miércoles, 27 de agosto de 2008

Demasiado tarde lluvia de Agosto

Más allá de Agosto,
siempre encuentro esa lluvia pertinente.
Que no respeta, que no avisa,
que moja los sueños y revive los recuerdos...

‘Lluvia’, fenómeno festivo del agua
¿Qué fin persigues?

Tú que naces en los templos del cielo,
llegas abriendo las heridas de mi alma
pobre de ilusión, necesitada de esperanza...

¿Por qué me atormentas?,
Sí intento sonreír es inútil.
Lejos de esta tristeza, solo quedas tú...
y siempre es por ti.

Solo tú, lluvia de Agosto,
que muere en el suelo lenta y agónicamente.
Mis anhelos también sucumben,
uno a uno, como agua de lluvia.

Poco a poco la ira llega a su fin.
La lluvia de Agosto ha terminado,
y más allá de esa calma me doy cuenta, lo sé.

Demasiado tarde lluvia de Agosto,
volviste,
para recordarme que me estorba el corazón.



- Escrito en una tarde lluviosa de Agosto del 2004.

domingo, 24 de agosto de 2008

Lazy days

Una apuesta es una apuesta, y pocos pueden resistirse a ella. Basta pensar en la adrenalina de jugarse el orgullo de obtener o perder lo que sea (que para el caso es lo de menos), para lanzarnos libremente y sin consideraciones al juego del destino. Podemos fracasar un millón de veces y acertar un ciento y las cosquillas ante una nueva apuesta en pos del azar seguirán ahí. Una apuesta es así: tan llamativa y provocativa que jamás aceptará un no por respuesta, sin que nuestra propia conciencia nos llame ‘cobardes’.

Tanto en frecuencia como en cantidad, suelo apostar poco. Les tengo cierta tirria desde la ocasión en la que un rival de amores, en una de sus intensas borracheras, me sugirió jugarnos los favores y el corazón de nuestra Dulcinea, al resultado de un partido de futbol entre Atlante y América. No acepté por considerar el trato ofensivo y denigrante; aunque de haberlo hecho hubiera ganado, pues en esa ocasión el Atlante derrotó 1-0 a su rival. No puedo negar que tengo fortuna para saber apostarle al ganador; lo malo es que eso de ‘afortunado en el juego, desafortunado en el amor’, en mi caso se cumple a la perfección.

Como sea estoy escribiendo estas líneas como si fuera el contrato de una apuesta que días atrás acepté, y de la que sin embargo desconozco la mayoría de los términos bajo la cual quedará pactada. Sé cuál es el reto, en efecto, pero no sé quién determinará al ganador, que es lo que gano, y peor aún, que es lo que pierdo. Ante tal desigualdad de circunstancias cualquiera pensaría que es un suicidio intentar retar a la fortuna sin tener nada firme, más aun cuando es el rival quién controlará a su antojo mi destino.

¿Por qué apostar en estas circunstancias? Precisamente por el rival, o mejor dicho, la rival.

De cualquier manera ya gané. El simple hecho de tener una pequeña oportunidad de perder algo, o que mejor, ganarle algo a ella es fascinante. Y es que, ante un abanico de opciones así, apostar se antoja inevitable aun cuando la derrota es casi un hecho inminente. Solo unos ojos de cielo, una belleza fuera de este mundo o una inteligencia seductora sería capaz de inventar un negocio tan redituable. Aceptémoslo, creo que tengo ganas de perder… y ya comencé a hacerlo. No me explicó de otra forma el por qué entonces estoy a nada de comenzar a ventilar en mi propio blog aspectos de mi vida que no me van a dejar ni tantito bien parado ante los lectores de este espacio.

Sin embargo ella manda aquí. Por ella con todo el orgullo del mundo me acepto un holgazán sin oficio ni beneficio, capaz de pasar horas instalados en la más improductiva fiaca del mundo. Tan flojo que ayer en lugar de yo mismo lavar los autos como la tradición familiar manda, preferí llevarlos al autolavado. Nada relevante de no ser porque en el proceso de llevar y traer los autos (el servicio de lavado está a cuando mucho cinco minutos de mi casa) me tardé casi tres horas y media. Osea que si hacemos cuentas, hubiera sido más rápido y barato haberlo hecho por mi cuenta. Por más que hago cuentas no encuentro en que perdí tanto tiempo si lo único que hice era recostarme en el sillón a que las ganas de ir y venir al lavado me llegaran y pasar mi ipod de una a otra canción (actividad que pronto me cansó y dejé sin pena alguna).

Ya que un amor de niña me hizo confesarme, voy a hundirme un poco más en la desvergüenza por voluntad propia. Aprovechando el tema de los sábados voy a volver a romper el silencio: sentarme a ver la tele equivale a quedarme ahí por horas: puedo ver películas de Pedrito Fernández, documentales de animales microscópicos, una opera en el canal 22, el más infumable de los partidos de fut o el especial de Los Temerarios. Horas y horas de programas absurdos pero tan hipnóticos que no me permiten levantarme por más que el dolor de espalda y rodillas me digan que ya es hora de ponerme en movimiento.

Y así podría seguir enumerando mis flojera, que ejemplos me sobran, pero usaré el baratísimo recurso de decir que me dan flojera escribirlos. Da igual al fin y al cabo, más me interesa lo que haga la contraparte de este juego, que de seguro a los demás les resulta incomprensible.

Ahora estoy, que novedad, en sus manos, en espera del veredicto que dulcemente me endeude o me haga poseedor de aun no sé qué cosa. Ahora el azar tiene nombre de mujer.

jueves, 21 de agosto de 2008

Día verde

No sé si en 24 horas se pueda adorar más a un país que de por sí ya amo con todo el corazón. Lo cierto es que entre ayer y hoy el nombre de México recorre cada rincón de mis venas con un orgullo e ímpetu más poderoso que cualquier fuerza centrifuga del universo. Victorias son amores, y más si la representación de tu país está en juego.

Miércoles 20 de Agosto
04:30hrs

Extraña hora para prender la televisión. Más extraño que de la nada allá decidido prenderla sólo para darme cuenta que el Taekwondoin mexicano Guillermo Pérez disputaba el pase a la final de la especialidad en la justa olímpica de Beijing. En un duelo aguerrido, Pérez obtuvo la victoria. La lucha por el oro sería a las 20:15 hora de China… 07:15 en México.

07:15 hrs
Estoy en la oficina. Hago cómo que trabajo pero estoy al pendiente en todos los portales de cualquier noticia que provenga desde la sede olímpica. Un amigo escucha la transmisión desde su teléfono celular.
- Va ganando el mexicano. Dice de pronto.

07:23 hrs
- Ya empató el dominicano. Al parecer disputarán ‘punto de oro’. Entonces empezaron unos segundos agónicos, en cualquier momento la decisión podría ser favorable para cualquiera de los contendientes.

07:25 hrs.
- Terminó el combate, el ganador será definido por decisión de los jueces.
Uno, dos, tres… cien segundos. No tengo idea del tiempo que transcurrió en la espera de la noticia que definiría si México se vestía de plata u oro.

- Oro para México.
¿Es necesario decir que la noticia se regó como pólvora por toda la oficina, qué salte y grité de la emoción o que no me pude quitar la sonrisa de oreja a oreja en toda la mañana?

08:06 hrs.
Veo en You Tube el video del triunfo del mexicano. Cayó la segunda medalla olímpica para México. Al parecer será un gran día.

14:03 hrs.
Llegó a casa. En los resúmenes deportivos sólo hablan de Guillermo Pérez y su Oro para México. Entonces vi la repetición de la transmisión de TV Azteca y la forma en la que Arturo Rosique lloró al narrar. A mí también me fue imposible contener las lágrimas. Después, lleno de un cosquilleo indescriptible en el cuerpo vi la premiación y la manera en la que el lábaro patrio nacional ascendía a lo más alto mientras se escuchaba el Himno Nacional Mexicano. Guillermo Pérez cantando. Fue un triunfo que sólo debe ser suyo, pues fue él y nadie más quién disputó con toda la gallardía del mundo aquellos puntos históricos en el Tatami.

