició por mi culpa. 

- Chin, ya valió madre. 

... pensé cuando vi que el cara de maleante se acercó a mí y comenzó a reclamarme. 

Mi amigo Vázquez se puso loco y también le respondió con majaderías. Entonces el maleante tomó el vaso de cerveza que tenía en la mano y se lo arrojó con fuerza. Para fortuna de Vázquez el proyectil no impactó en él, sino en la cara de su amigo cuyo nombre no recuerdo, quien ni deberla ni temerla terminó llevándose el trancazo. 

Esto hizo que Vázquez, su amigo de cuyo nombre no me acuerdo y el sujeto con cara de maleante se pusieran más locos, para colmo en ese momento el marrano aficionado del Cruz Azul iba subiendo hacia dónde estábamos y amenazaba con también unirse al pleito. Viendo la gravedad de la situación la esposa de Vázquez se alejó y yo hice lo que cualquier hombre valiente y buen amigo haría... hacerme güey. 

Fueron unos segundos tensos en los que vi pasar mi vida: Me imaginé pasando la noche en los separos, golpeado, con mi playera del Atlante rota, un diente menos y los ojos morados. Por supuesto en cuanto mi esposa se enterara de lo ocurrido seguramente me prohibiría regresar a un partido de futbol. 

No sé cómo pero al final ya no pasó nada. El pedazo de cebo y su amigo maleante se fueron retirando (por supuesto, mentando madres y lanzando amenazas hacía Vázquez, su amigo desconocido y un servidor. Cuando íbamos saliendo me puse mi sudadera roja por si el puercote y su cuate regresaban o nos topábamos con ellos más adelante. 

Una vez afuera del estadio me fui como alma que lleva el diablo, subí a mi auto e inmediatamente me marché a mi casa. Sí, lo sé, me vi bien maricón, pero preferí eso a terminar como Santo Cristo, pues esos dos sujetos tenían la pinta de ser personas violentas, de esas que gozan rompiendo narices. 

Aquí un video de esa noche, es de cuando el Cruz Azul le metió gol al Atlante. En algún momento se ve al amigo cara de maleante (bueno, creo que es él, no estoy muy seguro) haciéndole bullying a un aficionado atlantisa:


Escribí este texto para dejar testimonio de lo fácil que es hacer que en un estadio las cosas se salgan de control y de la nada se detone la violencia. 

También quiero aprovechar este espacio para decirle al cerdonio y a su cuate cara de maleante que se salvaron de recibir una paliza. 

miércoles, 27 de enero de 2016

Maus, relato de un sobreviviente


Tengo una extraña relación con las historias ambientadas durante la Segunda Guerra Mundial. Ya sea en televisión, literatura o cine, siento que el tema ha sido explotado hasta el cansancio y de cierta forma adentrarme en nuevas obras con el mismo tópico me causa demasiada pereza. 

Sin embargo, constantemente termino enredado en alguna de ellas, como si una especie de fuerza invisible me hiciera regresar constantemente a ese momento crucial de la historia moderna. Mi última visita a ese conflicto bélico la hice de una forma poco común pero no por eso poco interesante: Leyendo una novela gráfica que es una especie de fábula pues está protagonizada por ratones.

¿Puede una historia tan cruel como la del holocausto ser retratada por roedores y seguir siendo válida y profunda? Por supuesto que sí, eso me quedó más que claro después de leer Maus, relato de un sobreviviente sin duda una de las novelas gráficas más importantes de las últimas décadas, que incluso se hizo acreedora al Premio Pulitzer en 1992.


Aunque no soy muy asiduo de las novelas gráficas tenía meses queriendo leerla. Aprovechando la época de intercambios navideños que recientemente acaba de pasar, la pedí como una de mis opciones de regalo. 

Escrita y dibujada por Art Spiegelman, Maus, relato de un sobreviviente es una novela gráfica publicada de 1980 a 1991 en la revista Raw. Narra la historia real de Vladek Spiegelman (padre de Art), un polaco judío que junto a su esposa Anja sufrió un sinfín de persecuciones y vicisitudes durante la persecución y exterminio que los nazis llevaron en contra de los judios. 

