martes, 7 de abril de 2015

Los últimos días de nuestros padres


Hace poco más de un año iba terminando de leer La verdad sobre el caso Harry Quebert, un novelón que me voló la cabeza, del autor suizo Jöel Decker. Sobre esa gran historia, que créame, es de lo mejor que he leído en toda los últimos años, escribí un post en este blog, mismo que pueden leer aquí

Por eso, en cuanto supe que Alfaguara publicaría en español Los últimos días de nuestros padres, la primera novela de Decker, quise leerla. Por supuesto estaba latente la posibilidad de que la calidad de esta historia inédita no fuera tan buena como La verdad sobre el caso Harry Quebert. Afortunadamente pasó todo lo contrario.

Alejada totalmente de La verdad sobre el caso Harry Quebert, la trama de Los últimos días de nuestros padres está ubicada en los años finales de la Segunda Guerra Mundial. Sí, quizá muchos ya estén cansados de ver el tema de este conflicto bélico reflejado en la televisión, el cine o la literatura. Sin embargo, esta novela muestra un punto de vista poco abordado: La creación, por iniciativa de Winston Churchill, de la Special Operations Executive (SOE), una nueva sección de servicios secretos británicos, cuya principal función es el sabotaje de las líneas enemigas desde su interior.

Así, el SOE comienza a reclutar a jóvenes de las naciones ocupadas por las fuerzas nazis, para ser entrenados en total clandestinidad. Entre ellos se encuentra Paul-Émile, un joven francés que abandona su hogar en París, donde vivía con su padre, para viajar a Londres. Ahí, junto a otros elegidos, es sometido a varios entrenamientos y adiestramientos extenuantes. En esos meses, Palo (nombre de guerra que se le da a Paul-Émile) conoce y crea vínculos de amistad con Gordo, Aimé, Rana, Farón, Key, Claude o Laura, entre otros. Todos personajes entrañables y perfectamente construidos.

Aquí hacemos una pausa para comentar uno de los grandes aciertos de esta novela: Conforme se avanza en la historia van integrándose más y más personajes, hasta que el lector se pregunta si esto no terminará por hacer del argumento algo confuso, o llevarnos a un final caótico y poco logrado. Y es ahí donde Decker nos muestra sus recursos de novelista, dándole una dimensión justa a cada personaje, y al mismo tiempo mantiene una coherencia narrativa que se sostiene hasta la última página.

Volviendo a la historia. Tras meses de una brutal preparación, en donde el grupo de agentes en formación se reduce considerablemente, los elementos más capaces son enviados de regreso a la Francia dominada para desempeñar peligrosas maniobras de sabotaje y espionaje, de las que no siempre saldrán bien librados. Conforme la historia avanza el contraespionaje nazi los detecta, complicando más las cosas.

“Y no hubo más que un largo murmullo, una queja apagada: Palo, Key y los demás, hasta Rana, el huérfano, eran los hijos malditos, los hombres más solos del mundo. Se habían marchado a la guerra y habían besado apresuradamente a sus padres. Se había formado un vacío en lo más profundo de su alma. Y en la noche inglesa, en la oscuridad de una pequeña habitación de militares con olor a moho, Palo y Key se arrepentían. Juntos. Amargamente, pues quizás habían vivido ya los últimos días de sus padres”. 

Es importante aclarar que Los últimos días de nuestros padres es mucho más que una novela sobre la guerra. De hecho, es sólo el pretexto para darle paso a una historia donde la amistad y el amor brillan con luz propia en medio de la obscuridad y desolación provocada por la ocupación nazi.

El dramatismo no sólo alcanza a los integrantes del SOE, cuyas personalidades van mutando conforme son expuestos a la rudeza de la guerra; también toca a sus familiares, y aquí debemos destacar el que sin duda es de los momentos más bellos de toda la novela: La espera del papá de Palo por su hijo, siempre llena de esperanza a pesar de las dudas. Al final todos, incluso los nazis, sufren pérdidas irreparables pero también tienen oportunidad de redimirse.

El amor de aquellos que se sienten arrojados a una guerra que no comprenden del todo, pero que encaran con valentía aún sabiendo que difícilmente saldrán de ella con vida; el amor entre un padre y su hijo; los conflictos y dilemas emocionales que la guerra siembra entre sus participantes; la amistad transformada en hermandad; la importancia de aferrarse al ser amado para hacer más llevadero el infierno; la búsqueda de la aceptación como motor para seguir adelante; o el miedo a tomar decisiones que afecten a los demás. Todo esto, y aún más, hacen de esta novela un verdadero deleite.

Y sí, a pesar de lo denso del tema, es un libro lleno de alegría y belleza, efecto logrado gracias a la narración de Dicker, que muchas veces alcanza niveles líricos.

*** Este texto es una parte de artículo ¿Quién es Jöel Dicker y por qué deberías leerlo?, que publiqué originalmente en el sitio Sopitas.com.

martes, 17 de marzo de 2015

Mi primer Vive Latino


El pasado fin de semana fui a mi primer Festival Musical Vive Latino. Y estuvo bien chaka, aunque no tanto. 

Me explico. Como muchas otras cosas en la vida, también llegué de forma tardía al mundo de los festivales de música. De hecho hace apenas un par de años fui a mi primer Corona Capital, y de esta forma, el pasado fin de semana asistí a mi primer Vive Latino. 

Mi experiencia en el Corona Capital 2013 la disfruté mucho, sin embargo, cuando preguntaba si el Vive Latino era lo mismo, casi todos me decían que el segundo es más ñero, osea más populachero, con otro tipo de gente y que definitivamente era una experiencia diferente. 

Por cuestiones de chamba tuve que ir el sábado a cubrir el Vive Latino, y saben, me la pasé bien suave. Aunque claro, es distinto al Corona Capital. 

Todo es más pintoresco. Ves más borrachos, venden cerveza por todos lados, hay un montón de cosas para comer (todas engrodadoras), una gran oferta de vendimia de chacharas traídas del Museo del Chopo y más escenarios. El ambiente huele a marihuana y hay borrachos por todos. 

En cuanto a la música, confieso que no conocía casi a ninguno de los exponentes. Al ser un evento de rock esperaba encontrarme con Maná, Alejandra Guzmán o Cesar Costa, grandes figuras de este género musical. 

Pero no, días antes chequé el cártel del evento y creo que desconocía al 85%. Eso me pasa por haber crecido escuchando a Juan Gabriel, Gloria Trevi, Fey, al maestro Alejandro Sanz y cosas así. Por eso, llegué al Vive Latino sin saber muy bien qué esperar. 

Total que ese día vi a Monseiur Periné, a Tropikal Forever, a los Enjambre, a Columpio Asesino, a los Fresones Rebeldes y a Nortec. Todos me gustaron, aunque confieso que me puse bien loco durante la presentación de Enjambre (de hecho, la foto de este post me la tomaron en ese momento). No sé si fue por sus canciones o porque tanto olor a marihuana a mi alrededor me puso risueño. 