16:50 hrs.
Después de dormir un poco, bañarme y comer cualquier cosa, me enfundo la playera de la Selección Nacional de Futbol. Hoy comienza la eliminatoria mundialista contra Honduras. Salgo rumbo al Estadio Azteca.

18:15hrs.
Ya con mis amigos Rosalía, Ángel y Claudia, dejamos el auto en el estacionamiento del Azteca. El ambiente afuera del estadio ya es mundialista. Miles de personas en los alrededores con sus banderas, sus playeras verdes y sus ilusiones.

18:45hrs.
Ya dentro de uno de los Estadios con más historias del mundo las pantallas proyectan una vez más el triunfo de Guillermo Pérez. La ovación no se hace esperar.

19:55hrs.
La bandera de la y el himno de FIFA aparecen y detrás los jugadores de México y Honduras avanzan hacia el centro de un Estadio Azteca lleno. Flashazos, ovaciones, alaridos. Comienza la ceremonia de los himnos nacionales… al entonar el de mi país, por tercera vez en el día la piel se me pone de gallina. Canto con todas mis fuerzas.


20:00 – 20:45hrs.
El primer tiempo dura lo que un suspiro. Todo es nuevo en la Selección: el técnico sueco Sven-Göran Eriksson debuta como estratega nacional, por primera vez la mitad de los seleccionados juegan en europa, varios debuts… Ante un escenario imponente con más de 110, 000 almas (de los cuales sólo 6,000 son hondureños) el cuadro azteca comienza a atacar. Un poste, un balón que pasa a nada del arco rival, México está encima pero el primer gol es hondureño. Y el estadio guarda silencio pero se repone de inmediata. Confusión y el fantasma de la derrota comienza a rondar las tribunas.

20:45 – 21:00hrs.
Medio tiempo, estoy que me lleva el demonio. Aun así nos tomamos una foto.

21:00 – 21:45hrs.
Durante el segundo tiempo el Azteca es un hervidero. El público sigue apoyando, pidiendo la incursión de Cuauhtémoc Blanco al terreno de juego. Los minutos que pasan y el balón que sigue sin querer marcar a favor de México. A 15 minutos del final un disparo de Pavel Pardo hace que el grito de gol contenido en miles de gargantas estalle al unísono. El grito de ‘Si se puede’ impulsa a los verdes que tan sólo cinco minutos después consiguen su segundo tanto. Otra vez Pavel. El festejo en las tribunas, cervezas y refresco volando por todos lados nos empapan pero no importa. El grito de ‘México, México’ y la ola que recorre las gradas hace del Azteca, un mounstro de más de cien mil cabezas. Dejo de ver lo que pasa en el terreno de juego y me concentro en lo imponente que resulta una afición conectada con su equipo. Volteo y miro a Ángel, el también está conmovido, incluso llora. El árbitro silba el final. Ganó México 2-1, la gente canta el "Cielito lindo" y empieza su camino hacia el Mundial de Sudáfrica con el pie derecho.

21:50hrs.
Mientras esperamos a que el estadio se vacíe un poco me entero por medio de mensajes que Paola Espinosa y Tatina Ortiz, competidoras en clavados de 10m están disputando su pase a la final. Pao quedó en segundo lugar. Ambas pasarían a la final.


Jueves 21 de agosto
00:01hrs

Como unos tacos en un puesto cercano a mi casa. Unos señores dicen que la final de los clavados de 10m será a las 8 de la noche de Beijing… 7 de la mañana tiempo de México.

07:00hrs.
Llevó tres horas despierto gracias a un Red Bull, es el segundo que tomo desde el comienzo de las olimpiadas. Hago cómo que trabajo pero no trabajo. Aprendí la lección de un día antes y ahora sí me traje los audífonos para escuchar la competencia por medio del radio de mi teléfono celular. Por más de una hora escucho las cinco rondas de clavados. Paola y Tatiana compiten y rondan los primeros lugares.

08:06hrs.
Por poco México no entra al pódium. Cuarto lugar para Paola y quinto para Tatiana. Un orgullo sin consideramos que pusieron en jaque a la crema y nata de los clavados a nivel internacional . Llegarán a Londres con todas las condiciones para conseguir más medallas, además de la presea de bronce en sincronizados que obtuvieron la semana pasada.

24 horas de alaridos, de triunfos, de compartir la bendición de ser mexicanos y sabernos capaces de cualquier cosa. Al final ser mexicano es saberse parte de una raza luchona y profundamente orgullosa de sus raíces. Logros que hacemos de todos porque en nuestro México todos somos uno. Siempre quiero verte arriba. Como siempre, es un orgullo ser hijo de mi México lindo y querido.

*** Actualización, sábado 23 de agosto de 2008. 07:20hrs. ***

No pegué el ojo en toda la noche. Hay veces en las que las horas de la madrugada se vuelven insoportables. Justo cuando pensé que la obscuridad se ensañaría conmigo un rayito de esperanza llamado María del Rosarío Espinoza hizo más llevadero la llegada del amanecer. De manera contundente ganó la medalla de oro para México en Taekwondo femenil. Apenas 21 años y llena de valentía y caracter, sin prisas y paso a paso esta valiente sinaloense le regaló una alegría más al pueblo de México. Una vez más el Himno, una vez más la bandera elevandose en lo más alto. Una vez más, lloré de alegría.

Al final la cosecha en Beijing fue de dos oros y un bronce. Gracias a todos nuestros deportistas por las semanas que nos regalaron y que hicieron vibrar a todo un país.

lunes, 18 de agosto de 2008

Actitud, estilo y presencia


- Pero que mal te ves. Hoy si que no tienes ni actitud, ni estilo, ni presencia.

Así me dijo mi hermana una tarde en la que me encontraba medio desvelado, medio deprimido y medio mal vestido. La verdad ella no mentía, mi apariencia francamente era deplorable, aunque según yo, no tanto como para carecer de actitud, estilo o presencia.

Indignadísimo ahondé con mi hermana sobre el tema y averigüé que según los cánones de la juventud contemporánea chic buena onda de hoy, puedes carecer de una, o hasta de dos… pero no de las tres. Hacerlo es lo más parecido a ser un zombi sin futuro ni ambiciones. ¿Qué son la actitud, el estilo y la presencia?, he aquí una breve aproximación a sus definiciones:

Actitud: Dícese del comportamiento y actitud que se tiene ante la vida y las circunstancias que esta nos presenta.

Estilo: Modo de vestir, arreglarse y coordinarse en un conjunto. Jugando con contrastes, rarezas y elementos que nos den un toque único y peculiar.

Presencia: No hay de otra, ser bien parecido y agradable ante los demás.

Obviamente cualquier ser humano sobre esta tierra quisiera tener aunque sea una pizca de ellas. No resistí la tentación de preguntarle a mi hermana si en un día normal yo poseo actitud, presencia y estilo. Su respuesta no pudo ser más desoladora: “presencia no tienes, actitud menos… estilo, pues a veces”. Lo curioso es que bajo sus criterios, ella posee las tres. Ahora mismo, intento escribir estas líneas y ella me lo vuelve a repetir una y otra vez. Me pide que vaya a cualquier fiesta o reunión con gente creativa y alternativa, para darme cuenta que nadie podría sobrevivir en este mundo joven contemporáneo chic buena onda de hoy sin las características arriba mencionadas.

Intrigado le soltaba nombres de familiares, amigos y famosos para ver quién de ellos las poseía y en qué cantidad. Para mi sorpresa, casi todos los conocidos están faltos de todo. Ni presencia, ni actitud, ni estilo. ¿Significa que estamos feos, no sabemos vestirnos y además no tenemos carácter? ¿Será por eso que en las fiestas siempre me quedo del lado de los aburridos y no en el centro de atención en el que todos se divierten?

Si se supone que a ratos tengo estilo, lo único que me falta es encontrar la manera de poseer un poco de presencia y un mucho de actitud; esto último, según mi hermana, es de lo que más carezco. ¿Dónde compro un poquito de estos bienes? no tengo la menor idea, pero de que pueden llegar a volverse indispensables, no me cabe la menor duda. Al menos para portarse mal y salir airosos. Son varias las semanas que llevo fijándome en los niveles de actitud, presencia y estilo de cuanta persona se me cruza en el camino y el resultado no es nada alentador. Habrá que ir aprendiendo un poco de los grandes modelos que la vida nos ha dado: Paris Hilton, Chico Che, Maradona o Britney.

