martes, 10 de febrero de 2015

La pena máxima


En el 2006, movido por la pura intuición, compré y leí Abril Rojo, novela con la que el escritor peruano Santiago Roncagliolo ganó ese año el prestigioso Premio Alfaguara de Novela. 

Disfruté ese libro una enormidad, en primer lugar por la punzante historia sobre unos sangrientos asesinatos que tuvieron lugar en la semana santa del año 2000 en Ayacucho, Perú, y después, por su singular protagonista, el fiscal Félix Chacaltana, quien nunca hace nada malo… ni bueno… ni nada que esté fuera de los códigos civiles, y que de forma casi incidental va enredándose en esta trama de intrigas. 

Por años guardé un buen recuerdo de esa novela, y precisamente por ello, no pude ocultar mi emoción cuando en la mesa de novedades de una librería me topé con La pena máxima, el nuevo libro de Roncagliolo, y al leer la sinopsis vi que estaba protagonizada ni más ni menos que por Félix Chacaltana. Así es, uno de mis personajes literarios volvía con una nueva aventura. 

Eso sí, no hace falta haber leído Abril Rojo para disfrutar de La pena máxima, pues la segunda es una precuela de la primera. Ahora conocemos a un Chacaltana mucho más joven e inseguro, pero que ya poseía esa rectitud y decencia que tanto intriga y por momentos choca a quienes lo rodean. 

Además, esta nueva novela tiene un aire futbolero pues ocurre a la par de los juegos que la Selección de Perú jugó en el Mundial de Argentina 1978. La historia comienza en junio de ese año, cuando Perú se encuentra sumida en la euforia mundialista. 

Pocos peruanos escapan a esa fiebre, y uno de ellos es precisamente Félix Chacaltana, quien trabaja como asistente de archivo en el sótano de una oficina del Poder Judicial, donde se esfuerza por ser el más eficiente a pesar de la burocracia y la tediosa rutina gubernamental. Aunque claro, nadie nota su trabajo e incluso su jefe inmediato, le pide que no sea tan obstinado y se dedique más a vivir. 

Sin embargo, cumplir de forma ejemplar con su trabajo no es la única preocupación de Chacaltana, quien debe obedecer y lidiar (por no decir soportar) a su madre y sus ideas conservadoras, que muchas veces pone en predicamento su “relación amorosa” con Cecilia. 

En medio de este debate personal que vive el protagonista, su vida ordenada se desquebraja una tarde de viernes cuando su amigo Joaquín Calvo se apareció por el archivo y con un aspecto raro y enfermizo se despidió de él diciendo:

“Que te vaya bien. Todo saldrá bien”. 

Y pues no, nada salió bien. Joaquín desapareció y sin darse cuenta Félix se vio envuelto en una historia de intrigas policíacas, falsos culpables, dudas, peligros y muchas verdades que hubiera querido no saber. 

Además de las continuas dudas sobre el rumbo que tomarán los hechos narrados en esta novela, el lector acompaña su incertidumbre con una atmósfera muy futbolera. Sin ser una historia que gire alrededor del futbol, éste aparece como un personaje discreto pero constante, y es sin duda un elemento sonoro que brinda drama y tensión a los momentos de más impacto en la historia. 

Detrás del futbol, de la burocracia de una oficina gubernamental, de las elecciones que están por celebrarse en Perú, de los misterios que esconde el pasado de su querido amigo Joaquín y de la búsqueda de Chacaltana por liberarse de las ataduras maternas, hay otro elemento en esta compleja ecuación: La Operación Cóndor, que era el plan de coordinación de operaciones entre los regímenes dictatoriales de varios países sudamericanos para controlar y detener (a veces con métodos muy violentos e inhumanos) a los grupos subversivos. 

Por años se aseguró que el gobierno de Perú no formó parte de estas acciones, pero con este libro y la investigación que realizó para escribirlo, el autor intenta refutar esta idea y nos da una aproximación sobre la participación que tuvieron los peruanos en estos acontecimientos que sembraron el terror en la zona sur del continente durante los años setenta. 

Después de leer todo lo anterior, podría parecer que La pena máxima es una novela compleja o demasiado densa. Todo lo contrario, su escritura sencilla y clara, pero con mucho oficio, hace que uno avance por sus páginas con mucha soltura. 

Podría contarles más de esta interesante historia, pero hacer algo así con una novela negra sería casi un delito. Hay muchas más intrigas, más personajes y más elementos que enriquecen este libro, pero es mejor que sea el lector quien los vaya descubriendo. 

Hoy terminé de leer La pena máxima, te voy a extrañar querido Félix Chacaltana.

sábado, 31 de enero de 2015

Mi playera original (pero chafa) del Atlante


No es fácil irle al Atlante. Uno sufre mucho debido a los constantes cambios de sede del equipo, a las desventuras deportivas que nos tienen más acostumbrados a las derrotas que a los triunfos, a la dificultad para encontrar productos oficiales del equipo, etc. 

Aún así nunca dejaría de irle a este equipo casi centenario, de tradición muy futbolera en México y que por desgracia descendió hace unos meses. Sin embargo el futbol es alegría, y aún en estos momentos de incertidumbre el atlantista intenta ponerle buena cara al mundo… hasta que pasan cosas como la que estoy por relatar en este post. 

Como todo aficionado al futbol siempre me gusta comprarme la playera de mi equipo. De hecho, siempre las adquiero originales porque me siento mala persona si compro piratería, además de que la calidad de estos jerseys “corrientes” siempre dejan mucho que desear y se ven bien chafas. 

Encontrar ropa del Atlante es medio complicado pues no la venden en cualquier lado. Afortunadamente hay algunos lugares especializados que venden los productos alusivos al llamado “equipo del pueblo”. Uno de ellos es Olé Sports, que se encuentra en Bazar Pericoapa. Varias veces he ido a comprarles y me han tratado muy bien. Bueno, pues con mucha ilusión hace un par de semanas fui ahí para comprarme la nueva playera del Atlante. 

La verdad el diseño me gustó mucho y la marca Kappa no se me hacia tan mala. En cuanto me enteré que ya la vendían me puse en contacto vía Facebook con el dueño de la tienda y le pedí que me apartara una playera talla chica. Como era domingo, en menos de dos horas la tuve en mi poder. Era tanta mi emoción que me encueré en pleno estacionamiento para ponérmela. Bueno, nomás me quité la playera que traía y me puse la nueva, no crean que me quedé sin nada de ropa. 

De ahí me fui muy feliz y realizado a comer con mi familia a un restaurante. Después de pedir mi comida fui al baño y aproveché para verme en el espejo con mi playera nueva. Me veía bien galán, el problema fue cuando noté una mancha en una parte del lado izquierdo inferior de la prenda. Al verla detenidamente me di cuenta que la tela estaba corrida. Como estas playeras son de una especia de lycra, pues ese detallitos son toda una tragedia. 