Mi novia me alcanzó en la tarde, por lo que no me la pasé tan aburrido. También nos subimos a una rueda de la fortuna como de pueblo, vimos a un hip-hopero vacilador llamado Tino el Pingüino, comimos unas hamburguesas bien corrientes y vimos algunos fragmentos de cintas documentales. 

Cuando cayó la noche fue cuando la cosa se puso más extraña. Aumentaron los briagos que caminaban como zombies, los baños se convirtieron en territorio de nadie pues el piso terminó lleno de líquidos raros y las mujeres entraban por igual al baño de los caballeros, además de que se soltó un frío infernal. 

No crean ustedes que todo fue risa y diversión. Como dije, fui a trabajar y terminé bien cansado. Algo tienen estos festivales que le roban la vitalidad a uno. 

Como dicen todos finalmente "sobreviví al Vive Latino". Frase que me parece una exageración, pues muchos hablan de ese evento como si fuera tan desgastante como un maratón. Yo ya corrí un maratón y fui a un Vive Latino, y créanme, no hay punto de comparación en el cansancio. 

Pero lo acepto, me la pasé bien. Sí, el Vive Latino está más chaka que el Corona Capital, pero igual uno termina feliz después de un pasar todo un día rodeado de música "pa' chavos contestatarios". 

martes, 3 de marzo de 2015

Mi barba de Conde


Y de pronto se pusieron de moda los barbones, causando que las muchachas suspiren por ellos. Antes estos hombres eran considerados mugrosos, hippies sin oficio ni beneficio, o de menos unos fodongos. Ahora son galanes hipsters

El problema es que no todos podemos acceder a una barba de leñador canadiense para estar a la moda. Por eso, una vez más romperé el silencio: Soy uno más de los mexicanos que tengo barba de Conde. Sí, de condenado indo. Pues aunque no me considero lampiño, mi barba dista mucho de crecerme cerrada. 

El drama comenzó cuando iba en la Universidad, que fue hasta que empecé a considerar dejarme la barba (hasta antes, me rasuraba cada dos días usando los rastrillos que mi papá dejaba en la regadera). 

La primera vez que consideré probar suerte con este look dejé pasar cuatro días sin pasarme navaja. Ya me sentía muy grande, pero cuando observé mi rostro frente al espejo topé con la decepcionante realidad: No me veía como galán de película, de hecho, mi incipiente barba ni siquiera se notaba a lo lejos, o bien, parecía cochambre. Y de cerca era todo un desastre, pues solamente contaba con algunos pelos tiesos repartidos de forma poco uniforme en mi rostro. 

Desde entonces he tenido una relación amor-odio con mi barba. Normalmente me rasuro un día sí, otro no. Sin embargo, a veces me gana la emoción y me da por dejarme crecer el vello facial algunos días. Esto lo hago porque pienso que de la nada mi barba ahora sí crecerá de forma adecuada, o porque quiero sentirme más maduro o aparentar una actitud más desfachatada. 

Pero pus no. Llevó más de una década esperando que ocurra el milagro y no pasa nada. Cierto es que la barba ya no me sale tan pichurrienta, he incluso si dejo de afeitarme por varios días se nota, pero aún no es para echar campanas al vuelo. 

A veces hasta me valí del Photoshop para verme barbón. Esta foto la subí hace un par de años a mis redes sociales “pa despistar”, y si ponen atención, verán un ojo humano en la boca de la rana: 


Y ya que hablaba de rasurarme, justamente ese es otro asunto donde la vida me demuestra su odio pues soy de esos pobres diablos que acaba siempre con la piel irritada y el rostro lacerado como de Santo Cristo. Además, pocas veces quedo satisfecho con el resultado final pues por más que me pase las hojas filosas siempre me quedan varios pelos. No importa cuántas marca pruebe, el resultado pocas veces varía. Conclusión, no sé ni rasurarme. 

Hasta ahora, el mayor tiempo que he pasado sin rasurarme han sido 9 días, y fue con motivo del Movember, esa campaña a la que muchos hombres le entran cada noviembre como una forma de concientizar a la gente sobre el cáncer de próstata. El chiste es cumplir todo el mes barbón, pero nunca aguanto tanto. Los pelos de la cara me pican y al poco tiempo siento que me veo como pordiosero (aunque claro, sin que la barba me cierre completamente). 

No niego que me da envidia cuando convivo con mis amigos barbones, o veo actores y cantantes que usan la barba para resaltar su hombría y verse más interesantes. Aunque claro, también se da el caso contrario, pues tengo familiares y amigos a los que de plano les fue peor que a mí en la repartición de barbas. 

No vaya a creer el lector que este asunto de mi barba fallida es un trauma de vida. Incluso podría decir que la mayor parte del tiempo estoy satisfecho con ella. De hecho, si escribí esto no fue para quejarme (bueno, poquito) sino para mostrar mi desacuerdo de que los estándares de belleza actuales le den tanto valor a los barbones

Y es que los no barbones, o mejor dicho, los barbones a medias, también somos bien chidos. Eso me quedó claro hace unos días, cuando Javier Chicharito Hernández (que es muy católico y buen chavo) jugó con el Real Madrid y lució una barba igual o más gacha que la mía. 

Y la barba hizo que se pusiera loco y hasta mentara madres. Vean:



Conclusión: Las barbas son cosa del diablo. Por eso mejor no se la dejen, a menos que se quieran sentir un poco malos. Pero nomás un ratito, recuerden que todo abuso es malo.

martes, 24 de febrero de 2015

El misterioso y perturbador caso de la popó embarrada en las casas de los vecinos

En la calle en la que vivo ocurren cosas raras: Un chavo se suicidó en una vivienda de la esquina; amarran servilletas de forma misteriosa en las puertas de las casas; amenazan de muerte a los perros; hay una casa en la que viven unos santeros que continuamente tiran gallinas y otros animales muertos en el parque de la esquina; y un sinfín de rarezas más. 

Sin embarco, hace unas semanas ocurrió una hecho que jamás se había presentado, al menos por estos rumbos: Sin motivo alguno, algunas casas y autos de los vecinos amanecían llenas de excremento. 

¡Qué asco!
* * * * * 

Al principio fue un caso aislado. Una vecina se topó con una de las paredes del exterior de su casa embarrada de popó. Claramente se veía que el chiste fue obra de otra persona pues entre la suciedad había huellas de dedos. 

El hecho comenzó a repetirse de forma habitual por las noches, tanto en esa como en otras viviendas de la calle. Después fueron los autos. No era raro que un vecino saliera y se encontrara con su parabrisas embarrado de caca. Lo peor es que los vecinos afectados comentaban que aquellos desechos fecales eran humanos. 