Escribiría más, pero tengo que ir a comprarme ropa de diseñador, hacerme un facial, un corte de cabello nuevo, al gimnasio, y a algún café de la Condesa para copiar el comportamiento de alguno de los intelectuales de izquierda que allí suelen reunirse. Si las cosas salen bien, está será mi apariencia en unos días:
¿Qué tal ehhh? Muéranse de la envidia.

viernes, 15 de agosto de 2008

Las cosas más bonitas

Como diría la Britney Spears: Oops, i did it again. Nuevamente, pese a los principios y normas personales que rigen este blog, vuelvo a contradecirme y a caer encadenado. Lo hago, porque al igual que la última vez, una gran colega bloguera me lanzó la invitación que obviamente no pude, ni quise rechazar.

Sin que yo pueda entender por qué, Nuri, la culpable de que yo esté escribiendo este post-cadena-premio, lo llama Meme. Después de varias horas de indagación científica la mejor definición que encontré para definir al tal Meme es la siguiente: Publicar seis cosas que disfrutemos mucho hacer o que nos causen un gran gusto; ah, y cinco canciones que también me gusten. Todo esto con el fin de conocernos un poquito más y salvar al mundo de su destrucción inminente a manos de los regguetoneros.

Comencemos pues… ¿qué disfruto? Pues en realidad un montón de cosas, aunque de quedarme con lo que en verdad se deleita mi existencia son los siguientes:

Estar con mis amigos, los de verdad. No importa dónde, el escenario a estas alturas viene a ser lo de menos. Porque a su lado todo lo soy y todo lo puedo, porque estando juntos somos más fuertes que cualquier obstáculo. Vamos, quien tenga amistades así sabrá que es una autentica bendición.

Escribir. Ya sea en este su blog de confianza, en una hoja de papel, en una servilleta o en dónde sea. Aunque al hacerlo se sufra y a veces sea el infierno mismo, pocas cosas desahogan el alma como convertir los sentimientos en palabras hasta ser capaz de dialogar con uno mismo y descubrirse.

Leer. Hermano del punto anterior. Realmente sentarse a leer en un lugar cómodo y silencioso, con un vaso de Coca Cola con hielo a un lado… y que la mente vuele hacia donde la propia literatura nos quiera llevar. Así podría pasar horas enteras. Siempre he sentido que por falta de tiempo voy a morir sin leer todo lo que quiero.

Ver futbol. También jugarlo, pero estar en un estadio o ver por televisión un partido del Atlante o de la Selección Mexicana, como diría el comercial, no tiene precio. Es más, el próximo miércoles iré al Azteca para apoyar a México en su juego contra Honduras. Si van, por allá nos vemos.

Viajar. Conocer nuevos lugares, costumbres, gente. Perderse en ciudades nuevas, recorrer caminos inhóspitos y volverse un aventurero nato que va en busca de lo inesperado para después convertirlo en aprendizaje de vida. Al igual que me pasa con leer, jamás me alcanzará el tiempo para viajar tanto como quisiera.

Enamorarme. Sí, se sufre, pero se gana un infinito de cosas más. No se importa si se es correspondido o no, si es una historia de amor perfecta o un completo desastre. Uno gana por el simple hecho de caer preso de un sentimiento tan grande que es el motor del universo. A partir de aquí la pasión puede desbordar en la mismísima arte de la inspiración. El problema es cuando el sueño acaba…

Ahora, para las canciones la situación es diferente. Me resulta imposible elegir solo cinco entre decenas de obras que pueden volverme loco. Lo que haré será poner las primeras que se me vengan a la mente y que podría decir, en este momento son de mis favoritas, aunque insisto, faltan y muchas.

Las cosas más bonitas – Magnolia y los no me olvides. Proyecto alterno del vocalista de Panda, esta canción da nombre a este post. Enumerar las cosas más bonitas siempre será más fácil que ver lo negativo del mundo.

A la primera persona – Alejandro Sanz. Pocas canciones con tanta fuerza tanto sonora como líricamente. Una poesía llena de intensidad y sinceridad. ¿Estará de más decir que esa canción describe al pie de la letra el momento en el que anímicamente me encuentro?

No Regrets – Robbie Williams. Porque a veces la soledad y el paso del tiempo puede hacernos duros y darnos la fortaleza para seguir adelante. Llegará un momento en el que mirar atrás sea menos doloroso y las otras personas dejan de volverse tan necesarias. Esta canción me ha salvado varias veces.

Aunque digas – La Nueva Banda Timbiriche. Ya sé. Es demasiado fresa y hasta cierto punto prefabricada, pero desde hace unas semanas no se me puede salir de la cabeza. Me queda y mucho. Ya ven, se me da la necedad.

No vuelvo más – Ximena Sariñana. Comparto el mismo temor de la letra: ser sólo algo pasajero en las otras personas y no volverme importante o trascendente para los demás. Dejar huella en ellos y en sus corazones y no una tenue huella que el viento se lleve.

Y ya, acaba ahí. Escribir este tipo de entradas siempre se me complica.

martes, 12 de agosto de 2008

Mi desvelo por un bronce

Fue el puro presentimiento de que algo grande pasaría, el que hoy me hizo madrugar mucho más temprano que de costumbre. Apenas la 01:30 de la madrugada y mi corazón ya latía un poco más fuerte de lo normal. Sabía que no se fallarían a si mismas y mucho menos a México. Sabía que tanto Tatiana Ortiz como Paola Espinosa conseguirían una medalla olímpica… el resto ya es historia, y de las grandes.

¿O será mejor decir enorme? Cómo llamarle a la epopeya de pararse en el llamado “Cubo de Agua”, capital china de los clavados y plantarle cara a las parejas de clavados sincronizados más poderosas del mundo. Ahí estaban Alemania, Canadá, Australia, Gran Bretaña, Corea, China, Estados Unidos y dos mexicanas talentosas a las que poco les importó haber terminado la primera y segunda ronda de los clavados en el último sitio. No sé si fue la esperanza o la solidaridad con mis compatriotas que a pesar de todo no perdían la calma o las ganas de dejarme seducir por el encanto de Paola Espinosa lo que impidió apagar el televisor y regresar a los brazos de Morfeo. Lo cierto es que lejos de caer en la desesperación ambas mostraron una seguridad que nos tranquilizó a más de uno y que tres rondas de clavado después las depositó en la tercera posición, a un tris de robarle la presea plateada a las australianas.

Después ni hablar, ya no me importaría pasar una hora más sin dormir pues nada ni nadie me haría perderme ver como Paola y Tatiana recibían sus medallas de bronce en el pódium o ver elevarse la bandera nacional en lo más alto del deporte mundial.

Unas horas después sigue siendo martes. Gracias a un Red Bull y a la alegría que da un triunfo que el país siente en las entrañas pude continuar el día de forma más o menos decente. En todos lados se habla de la medalla obtenida. El desvelo no fue nada comparado con la emoción que viví en la madrugada y que me deja un sabor esperanzador pues Paola y todo su carisma y hermosura competirá en una semana en la prueba femenil de clavados en 10 metros, y seguramente, de nuevo valdrá la pena trasnochar.

Lo demás es nada hoy, cayó el primer bronce para México.

domingo, 10 de agosto de 2008

La novela de mi vida

Más temprano que tarde todos los que nos hemos dejado seducir por la literatura solemos hacernos la misma pregunta:

¿Cuál es el mejor libro que hemos leído en nuestra vida?

La respuesta en apariencia no debería ser sencilla. Todos tenemos nuestro selecto grupo de libros consentidos, aquel que sólo puede ser integrado por esas obras que nos han robado el aliento y el entendimiento, las que nos han hecho descubrirnos y hasta dudar de todo lo que nos rodea. Rayuela,
Cien años de Soledad , Pedro Paramo, Las Batallas en el Desierto, La Insoportable levedad del ser o La Guerra del Fin del Mundo son algunas de las novelas que poseen un lugar privilegiado en mi biblioteca personal y que aun así aparecerán relegadas a un segundo lugar, siempre detrás de Diablo Guardián, la novela de mi vida.