Ya ni disfruté mi comida pensando que había gastado mi dinero a lo tonto. Uno se compra una ropa novedosa para lucirla y no para que parezca que traemos un trapo viejo. Llegando a mi casa puse una queja en el perfil de Facebook de la marca Kappa, quienes muy amablemente me contestaron (hasta el otro día) que me pusiera en contacto con el lugar donde había comprado la playera y que ahí me la cambiarían. Así lo hice, me comuniqué con el local de Pericoapa donde la adquirí y me dijeron que sin broncas me daban otra. 

Al siguiente domingo fui, dejé la playera defectuosa y me entregaron otra. Antes de llevármela la revisé y no le encontré ningún defecto. Una vez más me fui muy entusiasmado y en el estacionamiento de Pericoapa de nuevo hice la gatadita de encuerarme en el estacionamiento y ponerme mi playera nueva. 

Manejé hasta mi casa y al llegar corrí a verme al espejo más próximo. De nuevo comprobé que me veía bien galán pero entonces me percaté de algo que nuevamente llamó mi atención: Otra maldita rasgadura en la tela, idéntica a la que tenía la otra playera, pero ahora en el costado derecho. Me quería morir, aquella era como una broma malvada del destino. 


Esta vez estaba seguro que la rasgadura había sido en el trayecto de Pericoapa a mi casa, que en auto está a media hora. Me puse a revisar el cinturón de seguridad del asiento del conductor para ver si había algo que pudiera causar esas rasgaduras. ¡Y nada! No había nada en ninguna parte del auto al cual culpar de mi desgracia. Además, muchas veces he manejado con playeras de futbol y para corredor, que son de materiales similares, y nunca me había pasado algo así. 

¿Conclusión? 

Estas nuevas playeras del Atlante están bien chafas, aunque sean las originales. 

En los más de veinte años que llevo de comprar playeras futboleras nunca me habían tocado unas de tan mala calidad. Nuevamente me quejé en las cuentas de Twitter y Facebook de Kappa México buscando una solución o cuando menos una disculpa, pero ahora ni me pelaron. De hecho sigo esperando respuesta. 

Me iría a quejar nuevamente a la tienda donde las adquirí pero no es culpa de ellos, sino de los materiales súper corrientes de Kappa. Y ahora ahí tengo mi playera, rasgada después de usarla media hora. Me da miedo ponérmela otra vez y que se maltraté más nomás porque le da el aire. 

Gasté mis quinientos pesos a lo tonto por una playera que ya se ve vieja. Lo dicho, irle al Atlante no es fácil. 

Pinche Kappa.

martes, 13 de enero de 2015

Mis mejores posts (2012-2013)


13 de enero del 2006. Su servidor era todo un nini que ni trabajaba ni estudiaba, motivo por el que una tarde tuvo la ocurrencia de abrir un blog "nomás para matar el tiempo y contar mis aventuras". Así nació El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo, blog que ahora cumple nueve años. 

Para ser sincero nunca pensé que este ejercicio, tan personal como informal, durara tanto tiempo. A nueve años de ser bloguero, sigo sintiendo la misma emoción cada que publico un post, veo algún comentario en una entrada o me entero que alguien me lee. 

Desde entonces, este blog se ha transformado en un catalizador de mis emociones que también me sirve como un laboratorio creativo en donde hago y escribo lo que quiero. Una especie de hogar virtual en el que cada vez me encuentro más cómodo. 

Por eso, por más trabajo que tenga o por mucho que las ocupaciones diarias han hecho que mis publicaciones no sean tan constantes como antes, no puedo dejar que pase un aniversario de este blog sin hacer alguna referencia. 

Desde hace algunos años, para celebrar los aniversarios de El Incomprensible Mundo de Gabriel Revelo preparo un recuento con algunos de los mejores posts de algunos periodos de la existencia de este blog.

Para el sexto aniversario hice el recuento del 2006 y 2007, para el séptimo del 2008 al 2009, y para el octavo del 2010 y 2011

Ahora llega el turno del 2012 y 2013. Y con eso los dejo, con esta pequeña recopilación de anécdotas, historias, pensamientos y reflexiones que forman parte de mi vida.

Aquí una pequeña parte de mi, gracias por leerme: 

2012
20 de febrero
La broma más estúpida (y peligrosa) que hice en mi vida. Por idiota (no hay otra palabra), cuando iba en preparatoria a unos amigos y a mi se nos ocurrió echarle yumbina a la bebida de una compañera. No es algo de lo que me sienta orgulloso pero tenía que contarlo. 

25 de febrero
Un viernes contigo. Crónica de un viernes con mi novia. Solamente documenté como es un viernes en nuestras vidas. Un relato simple, pero que encierra verdadero amor en cada línea.

10 de marzo
Un día especial este 11 de marzo. Siempre me ha gustado la canción jueves del grupo La Oreja de Van Gogh, principalmente la línea que dice “Un día especial este 11 de marzo”. Ese es el punto de partida para narrar mis recuerdos sobre ese 11 de marzo del 2004, día en el que Madrid sufrió un ataque terrorista. 

22 de marzo
Después del temblor. Solamente una vez he sentido que iba a morir mientras temblaba… sobre eso trata este texto.

25 de abril
Sobre la fiesta brava y los anti taurinos. Queriendo ser lo más parcial posible abordé este polémico tema en mi blog. Sigo manteniendo la misma postura, que por cierto, no tengo del todo clara.

12 de mayo
Mi inolvidable segundo encuentro con Paul McCartney (On The Run, en el Zócalo). Reseña del, hasta ahora, mejor concierto de mi vida: Paul McCartney ante millones de capitalinos en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Sin duda inolvidable.

11 de agosto
El día que ganamos la medalla que siempre soñamos. Narración de uno de los días más importantes en la historia del futbol mexicano: El día en el que mi México ganó la medalla de oro en los Juegos Olímpicos de Londres 2012. 

9 de septiembre
Histeria Colectiva. Una tarde de septiembre se presentó un curioso e inédito caso de histeria colectiva en una zona de la Ciudad de México. Yo lo viví en carne propia. 

18 de septiembre
El bosque de Aokigahara. Escribí este cuento sobre uno de los sitios más escalofriantes del planeta: El llamado bosque de los suicidios, que se encuentra en Japón. 

8 de noviembre
Yo sufrí de bullying. Por años fui víctima de bullying y nunca lo confesé, hasta que finalmente use este blog como válvula de escape para contar mi caso. 

17 de noviembre
La muela del juicio, que ya se fue. Tras años de rehuirle a este procedimiento, finalmente tuve que someterme a esta operación. Obviamente, no podía dejar de contar la experiencia. 

22 de diciembre
Bitácora del Fin del Mundo (así fueron mis últimas horas). Decían que el mundo se acabaría el 21 de diciembre del 2012. Por si las dudas, ese día hice varias cosas especiales. Aquí la crónica de lo que se suponía, serían mis últimas horas en este mundo.


2013
1 de febrero
Hace 10 años se me rompió el corazón. Uno de los textos más difíciles que he escrito en mi vida. En él, cuento con lujo de detalle cómo fue la muerte de mi papá. Me costó mucho hacerlo, pero el resultado final es muy bello. 

21 de febrero
"Solución VIP"… ¿un nuevo fraude? Este es el post que más comentarios tiene en la historia de mi blog (casi 100, y contando). Habla sobre un fraude que se lleva a cabo en varios centros comerciales del país. 