¿Cómo le hacían para saberlo con sólo mirar la popó a simple vista, y olerla? 

Lo ignoro, a lo mejor tomaron un curso de identificación de heces o es una sabiduría que la vida les fue dando con los años. 

* * * * * 

De inmediato comenzaron a surgir teorías sobre lo sucedido. Unos culpaban a los santeros, otros decían que era cosa de brujería, que eran los extraterrestres, el chupacabras, que había unos vándalos, o bien, que se trataba de un perro callejero. 

La única de estas hipótesis que se descartó fue la del perro callejero. Obvio, nadie creyó que hubiera un perro capaz de embarrar las paredes a una altura considerable y dejar entre las manchas las huellas de unas manos. 

Por suerte esto ocurría únicamente en las casas ubicadas en la parte central de la calle en la que vivo, y no en las que se encuentran en las orillas, como la mía. Aunque supongo que el no sufrir ninguno de estos ataques nos volvía sospechosos. 

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Desesperado por el asqueroso batidillo que debía limpiar por las mañanas, un vecino revisó las cámaras de seguridad que tiene instaladas afuera de su casa. Lo que descubrió fue perturbador. Quién había provocado todo fue… La momia. 

No, no es choro. 


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Sí, una momia. Pero no de esas egipcias que usan vendas. Tampoco de Guanajuato. Cuando digo “momia” me refiero a una vecina solterona de unos 65 años que vive en una casa de mi calle. Ese apodo se lo pusimos unos amigos y yo, debido a su aspecto demacrado y terrorífico. 

Una vez nos regañó porque volamos un balón a su casa, y aunque no lo devolvió, su cara horrible casi nos causaba un infarto. Así se ve más o menos, pero en vieja: 


Antes salía de su casa para ir a trabajar y regresaba por las tardes (sí, con su cara de momia). Después se jubiló y casi nunca sale al exterior. Bueno, sólo para embarrar popó en las otras casas, como se demostró en el video. 

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En los videos examinados se veía a la momia salir de su domicilio con su propia caquita en sus manos, para después embarrarla en los autos y en las fachadas de las casas cercanas. Al otro día varios vecinos la encararon, y al decirle que habían descubierto su asqueroso secreto, la pusieron a limpiar la popó que había embarrado.

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Desde entonces no se han presentado nuevos actos vandálicos perpetrados con popó humana de momia. Aunque la amenaza de que una vez más se le bote la canica a esta señora sigue latente. 

Unos dicen que fueron cosas de la edad, otros que la momia enloqueció o que realizó un extraño ritual maligno. Nunca sabremos la verdad.

jueves, 19 de febrero de 2015

Entrevisté a Martín Hernández, sonidista de Birdman


Parte de las satisfacciones que nos da un trabajo, además de dignificar nuestra vida y hacernos sentir útiles, es la posibilidad de conocer a gente importante y exitosa de distintos ámbitos.

Eso lo viví hace unos días, cuando debido a mi chamba -para quienes no lo sepan trabajo escribiendo para Sopitas.com, uno de los portales de Internet más leídos en México- y tuve la oportunidad de entrevistar a Martín Hernández, mítica figura de la radio mexicana y sonidista de varias películas nacionales e internacionales, ganador de varios reconocimientos y recientemente nominado al Oscar por su trabajo en la cinta Birdman.

¿Cuántas veces se tiene la oportunidad de entrevistar a un mexicano nominado a un Oscar, días antes de esta ceremonia? Supongo que muy pocas, por eso en cuanto surgió la posibilidad de tener esta conversación con Martín Hernández acepté inmediatamente.

¿Me dieron nervios? Sí, pero ni modo, si no lo hubiera hecho seguramente me hubiera arrepentido durante mucho tiempo.

¿Cómo se prepara uno para entrevistar a una persona cuyo trabajo está siendo reconocido a escalas internacionales? Pues la verdad no sé, sólo me puse a investigar un poco más sobre la vida de Martín y me puse a pensar en lo que me gustaría saber de su trabajo como sonidista de una película tan importante y reconocida como Birdman.

La entrevista se llevó a cabo en Astro LX, unos estudios de audio con instalaciones impresionantes, únicos en México y que no le piden nada a los grandes estudios hollywoodenses.

Precisamente es ahí dónde Martín realiza varios de sus trabajos. Amablemente nos concedió alrededor de 50 minutos de una charla en la que ahondó sobre el proceso que se sigue para sonorizar una película, los secretos detrás de Birdman y varios aspectos muy interesantes de su carrera en cine y radio, como por ejemplo, su reciente regreso a la radio en el programa Así las cosas, que se transmite por las mañanas en W Radio.

Bastaron unos minutos para dejar los nervios de lado y comenzar a disfrutar de la entrevista.

Sin duda escuchar a Martín es aleccionador y motivante. Más allá de lo interesante de sus respuestas, lo mejor de esta entrevista fue haber conocido a una persona que a pesar del éxito es muy sencilla, amena y siempre dispuesta a seguir buscando superar los nuevos retos que le impone la vida.

Al final fue un honor haberlo podido conocer. 

Para leer la nota en Sopitas.com den clic aquí.

domingo, 15 de febrero de 2015

Pinche Adidas ¿y la playera verde?

Desde hace años (incluso desde que era niño gordo) siempre me ha causado ilusión cuando se lanzan nuevos modelos de playeras de la Selección Mexicana. O bueno, eso era antes porque ahora cada que anuncian que un nuevo diseño se acerca lo que siento es pánico. 

Ese temor viene desde que Adidas es la marca que viste a la Selección Mexicana de futbol, pues desde hace varios años esta firma deportiva se ha divertido de lo lindo faltándole el respeto a la tradición de nuestro equipo nacional. 

Y la verdad es gacho porque desde hace un buen tiempo soy fan de esta marca alemana, sobre todo de sus diseños de la vieja escuela; las playeras que hizo para la Selección Mexicana en el Mundial del 86 también me parecen una maravilla. Además soy miembro del Adidas Running Team, el equipo de corredores auspiciado por esta marca, y la verdad, la ropa que hacen para practicar este deporte está padre (aunque no hagan tenis para corredores pronadores). 

Sin embargo, mi relación de amor con Adidas se transforma cada pisotean la historia de nuestra Selección. Me explico, primero sacaron una playera negra como segundo uniforme (previo a Sudáfrica 2010), diseño que en su momento a todos nos gusto pero que comenzó a usar mucho más que el tradicional y bello primer uniforme -playera verde, short blanco y calcetas rojas-, con el que nos identifican en todo el mundo. 