Escrita por Xavier Velasco y ganadora del Premio Alfaguara de Novela 2003, está destinada a convertirse en un clásico de la literatura mexicana contemporánea. Su manejo del lenguaje, la destreza narrativa de ubicar la acción de forma ordenadamente atemporal y sobre todo una heroína inolvidable hacen que leer ‘Diablo Guardián’ sea una experiencia literaria completa. Al sumergirte en ella seguramente te reirás, conmoverás o hasta divertirás, pero seguramente, en algún punto la historia te torcerá las entrañas y entonces no podrás dejarla por más daño que te cause el encontrarte en ciertos párrafos de la historia.

Al menos eso pasó conmigo. Por más que pienso no doy con la respuesta ¿en que preciso instante me atrapó la historia de una joven de quince años huyendo a la frontera con el dinero que le robó a sus padres? Si en algún momento de la existencia es bueno creer en las casualidades, entonces esa novela me escogió para cambiarme la vida. Disculpen si no ahondo mucho en la trama de ‘Diablo Guardián’, de la cual seguramente ya se ha escrito mucho en otros sitios. Comentar la historia y
los motivos que lo llevaron a su escritura sólo debería hacerlo el mismo Xavier y aún así la fascinación seguiría siendo un nudo indescifrable. He tenido la oportunidad de hablar varias veces con él y lejos de comprender la mecánica detrás del movimiento de la historia, sólo puedo mirar cautivado como el universo de Violetta, la protagonista, cada vez me atrapa un poco más.

‘Diablo Guardián’ me robó el corazón por ser un espejo cuyo reflejo magnifica mis miedos y deseos. Porque además de ser la historia de una mujer encantadora, interesada y descarada dispuesta a todo por hacer lo que se le pegue la gana, es sobre todo una historia de amor a la medida de cualquier pobre diablo como Pig, perdedor enamorada de Violetta resignado a siempre jugar el papel de héroe desde las sombras. Si el autor del libro varias veces ha confesado haberle dado más de su personalidad a Violetta que a Pig, en mi caso es lo contrario. Por más que busco elementos que me salven de decir la chocarrera frase “ese personaje soy yo” nomás no encuentro la diferencia entre el personaje y el lector: miedo al amor acompañado de unas terribles ganas de caer en sus garras, obsesionado por una mujer encantadora pero letal y peligrosa, con ganas de ser un gran escritor cuando ni el mismo se lo cree, triste, apático y sin arrojo… ¿queda alguna duda de porque esta novela me duele?

Y a pesar de todo no podré dejarla nunca. Así como Pig se aferra a su Violetta como única tabla de salvación, yo muchas veces me he aferrado a esta novela como última oportunidad de entender la vida. Por eso la he leído completa tres veces y en innumerables ocasiones he releído varios de sus pasajes. Por eso la tengo a lado de mi cama y quizá por eso también es que la he regalado en par de ocasiones. Se me hace indispensable saber que hasta una mujer como Violetta tiene sus puntos débiles y los perdedores como Pig tenemos nuestra oportunidad de tener nuestra noche romántica encima de un carrito de Montaña Rusa.

Al final podrá ser la historia de una adolescente que huyo a Nueva York con ganas de volverse millonaria y terminó seduciendo hombres en los hoteles para estafarlos, o la historia de un corrupto como Nefestofales, o de un huérfano que le teme a los hombres lobo. Podría creerse que esta novela trata sobre una familia con ganas de figurar en sociedad y que roba a la Cruz Roja. ¿Qué más da si en sus páginas cabe Mario Bros, Superman, kilos enteros de cocaína, 'The Passenger' de Iggy Pop, o Las Vegas y Cuernavaca? Todo dentro de sus páginas me atrae como un imán pues en cada párrafo encuentro referencias sobre mí.

Así es la novela de mi vida, la que en ocasiones me ha impulsado para en ocasiones apostar todo o nada y lanzar los dados sin más deseo que el sentir la adrenalina de hacerlo. En parte, este juego siempre interminable de deshacerme de a poquito en letras se lo debo a ‘Diablo Guardián’. Si la escritura y el amor siempre me han parecido lo más importante del mundo, con esta novela no me queda otra que perderme en una historia que espero no me quede grande.

Por cierto, no se me olvida y tampoco tú lo hagas…
Dalilah eres tú. Ahora sabes porque me interesa tanto que me veas en esta historia.

"Uno prefiere hablar con las estampas porque ellas no se ríen, ni se apiadan. Porque aún así saben, tienen que saberlo, que vamos por la noche como las ambulancias, aullando para silenciar las carcajadas del Creador, porque si había un Dios que lo miraba tenía que reírse, porque cualquiera se habría carcajeado de mirar sus estúpidos rituales, que sin embargo eran lo único que tenía para defenderse de la nada: esa mustia perversa que primero se había transfigurado en Hombre Lobo y después en aquella urgencia convulsiva que le exigía a gritos llamarle por su nombre: amor."

(Fragmento de ‘Diablo Guardián´)

Xavier Velasco también ha públicado "El Materialismo Histérico", "Luna llena en las Rocas" y "Éste que ves". Todas ampliamente recomendables.

jueves, 7 de agosto de 2008

Abanderada, estoy enamorado de usted

Beijing por acá, Beijing por allá; en todos lados. En las revistas, en los periódicos, en las noticias, en la publicidad. Éste blog no puede ser la excepción, mucho menos si hablar de los Juegos Olímpicos es tan sólo un pretexto para hablar de ella.

Faltan algo así como 12 horas para que del otro lado del mundo de inicio la ceremonia inaugural de los Juegos Olímpicos, y aproximadamente unas 14 para que comience el desfile de cada una de las delegaciones de los países participantes. Si bien, cada cuatro años escuchar el nombre de mi país y ver irrumpir a mi bandera en el Estadio Olímpico es electrizante, en esta ocasión lo será aun más debido a que creo estar enamorado de la abanderada de la Delegación Olímpica Mexicana.

Se llama Paola Espinosa, acaba de cumplir 22 años y es una de las mejores clavadistas del mundo. Originaria de Baja California Sur, es una de las pocas esperanzas de medalla para estos juegos y la atleta mexicana más seguida en el último mes. Cargar a cuestas con la ilusión de todo un país no debe ser nada fácil, y sin embargo, ella ni se inmuta. Al contrario, parece disfrutarlo. ¿Será una de las cosas que la hacen tan atractiva?, lo cierto es que desde la pasada olimpiada vengo siguiéndole la pista como un fiel admirador a su belleza, logros y actitud, manía que ha venido incrementándose conforme la justa deportiva venía aproximándose y Paola atrajo cada vez más los reflectores. Pelearle de tú a tú a las chinas, canadiense, estadounidenses y alemanas no será nada fácil. Ignoro si ganará alguna medalla, aunque no me cabe ni la menor duda: peleará con todo por conseguirlo.

La admiro y me gusta. Hasta he comenzado a buscar la manera de poder conocerla cuando en unas semanas, regrese como toda una triunfadora. Mi amiga Claudia dice que un conocido suyo la conoce (mencione el verbo ‘conocer’ tres veces en los últimos renglones). Aunque dicen anda con el también clavadista Rommel Pacheco, otra amiga averiguó que de momento Paola no tiene novio ¿será?... Y de ser algún día presentado con ella qué le diría: hola Paola, medallista olímpica idolatrada por todo México, ¿aceptarías salir conmigo?

Ojalá Claudia cumpla su promesa y me la presente, ojalá el destino quiera que le caiga bien y Dios y todos los Santos intercedan para que esta idea no termine en el limbo de mis planes frustrados por más de que reúna todas las características para hacerlo. De todas formas dejaré la ética de lado y utilizaré este blog para sacar un provecho personal y pedir que si alguien la conoce y quiere presentármela, pasarme su teléfono o su mail, está en su libre derecho de hacerlo y me haría un grandísimo favor. Prometo comportarme.

En unas horas recorrerá la pista olímpica con la bandera de mi país y en cinco días intentará llenar de satisfacción a todo un país. Ya estamos orgullosos de ti y de todos los deportistas que pondrán su vida en poner el nombre de México en las nubes.