15 de julio
Karla con "C". Esquema sobre una novela que nunca escribí, pero que tenía muy desarrollada en la mente. 

24 de julio
P-Chan. Texto dedicado al perrito de mi novia, que murió en el verano del 2012. Me encariñé mucho con él, este texto busca honrar esa amistad. 

22 de agosto
Nace un ídolo (The Jazz Singer). El disco de una película inolvidable, que relaciono invariablemente con mi papá. 

26 de agosto
El día que rompí la manguera del camión del gas. Una mañana de sábado me di a la fuga después de haber roto la manguera de un camión que estaba cargando gas en la calle. Aún así, ese día no fue tan malo como podría pensarse. 

10 de septiembre
Paren de mamar. Estoy cansado de escuchar a tantas personas quejarse de la situación del país mientras culpan a las televisoras, a la religión, al futbol, y a todos en general (menos a ellos) por lo que ocurre. Para ellos van estas palabras. 

22 de octubre
Yo leía la revista Eres. Pues sí, leía esta revista pero no me avergüenzo. Este texto es una defensa a este placer culposo. 

* * * * *

Y hasta aquí el recuento del período 2012-2013. Bienvenido año 9, estoy ansioso por escribirte. 

Amigos, nos seguimos leyendo.

sábado, 3 de enero de 2015

Pensándolo bien, pensé mal


Comenzaré aceptándolo: Desde hace años soy fan del grupo de rock Panda. Es más, aunque muchos los hagan menos y digan que eso ni es rock, yo nunca he negado que me gusta esta agrupación. 

Tengo todos los discos, he ido a un par de conciertos y en general me gusta mucho el trabajo que han desarrollado desde hace años, particularmente José Madero, vocalista, líder y autor de las canciones de Panda. Por eso cuando me enteré que se publicaría un libro escrito por él, supe que tendría que leerlo aunque todos me vieran feo.

Pensándolo bien, pensé mal es el título de este libro que no es ficción, pero tampoco es del todo autobiográfico. Más bien es una colección de anécdotas y reflexiones sobre distintos temas que ayudan al lector a entender un poco más a este enigmático personaje. Y es que nadie podrá negar que Panda no es un grupo convencional. No dan muchas entrevistas a los medios, y se les considera un tanto introvertidos y de carácter difícil. 

Con el paso de los años han surgido varias leyendas urbanas acerca de la vida personal de “Pepe”, como también le llaman. Qué si tuvo relaciones amorosas tormentosas, qué si siempre está deprimido, qué no quiere saber nada del amor, etc. Dudas que finalmente son resueltas en este libro, o bueno, más o menos. 

¿Cómo es que un rockero escribió un libro? Pues fíjense que sí. Yo tenía la misma incredulidad hasta que pasé las primeras hojas. La pluma de Pepe es amena y sumamente ágil, se lee con una facilidad que cualquier escritor consagrado envidiaría. Hay quienes dudan de que este libro realmente haya sido redactado por él y hasta insinúan que recurrió a escritores fantasmas. Nada más alejado de la realidad, basta con haber visto algunas entrevistas al líder de Panda o escucharlo hablar para descubrir que cada párrafo esta impregnado de su particular esencia. 

Este libro termina siendo un documento valioso e interesante para todo aquel que en algún momento se acercó a este grupo de rock, y que ha llegado a preguntarse sobre la temática de los discos o lo qué se oculta detrás de la vida del autor.

Si soy seguidor de Panda es porque en sus canciones encuentro un estilo propio en música y letra, las cuales han ido madurando con cada uno de sus trabajos. De hecho, es de las pocas agrupaciones que manejan discos monotemáticos, por lo que cada producción no es sólo un conjunto de canciones agrupadas, sino toda una idea desarrollada a lo largo de varias canciones. 

El proceso creativo para crear un disco, la guerra de intereses en una industria tan compleja como lo es la discográfica, los problemas a los que se enfrenta un grupo de rock al alcanzar la fama, la desmitificación de la creencia de que con la fama los problemas se acaban. Todo eso se aborda de forma directa y sin tapujos en primera persona por alguien que ha vivido y padecido dicho estilo de vida. 

Aún así, este disco habla de muchas otras cosas ajenas a Panda, como pueden ser varios esbozos de la vida personal y sentimental de José Madero, sus muy peculiares puntos de vista sobre muchos temas y los fantasmas y miedos que lo han acechado por años. Pese a lo anterior, el libro es sumamente divertido y es como una charla con un amigo. 

Después de leerlo uno siente a Pepe como alguien cercano y de hecho termina desarrollando empatía y complicidad hacia él. Y aquí pregunto ¿cuántos autores logran eso? 

En las últimas semanas me han hecho burla por leer este libro “no tan culto”. Pues saben, a mi me gustó y un montón. Si los intelectuales y expertos en la música prefieren verlo con desprecio, ni hablar, cada quién es libre de perder el tiempo leyendo o escuchando la música que quieran. 

Les dejo este video del autor hablando de su libro, que insisto, está bueno:




jueves, 18 de diciembre de 2014

Para el mexicano, todo momento es ideal… para comer


Voy a ver una película… y me topo con gente comiendo combos gigantescos dentro de la sala del cine. 

En un estadio de futbol… venden hamburguesas, papas, refrescos, botanas, tacos y demás tipos de comida. 

Los Godínez en sus oficinas se la pasan comiendo…

Lo mismo pasa en velorios, en los salones de clases, en el transporte público, mientras esperamos en una central de camiones o aeropuerto, cuando navegamos en Internet, etc. 

Así en múltiples actividades de la vida, el mexicano necesita estar comiendo. Hagan la prueba y pónganse a observar. Verán que tenemos muy arraigada una especie de obsesión compulsiva que nos orilla a estar comiendo mientras sobrellevamos nuestra rutina. 

Y no es que quiera darme golpes de pureza. De hecho la mayor parte de mi vida fui gordo y conozco esa necesidad de estar comiendo nomás para hacer más llevadero un momento. Aún hoy siento envidia por mis compañeros de la oficina que se la pasan comiendo todo el tiempo o por las personas que se despachan unas palomitas grandes, unos nachos, un hot dog y un refresco jumbo en el cine. Haciendo además, un escándalo desagradable, como de hamsters o ratas gordas de esas que husmean la basura. 

De hecho, si no lo hago es por cuestiones de salud y para no ponerme bien marrano de nuevo. Sin embargo, una parte de mi está convencida de que el tiempo se me iría más pronto y sería más placentero si en ese lapso me la pasara comiendo. 

Controlarse no es fácil pero sí posible. En mi caso, diario debo batallar con las tortas de tamal, las papitas, los chilaquiles, los panes, atoles y demás delicias que desfilan a todas horas en la oficina donde trabajo. Dicen que es recomendable que cuando estamos laborando de vez en cuando es bueno levantarnos de nuestro lugar para ejercitarnos un poco, el problema es que cuando lo hacemos es para ir por comida. Y así no se pueda. 