Después se les ocurrió eliminar las calcetas rojas del primer uniforme. Así por sus pistolas. La verdad sin ellas no era lo mismo pero bueno, los señores de Adidas pensaron que era una idea brillante (idiotas). La tercera aberración fue cuando previo al Mundial de Brasil 2014 sacaron una playera al estilo Power Rangers que a todos nos sacó de onda:


Ok, hasta yo la compré pero fue para no sentirme fuera de la fiesta mundialista. En esa ocasión la playera de visitante era roja con una especie de electrocardiograma negro en el pecho. ¿Era un diseño bien mafufo? Sí, pero bueno, era la playera del segundo uniforme y ahí sí se permite experimentar, aunque sin caer en los extremos. 

Ahora, Adidas nuevamente quiere verse innovadora (que vayan e innovar a otra Selección, o mejor aún, a su madre) y hace unas semanas presentaron las nuevas playeras para la escuadra mexicana. Y ahora sí la regaron y feo, pues... ¿¡¿¡No sacaron ninguna camisa verde?!?! Valiéndoles madre la historia, tradición e identidad del equipo mexicano sacaron una playera negra (que ni está tan chida) y una blanca con vivos fosforescentes. Y ya. El único verde está en los escudos y ese tono ni siquiera es el de nuestra bandera. 


Mínimo hubieran sacado una playera guinda, como la del mítico uniforme que México usaba antes del Mundial del 70. 

Al parecer ya sabían que a muchos no les gustaría que eliminaran el color verde y por eso la campaña de promoción usa los eslóganes: "La verde se lleva en el corazón" o "Los partidos se ganan con el corazón no con la playera"

Todo esto en aras de querer vender más, pues al fin y al cabo, para Adidas la Selección Nacional no es más que un negocio. Y viceversa, pues la Federación Mexicana de Futbol es parte de ello y mientras ingrese más dinero a sus arcas le importa un pito envuelto si viste al equipo con colores para hacer aeróbics. 

No veo que Adidas quite, nomás por cotorrear, los colores o diseño tradicional de las playeras de locales de España, Alemania o Argentina. Pero claro, como en México aguantan cualquier cosa, vamos a sacar dos jerséis nuevos pa' ganar el doble

Y no se vale. Está bien que esto sea un negocio pero no sean tan desgraciados. 

Cuando yo era niño veía las playeras verdes de la Selección en las tiendas y les juro que me daba emoción. Sentía orgullo ver el tradicional jersey color verde y ni se diga cuando me lo ponía. Pero ahora, con esos dos modelos pichurrientos, que podrán ser muy vanguardistas y modernos, no siento la menor identificación. Hace unos días vi ambos diseños y sí bien no están tan feos, no los siento míos. 

Huevos pinche Adidas. Ojalá les caiga el veinte y se den cuenta que visten a una Selección, no a un club europeo pedorro, de esos que juegan con los diseños de sus uniformes cada año. 

Lo peor es que en un año anunciarán con bombo y platillo: El regreso de la verde. Y a vender más. Malditos mercenarios.

martes, 10 de febrero de 2015

La pena máxima


En el 2006, movido por la pura intuición, compré y leí Abril Rojo, novela con la que el escritor peruano Santiago Roncagliolo ganó ese año el prestigioso Premio Alfaguara de Novela. 

Disfruté ese libro una enormidad, en primer lugar por la punzante historia sobre unos sangrientos asesinatos que tuvieron lugar en la semana santa del año 2000 en Ayacucho, Perú, y después, por su singular protagonista, el fiscal Félix Chacaltana, quien nunca hace nada malo… ni bueno… ni nada que esté fuera de los códigos civiles, y que de forma casi incidental va enredándose en esta trama de intrigas. 

Por años guardé un buen recuerdo de esa novela, y precisamente por ello, no pude ocultar mi emoción cuando en la mesa de novedades de una librería me topé con La pena máxima, el nuevo libro de Roncagliolo, y al leer la sinopsis vi que estaba protagonizada ni más ni menos que por Félix Chacaltana. Así es, uno de mis personajes literarios volvía con una nueva aventura. 

Eso sí, no hace falta haber leído Abril Rojo para disfrutar de La pena máxima, pues la segunda es una precuela de la primera. Ahora conocemos a un Chacaltana mucho más joven e inseguro, pero que ya poseía esa rectitud y decencia que tanto intriga y por momentos choca a quienes lo rodean. 

Además, esta nueva novela tiene un aire futbolero pues ocurre a la par de los juegos que la Selección de Perú jugó en el Mundial de Argentina 1978. La historia comienza en junio de ese año, cuando Perú se encuentra sumida en la euforia mundialista. 

Pocos peruanos escapan a esa fiebre, y uno de ellos es precisamente Félix Chacaltana, quien trabaja como asistente de archivo en el sótano de una oficina del Poder Judicial, donde se esfuerza por ser el más eficiente a pesar de la burocracia y la tediosa rutina gubernamental. Aunque claro, nadie nota su trabajo e incluso su jefe inmediato, le pide que no sea tan obstinado y se dedique más a vivir. 

Sin embargo, cumplir de forma ejemplar con su trabajo no es la única preocupación de Chacaltana, quien debe obedecer y lidiar (por no decir soportar) a su madre y sus ideas conservadoras, que muchas veces pone en predicamento su “relación amorosa” con Cecilia. 

En medio de este debate personal que vive el protagonista, su vida ordenada se desquebraja una tarde de viernes cuando su amigo Joaquín Calvo se apareció por el archivo y con un aspecto raro y enfermizo se despidió de él diciendo:

“Que te vaya bien. Todo saldrá bien”. 

Y pues no, nada salió bien. Joaquín desapareció y sin darse cuenta Félix se vio envuelto en una historia de intrigas policíacas, falsos culpables, dudas, peligros y muchas verdades que hubiera querido no saber. 

Además de las continuas dudas sobre el rumbo que tomarán los hechos narrados en esta novela, el lector acompaña su incertidumbre con una atmósfera muy futbolera. Sin ser una historia que gire alrededor del futbol, éste aparece como un personaje discreto pero constante, y es sin duda un elemento sonoro que brinda drama y tensión a los momentos de más impacto en la historia. 

Detrás del futbol, de la burocracia de una oficina gubernamental, de las elecciones que están por celebrarse en Perú, de los misterios que esconde el pasado de su querido amigo Joaquín y de la búsqueda de Chacaltana por liberarse de las ataduras maternas, hay otro elemento en esta compleja ecuación: La Operación Cóndor, que era el plan de coordinación de operaciones entre los regímenes dictatoriales de varios países sudamericanos para controlar y detener (a veces con métodos muy violentos e inhumanos) a los grupos subversivos. 

Por años se aseguró que el gobierno de Perú no formó parte de estas acciones, pero con este libro y la investigación que realizó para escribirlo, el autor intenta refutar esta idea y nos da una aproximación sobre la participación que tuvieron los peruanos en estos acontecimientos que sembraron el terror en la zona sur del continente durante los años setenta. 

Después de leer todo lo anterior, podría parecer que La pena máxima es una novela compleja o demasiado densa. Todo lo contrario, su escritura sencilla y clara, pero con mucho oficio, hace que uno avance por sus páginas con mucha soltura. 