Suerte.

martes, 5 de agosto de 2008

Tan poco importante

El desastre que dejaste, aunque ni me creas, y peor tantito, ni lo sepas; es mucho más mortífero y atrofiante de lo que crees. Ese vacío en el que caben universos hace ridículamente pequeño y hasta infame al resto del mundo, es el que me tiene hoy estático, en medio de la parálisis total que da el amor a destiempo.

Fuera de aquel sufrimiento que agobia nada existe. Mucho menos preocupa. Mi trabajo en los últimos tres días ha sido un desastre, varias veces me han llamado la atención pidiendo más atención de mi parte o me han pedido más compromiso. Simplemente callo. Es mil un veces mejor que decirles la verdad: absolutamente nada, aparte de ella importa. ¿Cómo quieren que me levante y sea productivo cuando la continua tormenta de mi alma ya oxidó mi corazón?

Entérate mundo, me tienes sin cuidado.No soporto estar aquí, mucho menos allá. No creo, por más que lleve años haciéndolo sin descansa, aguantar un segundo más de este delirio que me hace verte hasta en la oscuridad de mi habitación. El cielo puede llover, eclipsar o lo que le dé la gana. El destino puede tenderme cuanta trampa se le ocurra y yo seguiré sin inmutarme. Así e poco importante son los colores y las formas de todo aquello que no sea parte del amor.

Estoy cansado de vivir en un mundo dónde lo tan poco importante es lo importante.



Yo no soy así, es el desastre que dejaste.

sábado, 2 de agosto de 2008

Gabriel encuerado

Hace unos dos meses que publiqué esta foto sexy en mi perfil:

Desde entonces he recibido muchas críticas de familiares, amigos y lectores del blog. Muchos dicen que estoy encuerado, otros que soy un vulgar y solo a un par de chicas les pareció que me veo bien. De cualquier modo, la imagen no paso desapercibida ni en mi Hi5 ni en este blog. He aquí algunos comentarios de la dichosa foto en este blog:

Lata Moderna:
¿Qué onda con tu foto encuerado???? EEEh, ¿andas buscando amante???? mmmm... y yo pensé que eso sólo sucedía en Hi5 ;)

Nuri:
P.d. La foto si debes pensar en un cambio. ¿¿¿Como encuerado????

Victoria
No me lo tomes a mal pero también sugiero que cambies tu foto... me brinca contra tu estilo de escribir que estés con esta foto me parece un poco irreverente... ¿no?

Ante tanta polémica, voy a romper el silencio. La foto fue tomada por ‘mi mismo’ un domingo de hace como año y medio. Venía de jugar futbol en un parque, y así sin planearlo ni nada, la idea me vino después de darme un baño. Aunque la explicación quizá esté de más, diré que no estaba completamente encuerado. Total, debido a que el Gabriel semi-encuerado no tuvo el éxito esperado por mí, a partir de este momento cambiaré la foto de mi perfil por una más decente y en la que luzco como el joven inocente que soy.

Ofrezco mis disculpas a aquellas que se enamoraron de mi gracias a la foto, o se sintieron irremediablemente atraídas hacía un servidor.

¿Qué le va uno a hacer?

pd. ¿ya vieron mi brazo musculoso?

miércoles, 30 de julio de 2008

El destino y sus faltas de ortografía

La otra vez íbamos en la calle, cuando de la nada una señora nos regalo unas extrañas galletas chinas, de esas que dicen, predicen la fortuna. Uno a uno, fuimos rompiéndolas, ansiosos de saber que nos depara el destino. Según aquellos textos proféticos, Rosalía próximamente se cambiará de casa, Claudia debe mantener la calma pues tiene la capacidad para lograr cualquier cosa, y Ángel se encuentra más cerca de lo que él cree del amor.

Todos mensajes que a mis amigos les agradaron y hasta gustaron. Sin embargo el mío fue el que más nos sorprendió:

Es la segunda vez que como una de estas galletas, la primera vez no entendí muy bien el mensaje, pero ahora el mensaje es demasiado claro, sobre todo para alguien que ama la escritura y cuyo mayor sueño en la vida es el escribir una novela.

¿Será el destino o una afortunada coincidencia? Aunque ahora que lo pienso bien, no sé que tanto deba fiarme de una galleta que se come la preposición ‘la’ en la frase ‘amante de la palabra’ y que en lugar de escribir inventa y antepone el verbo ‘escreibir’. ¿Acaso no hay peor colmo que precisamente esa palabra esté mal redactada?

De cualquier manera, con el destino no hay que ponerse rejego por más analfabeto que éste sea. Decido creerle y de paso ponerme a trabajar muy fuerte para que esa galleta no se equivoque.

lunes, 28 de julio de 2008

Lo difícil de tener un blog (3ra parte)


Sucede que ya abriste un blog. Bien que mal las ideas comienzan a fluir de manera más o menos constante y lo que es mejor, comienza a hacerte de tus lectores. Meses después sacarlo de tu vida se vuelve impensable. Pasas horas pensando cuál será tu próximo texto y la forma en la que éste será estructurado. Mentalmente lo construyes y destruyes hasta que el resultado final en pantalla sea el que imaginaste. Y así una y otra vez en un círculo que se antoja eterno. El asunto con las letras ya está resuelto, vayamos ahora con otro dolor de cabeza: el diseño.

Seguramente, la gran mayoría de los millones de bloggeros que hay en el mundo manejan a su antojo la presentación visual de su blog. Cientos de aplicaciones, combinaciones de colores y estructuras que hacen que de a poco, su espacio en línea vaya adquiriendo su propio estilo. Sin embargo, existen unos cuantos despistados que como yo, no tienen ni la menor idea de cómo hacerlo y que tienen que conformarse con una de las plantillas que Blogger ofrece y que tienen la desventaja de con el tiempo, volverse aburridas.

Últimamente veo la plantilla que uso en muchos blogs, y aunque podrán decirme que lo importante en estos casos es el contenido y no la imagen, es absurdo negar que un diseño original le da más personalidad e identidad. Por eso, al autor de este blog decidió dar un cambio radical en la imagen de éste espacio y lanzarse a la aventura de rediseñarlo. Visité varias páginas con cientos de plantillas y diversas opciones para poner un blog al último grito de la moda. Dos horas después estoy casi al borde del suicidio pues hacer estos cambios es más difícil de lo que pensaba.

Tengo que saber de lenguaje HTML, de programación, pegar códigos, cuidar resoluciones y las medidas de la pantalla. Y adivinen qué: no tengo ni la menor idea de nada de eso. Ahora, supongamos que decido intentarlo y termino por desconfigurar todo. No me perdonaría ser el asesino de mi propio blog, pero tampoco quiero pasarme otro año viendo el mismo diseño de siempre. Supongo que la idea de remodelar seguirán dando vueltas obsesivamente en mi mente hasta que lo logre, o el hastió y otra idea o problema ocupe mi pensamiento.

Quizá, tener un blog sea fácil, lo difícil es estar conforme con él.

sábado, 26 de julio de 2008

La única vez que gané

No sé, a veces mi vida es así...
entre confusa y apática;
una continua lucha contra la soledad...
Y una vez más, pierdo

Debería de acostumbrarme
a siempre estar contra la pared,
a pugnar por un destino mejor,
ese que siempre se añora entre la desesperanza.

Una y otra vez caigo,
me repito que será la ultima vez,
para después volver a probar la derrota.

Una gran competencia,
sólo eso y nada más es el amor.
Triunfas,
o condenas tu alma a un eterno sufrimiento.

En el tablero del destino, soy un simple peón,
Aquella pieza que se sacrifica,
y es, fácilmente imprescindible,
¿O será mejor decir, imperceptible?

En fin, cosas sin importancia.

La única vez q no perdí,
fue cuando el destino me cruzo contigo...
Te ví, y el mundo recupero su orden natural,
Un universo que se transforma alrededor,
eso era tu compañía.