Los años que Vladek y Anja vivieron bajo la sombra de la guerra y el holocausto fueron testigos de actos crueles e inhumanos, e incluso los sufrieron en carne propia. A lo largo de las casi 300 páginas que integran esta novela, podemos ver derrumbarse la vida de Vladek, quien pasó de tener una posición acomodada en la sociedad polaca, terminó sumido en la pobreza y luchando por su vida en un campo de concentración. 


Para darle vida a los relatos que escuchaba de su padre, Art Spiegelman decidió que los personajes fueran animales asignados a distintos grupos. Los judios eran representados como ratones, los alemanes como gatos, los polacos como puercos, los franceses eran ranas, los estadounidenses como perros, etc. Esto ayudó a darle una nueva dimensión a las historias sobre la Segunda Guerra Mundial y nos permite entender mejor cómo se relacionaban entre sí los distintos actores de ese período histórico. 

Podría pensarse que al poner animales y no a humanos en un drama así disminuiría el impacto emocional, cosa que no ocurre, de hecho, el relato adquiere otra dimensión muy peculiar, donde la tensión y los momentos emotivos siguen estando muy presentes. Los trazos en los dibujos de Spiegelman ayudan a darle más crudeza a las desgracias que viven los personajes, con los que uno inevitablemente termina encariñado, volviendo propias sus angustias y sufrimientos. 

Esta obra maneja dos tiempos narrativos, uno ubicado en el Nueva York de los años ochenta, período en el que Art intentaba darle vida a una novela gráfica sobre la historia de su padre en el Holocausto, para lo que ambos se reúnen continuamente. La otra es precisamente la historia de Vladek, ubicada en la Polonia ocupada por los nazis de la Segunda Guerra. Ambos relatos nos ayudan a conformar mejor la personalidad de Vladek, y cómo la persecución de la que fue objeto terminó por transformarlo radicalmente. 


El Vladek neoyorkino es un anciano obsesionado con el ahorro, el órden y muy cuadrado en su forma de pensar; el Vladek de Auschwitz es un hombre inteligente, generoso y valiente, quien gracias a la buena fortuna y a la toma adecuada de decisiones logró salir bien librado de uno de los mayores horrores por los que ha pasado la humanidad. Estas dos versiones de Vladek en apariencia tan diferentes terminan siendo conectadas y adquiere coherencia cuando terminamos de leer Maus: Relato de un sobreviviente. 

Esta novela gráfica es considerada ya todo un clásico y no es para menos, pocas obras referentes al holocausto pueden acercarnos tanto al horror que vivieron los judíos en aquellos años. Aunque para ser sincero, este libro es un documento fiel y conmovedor de la peculiar relación de un padre y su hijo, y de la forma en la que el segundo intenta preservar para siempre la memoria del primero. Y es que no importa el tiempo que pase, hay heridas que nunca se cierran y se transmiten de generación en generación. 

Todos deberían leer Maus al menos una vez en la vida.

lunes, 21 de diciembre de 2015

17 cosas que pensé mientras veía el último programa de Chabelo


El pasado domingo se transmitió la última emisión del programa En Familia con Chabelo, cerrando así un ciclo de 48 años al aire. Obviamente lo vi y hasta me dieron ganas de chillar al final pero me aguanté. Mientras lo checaba, pensé varias cosas...

1. El señor Jorge Alberto Aguilera, encargado de la sección Los cuates de la provincia es eterno. Supongo que toma la misma pócima mágica que Chabelo y por eso no envejece. 


2. Al final, las leyes que prohibieron que los dulces y alimentos chatarra dejaran de anunciarse en horario matutino sí afectaron al programa En Familia. Antes todos estos productos se anunciaban con Chabelo, en cambio, durante los últimos meses los patrocinadores ya eran productos médicos o dirigidos al público adulto. Eso terminó notándose en la dinámica del programa y enrareciendo. 

Supuestamente esta ley era para evitar que los niños siguieran engordando, cosa que no ha pasado, y en cambio, terminaron matando al amigo de todos los niños. Pinche gobierno, siempre descomponiendo todo.