Podría contarles más de esta interesante historia, pero hacer algo así con una novela negra sería casi un delito. Hay muchas más intrigas, más personajes y más elementos que enriquecen este libro, pero es mejor que sea el lector quien los vaya descubriendo. 

Hoy terminé de leer La pena máxima, te voy a extrañar querido Félix Chacaltana.

sábado, 31 de enero de 2015

Mi playera original (pero chafa) del Atlante


No es fácil irle al Atlante. Uno sufre mucho debido a los constantes cambios de sede del equipo, a las desventuras deportivas que nos tienen más acostumbrados a las derrotas que a los triunfos, a la dificultad para encontrar productos oficiales del equipo, etc. 

Aún así nunca dejaría de irle a este equipo casi centenario, de tradición muy futbolera en México y que por desgracia descendió hace unos meses. Sin embargo el futbol es alegría, y aún en estos momentos de incertidumbre el atlantista intenta ponerle buena cara al mundo… hasta que pasan cosas como la que estoy por relatar en este post. 

Como todo aficionado al futbol siempre me gusta comprarme la playera de mi equipo. De hecho, siempre las adquiero originales porque me siento mala persona si compro piratería, además de que la calidad de estos jerseys “corrientes” siempre dejan mucho que desear y se ven bien chafas. 

Encontrar ropa del Atlante es medio complicado pues no la venden en cualquier lado. Afortunadamente hay algunos lugares especializados que venden los productos alusivos al llamado “equipo del pueblo”. Uno de ellos es Olé Sports, que se encuentra en Bazar Pericoapa. Varias veces he ido a comprarles y me han tratado muy bien. Bueno, pues con mucha ilusión hace un par de semanas fui ahí para comprarme la nueva playera del Atlante. 

La verdad el diseño me gustó mucho y la marca Kappa no se me hacia tan mala. En cuanto me enteré que ya la vendían me puse en contacto vía Facebook con el dueño de la tienda y le pedí que me apartara una playera talla chica. Como era domingo, en menos de dos horas la tuve en mi poder. Era tanta mi emoción que me encueré en pleno estacionamiento para ponérmela. Bueno, nomás me quité la playera que traía y me puse la nueva, no crean que me quedé sin nada de ropa. 

De ahí me fui muy feliz y realizado a comer con mi familia a un restaurante. Después de pedir mi comida fui al baño y aproveché para verme en el espejo con mi playera nueva. Me veía bien galán, el problema fue cuando noté una mancha en una parte del lado izquierdo inferior de la prenda. Al verla detenidamente me di cuenta que la tela estaba corrida. Como estas playeras son de una especia de lycra, pues ese detallitos son toda una tragedia. 


Ya ni disfruté mi comida pensando que había gastado mi dinero a lo tonto. Uno se compra una ropa novedosa para lucirla y no para que parezca que traemos un trapo viejo. Llegando a mi casa puse una queja en el perfil de Facebook de la marca Kappa, quienes muy amablemente me contestaron (hasta el otro día) que me pusiera en contacto con el lugar donde había comprado la playera y que ahí me la cambiarían. Así lo hice, me comuniqué con el local de Pericoapa donde la adquirí y me dijeron que sin broncas me daban otra. 

Al siguiente domingo fui, dejé la playera defectuosa y me entregaron otra. Antes de llevármela la revisé y no le encontré ningún defecto. Una vez más me fui muy entusiasmado y en el estacionamiento de Pericoapa de nuevo hice la gatadita de encuerarme en el estacionamiento y ponerme mi playera nueva. 

Manejé hasta mi casa y al llegar corrí a verme al espejo más próximo. De nuevo comprobé que me veía bien galán pero entonces me percaté de algo que nuevamente llamó mi atención: Otra maldita rasgadura en la tela, idéntica a la que tenía la otra playera, pero ahora en el costado derecho. Me quería morir, aquella era como una broma malvada del destino. 


Esta vez estaba seguro que la rasgadura había sido en el trayecto de Pericoapa a mi casa, que en auto está a media hora. Me puse a revisar el cinturón de seguridad del asiento del conductor para ver si había algo que pudiera causar esas rasgaduras. ¡Y nada! No había nada en ninguna parte del auto al cual culpar de mi desgracia. Además, muchas veces he manejado con playeras de futbol y para corredor, que son de materiales similares, y nunca me había pasado algo así. 

¿Conclusión? 

Estas nuevas playeras del Atlante están bien chafas, aunque sean las originales. 

En los más de veinte años que llevo de comprar playeras futboleras nunca me habían tocado unas de tan mala calidad. Nuevamente me quejé en las cuentas de Twitter y Facebook de Kappa México buscando una solución o cuando menos una disculpa, pero ahora ni me pelaron. De hecho sigo esperando respuesta. 

Me iría a quejar nuevamente a la tienda donde las adquirí pero no es culpa de ellos, sino de los materiales súper corrientes de Kappa. Y ahora ahí tengo mi playera, rasgada después de usarla media hora. Me da miedo ponérmela otra vez y que se maltraté más nomás porque le da el aire. 

Gasté mis quinientos pesos a lo tonto por una playera que ya se ve vieja. Lo dicho, irle al Atlante no es fácil. 

Pinche Kappa.

martes, 13 de enero de 2015

Mis mejores posts (2012-2013)


13 de enero del 2006. Su servidor era todo un nini que ni trabajaba ni estudiaba, motivo por el que una tarde tuvo la ocurrencia de abrir un blog "nomás para matar el tiempo y contar mis aventuras". Así nació El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo, blog que ahora cumple nueve años. 

Para ser sincero nunca pensé que este ejercicio, tan personal como informal, durara tanto tiempo. A nueve años de ser bloguero, sigo sintiendo la misma emoción cada que publico un post, veo algún comentario en una entrada o me entero que alguien me lee. 

Desde entonces, este blog se ha transformado en un catalizador de mis emociones que también me sirve como un laboratorio creativo en donde hago y escribo lo que quiero. Una especie de hogar virtual en el que cada vez me encuentro más cómodo. 

Por eso, por más trabajo que tenga o por mucho que las ocupaciones diarias han hecho que mis publicaciones no sean tan constantes como antes, no puedo dejar que pase un aniversario de este blog sin hacer alguna referencia. 

Desde hace algunos años, para celebrar los aniversarios de El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo preparo un recuento con algunos de los mejores posts de algunos periodos de la existencia de este blog.

Para el sexto aniversario hice el recuento del 2006 y 2007, para el séptimo del 2008 al 2009, y para el octavo del 2010 y 2011

Ahora llega el turno del 2012 y 2013. Y con eso los dejo, con esta pequeña recopilación de anécdotas, historias, pensamientos y reflexiones que forman parte de mi vida.