Lo mismo en el cine, donde no son pocas las veces en las que me encuentro salivando por el olor a palomitas con mantequilla. Pero ni modo, me aguanto como los machos pues a la larga es lo mejor si no me quiero parecer al Botija. 


¿Y entonces estamos condenados a comer todo el tiempo?

Según yo las raíces del problema varían de una persona a otra, pero encuentran su verdadera causa en alguna frustración o insatisfacción que queremos llenar con comida. Si lo analizamos, el 80% de las actividades que acompañamos con algún refrigerio podríamos realizarlas sin necesidad de tener comida al lado. 

No soy psicólogo ni pretendo serlo (de hecho pienso que todos los que estudian esa carrera están más chiflados que las personas promedio) por lo tanto no sacaré ninguna conclusión ni aportaré ninguna solución para esa necesidad que el mexicano tiene de estar comiendo. 

Simplemente me da curiosidad que este fenómeno sea constante y que la mayoría caen en él de forma inconsciente. 

Y sí, mientras escribo esto también estoy comiendo, por eso estamos como estamos.

sábado, 29 de noviembre de 2014

Hasta siempre, querido Chespirito


Durante las últimas horas he recibo varios pésames en persona, por medio de mensajes y en redes sociales. No se murió ningún familiar o amigo cercano, pero sí alguien que me ha acompañado a lo largo de mi vida y al cual le debo varias horas de risas y alegrías en mi vida. 

Son las primeras horas del sábado 29 de noviembre de 2014 y el ambiente que respiro me parece raro, pesado. Horas atrás falleció Roberto Gómez Bolaños “Chespirito”, escritor, actor, comediante, guionista, productor y sobre todo buen hombre, que gracias al humorismo de sus programas y películas conquistó a todo al público en Latinoamérica y otras partes del mundo con personajes como El Doctor Chapatin, El Chapulín Colorado, El Chavo del 8, entre muchos otros. 

* * * * *

Aunque parezca contradictorio, por muchos años mi día favorito de la semana era el lunes. Y es que desde muy niño, los lunes por la noche me sentaba religiosamente a ver la televisión, con la certeza de que aquel grupo de personajes que veía en la pantalla siempre conseguirían hacerme estallar en carcajadas. Aunque también había veces que me conmovían y me hacían reflexionar sobre los problemas de la vida cotidiana. 

Detrás de ese festín de creatividad, ingenio y comicidad, está la pasión y el amor de un hombre noble que dedicó su vida a la tarea más bella: Dibujar una sonrisa en el rostro de millones de personas. 

* * * * *

"Hay en el mundo un sonido
que por sí solo podría
confirmar la melodía
más grata para el oído.
Es de todos conocido
y, desde luego evidente,
que no tiene equivalente
en la faz del mundo entero.
Por supuesto me refiero
a la risa de la gente".


- La Risa
, Roberto Gómez Bolaños. 


* * * * *

El viernes 6 de octubre del 2006 fue uno de esos días que nunca olvidaré, pues conocí a uno de mis más grandes ídolos: Roberto Gómez Bolaños ‘Chespirito’.

El encuentro sucedió en Plaza Loreto a las seis de la tarde durante la firma de autógrafos de Sin Querer Queriendo, su libro de memorias.

Imaginé que sería especial encontrarme con él, después de admirarlo toda mi vida, aunque no esperaba que el golpe emocional fuera tan fuerte. Desde que Chespirito entró en el improvisado recinto una vibra de ansiedad y emoción invadió el ambiente. Sí, ahí estaba el hombre de cuya imaginación nacieron los personajes más memorables de la comedia latinoamericana; ahí estaba el hombre que con su sola presencia llenaba estadios enteros donde quiera que iba; ahí estaba El Chavo, El Chapulín Colorado, El Chompiras y aun más. 

Sólo he sentido ese tipo de presencia inexplicable -mezcla de paz, seguridad, admiración, energía y cariño- al estar frente a dos personas: Juan Pablo II y Chespirito. No sé cuantas personas estuvieron reunidas ese día, pero de seguro todas sentían la misma descarga eléctrica. Chespirito apareció, y las personas del lugar no supimos qué hacer o cómo agradecerle tanta sencillez. Sólo se nos ocurrió brindarle un afectuoso aplauso de pie.

Niños disfrazados y emocionados, así como jóvenes, adultos y medios de comunicación escuchamos las breves pero significativas palabras con las que presentó su libro. Todos esperando paciente y ordenadamente el momento de estar frente a la leyenda. 

En cuanto llegué frente a él me invadió el pánico. No sé exactamente qué le dije, aunque estoy seguro de haberme desecho en elogios frente a él y su esposa Florinda Meza. Firmó mi libro, estreché su mano, intercambiamos unas palabras, y ocho años después sigo sin creérmela. Más sorprendente fue que él (él, cuando debería haber sido al revés) se ruborizada. El héroe de mi infancia, aquel que cada semana me hacía morir de la risa y a veces de tristeza cuando a sus personajes se les complicaba algo, se materializó en el mismo tiempo y espacio que yo. 

Esa tarde comprobé lo que ya sabía: Sólo habrá uno como él. Qué bueno que fui a verlo, qué bueno que exista gente así. Aquel día me tomé una foto con él, la cual quizá no era necesaria pues el recuerdo de ese instante no ha dejado de brillar nunca en mi mente.


* * * * * 
Para muchos hoy solamente se murió un actor más de televisión. Para mí, ese hombre fue, es y será uno de mis más grandes modelos a seguir. Para mis amigos y compañeros sus héroes de infancia eran súper héroes, cantantes o deportistas. Para mí era un comediante tan humano como cualquier otra persona, cuya cualidad era demostrarme que la mejor forma de ver y enfrentar la vida es con el buen humor. Aún con el paso de los años su trabajo es capaz de levantarme ante cualquier tristeza o preocupación. 

No estoy triste ni de luto, como muchos pueden pensar. El trabajo de Chespirito vivirá por siempre y eso lo vuelve inmune al olvido. Venimos al mundo a ser felices y Chespirito me ayudó a serlo infinidad de veces. 

Hasta siempre al escritor, al actor, al deportista, al productor, al cantante. 

Hasta siempre Chavito.

jueves, 27 de noviembre de 2014

Eleanor & Park


Estoy en desacuerdo con aquellas personas que hacen menos a determinados géneros literarios, como si los libros que leemos fueran los que definieran qué tan cultos somos. 

Hace unos momentos terminé de leer uno de esos libros que, por ser dirigido a un público adolescente, no es tomado muy en serio a pesar de ser una obra literaria bien hecha y que cautiva a todo aquel que la lee. Hablo de Eleanor & Park, de la escritora Rainbow Rowell.

¿Por qué leer una novela orientada completamente al público adolescente? No lo sé, pero no siento la menor pena al confesarlo. Contrario a otros “adultos” que consideran esto como un gusto culposo, yo acepto abiertamente que de vez en cuando leo literatura infantil y juvenil. 

Siento una rara fascinación, llámenla nostalgia si quieren, por aquellas sensaciones que se viven durante la adolescencia, y que son tan intensas que nunca se vuelven a repetir. ¿Acaso alguien es capaz de olvidar lo eléctrico que fue tomar por primera vez la mano de la persona que ama, o lo ensordecedor que fue el contacto inicial de nuestros labios con los de quien nos atrae? 