3. Y por eso mismo, como los patrocinadores eran clínicas para personas con dolores de rodillas o sordera, pues casi ya no concursaban niños, sino papás. 

4. En Familia con Chabelo nunca se caracterizó por dar regalos muy costosos o exhorbitantes, al contrario, siempre fueron bastante austeros. La diferencia era que uno de niño veía la vida con ilusión y quisiera estar concursando para llevárselos. 

5. ¿Qué diablos es eso de ‘Agua inmaculada’ que se anuncia con Chabelo? ¿Será su elixir de la eterna juventud?


6. Se nota que hasta el final Chabelo disfrutó haciendo su programa. Siempre lo vi cómodo y feliz, y ayer no fue la excepción. Sin duda ese programa era su pasión. 

7. En la última catafixia no hubo regalos chafas, como era una tradición. Aquello se me hizo buen detalle. 

8. Chabelo es el único ser al que le perdono usar calcetín blanco con zapatos y bermudas. 


9. Pinche Televisa, te odio por haber hecho llorar a Chabelo. Ya está grande, es como pegarle a un abuelito o a un árbol gordo gigante. Culeros.



10. Me encantó que la mayoría de las personas que siempre decían no haber visto el programa y/o que siempre lo criticaban, el domingo estaban subidos al Tren del Mame por el adiós de Chabelo. Yo siempre le fui fiel y sí sentí feo, pero genuinamente, no como la mayoría de ustedes, ¡posers!

11. Siempre me ha chiflado que Chabelo se cambie varias veces de ropa durante el programa. 

12. Aunque está chido que en los últimos años Chabelo usara camisas beisboleras extra grandes, prefería cuando usaba su traje setentero.


13. Muchos le reclaman a Televisa porque el último programa estuvo algo desabrido, pero lo cierto es que quizá fue el mismo Chabelo quien escogió tener un bajo perfil en su despedida, pues así es su personalidad.

14. Chabelo siempre tuvo buen ojo para elegir a sus edecanes. 

15. Siempre quise participar en la “escalera loca”, pero como era un concurso para papás, pues nunca tuve chance. Ya me la pelé. 

16. ¿En unos años irán a sacar “Chabelo animado”?

17. Cuando Chabelo apagó las luces del Foro 2 y salió del foro, simplemente se me rompió el corazón. Ver el rostro con lágrimas de Xavier López nos habla de lo mucho que le costó despedirse de este proyecto.



Y ya, la depresión no me deja escribir más. ¡Te quiero mucho Chabelo y espero tu regreso para la segunda temporada!

miércoles, 16 de diciembre de 2015

“Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán", y otras incoherencias de cuando uno va en la primaria

Cuando somos niños decimos muchas estupideces -luego crecemos y decimos todavía más-. Y es que, es en esta época de nuestras vidas cuando nuestra mente inocente comienza a retorcerse de forma perturbadora. 

No digo que en la Primaria nos volvamos unos seres endemoniados, sino simplemente nuestra boca va más rápido que nuestro cerebro, y si a esto le sumamos la poca experiencia que tenemos en la vida, pues es fácil explicar por qué nuestra cabeza termina formulando pensamientos incoherentes. 

A continuación enlistaré cinco ejemplos de pensamientos o actitudes carentes de sentido, de los que fui testigo cuando iba en la primaria.

1. “Mejor cómprate unas herramientas” 

Cursaba el quinto grado de primaria y después de ahorrar por semanas me había comprado una figura o-r-i-g-i-n-a-l de uno de los Caballeros del Zódiaco. Obviamente lo quería presumir y lo llevé a la escuela. Fue en el recreo cuando un par de amigos me dijeron que había hecho muy mal por haber gastado mi dinero en un muñeco. El argumento de uno de ellos, que se llamaba Christian y le decían “Chico” (no sé si algo le conocían o le hablaban al tanteo), fue…

- No Pif (así me decían), ya no gastes en muñequitos, mejor cómprate unas herramientas.