Aquí una pequeña parte de mi, gracias por leerme: 

2012
20 de febrero
La broma más estúpida (y peligrosa) que hice en mi vida. Por idiota (no hay otra palabra), cuando iba en preparatoria a unos amigos y a mi se nos ocurrió echarle yumbina a la bebida de una compañera. No es algo de lo que me sienta orgulloso pero tenía que contarlo. 

25 de febrero
Un viernes contigo. Crónica de un viernes con mi novia. Solamente documenté como es un viernes en nuestras vidas. Un relato simple, pero que encierra verdadero amor en cada línea.

10 de marzo
Un día especial este 11 de marzo. Siempre me ha gustado la canción jueves del grupo La Oreja de Van Gogh, principalmente la línea que dice “Un día especial este 11 de marzo”. Ese es el punto de partida para narrar mis recuerdos sobre ese 11 de marzo del 2004, día en el que Madrid sufrió un ataque terrorista. 

22 de marzo
Después del temblor. Solamente una vez he sentido que iba a morir mientras temblaba… sobre eso trata este texto.

25 de abril
Sobre la fiesta brava y los anti taurinos. Queriendo ser lo más parcial posible abordé este polémico tema en mi blog. Sigo manteniendo la misma postura, que por cierto, no tengo del todo clara.

12 de mayo
Mi inolvidable segundo encuentro con Paul McCartney (On The Run, en el Zócalo). Reseña del, hasta ahora, mejor concierto de mi vida: Paul McCartney ante millones de capitalinos en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sin duda inolvidable.

11 de agosto
El día que ganamos la medalla que siempre soñamos. Narración de uno de los días más importantes en la historia del futbol mexicano: El día en el que mi México ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. 

9 de septiembre
Histeria Colectiva. Una tarde de septiembre se presentó un curioso e inédito caso de histeria colectiva en una zona de la Ciudad de México. Yo lo viví en carne propia. 

18 de septiembre
El bosque de Aokigahara. Escribí este cuento sobre uno de los sitios más escalofriantes del planeta: El llamado bosque de los suicidios, que se encuentra en Japón. 

8 de noviembre
Yo sufrí de bullying. Por años fui víctima de bullying y nunca lo confesé, hasta que finalmente use este blog como válvula de escape para contar mi caso. 

17 de noviembre
La muela del juicio, que ya se fue. Tras años de rehuirle a este procedimiento, finalmente tuve que someterme a esta operación. Obviamente, no podía dejar de contar la experiencia. 

22 de diciembre
Bitácora del Fin del Mundo (así fueron mis últimas horas). Decían que el mundo se acabaría el 21 de diciembre del 2012. Por si las dudas, ese día hice varias cosas especiales. Aquí la crónica de lo que se suponía, serían mis últimas horas en este mundo.


2013
1 de febrero
Hace 10 años se me rompió el corazón. Uno de los textos más difíciles que he escrito en mi vida. En él, cuento con lujo de detalle cómo fue la muerte de mi papá. Me costó mucho hacerlo, pero el resultado final es muy bello. 

21 de febrero
"Solución VIP"… ¿un nuevo fraude? Este es el post que más comentarios tiene en la historia de mi blog (casi 100, y contando). Habla sobre un fraude que se lleva a cabo en varios centros comerciales del país. 

15 de julio
Karla con "C". Esquema sobre una novela que nunca escribí, pero que tenía muy desarrollada en la mente. 

24 de julio
P-Chan. Texto dedicado al perrito de mi novia, que murió en el verano del 2012. Me encariñé mucho con él, este texto busca honrar esa amistad. 

22 de agosto
Nace un ídolo (The Jazz Singer). El disco de una película inolvidable, que relaciono invariablemente con mi papá. 

26 de agosto
El día que rompí la manguera del camión del gas. Una mañana de sábado me di a la fuga después de haber roto la manguera de un camión que estaba cargando gas en la calle. Aún así, ese día no fue tan malo como podría pensarse. 

10 de septiembre
Paren de mamar. Estoy cansado de escuchar a tantas personas quejarse de la situación del país mientras culpan a las televisoras, a la religión, al futbol, y a todos en general (menos a ellos) por lo que ocurre. Para ellos van estas palabras. 

22 de octubre
Yo leía la revista Eres. Pues sí, leía esta revista pero no me avergüenzo. Este texto es una defensa a este placer culposo. 

* * * * *

Y hasta aquí el recuento del período 2012-2013. Bienvenido año 9, estoy ansioso por escribirte. 

Amigos, nos seguimos leyendo.

sábado, 3 de enero de 2015

Pensándolo bien, pensé mal


Comenzaré aceptándolo: Desde hace años soy fan del grupo de rock Panda. Es más, aunque muchos los hagan menos y digan que eso ni es rock, yo nunca he negado que me gusta esta agrupación. 

Tengo todos los discos, he ido a un par de conciertos y en general me gusta mucho el trabajo que han desarrollado desde hace años, particularmente José Madero, vocalista, líder y autor de las canciones de Panda. Por eso cuando me enteré que se publicaría un libro escrito por él, supe que tendría que leerlo aunque todos me vieran feo.

Pensándolo bien, pensé mal es el título de este libro que no es ficción, pero tampoco es del todo autobiográfico. Más bien es una colección de anécdotas y reflexiones sobre distintos temas que ayudan al lector a entender un poco más a este enigmático personaje. Y es que nadie podrá negar que Panda no es un grupo convencional. No dan muchas entrevistas a los medios, y se les considera un tanto introvertidos y de carácter difícil. 

Con el paso de los años han surgido varias leyendas urbanas acerca de la vida personal de “Pepe”, como también le llaman. Qué si tuvo relaciones amorosas tormentosas, qué si siempre está deprimido, qué no quiere saber nada del amor, etc. Dudas que finalmente son resueltas en este libro, o bueno, más o menos. 

¿Cómo es que un rockero escribió un libro? Pues fíjense que sí. Yo tenía la misma incredulidad hasta que pasé las primeras hojas. La pluma de Pepe es amena y sumamente ágil, se lee con una facilidad que cualquier escritor consagrado envidiaría. Hay quienes dudan de que este libro realmente haya sido redactado por él y hasta insinúan que recurrió a escritores fantasmas. Nada más alejado de la realidad, basta con haber visto algunas entrevistas al líder de Panda o escucharlo hablar para descubrir que cada párrafo esta impregnado de su particular esencia. 

Este libro termina siendo un documento valioso e interesante para todo aquel que en algún momento se acercó a este grupo de rock, y que ha llegado a preguntarse sobre la temática de los discos o lo qué se oculta detrás de la vida del autor.

Si soy seguidor de Panda es porque en sus canciones encuentro un estilo propio en música y letra, las cuales han ido madurando con cada uno de sus trabajos. De hecho, es de las pocas agrupaciones que manejan discos monotemáticos, por lo que cada producción no es sólo un conjunto de canciones agrupadas, sino toda una idea desarrollada a lo largo de varias canciones. 