Después de ese primer gran amor podrán venir mucho más, incluso mejores, pero esas sensaciones jamás serán tan vibrantes como las de nuestros años juveniles. 

Justamente esa es la trama de Eleanor & Park, novela tan bien estructurada que transporta al lector adulto a esos años en los que todo era nuevo y tenía impregnado el aroma a riesgo. 

La historia se sitúa en la década de los ochenta en Omaha, Nebraska, donde en un colegio, llega una chica nueva poco después de haber comenzado el curso. Su nombre es Eleanor y su apariencia dista mucho de ser normal: Tiene el cabello pelirrojo, viste de forma extravagante, está un poco pasada de peso y es solitaria. 

Desde el primer día Eleanor tiene problemas para adaptarse a su nuevo entorno, hasta que de forma fortuita y extraña comienza a relacionarse con Park, un chico con raíces coreanas-irlandesas, amante de los cómics y que todo el tiempo escucha música. Ni él ni Eleanor son populares, por el contrario, forman parte de esos bichos raros que no encajan en los círculos sociales preestablecidos entre los estudiantes. Incluso, con mayor o menor intensidad sufren actos de bullying (y quienes hemos pasado por ello, sabemos lo difícil que puede ser). 

¿Cómo es posible que entre estos dos personajes y su complejo entorno pudiera nacer un amor entrañable, que lucha contra todo y ante todos por poder existir? 

Unos párrafos atrás mencioné que esta novela me pegó pues me hizo recordar lo que son los nervios de las primeras veces. Pero no sólo eso, también me hizo ir del cielo al infierno varias veces, y es que esta historia está construida de tal manera que hay pasajes llenos de luminosidad –los que corresponden a Park- en los que atestiguamos el mundo equilibrado y armónico que le provee su familia: Su papá es un ex héroe de guerra que se parece a Magnum (el héroe de acción interpretado por Tom Selleck), su mamá es comprensiva y amorosa, y su hermano menor no le da demasiados problemas. 

En general la vida de Park es tranquila, y si acaso, su mayor preocupación es aprender a manejar un auto estándar y pasar desapercibido. 

En cambio, los pasajes correspondientes a Eleanor son estresantes y densos. Ella acaba de mudarse con sus cuatro hermanos menores, su mamá y Richie, su padrastro, a una pequeña casa del barrio llena de carencias. Poco a poco vamos descubriendo que la vida de Eleanor se encuentra cubierta de muchos claroscuros, mismos que también sufrimos quienes nos asomamos a su vida y hacemos nuestros sus problemas. Pocas veces un libro me ha puesto los nervios de punta como éste, esperando y temiendo que pase lo peor con Eleanor. 

Así transcurre la novela entre estos dos universos tan extremos entre sí, pero que por medio del amor forman una unidad pura e inmaculada, uno de esos romances que por valientes, se tatúan en nuestros corazones.

Una vez que comienzas su lectura, gracias a la trama y a su sencillez narrativa será difícil que no lo devores en unos cuantos días. Eleanor & Park dista mucho de ser un libro juvenil más, en sus páginas está retratado lo mejor y lo peor de la sociedad actual, todo potencializando por la fuerza tempestiva de la adolescencia.

sábado, 22 de noviembre de 2014

Mi primera borrachera


La idea de relatarles esta pequeña historia surgió a partir de la foto principal de este post. Fue tomada en el verano del año 2000 en Puerto Vallarta, Jalisco. Podría ser una imagen cualquiera, sin embargo documenta un momento importante en mi vida: La primera vez que me emborraché. 

Fue en el viaje de graduación de preparatoria, misma que cursé en el Instituto Don Bosco. Fueron seis días de un viaje al que me decidí ir a última hora (algún día les contaré esa historia) y en el cual estaba decidido a jugarme el todo por el todo para conquistar a una chava que me gustaba. Según yo, aquellos semana era más que suficiente para ganarme su corazón, pensamiento que por cierto era bastante tonto pues si no lo hice en tres años no era nada lógico que lo lograra en un período de tiempo mucho menor.

Al final ni hice nada, en parte porque entonces era todavía más tímido que ahora, y claro, porque en ese viaje me la pasé haciendo otras cosas, como por ejemplo, ponerme briago. 

Ok, corrijo… nada más me puse briago una vez, pero fue suficiente para que al menos por unas horas, la “susodicha” dejara de ser mi prioridad durante el viaje. Hasta ese entonces nunca había tomado alcohol, salvo las pequeñas copitas de sidra Santa Claus que ocasionalmente me servían en las cenas elegantes y familiares de Navidad y Año Nuevo. Por cierto, el sabor de estas bebidas ni me gustaban, yo creo que por corrientes.

En fin, siempre he llegado tardíamente a las cosas buenas de la vida. La tomadera no fue la excepción, y mientras a los 18 la mayoría de mis compañeros de generación ya se embriagaban desde años atrás, yo lo más fuerte que hasta entonces había tomado era el Frutsi sabor piña colada (por cierto, que sabor tan más horrible, con razón lo descontinuaron). 

A diferencia de lo que ocurrió en los viajes anteriores que hice con mis compañeros y maestros de la prepa, en esta ocasión hubo una libertad total. A los maestros francamente ya les daba igual lo que hiciéramos y si en viajes anteriores hacían redadas en busca de alcohol en los cuartos de los estudiantes, parecía que ahora no les importaba si llegábamos o no a dormir a nuestros cuartos, o si nos poníamos hasta las manitas. 

Una de mis últimas tardes en Vallarta, mientras la melancolía me consumía porque pasaban los días y con ello el amor se me iba para siempre -denme chance, eso pensaba entonces, es que estaba chavo-, me encontraba deambulando por las instalaciones del hotel en compañía de mis amigos Armando Díaz y Daniel Vázquez (mi amigo Mario Peralta anduvo echando novio y casi ni nos peló). 

Faltaba como media hora para que todos los graduados nos viéramos en la zona de albercas, abordáramos los camiones y saliéramos rumbo al pueblo donde iríamos a cenar. 

Cuando los tres pasamos por uno de los bares del hotel vimos que era la Hora Feliz y por ende los tragos estaban de ofertón loco. Entonces Daniel propuso que nos tomáramos unas Margaritas para hacer tiempo. Confieso que hasta entonces no tenía ni la más remota idea de qué diablos era una “Margarita”, pero como me la sirvieron me resigné a tomármela, no fueran a pensar mal de mí. Los primeros tragos que le dí fueron difíciles pues sentía que mi garganta me quemaba. Después ya no me supo tan feo y hasta le agarré el gusto. 

Con las ganas de ir a hacer pipí, llegó la segunda y la tercera ronda de Margaritas, que por cierto no sé quién las habrá pedido pero eso pasó a segundo término. Curiosamente mis preocupaciones amorosas se fueron y todo era risas y felicidad. Antes de que llegara la cuarta ronda fui a echarme una firma, y mientras sentía el alivio del chorrito liberador abandonar mi cuerpo me di cuenta que todo me daba vueltas. Jamás olvidaré el dialogo que tuve conmigo mismo en esos momentos:

“Estoy bien mareado… ¿Así que esto se siente estar borracho? Órale, ¡está padre!”.