¿¡¿¡QUÉ?!? Osea ¡¡¡no manchen!!!. Teníamos 10 años y esos niños decían que ya debía dejar de pensar y querer juguetes para empezar a comprarme herramientas de señor 

¿¡Pues qué vivimos en un país en guerra para dejar de lado mi niñez y hacerme de unas herramientas!? Si mi sueño hubiera sido ser carpintero o mecánico cuando fuera grande, pues voy de acuerdo, pero a los 10 años no tenía ni idea de qué haría con mi vida. Ahora tampoco la tengo, pero esa es otra historia. 

Total, nunca les hice caso. De haberlo hecho, quizá ahora no sería tan inútil y sabría usar un taladro, reparar autos, colgar cuadros en las paredes y esas cosas que hacen los hombres de verdad. 


2. El cuchillo

Cuando iba en segundo de primaria se decía que en la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo. Sí, leyeron bien. En la cisterna de la escuela se aparecía un cuchillo diabólico. 

¿Qué hacía el dichoso cuchillo? ¡Nada! 

¿Qué hacía en el supuesto interior de la cisterna? ¡Nada! 

¿Por qué nos daba miedo si la cisterna siempre estaba cerrada? Sabrá Dios. 

Ni siquiera era que el cuchillo volara, tuviera vida propia, poseyera a la gente o estuviera en la mano de un asesino… nada de eso. Es como tenerle miedo al cuchillo de la cocina y eso está muy chafa. 


3. Yo uso “Condom”, y me protejo 

Cuando era niño en las calles había un anuncio espectacular que decía “Contra el SIDA te protejo: Condón”, y había una especie de globito enojado. Nunca entendí a qué diablos se refería, ni qué era el Sida y mucho menos porqué el dichoso “Condón” era como un súper héroe. 

Entonces, iba en sexto de Primaria cuando en una plática sobre gripas y catarros, un compañero que se llamaba Julio dijo muy serio:

- “Yo nunca me enfermo de nada porque uso ‘Condom’ cuando cojo”. 

Sí, así dijo “Condom”. En ese momento, esa afirmación no tuvo la menor lógica para mí. ¿Qué era eso del ‘Condom’? ¿Acaso una medicina mágica? ¿Y qué es eso de ‘cojer’? ¿Es cómo agarrar algo?

Años después comprendí la frase, aunque no del todo, pues obviamente a los 10 años Julio no usaba condones ni cojía. Es más, seguro que la incoherencia que dijo ni siquiera tuvo sentido para él. 


4. La casa de los sustos

En la primaria teníamos una casa de los sustos: El baño. 

Sí, por algún extraño motivo éramos masoquistas y teníamos un juego extraño: Entrar al WC de niños y ver el contenido de los escusados. Y es que como en toda escuela de gobierno los baños estaban hechos un asco, por eso, ver las plastas que ahí se encontraban era peor que toparse con un fantasma o un monstruo. Al final salíamos con los ojos llorosos y ganas de vomitar. Sigo sin saber por qué hacíamos eso. 


5. Michael Jackson Hot-Joto, con Bibi Gaytán 

En primaria era muy fan de Michael Jackson. Bueno, lo sigo siendo. Sabiendo eso, una vez un compañero de nombre Miguel se me acercó para hacerme una oferta: Según él, tenía en su poder un VHS titulado “Michael Jackson Hot-Joto”, que contaba con la participación especial de Bibi Gaytán. En el dichoso video los dos salían bailando encuerados. 

WTF?!?! ¿Neta el tal Miguel pensó que alguien iba a creer semejante mentira?

Y lo mejor, es que el dichoso video podría ser mío por sólo 20 pesitos, cantidad que si bien hoy me parece de lo más accesible, a mis 10 años no era tan fácil tenerlos a la mano. 

Nunca compré el video, pues desde entonces aquello me sonaba a estafa, aunque debo admitir que a veces llego a preguntarme ¿y si ese video era real? Lástima, no aproveché la oferta y me quedé sin ese artículo de colección que seguramente hoy vale miles de dólares. 