El proceso creativo para crear un disco, la guerra de intereses en una industria tan compleja como lo es la discográfica, los problemas a los que se enfrenta un grupo de rock al alcanzar la fama, la desmitificación de la creencia de que con la fama los problemas se acaban. Todo eso se aborda de forma directa y sin tapujos en primera persona por alguien que ha vivido y padecido dicho estilo de vida. 

Aún así, este disco habla de muchas otras cosas ajenas a Panda, como pueden ser varios esbozos de la vida personal y sentimental de José Madero, sus muy peculiares puntos de vista sobre muchos temas y los fantasmas y miedos que lo han acechado por años. Pese a lo anterior, el libro es sumamente divertido y es como una charla con un amigo. 

Después de leerlo uno siente a Pepe como alguien cercano y de hecho termina desarrollando empatía y complicidad hacia él. Y aquí pregunto ¿cuántos autores logran eso? 

En las últimas semanas me han hecho burla por leer este libro “no tan culto”. Pues saben, a mi me gustó y un montón. Si los intelectuales y expertos en la música prefieren verlo con desprecio, ni hablar, cada quién es libre de perder el tiempo leyendo o escuchando la música que quieran. 

Les dejo este video del autor hablando de su libro, que insisto, está bueno:




jueves, 18 de diciembre de 2014

Para el mexicano, todo momento es ideal… para comer


Voy a ver una película… y me topo con gente comiendo combos gigantescos dentro de la sala del cine. 

En un estadio de futbol… venden hamburguesas, papas, refrescos, botanas, tacos y demás tipos de comida. 

Los Godínez en sus oficinas se la pasan comiendo…

Lo mismo pasa en velorios, en los salones de clases, en el transporte público, mientras esperamos en una central de camiones o aeropuerto, cuando navegamos en Internet, etc. 

Así en múltiples actividades de la vida, el mexicano necesita estar comiendo. Hagan la prueba y pónganse a observar. Verán que tenemos muy arraigada una especie de obsesión compulsiva que nos orilla a estar comiendo mientras sobrellevamos nuestra rutina. 

Y no es que quiera darme golpes de pureza. De hecho la mayor parte de mi vida fui gordo y conozco esa necesidad de estar comiendo nomás para hacer más llevadero un momento. Aún hoy siento envidia por mis compañeros de la oficina que se la pasan comiendo todo el tiempo o por las personas que se despachan unas palomitas grandes, unos nachos, un hot dog y un refresco jumbo en el cine. Haciendo además, un escándalo desagradable, como de hamsters o ratas gordas de esas que husmean la basura. 

De hecho, si no lo hago es por cuestiones de salud y para no ponerme bien marrano de nuevo. Sin embargo, una parte de mi está convencida de que el tiempo se me iría más pronto y sería más placentero si en ese lapso me la pasara comiendo. 

Controlarse no es fácil pero sí posible. En mi caso, diario debo batallar con las tortas de tamal, las papitas, los chilaquiles, los panes, atoles y demás delicias que desfilan a todas horas en la oficina donde trabajo. Dicen que es recomendable que cuando estamos laborando de vez en cuando es bueno levantarnos de nuestro lugar para ejercitarnos un poco, el problema es que cuando lo hacemos es para ir por comida. Y así no se pueda. 

Lo mismo en el cine, donde no son pocas las veces en las que me encuentro salivando por el olor a palomitas con mantequilla. Pero ni modo, me aguanto como los machos pues a la larga es lo mejor si no me quiero parecer al Botija. 


¿Y entonces estamos condenados a comer todo el tiempo?

Según yo las raíces del problema varían de una persona a otra, pero encuentran su verdadera causa en alguna frustración o insatisfacción que queremos llenar con comida. Si lo analizamos, el 80% de las actividades que acompañamos con algún refrigerio podríamos realizarlas sin necesidad de tener comida al lado. 

No soy psicólogo ni pretendo serlo (de hecho pienso que todos los que estudian esa carrera están más chiflados que las personas promedio) por lo tanto no sacaré ninguna conclusión ni aportaré ninguna solución para esa necesidad que el mexicano tiene de estar comiendo. 

Simplemente me da curiosidad que este fenómeno sea constante y que la mayoría caen en él de forma inconsciente. 

Y sí, mientras escribo esto también estoy comiendo, por eso estamos como estamos.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Hasta siempre, querido Chespirito


Durante las últimas horas he recibo varios pésames en persona, por medio de mensajes y en redes sociales. No se murió ningún familiar o amigo cercano, pero sí alguien que me ha acompañado a lo largo de mi vida y al cual le debo varias horas de risas y alegrías en mi vida. 

Son las primeras horas del sábado 29 de noviembre de 2014 y el ambiente que respiro me parece raro, pesado. Horas atrás falleció Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, escritor, actor, comediante, guionista, productor y sobre todo buen hombre, que gracias al humorismo de sus programas y películas conquistó a todo al público en Latinoamérica y otras partes del mundo con personajes como El Doctor Chapatin, El Chapulín Colorado, El Chavo del 8, entre muchos otros. 

* * * * *

Aunque parezca contradictorio, por muchos años mi día favorito de la semana era el lunes. Y es que desde muy niño, los lunes por la noche me sentaba religiosamente a ver la televisión, con la certeza de que aquel grupo de personajes que veía en la pantalla siempre conseguirían hacerme estallar en carcajadas. Aunque también había veces que me conmovían y me hacían reflexionar sobre los problemas de la vida cotidiana. 

Detrás de ese festín de creatividad, ingenio y comicidad, está la pasión y el amor de un hombre noble que dedicó su vida a la tarea más bella: Dibujar una sonrisa en el rostro de millones de personas. 

* * * * *

"Hay en el mundo un sonido
que por sí solo podría
confirmar la melodía
más grata para el oído.
Es de todos conocido
y, desde luego evidente,
que no tiene equivalente
en la faz del mundo entero.
Por supuesto me refiero
a la risa de la gente".


- La Risa
, Roberto Gómez Bolaños. 


* * * * *

El viernes 6 de octubre del 2006 fue uno de esos días que nunca olvidaré, pues conocí a uno de mis más grandes ídolos: Roberto Gómez Bolaños ‘Chespirito’.

El encuentro sucedió en Plaza Loreto a las seis de la tarde durante la firma de autógrafos de Sin Querer Queriendo, su libro de memorias.

Imaginé que sería especial encontrarme con él, después de admirarlo toda mi vida, aunque no esperaba que el golpe emocional fuera tan fuerte. Desde que Chespirito entró en el improvisado recinto una vibra de ansiedad y emoción invadió el ambiente. Sí, ahí estaba el hombre de cuya imaginación nacieron los personajes más memorables de la comedia latinoamericana; ahí estaba el hombre que con su sola presencia llenaba estadios enteros donde quiera que iba; ahí estaba El Chavo, El Chapulín Colorado, El Chompiras y aun más. 