La verdad soy bien mojigato y siempre me ando preocupando por todo. Seguramente el Gabriel-preparatoriano-sobrio se hubiera estresado ante la posibilidad de que pasara algún maestro y nos viera tomando, pero al Gabriel versión borracho aquello le tenía sin cuidado. 

Nunca supe cuantas Margaritas me tomé en tan sólo media hora ni quién pagó la cuenta. Sólo recuerdo que antes de irnos a reencontrar con el resto de la generación fuimos a uno de los baños del hotel (sí, otra vez,, no me juzguen, uno se vuelve muy mión cuando toma). Armando entró a un excusado pero luego ya no podía salir porque se había atorado la puerta. Como era de madera hicimos lo que cualquier malacopa: Romperla a patadas. 

(Sí, no es algo de lo que me enorgullezca pero comprendan, no era yo el que actuaba sino una bestia horrible que surgió por culpa del maldito vicio). 

Después de vandalizar el baño llegamos justo a tiempo para salir en una foto con todos nuestros compañeros. Cabe señalar que desde 5 minutos antes éramos víctimas de una ataque de risa incontrolable, misma que fue capturada para la posteridad:


¡Lamentable! (pero qué maldito divertido fue). 

Según yo nadie se dio cuenta de nuestro estado inconveniente, o les valió, pues la verdad nadie nos pelaba porque no éramos populares. La fiesta todavía nos duró en el camión y se nos fue bajando hasta que estábamos cenando alitas en el Hooters de aquella ciudad. con la cena en el Hooters de aquella ciudad. 

Unos días después volvimos a la ciudad. No triunfé en el amor pero al menos ya sabía lo que era estar briago, cumpliendo así una asignatura que tenía pendiente en la vida. 

Ocasionalmente me seguí topado con Daniel y Armando, aunque nunca me volví a emborrachar con ellos. Durante la Universidad y años venideros me puse unas borracheras aún peores, aunque poco frecuentes. 

Ahora no tomo ni consejos. Y es que confieso que realmente nunca me ha gustado el sabor del alcohol. Así de aburrido soy. Han sido tan pocas mis borracheras, que vale la pena atesorarlas, incluso con una foto.

domingo, 16 de noviembre de 2014

Cuando viajo en Metrobús me convierto en una persona horrible


Así como me ven, lleno de glamour y con mi apariencia de ciudadano de primer mundo, yo también viajo en transporte público. Aunque frecuentemente uso el Metro, la mayor parte del tiempo lo que más empleo es el Metrobús. 

Para no gastar tanto dinero, y también porque soy humilde, tres de los cinco días a la semana me traslado al trabajo en Metrobús, opción que en apariencia es bastante cómoda para mí, pues tengo una estación en la esquina de mi casa y otra a una calle de la oficina. Así, en cerca de 35 minutos voy y vengo sin problema de un punto a otro, todo un lujo para alguien que vive en un lugar tan caótico como lo es la Ciudad de México. 

Sin embargo las cosas no son tan buenas como parecen. Y es que a pesar de que me considero una buen ciudadano, algo tiene el Metrobús que me convierte en una persona horrible que termina odiando a la humanidad. 

Empecemos con el ingreso al Metrobús. Quienes han usado el Metrobús de la Ciudad de México saben que para acceder a cualquiera de las estaciones es necesario hacerlo con una tarjeta de prepago, la cual puede adquirirse y recargarse en TODAS las estaciones de este sistema de transporte a un precio realmente accesible. 

Aún así nunca falta quien se me acerca, pone cara de lástima y me dice algo así: 

“Le doy lo de mi pasaje y me presta su tarjeta para entrar”. 

¡¿¡¿Por qué hacen eso?!?! Adquirir la tarjeta para poder entrar no es ni caro, ni complicado, ni difícil. De hecho el proceso te lleva, cuando mucho, tres minutos. Tanto coraje me da la situación que nunca le hago el favor a nadie, simplemente les respondo “No” y me marcho. Sí, sé que no que no me quita nada ayudar a esas personas y prestarles mi tarjeta, pero es algo que escapa de mi voluntad.

Las cosas no mejoran cuando entro a la estación e intento abordar cualquiera de los camiones. Detesto a las personas que quieren entrar a la fuerza a una de las unidades a pesar de que lo ven lleno y comienzan a empujar a los demás con tal de ingresar. Si me topo con uno de ellos lo que hago es ponerme duro y estorbarle en el camino para que no logre su cometido. A ver si así dejan de pensar que pueden empujar a los demás como vacas rumbo al matadero.

Ya que voy a bordo del camión, y si no me tocó asiento, intento colocarme cerca de algún lugar que intuyo se desocupará pronto (la hilera trasera de 5 asientos siempre es buena opción). Así, voy haciendo una especie de “apartado” y en cuanto alguno de los pasajeros que van sentados junto a donde estoy se levanta, ocupo su lugar. 

La bronca es cuando voy “apartando” pacientemente un lugar y junto a mí se para una chava, señora, o viejita, pues en caso de que un lugar se desocupe me veo obligado a cederle el asiento que tan pacientemente llevaba apartando. De no ser así el resto de los pasajeros me lanzarían miradas asesinas por ser poco caballeroso. 

Tampoco quiero que se me juzgue de machista e insensible, pero las mujeres tienen asignada más de la mitad del Metrobús y al irse a la parte trasera provocan que los hombres deban rendirse a la presión social y levantarse pues “como van a dejar que una damita vaya de pie”. A veces pienso que muchas mujeres se van atrás sólo para conseguir asiento. 


Por eso, en el hipotético caso de que yo vaya sentado no le doy mi asiento a nadie a menos que se trate de una persona muy mayor, enferma, embarazada o con bebés. Los niños no, que se vayan acostumbrando. Ni hablar, así es esto de la igualdad. 

Si usted, amable lector, algún día se topa conmigo en el Metrobús y me ve con cara de fastidio, es porque casi siempre voy soportando los olores horribles de uno o más de los pasajeros. Nunca falta alguien que va soltando flatulencias a diestra y siniestra, volviendo el camión una cámara de gas que ya hubieran querido tener Hitler. 

También me pone de muy mal humor todas las personas que van dormidas. No me pregunten por qué pues cada que alcanzo lugar también me duermo. El chiste es que no puedo evitar mirar a los dormilones con odio. Otra cosa fastidiosa es la pregunta: “¿Baja en la siguiente estación?” que hacen algunos pasajeros cuando quieren pasar. ¡Qué tontería, mejor pidan permiso para pasar y listo! 

Y ahí le paro. Podría seguir hablando de las cosas horribles que pasan en el Metrobús, como por ejemplo, los chóferes que manejan rápida e imprudentemente como si estuvieran transportando mercancía. Malditos brutos. 