Hubo una ocasión en que todo salió bien.
Nuestras almas unidas por el simple imán de una mirada.
¿Acaso fue un beso que congeló el tiempo?,
o ¿un suspiro cargado de amatistas delirantes de pasión?,

Contigo no conocí la derrota de la rutina,
sólo estelas en el cielo que anunciaban días de sol.
Estrellas perdidas en la noche, eso éramos tú y yo.

En toda mi vida, la única vez que gané
fue cuando conjugué tu nombre llorando de alegría.
Y te descubrí tan mujer y a la vez tan niña,
tan delicada que juré dar mi vida por tu risa cristalina.

Esos días valieron toda una vida.

¿Qué más quieres que te diga linda mía?
Contigo gané, vencí, triunfé,
Y también, creo que te ame...

Después todo cambió...


Gabriel Revelo
Febrero 2006

martes, 22 de julio de 2008

Payaso

Es domingo

Tiene casi dos horas que estoy jugando fútbol en el parque de la colonia en la que vivo. Soy el portero de mi equipo, y aunque mi posición exige concentración absoluta, no puedo evitar distraerme con cualquier cosa: Un perro parecido al mío cruza corriendo la calle de enfrente, dos niños juegan en una resbaladilla, una chica guapa atraviesa coquetamente una de las vereditas del verde jardín que nos rodea, un auto blanco se estaciona en un extremo del parque… y casi me anotan un gol. El balón pasó a unos centímetros del poste derecho de la portería. Debo estar más atento en la próxima jugada y poner los cinco sentidos en el juego. Así lo intento. Veo los movimientos de los jugadores y camino de acuerdo a la ubicación de la bola en la cancha.

Un minuto después, vuelvo a estar en todo, menos en el juego.

Del auto blanco baja un payaso. Traje color lila chillón y una boina morada en la cabeza. La cara maquillada con tonalidades que van del negro al blanco, pasando por el rosa. Complementan el atuendo una gran sonrisa pintada y una nariz redonda y puntiaguda. Es muy delgado. Un ser irreal en la explanada de ese parque llena de jóvenes futboleros. Mi equipo anotó gol, o al menos eso creo por los gritos de júbilo de mis compañeros y el lamento de nuestros oponentes. No me molesto ni en voltear, prefiero seguir con la mirada los movimientos de la hipnotizante figura del payaso, en medio de la explanada del parque, soportando heroicamente, sin moverse, los rayos del sol de las dos de la tarde.

Ese partido lo ganamos. Perdimos el siguiente. Él continúa ahí, con la mirada fija en los árboles. A lo lejos se aproxima otro joven. Despeinado, desalineado en su vestimenta y con cara risueña. También atraviesa la cancha. Indiferente, como si ninguno de nosotros existiera. Viene a verlo a él. Él lo reconoce. Se saludan. Payaso y joven atolondrado se dan un abrazo, caminan unos metros y se detienen en una esquina de la explanada que comparten con nosotros. Se detienen cerca de mi, a la sombra de un gran árbol. Movimiento gracias al cual puedo percibir sus voces, aunque sin comprender mucho. El Payaso también es joven, su voz lo delata. Habla con mucho interés sobre algo que acaba de recoger en Estados Unidos ‘buenas, bonitas y baratas’. La platica se interrumpe cuando nuestro balón accidentalmente llega hasta dónde están Payaso y Atolondrado. Uno de mis amigos va por el balón. Al llegar ambos lo saludan de mano afectuosamente. Aunque le cayeron bien, mi amigo después me confesaría no conocerlos.

Continúan hablando. El Atolondrado le da al Payaso unos billetes de alta denominación. Éste toma la mitad y rechaza el resto. A cambio, de su saco lila de lentejuela, saca unos pequeños paquetes envueltos en hojas de papel blanco y se los da al joven.

Se despiden. Payaso se dirige alegremente a su vehículo. Sube y por breves segundos su mirada y la mía se encuentran. Su rostro y facciones ya no me parecen inocentes ni divertidas, sino llenas de maldad y de un gozo tétrico que no comprendo. Enciende su auto y se aleja casi tan misteriosamente como apareció. El joven atolondrado, mientras tanto, se sienta en una banca. De uno de los paquetes saca algo, se lo lleva a la nariz; de otro lo que saca es una especia de cigarrillo pequeño y gordo que enciende. Comienza a fumarlo. Muy pronto el ambiente se llena de un extraño olor. Me anotan gol. Fue mi culpa por no atender lo que sucedía en el terreno de juego. El joven atolondrado termina de fumar su extraño cigarrillo. Se levanta y lentamente se pierde en las calles aledañas al parque, con la mirada y el caminar más perdidos que cuándo llegó.

Sigo jugando.


Es jueves.

Nunca, ni de niño, me gustaron los payasos. Éste domingo de nuevo iré a jugar fútbol. Espero no encontrarme con aquella figura alargada y psicodélica. Termino de escribir. Sigo sin creer que no sea ficción.

sábado, 19 de julio de 2008

A unas horas del Show


No es nada correcto escribir sobre algo que no nos apasiona. Cuando en el estomago un cosquilleo ansioso es mucho más fuerte que las ganas de jugas con las palabras, por simple dignidad, uno debería de mejor abortar la intención de darle vida a un texto que seguramente dejará mucho que desear. Y sin embargo aquí estoy, esperanzado a que el ejercicio de escribir mitigue un poco el nerviosismo que minuto a minuto recorre mi cuerpo. ¿Voy a presentar un examen, a perder un trabajo, a hacer una presentación ante cientos de personas? Para nada. Sucede que el autor de este blog está a unas horas de salir de fiesta.

Es sábado en la noche y nada de extraño debería haber en el hecho de salir a desvelarse a voluntad con los amigos. Para las personas de mi edad ir a algún lugar de moda, tomar algo y por qué no, conocer gente interesante es de lo más común y hasta excitante; para mí es indicativo de que mañana al despertar quizá no seré el mismo y que la cruda que sufriré no será física, sino interior.

Las salidas de fin de semana y yo nunca nos hemos llevado bien. Ya sea en fiestas, bares, antros, reuniones o cenas, las cosas nunca salen como deseo; o peor tantito, las cosas casi siempre salen como menos quiero. Además, detalles como el de mis dos pies izquierdos que me hacen un pésimo bailarín, el que no fumo o mi nula resistencia a la bebida, me hacen ser el clásico personaje que ‘quiere pero no se divierte’. Aun así, no se confundan, he tenido noches maravillosas en las que todo sale bien, pero para mi desgracia, esa no es la constante.

Entonces llegamos a lo contradictorio. ¿Por qué seguir haciéndolo, por qué seguir retando a un rival que a todas luces nos queda enorme? No lo sé, pero supongo que en mi caso es por la posibilidad que la noche le brinda a cada valiente que se aventure a adentrarse en ella. Porque es la noche, en conjunción con el magnetismo de la luna, el hipnotismo de las luces y la siempre alcahueta música, los que puede hacer posible lo imposible y hacer que dos miradas se crucen en una ecuación perfecta. Porque la noche es amor, aventura, misterio y sobre todo incertidumbre es por lo que esta noche saldré, porque igual y ni pasa nada, o igual y los astros se alinean y con ellos un momento pase a inmortalizar un sueño. Por eso, dentro de dos horas saldré de mi casa pidiéndole a Dios que me cobije en la noche y me la haga breve, pues esa será la señal de que realmente valió la pena. Y es que las noches eternas, esas de las pesadillas constantes y la impotencia inmóvil son un tormento. Me lastiman, por lo tanto les temo.

Con todo quiero jugármela y ver qué pasa esta noche. Los minutos pasan rápido, la incertidumbre crece y las ilusiones (por más que no quiera) van haciéndose grandes de a poquito. Detrás del telón puede estar el amor, o una gran camarería, o un corazón roto; puede haber risas y diversión, o todo, o nada. O mínimo ganaré historias.