* * * * *
Mi conclusión: Los niños de las primarias están imbeciles. O al menos así era en mi generación.

jueves, 10 de diciembre de 2015

Delincuente soy (de nuevo)


En el verano del 2006 me convertí en un delincuente, cuando en un Wal Mart me robé una botella gigante de cartón, usada como objeto promocional de Coca Cola, y que era alusiva al Mundial de Alemania 2006. Ese hecho bochornoso de mi vida lo conté hace años en este blog, y de hecho pueden leerlo dando clic aquí.

¿Por qué saco a relucir en estos momentos mi obscuro pasado? Pues porque 11 años después volví a convertirme en un delincuente, y aunque ahora sí no merezco perdón de Dios, decidí una vez más contarlo en este espacio, para dejar así constancia del horrible ser que soy.

Todo ocurrió el pasado domingo por la noche, cuando fui con Tania a un Superama para la compra semanal de la despensa. En cuanto ingresamos al estacionamiento de la tienda, Tania vio que en un rincón del estacionamiento estaba abandonada una de esas canastas de plástico para ir echando los productos que uno va eligiendo cuando se encuentra dentro de la tienda.

En broma ella dijo “Deberíamos llevárnosla”. Y pues, entre broma y broma la verdad se asoma. En ese momento no le di importancia al comentario y entramos a la tienda.

Cuando regresamos con las bolsas ‘del mandado’ y las estábamos metiendo a la cajuela del auto, Tania nuevamente vio la canasta abandonada y 'casualmente' nuevamente dijo:

- Deberíamos llevárnosla.

Mi respuesta fue la de cualquier persona honesta:

- Pues va, órale.

Lo que siguió ocurrió muy rápido. En cuestión de segundos ambos intentábamos meter la dichosa canasta en la cajuela. No cabía. Tania diciendo "apúrate, apúrate, alguien nos va a ver… ¡ay no, una señora ya se dio cuenta, ya se dio cuenta!” Y yo, como un ser enfermo de maldad, con los ojos inyectados de sangre le contestaba de forma violenta “no me importa, ahora nos la llevamos”. 

Para lograr nuestro plan endemoniado abrimos las puertas traseras del auto y pusimos la preciada canasta sobre el asiento trasero. Mientras Tania la cubría con algunas bolsas yo me quitaba la chamarra para tapar toda evidencia que nos delatara. Subimos al auto, arrancamos como alma que lleva el Diablo y sudamos frío cuando llegamos a la salida. Dimos el boleto del estacionamiento y la pluma se levantó, dejándonos libres. Ya en el exterior suspiramos aliviados: Oficialmente éramos unos malditos ladrones, una completa vergüenza para la sociedad.

Cuando íbamos de regreso a casa noté que detrás de nosotros iba una patrulla. Por unos segundos me imaginé inmiscuido en una persecución de película, y luego recluido tras las rejas, pasando años en las sombras pagando por mis malas acciones.

Pero luego la patrulla se detuvo en unos tacos.

Ahora la canasta -que por cierto, está manchada con las huellas de la deshonestidad- se encuentra en mi casa. La verdad no la hemos usado y no sabemos realmente para qué carajos la queremos. Aquí el botín, cada que lo veo siento que una y otra vez me dice “eres un maldito ladrón asqueroso”: 


Aunque luego se me quita.

En fin, espero que un día no llegue la justicia a tocar hasta mi puerta, o peor aún, me detengan el día que se me ocurra volver a poner un pie en ese u otro Superama.

Si termino en la cárcel por favor llévenme nueces de la india:


Y también Nueces de la India:
Ya sé lo que están pensando: Pinche Gabriel, eres un desmadre.

Y sí.

viernes, 4 de diciembre de 2015

Ya no hacen los escusados como antes


Por lo general, los avances tecnológicos le han facilitado la vida a la humanidad, haciendo que todo sea más práctico y sencillo. Sin embargo, hay un rubro donde ni todo el conocimiento científico ni las innovaciones nos han ayudado. De hecho, se ha presentado un claro retroceso del que todos somos víctimas, aunque muy pocos lo confiesen. 