Por favor no me juzguen ni piensen que soy un ser despreciable. Yo quería ser bueno, pero son las circunstancias de la rutina las que me han hecho así. Algo tiene ese transporte que saca lo peor de mí.

lunes, 3 de noviembre de 2014

"Yo trabajé para una empresa fraudulenta" (Más sobre el fraude de Solución VIP‏)


En febrero del 2013 en este blog publiqué un post llamado "Solución VIP"... ¿un nuevo fraude", acerca de una forma de estafa en la que casi caigo. 

Se trata de módulos (ubicados casi siempre en Centros Comerciales) en donde unos empleados le ofrecen a la gente unos cupones con supuestos descuentos, que incluye el acceso a un programa de beneficios basados en una red de asistencia con servicios de ayuda vial, ambulancias, grúas y hasta atención psicológica por teléfono. Para ello el incauto únicamente debe proporcionar su tarjeta de crédito y una credencial de elector, mismas que los empleados del dichoso modulo obtienen de una forma mañosa y tramposa. Así, mensualmente las personas terminan depositando alrededor de 80 pesos en las cuentas de estos rufianes. Cancelar dicho cargo es todo un calvario. 

Todo ese texto pueden leerlo dando clic aquí
 
Desgraciadamente ha sido mucha la gente que ha caído embaucada por estos estafadores. Incluso el post que acabo de mencionar ha sido el que más comentarios ha tenido en la historia de mi blog (hasta ahora van 88), la mayoría de ellos, de personas que han sido víctimas de estos sujetos. 

Hace unas semanas recibí un mail de una chica de 17 años que trabajó para esta "empresa fantasma", donde me narra la forma en la que opera esta mafia. Se los comparto íntegramente (obviamente omitiendo sus datos personales). 

Hola encontré en tu blog una publicación de un fraude o algo así y espero me leas porque es importante.

Resulta que me encontraba buscando trabaja en Plaza México, Monterrey N.L. cuando me abordó un chico diciéndome:

"Chica hola!! ya manejas tarjeta de crédito" (Muy sonriente y muy bueno en expresión corporal) a lo que respondí que no :).

Y como no me gusta irme de largo porque es grosero el me dice.. "Veo que andas buscando trabajo, ¿no te interesa trabajar con nosotros?"

Respondí que sí porque ya quería un empleo y aparte no paraba de decir que estaba increíble el empleo y eran $1,200 base y hasta $2000 por semana y la otra chica me decía que hasta $5,000. Me agradó porque de sorpresa sólito llegó el empleo, me quitó mi solicitud y me citó en:

Edificio Latino ,Piso 11 oficinas 11.11 .

Llegué muy formal y me pasaron con el gerente a la "entrevista" pero sólo me decía lo genial que era trabajar con él, eran chicos de mi edad (17 a 20 años) los cuales salían y pedían a la secretaria "material" mientras otros no paraban de ensayar entre ellos :

"Amigo ¡hola que tal! ¿ya manejas tarjeta de crédito verdad? Es para darte una cuponera con descuentos, permíteme tu tarjeta!". 

Mientras las supervisoras dicen hasta el cansancio que "sonrían y recuerden no dejar hablarle al cliente. Sólo pídanle la tarjeta. Una vez que se la quiten, se portan fríos y cortantes". 

Yo sentí que lo que hacían no estaba bien pero decidí empezar para ver qué tal. Después me pasaron con las supervisoras ¡¡de unos 17 o 18 años!! y me dijeron que ganaría $700 pesos a la semana (cuando el chico me dijo que $1,200) más aparte comisión. Le pedí que me explicara qué hacían con las tarjetas y solo respondía que se encargaban de dárselas a telemarketing para que ellos cerraran la promoción de $80.00, y si el cliente no quería, pues no la aceptaban.

El mismo día de la entrevista me dijeron que ya íbamos a trabajar, así que del Edificio Latino nos trasladamos a Plaza México y empecé a ofrecer tarjetas. Yo sonreía y decía lo mismo que ellas pero era inevitable mi cara de perro enojado pues yo sabía que no estaba bien, no entiendo para que querían el IFE y la Tarjeta de Crédito en copia.

Sólo trabajé un día de 10am a 8pm (¿¿mas de 8hr por $700 ??). Hoy decidí no ir, me suena a estafa! Y leyendo y buscando en Google encontré muchísimas quejas para TOTAL CLUB y Loyalt4u. 

Diciendo que les llega el cargo de los $80.00 cuando no han autorizado nada y cuando a ti como promotor te dicen que ganas mucho dinero cuando ni siquiera vendes las cuponeras (según ellos ) yo misma me pregunté... ¿de dónde te pagan entonces?

Prefiero pasar hambre física que pasar hambre espiritual... En mi casa me enseñaron valores..

¡Espero me leas!

Después de leer esto me encontré que tanto las tarjetas Solución VIP, como Total Club, Loyalt 4U o Wigo Medical Card (más los nombres que se vayan sumando) son parte de una misma estafa que desde hace años llevan defraudando a cientos de personas, obteniendo ganancias importantes por los cargos que mensualmente hacen a las tarjetas de crédito de sus víctimas. 

Decidí compartirles esta información pues no me parece justo que sigan ocurriendo este tipo de prácticas ventajosas. Ojalá y cada vez sean menos quienes caen en ellas.

lunes, 27 de octubre de 2014

La vida entera


En mayo del 2003, el escritor israelí David Grossman comenzó a escribir una nueva novela. Seis meses después, Uri, su hijo menor, fue reclutado en el servicio militar obligatorio israelí, en el área del cuerpo de blindados. 

Cada que Grossman hablaba con su hijo por teléfono o éste venía a visitarlo en los días libres que le daban en el ejército, aprovechaba para platicarle sobre los avances del libro. Uri se mostraba interesado por saber más sobre la historia que escribía su padre.

En agosto del 2006, cuando la novela estaba casi terminada, Uri falleció durante un enfrentamiento en la Segunda Guerra del Líbano. Un año después, Grossman terminó La Vida Entera, su libro más icónico, considerada por muchos como una obra maestra.

* * * * * 

La primera vez que supe de David Grossman fue en la Feria Internacional del libro del año pasado, cuando tuve la oportunidad de estar en una charla que el escritor israelí sostuvo con Mario Vargas Llosa. Meses más tarde quise leer alguno de su libros y así llegué a La vida entera, una novela con más de 800 hojas que tardé casi medio año en leer, pero que a pesar de su extensión disfrute párrafo tras párrafo. 

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El destino a veces tiene caminos incomprensibles y esta novela de David Grossman es prueba de ello. La trama de La vida entera, curiosamente, gira entorno a una madre que debe soportar la angustia de ver a Ofer, su hijo menor alistarse como voluntario para una misión militar, apenas unos días después de haber terminado su servicio militar obligatorio con el Ejército Israelí. 

El nombre de esta mujer es Ora, y sin exagerar les puedo afirmar que es uno de los personajes literarios más complejos, pero a la vez inolvidables, que haya leído en mi vida. Y es que no podía ser de otra manera cuando La vida entera es un libro brillante, redondo, perfecto. 