Como sea, es una promesa abierta, y ya me voy que se me hace tarde.

miércoles, 16 de julio de 2008

Soy Wall-e

Como seguramente voy a terminar hablando de otras cosas, lo mejor será comenzar por hablar de la trama de Wall-E, la nueva película de Disney-Pixar: Se supone que en un futuro no muy lejano, la raza humana decide abandonar la tierra por un par de años, debido a que la cantidad de basura vuelve inhabitable el planeta… lo malo es que con las prisas, se olvidaron de apagar a Wall-e, un robot encargado de recoger y ordenar la basura. Por más de 700 años, Wall-e se dedica a cumplir sus labores y a desarrollar una conciencia propia que a veces lo hace sentirse un poco solo. Añorar el amor y la compañía sin conocerlos; un día cualquiera llega Eva, una linda y moderna robot de exploración de la que Wall-e se enamora a pesar de las diferencias entre ambos. A partir de ese punto Wall-e emprenderá un sinfín de aventuras para lograr estar con Eva, y de paso, regresar a la raza humana a la tierra.





Podría hablar de sus lecturas ecológicas, de sus similitudes con algunas obras literarias, pero no quiero perder el tiempo en lo menos y dejar lo más importante de lado. Tiene 48 horas que salí de la sala de cine y esa sensación de corazón roto aun no desaparece. Varios de mis amigos me dijeron que me identificaría mucho con la historia de Wall-e, que parecía, estaba basada en mi vida, yo mismo lo sospechaba cuando en los posters veía la imagen de un robot que inevitablemente me provocaba ternura ; sin embargo, nunca me imaginé que las imágenes y la historia misma me sacudiría de tal manera. En efecto, la película es una maravilla visualmente hablado y los personajes una maravilla, pero la simple historia basta por si misma. Podrá ir dirigida a los niños, pero yo la goce (y sufrí) como nadie en la galaxia.

¿Qué diablos me pasa? Obviamente no es nada normal que mientras toda la sala reía con las desventuras de Wall-e, el autor de este blog estuviera al borde del llanto. Y no exagero, en verdad tuve que contener varias veces las lágrimas, tendencia que no me abandonó en las horas siguientes. Ojos rojos, rojísimos y un vacio que de verdad duele en el pecho y la cabeza dándome vueltas, repitiendo aquellas escenas tan tiernas en las que Wall-e se desvive por Eva sin que nada más le importe. Supongo, pues si no es así no le veo chiste, que eso es el amor verdadero.

De poder hacerlo, quisiera redactar todo el cumulo de emociones que desde entonces tengo atrapado en la garganta, y que sólo logra escapar por medio de sollozos y suspiros. Ahora, cada que veo una imagen de Wall-e, es imposible no encontrarme en esos ojos tristes pero esperanzadores. Sus deseos son idénticos: perdidos en la inmensidad de un universo que resulta más enorme por la falta de un camino específico, esa forma de amar sin condiciones y solo procurando el bien de la otra mitad de nuestro corazón (o circuito, en el caso de Wall-e).

Cuando llega Eva el mundo de Wall-e sufrió una convulsión. La vio volando, surcando el espacio y recorriendo la tierra con la elegancia de un ser celestial. Tan perfecta, tan funcional, tan cautivadora. Y él dejó todo por seguirla, por intentar acercársele, hacerla reír y no separarse nunca más de ella. Así me pasó a mi. Si Wall-e titubeaba cada que quería acercarse y parecerle interesante a su amada, yo no me quedo ni tantito atrás; si no se dio nunca por vencido yo tampoco debería hacerlo pues somos tan parecidos, que la única diferencia es que el ama a una robot y yo a una mujer.

Película romántica + Romántico empedernido = Suspiros cursis e improductivos.
(las películas así deberían estar prohibidas para tipos como yo)

Ni que decir de la música amorosa, que es el complemento perfecto para una cinta que ya es de mis favoritas y cuya huella tardará mucho en borrarse. Sigo tocado en el alma. Sigo acordándome de esas escenas llenas de romanticismo en el que las palabras sobran y no puedo hacer más que derretirme de la envidia de que al menos a Wall-e las cosas le salieron bien, y que bueno, no hubiera aguantado que el también fracasara.

Tengo mi soledad diaria, mi manía de estar enamorado del amor y desear con todas las fuerzas que el amor se materialice. Tengo mi mascota y una ternura que no puedo quitarme de encima. Tengo, dicen, esa mirada nostálgica y la misión de cuidar a mi Eva hasta el final, sin importar si la vida se me va en el proceso. Tengo mi inexperiencia amorosa y mi habilidad para hacer el ridículo. Espero tener también la suerte de mi lado, así tengan que pasar más de 700 años.

Wall-e soy yo.
Ella es Eva.
Su historia es nuestra historia, aunque ella no lo sepa.





domingo, 13 de julio de 2008

Lo que a gritos se niega a existir

Si a julio no le diera por llover tanto quizá escribiría cosas más alegres, aunque nunca se sabe. Agua corriendo por aquí y por allá, estancándose por acullá. Sigo con ese auto bloqueo que yo mismo me impuse. Mi corazón no está nada en calma y por eso mismo sentarme a escribir cualquier otra cosa es casi misión imposible. Me resulta increíble que a estas alturas de la tarde, no haya nada mejor que hacer que escuchar caer la lluvia. Podría leer, intentar escribir algo que medio valiera la pena o intentar dormir un poco, que buena falta me hace. Asomarme a la ventana y ver las imágenes trastornadas por el agua que burlona y hasta desfachatadamente deciden vestirse de tristeza. Si esta es una tarde en soledad, preferiría estar en compañía de quién sea. Si al mismo cielo le da por precipitarse, cómo evitar no sentir ganas de esta tarde sentirme infinitamente pequeño, inútilmente insignificante. Por más aburrido que sea el firmamento, debemos aceptar su inmensidad y consolarnos con la estúpida idea de que al no poder recorrerlo por completo, menos seremos capaces de entenderlo. Con todo no deja de ser inalcanzable, con todo no deja de ser aburrido, con todo y todo, no puedo escapar a las ganas de confundirme con las nubes. Condensar los miedos que por frágil y humano, no me dejan tres segundos en paz. Desconozco, infinidad, si los vacios en el alma puedan llenarse con cualquier cosa; ojalá a mi me rellenen con piedritas de rio. Perder la coherencia porque se la llevó el viento y la regó en el mar, es tan triste como ese niño abandonado que también quisiera confundirse con el vapor de nube, igual y al llover se recrea en la tierra y regresa e este mundo con mejor suerte, con un mejor destino al cuál no estarle reclamando cada catorce minutos el mal tino que tuvo. Y ahora dónde voy a esconder estás ganas de volver realidad lo que a gritos se niega existir, y cómo me explico a ‘mi mismo’ que sólo tengo una vida; cómo justifico que en lugar de vivirla estoy perdiendo el tiempo viendo llover. ¿A qué hora se le dará la gana a la risa pasarse por mis labios?, llevo toda la tarde esperándola aunque sin extrañarla realmente. Presiento que mañana me sentiré más confundido. Miéntanme y díganme que la melancolía me sienta bien.

jueves, 10 de julio de 2008

Perros Héroes

Un ambiente extraño pero a la vez, tremendamente compacto y definido. Aunque me sea desconocido, podría definirlo a la perfección gracias a un pequeño registro fotográfico y a una novela de apenas 74 páginas.

Gracias a una recomendación de mi amiga Oralia, a ‘Perros Héroes’ de Mario Bellatin le tenía ganas desde hace más de un año. “Trata de un Hombre Inmóvil que tiene 40 perros, léelo, conociendo tus gustos, te va a gustar”, me dijo. Tiempo después me topé con el libro en una librería y su subtitulo me intrigó aun más: Tratado sobre el futuro de América Latina, visto a través de un hombre inmóvil y sus treinta Pastor Belga Malinois. En aquella ocasión no lo compré, pasando a formar parte de mi ya interminable lista de libros pendientes que creo nunca leeré.

Sin embargo, no pude resistirme y terminé adquiriendo el libro en el remate “Salva un libro” que varias casas editoriales realizaron hace un par de semanas en el Auditorio Nacional. A penas lo vi en un estante no me lo pensé dos veces. Dicen que los libros que se leen lo escogen a uno, y en el caso de ‘Peros Héroes’ así fue. Pensaba encontrar una historia mal planteada sólo como el pretexto para hablar de la situación del continente americano. No podía estar más equivocado, apenas me bastó leer un par de hojas en el metro para darme cuenta que la narración de Bellatin (por fortuna) nada tenía que ver con mi idea inicial de la historia.