Hablo, por supuesto, del escusado, taza del baño, trono, o como usted quiera llamarle… 

Si nadie tiene el valor moral de hablar del tema, lo haré yo, pues me hice consciente del tema hace unas semanas. No están ustedes para saberlo ni yo para contarlo, pero desde hace mes y medio me mudé de casa. El bonito departamento donde ahora vivo tiene dos baños, los cuales me causaron desconfianza desde la primera vez que los vi, pues al “jalarles” noté que no emplean tanta agua como los baños de antaño. 

Sí, ya sé que la poca cantidad de agua es por rollos ecológicos y de ahorro del agua, pero no son muy efectivos qué digamos. Los baños de hace unos años soltaban una poderosa descarga de agua, formando un remolino potente que se llevaba casi todo lo que estaba depositado en el interior de la taza. Pero ahora, el agua y el remolino de cada descarga es tan pinche, que en muchas ocasiones no son suficientes para llevarse los cakes. 

Y esto lo digo con conocimiento de causa, pues en los últimos diez días he tapado el baño de mi departamento no una, no dos… sino tres veces. 

Ni pongan esa cara de asco, de hecho me declaro inocente. Tampoco es que esté comiendo demasiado o que posea una potencia sobrehumana cuando voy a soltar el miedo, más bien el problema es que esos baños están hechos para niñitas que solamente comen lechuga. 

La primera vez que tapé el baño pensé: Va, la verdad sí hice un poco más de lo que acostumbro y con todo el asco del mundo me puse a vaciar varias cubetas al inodoro. Y santo remedio. 

Para evitar nuevas complicaciones, cuando nuevamente me andaba del 2 iba al otro baño. Lo malo es que unos días después también tapé es. Ya se imaginarán lo feliz que me puse. Nuevamente viví el show de destaparlo, sólo que ahora “el producto” nomás no se iba, así que debí incrementar la cantidad de cubetazos y hasta usar la bomba destapa caños. 

Cuando logré destaparlo me sentí como un gladiador que había vencido a un león gigantesco, o como Gloria Trevi en esta película:



La tercera vez que nuevamente tapé el baño ya ni siquiera me sorprendí y resignado comencé una vez más con el procedimiento para liberar la tubería obstruida. 

Desde entonces vivo en la incertidumbre y cada vez que llega el momento de jalarle al váter mi mundo se detiene unos segundos esperando que todo se vaya con facilidad. 

Ya casi llegamos a Marte, podemos saber al instante lo que ocurre del otro lado del mundo, pero como humanidad no somos capaces de hacer que un pinche inodoro genere la suficiente potencia de succión y a la vez gaste poco líquido. En otras palabras, el desarrollo de los últimos años ha servido para un carajo, pues lo que ahorramos en agua gracias a estos baños, lo acabamos usando en todas las cubetas que llenamos para lograr destapar el baño. 

Y esto no es exclusivo de mi nuevo hogar, ya que en varios lugares me he topado con esos baños ecológicos que solamente nos dejan en ridículo porque se tapan casi casi con la pura mirada. 

Ahora tengo que ir por la vida buscando dónde hay baños viejitos y confiables, en los que pueda soltar toda mi furia sin temor a las consecuencias. Podrán reírse de lo que acabo de escribir y decir que soy un marrano, pero lo cierto es que son muchos los que comparten mi sentimiento pero prefieren callar y sufrir en silencio.

lunes, 30 de noviembre de 2015

La canción de Chabelo que me rompió el corazón


Hace unos días, se anunció que el programa En Familia, que conduce Xavier López Chabelo, llegaría a su final tras casi 50 años de transmitirse cada domingo. Quienes me conocen saben que soy un maldito cursi y que éste tipo de cosas me conmueven en demasía. Y es que la mera verdad soy muy fan de Chabelo. 

Aunque muchos se creen revolucionarios-chairos-anti sistema-enemigos de Televisa y dicen cosas como “yo nunca he visto ese programa” o “de niño no estaba idiota y ni televisión veía porque es el opio del pueblo”, la verdad es que TODOS los mexicanos alguna vez han visto el programa de Chabelo. Incluso me atrevería a decir que incluso guardan un recuerdo referente a este legendaria emisión televisiva. 