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La vida entera comienza cuando Ora, de apenas 16 años, se encuentra internada en un hospital casi abandonado. Debido a una enfermedad que entonces padece, se encuentra en cuarentena con Abraham e Ilan, otros dos jóvenes de su edad. Los tres son cuidados por una enfermera árabe silenciosa que siempre se encuentra tensa y deprimida. Con el paso de los días, Ora comienza una extraña relación con los dos jóvenes, formando un entrañable triangulo de amistad que se extenderá por décadas. 

De entrada debo decirlo, no es un libro sencillo. Para muchos puede resultar denso y cargado de referencias que pueden parecernos ajenas (recordemos que por décadas, Israel y los pueblos árabes se han visto envueltos en constantes disputas políticas, bélicas y políticas), sin embargo, a mí nunca me cansó, al contrario, me pareció apasionante conocer este conflicto por medio de una obra que no toma partido por uno y otro bando, sino que nos muestra cómo la gente común vive, o más bien dicho, intenta llevar un vida común en estas circunstancias. 

A ratos obscuro, triste y desolador; a veces esperanzador, luminoso y conmovedor. Este libro está constituido por momentos comunes pero narrados con maestría. La suma de estos van constituyendo una historia sólida que abarca la vida entera de Ora, Abraham e Ilan. En este aspecto, esta novela logra condensar la cotidianeidad mezclada con la tragedia y desgaste que una guerra (o en este caso, varias) trae consigo.

Grossman maneja como pocos el arte de crear atmósferas en cada página, de dotar incluso a los silencios de una belleza arrebatadora y de hacer que cada personaje se presente de una forma concisa y tangible. Y es que no podía ser de otra manera después de verlos crecer desde su juventud hasta la madurez a lo largo de la novela.

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Todo lo que escribí anteriormente sólo son los componentes de la trama central de La vida entera, y en la cual se sostiene el resto de la novela: 

En Israel, cuando un soldado muere en cumplimiento de su deber, un reducido grupo de militares son los encargados de ir hasta la casa de sus familiares para dar la terrible noticia. 

Por eso, cuando Ofer de forma voluntaria se marcha un mes como voluntario a una misión especial del Ejército Israelí, Ora decide abandonar su casa y emprender un viaje a pie por gran parte de Israel, con la firme creencia de que si no está en casa, entonces la temible noticia de un posible incidente de Ofer en el campo de batalla nunca la alcanzará. 

Este peregrinaje, que originalmente tenía planeado hacer con Ofer, la lleva a revivir gran parte de su vida, a replantearse la relación con quienes la rodean, y a intentar cerrar las heridas que los años le han causado. 

Ora pretende que si no se queda quieta y sigue moviéndose sin quedarse fija en un lugar, mantendrá la vida de su hijo a salvo. Quizá lo mismo pensaba David Grossman mientras escribía La Vida Entera

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La guerra, el campo, la compleja relación de los árabes con los judíos y el miedo con el que viven continuamente; los atentados suicidas, la intensidad de un bombardeo, la crueldad de un padecimiento físico, el amor que puede esperar años antes de cristalizarse, la potencia de las palabras, los momentos difíciles a la hora de formar una familia, los caprichos del destino y una amistad a prueba de todo. 

Eso y más cabe en una vida entera.

sábado, 18 de octubre de 2014

Patrick Modiano, el camino al Nobel de Literatura


Como ocurre cada mes de octubre, el mundo de la literatura pone especial atención en la designación que la Academia Sueca hace del ganador del premio Nobel de Literatura. Como ya es toda una tradición, desde semanas antes se empieza a especular sobre el nombre del escritor que se llevará el prestigioso galardón. 

Si bien anualmente se barajan los nombres de escritores reconocidos mundialmente como Haruki Murakami o Milan Kundera, lo cierto es que muchas veces el ganador del nobel no es tan reconocido, volviendo este galardón una suerte de descubrimiento que siempre resulta atractivo para los lectores. 

Este es el caso del novelista francés Patrick Modiano -famoso en Francia, pero poco reconocido en el resto del mundo- quien el pasado jueves 9 de octubre fue elegido como el premio Nobel de Literatura 2014. El anuncio fue hecho en la ciudad de Estocolmo y de inmediato le dio la vuelta al mundo entero. 

La Academia Sueca señaló en su cuenta de Twitter, que la obra de Modiano evoca los más incomprensibles destinos humanos. 

"Por el arte de la memoria con el que él (Modiano) ha evocado los más incomprensibles destinos humanos y descubierto el mundo real de la ocupación nazi en Europa". 

En general, la obra de Modiano retrata la sociedad francesa de la primera mitad del siglo XX, periodo en el que el régimen nazi ocupó gran parte de Europa durante la Segunda Guerra Mundial. 

¿Quién es Patrick Modiano?

Modiano nació en un suburbio localizado al oeste de París en julio de 1945, apenas dos meses después del final de la Segunda Guerra Mundial. Su papá de origen judío italiano, y su mamá, una actriz belga, se conocieron durante la ocupación de París. 

Estos orígenes influenciaron notablemente la escritura de Modiano, quien frecuentemente recurre a temas como el judaísmo, la ocupación nazi o la pérdida de identidad. Incluso El lugar de la estrella, fue calificada en Alemania como una obra literaria clave del Holocausto. 

Su primer gran éxito fue presentado a la casa editorial Gallimard por el escritor francés Raymond Queneau, amigo de la madre de Modiano cuando éste apenas era un veinteañero. 

Con su novela Los bulevares periféricos, ganó el Gran Premio de Novela de la Academia Francesa en 1972. Seis años después, con Calle de las tiendas oscuras, obtuvo el Premio Goncourt. 

Sus tres primeras novelas: El lugar de la estrella (1968), La ronda nocturna (1969) y Los Paseos de la circunvalación (1970), fueron compiladas en la Trilogía de la ocupación, editada en el 2011 por Anagrama. Si bien estas tres obras son autónomas entre sí, aborda la ocupación nazi en Francia.


Su novela más representativa es Dora Bruder. En ella narra la historia de Dora Bruder, una joven capturada por los nazis y enviada al campo de concentración de Auschwitz. El nombre de esta mujer no fue inventado, de hecho, Modiano, leyó sobre ella en un periódico y se obsesionó tanto con el caso que terminó escribiendo esta novela.

Cuando en una ocasión se le preguntó el por qué de su obsesión con una mujer de quien no conocía nada, Modiano respondió: 

"Yo también me he hecho muchas veces esa pregunta: ¿por qué estás obsesionado con las huellas de otras personas? Y creo que es porque vivo en el siglo XX o XXI. Si yo hubiera vivido en el siglo XIX habría escrito novelas rurales: largas novelas redondas y completas. Pero en esta época todo es fragmentario, y las grandes ciudades favorecen eso, el anonimato, que el rastro de las personas se pierda".

Modiano también se desempeñó como guionista en la película Lacombe Lucien, dirigida por Louis Malle en 1974, y en la que se denunció la persecución a familias judías por parte del gobierno francés. 

A sus 69 años, Modiano vive actualmente en Paris, y el próximo 10 de diciembre recibirá el premio Nobel en una ceremonia que se efectuará en el Konserthus de Estocolmo. 

Confieso que no había oído hablar de él, pero ahora sus libros entran en mi lista de obras por leer.