De haberlo deseado, podría haberlo leído en menos de una hora, pero mi pudor que me hace degustar los buenos relatos a velocidades ridículamente tortuguiles me hizo tardarme días enteros. Suficientes para que ante mis ojos se describiera un microuniverso: inmenso como un continente, compacto como una casa. Sencillo pero a la vez lleno de significados que van más allá de la lógica común y que nos ofrece una complejidad psíquica en cada uno de los personajes que uno más añora entre más los desconoce. Y es que a ‘Perros Héroes’ se le puede atajar desde diferentes frentes; si para algunos la historia planteada simple y sencillamente es original y entrañable, para otros se trata de un planteamiento muy astuto e inteligente de un continente que es aun más complejo que un Hombre Inmóvil encargado de criar perros.

Sería ingrato hablar de más y vender la historia de una novela que de verdad recomiendo, pero más ingrato, y en buena medida injusto, sería dejar este texto sin hablar un poco de la parcialidad absoluta que en el relato es ese hombre inmóvil que no termina de sorprender mi entendimiento y que en su infancia conoció a un niño escritor que redactaba historias de perros héroes, o de su madre y su mamá que separan bolsas día y noche, o un halcón que cada tarde caza a un ratón, o el enfermero entrenador y su entrega a una vida destinada a nada, o unos periquitos canadienses, o a 40 perros Pastor Belga Malinois, o un mapa de América Latina o un viaje espacial. O un poquito de todo, o un poquito de nada, que de eso se constituyen los ambientes, y si de algo goza ‘Perros Héroes’ es precisamente de “ambientes”.

Seguramente lo releeré varias veces más. Seguramente buscaré más relatos de Bellatin y los disfrutaré de la misma manera. Me queda claro que es un autor total, preocupado por la estética y expansión de sus relatos, por simplificar relatos en los que caben infinitas posibilidades y que por lo mismo nos parecen propios. Tiempo inmóvil en el que no pasa nada pero que conforma un cuadro viviente y nunca igual.

Después de un intermedio así, continuaré con ‘Chiquita’ de Antonio Rodríguez, como siempre, lo leo y luego les cuento.

domingo, 6 de julio de 2008

Súper Gabriel

El martes amanecí mareado, me levanté de madrugada al baño y sentía que todo se movía, como si temblara... pero peor. Nunca me había pasado, pensé que era momentáneo y hasta cierto punto, algo sin importancia. Durante los próximos días he sentido el mismo mareo, la misma sensación de nauseas y vértigo acompañándome hasta en los momentos más inoportunos. Junto con estas extrañas sensaciones, aumentó mi irritabilidad. Por alguna extraña razón, todo mi entorno me parecía incomodo. No entendía que era, o es, lo que me pasa. Creí estar enfermo, padecer de presión alta y estar al borde de la andropausia.

Hoy, de repente entendí todo. No padezco ninguna enfermedad y ni siquiera estoy cerca de vivir una desgracia. Todos estos cambios e incomodidades se deben a que desde hace unos días mis sentidos están más desarrollados. Sucede, que desde hace unos días tengo superpoderes.

No sé describirlo, pues en estas cosas no hay lógica. Sólo sucedió. Y que bueno, porque ahora soy más rápido, más inteligente y más fuerte (musculoso). Resisto mejor el calor y el frío. Puedo saltar grandes distancias, ver cosas que nadie ve, y hasta si me lo propongo, (mediante un gran esfuerzo de por medio) volar.

Aunque hoy me divertí todo el día con mis nuevos poderes. Ahora estoy en medio de una paradoja. ¿Qué hacer con ellos? ¿Aprovechar que los X-Men, Superman y Batman están de moda para volverme famoso? ¿Comenzar una lucha en contra de la delincuencia y el crimen organizado? ¿Actuar en un circo?... ¿Qué haría Spiderman en mi caso? Supongo que lo primero será confeccionarme un traje para comenzar mis aventuras como paladín de la justicia. Un traje no muy guango, pero tampoco tan ajustado que parezca un mallón gigante; no muy cursi, no muy psicodélico. Un traje que me de autoridad. Sí, eso es. Negro con vivos rojos y capucha. ¿No está mal verdad? Falta el nombre. ¿’El Gavilán enmascarado’?, me gusta. ¿‘Súper Gabriel’?, demasiado soso y predecible.

Ya me aburrí de pensar tonterías. Mejor dejó esta idea de ser superhéroe público y encamino el uso de mis poderes en la única tarea que de momento me interesa: Tú.

Con estos poderes te escucharé más fácil y estaré al pendiente de tu bienestar sin importar las distancias. Llegaré más rápido si llegas a necesitar ayuda. Estaré dispuesto a usar mi inteligencia súper desarrollada para resolver cualquier problema que amenace tu calma. Los héroes son simpáticos y llenos de carisma, yo puedo ser eso y aun más por ti. No me importa luchar contra otros diez mil pretendientes que tengas, acabaría con ellos en segundos. Arriesgaré la vida por poseer tu corazón, aunque todo parezca ya perdido. No importa cuánto me hieran o ante que rivales me enfrente: al final, el bien siempre triunfa sobre el mal. Y si después de librar temibles batallas sigues ahí, entonces mi cansancio y heridas habrán valido la pena. No puedo esperar a tomarte entre mis brazos (musculosos, aclaro) y llevarte por los cielos para mostrarte las únicas cosas del universo cuya belleza es comparable a ti: las estrellas.

Los poderes siguen ahí. Muy útiles y yo desperdiciándolos en cosas triviales. No me importa, de todas formas dudo que me sirvan para entrar en tu corazón. Soy ‘Súper Gabriel’ alias ‘El Gavilán Enmascarado’, tengo superpoderes y no me importará usarlos para que te des cuenta que soy yo, y sólo yo, tu único héroe.

Espero seguir siendo mañana el mismo. Nadie me garantiza que así como estas habilidades llegaron sin avisar se puedan marchar de igual modo. Mientras sobrevuelo tu casa, recuerda que con o sin poderes, la verdadera fuerza para desafiar imposibles me la das tú.

martes, 1 de julio de 2008

Querer y no poder (ser y estar)

Aunque fuera un momentito, tengo ganas de no estar aquí, de no ser, de poder vivir sin memoria o mejor aún, sin precaución. Estar jodidamente enamorado, con el corazón hundido en la penumbra del propio ego. Estar todo el día, y peor tantito, toda la noche, con la mente anclada en la octava luna de Júpiter (si es que tal cosa existe). Querer ser astronauta para alcanzarte y no saberme ni lo más básico del reglamento vehicular. Eso sí que es angustia, igual que tu mirada, tu voz, tu risa y todo lo demás. Estar babeando y no querer reconocerlo por miedo a que la fuerza de un sentimiento incontenible termine por desbordarme una vez más. No, no y ocho mil veces no. No es miedo al amor, es miedo a ti, miedo a volver a perder mi soberana voluntad para convertirte en mi soberana reina. Dejar de pensar en función a mí para hacerlo en torno a ti. Si rompí mi promesa de no volver a escribir sobre ti es porque el miedo es mayor. Me aterra lo que siento, me da miedo volver a amarte con los niveles de desesperación que alcancé la última vez y que de milagro no me mataron de angustia.

¿De verdad, dentro de esta confusión de palabras sin aparente destino, estoy diciendo que no quiero amarte? ¿Soy tan iluso, como para no darme cuenta que jamás lo he dejado, ni lo dejaré de hacer?

Y ahora cómo salgo, cómo escapo y dejo de ser una triste caricatura que siempre regresa al mismo camino empedrado, ese que sólo da vueltas alrededor de ti, pero que nunca llega a su destino. Querer amarte pero no poder hacerlo, pues eres más letal que una espada de doble filo, y armas así, no se llevan bien con un cobarde como yo. Lo paradójico es querer escapar de ti, cuando tengo todas las ganas de caer preso de tus encantos. Lo ridículo es que lo que más busco es a lo que más rehúyo.

Y ahora dónde me pongo para no estorbarte ni a ti ni al libre flujo de las ideas. Siempre que se trate del amor, nunca me comprendo.