En mi caso, cuando despertaba temprano los domingos y prendía la tele para ver En Familia no sólo me gustaban los concursos, sino que además me imaginaba participando en ellos y teniendo que elegir entre las distintas opciones que le daban a los participantes. 

Con mucha claridad recuerdo gran parte los concursos, los patrocinadores y los premios. ¡Hasta sufría a la hora de las catafixias! Sin embargo nunca pude ir a la grabación del programa. A pesar de que por años mi sueño fue asistir, ni mis papás ni yo mandamos nunca esa carta (era un tiempo prehistórico, antes de los correos electrónicos) para pedir boletos. 

* * * * 
Crecí, por lo tanto, teniéndole cariño a un niño que cada mañana de domingo veía en televisión y al que nunca tuve problemas para considerarlo “mi cuate”. Tampoco me conflictuaba saber que en realidad Chabelo era una persona madura. Eso sí, escucharlo hablar con su verdadera voz (la de Xavier López) nunca me gustó. Es raro, como si alguien llegara y le diera de patadas a mi niño interior. 

Todo este apego que sentía hacia Chabelo se materializó cuando asistí a una edición de Espacio -uno de los eventos para universitarios que Televisa organizaba- y entré a una conferencia magistral que estuvo engalanada por el propio Chabelo. Cuando fue presentado e irrumpió en el escenario el público se le entregó con varios minutos de aplausos. Recuerdo haber sentido un nudo en la garganta mientras me decía a mí mismo: ‘Ahí está Chabelo, ¡estás frente a una leyenda!’. 

Lo anterior ocurrió en el 2001 y cuando lo cuento generalmente recibo burlas o rostros de incredulidad. Francamente me vale. No planeo ir por la vida ocultando mi admiración hacia una persona sólo porque los demás no comparten mi opinión. 

* * * * 

No pude evitar ponerme nostálgico cuando el propio Chabelo confirmó lo que ya se rumoraba desde días antes: En Familia llegaría a su fin.



Pus sí, sentí bien gacho, sobre todo porque siento que parte de mi niñez se va con Chabelo. Por otro lado, seguramente los boletos para los últimos programas estarán súper cotizados y ya no podré asistir nunca al programa. Todo este asunto de su adiós me hizo recordar que una de sus canciones me gusta mucho e incluso está entre mis favoritas de todos los tiempos. 

Se llama “Vale la pena vivir” y cada que la escucho me rompe el corazón. Aunque aquí debo hacer una aclaración, pues por esta ocasión el término “me rompe el corazón” lo uso para decir que la canción me quiebra emocionalmente pero de manera positiva, y no sólo eso, pues también me pone de buen humor y me llena de esperanza el corazón. 

Ok, lo anterior suena bien cursi y hasta yo me doy asco, pero es la verdad. 

La letra de la canción es de Armando Manzanero, pero en la voz infantil de Chabelo transmite un optimismo y vitalidad que nadie más podría darle. Además, el toque de la música mexicana ayuda a redondear favorablemente la pieza.



Admito que este post, ademas de querer mostrarles una canción que siento está poco valorada, es para reivindicarme con Chabelo. Nunca iré a su programa, pero de alguna forma crecí acompañado por él, así que este texto es una forma de agradecerle por tantas horas de sana diversión y por crecer a mi lado. 

Gracias por todo cuate.

martes, 17 de noviembre de 2015

Pinche Tren Ligero


Hasta hace unos meses el Tren Ligero de la Ciudad de México (que va de Taxqueña a Xochimilco) era algo ajeno a mi vida, tanto que eran contadas las veces que me había subido en este sistema de transporte eléctrico. Mi experiencia en esas ocasiones fue bastante plana y para bien o para mal, poco memorable.

Sin embargo, de unas semanas para acá he tenido que usar con mucha más frecuencia el Tren Ligero como medio de transporte para ir al trabajo. Las primeras veces este reencuentro transcurrió con total normalidad, incluso podría decir que la combinación entre el Metro y el Tren Ligero me parecían la mejor forma de recorrer una parte de la Calzada de Tlalpan. 

Total, que todo era alegría y felicidad hasta que el pinche Tren Ligero se las ingenió para ponerme de malas. 