Sólo he sentido ese tipo de presencia inexplicable -mezcla de paz, seguridad, admiración, energía y cariño- al estar frente a dos personas: Juan Pablo II y Chespirito. No sé cuantas personas estuvieron reunidas ese día, pero de seguro todas sentían la misma descarga eléctrica. Chespirito apareció, y las personas del lugar no supimos qué hacer o cómo agradecerle tanta sencillez. Sólo se nos ocurrió brindarle un afectuoso aplauso de pie.

Niños disfrazados y emocionados, así como jóvenes, adultos y medios de comunicación escuchamos las breves pero significativas palabras con las que presentó su libro. Todos esperando paciente y ordenadamente el momento de estar frente a la leyenda. 

En cuanto llegué frente a él me invadió el pánico. No sé exactamente qué le dije, aunque estoy seguro de haberme desecho en elogios frente a él y su esposa Florinda Meza. Firmó mi libro, estreché su mano, intercambiamos unas palabras, y ocho años después sigo sin creérmela. Más sorprendente fue que él (él, cuando debería haber sido al revés) se ruborizada. El héroe de mi infancia, aquel que cada semana me hacía morir de la risa y a veces de tristeza cuando a sus personajes se les complicaba algo, se materializó en el mismo tiempo y espacio que yo. 

Esa tarde comprobé lo que ya sabía: Sólo habrá uno como él. Qué bueno que fui a verlo, qué bueno que exista gente así. Aquel día me tomé una foto con él, la cual quizá no era necesaria pues el recuerdo de ese instante no ha dejado de brillar nunca en mi mente.


* * * * * 
Para muchos hoy solamente se murió un actor más de televisión. Para mí, ese hombre fue, es y será uno de mis más grandes modelos a seguir. Para mis amigos y compañeros sus héroes de infancia eran súper héroes, cantantes o deportistas. Para mí era un comediante tan humano como cualquier otra persona, cuya cualidad era demostrarme que la mejor forma de ver y enfrentar la vida es con el buen humor. Aún con el paso de los años su trabajo es capaz de levantarme ante cualquier tristeza o preocupación. 

No estoy triste ni de luto, como muchos pueden pensar. El trabajo de Chespirito vivirá por siempre y eso lo vuelve inmune al olvido. Venimos al mundo a ser felices y Chespirito me ayudó a serlo infinidad de veces. 

Hasta siempre al escritor, al actor, al deportista, al productor, al cantante. 

Hasta siempre Chavito.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Eleanor & Park


Estoy en desacuerdo con aquellas personas que hacen menos a determinados géneros literarios, como si los libros que leemos fueran los que definieran qué tan cultos somos. 

Hace unos momentos terminé de leer uno de esos libros que, por ser dirigido a un público adolescente, no es tomado muy en serio a pesar de ser una obra literaria bien hecha y que cautiva a todo aquel que la lee. Hablo de Eleanor & Park, de la escritora Rainbow Rowell.

¿Por qué leer una novela orientada completamente al público adolescente? No lo sé, pero no siento la menor pena al confesarlo. Contrario a otros “adultos” que consideran esto como un gusto culposo, yo acepto abiertamente que de vez en cuando leo literatura infantil y juvenil. 

Siento una rara fascinación, llámenla nostalgia si quieren, por aquellas sensaciones que se viven durante la adolescencia, y que son tan intensas que nunca se vuelven a repetir. ¿Acaso alguien es capaz de olvidar lo eléctrico que fue tomar por primera vez la mano de la persona que ama, o lo ensordecedor que fue el contacto inicial de nuestros labios con los de quien nos atrae? 

Después de ese primer gran amor podrán venir mucho más, incluso mejores, pero esas sensaciones jamás serán tan vibrantes como las de nuestros años juveniles. 

Justamente esa es la trama de Eleanor & Park, novela tan bien estructurada que transporta al lector adulto a esos años en los que todo era nuevo y tenía impregnado el aroma a riesgo. 

La historia se sitúa en la década de los ochenta en Omaha, Nebraska, donde en un colegio, llega una chica nueva poco después de haber comenzado el curso. Su nombre es Eleanor y su apariencia dista mucho de ser normal: Tiene el cabello pelirrojo, viste de forma extravagante, está un poco pasada de peso y es solitaria. 

Desde el primer día Eleanor tiene problemas para adaptarse a su nuevo entorno, hasta que de forma fortuita y extraña comienza a relacionarse con Park, un chico con raíces coreanas-irlandesas, amante de los cómics y que todo el tiempo escucha música. Ni él ni Eleanor son populares, por el contrario, forman parte de esos bichos raros que no encajan en los círculos sociales preestablecidos entre los estudiantes. Incluso, con mayor o menor intensidad sufren actos de bullying (y quienes hemos pasado por ello, sabemos lo difícil que puede ser). 

¿Cómo es posible que entre estos dos personajes y su complejo entorno pudiera nacer un amor entrañable, que lucha contra todo y ante todos por poder existir? 

Unos párrafos atrás mencioné que esta novela me pegó pues me hizo recordar lo que son los nervios de las primeras veces. Pero no sólo eso, también me hizo ir del cielo al infierno varias veces, y es que esta historia está construida de tal manera que hay pasajes llenos de luminosidad –los que corresponden a Park- en los que atestiguamos el mundo equilibrado y armónico que le provee su familia: Su papá es un ex héroe de guerra que se parece a Magnum (el héroe de acción interpretado por Tom Selleck), su mamá es comprensiva y amorosa, y su hermano menor no le da demasiados problemas. 

En general la vida de Park es tranquila, y si acaso, su mayor preocupación es aprender a manejar un auto estándar y pasar desapercibido. 

En cambio, los pasajes correspondientes a Eleanor son estresantes y densos. Ella acaba de mudarse con sus cuatro hermanos menores, su mamá y Richie, su padrastro, a una pequeña casa del barrio llena de carencias. Poco a poco vamos descubriendo que la vida de Eleanor se encuentra cubierta de muchos claroscuros, mismos que también sufrimos quienes nos asomamos a su vida y hacemos nuestros sus problemas. Pocas veces un libro me ha puesto los nervios de punta como éste, esperando y temiendo que pase lo peor con Eleanor. 

Así transcurre la novela entre estos dos universos tan extremos entre sí, pero que por medio del amor forman una unidad pura e inmaculada, uno de esos romances que por valientes, se tatúan en nuestros corazones.

Una vez que comienzas su lectura, gracias a la trama y a su sencillez narrativa será difícil que no lo devores en unos cuantos días. Eleanor & Park dista mucho de ser un libro juvenil más, en sus páginas está retratado lo mejor y lo peor de la sociedad actual, todo potencializando por la fuerza tempestiva de la adolescencia.