Ocurrió un martes. Salí de mi casa con tiempo suficiente para llegar al trabajo. Abordé el Metro y al llegar a Taxqueña me dirigí a la estación Tasqueña del Tren Ligero. Tranquilo esperé a que llegara el tren y me subí a uno de los vagones. El tren comenzó su avance y entonces me percaté de que no paró en la primera estación… ni en la siguiente… ni en la siguiente.

Por alguna extraña razón el tren seguía de largo sin detenerse en cada estación. Mi extrañeza se volvió enojo cuando pasamos la estación en la que debía bajarme y no pasó nada. Indignado veía los rostros de los demás pasajeros buscando en ellos rastros de desconcierto. Y nada. Al parecer yo era el único sacado de onda por ese comportamiento tan extraño del tren en el que íbamos. Llegué a pensar que estaba enloqueciendo. 

Finalmente el tren se detuvo tres estaciones después de aquella en la que deseaba bajar. Enchilado esperé a que llegara otro tren que me llevara en dirección contraria y me regresara al trabajo. No sé ni cómo logré evité el retardo. 

Al otro día, miércoles, volví a subirme al Tren Ligero olvidándome por completo de la experiencia del día anterior, pues según yo había sido solamente un hecho aislado. Grave error. En cuanto subí al vagón y vi que pasamos la primer estación sin detenernos sentí que aquello era una mala pesadilla. Aún así suspiré pues nuevamente iba con tiempo suficiente. 

El problema fue que en esta ocasión el Tren Ligero no sólo se siguió de lado cuando pasamos por la estación en la que me debía bajar, sino que tampoco se detuvo donde un día antes lo había hecho sino hasta el Estadio Azteca. 

Cuando el señor chofer del Tren Ligero se digno a parar ya se me hacía tarde. Para mi consuelo, esta vez fuimos muchos los que enojados nos bajamos del tren preguntándonos qué diablos había pasado. 

Poder regresar hacia mi chamba fue un infierno, pues los trenes que iban en dirección contraria iban a reventar y lograr subir en ellos era imposible. Cuando lo logré ya era demasiado tarde para evitar el retardo en mi trabajo. Por supuesto me puse a mentar madres en Twitter, esperando que los encargados del Tren Ligero me dieran una explicación de lo ocurrido. Solamente recibí una respuesta escueta que no me aclaraba realmente por qué los trenes ligeros no se detenían en cada estación:


Al salir de trabajo, de regreso a casa, fui a quejarme a la estación del Tren Ligero de Tasqueña (que al igual que las otras estaciones de este medio de transporte, están bien rascuachas). Las señoras que me atendieron se mostraron extrañadas de lo ocurrido, pues según ellas, el Jefe de Estación se pone a gritar en el andén cuando los trenes no harán paradas en las primeras estaciones.

-Un sistema modernísimo, por cierto-. 

Obviamente negué que hubiera un viejo gritón anunciando la ruta que seguiría el tren. No contento con la explicación fui con el propio Jefe de Estación y me dijo lo mismo: Cuando los trenes se van directo, él mismo lo avisa a gritos. Hasta ganas de mentarle la madre me dieron. 

En ese momento me sentí ridículo pues jamás escuché los gritos del Jefe de Estación, o bien, el dichoso Jefe de Estación tiene voz de niña de tres años. 

Al otro día nuevamente me subí al tren ligero y en esa ocasión sí fue haciendo parada en cada estación, aunque eso sí, salí de casa todavía más temprano por si nuevamente el chofer del tren hacía su graciosada. 

Desde entonces vivo en miedo constante de abordar uno de esos trenes malignos que se detienen donde les da la gana. Afortunadamente hasta ahora no he vuelto a vivir esta horrible experiencia, sin embargo, sigo sin entender por qué diablos en el Tren Ligero piensan que es una buena idea que a veces los trenes no hagan paradas y a veces sí. Con este tipo de transporte nunca llegaremos al primer mundo. 

A veces hasta me dan ganas de mejor irme diario en auto, pero luego me acuerdo del tráfico y se me pasa…